Archivo de la etiqueta: Sombras en sepia

MADRID – 7 DE OCTUBRE – LITERATURA Y CIUDAD

Este domingo, día 7 de octubre, a las 13:15 h. estaré en La Casa del Lector, en Madrid, participando en una mesa redonda sobre Literatura y ciudad (imaginadas e imaginarias) junto a los escritores Fedra Egea y Juan Manuel Arévalo.

Por supuesto, mi tema será el de mis ciudades imaginadas e imaginarias: Larache y Tánger.

Nos veremos allí.

Jornadas-2

Etiquetado , , , , , , , , , ,

ARTÍCULO DE MOHAMED AZLI

El Hachmi Jbari y Mohamed Azli

Dos amigos larachenses: El Hachmi Jbari y Mohamed Azli

Mi paisano larachense Mohamed Azli ha tenido la gentileza y el detalle de escribir un largo artículo sobre mi obra literaria, y que ha ilustrado con las portadas de mis libros y fotos de mi infancia en Larache. Desde aquí mi agradecimiento más profundo por su detalle. Shukram, jay!

1

***

2

***

3

***

4

***

5

***

 

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

ASÍ FUE LA TERTULIA “TÁNGER EN NUESTROS LIBROS”

El pasado 7 de marzo, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés, mantuvimos una tertulia Rocío Rojas-Marcos, Javier Valnezuela y yo, sobre Tánger en nuestro libros.

7 de marzo 2

Como siempre, impecable la organización por parte de Isabel Ramírez, directora de Ámbito Cultural de Málaga, y la ayuda de Yolanda en la sala.

Rocío presentaba su nueva obra Tánger, segunda patria (Almuzara, 2018), en la que hace un exhaustivo estudio sobre las novelas, poemarios y ensayos y demás libros que tienen a Tánger como inspiración, una obra monumental y fundamental para conocer qué autores y qué razones nos han llevado a escribir de esta ciudad marroquí. Pero también hablamos de su anterior libro, Tánger, la ciudad internacional (Almed, 2009), obra imprescindible para conocer los entresijos y el funcionamiento de la ciudad durante los años de su estatuto especial y que la convirtió en una ciudad mitificada. 

DSC_0606

Traté de hacer de moderador en esta tertulia, en la que Rocío Rojas-Marcos nos dio varias claves para entender las razones por las que los escritores nos sentimos tan fascinados por Tánger, y le pedí, en un momento dado, que nos desvelara algunos de los hechos que más le habían llamado la atención de lo que significó Tánger en sus años de esplendor, y nos confesó que, quizá, uno de los acontecimientos que prueban la importancia que llegó a alcanzar Tánger fue, sin ninguna duda, cuando, auspiciado por el Marqués de Comillas, los hermanos franciscanos encargaron en 1892 al arquitecto Antoni Gaudí los edificios para las misiones franciscanas en Tánger. A ello se dedicó  Gaudí en cuerpo y alma, y su proyecto final acabó por incluir la construcción de una Catedral, un convento con claustro, hospedería, sastrería, refectorio, habitaciones… Era tal su coste y envergadura que el padre Lerchundi lo rechazó, ya que era además un contrasentido al espíritu austero de la congregación. El proyecto de Gaudí era un ensayo y un claro anticipo de la Sagrada Familia, que luego levantaría en Barcelona, pero que no llegó a construirse en Tánger por falta de financiación y por las razones expuestas. ¿Qué habría supuesto la construcción de esta transgresora obra en Tánger si se hubiera materializado? Nunca lo sabremos.

28870245_1888424834515392_8257573026036482636_n

Yo hablé de mis novelas que también se ambientan, total o parcialmente, en Tánger: Sombras en sepia (Pre-Textos, 2006), La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal, 2015) y El Libro de las palabras robadas (Ediciones del Genal, 2016). Rocío calificó a mi novela negra La emperatriz de Tánger de desasosegante. Y yo aclaré que, aunque parezca otra cosa, considero que mi novela más tangerina es El libro de las palabras robadas, porque Tánger, que es el paraíso perdido del protagonista, será, sin embargo, donde al final encontrará su redención.

Javier Valenzuela, que fuera subdirector del diario El País, y corresponsal del mismo medio en Washington, París, Beirut o Rabat, nos habló de sus novelas negras Tangerina (Martínez Roca, 2015) y de Limones negros (Anantes, 2017). Su última novela, que para mí, y así lo manifesté en la charla, es quizá, de entre todas las novelas ambientadas en Tánger que se han publicado en los últimos meses, la mejor de todas ellas, dio lugar a un amplio debate, porque, de pronto, dimos un salto en el tiempo y, desde aquel Tánger internacional de los  años treinta, cuarenta y cincuenta, que estábamos rememorando, nos vinimos al Tánger actual, en el que se ambienta Limones negros. La corrupción, que une a ambas orillas a través de los negocios inmobiliarios que se desarrollan en Tánger, la prostitución infantil, la existencia de niños en las calles que siguen drogándose con pegamento, las inversiones de los países árabes, la extensión del salafismo, el retroceso en las libertades personales, especialmente el estancamiento de la libertad femenina a causa de la expansión de una interpretación del islam menos permisivo y más intransigente, la clausura de locales que antes abrían sus puertas con libertad para poder consumir bebidas alcohólicas y que ahora van desapareciendo por una presión social y religiosa antes impensable, pero también el resurgir de este nuevo Tánger, con sus aspectos positivos, que también los tiene y muchos, fueron temas que surgían al hilo de su nueva novela…  Javier que, además, posee un gran sentido del humor, nos deleitó con anécdotas personales de toda esta realidad, y nos llevó por los locales y lugares en los que se ambienta la novela. También nos habló de su amistad con Chukri. Todos estos elementos, que forman parte indisoluble de su libro, y que lo hacen por ello más poliédrico e interesante, animaron a que los numerosos tangerinos o tanyauis que estaban presentes también interviniesen, y, como muchos nos confesaron al final del acto (que comenzó a las 19:30 y acabó a las 21:25), la tertulia se les hizo muy corta. Y esa fue la mejor crítica que pudimos recibir.

DSC_0616

Asistieron muchos amigos, entre ellos los escritores Víctor Pérez, José Luis Pérez-Fuillerat, Fernando Gálligo o Alberto Gómez Font, autor de Cócteles tangerinos, que, tras la charla, nos llevó, como gran conocedor de la materia, a probar algunos cócteles por Málaga.

En definitiva, fue una gozada pasear de nuevo por Tánger a través de nuestros libros y de los libros de otros autores. Así que, Rocío, Javier y yo salimos más que satisfechos de este encuentro que, quizá, tenga continuación en algún otro lugar…

28698630_10215726197578003_5859371020404732038_o

(A continuación, algunas imágenes de la charla, fotografías realizadas por mi hijo Sergio, Fernando Gálligo y José Arias)

28699370_10215726187137742_3767653215333071860_o

***

28783697_1888424761182066_2507397420132973644_n

***

DSC_0608

***

DSC_0610

***

DSC_0615

***

DSC_0617

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

EL TÁNGER IMAGINADO POR SERGIO BARCE, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros

encuentro_marzo 7

Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce

Escribe Rocío Rojas-Marcos en su libro Tánger, segunda patria, acerca de Sergio Barce que “…aunque en la novela Sombras en sepia -premio de  novela Tres Culturas de Murcia, 2006- ya aparecía Tánger como uno de los elementos principales de la trama, es en La emperatriz de Tánger -finalista del XVII Premio de novela Vargas Llosa 2012 y finalista del XXII Premio de la Crítica de Andalucía de novela en 2016-, donde Barce permite que la ciudad se adueñe de la narración. (…) A partir de una trama que cumple con las ya canónicas líneas esenciales de la literatura sobre Tánger, Barce nos hace entrar en una novela desasosegante. A partir de un protagonista perdido: Augusto Cobos Koller, un escritor atormentado que utiliza las drogas, el alcohol y las mujeres para desahogar sus frustraciones. Incapaz de llevar una vida ordenada, sus relaciones son tan caóticas como pasionales. Cuando se ve acusado de asesinato, reconoce encontrarse en el abismo, ve cómo su vida se va desmoronando mientras trata de encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz…”

Fragmento de La emperatriz de Tánger:

“…Llevaba años viviendo solo, refugiándose en sus libros, sorteando cualquier compromiso que pudiera surgir y que para él sólo podía significar recortar sus alas. Quería continuar solo, y no contemplaba otra posibilidad. Sin embargo, en lo más hondo de su ser, temía no llegar jamás a ninguna de sus metas, ser olvidado, no dejar huella, acabar siendo un pobre fantasma que atravesara las paredes sin que nadie se acordara de él.    

Disfrutaba de su soledad, pero se sentía a gusto caminando por Tánger en el agradable crepúsculo, cuando sus calles se convertían en un hervidero de risas, de voces, de idiomas diferentes. Ese día dio un rodeo para entrar por el Zoco, a contracorriente de la muchedumbre que se multiplicaba misteriosamente. Luego, echó un vistazo al hall del Hotel Minzah pero sólo vio a míster Richardson examinando su correspondencia en el mostrador. El viejo diplomático se había girado y había levantado la vista de las cartas, asomando sus ojos grises por encima de la montura de las gafas. Augusto evitó su saludo, fingiendo no haberlo visto, y continuó unos metros hasta el Café de París. 

El local estaba lleno. Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Echó un rápido vistazo, tratando de encontrar a alguien conocido. Fue la señorita Esther Lipman quien llamó su atención alzando el brazo y agitando la mano:

Hey, August! ¡August!

Se habían encendido las luces del local y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar. Fue sorteando las mesas, saludando a unos con una leve inclinación de cabeza o llevándose la mano al pecho tras estrechar la de algún viejo conocido marroquí, hasta llegar a la que ocupaba Esther. La besó en las mejillas, se desabotonó la chaqueta, con los hombros y la solapa aún mojados, y se sentó. Luego, de uno de los bolsillos interiores, sacó una pitillera de alpaca.

Gran Café de París

-August, querido… –su voz era un tintineo que acompañaba a las joyas que llevaba encima-. ¿Dónde te metes, mi rey? Parece que Carmen te ha secuestrado, porque desde que ella te ha secuestrado… Te echo tanto de menos en el Kursaal… ¡Llevo tres noches sin ganar un chavo!

-¿Te ha abandonado tu suerte?

Esther Lipman entornó los ojos, enormes, como su cuerpo, tan rotundo como el de Mae West. Le cogió entonces la pitillera, sacando uno de los cigarrillos, que atrapó ostensiblemente con sus labios. Augusto le acercó lumbre.

-Gracias, nechama.

-¿Y tus amigas? –hizo un gesto con la mano y el camarero le sirvió de inmediato un Pernod.

-Esas memlocas andan por ahí de compras. Ya te habrás enterado de que a Ana María le han tocado unos chavos en la lotería y parece que ahora es la reinona de Tánger… 

-Noto un deje de envidia en tu reproche…

-¡Te entre un mal! Parece que no me conoces… Yo vivo mi vida, me preocupo de mi casa y safi –Augusto le llenaba su copa de champán, lo único que Esther permitía que le sirvieran a partir de las ocho de la tarde-. Brindemos…

Dieron un sorbo a sus copas y, al instante, ella se puso a rebuscar en su bolso hasta sacar un pequeño espejo y una barra de pintura con la que se retocó los labios. Era tan barroca y coqueta como deslenguada.

-En cuanto termine de beberme esto, me largo –dijo Augusto, arrastrando las palabras.  

Esther se quedó un instante en silencio, calibrando sus opciones de esa noche. Entrecerró los ojos, como si renunciara a algo ineludible, dio una calada al pitillo y exhaló el humo en la cara de Augusto. 

-Si quieres podemos ir a mi casa. Podríamos celebrar por adelantado lo de tu libro… Si la doña de Carmen te da permiso… 

-No, hoy no –sacudió la cabeza, y miró a su alrededor como si buscara a alguien que no aparecía.

Ella lo estudió con perplejidad, como si no diera crédito a su desplante. Sin embargo, agitó su cabellera y soltó una risotada. En el fondo, le gustaba ese tipo delgado y huesudo que, cuando estaba de buen humor, podía mostrarse todo lo generoso que su carácter le permitía. No la trataba peor que esos cabrones del casino, los prestamistas que se la cepillaban en los servicios a cambio de unas pesetas que sólo le servirían para un par de jugadas más. Pero Augusto Cobos, aunque era otro putero, al menos la hacía sentirse como una mujer de verdad y no babeaba buscándola luego como un perro apaleado.

-Tú te lo pierdes… -refunfuñó, guasona.

-Ya encontrarás algo que echarte a la boca…

-Eres terrible, August… -y arqueó una ceja antes de añadir: Un día tendrás que contarme qué te hace esa doña para tenerte así de shalado

Si había algo que admirase de Esther, y quizá fuera una de las razones por la que la consideraba una amiga, era esa ausencia de orgullo o de dignidad, esa inconsciencia que la hacía inmune al sarcasmo…” 

Sergio Barce Gallardo (1961). Escritor malagueño y larachense. Licenciado en derecho. Autor de las novelas En el jardín de las Hespérides (Editorial Aljaima – Málaga, 2000), Sombras en sepia (Editorial Pre-Textos, Valencia – 2006) con la que obtuvo el Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia de 2006, Una sirena se ahogó en Larache (Editorial Círculo Rojo, Almería – 2011) con la que resultó finalista del XVIII Premio de la Crítica de Novela de Andalucía 2012, El libro de las palabras robadas (Editorial Círculo Rojo, Almería – 2013 – 2ª edición por Ediciones del Genal, Málaga -2016) y La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal, Málaga – 2015), obra finalista del Premio de Novela Vargas Llosa 2012 y que también resultó finalista del XXII Premio de la Crítica de Andalucía. Es autor de los libros de relatos Últimas noticias de Larache y otros cuentos (Editorial Aljaima – Málaga, 2004) y Paseando por el Zoco Chico (Jam Ediciones – Valencia, 2014; libro Reeditado por Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Otros relatos y cuentos aparecen en varios libros colectivos:  Sesión continua (Jam Ediciones – Valencia, 2013), Animales en su tinta (Jam Ediciones – Valencia, 2013), Último encuentro en BiblioCafé (Jam Ediciones – Valencia, 2014), Por amor al arte (Jam Ediciones – Generación Bibliocafé – Valencia, 2014), La narrativa tenía un precio (Playa de Ákaba – Almería, 2016) y Me estás pisando el Chéjov (Espai Literari – Barcelona, 2016).

IMG-20171129-WA0008

Sergio Barce

 

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , ,

ASÍ FUE EL VIAJE DE LARACHE A TÁNGER A TRAVÉS DE MIS LIBROS, EN TORREMOLINOS

portada-el-libro-de-las-palabras-robadas

El pasado jueves, organizado por la Librería Pérgamo y el Ayuntamiento de Torremolinos, nos reunimos en el salón de actos del Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso para la presentación de la nueva edición de mi novela El libro de las palabras robadas (Ediciones del Genal), que nos sirvió  de excusa para hacer un largo viaje de Larache a Tánger a través de todos mis  libros.

19250609_10213298548403054_7028102723977171301_o

La tarde era calurosa, muy calurosa, pero allí se presentaron alrededor de cuarenta y tantos valientes para escucharnos. El poeta José Sarria, amigo y compañero de algunas fatigas (siempre positivas) fue el guía inicial de este viaje. Sus palabras, como siempre, mesuradas, bien medidas, poéticas a veces, acabaron por emocionarme, especialmente con la última parte de su charla, que hizo muy íntima, y así se lo dije. 

19466255_10213298558763313_2910166909830618902_o

Sergio Barce y José Sarria

Luego, nos enzarzamos en un largo periplo por las páginas de mis novelas y de mis relatos, y se nos pasaron dos horas tan rápidas como amenas. Cuando nos quisimos dar cuenta, nos anunciaron que teníamos que acabar porque ya cerraban el centro cultural, y había que sacar los vehículos cuanto antes. Eran ya las 10 de la noche, y estábamos aún en plena euforia. Así que, sin poder evitarlo, firmé ejemplares a toda pastilla, bajo el temor de quedarnos encerrados en el edificio (y como no se sabe si habita en su interior algún mal espíritu, lo mejor era salir cuanto antes), y apenas pudimos hacer fotografías, así que sólo cuento con las pocas imágenes que tomó Larisa al comienzo del acto y un par de fotos que me han hecho llegar los amigos. 

Pero sí me han enviado whatspapps agradeciéndome lo bien que lo pasaron, y eso es muy reconfortante. También Miguel y Jose, de Librería Pérgamo, me han dicho que están muy contentos con el acto del jueves y que, al día siguiente, aparecieron por la librería un par de señoras buscando más ejemplares de mis novelas porque no les dio tiempo a comprarlos allí. 

Aunque no conozco a algunos de los que asistieron, sí a la mayoría, y, como es mi costumbre, nombraré a los que recuerdo (pidiendo perdón a quienes me dejo en el tintero). Creo que es un detalle dejar constancia de quienes se desplazan y me regalan su tiempo para acompañarme: Larisa Sarria, Mario Castillo, Mily Montes, Eugenio San Emeterio, Flor Cobo, Francisco Zumaquero y Trinidad Carrión, Gloria Arroyo, Pepe Romero y esposa, Ana Rutner y Daniel, Oscar López, Antonio Berrocal, Pilar y Cristóbal Jarillo (tangerino de pro), Susana que vino acompañada por su padre, pese a su edad, lo que le agradezco infinitamente, José Moreno, Carmen Francés, Antonio Alarcón, los larachenses Carlos Peñuelas y Antonio Rodríguez Parkinson, Sandra y Berry… Se me olvida alguien, seguro.

En fin, que, gracias a la magia de las palabras de José Sarria, que me allanó el camino, disfrutamos de un emotivo viaje, larachensemente.

Sergio Barce, junio 2017

Os dejo a continuación con la presentación que hizo José Sarria y con las pocas imágenes del acto.

“Un viaje entre Larache y Tánger”. 

Presentación de la novela

“El libro de las palabras robadas” de Sergio Barce.

por José Sarria

Tras la desaparición de la huella morisca en España, a lo largo del siglo XVII, habrá de esperarse hasta la siguiente centuria para que el interés por el Magreb vuelva a entrar en la escena europea y, particularmente, entre los africanistas españoles, si bien, la verdadera razón hay que encontrarla en la pérdida de las colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) que empujan a los responsables militares a la expansión hacia el sur. La Conferencia de Algeciras de 1906 vendrá a “legitimar” la protección europea sobre Marruecos y el derecho de Francia y España a intervenir en sus zonas de influencia ante la incapacidad del sultán para mantener el orden del país.

El periodo del Protectorado español (1912-1956) significará un periodo de influencia cultural, social y lingüística de largo recorrido, desde su constitución hasta la independencia de Marruecos, que traerá aparejada la instalación de familias completas de españoles en la zona norte de Marruecos y en el Sahara que, gozó de estatuto de provincia española (1958-1976), produciéndose una hibridación y mestizaje entre marroquíes, españoles y sefardíes que rememorará los mejores momentos del al-Ándalus peninsular.

De otro lado, secularmente ha existido (desde el siglo VI, hasta nuestra época) un continuo fluir que ha propiciado la existencia de relaciones intersociales desarrolladas entre ambas orillas. Así es que la herencia hispana permanece entre las comunidades magrebíes descendientes de las emigraciones moriscas derivadas de los diferentes edictos de expulsión de los siglos XV a XVII. Esa filiación sanguínea y la tradición lingüística recibida, que se traduce en infinidad de formas dialectales árabes singulares, hacen arraigar el fenómeno de lo hispanoandalusí en la región norteafricana, de tal manera que lo “hispánico” se convierte en un elemento diferenciador, una afirmación de la mismidad, en un grupo social amplio que se considera heredero y depositario del islam andalusí, custodios y cancerberos de la inmarcesible cultura del al-Ándalus, frente a la inmersión cultural árabe, otomana o francesa que se llevó a cabo en toda la región.

El reencuentro con lo español, tras las guerras africanistas, que supondrán el asentamiento de España en Marruecos y la posterior implantación del Protectorado en toda la zona del norte (Rif y Yebala), región de Tarfaya y Sahara Español, traerán consigo el afianzamiento de aquellas convicciones. Así lo resume Alfonso de la Serna en el prólogo del libro Literatura marroquí en lengua castellana, de Mohamed Chakor y Sergio Macías: “Pensar plenamente en español no es para ellos un acto alienante sino la penetración en un territorio mental que es vecino, mas no sólo por la geografía o la circunstancia política, sino vecino en una larga vida de siglos pasados juntos”.

Esto lleva a la eclosión de un territorio híbrido, mestizado, sincrético, de lo hispano-andalusí, de lo marroquí y de lo sefardí, que podríamos delimitar con una frontera imaginaria que recorriera desde Larache a Tetuán y Río Martín (pasando por Tánger), llegando hasta Melilla y Nador por el norte y alcanzado, por su ladera sur, Xauen y Alcazarquivir, hasta regresar a Larache.

Allí se produce, además, el denominado fenómeno de las lenguas fronterizas, generadas en los espacios compartidos, lugares donde los procesos continuos de biculturalismo/bilingüismo se establecen con una ausencia absoluta de riesgo de aculturación, superado desde la asimilación lingüística. La lengua del otro no resulta, por tanto, ajena ni adoptada, sino que el idioma se hace propio para generar procesos de acercamiento y buena vecindad.

En ese amplio emplazamiento al que hemos aludido anteriormente, el español posee una posición privilegiada, al convertirse en encuentro de culturas que ha propiciado que el castellano sea una lengua compartida. Así lo expresaba el desaparecido Rodolfo Gil Grimau, en el Prólogo de Calle del Agua. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí: “Esto procede, creo yo, de un hecho esencial y es que el español no es una lengua importada, sino un idioma vernáculo con siglos de penetración e implantación en Marruecos, Argelia y Túnez”. Allí fue posible que las revistas Al-Motamid o Ketama (dirigidas por Trina Mercader y Jacinto López Gorgé), hicieran posible la convivencia de Muhammad Sabbag, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Ahmed Ararou o Abdelatif Laabi.

En ese espacio singular, diría yo, casi mágico, que es el norte de Marruecos se produce ese encuentro continuo de religiones, de creencias, de lenguas, de culturas, alcanzándose una hibridación, un mestizaje, que ofrece al escritor un marco novelesco de incomparable valor que muchos autores han sabido llevar a sus obras.

Tánger conserva el hálito de las lenguas: francés, español, dariya, haquetía, que supo poner banda sonora a la vida cotidiana de la antigua ciudad internacional, aquella que tuvo que ser la Casablanca de Humprey Bogart. En sus antiguos cafetines y teterías deambulaban Moisés Garzón Serfaty, Ahmed Daoudi, Ahmed Mohamed Mgara o Mohamed Lachiri, con sus primeros escritos en español bajo el brazo. La decadencia del Teatro Cervantes aún recuerda el día que recaló entre sus bambalinas la compañía de Juanito Valderrama y su plaza de toros fue testigo de algunas de las faenas que encumbraron a El Cordobés a lo más alto del reinado taurino, mucho antes de que fuera reconvertida, la plaza, en campo de hacinamiento para quienes, llegados de los lugares subsaharianos intentaron, un día alcanzar el Dorado del norte.

El bar de la Casa de España, de Larache, acogió la esperanza de una nueva literatura escrita en castellano, donde Mohamed Sibari competía con versos y sardinas y animaba a Dris Diuri, Mohamed Mamoun Taha o Mohamed Akalay, que contemplaban cómo el esplendor de otra época sólo perduraba en su corazón y en sus textos, mientras la ciudad languidecía, con la decadencia del otrora edénico Jardín de las Hespérides. A la vez, el Balcón del Atlántico contemplaba al cementerio español, vertedero de nuestra propia memoria colectiva. Allí descansan, en su hospitalaria tierra, los restos de Jean Genet y Juan Goytisolo.

Ese magma inconmensurable de lugares, personajes, historias, sentimientos, ha sido el material creativo que han sabido emplear, magistralmente, autores como Tahar Ben Jelloum, el escritor marroquí de mayor trascendencia entre los lectores europeos, especialmente en Francia, donde recibió el Premio Goncourt en 1987, por su novela La noche sagrada. Ben Jelloum visita con asiduidad, para ensanchar sus horizontes creativos, la legendaria Librairie des Colonnes de su Tánger juvenil, en un intento de reencontrarse con el desaparecido Mohamed Chukri, símbolo de resiliencia a partir de su emblemática novela El pan a secas y emblemático anfitrión de la Tánger internacional que supo recibir a la pléyade de artistas y escritores de la generación beat como Paul Bowles y su esposa Jane, Tenessee Williams o William Burroughs que erigieron a Tánger como oasis de lo imposible.

Todos ellos, unos y otros, desde Ángel Vázquez, allá por los años  60/70 con su novela La vida perra de Juanita Narboni, hasta los más recientes, Rafael de Cózar, Encarna León, Pilar Quirosa, Lorenzo Silva o la megalaureada, María Dueñas, han pretendido, han intentado, describir un tiempo en tránsito, anudar una época, unas personas, sus esperanzas, sus anhelos, sus frustraciones, en un marco tan inestable, tan movedizo, como es el de las fronteras y los espacios compartidos.

Y es ahí, donde aparece y se incardina nuestro autor, nuestro novelista, Sergio Barce, que, por el momento, nos he hecho entrega de seis novelas: En el Jardín de las Hespérides (Málaga, 2000), Sombras en sepia (Valencia, 2006), Una sirena se ahogó en Larache (Sevilla, 2011), El Libro de las palabras robadas (Sevilla, 2013) (Málaga, 2016), Paseando por el zoco chico (Valencia, 2014) y La emperatriz de Tánger (Málaga, 2015).

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Mi primera incursión en el mundo barciano, lo fue con su novela Una sirena se ahogó en Larache, texto marcado, de forma indubitada, por la experiencia vital de su infancia, que transcurrió en las calles de Larache. Barce no se siente un extraño en la que fue su tierra; al contrario, hace de ella una utopía sobre la que fundamentar la construcción de su obra, utilizando el magma de la memoria, de las experiencias pasadas, de los recuerdos, para construir un relato en la frontera de la épica cotidiana, visto desde el asombro, desde la imaginación encendida de los niños, con los ojos infantiles de Tami, su protagonista.

Toda la novela, al igual que las que vendrán después, se enmarcan en el dédalo de calles, plazas y monumentos que conforman la ciudad de Larache, en los espacios decadentes o idílicos de la Tánger internacional, en los trayectos que separan las dos orillas, elaborando relatos y narraciones que fluyen en la frontera de las aventuras imposibles, de las vivencias infranqueables, crónicas de la vida en las calles y ciudades de un Marruecos idílico, contadas con la inocente mirada de los ojos de un hombre-adolescente que pretende hacer posible otra realidad, frente a la severidad de un presente decadente que, por doloroso, se hace inaceptable.

Sergio, nació en la ciudad norteafricana de Larache y como otras familias españolas que vivían en la zona del Protectorado español de Marruecos, la suya se ve obligada a abandonar la que durante décadas había sido su casa, su tierra. Esta “expulsión” del Jardín de las Hespérides, de su particular Paraíso, va a significar para el escritor la imperiosa necesidad de volver a crear su mundo, de volver a restablecer el orden perdido.

Sus novelas, sea cual fuere el destino final de la misma, acaba atrapada en un imperioso regreso a Marruecos, ya sea a su ciudad natal, como a Tánger, herederas del Protectorado, que confieren una tonalidad especial a la narración. Es en estos lugares donde el lector va a encontrar a Moses Shemtov, el psicólogo hebrero del escritor Elio Vázquez o a Arturo Kozer, así como a los protagonistas de El libro de las palabras robadas, que deambulan en el triángulo circunscrito por las ciudades Tánger, Málaga y Tetuán y que acompañarán a Damián y Ágata, los padres de Elio o al enigmático personaje de Dalila Beniflah y al editor Joan Gilabert, a través de las páginas de esta magnífica novela romántica de intriga.

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

En ese continuum espacial en el que se incardinan las narraciones de Sergio, conviven con disímil suerte Mina la negra, esa que “tenía una piel tersa, oscura, heredada de sus antepasados que vinieron de más allá de Chinguetti y aún más allá de Tombuctú”, sus padres paseando con el carabina de Mohamed Sibari, Luisito Velasco, Javier Lobo, Lotfi Barrada, César Fernández o Pablo Serrano: el escuadrón de la muerte que recorría libremente las calles de Larache al llegar el mes sagrado del Ramadán o el carrillo del señor Brital, apostado a la puerta del Cine Ideal, codiciado tesoro del que afloraban las garrapiñadas en cartuchos de papel estraza.

En sus historias, Sergio, el “moro” (así lo bautizó “El Pichi”, hermano marista de su primer colegio malagueño), será el proscrito que un día cruzó el Estrecho con su familia en aquel Renault 10 amarillo, cargado del miedo a la frontera, tras el abandono de la “ciudad de oro”, Al-Arà´is, donde experimentó “la aventura de cruzar en barca la desembocadura del río –Lucus-, percibir el olor a pescado y a especias que bajaba de las escalinatas del Mercado Central”, saborear “el té con flor de azahar que tomaba bajo la sombra del Castillo de las Cigüeñas”, deleitarse con los dulces de chuparquía o escuchar, cadente, la dulce melodía de Mamy Blue que sonaba diferente en los labios de Fatimita.

Un poco más al norte, la ciudad de Tánger, a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, será el lugar en el que Augusto Cobos Koller,  escritor atormentado, desahoga sus frustraciones con la droga, el alcohol y las mujeres. Una especie de personaje extraído de las noches de desenfreno existencialista del grupo de escritores de la generación beat que aterrizó en la perla del norte de África: Esther Lipman, Yamila, Irena, Miriam Benasuly, Emilio Sanz, las Gerofi, el capitán Iriarte, Paul y Jane Bowles, Ángel Vázquez… serán testigos y testimonio vivo de los intentos de Augusto Cobos por encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz, “La emperatriz de Tánger”.

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

Escribía Jaroslav Seifert que “recordar es la única manera de detener el tiempo”. Sergio Barce posee el talento de contar las experiencias para hacer posible el conjuro del milagro creativo. Sergio ha detenido el tiempo, rescatando del salón del olvido a todos aquellos que conformaron su infancia y su adolescencia para hacerlos inmarcesibles.

Incluso hay quien afirma que, uno de los personajes que más me fascinó de sus narraciones, la señora que caminaba delante de la parroquia larachense  que acudía puntual, cada tarde, para ver el espectáculo de su paseo altivo, con una chilaba negra ceñida al cuerpo, los ojos inmensos enmarcados con el khol y de labios afrutados: una diosa, una estrella caída del cielo, como la llamaban Abderrahman Lanjri, Tribak, Kasmi o Yebar; ella, inmortal, se ha convertido en un ángel, en una musa que sigue paseando su hermosura ante tan ilustre concurrencia, gracias a la mano vivificadora de Barce.

“Y ahora -siguiendo la hospitalaria invitación del señor Beniflah, en su libro “Paseando por el Zoco Chico-, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen comer, que pasen”.

Este es el mundo que Sergio Barce ha creado para todos, su legado, el testamento que ha construido a lo largo de casi veinte prodigiosos años y que nos entrega como testimonio de resistencia “a través de los ojos del niño que fue”, tal y como le enseñó Brital, el vendedor de chucherías.

Ahora, alcanzada la madurez creativa, Sergio Barce toma asiento en alguna de las sillas vacías del Café Central, escucha las bromas de Sibari y de Akalay y sonríe satisfecho. Saborea un té con flores de azahar, mientras suena de fondo, diferente, angelical, la melodía de Mamy Blue, en los labios resucitados de Fatimita y vuelve a sonreír porque sabe que ha cumplido su misión: mantener vivo el recuerdo y la imagen de quienes habitan, ya por siempre, en el Jardín de las Hespérides.

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

19402099_10213298567363528_1407846066899191270_o

***

19402270_10213298563803439_3673228092304078225_o

***

19478475_10213304429590080_541973599_o

***

19417501_10213298548163048_7797529919328401646_o

***

19478569_10213304429550079_1226713057_o

***

unnamed

***

unnamed (1)

***

***

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , ,