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“UN CIERTO TÁNGER”, UN LIBRO DE FERNANDO CASTILLO

Seguí la sugerencia de Alberto Gómez Font y busqué Un cierto Tánger, el libro escrito por Fernando Castillo. Sencillamente magnífico.

Con elegancia, de manera amena, sin vericuetos innecesarios, pero con una cantidad de datos, anécdotas e información deslumbrantes, Fernando Castillo ha sabido condensar en sus 234 páginas la historia, la evolución y el sueño, la leyenda y la imaginería que ha crecido o se ha creado alrededor de la mítica ciudad marroquí.

UN CIERTO TANGER de Fernando Castillo - portada

Aunque muchos de los asuntos que aborda son ya conocidos para los que amamos el fascinante mundo tangerino, y a los que les interesa Marruecos en general, sin embargo, aporta un punto de vista distinto y atractivo. Repasa el pasado histórico de Tánger, su relación con la literatura y los autores que han elegido la ciudad como referente creativo, su etapa Internacional, los años de decadencia… Pero, en todo instante, Fernando Castillo enhebra las páginas de forma que nos envuelve de manera absoluta y es muy difícil soltar el libro hasta que no lo acabamos.

Pero es en el retrato que efectúa de algunos de los personajes que pasaron por la ciudad en sus mejores años cuando he devorado sus páginas con avidez. Tan bien narrado, tan sugerentemente expuesto que, a veces, parece que estemos leyendo una novela.

Podría elegir cualquier párrafo de Un cierto Tánger, porque en todos hallaremos un asunto de interés o una historia increíble, pero os invito a leer este que reproduzco más abajo sólo como botón de muestra.

Os recomiendo fervientemente este libro.

Un cierto Tánger, ha sido publicado por la editorial Confluencias, para su Colección Zocos.

Sergio Barce, junio 2020

“…A medida que avanzaba la guerra y llegaban a Tánger las noticias de las victorias franquistas, la opinión iba inclinándose hacia los sublevados, siendo cada vez más frecuentes las camisas azules en locales y calles tangerinas. Incluso, como recordaba Domingo del Pino, entre los simpatizantes franquistas de otros países se vistió la camisa de Falange, como hizo la Duquesa de Guisa, heredera del trono de Francia y por ende monárquica legitimista, que apareció fotografiada en los periódicos tangerinos con camisa azul el día que los franquistas le impusieron el yugo y las flechas de plata. Se diría que al siempre liberal Tánger había llegado un adelanto de la realidad que se estaba imponiendo en Europa, de la que huían numerosos refugiados muchos de los cuales acudían a la ciudad cada vez en mayor número, dejando lo que adivinaban se iba a convertir en infierno. Ahora, quienes de forma creciente desembarcaban en el puerto no se encaminaban hacia el centro de la ciudad con alegría, sino con esa combinación de esperanza y desasosiego que siempre acompaña al refugiado. Todos ellos se unían a los partidarios de la República que habían logrado escapar de la represión del Protectorado español o de la Península, sin saber que para ellos Tánger no iba a tardar en convertirse en un sucedáneo de Ceuta o Tetuán. Entre los tipos más curiosos que recalaron en Tánger en estos años se encuentra el controvertido Josep Dencás, líder de Esquerra y Estat Catalá y uno de los protagonistas de los acontecimientos de 1934, cercano a los aún más complicados hermanos Badía, los gánsteres del catalanismo. Tras un temprano y equívoco exilio, pues coqueteó con el fascismo mussoliniano, que comenzó en 1936 y pasó por la Italia fascista, recaló en Tánger donde ejerció como médico.

   Más suerte tuvieron los europeos que huían del nazismo, quienes en su mayor parte encontrarían en la libertad tangerina, en la que todas las contradicciones eran posibles, la seguridad suficiente para instalarse…”

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“IFNI. LA ÚLTIMA AVENTURA COLONIAL ESPAÑOLA”, UN LIBRO DE CHAVES NOGALES

IFNI Chaves Nogales portada

Los libros y artículos del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales han sido uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años. Entre sus obras destacaría, por supuesto, su emocionante La defensa de Madrid (Espuela de Plata – Sevilla, 2011) y A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (Libros del Asteroide – Barcelona, 2013).

Y tras leer la novela de Miguel Sáenz, Territorio, de la que escribí una reseña, me animé a leer otro libro de Chaves Nogales: Ifini. La última aventura colonial española (Almuzara – 2013).

Libro curioso y excepcional, que recoge los artículos escritos por Chaves Nogales para el diario Ahora, cuando en 1934 fue enviado como corresponsal para cubrir la noticia de la toma de la plaza de Sidi Ifni por el ejército español en nombre de la República. Plaza que, años después, pasó a convertirse en provincia española.

La calidad literaria de este periodista y escritor convierte sus crónicas en una verdadera delicia para la lectura. De las páginas de este libro, me ha llamado la atención su primera parte, en especial los artículos dedicados al sultán azul, chej Muley Mohamed Mustafá Mrabeh Rabbu Ma-el-Ainin, es decir, <el criado por los dioses>, como el siguiente:

“UNA INTERVIÚ CON EL SULTÁN AZUL.

 …POR QUÉ ES AZUL EL SULTÁN AZUL

El sultán azul es azul porque sus ropas azules se destiñen y le manchan la cara y las manos. La culpa es de la falta de probidad de la industria textil francesa. Hace un siglo que las fábricas de tejido de Francia empezaron a mandar sus piezas de tela azul a Mauritania. Los telares indígenas no podían competir con las hilaturas francesas y todos los habitantes del desierto empezaron a liarse la cabeza con estas telas teñidas con malas anilinas, que daban un viso azulado a sus rostros. Se creó pronto la leyenda: aquella tintura azul protegía la piel contra las picaduras de los insectos y las infecciones del desierto. Y ya no ha habido manera de que los indígenas prescindan de ellas. La industria textil europea ha llegado a fabricar telas de colores más sólidos, pero ya es inútil. El buen berebere buscará siempre esta tela mal teñida que hace ochenta, cien años, exportaban al desierto unos fabricantes franceses poco escrupulosos.

Por eso es azul el sultán azul; únicamente por eso.”

Y también ese toque romántico con el que emboza sus entrevistas, dotándoles de un aura casi mística y fabulosa. El diálogo que mantiene con el sultán azul es, sencillamente, precioso:

 “CUANDO EL SULTÁN ERA VICTORIOSO Y FELIZ

-Cuéntame -le digo- algo de tus tiempos de poderío; algún recuerdo de tu juventud, de tu infancia, de la vida en casa de tu padre, el guerrero victorioso. ¿No recuerdas nada?

Entorna los ojos, y con ademán enfático contesta:

-Se olvidan los días ingratos, esos días en los que el sol tuesta la piel y los hombres caen rendidos de hambre y de sed en el desierto; se olvidan los días en que, bajo el agobio del sol, a punto de perecer, hay que abrir el vientre a los camellos para ocultar la cabeza en las entrañas del animal y beber su sangre. Pero los días gratos, los días de agua clara y corriente, ¿cómo se pueden olvidar? Presentes los tengo siempre; más presentes en estas horas de infortunio. El libro de mi vida está escrito por mí. Cuando alguna vez vayas a mi casa y yo esté en ella y pueda recibirte como a mi huésped lo leerás y sabrás de mí.

-Eres poeta -le digo-; ¿podrías recitarme algo tuyo?

-Yo te haré una poesía cuando pueda sentir y pensar.

Y termina recitando una vieja poesía berebere, que el intérprete traduce así:

Aunque se vista de seda y sobre seda se acueste,

un hombre no será jamás hermoso

en un país que no sea aquél en que ha nacido.

¿Qué puede la lima sobre la roca?

¿Qué puede la sierra sobre el agua?

¡Alá! ¿De qué sirve la belleza

para quienes no pueden conocerla?

¡Alá! ¿Qué puede sobre mí

aquél que no me ame?

Mis pies. Ellos me sostienen.

Mi lengua. Con ella hablo.

Cabo Juby, 19 de abril. (Ahora. Madrid, 24-04-1934)”

Pero también es curioso y atractivo leer todo lo que Chaves Nogales iba desvelando a los lectores del diario Ahora con relación a esa leyenda que corría de boca en boca acerca de que, tras doce años del desastre de Annual, aún quedaban prisioneros españoles de aquel descalabro en manos de los rifeños, artículos que se incluyen en este volumen. Leyenda que desmontó con pruebas irrefutables. Un episodio de nuestra historia que siempre me ha atraído.

CHAVES NOGALES

MANUEL CHAVES NOGALES

Cuando Chaves Nogales comenzaba este periplo, camino de Sidi Ifini, recaló en Agadir a mediados de abril de ese mismo año de 1934, atrapado aún entre los inconvenientes y problemas que surgían en su viaje para llegar al “territorio”. Y ahí detalla algo muy pintoresco y sugerente, una imagen que me ha hecho recordar la película de Billy Wilder Cinco tumbas a El Cairo (Five graves to Cairo, 1943) y, de alguna manera, el Rick´s Bar de Casablanca. Escribe Chaves Nogales:

“…Vuelvo desesperanzado al hotel. Un magnífico hotel que nada tiene que envidiar a los mejores de Europa. Los franceses han gastado cuatro millones en construir este hotel, en el que los oficiales que vuelven de las operaciones disfrutan por poco dinero del confort más refinado, juegan al tennis cara al mar y se emborrachan un poco con los cocktails que les elabora un barman moro, con tanta fantasía como Pedro Chicote…”

Y al leer este párrafo me acordé de Alberto Gómez Font, cuidador de palabras y partisano de cocktails, y lo copié, como he hecho ahora, y se lo envié por messenger. A Alberto le encantó. Y es que Manuel Chaves Nogales tenía una pluma tan detallista y primorosa como su lúcida mirada sobre la realidad española de los años en los que vivió.

Un libro muy bonito. Y un testimonio sorprendente de una conquista llevada a cabo sin que en su momento se disparase un solo tiro.

Sergio Barce, junio 2020

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“A PROPÓSITO DE NADA” (APROPOS OF NOTHING), AUTOBIOGRAFÍA DE WOODY ALLEN

A PROPÓSITO DE NADA portada

Como siempre, sumergirse en un texto de Woody Allen (al igual que en una de sus películas) es, en la mayoría de los casos, asegurarse pasar un buen rato, en este caso, un buen rato de lectura. Y su autobiografía A propósito de nada (Apropos of nothing, 2020) no desmerece esta afirmación. Como seguidor incondicional de su obra, temía, como los demás, que este libro no llegara a publicarse después de la irracional campaña orquestada en su contra. Pero Alianza ha salido a batirse el cobre por él, de lo que hemos de alegrarnos.

El libro es un relato ágil, rápido, fluido y, por supuesto, con sus dosis de humor, en el que Allen nos detalla su larga vida desde su nacimiento hasta el día de hoy. Me ha sorprendido la cantidad de personajes (escritores, actores, productores, músicos, cómicos, técnicos, dramaturgos…) que ha tenido la fortuna de tratar y de conocer. Y no me refiero a los años en los que Woody Allen ya goza de una fama merecida, sino a que, desde sus comienzos, por una u otra razón, ha ido coincidiendo con algunos de estos artistas que fueron marcando su trayectoria o su manera de encarar el trabajo. La lista es tremenda, y guarda algunas anécdotas sorprendentes.

WA

Curiosa su familia, y cómo habla de ellos. Y muy interesante sus opiniones sobre los actores y técnicos (directores de fotografía especialmente) con los que ha trabajado codo con codo.

Su relación con las mujeres ocupa un espacio importante, y a veces es desternillante al hablar de ellas. Pero sí queda claro que, en casi la práctica totalidad de sus relaciones sentimentales (su primera mujer Harlene, su segunda mujer Louise Lasser -que es un capítulo realmente sorprendente-, su vida con Diane Keaton…) siempre acabaron manteniendo un vínculo de afecto y cariño que ha perdurado en el tiempo. Algo que, claro, no ha sucedido con Mia Farrow.

Precioso su permanente homenaje y admiración hacia su esposa Soon-Yi.

WA y Soon Yi

WOODY ALLEN Y SOON YI

Hay quien achaca a este libro un defecto: el espacio tan amplio que dedica a las acusaciones y denuncias que Mia Farrow ha lanzado contra él durante estos años. Pero, aunque pueda ser cierto que sea algo extenso, no lo es menos que Woody Allen tiene sobrados motivos para hacerlo. ¿Cómo te defiendes si no es de esta manera frente a ese ataque furibundo de algunos medios azuzados por Mia Farrow y de los que azuzan aquellos que se embarcan en estas cruzadas sin conocer la realidad de lo ocurrido?

Una vez leído su libro, creo aún más en su inocencia, de la que no había dudado nunca porque no suelo dejarme arrastrar por olas de odio sin una base real que pueda palpar. Aún creo en la presunción de inocencia, y no en la presunción de culpabilidad que es el axioma imperante en nuestros días. A Woody Allen ningún tribunal lo ha condenado por abusos, pero el tribunal de la irracionalidad sí lo ha hecho. Llamativo, como decía más arriba, el hecho de que todas sus parejas le hayan apoyado sin fisuras. Me quito el sombrero ante su actitud y a su manera tan elegante y poco estridente de enfrentarse a toda esa jauría.

Lo que sí me ha parecido realmente patético es la actitud de muchos de los actores que han trabajado para él y que le han dado la espalda tras las acusaciones de abusos. Lo han hecho, en palabras de ellos, para no verse señalados y para no perder posibles futuros trabajos. En las palabras de Woody Allen al narrar estos hechos asoma, por supuesto, su decepción por esos artistas que no han querido creer en él.

En definitiva, que la autobiografía de Woody Allen merece la pena y que me lo he pasado francamente bien leyéndola, y que entrar en su universo es descubrir que vivimos en mundos muy, muy diferentes. Y, sinceramente, hay cosas que le envidio de una manera malsana.

Sergio Barce, junio 2020

A propósito de nada (Apropos of nothing, 2020) se ha publicado en España por Alianza Editorial, con traducción de Eduardo Hojman.

Como anzuelo para que leáis este libro, os transcribo la parte en la que explica por qué razón se cambió su nombre de nacimiento, Allan Stewart Konigsberg, por el de Woody Allen:

“…Ya podemos oír la voz del psicólogo diciendo: <Querías tanto ser famoso que el deseo te avergonzaba>. Una teoría plausible, pero, incluso si fuera cierta, ¿qué utilidad tiene?

Mientras tanto, seguía habiendo algunas frases con mi nombre en manos de columnistas y sentí que tenía que cambiármelo rápido. Cambiarme el nombre encajaba a la perfección con mi quimera de entrar en el mundo del espectáculo. En esa época lo hacían todos los artistas y algunos escritores y directores e incluso productores, y ese gesto me convertiría en uno de ellos. Con los años, mucha gente especuló sobre por qué me lo cambié a Woody Allen. Algunos decían que se debía al clarinetista Woody Herman. Woody Herman me gustaba, pero esa conexión jamás se me cruzó por la cabeza. Si uno puede creer lo estúpida que puede llegar a ser la gente, una de las hipótesis era que yo jugaba mucho al stick ball, un juego improvisado con palos de escoba y una pelota, en las calles de Brooklyn, y esos palos eran de madera, es decir, wooden. La verdad es que fue una decisión arbitraria. Yo quería mantener algo del nombre original, por lo que usé Allen de apellido. Jugueteé con J.C.Allen, pero me pareció que terminarían llamándome Jay, que es como se pronuncia la <J> en inglés. Coqueteé con Mel, pero había un famoso comentarista radiofónico de los Yankees que se llamaba Mel Allen. Finalmente, mi TDAH se impuso y Woody se me ocurrió de la nada. Era corto, quedaba bien con Allen y tenía un toque ligero y vagamente cómico, a diferencia de, por ejemplo, Zoltan o Ludovico. El nombre me ha dado buen resultado, aunque en algunas ocasiones, como los dos tocamos el mismo instrumento, me han llamado señor Herman; y una vez una vendedora de Bloomingdale´s, que me había reconocido por mi aparición en The Tonigh show y que se había puesto muy nerviosa mientras me atendía, dijo: <¿Eso es todo, señor Woodpecker?>. (Referencia al personaje de animación Pájaro Loco, cuyo nombre original en inglés es Woody Woodpecker. N. del T.)

En muy escasas ocasiones me he arrepentido de haberme cambiado el nombre y he pensado, en cambio, que el original ya estaba bien. Konigsberg tenía un tono germánico serio. Kant era de Konigsberg. Hoy en día en Konigsberg hay un monumento en mi honor (a menos que algunos airados ciudadanos ya lo hayan derribado con una cuerda, como ocurrió con el de Sadam Husein) y no hay ninguna razón para hacerme un homenaje en Konigsberg. No provengo de allí, jamás he estado y desde luego no he hecho nada para mejorar la vida de sus habitantes, pero mi apellido es Konigsberg y tal vez tengan una gran necesidad de héroes. La escultura en cuestión la escogí yo, de entre las muchas opciones que se postularon en un concurso. Me sorprendió lo buenas e inteligentes que eran todas y terminé decidiéndome por la más sencilla y modesta, que consistía en un par de gafas sobre una vara. En la realidad es mejor que lo que acabo de describir. También en la adorable ciudad española de Oviedo hay una estatua de mi figura que es un retrato fiel. Nunca me solicitaron mi opinión y ni siquiera me informaron de que iban a instalarla. Simplemente, erigieron una estatua de mí en la ciudad, una verdadera estatua de bronce de esas sobre las que les gusta posarse a las palomas. También en este caso, a menos que una muchedumbre enfurecida la haya arrancado, sigue allí. Desde el momento que la instalaron unos vándalos robaron de la estatua unas gafas iguales a las mías. Esas son de bronce y están incrustadas en la escultura, que es de tamaño real, por lo que hace falta un soplete para sacarlas. Pero no importa cuántas veces vuelvan a colocarlas, siempre hay alguien que las roba. Me gustaría decir que realicé algo noble y valiente en Oviedo para merecer ese honor, pero, además de ir de visita, filmar un poco en esa ciudad, pasearme por sus calles y disfrutar de su hermoso clima (al igual que Londres, en pleno verano está fresco y gris y cambia todo el tiempo), no hice ningún mérito que justifique un retrato escultórico, salvo dejar que ahorcaran un muñeco igual a mí. Oviedo es un pequeño paraíso, solo estropeado por la antinatural presencia de una imagen en bronce de un pobre infeliz…”

WA Y AM

WOODY ALLEN Y ARTHUR MILLER recogiendo el Premio Príncipe de Asturias de las Artes

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“EL CASTIGO” (LA PUNITION, 2018), UN LIBRO DE TAHAR BEN JELLOUN

   De Tahar Ben Jelloun he escrito en varias ocasiones, y quizá me repita al afirmar que Sufrían por la luz (Cette aveuglante absence de lumière, 2001) es, de entre sus libros, el que más me ha impresionado.

EL CASTIGO portada

Ahora llega El castigo (La punition, 2018) que sigue la estela marcada en aquella obra, pero narrando en esta ocasión no un suceso que le ha contado una tercera persona, sino una experiencia propia, la vivida por Tahar Ben Jelloun siendo muy joven cuando, en 1966, junto a otros noventa y tres estudiantes, fue encarcelado primero en El Hayeb y luego trasladado a Ahermumu, donde permaneció en total diecinueve meses, por haber participado en una manifestación pacífica contra la corrupción imperante, pidiendo justicia y democracia, y que acabó reprimida violentamente por las autoridades. Pero era la época de los años de plomo de Hassan II, y el calvario posterior para estos estudiantes fue una pesadilla.

“…5 de junio de 1967: ha estallado la guerra entre Israel y los países árabes. Alerta máxima. Nos han convocado a las seis de la mañana. El gran jefe nos va a comunicar algo. Aún no hace calor. Estamos a la espera. Se presenta en uniforme de combate, gafas negras, fusta bajo el brazo. Se diría que va a rodar un anuncio publicitario, del estilo <¡Alístate en el ejército: el mundo en tus manos!>. Se dirige a nosotros: <El enemigo sionista ha atacado. Nuestros hermanos de Egipto, Siria y Jordania combaten con valentía. Debemos estar preparados para acudir en su ayuda en cualquier momento, ya que estamos en guerra. ¡Todos en modo de combate! ¡Firmes! ¡Descansen! ¡Firmes! ¡Descansen!>.

A Marcel lo han convocado al despacho del teniente coronel. Ha sido liberado por orden de Rabat. Deben evitar cualquier incidente con un judío. Marcel recoge su ropa de paisano, la pone en una bolsa y se despide de nosotros, uno por uno. Algunos le dicen <qué suerte tienes>; otros, <vuelve pronto>. Hay incluso alguno que lo critica: <Lo han soltado para ir a combatir con sus hermanos sionistas>. Marcel nunca dudó de su identidad marroquí, árabe y judía. Forma parte de esos miles de familias judías que siempre vivieron junto a los musulmanes. Una vez nos contó que unos agentes del servicio secreto israelí fueron a convencer a sus padres de emigrar a Israel. Su padre ejercía el oficio de colchonero, heredado de padre a hijo. Se negó rotundamente. El agente lo amenazó diciendo que tomarían represalias contra él. Le respondió: <Yo estoy bien aquí. ¿Qué pinto yo al lado de unos polacos o americanos solo por el hecho de ser judío?>. El agente había vuelto a la carga, pero el padre de Marcel se mantuvo en sus trece.”

Eso es lo que nos cuenta con este relato Tahar Ben Jelloun: su tortura y la de sus compañeros. Y párrafos como el anterior tienen una gran carga de significado.

Pero lo curioso de la historia, es que todos ellos estuvieron bajo las botas del sargento Aqqa y del comandante Ababu, y luego el general Madbuh, personajes siniestros de la historia de Marruecos del siglo XX que posteriormente protagonizaron el sangriento atentado contra el rey Hassan II en Sijrat, que ocasionó más de cien muertos, pero que no acabó con la vida del monarca que sobrevivió milagrosamente al esconderse en los cuartos de baño. Finalmente, Tahar Ben Jelloun y sus amigos tuvieron la suerte de que no formaron parte del grupo de los 1.400 cadetes que estos militares utilizaron bajo engaño para perpetrar la matanza y el atentado fallido del monarca.

TAHAR BEN JELLOUN

TAHAR BEN JELLOUN

Pero antes de ese cruento episodio, esta novela nos cuenta el calvario sufrido por esos estudiantes románticos e idealistas bajo un régimen inflexible e inhumano. El trato vejatorio, las humillaciones, los padecimientos pasan ante nuestros ojos y nos estremecemos ante tales injusticias. Imaginar lo que soportó Tahar Ben Jelloun, viéndose humillado por militares inmorales y corruptos, con la única compañía de un solo libro, impresiona.

“…Tengo junto a mí la novela de James Joyce. La he llevado de un lado a otro y está sucia e impregnada de ese olor del cautiverio. Al abrirla, no consigo pasar más de una o dos páginas. No leo, solo recuerdo. Y los recuerdos no huelen bien. Mr. Joyce, le pido disculpas, su obra maestra se ensució con unos sufrimientos que ni remotamente hubiera usted imaginado. Se ha visto mezclado a algo brutal, enlodado por un entorno triste y nauseabundo. Pero su presencia me ayudó tanto…”

Ciertamente, ni El Hayeb ni Ahermumu eran el presidio de Tazmamart, un lugar que con solo pronunciarlo en Marruecos estremece a quien lo oye, pero es indudable que los tres centros significan lo mismo y tenían la misma finalidad: anular al disidente, acallar las críticas y aplastar la oposición del régimen, aunque fuese democrática y pacífica, aunque se tratase de jóvenes estudiantes.

Es de lectura fácil, sin florituras de ningún tipo, y se hace ameno. El retrato de esos personajes infames que actuaban por encima de la ley y de la moral refleja a la perfección el tipo de personas que eran y, por supuesto, logra que nos sintamos solidarios con esos estudiantes y, obviamente, con Tahar Ben Jelloun.

El castigo (La punition) ha sido publicado por Cabaret Voltaire, con traducción de mi querida Malika Embarek López.

Sergio Barce, mayo 2020

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LA SEDUCCIÓN DEL MIRLO BLANCO (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) de MOHAMED CHUKRI

LA SEDUCCION DEL MIRLO BLANCO portada

Acostumbrado a los relatos y novelas de Chukri, o a sus libros dedicados a Jean Genet y a Paul Bowles, a su narrativa corrosiva y nerviosa, embarcarse en la lectura de La seducción del mirlo blanco (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) supone un ejercicio diametralmente diferente. Se trata de un ensayo sobre la literatura, sobre el arte de escribir y narrar y sobre el oficio de escritor. Y todo desde el punto de vista de Chukri, lo que quiere decir que hay partes muy sustanciosas y otras en las que sus pensamientos divagan sin un orden concreto, el orden de su cabeza hiperactiva.

“…Hay ideas que escapan de las palabras y palabras que se derrumban antes de recibir el impacto de los pensamientos que las llenan de contenido. Situaciones y actos que desaparecen antes de que podamos apresarlos e incluirlos en la redoma de las esencias de las palabras…”

Lo que más sorprende del libro de Mohamed Chukri es que, siendo un analfabeto que aprendió a leer con veinte años ya cumplidos, y comenzó a estudiar en Larache poco después para sacarse la primaria, su conocimiento de la literatura universal y de los autores y sus obras es profundo y diverso, y eso es admirable. Se sumerge en este ensayo en obras como El extranjero, de Albert Camus, haciendo un estudio comparativo de las motivaciones del protagonista de su propio relato Violencia en la playa con el Meursault de Camus; entra en Crimen y castigo, de Dostoiewski; y enlaza obras de Sartre, Shakespeare, Naguib Mahfuz, Cervantes, Beaudelaire y André Gide para hablarnos del compromiso de la literatura con los más débiles, y del fracaso y de la supervivencia del escritor. Y no disimula su admiración por la narrativa de otro autor marroquí: Mohamed Zafzaf. Es sin duda, un análisis que puede resultar a veces un tanto disperso, pero ahí está el trazo nervioso y febril de Chukri deseoso de saltar de una idea a otra.

“…El mundo se nos escapa constantemente, y el arte intenta apresar esa huida. Cuando, por medio de la creación, recuperamos ese mundo esquivo, no lo convertimos en una imagen enmarcada que nos quedamos a modo de recuerdo. Su materia se modifica como cualquier metal que se funde para darle una nueva forma, más adaptada a nuestra época presente y futura. Este Zoco Chico, esas gentes que están ahora en la plaza, activas algunas de ellas como hormigas, otras quietas como tortugas inmóviles hasta que las presas estén a su alcance, y todas las cosas que nos rodean… pertenecen a nuestro mundo, que no es lo que era y deviene en lo que no es. Por lo tanto, nuestro mundo es lo que escapó, escapa y escapará de nosotros. Allí hay un joven ante mí, relajado, fumando y soñando, y de pronto ha entrado una muchacha bonita. Se mueve, se activa, él sonríe, ella sonríe, él le ofrece una silla, aparta a un lado sus libros y papeles, ella acepta el interés que le demuestra, él tira su colilla, ya no sueña, llama dos veces al camarero, está ahora ante un proyecto… quizá alcance con ella parte de su sueño, su sueño total o nada en absoluto.”

Las páginas que dedica a la literatura y autores árabes en general (Mahfuz, Darwix, Ahmad Shawqi, Al-Rafii, Quddus, Kamel Mahdi… ) es profusa, y no escatima sus dardos y su intento por torcer el brazo a un tipo de literatura anclada en el pasado y que necesita un revulsivo, porque Chukri siempre es revolucionario. Confieso que esta parte del libro me ha resultado más complicada porque gran parte de estos autores no están traducidos al castellano, y por tanto desconozco sus obras. Pero sí que llama poderosamente la atención su crítica feroz, la más dura de su libro, al escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, al que acusa directamente de mercenario de las letras, dentro de ese grupo de autores que escriben por encargo sea lo que sea, y que describe con estas perlas: “…El ejemplo arquetípico de lo anterior (artistas que crean por encargo), que en el fondo y solo exagerando puede calificarse de literatura, es la escritura de Tahar Ben Jelloun: a la carta”. Y añade: “…Este tipo de literatura que escriben Tahar Ben Jelloun y otros como él llega a ser propio de guardería infantil. Es una escritura que juega con los sentimientos de los lectores más pobres intelectualmente…”. En fin, subyace en su manera de hablar de este autor un rencor, un desaire, un enfrentamiento personal evidente.

Obra por tanto fuera del marco narrativo habitual de Chukri para sumergirse en sus pensamientos teóricos sobre literatura, política y filosofía, y su concepción del oficio de escritor.

La cuidada traducción de este ensayo es obra de mi admirada Malika Embarek López y de Ana María Debbane Sabbagh.

La seducción del mirlo blanco (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) acaba de ser publicada por Cabaret Voltaire en una elegante edición, como es habitual en esta editorial.

Sergio Barce, mayo 2020

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