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MIS LIBROS EN EL SALÓN INTERNACIONAL DEL LIBRO DE CASABLANCA

“España, país invitado de honor del Salón Internacional de la Edición y del Libro de Casablanca 2019”
Del 7 al 17 de febrero de 2019

Más información a través del artículo escrito por la periodista Sonia Moreno, que podéis leer en el siguiente enlace:

https://cadenaser.com/ser/2019/02/12/cultura/1549966861_621774.html

El coordinador del pabellón de España en el SIEL, el escritor Farid Othman-Bentria Ramos, ha tenido la gentileza de incorporar entre los libros que se exponen dos de mis novelas: Sombras en sepia (Pre-Textos) y La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal). Muy bien escogidas porque la primera está ambientada en Larache y la segunda en Tánger. Lo que resume a la perfección de dónde se alimenta mi obra narrativa. Y además situándome al lado de autores que admiro: Juan Goytisolo, el propio Farid o Antonio Lozano, al que dijimos adiós hace apenas unos días y que nos ha dejado la hermosa tarea de seguir trabajando para estrechar nuestros lazos culturales y emocionales.

Más abajo, las fotografías que lo atestiguan y que me ha enviado mi amigo Alberto Mreth.

Así que doble agradecimiento a Farid y a Alberto. Y un entrañable y querido recuerdo a Antonio.

Sergio Barce, febrero 2019

Mis libros en Casablanca 1

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Mis libros en Casablanca 2

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SANTOS JUANES QUE ESTÁIS EN LARACHE

jean genet

Os traigo un artículo del periodista y escritor Javier Valenzuela que ha tenido la gentileza de enviarme para que lo comparte con vosotros. Leerlo es disfrutar con una buena prosa y una excelente crónica dedicada a los dos Juanes enterrados en el cementerio marino de Larache, sobre el Atlántico: Jean Genet y Juan Goytisolo.

Para leer el artículo, hay que entrar en el siguiente enlace:

http://www.javiervalenzuela.es/newmedia/media/files/m3968_Santos-Juanes-Larache-Valenzuela_tintaLibre%20noviembre-2017.pdf

juan goytisolo

 

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MUERE JUAN GOYTISOLO. SERÁ ENTERRADO EN LARACHE

Hoy hemos empezado el día con una mala noticia para el mundo de la literatura, especialmente el de las dos orillas. Juan Goytisolo ha muerto.

La primera vez que acudí a un acto suyo fue en Málaga, cuando presentó su libro Makbara, en 1980, más o menos.  Eran los años de la transición aún, cuando los jóvenes nos ilusionábamos al acudir a cualquier acto reivindicativo o cultural que tuviese algún significado político. Aquel de Makbara lo era, sin ninguna duda. Goytisolo era un apellido que entonces estaba lleno de connotaciones. Era un acto de libertad. Lo escuché muy atento. Luego, aguardé paciente hasta que me firmó mi ejemplar, y le dije que era de Larache, y me comentó que amaba profundamente Marruecos. Le dije que yo también. Todo fue rápido, pero yo estaba exultante. Todo me entusiasmaba. Le había estrechado la mano a alguien que, para mí, nos abría puertas ilusionantes. 

Años después, tuve la oportunidad por fin de hablar con él con más calma, junto al escritor larachense Mohamed Akalay que me acompañaba ese día. Era un hombre que, sin embargo, mantenía las distancias. Charlamos en la Librairie des Colonnes, en Tánger, en el año 2002 ó 2003. Le hablé de aquel día de Makbara. Fue en ese instante cuando se dio cuenta de que no era uno de esos “fans” pesados que se le acercaban y de los que, me confesó, huía como de la peste, le aburrían. Se interesó por mis dos primeros libros que habían salido  esos años, y me deseó mucha suerte. Antes de despedirnos, nos hicimos una foto, pero él pidió que, por favor, el flash no le diera de cara, porque le molestaba el fogonazo. Luego lo vi en un par de ocasiones más.  

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Sergio Barce, Juan Goytisolo y Mohamed Akalay, en la Librairie des Colonnes de Tánger

Como ya escribí en cierta ocasión, los referentes van desapareciendo de manera inexorable. Sampedro, Saramago, Galeano, Cohen (Leonard), Marcos Ana… Los grandes intelectuales se marchan, y, en su lugar van apareciendo los “Trump”, que lo infectan todo; parece que el mundo decae a pasos agigantados y nos empobrecemos más y más, económica, social y, en especial, cultural y éticamente. La oscuridad nos acecha.

Lo último que he sabido de esta mala noticia es que Juan Goytisolo va a ser enterrado en Larache. Quería que lo dejaran en Marruecos, pero no en un cementerio católico. El único civil está en Larache. De manera que lo enterrarán cerca de Jean Genet. Y los dos descansarán mirando al Atlántico, desde la privilegiada atalaya de mi pueblo.

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¿En qué siglo estamos?, artículo de Juan Goytisolo para El País

Hoy leo este artículo de Juan Goytisolo, y me parece esclarecedor, estremecedor, pero tan escueto como certero. Nada bueno se asoma en el horizonte.
Sergio Barce

¿Hasta dónde llegará la barbarie del cinismo político y el fanatismo religioso que provocan la huida de centenares de miles de personas para poner sus vidas a salvo de los bombardeos y amenazas de exterminio?
La victoria estratégica de El Asad al renunciar a sus innecesarios arsenales de armas químicas y proseguir el implacable machaqueo de su artillería y barriles cargados de explosivos en las zonas aún controladas por quienes se rebelaron en 2011 contra los abusos de su dictadura muestra que su objetivo de eliminar a éstos, divididos en pequeños grupos reñidos entre sí e incapaces de ofrecer una alternativa política creíble, se ha llevado a cabo conforme a sus planes: reducir el conflicto a un enfrentamiento entre los suyos y los terroristas ayer de Al Qaeda y hoy del Estado Islámico (EI). En otras palabras, dar a escoger a Estados Unidos y sus aliados entre lo malo y lo peor.
Me había propuesto no escribir más sobre el fracaso de las oprimidas sociedades árabes en canalizar sus ansias de mayor libertad y justicia hacia una hoja de ruta democrática que distinga la esfera religiosa de la política, pero la emergencia del califato islámico proclamado en Mosul introduce un elemento nuevo y mortífero en las guerras sectarias que ensangrientan hoy los Estados creados al fin de la Primera Guerra Mundial sobre las ruinas del Imperio Otomano por los acuerdos Sykes-Picot.
Proponer como ideal político un retorno al siglo VII en todos los ámbitos de la sociedad es pura insania pero ésta, como sabemos, se contagia fácilmente y buena prueba de ello son los tres millares de yihadistas europeos agrupados tras la bandera negra del EI. Las prédicas inflamadas del autoproclamado califa no pueden ser tomadas a risa. La ocupación de vastas regiones de Siria e Irak, tras poner en fuga al desmoralizado Ejército de Bagdad y atenazar los bastiones del Ejército Libre de Siria, muestra que la amenaza es real. La descomposición de las sociedades de Sham y Mesopotamia por las luchas sectarias de esa nueva Guerra de los 30 —¿o 100?— años propicia los peores extremismos. La utopía regresiva se sirve del valor de los símbolos y el alcance de las nuevas tecnologías. La decapitación ante una cámara del periodista norteamericano James Foley, que reproduce la de Daniel Pearl por Al Qaeda en Pakistán, contiene deliberadamente todos los elementos de un filme de horror: capucha, navaja, confesiones de la víctima antes de su bien escenificada ejecución.

JUAN GOYTISOLO
Tras la conquista de Mosul sin combate, el Estado Islámico dispone de armas eficaces y dinero procedente del saqueo del Banco Central de Irak y aplica al pie de la letra su medieval programa ecuménico. Los cristianos son forzados a escoger entre la conversión o la confiscación de sus bienes y a veces la pena capital. El fusilamiento de centenares de ellos y la condena a la esclavitud de sus mujeres actualiza de forma siniestra las viejas leyes de guerra de los beduinos de antes de la venida del Profeta. Los crímenes contra la humanidad de El Asad y la represión violenta de los suníes por los funestos Al Maliki son su mejor coartada. La antigua convivencia de religiones en un marco político común cede el paso al odio, la destrucción y la muerte. Tal vez el ejemplo más cruel de ellos sea el de los yazidíes. Yo conocí hace años a un miembro de ese credo y los avatares de los suyos a lo largo de los siglos llamaron poderosamente mi atención. Su mitología, sus ritos, sus tabúes son distintos de los musulmanes y cristianos y entroncan con la antigua religión zoroastriana.

Ahora huyen desperdigados por el noreste de Siria y el Kurdistán en medio de la indiferencia general. Una página de la historia humana (o inhumana) corre el riesgo de desaparecer con ellos: con esos refugiados varados en el monte rocoso de Sinjar sobre los que los helicópteros estadounidenses dejan caer misericordiosamente sus paquetes de alimentos y garrafas de agua.
Vivir para creerlo: ¿en qué siglo estamos?

Juan Goytisolo – El País – 27 de agosto de 2014

 

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