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“EL VIAJANTE”, UNA NOVELA DE EMILIA LUNA

Que existe en estos últimos tiempos una eclosión de literatura ambientada en Tánger, y más aún en el Tánger internacional y en los años posteriores, es evidente. Eclosión que se da en todos los géneros: narrativa, poesía, ensayo, historiografía… Pero centrándonos en la novela, la razón puedo suponerla: una ciudad cosmopolita, fascinante y misteriosa a la vez, una ciudad mitificada y por muchos añorada, una ciudad que tal vez ya no exista, una ciudad fácil de recrear si se la conoce o de imaginar e incluso de reinventar, una ciudad de literatura. Y es un tema recurrente que lleva años amasándose.

De autores tanyauis que la conocen hasta el tuétano y son capaces de transmitirnos el latido real de la ciudad que ellos conocieron y amaron en obras ya emblemáticas como La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez,  El año que viene en Tánger, de Ramón Buenaventura, El pan a secas, de Mohamed Chukri; Tánger, Tánger, de Leopoldo Ceballos, o Un largo sueño en Tánger, de Antonio Lozano; de escritores vinculados con Tánger de una u otra manera y que la recrearon o la recrean en sus novelas, como es el caso de Antonio Parra, José Luis Barranco o el muy interesante Javier Valenzuela, con Tangerina y Limones negros, certeros retratos del Tánger actual; y otros novelistas consagrados que utilizan la ciudad como escenario físico y decorativo aunque sin profundizar en las entrañas del Tánger real, como es el caso de las últimas obras de Pérez Reverte o de López Barrios. Mis novelas ambientadas en Tánger, como ya saben quienes me siguen, se mueven entre el Tánger internacional que yo construyo e imagino y el Tánger que conocí en los años de mi niñez, e intento siempre, aunque se trate en novelas de género negro como La emperatriz de Tánger o Malabata, de serle fiel, de no quedarme en la superficie de sus calles sino de convertir a Tánger en un personaje más en mis tramas, como si tuviese vida propia, como si respirara por sí sola.

Y, a veces, encuentras novelas que navegan entre la realidad, la ficción y la libertad creativa, en una especie de arriesgado funambulismo, como es el caso de El viajante (Editorial Onuba – Huelva, 2018), de Emilia Luna. Un libro que ha caído en mis manos tras perseguirla durante días y que me ha descubierto a una excelente narradora. El libro obtuvo el Primer Premio Onuba de Novela 2018.

El viajante portada

Y decía que se mueve entre la realidad, la ficción y la libertad creativa, porque Emy Luna vertebra su novela tangerina jugando con la realidad de una ciudad, bien documentado y bien descrito ese Tánger que va de 1975 hasta nuestros días, y de unos personajes reales, como Paul Bowles o Mohamed Mrabet, ya visitados por otros autores; con la ficción, creando dos protagonistas muy interesantes (el narrador, un viajante vendedor de alfombras portugués, y Javier) que son el motor de la trama, y Suzanne, la amante quizá improbable pero por qué no imaginada y hasta deseada por la autora para Paul Bowles, poseedora de una atracción devastadora tanto para el propio escritor americano como para Javier y para el viajante (he de confesar que Suzanne es de esos personajes que a cualquier hombre nos despierta la curiosidad y todos los instintos), y, por último, con su libertad creativa para hacernos viajar desde Canfranc hasta Tánger pasando por Granada y por Arraiolos (Portugal), y en todos estos lugares Emy Luna nos envuelve con el ambiente de cada ciudad logrando que veamos esos lugares como a través de una cámara, lo que enriquece enormemente la historia.

En la página 91 leemos:

“…Después de comer, nos sentamos en el Café de París tras peregrinar bajo un sol acuciante por las callejuelas que subían hasta la Plaza de Francia. Tomamos café y continuamos con licor. Tras varias copas de mahía, Javier empezó a contarme su vida en es “ciudad de mal”, como decía entre risas parodiando a las tías. Al poco tiempo de llegar tuvo un encuentro inesperado en el Café Central, en el Zoco. No te imaginas cómo viví los días que siguieron el encuentro. Estaba con Marwani cuando entró un grupo de hombres vestidos a la manera europea. Iban borrachos, aunque guardando la compostura que da la experiencia. A mi pregunta de quiénes eran, mi amigo me explicó que ellos eran el reducto que quedaba de la élite intelectual extranjera en Marruecos. El día menos pensado desaparecerán, y con ellos, el sueño de la ciudad internacional de Tánger. Ya apenas queda nadie de los que dieron fama a esta ciudad en los años previos a la independencia. Estos son los que se engancharon y piensan acabar sus días aquí. Según Javier, Marwani se puso muy serio mientras le daba esta respuesta. ¿Se engancharon? Mi pregunta resultó infantil; no pude evitarlo, necesitaba más información, más detalles que alargaran la charla. Llevaba varias horas con el dibujante y aún no conseguía que entrara en profundidades. Sí, se engancharon a una forma de vida que irrumpió en esta ciudad bajo los dictámenes de los extranjeros que vinieron huyendo de sus países por diversas razones. Marwani odiaba que hubieran dado a luz a una filosofía a costa de Tánger, su ciudad. Que hubieran suplantado la verdadera identidad de Tánger por otra inventada por unos cuantos. Escritores, artistas, exiliados, refugiados, políticos, traidores a los lugares donde nacieron o de donde proceden…”

La novela cuenta la relación que se establece entre un viajante vendedor de alfombras portugués y Javier desde su primer encuentro en la estación de Canfranc hasta el laberinto que se va tejiendo entre lo que ocurre en Granada y lo que acontece en Tánger, hechos que marcan la vida de Javier y que arrastran al viajante de manera vertiginosa. Emy Luna convierte hábilmente la relación de estos dos hombres en una suerte de dependencia casi vampírica, donde uno de ellos tratará de apoderarse de la vida del otro para salvar la suya propia, un arriesgado juego del que Luna sale más que airosa.

Pero el centro de la trama se desarrolla en Tánger y es aquí donde la novela alcanza sus mejores momentos. Hay en las escenas entre Paul, Suzanne, Javier y el viajante un extraño y oscuro vínculo, a veces contradictorio, a veces enigmático, con un toque morboso, pero siempre lleno de sensualidad y de dobles lecturas. A veces es cierto que deja al lector ante la duda, como colgados en el vacío, pero eso es también parte del juego al que nos invita la autora a participar. Los saltos en el tiempo están bien marcados y el desarrollo de la trama va cerrando pequeños círculos que se abren en cada capítulo hasta ir zurciéndose al descubrir los motivos que mueven a los personajes. Y no siempre esos impulsos son nobles, en toda la novela hay un extraño halo de maldad flotando en el ambiente que carcome las vidas de estos personajes desesperados y malheridos.

He conversado con Emy Luna de algunos aspectos de la novela, y he descubierto a una escritora ansiosa por absorber cuanto la rodea para luego usar ese material en sus historias, una mujer entusiasmada con el ambiente tangerino y deseosa por seguir alimentando su alma de novelista. Sin duda, El viajante es una obra bien construida, con un vocabulario rico y trenzado, con personajes perfectamente dibujados y con una atmósfera que sabe mezclar de manera minuciosa los aspectos más íntimos, familiares y personales, con los más inquietantes, impulsivos y pasionales de los protagonistas. Sin olvidar, como ya he apuntado antes, que la autora ha realizado un arduo trabajo para documentarse sobre Tánger, pero también sobre Granada, Canfranc y Arraiolos, y con ello asienta su novela sobre una base creíble y realista. Aunque en sus páginas no todo es tan real como parece…

Cerraré esta reseña, reproduciendo lo que podemos leer en la contraportada del libro, resumen perfecto de lo que es El viajante:

“La novela, en primera persona, narra la vida de un viajante de alfombras portugués. Una vida plana, sin sombras ni esquinas. Más que vivir la vida, parece que el viajante la observa y se desliza sobre ella. Hasta que tropieza en una estación con Javier, estudiante de la Universidad de Granada. Este encuentro fortuito marcará su vida para siempre. A partir de aquel día en la Estación de trenes de Canfranc, el portugués solo vivirá para las citas con el joven. Gracias a encuentros en apariencia casuales, pero meridianamente planificados, el representante de alfombras descubrirá cosas de su propia vida a través de los ojos de Javier. Le perseguirá hasta la Tánger de los años 70 donde entrarán en contacto con Paul Bowles y otros autores de la generación beat que aún quedaban en la ciudad <maldita>. Se verán atrapados en un mundo de drogas y ambiciones personales. El influjo del escritor norteamericano, no siempre beneficioso, calará en ambos. El viajante recuperará el pasado, su pasado, bebiendo la vida de su joven amigo. Y no solo recuperará lo que fue, sino que construirá su futuro a expensas de Javier. Recuerda en algunos pasajes a Un invierno en Lisboa, de Muñoz Molina, y la admiración del viajante por Javier nos trae a la memoria algunas imágenes de Muerte en Venecia. Inevitable el influjo de Magris y de Sebald en lo que respecta al concepto del tiempo.”

Una buena novela para regresar una vez más a las calles de Tánger…

Sergio Barce, noviembre 2019

EMY LUNA

EMILIA LUNA

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE “PERFIDIA DE ÁSPID”, DE AHMED OUBALI, EN LARACHE

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Sergio Barce y Ahmed Oubali

El pasado 1 de noviembre, presenté en Larache Perfidia de áspid (Amazon Fulfillmet, 2019), de mi amigo y paisano el profesor Ahmed Oubali, en el Fondak Zeljou, en pleno Zoco Chico de nuestro pueblo, y dentro del Festival Entrerritmos. Fue un placer hacerlo y sentirnos rodeados de amigos que hicieron el acto más fácil y cercano. Se trataba de hacer la presentación del libro de manera amena, así que le dimos un toque informal charlando sobre el contenido de los relatos. Y así lo hicimos.

En la contraportada del libro, leemos la siguiente sinopsis:

“Estos 7 relatos  -con factura negrocriminal que asocia al suspense, la comedia, el erotismo y el romance-  se ambientan en Marruecos y España, lo cual ofrece una dinámica particular a la lectura: Ouarzazate con sus paisajes exóticos, Tánger con sus calles míticas y coloniales, Ketama asediada por los drogadictos, Rabat y Casablanca inmersas en la delincuencia, Marrakech con sus calles bulliciosas y viciosas, el Rif de las mil y una desgracias, Málaga, Algeciras, entre otras, albergando a protagonistas marroquíes y españoles, fusión de la controvertida convivencia entre ambas orillas, que el autor refleja en su libro con una nítida perspectiva etnográfica de género negro  que implica un ambiente de suspense, de angustia y a la vez de divertimento placentero; un universo de vicios envueltos en intrigas permanentes con enlaces sorpresivos; una brevedad narrativa  en la que todo se condensa para provocar inolvidables sensaciones en el corazón del lector. Lo propio de la ficción…”

Perfidia de áspid - portada

He de destacar dos características muy sui generis de este libro: primero, que se trata de una obra escrita directamente en español por un autor marroquí, cuya lengua materna es el árabe dialectal, y que se trata probablemente de una de las primeras obras noir o polar genuinamente marroquí, y todo ello le confiere a Perfidia de áspid un valor añadido.

El primer relato, que da título a este libro, arranca de la siguiente manera:

“Sureste de Ouarzazate, una tórrida tarde de agosto, en los alrededores de la zagüía sidi Munsif. Hace un calor de mil demonios. El paisaje yermo e inhóspito se extiende en la lejanía, hasta done llega la vista. La atmósfera asfixiante parece haber inmovilizado el tiempo.

Dos hombres rastreando huellas delatoras de la presencia de ofidios. Son cazadores y encantadores de serpientes. El mayor, Ziriab Dehia, aparenta unos cuarenta años, bien fornido, con barba oscura, expresión un tanto ausente y cara de hacha, desfigurada por un áspid que hace tiempo le escupió el veneno a los ojos, mientras rezaba a la intemperie y se volvía de lado para concluir con el saludo espiritual final, dejándolo tuerto. Viste un atuendo local, una gandura azul y turbante. Su vida se reduce a cazar serpientes y rezar. El más joven, Muntasir Dehia, frisando los treinta, de cabello negro y piel curtida, parece más deportivo, aventurero y jovial. Lleva vaqueros desteñidos, alpargatas y un enorme sombrero.

Caminan por donde abundan las madrigueras de rata obesa y ardilla moruna, de sustrato suelto, espacios donde se marcan bien las huellas de los reptiles. Saben identificar cada tipo, su hábitat, si son venenosas o no. No utilizan botas altas que cubran los tobillos y piernas ni pantalones de lona y guantes de cuero grueso ni botiquín de primeros auxilios. El mayor lleva solo una vara larga para mover rocas y troncos y el joven va armado de unas pinzas y un bastón ahorquillado.

Pronto empiezan a localizar unos surcos zigzagueantes que llevan a una hura…”

Estos párrafos iniciales de su primer relato ya nos anuncian a un escritor que domina el español a la perfección, con un rico vocabulario, y que presenta a sus personajes de manera efectiva y económica. Sus frases cortas nos sitúan en el lugar y nos describen a los protagonistas con pinceladas de impresionista. Pero Ahmed Oubali, a medida que avanza en sus tramas, también nos demuestra su profundo conocimiento de las técnicas narrativas de la novela y del relato negro. Bebe directamente de las fuentes más influyentes: Edgar Allan Poe y Agatha Christie por un lado, y James M. Cain y Raymond Chandler por otro. Y hay también una clara influencia del cine negro americano.

Perfidia de áspid es una obra curiosa y profundamente intensa, un retrato crudo y sin paños calientes de la sociedad marroquí actual a través de los distintos relatos que la conforman. Lo más llamativo es que lo haga con tramas llenas de suspense, violencia explícita e intriga. Son cuentos excelentes. Desde el primero ya mencionado, en el que usa la figura de la serpiente como metáfora de sus personajes, Ahmed Oubali centra los temas que le interesan para abordar la traición, los malos tratos, el parricidio, el engaño, la envidia… Pecados capitales e instintos humanos básicos.

Además de su calidad narrativa, hay que resaltar su falta de conmiseración hacia los personajes que crea, todos ellos movidos por sus bajas pasiones. Conocedor del cine negro americano, crea femmes fatales carentes de alma, frías, seductoras e implacables. Reconocemos también las influencias de El cartero siempre llama dos veces, de Perdición… pero su personaje femenino es más cruel que Lana Turner y que Barbara Stanwyck juntas.

En los otros relatos (como los titulados Las manos que ven, La ingrávida espiral del crimen, Amor post morten, No abras esa caja…) la avaricia, la traición o la suplantación de la personalidad son el leit motiv de esos personajes atormentados que solo aspiran a saciar sus apetencias personales, llegando al asesinato si eso les reporta la satisfacción de cuanto anhelan. No hay piedad, ni perdón, solo astucia, engaño y muerte. Y en todos los cuentos planeando la sombra de Hitchcock y sus films Sabotaje y Encadenados, o de películas como Sed de mal y El halcón maltés.

En cada una de sus historias hay matices riquísimos, detalles que enriquecen la trama y giros inesperados que nos dejan desconcertados. Y las escenas de violencia están excelentemente narradas.

En definitiva, un libro de relatos que no nos deja respirar con cada una de sus historias. Un libro negro, muy negro.

Tras mi presentación, se abrió un largo debate en el que Oubali dio una lección magistral sobre la diferencia entre novela o relato negro y el de intriga o suspense, además de sus técnicas narrativas. El acto de la presentación en el Fondak Zeljou acabó con Ahmed Oubali leyendo unos versos de nuestra amiga común la poeta algecireña Paloma Fernández Gomá.

Sergio Barce, noviembre 2019

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Sergio Barce y Ahmed Oubali en el Fondak Zeljou, Larache

Ahmed Oubali fue catedrático de Semiótica de Textos en la Universidad de Tetuán; de traducción en la Facultad Rey Fahd de Tánger y de idiomas en la prestigiosa ESTEM de Casablanca. Licenciado en Filología, Traducción y Periodismo, es Doctor desde 1990 por la Universidad Rennes II Haute Bretagne de Francia en la que defendió su Tesis sobre las traducciones francesas del Quijote. Su actividad de escritor y de intérprete de conferencias data de aquellas fechas. Es miembro de varias asociaciones, en particular de la cesada Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española. Lleva publicando desde 1993, artículos de crítica literaria y relatos, todos ellos dedicados al ambiente etnográfico hispano marroquí, con factura de género negro, una de las facetas que venía faltando a la joven literatura marroquí en español.

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LARACHE – 1 DE NOVIEMBRE – PRESENTACIÓN DE LA NOVELA “PERFIDIA DE ÁSPID”, DEL ESCRITOR LARACHENSE AHMED OUBALI

Perfidia de áspid - portada

Dentro del Festival Entrerritmos, este viernes, en Larache, en el Foundak Zeljou, presentaré el libro de relatos de mi amigo y paisano el profesor Ahmed Oubali titulado Perfidia de áspid. Un libro de relatos llenos de traiciones, avaricia, violencia e intriga, en la mejor línea de las narraciones de la literatura noir clásica.

Aquí tenéis el programa definitivo del festival:

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“LOS GUERREROS MARROQUÍES”, UN RELATO DE MANUEL CHAVES NOGALES

Manuel Chaves Nogales

Manuel Chaves Nogales

No voy a descubrir a estas alturas a Manuel Chaves Nogales, pero sí es la primera vez que lo nombro en el blog. Periodista sevillano (1897-1944) es, quizá, una de las voces más interesantes para conocer la realidad de la guerra civil española. Obras como La defensa de Madrid (Espuela de Plata – Sevilla, 2011) y A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (1937; Libros del Asteroide – Barcelona, 2011) son buen ejemplo de ello. Precisamente en este segundo título, que reúne diversos relatos todos ambientados en los fatídicos días de la guerra civil, es donde se incluye el titulado Los guerreros marroquíes, que me ha fascinado tanto por la calidad del texto como por la manera en la que Chaves Nogales retrata al caíd, un marroquí enrolado en las tropas franquistas que ha sido hecho prisionero por milicianos republicanos junto a varios de sus compañeros. Tanto el retrato de los personajes como la ambientación de esos momentos y de la crueldad de la guerra, cuyas leyes son abominables e inmisericordes, son magistrales. Y personalmente me confirma mi idea de que esos pobres diablos que vinieron de Marruecos a España a una guerra que no era suya y a defender la causa fascista fueron usados como carne de cañón e instrumento del terror que habían diseñado desde el comienzo Mola, Queipo y Franco.

Sergio Barce, agosto 2019

Extracto de Los guerreros marroquíes:

 “…El miliciano, confuso, huía la mirada del moro.

-¡Te matarán, moro, te matarán! ¡No te hagas ilusiones!

Y para no dejarle lugar a dudas, hacía ademán de cortar señalando a su garganta. El caíd, sereno, respondía:

-No importa. Moro estar agradecido a ti.

La camioneta cargada de prisioneros había legado al centro de Madrid. Eran las cinco de la tarde, y a aquella hora las calles céntricas estaban rebosantes de una muchedumbre animada y bulliciosa. Los moros, puestos de pie en la batea de la camioneta, eran un espectáculo inusitado y pronto corrieron tras ellos chicos y grandes. En un cruce de la Gran Vía se detuvo la camioneta y pronto la rodearon millares de transeúntes ávidos de ver de cerca y de tocar a los prisioneros.

Alguien debió de creer que aquella exhibición de los moros apresados sería eficaz para levantar el ánimo y la moral combativa del pueblo, porque a partir de entonces la camioneta cargada con las dos docenas de cabileños supervivientes anduvo de calle en calle durante toda la tarde, parándose en todas las esquinas y rodeada siempre de una masa enorme de madrileños que se regocijaban al ver a los moros haciendo incansables el saludo antifascista.

-Como ésos -decía jactancioso una madrileño castizo- hemos cogido más de diez mil.

-Es que se han sublevado, ¿sabe usted?, han degollado a Franco y se han pasado a nuestras filas -replicaba otro, al que esta versión le parecía más verosímil que la de la captura de los diez mil marroquíes.

-¡No, si los moros son muy bolcheviques! ¿Verdad, Mustafá? -preguntaba un tercero encarándose amistosamente con uno de los aturdidos prisioneros.

Los moros, como si quisieran corroborar esta ingenua presunción, se desgañitaban dando vivas a la República. Alguna vieja gruñona o algún miliciano mal encarado decían al paso:

-Lo que hay que hacer con todos esos tíos asesinos es fusilarlos por la espalda.

Siempre había quien replicaba:

-A los que hay que fusilar es a quienes los han traído, a los fascistas, cien veces más criminales que ellos.

Porque, en realidad, la exhibición de los moros prisioneros no provocaba en la masa del pueblo una gran irritación contra ellos. El buen pueblo de Madrid consideraba a los moros -que hubieran podido entrar a sangre y fuego por sus calles y plazas- como a instrumentos inconscientes del mal que hacían. Desde su altiva superioridad de ciudadanos conscientes, los madrileños los miraban con más lástima que rencor, como a seres inferiores, pobres bestias azuzadas. Y al verlos prisioneros levantando grotescamente el puño, les daban cacahuetes, como hacían con las alimañas en la casa de fieras del Retiro.

Marroquíes en la guerra civil

La gran masa popular, que no sabe hacer la guerra ni conoce sus exigencias, se mostraba indulgente con los moros y les hubiese perdonado la vida. Pero la guerra tiene sus terribles leyes, y quienes en nombre del pueblo la hacían decretaron implacables la muerte de los moros prisioneros. Cuando al caer la noche la multitud fue dispersándose y las calles de Madrid quedaron desiertas, la camioneta cargada con los prisioneros buscó un garaje solitario de las afueras de Madrid. Había terminado la exhibición y llegaba la hora de deshacerse de aquella carga inútil de humanidad.

El viejo caíd, que había permanecido acurrucado en la camioneta al lado del veterano rojo que los custodiaba, volvió a cogerle la mano y le preguntó:

-¿Matar moros ahora?

El miliciano asintió gravemente.

-¡Alá es grande! -fue la única respuesta del caíd.

Después de una pausa el miliciano agregó:

-Yo quisiera que tú vivieses. Eres todo un hombre. Pero no puedo hacer nada por ti.

-Yo sabe; yo sabe -decía el caíd oprimiendo suavemente con su mano larga y huesuda la del miliciano-. Moro sabe que tú estar amigo aunque mates. Moro también mataría. Estar cosa de guerra y de hombres. ¡Alá es grande!

Los pusieron en fila contra una tapia y los segaron con las ráfagas de plomo de una ametralladora.”

A sangre y fuego de Chaves Nogales

Chaves Nogales falleció en Londres tras exiliarse de España primero cuando el gobierno republicano abandonó Madrid y de Francia después cuando fue invadida por los nazis.

Otros títulos de Manuel Chaves Nogales son: Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas (1934; Libros del Asteroide, 2009) o La agonía de Francia (1941; Libros del Asteroide, 2010).

 

 

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MICHAEL CAINE. LA GRAN VIDA. THE ELEPHANT TO HOLLYWOOD

LA GRAN VIDA cubierta

Acabo de terminar Michael Caine. La gran vida (The Elephant to Hollywood, 2010), autobiografía de este extraordinario actor británico. Me ha encantado por varias razones: tal vez porque soy un mitómano como él y además coincidimos en casi todos los actores y directores que los dos admiramos (con la pequeña diferencia de que Caine, a la mayor parte de ellos, los ha conocido en profundidad y ha trabajado a su lado), porque lo narra de una manera muy sencilla y con un fino humor, y porque he descubierto a un extraordinario ser humano.

Uno de los aspectos que más me han sorprendido de su vida es el de su niñez, adolescencia y juventud, siempre enfrentado a la miseria, a las privaciones y a las dificultades de todo tipo, y cómo su determinación y fe en sí mismo fue venciendo los obstáculos que se le presentaban.

MICHAEL CAINE

MICHAEL CAINE

Luego, en las páginas de su libro, hay un rico racimo de anécdotas curiosas, divertidas o glamourosas, como la siguiente, que sucedió allá por 1967…

   “El estreno de Alfie en Estados Unidos tuvo tanto éxito que se exhibió en cines de todo el país, algo raro para una película británica. Y el plan era que yo me exhibiese con ella en mi primera gira promocional americana, en Nueva York. Al llegar allí me enteré de que Universal había comprado Ipcress y también la había distribuido por todo el país. La respuesta a mi trabajo empezaba a abrumarme. Un año antes era un completo desconocido, y de pronto soy el protagonista de dos películas que llenas los cines de un extremo a otro de Estados Unidos y en todos sitios me reciben como a una estrella. Aunque, en realidad, el deslumbrado era yo: cada noche, en las fiestas que se celebraban en mi honor y en los restaurantes, coincidía con una leyenda del cine tras otra. En el 21 Club me senté junto a Kirk Douglas y Maureen O´Hara; en Elaine´s (que pronto se convertiría en un fijo de mi vida en Nueva York) derramé la copa de vino de Woody Allen y di un pisotón a Ursula Andress; y en el Russian Tea Room me senté entre Helen Hayes y Walter Matthau. Si, años atrás, alguien le hubiera dicho al muchacho que se sentaba en aquel cine oscuro y lleno de humo de Elephant que acabaría así, lo habría tomado por loco.

ALFIE

Pero quizá lo más memorable durante aquella gira relámpago fue conocer a la legendaria Bette Davis. Todo el mundo había sido tan generoso en aquel viaje que pregunté a Paramount si les parecía bien que organizase una fiesta de agradecimiento la noche antes de mi partida. Dos de mis nuevos amigos, la maravillosa pareja teatral compuesta por Jessica Tandy (que después, con ochenta y dos años, ganaría un Oscar por Paseando a Miss Daisy) y Hume Cronyn, preguntaron si podían llevar a Bette Davis. Yo no me lo podía creer. Cuando llegó la noche en cuestión estaba impaciente por presentarme.

-¿Sabes una cosa? -dijo arrastrando las palabras de aquella manera inconfundible-. Me recuerdas a Leslie Howard cuando era joven.

Ya me lo habían dicho antes, ¡pero ahora me lo decía Bette Davis! Y continuó:

-¿Y sabías que Leslie se tiró a todas las mujeres de todas las películas en las que trabajó… excepto a mí?

Le contesté que algo había oído al respecto.

-Bueno -dijo ella-, yo no estaba dispuesta a ser una más en su lista… pero ahora que te veo creo que tampoco me habría importado mucho.

Por la forma en que lo dijo parecía que incluso lo deseara, y yo solté atropelladamente:

-¿Le apetece cenar conmigo esta noche?

Se me quedó mirando y finalmente dijo con voz severa:

No estaba tirándote los tejos.

-No, no -repliqué apresuradamente. Y realmente no lo creía, entendí que ella quería decirme que había vivido muchas cosas y que en ocasiones uno se arrepiente de sus decisiones-. Podríamos cenar con Jessica y Hume, los cuatro solos.

Sonrió relajada.

-Me encantaría -dijo-, siempre y cuando pueda volver sola a casa en taxi.”

Tras el éxito de Alfie, la vida de Michael Caine dio un vuelco completo y se sucedieron los acontecimientos más extraordinarios para un actor de cine, en especial, lograr trabajar junto a los mejores artistas del séptimo arte. Sin embargo, Michael Caine jamás ha perdido de vista sus orígenes ni ha descuidado el cuidado de su familia y de sus amigos, que han permanecido junto a él en toda esta larga travesía.

Un punto culminante de su carrera, como él mismo cuenta, fue trabajar en el mismo proyecto con su idolatrado John Huston y con su íntimo amigo Sean Connery…

Connery, Huston, Shakira y Caine

Sean Connery, John Huston, Shakira y Michael Caine

“…Y eso es lo que me sucedió en París, en otoño de 1974.

Shakira y yo celebrábamos una pequeña luna de miel en el Hotel George V. Habíamos pasado un fabuloso fin de semana y estábamos sentados en la cama con la primera taza de café de la mañana, decidiendo qué haríamos ese día, cuando sonó el teléfono.

-¿Michael Caine?

Aquella voz era inconfundible, pero así y todo no podía creérmelo. ¿Sería algún amigo mío tomándome el pelo?

-¿Sí? -dije cautelosamente.

-Soy John Huston.

Casi dejo caer el teléfono. Huston era muy fácil de imitar -siempre he pensado que Dios debe de tener la voz de John Huston-, pero era el auténtico John Huston. Me estremecí.

-¿Michael? ¿Sigues ahí? Estoy en el bar de al lado… ¿Tienes un par de minutos para mí?

Tardé ocho en afeitarme, asearme, vestirme y llegar al bar donde me esperaba el director de directores, el que yo más admiraba, el hombre que había dirigido a mi ídolo, Humphrey Bogart, en seis de sus mejores películas, el hombre que yo consideraba como el mayor talento cinematográfico de nuestra era.

Cuando entré, el mayor talento cinematográfico de nuestra era estaba sentado con un vodka entre las manos. Trajeron mi bebida, le di un largo trago sin pestañear y el hombre mostró su aprobación con un gesto.

-Llevo veinte años intentando hacer una película basada en un cuento de Rudyard Kipling, El hombre que pudo reinar. Ya lo tenía todo listo. De hecho -hizo una pausa y me miró a los ojos-, los dos protagonistas que había elegido estuvieron sentados donde estás tú ahora.

Habría sido más elegante no preguntar nada, pero no pude contenerme.

-¿Quiénes eran?

-Gable y Bogart. -Cogí aire. Pausa dramática-. Y van los dos y se me mueren.

Nueva pausa mientras Huston perdía la mirada en su copa y yo trataba de entender qué demonios estaba pasando. Finalmente levantó la vista.

-Pero vuelvo a tener respaldo y quiero que hagas de Peachy Carnehan.

No sé cómo me atreví a preguntarlo, pero lo hice.

-¿Qué papel iba a interpretar Bogart?

-Peachy.

-Cuenta conmigo.

-¿No quieres leer el guión? -preguntó levantando una de sus pobladas cejas.

Tengo que admitir que me pudo la ansiedad. Intenté calmarme un poco y ser más prudente.

-¿Qué hay del personaje de Gable? -pregunté.

-Se llama Daniel Dravot y es el mejor amigo de Peachy.

Deseé intensamente que fuera alguien que también fuese mi mejor amigo. Esta vez fue mi turno para enarcar una ceja.

-Sean Connery -dijo.

No había más que hablar.”

Connery y Caine en El hombre que pudo reinar

El hombre que pudo reinar

Una delicia de autobiografía muy recomendable, especialmente para quienes aman el cine, y muy llamativo el contemplar junto a Michael Caine su evolución profesional a través de su relación con generaciones diferentes que van desde Cary Grant a Liam Neeson, de Jane Fonda a Scarlett Johansson, de Terence Stamp, Elizabeth Taylor o Shirley McLaine a Morgan Freeman, Christian Bale o Sandra Bullock.

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Michael Caine y Sidney Poitier

O su íntima y estrecha amistad con Connery, Sidney Poitier o Roger Moore, entre otros. Y descubres, naturalmente, que muchos de ellos no son como uno pudiera creer que son.

Sergio Barce, agosto 2019

Michael Caine. La gran vida (The Elephant to Hollywood, 2010), se ha editado en 2019 por Fulgencio Pimentel-La principal, con traducción de Alberto García Marcos.

 

 

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