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“CUANDO FUIMOS LO MISMO…” ARTÍCULO DE LORENZO SILVA, PUBLICADO EN LA REVISTA “ATALAYAR”

Acabo de ver este interesantísimo artículo del escritor Lorenzo Silva publicado en la revista Atalayar, artículo escrito como consecuencia casi lógica de su reciente visita a Larache. Y como me parece una reflexión con enjundia, me permito invitar a todos a leerlo y, de paso, a conocer la Revista Internacional Atalayar entre dos orillas sobre España y el Magreb.

Sergio Barce, noviembre 2014

Para leer el artículo de Lorenzo Silva entra en el siguiente enlace:

http://www.atalayar.com/blog/cuando-fuimos-lo-mismo-muros-vallas-fronteras-no-siempre-estuvieron-ah%C3%AD

Plaza de la Liberación - Café Lixus - Larache - foto de la revista Atalayar

Plaza de la Liberación – Café Lixus – Larache – foto de la revista Atalayar

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MALAGA – 4 DE DICIEMBRE – PRESENTACIÓN DE “SIETE CIUDADES EN ÁFRICA” DE LORENZO SILVA

Este miércoles, 4 de diciembre

en la Cámara de Comercio de Málaga

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SIETE CIUDADES EN ÁFRICA

(Historia del Marruecos español)

de LORENZO SILVA

Lorenzo Silva en Aula Sur

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“SIETE CIUDADES EN ÁFRICA. HISTORIA DEL MARRUECOS ESPAÑOL”, UN LIBRO DE LORENZO SILVA

Con una cuidada edición, la Fundación José Manuel Lara, con el patrocinio de la Consejería de Cultura de la ciudad Autónoma de Melilla, ha publicado el libro <Siete ciudades en África. Historia del Marruecos Español>, con ocasión del centenario de la implantación del Protectorado español en Marruecos. Su autor es Lorenzo Silva, novelista sobradamente conocido de todos y ganador de numerosos premios literarios, entre ellos el prestigioso Nadal.

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Decía al comienzo que el libro se ha editado exquisitamente, con un elegante diseño de Manuel Ortiz y Viqui R. Gallardo. En el interior, numerosas y muy sugerentes fotografías del Marruecos del protectorado, con imágenes muy poco vistas, lo que le añade un plus a este ensayo.

No se trata de una narración al estilo del libro de viaje “Del Rif al Yebala” ni tampoco a la manera de la magnífica novela “Carta blanca”, ambas obras de Lorenzo Silva, sino que estamos ante lo que podría definirse como una breve pero intensa historia de Marruecos condensada en doscientas páginas, con la época del Protectorado como eje central y con las siete ciudades elegidas por el autor como excusa e hilo conductor de su narración.

Efectivamente, los capítulos del libro se dividen en las siete ciudades más significativas de esa etapa de la historia de Marruecos, a saber: Ceuta, Tetuán, Xauen, Melilla, Nador, Alhucemas y, por supuesto, Larache. Se añade no obstante un capítulo final, dedicado con emoción a Sidi-Dris, donde Lorenzo Silva deja constancia de una evidencia crónica y vergonzosa de nuestro país: el olvido de los hombres que lo dieron todo por defenderlo.

La lectura se hace fácil, no hay tendencia alguna a una descripción historiográfica exhaustiva, sino que Lorenzo Silva pretende desde el comienzo dar una visión general de Marruecos, de su pasado hasta el final del Protectorado, y para ello se sirve de una narración circular, de manera que en cada capítulo nos habla de una de las siete ciudades pero se detiene en cuanto los hechos históricos lo llevan a otra ciudad, de forma que el hilo se reanuda, por decirlo así, en el mismo punto que lo dejó pero en el capítulo de la ciudad donde ese episodio continúa. Con ello la narración circular es como una espiral que termina indefectiblemente en Alhucemas.

He de agradecer a Lorenzo Silva que me mencione en el capítulo dedicado a Larache, y que igualmente se refiera en su “fe de lecturas” a mi blog como fuente de información y consulta. De hecho, toma de este blog uno de los textos relativos a Larache escrito por M. Ramírez de las Casas y Deza, donde se da cuenta de la entrega de la ciudad a los cristianos en 1610. Y posteriormente, también reproduce los fragmentos del libro de José Boada, <Allende el estrecho>, que menciono en varias ocasiones en mi blog.

Mohamed Akalay, Sergio Barce & Lorenzo Silva

Mohamed Akalay, Sergio Barce & Lorenzo Silva

Le he agradecido a Lorenzo Silva el detalle y él, muy  amablemente, me ha respondido calificando mi labor de “arqueología documental”. Esto me demuestra que el esfuerzo de recopilación que hago lentamente cosecha sus frutos, o que sirve para algo.

También he de decir que se menciona igualmente la novela de Luis Cazorla <La ciudad del Lucus>, ya que una gran parte del libro relata obviamente los hechos acontecidos con Raisuni y con el general Fernández Silvestre, pero también, claro está, con Abd-el-Krim, el desastre de Annual… Inevitables a la hora de retratar una época y un tiempo convulso en los inicios del protectorado.

Del libro <Siete ciudades en África. Historia del Marruecos Español> reproduzco una parte del capítulo dedicado a Larache, que nada tiene que ver con la etapa del Protectorado, que dejo al lector que descubra en sus páginas, sino con la época de mayor esplendor de la historia de la ciudad, cuando sus moradores demostraron un arrojo asombroso frente a los múltiples intentos de asalto; en concreto cuando, al terminar el texto de Ramírez de las Casas, Lorenzo Silva entra de lleno en pleno siglo XVII, y nos cuenta lo siguiente:

<…ya entonces Larache contaba con un significativo aporte español: los moriscos que, habiendo sido expulsados muy poco antes de la Península, habían ido a parar allí. Estimulados por ese sustrato que de mayor o menor grado les era favorable y por la debilidad del sultán, los ocupantes españoles completaron las defensas de la ciudad definiendo un amplio perímetro que englobaba la vieja kasbah y sus arrabales y unía las dos fortalezas saadíes, fortificación que se llevó a cabo según proyecto de otro ingeniero italiano, Bautista Antonelli.

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La extensión urbana de Larache así planteada tardaría tres siglos en rellenarse, pero de éstos apenas uno sería de dominación española. Tras sufrir cinco asedios previos, entre 1623 y 1666, en la primavera de 1689 el poderoso sultán alauita Mulay Ismail, que asedió sin éxito otras plazas españolas como Ceuta, Vélez de la Gomera y Melilla (mucho más compactas, y donde sus defensores se hicieron fuertes sin que hubiera modo de desalojarlos), se apoderó de Larache, que con su ambiciosa y expansiva delimitación se reveló indefendible para la guarnición española (aunque en 1665 se había modificado el proyecto de Antonelli para definir un perímetro algo más recogido y próximo a la antigua ciudadela musulmana).

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En la empresa el sultán recibió el apoyo de Luis XIV de Francia, que no perdió la ocasión de asestar un doloroso zarpazo  a la potencia agonizante que era la España de Carlos II.  Pese a todo, los españoles resistieron cinco meses, en espera de unos refuerzos que nunca llegaron. La capitulación se firmó el 11 de noviembre de 1689, después de que se perdiera el fuerte que defendía el pozo de agua, y fue suscrita en términos honorables a los que el sultán, sin embargo, no consideró necesario atenerse. Los españoles supervivientes conocieron así las inmensas e infectas prisiones que el soberano alauita tenía en la ciudad de Meknés.

Tras su reconquista, Muley Ismail convirtió a Larache en uno de sus más importantes puertos militares y lo dotó con un nutrido contingente de soldados y marineros, provistos de abundante artillería.

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Allá por 1765, cuando rechazó la intentona de una expedición francesa dirigida por el almirante Du Chaffaut, andaba en torno a los 1.500 efectivos. Los franceses probaron la amarga medicina que tres cuartos de siglo atrás habían ayudado a dar a los españoles, al quedar las barcazas en que lanzaron el asalto embarrancadas en los bajos arenosos de la desembocadura del Lucus. De los 450 hombres que transportaban, cuatro quintas partes fueron pasados a cuchillo, y los heridos supervivientes, poco más de 80, fueron reducidos a esclavitud. En 1829, durante un ataque similar, que tenía por objetivo la venganza por la captura de uno de sus barcos, fueron los austriacos al mando del almirante Bandiera los que sufrieron una hecatombe a orillas del Lucus.  En 1860, como se indicó más arriba, fue la flota española la que se situó frente a Larache y la hizo objeto de un bombardeo, como represalia enmarcada en la campaña de O´Donnell sobre Tetuán, evitando juiciosamente la opción del desembarco, de dudoso pronóstico…”>

Subrayar una anécdota que refiere Lorenzo Silva en este mismo capítulo, anécdota que muestra su vínculo personal con Larache:

<…Larache fue el puerto seguro y tranquilo al que llegaron miles de españoles para iniciar la aventura africana. Entre ellos, el abuelo de quien suscribe, que desembarcó en la ciudad del Lucus el 6 de marzo de 1920..>

Lorenzo Silva

Lorenzo Silva

En fin, un libro que es Historia, eso sí, amena y asequible, un recorrido rápido por el pasado de Marruecos, pero que especialmente es Historia y retrato de los personajes que jalonaron la etapa más convulsa del Protectorado; y, sin embargo, no deja de ser también la pequeña historia de los hombres que intervinieron de manera anónima en aquellos acontecimientos y que Lorenzo Silva, entre líneas, rescata del olvido.

Sergio Barce, octubre 2013

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MADRID: 22 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DE “EL GENERAL SILVESTRE Y LA SOMBRA DEL RAISUNI” DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS CAZORLA

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Este próximo lunes, 22 de abril, en el CESEDEN, nueva presentación de la novela del escritor larachense Luis María Cazorla. En esta ocasión, la presentación correrá a cargo del novelista, reciente Premio Planeta, Lorenzo Silva, por el actual Fiscal General del Estado don Eduardo Torres Dulce y por el Teniente General Antonio de la Corte,  Jefe del Cuarto Militar de S.M. el Rey. Presentación que, por los participantes, presagia un acto de alto calado cultural, literario e histórico.

PRESENTACION LIBRO GENERAL SILVESTRE

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LARACHE vista por… LORENZO SILVA

Mohamed Akalay, Sergio Barce y Lorenzo Silva

Lorenzo Silva publicó en el año 2001 un libro de viajes llamado “Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y a la pesadilla de Marruecos”. Se trata de un viaje que efectuó en 1997 en compañía de su hermano y de un amigo, recorriendo la geografía marroquí durante ocho días, por la zona del Rif y de Yebala. El periplo, le sirve para describirnos las ciudades y pueblos por los que pasan, pero me dio la impresión al leerlo de que eso sólo era una excusa para reencontrarse y narrar las vivencias de su abuelo cuando fue soldado en la llamada “guerra de África”. Silva nos cuenta que, curiosamente, Larache fue la primera ciudad marroquí a la que llegó su abuelo. Su descripción es breve, de simple observador, pero es interesante descubrir las sensaciones que despierta Larache en alguien que llega por vez primera a ella (en este caso, en 1997).                                       Sergio Barce, enero de 2011

Y Lorenzo Silva lo describe así:

“Fue aquí, en Larache, donde mi abuelo paterno puso por primera vez pie en África. Era el 6 de marzo de 1920. Al día siguiente le tallaron, resultando útil para el servicio con estatura de 1,605 metros, peso de 59 kilos y 86 centímetros de perímetro. En África no era mala cosa ser un poco bajo; a los altos les daban más fácilmente. En Larache cumplió mi abuelo su instrucción militar y juró bandera, el 25 de mayo del mismo año 1920. Gran parte del tiempo que restaba hasta diciembre le tuvieron guerreando contra el Raisuni más allá de Alcazarquivir, pero los años veintiuno y veintidós los pasó enteros en la ciudad y en buenos destinos; primero como cabo cartero y luego en la sección ciclista de la Comandancia General, donde ascendió a sargento. Fue por tanto Larache, el lugar donde más tiempo estuvo, y el único donde pudo disfrutar de la rutina de guarnición. Eso, entre otras cosas, lo convertía en una etapa insoslayable de nuestro itinerario.

Larache, fundada en el siglo VII por una tribu venida de Arabia en busca de Lixus, la ciudad romana cuyas ruinas se encuentran a unos pocos kilómetros, tiene una larga historia de vinculación con España, y no siempre para su bien. Ya en 1471 fue saqueada por los castellanos, aunque quienes la harían suya pocos años después serían los portugueses, que no la ocuparon durante mucho tiempo. A principios del siglo XVII volvió a ser española, en pago por el sultán a Felipe III de ciertos favores, pero antes de que empezara el siglo siguiente Mulay Ismail ya había echado a patadas a los extranjeros. Durante la estrambótica aventura africana de 1860, que valió (aparte de para restaurar la popularidad de O´Donnell) para conquistar Tetuán y abandonarla poco después, Larache, por su situación costera, fue elegida para el infausto menester de sufrir unos cuantos bombardeos de represalia. Al fin, en 1911, los españoles, al mando de un impetuoso teniente coronel llamado Manuel Fernández Silvestre y en combinación con el Raisuni, tomaron la ciudad que ya no abandonarían hasta 1956. La maniobra invasora no encontró gran oposición…

… Hoy Larache es una de las ciudades marroquíes en las que más intensamente perdura la huella de la presencia española. El entramado de sus calles, el aire de sus edificios, y sobre todo, la traza singular de la antigua plaza de España (hoy de la Libération), recuerdan en todo momento a una pequeña ciudad andaluza. Sobre las fachadas blancas abundan las persianas y los postigos celestes, en una combinación similar a la de Xauen (otra ciudad andaluza, aunque más antigua). Su avenida principal, la de Mohammed V, llena de jardines y de árboles, evoca también paseos ajardinados de las ciudades del sur español. Subimos hacia la plaza precisamente por esta avenida, desde la que se ve lo que queda del Castillo de la Cigüeña. En ese castillo encerraron a los prisioneros portugueses capturados en la batalla de Alcazarquivir. Una vez en la plaza, aparcamos el coche, momento en el que se nos acerca el previsible guardacoches. Es un hombre muy mayor y muy delgado, que saluda con una sonrisa oficial. En el pecho lleva prendida una chapa en la que alguien ha escrito con un pulso tembloroso y un pincel las palabras <garde de estasionamiento>. Larache, siempre a las puertas del Marruecos francés, no ha perdido del todo el castellano, que conmueve ver conservado por el mero apego de la gente en esa forma mestiza y seseante.

En la plaza de Larache, amplia y circular, nos sentamos a beber unas cervezas. Con el sabor de la contundente Flag en la boca, miro a mi alrededor y sospecho que a esa misma plaza debió de venir cien veces mi abuelo a pasear y quizá también a tomarse una cerveza. Como nosotros ahora. Al principio era un recluta recién llegado y perdido. Dos años después ya era veterano y sargento y podía elegir buenas mesas en las terrazas. El cielo sobre Larache no está nublado, como lo estaba en Rabat. Es de un azul tan vivo como las persianas de las casas. Las que forman el círculo de la plaza de Larache no tienen tejado, sino azoteas, como es usual en Marruecos (con la excepción de Xauen). Las fachadas están rematadas por almenas morunas, que sugieren una especie de triángulo mediante la superposición de rectángulos cada vez más pequeños. Todo el perímetro de la plaza tiene umbríos soportales (en uno de ellos estamos ahora) y las columnas que los aguantan están unidas por sencillos arcos de medio punto. Todo está exquisitamente encalado, salvo algún arco monumental en piedra ocre. En el centro hay un parque con palmeras. No es un mal sitio para estar, y debía de serlo aún menos cuando Lucus arriba había todos los días rifa de tiros. Mi abuelo se acordaría aquí de su pueblo blanco en las montañas de Málaga, y también de los fregados vividos en Muires y alrededores, con los cazadores de Las Navas. África le guardaba peores momentos que aquéllos, pero durante sus años de guarnición en Larache no debió quejarse de su suerte. A fin de cuentas, en la cercana Lixus, fundada por los fenicios hace tres mil años, situaban los griegos el mítico Jardín de las Hespérides. Era un refugio envidiable, y sin embargo se da la paradoja de que mi abuelo abandonó Larache voluntariamente…”

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) obtuvo el Premio Nadal en el año 2000 por “El alquimista impaciente”. Otras novelas suyas son “La flaqueza del bolchevique” (1997), “El lejano país de los estanques” (1998), “El ángel oculto” (1999), “El nombre de los nuestros” (2001) o “Carta blanca”(2004).

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