Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

“EL EXILIO Y EL REINO” (L´EXILE ET LE ROYAUME, 1957), DE ALBERT CAMUS

Invitación a la lectura.

Me he sumergido estos dos últimos días, de nuevo, en las páginas de El exilio y el reino (L´exile et le royaume, 1957), un libro de relatos de Albert Camus que me ha llevado desde tierras argelinas hasta la selva amazónica para sacarme de este confinamiento al que todos estamos sometidos.

ALBERT CAMUS

Albert Camus

Cuando escribo de un maestro, me contengo y trato de ser lo más parco en mi análisis. Porque, ¿qué voy a descubrir a estas alturas en la obra de Camus? Sin embargo, sí puedo contagiaros del entusiasmo por la buena literatura, por el placer de una lectura en la que, además, aprendes a narrar mientras disfrutas de magistrales descripciones, no solo de los ambientes, de los lugares o de los paisajes que envuelven a la trama, sino también del interior de los personajes.

Hay tres relatos en este libro que siempre me han llamado poderosamente la atención: La mujer adúltera, El renegado o un espíritu confuso y, sobre todos, El huésped. Los tres enraizados en Argelia, secos, duros, en los que sus protagonistas buscan un sentido a sus existencias en parajes áridos y desolados, o bien desconocidos, en paisajes que no son más que la exteriorización del alma humana, de la desilusión o de la frustración por lo que son conscientes que van a perder. Y, no obstante, asoma siempre la fraternidad o el leve soplo de esperanza por el ser humano. Quizá, como decía antes, sea El huésped el relato que mejor refleje lo que este libro pretende ser.

lejos de los hombres

El huésped fue llevado a la pantalla por David Oelhoffen en 2014, bajo el título de Lejos de los hombres (Loin des hommes, 2014), una de mis películas favoritas y de la que escribí un artículo, cuyo enlace os facilito:

https://sergiobarce.blog/tag/lejos-de-los-hombres/

Sergio Barce, marzo 2020

Fragmento del relato El huésped, de Albert Camus, con traducción del francés de Manuel de Lope. Publicado por Alianza Editorial.

“…El viento aumentó durante la noche. Las gallinas se removieron un poco, luego callaron. El árabe se volvió de lado presentando la espalda a Daru, y éste creyó oírle gemir. Después estuvo al acecho de su respiración, más fuerte y regular. Escuchó aquel aliento cercano y soñaba sin poder dormirse. En la habitación, donde hacía años que dormía solo, aquella presencia le molestaba. Pero le molestaba también porque le imponía una especie de fraternidad que en las circunstancias presentes rechazaba, y que conocía bien: los hombres que comparten la misma habitación, soldados o prisioneros, quedan unidos por un extraño lazo, como si se despojaran de sus armaduras al mismo tiempo que de sus vestidos, y como si cada noche se juntaran, por encima de sus diferencias, en la antigua comunidad del sueño y la fatiga. Pero Daru despejó esos pensamientos, no le gustaban esas tonterías, tenía que dormir.

Sin embargo, algo más tarde, cuando el árabe se agitó imperceptiblemente, el maestro seguía sin poder dormir. Al segundo movimiento del prisionero se puso tenso, alerta. El árabe se incorporó lentamente sobre un brazo, con un movimiento casi de sonámbulo. Sentado sobre la cama, esperó, inmóvil, sin mover la cabeza hacia Daru, como si estuviera escuchando con la mayor atención. Daru no se movió: se le acababa de ocurrir que el revólver se había quedado en el cajón del escritorio. Más valía actuar enseguida. Sin embargo continuó observando al prisionero que, con el mismo movimiento sin roces, había plantado los pies en el suelo y, después de esperar un rato, comenzaba a levantarse lentamente. Daru iba a llamarle cuando el árabe empezó a andar, esta vez con un paso natural, pero extraordinariamente silencioso. Se dirigía hacia la puerta del fondo, que daba al cobertizo. Hizo girar el picaporte con precaución y salió tirando de la puerta tras él, sin llegar a cerrarla. Daru no se movió. Únicamente pensó: <Se escapa. Un problema menos>. Sin embargo aguzó el oído. Las gallinas no se movían: por lo tanto el otro estaba en el campo. Entonces le llegó un débil ruido de agua y no entendió de qué se trataba hasta que el árabe apareció otra vez en el marco de la puerta, la volvió a cerrar con cuidado y se acostó de nuevo sin un ruido. Daru entonces le volvió la espalda y se durmió. Más tarde aún le pareció oír desde el fondo del sueño unos pasos furtivos alrededor de la escuela. <Estoy soñando, estoy soñando>, repitió. Y dormía.”

EL AXILIO Y EL REINO Alianza editorial

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“EL NIDO VACÍO Y OTROS RELATOS”, UN LIBRO DE SALJO BELLVER

El nido vacío portada

   Escribir un buen relato corto no es nada fácil. Hay que ser cuidadoso, saber condensar una historia, tener un buen arranque y también ser consciente de que el final del cuento es una pieza fundamental en su engranaje narrativo. Decía Cortázar que “la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”. Después de leer sus Relatos americanos (SaLa 28 – Alicante, 2015), Saljo Bellver  (Tánger, 1957) vuelve a ganar por KO con su nuevo libro El nido vacío y otros relatos (SaLa 28 – Alicante, 2019).

   En este segundo volumen se recopilan dieciocho cuentos bien estructurados, primorosamente escritos, llenos de humanidad, pero también de socarronería, de humor, de drama, de desengaño y, en algunos, de una evidente mala leche, lo que enriquece sus historias más oscuras. De qué hablamos cuando hablamos de amor, escribía Raymond Carver, pues hablamos de muchas de las cosas que nos desvela Saljo Bellver en este libro: de la desilusión, del autoengaño, de la frustración, del desamor, del dolor.

   Arranca el volumen con un cuento impecable, al mejor estilo del mejor relato americano, titulado Pescado fresco. De un hecho aparentemente intrascendente, la pluma de Bellver construye una historia profunda y a la vez liviana, llena de un humor larvado y, a la vez, de desaliento. Hay un pasado aterrador que planea durante todo el relato, un pasado que ha golpeado al narrador y que les ha marcado para siempre tanto a él como a Juanita, su pareja. Y hay un paréntesis genial: el bar de Anabelle, que cobra vida, en el que literalmente creemos encontrarnos sentados en la barra entre los personajes, oyendo sus conversaciones, abstraídos por el discurso del viejo predicador que solo vende humo a los parroquianos, pero a los que hipnotiza con sus palabras de la misma manera a como lo hace el autor con nosotros.

“…El viejo predicador eleva su mirada al techo. Es una mirada tenebrosa. Se abstrae durante un instante. Regresa de ese breve éxtasis. Eleva un poco más el tono de voz y prosigue.

-Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.

Anabelle y yo estamos atrapados en sus palabras. Suspendidos en el tiempo, que se ha detenido de pronto.

-He aquí un caballo amarillo -concluye Seamus con una voz pedregosa- y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.

Entonces no puedo evitar que la escena que me tortura desde ese día se reproduzca en mi mente: los chicos abrazados a sus instrumentos contra la pared del fondo de la clase tras el inestable parapeto que han improvisado con las sillas y las mesas, los llantos histéricos, sus gritos de terror, las voces que piden ayuda, los más resistentes teclean en sus móviles con desesperación o intentan hablar con sus padres en medio de ese clamor de pánico colectivo. Y el muchacho loco que empuña un AR15 y camina sin prisa por el pasillo en dirección al aula de música…”

    Cada historia de este libro es un universo, pequeño, independiente y perfecto. Eso hace que los relatos se sucedan de manera ágil y nos animen a seguir uno tras otro, anhelantes por saborearlos.

Saljo Bellver - foto de Pablo Bellver

Saljo Bellver . foto de Pablo Bellver

    Hay huellas evidentes de cine y de narrativa americana (me parece detectar la sombra de Chandler, de Hammett, de Carver, de King, de Lovecraft, de Bukowski) y también de Kafka. El cuento titulado Viento amarillo es un doble homenaje al escritor de Praga y al escritor de Providence, un cuento que se lee con sumo placer.

“…Era el momento de otra pausa. <Ahora me fumaría un buen cigarro>., dije y miré a la concurrencia. El viejo Parsons respondió <Muchacho, yo fumo en pipa> y aprovechó para cargar la cazoleta de su cachimba. Wilho y Mcfarland no fumaban. Yo lo sabía, y sabía también quién tenía buenos cigarros bien guardados en un cajón. Esperé un momento más. Entonces oí a Mick Green abrir el cajón que hay debajo de la caja registradora. Salió de detrás de la barra y me ofreció el veguero. <Que no sirva de precedente>, dijo Mick. Se quedó de pie junto al resto, sin perder de vista la entrada del bar. El viejo Parsons me dio lumbre y di un par de caladas al puro. <¿Y eso es todo?>, preguntó Wilko. <Me gustó más la historia del bicho ese de Praga que me contó Megan>, añadió. <No hay color>, me defendí yo. <El que escribió la historia del tipo que se convirtió en insecto no me llega a mí a la suela de este zapato>, dije y aproveché para levantar el pie y mostrar mi calzado polvoriento y con un agujero en la suela del tamaño de una moneda de dólar.”

   No hay cuentos mejores y peores, sino un nivel que Saljo Bellver mantiene a la misma altura, dejando que a veces sonriamos, que otras nos estremezcamos y en ocasiones nos emocionemos profundamente. Es la regla básica del buen narrador: llegar al lector, meterle los dedos en las entrañas, tocarle el corazón.

Desde Castanias hasta Muchachos, no existe una página de sobra, en cada una de ellas hallamos refugio. Hay pequeñas joyas como los relatos titulados Bastiet dijo miau, El ojo del huracán o ese que me ha gustado especialmente llamado ¡Qué bien…!. Aunque, sin ninguna duda, es El doctor Guijarro el que me ha alcanzado más intensa e íntimamente. Es aquí donde Saljo Bellver despliega toda su fuerza y riqueza narrativa para ir embozándonos con esta historia tierna y terrible, pesimista y optimista a la vez, barnizada de humanismo y ternura. Muy emocionante, sí.

   El libro se cierra con el mencionado Muchachos, y es un final suave y dulce, como para dejarle al lector un buen sabor de boca.

“…La portería era un minúsculo pisito con una puerta de madera que daba al zaguán del inmueble. La puerta tenía una ventana en su centro que permanecía abierta todo el día. Detrás de esa ventana, sentado en una silla de mimbre consumía Genaro las horas. Era su garita, la garita desde la que el centinela Genaro protegía nuestra fortaleza. La mayor parte del tiempo leía. ¿Qué leía? Leía deshojadas novelas de El Coyote, magullados tebeos de Hazañas Bélicas y ejemplares atrasados (algunos muy atrasados) del ABC. Los días de buen tiempo, sacaba la silla de mimbre a la puerta de la calle y, sin invadir ni un centímetro la acera, permitía que el sol le acariciara sus enjutas piernas enfundadas en unos decaídos pantalones tan lesionados de viejas heridas como su alma, seguramente. En esos momentos no leía. Se entretenía observando a los viandantes y a los coches. No era hombre de pegar la hebra, al contrario, era reservado, prudente y discreto.”

Me gustan los libros cuidados, revisados, bien tratados, y sin duda este nuevo de Saljo Bllver lo es. Un volumen que guarda excelentes relatos para ser degustados con tranquilidad, con un vaso de Jim Beam al lado y quizá con buena música americana de fondo. Como para sentirse a gusto y a salvo de este caos.

NB: El nido vacío y otros cuentos, de Salvador “Saljo” Bellver, está dedicado a la memoria de Antonio Lozano, como lo está mi novela Malabata. Y es que Antonio Lozano es nuestro nexo de unión, el que provocó nuestra amistad a distancia, y por supuesto Tánger (Salvador y Antonio son tanyauis de los pies a la cabeza). En julio de 2016, los tres, Antonio, Salvador y yo, moderados por Luis Leante, presentamos juntos nuestros libros Un largo sueño en Tánger, Relatos americanos y La emperatriz de Tánger en Le Cercle des Arts, en Tánger, un encuentro que ya se hace inolvidable. Parece mentira que hay pasado ya tanto tiempo y que Antonio ya no esté para reencontrarnos.

Sergio Barce, marzo de 2020

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Antonio Lozano, Salvador “Saljo” Bellver, Abdellatif Bouziane y Sergio Barce

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LARACHE VISTA POR… EL MORO VIZCAÍNO

JOSE MARIA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

JOSÉ MARÍA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

En su libro Larache a través de los textos (Junta de Andalucía – Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2004), Lola López Enamorado recoge, entre los distintos textos, el relato del moro vizcaíno José María de Murga y Mugártegui (Bilbao, 1827 – Cádiz, 1876), redactado en el siglo XIX. De Murga fue un viajero, militar y escritor español que participó en la Guerra de Crimea como agregado de la comisión española. Había estudiado árabe en París, y en Madrid se doctoró en cirugía menor. Abandonó el ejército tras no poder participar en la Guerra de África, y en el año 1863 emprendió su primer viaje a Marruecos que hizo vestido con chilaba y con la compañía de un asno, haciéndose pasar por renegado bajo el nombre de Hach Mohamed el Bagdady. En Marruecos trabajó como curandero, exorcista, sacamuelas, partero e incluso de buhonero. En ese viaje recorrió Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Mequinez, Fez, Salé, Rabat y Fedala, y luego regresó a España. Fruto de esta experiencia es la obra titulada Recuerdos marroquíes del Moro vizcaíno, publicada en Bilbao en 1868, por la Imprenta de Miguel de Larumbe. Un compendio de impresiones, historia, observaciones etnográficas, radiografía social y reflexiones producto de sus vivencias. Encargó doscientos ejemplares y se los regaló a sus amigos de un lado y otro del Estrecho.

(También hay una publicación más actual de la obra en Miraguano Ediciones)

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga miraguano ediciones

En 1870 fue nombrado diputado general del Señorío de Vizcaya, y aunque realizó un segundo viaje a Marruecos, hubo de cancelarlo al poco tiempo de partir, y ya nunca pudo regresar, pese a sus deseos por hacerlo.

Estos datos los aporta tanto Lola López Enamorado, como Federico Verástegui, estudioso de la figura del arabista vasco, y que se puede hallar en el Blog de Roge:

https://blogs.eitb.eus/rogeblasco/2009/09/30/federico-verastegui-recuerda-a-jose-maria-de-murga-%E2%80%9Cel-moro-vizcaino%E2%80%9D/

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga

Lola López Enamorado seleccionó un largo extracto de ese relato del moro vizcaíno, del que extraigo únicamente los primeros párrafos:

“…Un encuentro sangriento junto al río de los Judíos (inmediaciones de Tánger) y en el que, aunque vencedor, salió con vida (el rey portugués don Sebastián), merced a su valor desesperado y temerario, no hizo sino afirmarle en su idea de empeñarse en empresas de más cuenta y, apenas puesto el pie en sus Estados, empezóse a ocupar de los preparativos para ella. Con ánimo tan dispuesto no le fue muy difícil dar oídos a las promesas del destronado Cherif ni a este el asegurarle que, apenas desembarcados, el país se sublevaría en masa a nombre suyo y que recibiría, en cambio de su ayuda, muy grandes y ventajosos territorios. Uno de tantos, y que no lo era poco en aquel tiempo, y aun muchos años después, era el puerto de El Araich (Larache) próximo a la boca del Estrecho y verdadero nido de piratas, donde no sólo se abrigaban los africanos sino también los turcos, según se convinieron con el usurpador Abd-el-Melec al darle ayuda.

(…) Obligado se vio don Sebastián a comprender que sus fuerzas no bastaban y abatido y caviloso acudió a su tío el Rey de España, hermano de su madre doña Juana, en demanda de auxilios y de ayuda. Entabláronse las negociaciones por medio del Embajador don Pedro de Alcanora, al que se envió a pedir a Felipe II la mano de su hija Isabel Clara Eugenia. Diole largas en cuanto al matrimonio y le prometió soldados y galeras en número bastante para hacerse dueño del puerto de Larache el que, según expresión del Rey de España, valía él solo todo el África…”

LARACHE A TRAVÉS DE LOS TEXTOS

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DE NUEVO, RICHARD FORD

  He dedicado algunos artículos a Richard Ford (sobre sus novelas Canadá y La última oportunidad, para ser más exactos, y también con motivo de la concesión del premio Príncipe de Asturias), y no es necesario decir que es uno de mis autores de cabecera. Desde Un trozo de mi corazón (A piece of my heart, 1976) hasta su último libro, pasando por su trilogía con Frank Bascombe como protagonista en El periodista deportivo (The sporswriter, 1986), El día de la independencia (Independence day, 1995) y Acción de gracias (The Lay of the Land, 2006), todo me parece de una calidad fascinante. Así que, de nuevo, regreso sobre Richard Ford.

Cuando cerré las páginas de su novela Incendios (Wildlife, 1990), me dejó esa sensación que suele habitar en sus historias, la de la devastación o al menos la de un triste vacío. Richard Ford tiene la habilidad de narrar esta pequeña tragedia desde el prisma de un adolescente que comienza a descubrir los sinsabores de la vida, pero tratándolo con un cariño casi protector. Percibimos a través de su relato el progresivo desengaño que va desbordando a ese personaje día a día, cómo su visión de la vida adulta va girando poco a poco hasta sentirse expulsado de ella, como si fuese un testigo incómodo de cuanto los mayores hacen o dejan de hacer.

INCENDIOS

Su padre, que ha ido fracasando en los objetivos que se iba marcando, se convierte de pronto en un brigadista que lucha contra el fuego durante tres días, jornadas que serán fundamentales para el futuro de Joe, que es como se llama el joven protagonista. Pero su padre no acabará siendo ningún héroe. Y su madre conocerá a otro hombre que a ojos de Joe no es sino alguien que le incomoda y que le hace verlo todo de forma turbia y compleja. Toda la vida de Joe queda patas arriba. Pero, como decía antes, Ford logra que nos alistemos al bando de este chico y que sintamos por él una especie de afecto y de simpatía, de compasión, e incluso a veces querríamos hasta protegerlo de la realidad.

“…Yo quería responderle algo, aunque no estuviera hablando conmigo sino consigo, o con nadie. No tenía intención de contarle a mi padre nada de aquello, y quería que ella lo supiera, pero no quería ser el último en hablar. Porque si decía algo, cualquier cosa, mi madre guardaría silencio como si no me hubiera oído, y yo tendría que vivir con mis palabras -fueran cuales fueren- tal vez para siempre. Y hay palabras -palabras importantes- que uno no quiere decir, palabras que dan cuenta de vidas arruinadas, palabras que tratan de arreglar algo frustrado que no debió malograrse y nadie deseó ver fracasar, y que, de todas formas, nada pueden arreglar. Contarle a mi padre lo que había visto o decirle a mi madre que podía confiar en mi absoluta discreción eran palabras de esa clase: palabras que más vale no decir, sencillamente porque, en el gran esquema de las cosas, no sirven para nada.”

(Fragmento de Incendios <Incendies>, con una elegante y cuidadísima traducción de Jesús Zulaika)

Rock Springs

Tan emocionante y conmovedor como la novela Incendios (Wildlife) lo es el libro de relatos Rock Springs (1987), igualmente primorosamente traducido por Jesús Zulaika. Se trata de diez narraciones que nos adentran en el mundo fordiano, lleno de pequeñas tragedias, casi siempre de la mano de un niño o de un adolescente, con familias devastadas por circunstancias que no controlan o provocadas de manera accidental o por el devenir de decisiones equivocadas o a las que empujan la propia vida diaria. En cualquier caso, sus páginas de nuevo se llenan de emoción y nos inunda a veces la compasión por estos personajes que avanzan de derrota en derrota.

“…Una conciencia tranquila es un asco de conciencia -le dijo Claude a su padre por la ventanilla…”

(Del relato titulado Niños)

Y es verdad, ninguna conciencia en los personajes que transitan Rock Springs es una conciencia tranquila. Richard Ford no nos deja indiferente ante ninguna de esas vidas que retrata de manera tan minuciosa y detallista. Hay pasajes memorables en este libro de cuentos, en el que no falta humor, cinismo, drama, y tragedias y pequeñas alegrías. El relato titulado Imperio es, sencillamente, magistral.

“…Sims vio por primera vez a Pauline en Spokane, en una fiesta. Una orgía de alcohol y drogas. Sims estaba sentado en un sofá, charlando con una persona. A través de la puerta de la cocina vio a un hombre pegado a una mujer, manoseándole el pecho. El hombre bajó la parte delantera del vestido de verano de la mujer y le dejó al aire ambos pechos; luego se puso a besárselos mientras la mujer le masajeaba el sexo. Sims comprendió que creían que nadie los estaba viendo. Pero cuando la mujer abrió de pronto los ojos se encontró con la mirada de Sims, y sonrió. Su mano seguía asiendo la verga del hombre. Sims no había visto una mirada más inflamada en toda su vida. Su corazón latió deprisa, y le asaltó una sensación como de ir pendiente abajo en un coche sin control en medio de la oscuridad. La mujer era Pauline.”

Desde Rock Springs, que da título al volumen, hasta el último de los relatos, Comunista, la magia de Richard Ford nos envuelve con su prodigioso dominio del cuento corto. No en vano, es uno de los narradores más poderosos y uno de los maestros indiscutibles del relato. Más aún, en mi mesita de noche tengo siempre a mano la primera edición de su Antología del cuento americano <Selección y prólogo de Richard Ford> (2001) que publicó Galaxia Gutenberg en 2002.

Escribe Ford lo siguiente en el octavo relato de Rock Springs, titulado Optimistas:

“…Las cosas más importantes de una vida cambian a veces tan súbitamente, tan irreversiblemente, que su protagonista puede llegar a olvidar lo más esencial de ellas y sus implicaciones; hasta tal punto queda prendido por lo fortuito de los sucesos que han motivado tales cambios y por la azarosa expectativa ante lo que habrá de suceder después. Hoy no logro recordar el año exacto del nacimiento de mi padre, ni cuántos años tenía cuando lo vi por última vez, ni cuándo tuvo lugar esa última vez. Cuando uno es joven, tales cosas parecen inolvidables y cruciales. Pero cuando los años pasan se desdibujan y se pierden…”

Qué maravillosamente retratado y relatado.

Maquetaci—n 1

Tras la lectura de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura (1992-2006), traducido por Marco Aurelio Galmarini; de De mujeres con hombres (Women with men, 1997), traducido por Jesús Zulaika; de Francamente, Frank (Let me be Frank with you, 2014), con traducción de Benito Gómez Ibáñez; de Entre ellos (Between them. Remembering my parents, 2017), de nuevo traducido por Jesús Zulaika, creo conocer mejor el mundo de Richard Ford, y cada día me parece el más sólido de los escritores americanos en vida. No hay fisuras en sus historias, en su narrativa, en su manera de abordar los temas que le obsesionan. Noto la calidez en sus palabras, su esfuerzo por salvar del desastre a esos personajes que tratan de sobrevivir como pueden, que intentan de mostrar lo mejor de ellos mismos y que, sin embargo, son arrastrados por hechos que los sobrepasan. Devastación, pérdida, soledad, desengaño.

Escribe Richard Ford en su autobiografía, antes mencionada, Flores en las grietas:

“…El silencio ha sido siempre cómplice de mi ignorancia; y la ignorancia, la inadaptación y la falta de preparación han sido siempre mis temores más intensos y familiares. Nunca me acerqué a algo difícil y verdaderamente nuevo sin el miedo a fracasar, y pronto.”

Algo que también me sucede a mí.

Y ahora, a sumergirme en su última obra Lamento lo ocurrido (Sorry for your trouble, 2019).

Todas las novelas y libros de relatos de Richard Ford antes mencionados han sido editados por Anagrama.

Sergio Barce, marzo 2020 

Lamento lo ocurrido

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INSTITUTO CERVANTES DE TÁNGER, 28 DE FEBRERO – PRESENTACIÓN DE “LA LETRA Y LA CIUDAD. TÁNGER EN LAS LITERATURAS ESPAÑOLA Y MARROQUÍ ACTUALES”, DE RANDA JEBROUNI

Mañana viernes, 28 de febrero, en la Biblioteca Juan Goytisolo del Instituto Cervantes de Tánger, a partir de las 19.00 horas, se presentará el libro La letra y la ciudad. Tánger en las literaturas española y marroquí actuales, de Randa Jebrouni.

La presentación correrá a cargo de Rocío Rojas-Marcos.

Más información en:

https://www.facebook.com/events/178592273431378/

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