Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

“EL ESCRITOR”, POR LEÓN COHEN MESONERO

Hay regalos curiosos que te llegan de manera inesperada. Hace días, tal vez ya semanas, mi amigo y paisano larachense el escritor León Cohen Mesonero me envió un texto para que lo publicara en este blog. Me decía en su correo que me lo mandaba como “su pequeño regalo de Navidad”. Es el segundo regalo que me hace, el primero y más importante es el de su amistad; y este segundo lo hace para compartirlo conmigo y con todos los que os aventuráis a leer estos posts. 

Se trata de un primer capítulo de un libro que León está preparando. Y he de decir que me ha hecho reflexionar mucho. Quienes escribimos nos vemos muy bien reflejados en lo que detalla y he acabado por sentirme cómplice y partícipe de sus certeras y bien cuidadas palabras.

Sergio Barce, diciembre 2018

 

                                                                   “¿Qué más puedo decir? Digo que sí

                                                                A la vida, al camino recorrido

                                                                       y a la verdad impresa en el oído.”

                                                         Blas de Otero

El escritor

Le pedían que fuera valiente y se lanzara a escribir una novela. Nunca había hecho el menor caso a esa amigable solicitud y creía tener razones de peso. Para él, escribir una novela suponía apartarse de su gente más próxima y dedicar su tiempo, ese elemento tan precioso como irrepetible, a la escritura o lo que es igual, a sí mismo. No es posible escribir una novela en un tiempo prudente, sin apartarse del mundo. Él se conformaba con ser un escritor ocasional, cuya labor no le robaba más tiempo que el imprescindible. Ya había superado como escritor lo que llamaba la prueba de la memoria, que todo escritor que se precie debe abordar en algún momento de su periplo vital. Se había adentrado y escrudiñado su infancia y adolescencia en Marruecos, país por el que sentía un cariño incondicional y al que consideraba su casa natal.

Calle Barcelona. Leın, David, el hijo del maestro y Stika

Calle Barcelona. Leın, David, el hijo del maestro y Stika

En su largo viaje por su memoria sentimental, había rescatado imágenes y detalles perdidos de su primera infancia. Había bajado y transitado por los primeros años de su vida y había recreado gran parte de lo que aquellos dejaron en él, recuperando la memoria entrañable de familiares, profesores, amigos y conocidos. ¡Cuán difícil es librarse de los cabos que nos atan a nuestro pasado! Había puesto todo su empeño y su cariño en relatar aquella época de su vida. No todo el mundo se hubiera atrevido a un viaje introspectivo de ese tipo. Era como vivir de nuevo desde una perspectiva diferente. Eligió el relato corto como medio, porque consideraba este género literario como el más directo, preciso y empático. Solo el relato o el cuento permiten transmitir con palabras, lo que un recuerdo o una imagen del pasado significaron para el escritor y hacerlo de una manera sencilla y rápida. Estos relatos eran algo parecido a cortometrajes donde destacaban los sentimientos de un niño que aprendía a querer, a admirar y a dejarse sorprender por la vida. Cualquiera de ellos podía ser visto como un poema o un tributo a aquel tiempo perdido más que como un ejercicio nostálgico. Recorrido el trayecto y saldada la deuda con ese pasado, ahora le apetecía abordar temas distintos y bajo otras formas literarias. 

la memoria blanqueada

Le gustaba escribir entre paréntesis de tiempo o de vida. Escribía por necesidad. Eran aquellos momentos en los que se alejaba de la realidad para contar historias, pero también para acercarse a sí mismo. Y en ocasiones como estas, se preguntaba si él era el que parecía, el que la gente veía o era el que escribía, el que pesaba cada palabra y medía cada pensamiento, el que inventaba historias que podían conmover a otros. Se preguntaba cuál de los dos era la persona y cuál la máscara. Y cuando afirmaba que escribía entre paréntesis, era ciertamente porque le concedía muy poco tiempo a la escritura frente a otras actividades u otros descansos en su vida. Escribir para él era entre otras cosas, un tiempo de introspección, pero también era su tiempo. Su vida estaba plagada de pequeños entreactos que le habían ayudado a ser quien quería ser, sin nada más ni nada menos. El posible lector siempre podría adivinarle detrás de las pequeñas historias que contaba, como también por su manera de hacerlo. Quizás escribir fuera en definitiva un ejercicio de vida donde se mezclaban paradójicamente dosis de egocentrismo y narcisismo con alícuotas de altruismo y de empatía. Escribir era para él, una expresión innegable de alteridad. Le vino entonces a la mente el verso de Blas de Otero: “Porque escribir es viento fugitivo y publicar columna arrinconada… digo vivir, vivir como si nada hubiera de quedar de lo que escribo”

Portada libro 2

El escritor reflexionaba sobre temas eternos como el irremisible paso del tiempo. Constataba que había llegado para él, sin avisar demasiado, un tiempo que ya no le pertenecía. Ya solo le quedaba clavarle las uñas y aferrarse al presente, porque para él, el futuro ya era mañana. El final acechaba a la vuelta de la esquina. Vivir como si no hubiera mañana, era además una manera de resistir y sobre todo de disfrutar. Hasta aquí, su manera de luchar contra el paso del tiempo había sido recrear su pasado y el de aquellos que lo compartieron con él, en un intento de su mente de vivir dos veces y así crear la ficción de una vida más larga. Como si hubiera pretendido revivir a los que ya no estaban para contarlo. Era su opción como escritor, entre otras muchas. Para él representaba algo así como reunirse con sus muertos y darles y darse una nueva oportunidad. También era su modo de agradecer haberlos conocido y querido. Siempre llevaba con él algún gesto, una sonrisa, una voz familiar, una mirada tierna, el calor de una presencia; pues como decía Tahar Ben Jelloun: “Se puede olvidar un rostro, pero en modo alguno se puede borrar de la memoria el calor de una emoción, la suavidad de un gesto, el sonido de una voz tierna”.

La labor del que escribe no es una línea recta y continua, sino más bien un recorrido lleno de obstáculos, de altos en el trayecto, de silencios y de idas y venidas sin fin y sin objeto. Reflexionó sobre los caminos inesperados a los que las palabras podían conducir al escritor cada vez que este se sumergía en los misterios de la escritura. El escritor ha de adentrarse y expresarse sobre conceptos eternos: el amor, la pasión, la decrepitud, el paso del tiempo, la amistad, la belleza, la vejez, la juventud, la envidia, el odio, la compasión, la lealtad, la fidelidad, la duda, la justicia, el reparto de la riqueza,  la admiración, la familia, la relatividad de los conceptos, la enfermedad, la muerte de los otros, la mentira, el respeto, el cariño, la humildad, la soledad… Pero el escritor trabaja  y maneja palabras, que moldea y combina a su antojo y que le sirven para expresar conceptos o sentimientos que todo lector ha de entender y sentir, aunque sea necesariamente en diferido. El escritor busca siempre la complicidad del lector, porque sin un lector cómplice con quien compartir y dialogar, la literatura quedaría reducida a un ejercicio de estilo, inútil y estéril.

León Cohen Mesonero

Portada ENTRE DOS AGUAS

 

 

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14 DE DICIEMBRE – MÁLAGA – ENCUENTRO CON LOS ESCRITORES SERGIO BARCE & JOSÉ A. GARRIGA VELA

Os invito a la última actividad del GRUPO CAPITEL de 2018. Es muy especial y será el Viernes 14 de diciembre a las ocho de la tarde, en el Estudio Taller del pintor Paco Selva, sito en calle Escultor Marín Higuero nº 8, Echeverría del Palo, Málaga.

Sergio Barce 

&

José Antonio Garriga Vela

 “Territorios de ficción

A ambos les une un espacio de encuentro: la amistad. Los dos llegaron a la misma tierra: Málaga, y lo hicieron en ambos casos de forma temprana y distante, Sergio Barce vino del Sur, de Larache, José Antonio Garriga llegó desde el Norte, de Barcelona. Los dos aman la literatura y han desplegado una carrera literaria ya dilatada y reconocida por sus lectores, entre los que me encuentro. Me fascina la manera sobria y lírica con que José Antonio se acerca a sus personajes, el pulso narrativo de Sergio.

JOSE GARRIGA VELA foto Elcultural

JOSE GARRIGA VELA (Foto Elcultural)

***

SB

SERGIO BARCE

Ahora tenemos la oportunidad de tenerlos frente a frente, establecerán un diálogo libre, abierto, sobre el tema que quieran, hemos titulado el encuentro “Territorios de ficción” para abrazar bien lo geográfico o lo emotivo, los territorios por donde han surcado las historias que narran, los senderos, las emociones recorridas para finalmente transmitirlas a los lectores a través de sus novelas.

Tenemos pues la suerte de vivir la magia de la literatura en una conversación que seguro nos hará vivir y convivir más y mejor. Al fin y al cabo ese es el objetivo. Gracias a los dos por hacer posible el encuentro.

Víctor M. Pérez Benítez

Coordinador de actividades de Capitel.

ESTUDIO TALLER SELVA

Estudio Taller del pintor larachense PACO SELVA

 

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“VIOLENCIA EN LA PLAYA”, UN RELATO DE MOHAMED CHUKRI

    En El loco de las rosas (Madjnún al-ward) de Mohamed Chukri, editado por Cabaret Voltaire en 2015, con traducción del árabe de Rajae Boumediane el Metni, hay un relato que me parece particularmente fascinante y es el primero que abre este libro de cuentos. Se titula Violencia en la playa y fue escrito por Chukri en Tánger en el año 1977.

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La fascinación del relato proviene no sólo por la calidad del texto, que es obvia, sino porque, para quienes venimos de Marruecos y para quienes lo conocen en profundidad, el personaje protagonista es un viejo conocido. En este texto se llama Mimoun, pero es igual a otros Mimoun con los que nos hemos topado en muchas ocasiones.

“…-¿Le está rondando! -me avisa-. Pero no le haga caso. Sólo quiere un sorbo de té y, si no lo consigue, le pedirá la hierbabuena que quede en el vaso. La chupa.

-¿De quién hablas?

-De Mimoun. ¿Es que no lo ha visto?

El camarero se vuelve hacia Mimoun. Está apoyado en la pared de la pensión Becerra.

-No, no me había dado cuenta.”

Recuerdo que, en una ocasión, sentado en la terraza del Valencia, en Larache, se me acercó un hombre desarrapado, sucio y evidentemente con problemas de salud mental. Me pidió un cigarrillo. No fumo, así que no podía dárselo. Luego me pidió algo de comer, pero tampoco tenía nada que darle. Me preguntó entonces si podía darle un sorbo a mi vaso de té. Llamé a Outman, el camarero, y le dije que le sirviera un té verde. Pero se rió y me dijo que el mendigo no quería otro té, sino el mío. Insistí, seguro de que la razón me asistía. Outman se encogió de hombros y trajo un largo vaso de té con hierbabuena. Lo puso en la mesa de al lado. El hombre lo miró unos segundos y con un dedo, que acababa en una uña ennegrecida y grasienta, señaló mi vaso, ya casi vacío. Le aclaré que ahí en la otra mesa tenía ya uno para él. Él negó con la cabeza. Empujé entonces mi vaso hacia el borde de la mesa. El mendigo dio un paso, y lo vi meter los dedos y sacar la hierbabuena del interior del vaso. Luego observó por un segundo las hojas verdes y mojadas sobre la palma de su mano y cerró los dedos, marchándose de allí con la hierbabuena bien asida. Arrastraba los pies, llenos de eccemas, con las plantas tan sucias que parecía que nunca hubiera utilizado unos zapatos. Outman me miró con una sonrisa dibujada en los labios y me hizo un gesto con la cabeza, como si me dijera: ¿ve? No quería un té sino las hojas de hierbabuena de su vaso. Luego me contaron los parroquianos del Valencia algo que ya sabía, que durante los últimos años traían hasta Larache a los locos que encontraban vagando por las calles de otras ciudades, que los transportaban en furgonetas y que los dejaban en cualquier lugar. Abandonados a una triste existencia. Al día siguiente el mismo vagabundo se acercó de nuevo a mi mesa, pero esta vez no pedí otro té para él y dejé que volviera a llevarse las hojas de hierbabuena que quedaban adheridas al cristal de mi vaso. Al marcharse, traté de imaginar qué sería lo que pasaba por su cabeza. Pero no fui capaz de lograrlo.

“…En la puerta del antiguo Correos español, Mimoun, como si fuera un atleta, hace ejercicios de calentamiento. Parece un corredor preparándose antes de la salida.

-¡Mirad! -dice el patrón-. Ahora se prepara para competir con un adversario imaginario. Y, claro, siempre gana él.

Mimoun flexiona la rodilla derecha, mira a los lados, detrás, y echa a correr a toda velocidad. Desconcertados, los clientes del café y los transeúntes lo siguen con la mirada. Un hombre, con la paciencia ya agotada, protesta.

-Pero ¿dónde está la policía? Hay que llevarse a este desgraciado de aquí. Nos está sacando de quicio.

Mimoun da una vuelta entera a la plaza. Cuando llega de nuevo a la altura de Correos, levanta los brazos en señal de victoria. Un niño retrasado se le acerca. Le pide a Mimoun que compita con él. Mimoun le enseña los dientes, el niño se ríe. Con toda crueldad, Mimoun le da una patada en el culo. El niño chilla y se aleja lanzándole los peores insultos.

Mimoun repite tres veces la carrera. En la última vuelta, un hombre le da un bocadillo. Se sienta en su escalón y se pone a comer tranquilamente.”

Un relato con el que Mohamed Chukri retrata a la perfección la vida en la calle, la degradación moral del ser humano, una imagen de la pobreza en Marruecos. Y, como siempre, subyace en sus palabras una ternura, un afecto indisimulado por los más desgraciados. Un cuento de entre los mejor acabados por la pluma del gran Chukri.

Sergio Barce, noviembre 2018

MOHAMED CHUKRI 1

MOHAMED CHUKRI

 

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“LA JAIMA” DE MOHAMED CHUKRI, CON PRÓLOGO DE SERGIO BARCE

   Ya está en las librerías La jaima, una recopilación de cuentos de Mohamed Chukri, que ha editado Cabaret Voltaire con la exquisitez que les caracteriza. Y ya tengo entre mis manos un ejemplar.

Os cuento esto porque he tenido la fortuna de escribir el prólogo para esta edición, y haberlo hecho es para mí un honor y un orgullo por lo que Chukri significa para la literatura marroquí y por todo lo que su obra me ha influido.

Además, la traducción, como en otros libros de Mohamed Chukri editados por Cabaret Voltaire, es de mi amiga Rajae Boumediane el Metni, así que la satisfacción es doble.

Mis dos autores de cabecera relacionados con Marruecos son el propio Mohamed Chukri y Paul Bowles, y ahora veo mis palabras acompañando a las historias del primero de ellos en un mismo volumen. Ya digo, un honor inmenso.

Sergio Barce

portada_la jaima

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