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“LAILA”, UN LIBRO DE LAILA KARROUCH

LAILA

   Empiezo a encontrar tantas similitudes con escritores marroquíes o de origen marroquí que más se afianza mi convicción, ya hace tiempo asumida, de que mi personalidad y mi manera de ser nacen de similares experiencias a las de ellos y de que, en definitiva, nos parecemos íntima y profundamente. Me ha ocurrido al leer a Mohamed el Morabet, a Najat el Hachmi, a Said el Kadaoui, a Mohamed Lahchiri, a Abderrahman el Fathi y otros autores… y ahora con Laila Karrouch y su libro Laila (Oxford University Press – Madrid, 2010), editada dentro de la colección El Árbol de la Lectura – Serie Juvenil.

Ha sido una lectura amena y llena de pequeñas agradables sorpresas. Laila Karrouch (nacida en Nador) cuenta su vida desde que abandonó Marruecos siendo niña hasta su edad adulta en España y sus viajes de vuelta a su país natal y sus sensaciones en cada viaje y durante sus años infantiles, de adolescencia y ya adulta. Y en cada capítulo, había algo de mí. Cuando leía a El Morabet, El Kadaoui, a Lahchiri o a El Fathi encontraba huellas y ecos de mi pasado. Cuando leía a Karrouch me encontraba de vuelta en Larache.

La mejor sinopsis de Laila puede leerse en la contraportada del propio libro:

“Cuando Laila llega a España procedente de Marruecos empieza una nueva vida marcada por los contrastes: tendrá que asumir, junto a su familia, una nueva cultura y una nueva forma de vida sin renunciar a sus raíces. Con una prosa sencilla y conmovedora, Laila es toda una lección para aquellos que todavía creen que las barreras entre culturas son inquebrantables. En palabras de Laila: <¿Por qué no un buen cuscús para comer y una tortilla de patatas para cenar?>”.

Efectivamente, el libro de Laila Karrouch utiliza una prosa sencilla y especialmente conmovedora. Su partida me recordó mi salida de Marruecos, ese desgarro, ese dejar atrás cuanto amábamos en la infancia. Parecía pisar las mismas calles que Laila y sentía las mismas sensaciones, e, incluso, hay imágenes casi idénticas. Ella desde Nador y yo desde Larache. Leerla era como reescribir mis relatos.

LAILA KARROUCH

LAILA KARROUCH

Sus primeros años ya en su nueva ciudad, sus compañeras de colegio, todo me remontaba a una misma experiencia; incluso al hecho de que a ella la llamara alguien “mora” y a mí “moro”. He transitado por las páginas de su libro como si paseara por mi pasado, como un alma gemela.

Luego, claro, hay un hecho concreto que sí que nos separa accidentalmente pero que la unen de manera íntima y personal a los otros autores mencionados (El Morabet, El Kadaoui, El Hachmi, etc…) y es el comprobar que hay costumbres y vínculos afectivos y religiosos que les hacen reflexionar sobre su propia identidad, especialmente en sus viajes de vuelta a sus poblaciones de origen tras años de ausencia: las tradiciones ancestrales, el uso del hiyab, las prácticas religiosas de los abuelos y padres, la forma de vida en Marruecos, la contradicción entre el progreso y el conservadurismo, la forma de vida occidental cristiana y la forma de vida marroquí musulmana… En Laila, la añoranza de la protagonista-autora por sus abuelos y los reencuentros que periódicamente tiene con ellos y sus familiares le irán descubriendo su propia cultura, en parte abandonada en Marruecos o al menos difuminada en su nueva vida en España. Ese vaivén de sensaciones que nos hace reflexionar y que nos abre de par en par a una experiencia enriquecedora, porque Laila Karrouch tiene la virtud como escritora y como persona de haber hallado lo mejor de cada una de las culturas en las que vive.

Escribe Laila Karrouch:

“…De repente vimos unas figuras humanas; el corazón me empezó a latir a toda velocidad. <Date prisa, papá>, pensaba. Las figuras correspondían a unas diez personas y entre ellas descubrí a mi abuelo. Era inconfundible: alto y delgado, un señor de la cabeza a los pies. Así era mi querido abuelo Amar. Y a su lado, la yaya. La reconocí porque hacía rato que tenía los brazos abiertos y preparados para abrazarnos. Fueron los quinientos metros más largos de mi vida. No se acababan nunca. Pero ya estábamos. Los perros ladraban desesperados y sus gritos resonaban por todo el pueblo de los Karrouch. Se debían de haber contagiado de nuestra alegría. Antes de que el R-12 acabara de frenar del todo, nosotros ya estábamos fuera del coche.

-¡Hijos míos, hijos míos! –gritaba mi abuela, mientras nos abrazaba uno a uno y luego a todos juntos. La abracé durante un buen rato. Me fijé en seguida en que iba sin zapatos. Volví a abrazarla y le dije que no corriera descalza. Ella lloraba y lloraba…”

Este es un ejemplo de su candor al narrar, la sencillez y la emoción de la mano, transmitiendo esa sensación hermosa e inolvidable del reencuentro tan anhelado.

Laila Karrouch nos detalla las reacciones de sus compañeras de colegio e instituto españoles cuando llegaba la fiesta de Ramadán o cualquier otra celebración y su vida diaria moviéndose entre las dos culturas, una especie de funambulismo que ha sabido ejecutar a la perfección, con la fortaleza de la que hace gala página a página de este libro tan cándido y envolvente.

También nos desvela pequeños detalles de cómo ella iba enfrentándose a su propia cultura marroquí, a las peculiares relaciones familiares, al pasado de sus padres o de sus tíos y abuelos:

“…Mohamed no era tímido. Su hermano Omar, que también entró para hacerse una foto, era mucho más tímido que él. Mi abuela me dijo que Omar sería el hombre de mi vida, que me cuidaría muy bien. Yo cambié de tema inmediatamente.

Bebimos té y comimos pastitas hechas por mi madre, y cuscús… Yo acabé cansadísima y me fui a dormir, pero la fiesta continuó con más bailes y más bailes.

Al día siguiente fui a buscar a mi abuela y le expuse la duda que tenía desde hacía días, le pregunté cómo era que aquella señora, Fadma, la madre de Mohamed y Omar, saludaba a papá de aquella manera y…

Se echó a reír.

-¿Es que no lo sabes? -me dijo-. ¿No sabes que es la hermana de tu padre? Mi hija mayor. Hoy volverá a venir con su marido para pactar la dote de Hayat.

-¿Dote? -pregunté.

Al darse cuenta de mi ignorancia, intentó explicarme cómo funcionaba el <asunto, para el día de mañana, cuando te cases…>.

Me explicó que habían pactado unas trescientas mil pesetas para vestir a la novia. Primero me quedé con cara de no entender nada, pero después me lo explicó.

-Quiero decir que es dinero para Hayat, para comprarse oro especialmente, ropa típica y otras cosas que le apetezcan.

Mi madre limpiaba el patio y lavaba los platos. Tenía un aspecto cansado y afligido. Mientras todos cantaban y hablaban, ella controlaba que no faltara de nada. Dejó el patio muy limpio y se fue a desayunar con la yaya. Mientras, yo me quedé sentada a la puerta de la habitación, pensando en lo que me había explicado mi abuela…”

Laila va descubriendo así, viaje tras viaje de regreso a Marruecos, cuáles son sus verdaderos orígenes, pero sin renunciar a todo lo bueno que le puede ofrecer su vida en España, sabedora de que, sin renunciar a esas raíces, beber de las dos culturas la hace mejor persona.

Leer Laila es dejarse mecer suavemente, dejarse conducir rio abajo por un río de aguas apacibles y amables hasta llegar al punto final y cerrar el libro con una suave sonrisa. En mi caso, además, Laila Karrouch me ha hecho revivir mi pasado y esas vivencias que nos unen para siempre. Un precioso libro de recuerdos y experiencias noveladas.

Sergio Barce, enero 2020

DE NADOR A VIC

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EN EL CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”, DE CÓRDOBA

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El pasado martes, 26 de noviembre, participé en el Congreso Internacional La frontera líquida, organizado por la Asociación Colegial de Escritores de España, Sección de Andalucía, que tan perfectamente han dirigido José Sarria y Manuel Gahete, a los que hay que reconocer todo el esfuerzo y la dedicación, así como el afecto y calidez que nos han demostrado a todos los participantes.

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Mi ponencia formaba parte de la mesa redonda sobre La narrativa de la frontera y de los escritores transterrados, mesa que conformábamos los novelistas Mohamed Lahchiri, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed el Morabet y yo mismo, es decir, una mesa formada por amigos, lo que hizo muy fácil nuestras respectivas intervenciones, o al menos así lo percibí y lo viví. Nos moderó Paco Huelva, con mano férrea pero a la vez flexible. Un placer haber compartido luego una pequeña charla con Paco de la mano de una copa de montilla (previa a las cervezas).

En las distintas ponencias e intervenciones hubo un grupo nutrido y variado de escritores y estudiosos españoles y marroquíes en su mayoría, todos de un alto nivel, de manera que ha sido un privilegio coincidir por vez primera con algunos de ellos en unos casos y una suerte volver a ver a amigos en otros. Por fin conocí en persona a mi admirada Malika Embarek, una de las traductoras más importantes, un encanto de persona y de una modestia admirable. Y a Maribel Méndez, que desde el Instituto Cervantes de Fez siempre tiene un aliento para animarme, y a la que así pude darle las gracias. Y volví a disfrutar de los amigos, los ya mencionados el Morabet, Lahchiri y Bouissef, y Rajae Boumediane, la reina del boulevard, Nisrin Ibn Larbi, Farid Othman Bentria, Khalid Raissouni, Fernando de Ágreda, Francisco Morales Lomas, Larisa y Ana, Paloma Fernández Gomá, Abdellatif Limami, Mohamed Abrighach, Antonio García Velasco, Zuer el Bakali, Mohamed Dahiri, Remedios Sánchez, Aziz Amahjour… 

Además de los mencionados, en el Congreso también intervinieron Antonio Manuel, Paco Morales, Juana Castro, Sahida Hamido, Alicia Aza, Raquel Lanseros, Ahmed el Gamoun, José Cabrera, Mezouar el Idrissi, Manuel Vázquez Medel, Ahmed Benremdane, Ahmed Mgara, Abdul Hadi Sadoul, María Rosal, Hossain Bouzineb, Antonio Enrique… Poetas, profesores e investigadores a quienes sigo desde hace tiempo, y a los que acabo de descubrir en este encuentro y que seguiré también.

En fin, una larga lista que demuestra que, además del trabajo desarrollado, lo más importante fue el reencuentro con ellos y compartir ese tiempo que siempre nos enriquece un poco más. Con Juan José Téllez solo pude hablar por teléfono a causa del accidente que había sufrido el día antes y que me impidió verlo el martes. Y tanto Rafael Ballesteros como Javier Rioyo se me escaparon antes de poder abordarlos. Pero sí coincidí con María Jesús García González, directora del Instituto Cervantes de Casablanca, con quien pocos días antes había intercambiado unos correos, y nos emplazamos para vernos en Casa. Cosas que ocurren cuando hay tanto talento junto.

Reiterar mi admiración a José Sarria y a Manuel Gahete, a quienes me une un afecto y amistad especiales, y a los que no me canso de dar las gracias por su generosidad hacia mi persona y mi obra. Los dos han hecho un trabajo hercúleo que no solo acaba con estas jornadas, sino que se extiende con la publicación del libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí (Tirant Humanidades – Valencia, 2019), que acaba de publicarse, y en el que se incluye mi trabajo sobre la narrativa de Mohamed Lahchiri.

Todo ha sido un verdadero lujo.

Sergio Barce, noviembre 2019 

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Sergio Barce, Mohamed el Morabet, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Lahchiri y Paco Huelva

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Malika Embarek y Sergio Barce

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Sergio Barce, Mezouar el Idrissi y Farid Othman Bentria

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Mohamed el Morabet, Farid Othman, Maribel Méndez y Sergio Barce

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Raquel Landeros y Sahida Hamido

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Rajae Boumediane, Malika Embarek, Khalid Raissouni, Mezouar el Idrissi y José Cabrera

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José Sarria

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Manuel Gahete

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El Gamoun, Mohamed Abrighach, Abdellatif Limami y Antonio García Velasco

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Abdellatif Limami y Paloma Fernández Gomá

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Mohamed Lahchiri, detrás Maribel Méndez y Mohamed el Morabet

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Fernando de Ágreda y Hossain Bouzineb

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Nisirn, Raquel, Zuer y Sahida

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Paloma Fernández Gomá y Remedios Sánchez

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Un marco incomparable donde se desarrolló el congreso

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CÓRDOBA – 25 Y 26 DE NOVIEMBRE – CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”

Durante los días 25 y 26 de Noviembre participaré en el Congreso Internacional La frontera líquida, en la Universidad de Córdoba, dentro de la mesa redonda que versará sobre La literatura de la frontera y de los escritores transterrados. Todo un honor por el alto nivel de los participantes entre los que se encuentran escritores y profesores a los que admiro desde hace tiempo.

Tenéis toda la información sobre las ponencias e intervinientes en el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/events/393425548232175/

La frontera líquida - cartel

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PALABRA ENCENDIDA

Hace muy pocas fechas, el poeta José Sarria daba su discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba con un ferviente alegato por la Literatura Hispanomagrebí, que tanto apoyo necesita. A León Cohen y a mí nos ha llenado de orgullo (y así lo hemos comentado) que Pepe Sarria nos haya incluido  en esta lista de autores (con la mayoría de ellos me une una larga amistad de años) que usamos al español como “palabra encendida”. Ya me llamó una vez autor transterrado, así que otra razón más para seguir escribiendo y alimentando este ir y venir de experiencias y vivencias compartidas.

Sergio Barce, febrero 2019

LA PALABRA ENCENDIDA
Breve análisis de la Literatura Hispanomagrebí
Por José Sarria 
Discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

“Pensar que escritores como los sefardíes Isaac Laredo, Moisés Garzón Serfaty o León Cohen Mesonero, los españoles Alberto España, Ángel Vázquez, Antonio Lozano, Rafael de Cózar, Pilar Quirosa o Sergio Barce o los marroquíes Mohamed Chakor, Mohamed Sibari o Abdellah Djbiluo son simples autores de una u otra orilla que se expresan en español es no alcanzar a entender la dimensión de lo que viene ocurriendo en los países vecinos con respecto al desarrollo de una nueva corriente creacional: la que denominamos como Literatura Hispanomagrebí”

JOSE SARRIA

“La Literatura Hispanomagrebí se conforma, pues por un abigarrado conjunto de autores magrebíes que incursionan en el territorio creativo/mental a través de la lengua del otro (Mohamed Chakor, Abderrahman el Fathi, Mohamed Sibari, Aziz Tazi, Mohamed Lahchiri, Larbi El Harti o Mohamed Bouissef Rekab), de autores españoles/sefardíes de la frontera que han magrebizado sus obras (Moisés Garzón Serfaty, Sergio Barce, Leon Cohen Mesonero o Mustapha Busfeha García) y de autores magrebíes de segundas generaciones (Najat El Hachmi, Zuer el Bakali, Leila Karrouch, Farid Othman-Bentria Ramos o Said el Kadaoui) que no solo escriben en español sino, incluso, en otras lenguas del Estado español, contribuyendo, todos ellos, al establecimiento de un crisol multicultural que tiene al español como “palabra encendida”.”

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LOS ESCRITORES MARROQUÍES EN LENGUA ESPAÑOLA, EN EL LIBRO DE ROCÍO ROJAS-MARCOS

Tánger, segunda patria (Almuzara, 2018), de Rocío Rojas-Marcos, ha pasado a convertirse en obra fundamental para comprender qué ha significado y significa la ciudad de Tánger como escenario de obras literarias, pero también como foco de escritores marroquíes que han escrito o escriben en español. En la primera parte de su libro, Rocío Rojas-Marcos, antes de centrarse en los escritores tangerinos, habla de la existencia de tres grupos de autores marroquíes que utilizan el español como idioma para crear sus obra. 

“…Debemos indicar unas etapas para esta literatura hispanomarroquí. Vamos a seguir las establecidas por Chakor y Macías (1996), pues parten de una observación minuciosa y fundamentada. En primer lugar, se agrupa a los mencionados estudiosos que coinciden cronológicamente con el Protectorado español en Marruecos, entre 1912 y 1956. Forman parte de este grupo escritores tan trascendentales como Mohammed Ibn Azuz Hakim, Abdul-Latif Jatib, Muhammed Temsamani, Moisés Garzón Serfati y Dris Diuri.

En segundo grupo lo formarían los escritores que empezaron a publicar desde la independencia de Marruecos hasta la década de los ochenta del pasado siglo. A él pertenecerían Abdelkader Ouarichi, Mohamed Mamún Taha, Mohamed Chakor, León Cohen Mesonero, Aziz Bennani y el tangerino Abdellah Djbilou (ägreda, 2008). Este último marcará un antes y un después en cuanto a la trascendencia de la literatura que tenemos entre manos y su resonancia en el ámbito cultural español cuando en 1986 publicó con la editorial Taurus Diwan modernista. Una visión de Oriente, en el que recopila textos de escritores marroquíes en español. Logró darles visibilidad en España, como explica Mohamed Bouissef Rekkab (2005: s.p.) <anima a los hispanistas marroquíes a plantearse la posibilidad de lanzarse a la publicación de sus trabajos>. Empiezan a tener repercusión.

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Por último, el tercer grupo de escritores surge ya en la década de los noventa y perdura hasta el presente. El aumento del número de escritores es significativo, coincidiendo con el auge que la literatura hispanomarroquí ha experimentado estos últimos años. Dentro de este tercer grupo es donde incluimos nosotros a los escritores tangerinos que estudiamos en este trabajo. Entre los más destacados están: Mohamed Akalay, Mohamed Lahchiri, Ahmed Mohamed Mgara, Aziz Tazi, El Harti, Mohamed Bouissef Rekkab, Said Jedidi, Jalil Tribak, Abderrahman El-Fathi, Ahmed Doudi, Sara Alaoui, Simón Levy, Ahmed El-Gemoun, Ahmed Ararou o Mohamed Laabi. A los que nosotros añadimos Choukri El-Bakri, Farid Othman-Bentria Ramos y Sanae Chairi.

Es un número muy amplio, y como vemos, en permanente crecimiento…”

En fin, un amplio abanico de autores, algunos de ellos larachenses, que ofrecen en sus novelas, relatos, poemas y ensayos, una visión muy sui generis y original de las dos orillas. Esa que nace desde esta “literatura menor” que no se ha repetido en ningún otro país. Os animo a descubrirlos.

Sergio Barce, mayo 2018

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