Archivo de la etiqueta: SERGIO BARCE

“EL NADADOR”, DE PABLO BARCE, EN LA MUESTRA ITINERANTE DEL FESTIVAL DE LIMA (PERÚ)

23 festival de Lima

Y sigue nadando… Ahora El nadador, de Pablo Barce, por diversas ciudades de Perú gracias a la Muestra Itinerante del 23 Festival de Cine de Lima (Perú).

Festival de Lima

Más información en el siguiente enlace:

https://www.festivaldelima.com/2019/muestra-itinerante/smi/sedes.php?ciudad_orden=6

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el nadador

 

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“EL NADADOR”, CORTOMETRAJE DE PABLO BARCE, EN EL IV FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MEQUINENZA

Mequinenza

Del 30 de agosto al 1 de septiembre de 2019, se celebrará el IV Festival Internacional de Cine de Mequinenza (Zaragoza). En la sección oficial participará El nadador, de Pablo Barce. Otro festival más en su espectacular travesía. 

Más información del festival en el siguiente enlace:

https://www.cartv.es/aragoncultura/nuestra-cultura/el-festival-internacional-de-cine-de-mequinenza-ya-tiene-finalistas

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el nadador

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RESEÑA DEL POETA JOSÉ SARRIA SOBRE LA NOVELA CORTA “EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE

El poeta José Sarria ha tenido la deferencia de dedicar su tiempo a desgranar mi novela corta El laberinto de Max, y, tras leer sus palabras, solo puedo darle las gracias profundamente, porque han hecho que me sienta muy orgulloso de esta narración que escribí para el deleite de todos vosotros.

Aquí os dejo su reseña, que se acaba de publicar en la página web de la ACE (Asociación Colegial de Escritores de España):

http://www.aceandalucia.org/index.php?id=noticia0&tx_ttnews%5Btt_news%5D=29829&cHash=4b5c3f67846f949e6786262cfafc89c7

También se publicará en Luz Cultural.

 

EL LABERINTO DE MAX

de Sergio Barce

por José Sarria

 (Ediciones del Genal y Mitad Doble, Málaga, 2018)

Existe en todo artista una manera de observar, de contemplar el mundo, diferente al resto de personas. Todo creador, es un pequeño dios, omnipotente y todopoderoso, cuya mirada es fecunda y prolífica, para convertir lo contingente en necesario, en la línea de pensamiento de Tabarovsky. 

“El laberinto de Max”, del novelista Sergio Barce, es eso, precisamente, una fértil Arcadia que se alza en un limitado espacio escénico, como es la librería de Max Bazlen, uno de los protagonistas esenciales de este excepcional relato corto. Un paraíso que Max  había concebido “como un pequeño laberinto que impidiera a los clientes salir enseguida”. Clientes que se convertirán en los actores secundarios de la trama, como Carlos que busca los primeros libretos publicados de Cavafis o Úrsula, la compradora compulsiva que, periódicamente, entra en la librería para adquirir el mismo ejemplar de “Madame Bovary”, de Flaubert.

Todo ello, conforma el magma, el conjunto de elementos con los que elevar una afectiva reflexión sobre las relaciones paternofiliales; en este caso, entre Max y su hijo Ricardo, además de un emotivo homenaje a la literatura y a sus artífices: los escritores.

9788417186548

A Sergio Barce le alienta y le estimula el hecho en sí mismo de contar, de narrar, de erigirse en constructor de una historia: imaginar, crear su empíreo, su propio universo. Ajeno a la mera descripción de la experiencia del mundo conocido, el verdadero escritor, concibe desde el lenguaje e inaugura un mundo nuevo. Y esta es la evocación que se percibe al adentrarse en el exuberante y fascinante universo bazleniano que Barce ha establecido desde la terraza de la emoción. La emoción es, quizá, la parte esencial de este delicado relato que incursiona en el corazón del lector de manera fundante. Allí se encuentra un germinativo homenaje a los libros, basamento de nuestra cultura y construcción social, tal y como nos enseñó Voltaire: “Todo el mundo conocido, con excepción de las naciones salvajes, es gobernado por los libros”. En ese laberinto, que es la librería de Max, Barce eleva un bastión áureo, con el nombre de muchos de aquellos creadores literarios que han contribuido a constituirnos como especie: Vargas Llosa, Lorca, Withman, Eduardo Mendoza, Kerouac, Rulfo, Paul Auster, Machado, Vila-Matas, Gómez de la Serna, Bukowski, Vallejo, Bolaños, Lope o García Márquez, entre una ingente pléyade de escritores que supieron, de manera extraordinaria, “enfrentarse y contemplar el mundo, para reinterpretarlo de nuevo merced a su palabra …/… Y así, gracias al conjuro casi mágico de ese verbo fundante o al prodigio plástico y rítmico de la palabra y la metáfora restablecer, o acrecentarle, al mundo su hermosura —aunque sea solo a nivel verbal—, rehabilitarle su primigenia y herida doncellez, pensando en la soñada plenitud mítica virginal”, según ha señalado, acertadamente, el profesor Carlos Clementson.

Dos de los grandes protagonistas del relato, el propietario de la librería, Max Bazlen y su hijo, Ricardo, se han convertido en dos extraños, ya que mantienen antiguas cuentas pendientes que han hecho que Ricardo no haya visto a su padre desde hace algo más de quince años. Un “estúpido bofetón –que Max dio a Ricardo- cuando se negó a leer La isla del tesoro”, la única novela que Ricardo ha leído en casi cuarenta años, y el accidente automovilístico que acabó con la vida de su madre, cuya muerte el hijo ha atribuido durante todo este tiempo a Max, son las causas del desencuentro.

“El laberinto de Max” es, también, un canto vital sobre la compasión y la restauración, un gallardete que simboliza la esperanza que a todos nos asiste para volver a reconstruir nuestra propia existencia, a pesar de los errores, de las caídas o de las oportunidades perdidas. Sergio Barce ha sabido acampar, en medio de una sociedad convulsa, individualista y egocentrista y contemplar el mundo con otros ojos, volver a examinar y descubrir las cosas frente a las que la mayoría pasa de largo sin darse cuenta y hablarnos de valores tan necesarios y esenciales como el perdón, la reconciliación o la generosidad y que hacen que Ricardo, un infortunado periférico, perdido en su propio laberinto de alcohol, desempleo y fracaso sentimental, pueda descubrir, desde otra mirada, a un padre al que no reconoce (“No sé ya quién es Max …/… Es como si el tiempo perdido me cayera de golpe, sepultándome”) y que le ofrece la oportunidad, no ya solo de regentar la librería, sino de obtener su propia salvación, de reconciliarse consigo mismo al abrir ese mundo mágico que existe en el desván del negocio donde, con la lectura de aquel maravilloso tesoro que se encuentra en los libros, puede llegar a fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro.

Lili, una joven encantadora que camina “como paseaban las mujeres en otro tiempo”, es la tercera gran protagonista del texto y se eleva como un ónfalos, piedra angular del relato. Fiel asistente de Max, Lili, se transformará en la utópica esperanza de Ricardo, en el más preciado de los bienes que Max le pudo legar, tras su fallecimiento. Junto a ella, “la vida se ha convertido en un fascinante misterio”, dirá Ricardo, mientras roza, con sus labios, el lunar en forma de pez de su cuello, a pesar de saber que el cáncer terminará, en breve, con la vida de esta hermosa mujer que se mueve igual que una gata y que le ha entregado la posibilidad de creer en él mismo y de vivir el presente con la eternidad que habita en cada instante, en cada abrazo, en cada sonrisa.

Bajo una imaginación fundante, Sergio Barce nos ofrece una narración sencilla, pero intensamente profunda, original, mágica, proverbial y luminosa, para instalarnos, desde la reflexión, frente al reconocimiento de la propia esencia y desde ahí pronunciar legítimamente lo sublime, ajeno al calco y la huella, donde, por una ley de lo inversamente proporcional: “cuanto más bajo es el tono, tanto más alto es el efecto”, tal y como nos ha enseñado el poeta italiano Paolo Ruffilli.

Barce, ha pretendido, y lo ha conseguido pródigamente, contar, relatar, describir, narrar; es decir, establecer un lugar en donde sea lo que no es. En definitiva, concebir verdadera literatura y desde ella hablar de su amor por los libros, los escritores, las librerías y los libreros y frente a “un mundo actual, donde todas las ideas de felicidad acaban en una tienda”, tal y como ha dicho el filósofo Zygmunt Bauman, rescatar de entre los escombros de la actual civilización valores tan intensamente humanos como perdón, reconciliación y reparación, todo ello hilvanado bajo la luminosa y frutal imaginación de un portentoso narrador, como es Sergio Barce y que se nos descubre, en esta nueva entrega, singular, brillante, original y excepcionalmente renovado.

Jose Sarria

José Sarria

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“PERFIDIA DE ÁSPID”, UN LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE AHMED OUBALI

Hoy celebramos que acaba de publicarse el libro Perfidia de áspid, del escritor larachense Ahmed Oubali. Siempre es una alegría dar esta clase de noticias cuando el protagonista es un amigo.

perfidia

El libro es una recopilación de 7 relatos -con factura negrocriminal que asocia al suspense, la comedia, el erotismo y el romance- que se ambientan en Marruecos y España, lo cual ofrece una dinámica particular a la lectura: Ouarzazate con sus paisajes exóticos, Tánger con sus calles míticas y coloniales, Ketama asediada por los drogadictos, Rabat y Casablanca inmersas en la delincuencia, Marrakech con sus calles bulliciosas y viciosas, el Rif de las mil y una desgracias, Málaga, Algeciras, entre otras, albergando a protagonistas marroquíes y españoles, fusión de la controvertida convivencia entre ambas orillas, que el autor refleja en su libro con una nítida perspectiva etnográfica de género negro que implica un ambiente de suspense, de angustia y a la vez de divertimento placentero; un universo de vicios envueltos en intrigas permanentes con enlaces sorpresivos; una brevedad narrativa en la que todo se condensa para provocar inolvidables sensaciones en el corazón del lector. Lo propio de la ficción…

“Sureste de Ouarzazate, una tórrida tarde de agosto, en los alrededores de la zagüía sidi Munsif. Hace un calor de mil demonios. El paisaje yermo e inhóspito se extiende en la lejanía, hasta donde llega la vista. La atmósfera asfixiante parece haber inmovilizado el tiempo.

Dos hombres rastreando huellas delatadoras de la presencia de ofidios. Son cazadores y encantadores de serpientes…”

Enlace para adquirir el libro de Ahmed Oubali:

https://www.amazon.es/dp/1089403666/ref=cm_sw_r_fa_dp_U_eciuDbD4MHEBS?fbclid=IwAR2ExqDWh1DKoaQBxjvr2Zw5rhi9TldeJDH8nJAFbJaDHNyBc6fj6kTuuP0

Sarria, Barce y Oubali

Pepe Sarria, Sergio Barce y Ahmed Oubali

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (9ª PARTE)

9ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

castillo de san antonio

 …Larache, en 1614, parecía estar en mejor situación tras la toma por las tropas españolas del puerto de La Mamora y por las continuas promesas del nuevo sultán Abd Allah de mantener la paz con España. Por supuesto, su actitud estaba condicionada a que se le reintegraran los bienes que su padre al-Xaij había dejado depositados en manos del Gobernador portugués de Tánger, don Alfonso de Noronha, y que se suponía de gran valor. Tras varios intentos de la Corona española, se comprobó que el Gobernador, junto a Simón Pariente, habían hecho un uso indebido de esos bienes. Sin embargo, no se hallaron pruebas para que el rey Felipe III los encerrara, como era su deseo, y se optó por entregar a Abd Allah los escasos 48.970 ducados que el contador real había conseguido hallar de la tan preciada herencia del sultán al-Xaij. Tras recibir esta suma a principios de 1615, que a Abd Allah le pareció ridícula, por un lado mantuvo su promesa de paz con España, pero, a la vez, sus hombres comenzaron a efectuar pequeños ataques contra Larache.

A finales de ese año de 1614, el rey decidió destituir al Gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tras cuatro años en el cargo, porque no le gustaron algunas de sus decisiones, especialmente el que hubiese devuelto a Abd Allah los arcabuces que dejara su padre el sultán en Larache, el que usara los impuestos de aduana recaudados para pagar  con ellos a las tropas, pese a que este gesto del gobernador era lo más justo para sus hombres, y, sobre todo, el que dejara que sus soldados comerciaran con los víveres que se les entregaba, lo que fue creando un mercado negro que perjudicaba a España. Felipe III envió al contador Pérez de la Parra que emitió un informe desfavorable a la administración de don Gaspar de Valdés, y alertó de los negocios paralelos que habían proliferado en la plaza. Esto hizo que el 3 de noviembre de 1614, el Gobernador saliera de regreso a la península junto a otras personas que fueron expulsadas de Larache por, entre otras razones, alentar el tráfico ilegal de aceite, trigo y caballos.

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Como nuevo Gobernador de Larache se nombró al Maestre de Campo don Pedro Rodríguez de Santisteban con el que llegaron a la plaza 430 soldados. Sin embargo, pronto hubo de arrostrar la misma situación que la de su predecesor, es decir, escasez de medios, de tropas, de víveres y de dinero, y hubo de pagar de su pecunio personal a sus hombres.

Pedro Rodríguez de Santisteban reforzó las defensas de Larache. Fue él quien levantó el pequeño fuerte de Santiago frente al castillo de San Antonio y a la barra del río Lucus. A principios de 1617, Larache contaba para su defensa con 800 hombres, claramente insuficiente para garantizar su seguridad. Uno de los problemas con los que se enfrentaba el Gobernador eran las deserciones, que no cesaban, por lo que acabó por arcabucear a uno de sus hombres que fue canjeado a los marroquíes por un prisionero, medida que no sirvió para nada. Para más inri, lo seguidores de Abd Allah continuaban hostigando Larache, pero Pedro Rodríguez de Santisteban no podía ordenar ninguna razzia o acción de castigo por prohibición expresa de Felipe III. Sin embargo, desoyó tales órdenes en agosto de 1617, cuando tropas marroquíes atacaron a los soldados de la plaza, momento que aprovechó para devolver el golpe contra un aduar cercano con 500 de sus hombres y, aunque sus moradores huyeron antes del ataque, sí que consiguieron un botín de más de quinientas reses vacunas, y dos días después capturaron, además de más reses, a 175 prisioneros en respuesta al asesinato de dos correos españoles. Esto trajo como consecuencia un período de paz algo más prolongado, tiempo que aprovechó don Pedro Rodríguez de Santisteban para acabar en 1618 la muralla defensiva de la Marina.

Curiosamente, como relata García Figueras, Rodríguez de Santisteban solicitó un permiso de tres meses para atender asuntos privados en la península y nunca regresó a Larache. Su puesto lo ocupó el capitán Francisco Carrillo de Santoyo, un veterano de Flandes e Italia, que hubo de enfrentarse a uno de los episodios más conocidos de los acaecidos en esa época en Larache. Ocurrió en diciembre de 1618, y sucedió que el Veedor don Juan de Mena fue acuchillado en la cara, y acusó como agresor al capitán de guardia don Juan de Santisteban, sobrino del anterior gobernador, que negó los hechos. Sin embargo, Carrillo de Santoyo lo encarceló y lo mantuvo en prisión siete meses, mientras el Veedor se recuperó de las heridas. Tal demora se debió al retraso en llegar del licenciado Felipe Barreda que el rey había enviado para que dirigiera el proceso. Dado el tiempo que ya había pasado encerrado, el juez dictó una sentencia de compromiso ya que en realidad no existían pruebas de su autoría.

El nuevo Gobernador Carrillo de Santoyo también hubo de efectuar una razzia contra el aduar de Rehien en abril de 1619. Varios habitantes de este aduar habían degollado a dos soldados españoles, y el gobernador atacó Rehien con 400 soldados, con los que incendió las viviendas, causando más de doscientos muertos y capturando a 213 prisioneros.

Mientras tanto, Muhammed Zeguda, otro de los hijos del finado sultán al-Xaij, se levantó contra Abd Allah…

 Seguirá…

Salida del gobernador de Larache Carrillo de Santoyo 1619

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