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“TÁNGER Y MELILLA CONFRONTADAS: OTROS SESGOS SIMBÓLICOS Y LITERARIOS”, UN LIBRO DE JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Tánger y Melilla confrontadas: otros sesgos simbólicos y literarios, es un interesantísimo libro de José María Lizundia que acaba de publicar Alhulia, en su colección Ensayos Saharianos, en el que aborda diferentes asuntos, pero sobre todo el de Tánger como mito literario.

“Es tal la adscripción a la literatura de géneros, que se ha convertido la Ciudad del Estrecho en otro género en sí misma, que está generando esa literatura, refundiendo a los demás”.

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Tiene razón cuando funde a Tánger con el género de aventuras, con la novela negra, con el entretenimiento. Es tal el caudal de obras de género publicadas en los últimos años con Tánger como decorado que, a veces, creo que rozamos la sobreexplotación y que puede generar, al final, cierto hastío. Espero equivocarme.

El recorrido que hace Lizundia no es contemplativo y mucho menos condescendiente. Al contrario, su ensayo es muy crítico y acerado, y en muchos aspectos hay que darle la razón (por ejemplo, de entre los asuntos que roza, destacaría su acierto al hablar de los judíos, Marruecos y Palestina, con una postura valiente, sin duda, y nada errada; o su visión de Paul Bowles y la relación que mantuvo con los escritores marroquíes, algo de lo que habría que ahondar para dejar algunas cosas claras).

Pero es su acercamiento al mito de Tánger como elemento literario lo realmente enjundioso. Hay un párrafo excitante:

“Quitando a William Burroughs y obviamente a Bowles, nadie escribió nada allí o nada relevante. Mick Jagger dejó una frase pero no una canción, otros dejaron alguna cita. Está muy bien que se peregrine por los hoteles y bares de Tánger, pero no hay escritorio donde se escribió tal libro, estantes con libros del autor, estilográficas, habitación medio sellada. A Tánger le falta cultura material y le sobra inmaterial, a los efectos literarios y culturales españoles de los que hablamos.”

No se puede tirar por tierra un espectro con menos palabras. Sin embargo, siendo todo eso cierto, la imaginería ha hecho de Tánger un lugar bien abonado para crear. Yo lo he utilizado en cuanto he ambientado algunas de mis novelas en el Tánger de los años cuarenta y cincuenta. Por mi edad, solo puedo fantasear y crear una ciudad que solo existe en mi cabeza, pero con los pies en el suelo, sabedor de cómo es el mundo que describo. Probablemente a Tánger le falte cultural material, cierto, como también es verdad que le sobra la inmaterial, pero ésta ha dado obras realmente buenas (y también algunas infumables y, aunque con Tánger de telón de fondo, ajenas por completo a lo que ha sido o es la ciudad).

Pero yo soy un nostálgico de Larache y quizá por eso me hice nostálgico de Tánger, porque las dos ciudades tenían demasiados puntos en común como para despreciarlos y no aprovecharlos en mi beneficio, armamento pesado para mis obras. Abomino y rechazo sin embargo el ser un melancólico de los que describe José María Lizundia, aunque tengo pavor al pensar que con mis novelas tangerinas haya podido dar la impresión de pertenecer a esta categoría.

“…La ciudad es como una vieja locomotora de vapor que hubiera que alimentarla de libros para que pudiera seguir su marcha. Toda la literatura escrita después de la independencia de Marruecos, desde o sobre Tánger, parte de esa creencia; Tánger no desapareció, y aún perdura, como puede, para muchos. He de incluirme, aunque sea, seguro, el que menos motivos tiene para hacerlo, porque en otro caso no estaría en este cometido. Se han incorporado los ajenos, incluso con mayor puja, como yo mismo con prurito de aguafiestas, simplemente porque no vislumbré ninguna otra vacante. Por eso esa literatura nueva que recupera aquel mundo de la leyenda, y la película <Casablanca> hace de musa, al ir, descubren que el Tánger de la nostalgia, el paraíso, dejó de existir. Pero lo interesante y significativo no es la constatación, sino que hayan tenido que ir allí para certificarlo. Entonces, para perpetuar esa añoranza, ese estado de duermevela dulce y ondulado que pasa sugerentes imágenes, lo que hacen es escribir un libro sobre el Tánger extinguido y resucitado. Más que resucitado, en el fondo ha sido imaginado.”

Como decía antes, al leer este trabajo de Lizundia, temo ser catalogado de melancólico. Sí es cierto que hay novelas escritas por autores que han visitado Tánger (solo Tánger de todo Marruecos) durante dos o tres días, a veces solo un día, han leído algunos libros, les han invitado a una buena cena marroquí, y por arte de birlibirloque ya son especialistas en Tánger y en Marruecos. Yo, que viví mis primeros trece años en Larache (donde se asentó mi familia antes de la existencia del Protectorado), y que voy y vengo de Marruecos con asiduidad, sigo siendo un lego. La cultura marroquí es compleja, el país es complejo, Tánger en concreto es muy complejo, y sigo aprendiendo. Y sí, acierta José María Lizundia al decir que lo que hacen es escribir sobre un Tánger imaginado. Pero yo exijo que al menos haya algo de verdad en lo que se narre, y no me refiero a la verdad histórica. Sin embargo, juega en nuestra contra el hecho de que novelar te permite crear la ciudad que te dé la gana.

Este libro puede molestar a algún tangerino de los muy recalcitrantes, pero no viene nada mal zarandear un poco la mesa y que el castillo de naipes se tambalee para que abramos un poco más los ojos, tal y como hace José María Lizundia.

Sergio Barce, marzo 2021

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IBÍRICO Y LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

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El pintor Ibírico me ha escrito lo siguiente:

Acabo de leer La Emperatriz de Tánger, de un tirón, un libro que me ha enganchado desde el primer momento, personajes, lugares que he conocido, una maravilla. Enhorabuena Sergio Barce, has logrado que vuelva a mi infancia.

Ibirico

Que esto te lo diga un artista como él, siendo, además, tanyaui, hace que valore aún más su reacción ante mi novela. Mi reto cuando escribo una historia ambientada en Tánger es que sus hijos reconozcan la ciudad, y las palabras de Ibírico colman con creces mis expectativas.

IBÍRICO Y LA EMPERATRIZ DE TÁNGER
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“UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, EN LA LIBRAIRIE DES COLONNES, DE TÁNGER

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Moncef Bouali me envía nuevas fotos de mi libro Una puerta pintada de azul en el escaparate, en los estantes y “posando” en el interior de la mágica Librairie des Colonnes, en Tánger. Y ahí se expone a la venta entre libros de Goytisolo, Tahar Ben Jelloun y ejemplares de la revista Sures. Bien acompañada mi puerta.

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CÓMO ENCONTRAR MIS LIBROS

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A veces me preguntan cómo encontrar mis libros. Aquí tenéis la manera más sencilla. Entráis en la página de “Todos tus libros”, ponéis el título que os interese, por ejemplo: “Malabata” o “Una puerta pintada de azul“, por nombrar mis dos últimas creaciones. Al abrir, os aparecerá abajo del todo un mapa. Si ampliáis el mapa, tenéis señaladas las librerías que en cada ciudad o población española disponen en ese momento del libro que os interesa (pinchando en cada señal os aparece el nombre de la librería).

Aquí os dejo el enlace para encontrar las librerías en las que tenéis disponible “Malabata“:

https://www.todostuslibros.com/libros/malabata_978-84-17974-00-8

O el enlace para localizar las librerías que distribuyen actualmente “Una puerta pintada de azul

https://www.todostuslibros.com/libros/una-puerta-pintada-de-azul_978-84-18453-29-8

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IBÍRICO O EL LABERINTO DE LA MEDINA

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Le anuncié al pintor tangerino Ibírico que escribiría un artículo sobre su obra plástica, sin saber muy bien entonces por dónde lo enfocaría. Pero tras estudiar su trabajo con detenimiento, contemplando el fruto de esa labor multidisciplinar a la que se entrega con tanta pasión, llegué a la conclusión de que, desde el comienzo, ha sido un artista en fuga, un creador que huye hacia adelante, construyendo sin parar a la búsqueda de algo inasible pero que está por descubrir. Esa búsqueda tiene sus raíces y tiene su trayectoria.

Su infancia y su juventud se desarrollaron en su ciudad, Tánger, donde aprendió varios idiomas. Me cuenta Ibírico que trabajó durante treinta y tres años en Iberia, efectuando largos viajes transatlánticos durante todo ese tiempo. De manera que crece en las callejuelas de la medina de Tánger, en un laberinto construido por la mano del hombre durante siglos de historia, y los años posteriores son un continuo ir y venir por todos los países. Y, mientras tanto, su pasión artística trenzándose en un mundo interior al que las callejuelas y las rutas transatlánticas iban dejando marcas y seguramente cicatrices.

Observo sus óleos, sus obras en técnicas mixtas, sus dibujos, sus creaciones metálicas, y siempre me topo con algo que es constante: la presencia del laberinto.

La medina de Tánger es un laberinto permanente y las rutas trazadas por los aviones son laberintos efímeros. Es como si Ibírico no lograra desprenderse ni de sus calles de infancia y juventud ni de esos viajes interminables, como si buscara la salida y no quisiera hallarla, enredado en los recuerdos y tal vez en el placer de patear los callejones, los pasajes, los corredores desconocidos.

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Kasbah II

En sus óleos el laberinto es interior y personal, pero lo vierte en las callejas de la medina tangerina pintando esos muros que se abren y se cierran, diseñando senderos que no conducen a ninguna parte, con fachadas sin ventanas y sin puertas, como si los viejos moradores negaran la entrada al intruso. Obras como “Kasbah I” o “Kasbah II” son muestra evidente de ello.

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RELOJ SOLAR

“Reloj solar” o “Sueño atemporal”, por su parte, plasman un laberinto diferente, pareciera visto desde el aire, como si así Ibírico tratara de sorprender a sus constructores y hallar desde el aire, desde la cabina del avión, el trazado ideal que le ayude a salir de su secreto.

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ARQUETOSOMIO

Los que crea con técnica mixta pasan a ser laberintos más inquietantes o sinuosos, de forma concéntrica, como espirales o como caparazones de caracoles antiguos, laberintos que paren de restos de fósiles o de huellas atemporales de viajeros de otros planetas dejadas en la tierra. Parecen a veces mapas sin descifrar, mapas que no llevan a destinos concretos, que se varan en la nada de la pura creatividad artística. Se entrecruzan estas obsesiones en obras tituladas “Constelación”, “Túnel del tiempo” o “Arquetosomio”.

Más explícitos son sus dibujos, a una parte de los cuáles Ibírico titula directamente bajo el lema de “Laberintos”. Estos son más complejos aún, quizá más pensados, con una clara influencia de técnicas orientales.

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LABERINTO ZONA II

Los dibujos bajo el nombre de “Laberinto zona II”, “Interior” o “Musaraña”, muestran un mundo más desestructurado, en el que el laberinto se confunde con imágenes de seres vivos que se camuflan en ellos y escenas oníricas enredadas en líneas que parecen tiradas desde una torre de control. Hay un universo interior en plena ebullición que transita entre rutas de estrellas y rutas terrenales, sugerencias de estructuras deformadas por la fantasía y un aquelarre de trazos rectos como de ciudades espaciales que se hunden en cerebros que también parecen medinas.

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EL PENSADOR II

Incluso en sus retratos es posible hallar al laberinto, como en el titulado “El pensador II”, donde el cuerpo del hombre retratado es en sí mismo un laberinto absoluto, quizá porque la misma confusión que es la vida lleva a Ibírico a imaginar que todo es un eterno laberinto por el que vagamos sin saber a dónde vamos y sin adivinar cuándo acaba. Más aún, sus creaciones para “Etiquetas de Vinos”, son la recreación de laberintos enrojecidos por el líquido que corre por sus pasadizos tras la pisada de la uva. Y tampoco en ellos hay salida, como si todo abocara a la misma conclusión árida y desalentadora. La vida gira y gira y no nos lleva a ninguna parte.

Probablemente sea porque Ibírico reside en un laberinto, en el laberinto de su medina nunca abandonada.

Sergio Barce, febrero 2021

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