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“QUEBDANI”, UNA NOVELA DE ANTONIO ABAD

Quebdani, de Antonio Abad, es una novela original y muy a contracorriente. Ambientada en el poblado de Quebdani, situado en el Rif, y ambientado en los años del Protectorado español entre el desastre de Annual y la inminente independencia de Marruecos, se trata de un retrato nada complaciente de la ocupación española.

QUEBDANI portada

Antonio Abad, nacido en Melilla, y que pasó una gran parte de su infancia en Marruecos, es decir, buen conocedor de la realidad del país, nos sumerge en una historia de venganza llena de sorpresas y de giros inesperados, no tanto por su necesidad de enhebrar una trama que está repleta de un cierto suspense sino por su empeño por descubrir la cara menos amable de lo que fue el Protectorado español en Marruecos, con sus luces y con sus sombras. Y las sombras, en general, han quedado en muchos casos conscientemente olvidadas, de ahí lo imprescindible de obras como ésta.

Me ha gustado este libro de nuestro admirado Antonio Abad, al que siempre escucho con atención cuando hace alguna presentación en el Ateneo de Málaga, aunque ahora, tras la lectura de esta novela, se me hace más que necesario intercambiar con él impresiones y experiencias de nuestro amado Marruecos.

El punto de partida de su novela ya es bastante original: la situación en el Rif ocupado por España contado desde el punto de vista de un rifeño admirador y seguidor de Abd-el-Krim, pero que ha de trabajar en un molino propiedad de un español tirano y despreciable. Un chico que crecerá con la idea de vengar a su pueblo, sometido a un país extranjero y a unas élites coloniales que explotan su país para el beneficio de una metrópoli malherida y resentida en su orgullo. La sombra de Annual y la de la derrota marroquí tras el desembarco de Alhucemas planean en todo momento y alimentan esa sed de revancha del joven al que, despectivamente, llaman Braulio, aunque él se llame Abdelaziz (y al que su madre llamaba Soulami).

“…Era Ramadán cuando fui a comprar, no al zoco el Arbaa, sino al zoco el Jemis, a Comandante. Durante el camino pensé que el nombre que mejor le venía era el de Hayera que, como bien sabes, en amazige significa roca, porque se le veía duro y fuerte; pero a tu hermana María Dolores no le gustaba que tuviera nombre rifeño, así que nada más verlo dijo que el burro se llamaría Comandante y todos en el molino lo llamaron de aquel modo para no contrariarle sus caprichos de enferma…”

Quebdani en 1925

QUEBDANI – Dar Kebdani – año 1925

Hay pocos personajes españoles que merezcan nuestra simpatía, quizá Manol, al que Abdelazziz cuenta toda la historia que también nos relata a nosotros, el único de la familia dueña del molino que simpatiza y empatiza con los marroquíes, y el maestro don Ernesto quien, aunque sólo aparece en esta historia de manera tangencial, sin embargo, para mí tiene una trascendencia simbólica extraordinaria y coprotagoniza una de las escenas más emotivas y devastadoras del libro. En cualquier caso, los diversos personajes que transitan esta novela son de una gran contundencia, y reflejan muy bien esa parte de la sociedad que creyó ser dueña de lo que no les pertenecía.

“…Ese mismo día que me dijo que leyera aquello que ponía el periódico, que se lo leyera en voz alta, delante de Celestino para ver si era verdad que yo sabía leer, yo se lo leí, se lo leí antes de que ocurriera lo de Mauro y Celestino, y Celestino recibió una fuerte bofetada de tu padre y le dijo que si no le daba vergüenza que un moro como yo supiera leer y él no. Pues bien, ese mismo día, cuando yo estaba leyéndole el periódico a tu padre, fue cuando se le acercó a Tomás Dávila un chivanni.

Tomás Dávila estaba sentado junto a la mesa de los talonarios, en el suelo la lata de pintura colorada, y el viejo se le acercó negándole con la cabeza que lo que él se llevaba y lo que ponía en el recibo fuera lo mismo. Tendría aproximadamente unos setenta años, una larga y puntiaguda barba totalmente cenicienta, la chilaba raída, las sandalias de esparto, las manos como dos sarmientos temblorosos y toda la espalda era un arco de sumisión que un bastón de la sujetaba hasta donde la dignidad humana parece que no existe. Tenía acierto aspecto de unos de esos santones tan venerado por nosotros, un morabito. Los españoles bien que cuidaban de protegerlos y de engatusarlos para su causa y su conveniencia. El que vivía cerca del molino, estaba más que comprado por Tomás Dávila y recibía un ziyart anual puntualmente. En más de una ocasión lo sacó de un mal apuro, pues era mucha su influencia. Así que aquel pobre viejo se puso a gritarle a tu padre en amazige. En seguida se agolparon unos cuantos curiosos apoyando la postura del anciano, y luego otros más.

Tomás Dávila se levantó, lo cogió de la pechera de su chilaba sin miramientos y lo empujó tan brutalmente que cayó haciendo un ruido, raro, como cuando se tira un objeto de madera. Se produjo un grave silencio, de fieras al acecho, de rifles de pelotón. Nadie decía nada. El viejo tirado en el suelo apenas gemía, parecía un montón de ropa, de ropa vieja y sucia en la entrada del porche, amparándose en su propio abandono, latiendo todavía, sin dignidad, con rabia que nadie vio, que nadie podía escuchar.

Tuvieron que meterlo en la batea de una camioneta del ejército y llevarlo a Quebdani para que lo curara el médico. Varias costillas rotas y el miedo sucesivo recorriendo miradas en los días de zoco.

De aquel hecho no se dijo nada. Tratarnos con mano dura por cualquier asomo de protesta era toda una consigna que se había extendido para asegurar la permanencia en el Protectorado.

-Comida y leña es lo único que entienden -dijo Tomás Dávila. Cuando lo comentaba en la cantina, ufano, una copa de tinto en su mano, duras y oscuras sombras en algunos ojos.

-Lo malo -le contestó Mariano Sepúlveda, el cantinero- es que nosotros sólo sabemos darle leña. Fíjese en Francia, le dan más duro que nosotros, pero al menos el gobierno mete mucho dinero y personal especializado.

Se llevó la copa a los labios y se la empinó de un solo trago. Detrás del mostrador el cantinero se la volvió a llenar. Era un hombre enorme y barrigón que se cubría con un mandil lleno de manchurrones su ropa. Había también en el salón del bar algunos soldados que estaban dando cuenta de una botella. El ambiente era rancio, avinagrado y en el techo un ventilador de grandes aspas giraba lentamente. Su ritmo parecía marcar la permanencia de un tiempo empeñado en girar sobre sí mismo. Removía el aire, pero era el mismo aire, el mismo humo de los cigarrillos, el mismo tiempo indolente. Sólo las moscas trataban de romper el vuelo acompasado de esa órbita perfecta que era el ventilador describiendo líneas errantes en la sala menos aquellas que daban con sus vidas en las tiras de los papeles reales que colgaban del techo.

-La semana pasada fueron tres bombas, una en el Hotel Darsa, otra en la Delegación de Hacienda una tercera en un local comercial. Esta última, dice el periódico, fue la que causó más víctimas -decía Tomás Dávila-. Al día siguiente, unos grupos de agitadores se infiltraron entre los manifestantes y con piedras, palos, barras de hierro y demás objetos contundentes arremetieron entre gritos subversivos contra los policías encargados de mantener el orden. Incluso algunos elementos vestidos de uniforme fueron apaleados y desarmados por los alborotadores. No hay derecho a que esto ocurra. No se puede permitir ser blando con esta gente. Fíjate en lo que hacen en cuanto se les permite un margen de confianza, que lo ven como una muestra de debilidad de nuestro Gobierno. Por eso te digo que nada de ser blando, nada de que se te suban a las barbas. Mano dura, Mariano, y ya está bien de contemplaciones con esta gentuza. El general Silvestre, ese sí que los tenía bien puestos, una autoridad así es lo que haría falta. Desengáñate, Mariano, al moro leña, y cuanta más mejor…”

Es un largo extracto de esta magnífica novela, pero creo que muy representativa de lo que Antonio Abad trata de transmitir al lector: la decadencia de un sistema colonial ya insostenible, la realidad pertinaz e inevitable que va arrinconando los delirios de grandeza de quienes acudieron a Marruecos a explotar el país y a sus gentes, el racimos y la xenofobia que también se dio entre muchos militares africanistas y entre muchos empresarios y busca fortunas, el trato denigrante al marroquí por parte de esos mismos personajes, el desmembramiento de una estructura social creada de manera artificial sólo apoyada en la razón de la fuerza, el origen del odio al invasor, las consecuencias inevitables de todo ello…

Quebdani, además de ser un libro de una calidad narrativa incuestionable, es, como ya he dicho, una novela necesaria para comprender qué fue el Protectorado español en Marruecos, en concreto, en la zona del Rif. Porque esa parte de nuestra historia común está llena de aristas y de historias hermosas y de otras historias terribles. Y todo ha de ser mostrado.

Sergio Barce, agosto 2020

Quebdani, ha sido editada por etclibros (eltoroceleste), primera edición 1997 y segunda en 2018.

antonio abad

ANTONIO ABAD

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ABDERRAHMAN EL FATHI, EN ESTA ORILLA

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El pasado 8 de noviembre, asistí en el Centro de Estudios Hispano-Marroquí de Málaga, al acto poético titulado <Del Estrecho a la ancha libertad de la palabra>, en la que intervenían cuatro escritores y poetas: Encarna León, Antonio Abad, José Lupiáñez y mi amigo el profesor Abderrahman El Fathi. Inmejorable ocasión para saludarlo, y disfrutar de su agitado y pasional verbo.

Intervención de Abderrahman el Fathi

Intervención de Abderrahman el Fathi

El acto no defraudó. Se habló largo y tendido del español escrito en Marruecos, de la visión orientalista que siempre ha impregnado a los escritores españoles que han ido abordando el tema de Marruecos, y otros aspectos de la escritura en las dos orillas, de lo que nos une en definitiva.

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Antonio Abad confesó que había vuelto a escribir poesía cuando en realidad es un narrador, algo de sus recuerdos de Melilla, de su visión sobre Marruecos. Los cuatro nos leyeron poemas deliciosos.

Abderrahman el Fathi puso la nota divertida, nos contó que él usa ese castellano que es le que se habla en Tetuán desde siempre, tan andaluz, y de la imborrable huella de la cultura española que aún se mantiene a duras penas en esa ciudad, y que él defiende con apasionamiento, como hispanista que es, y también contó alguna anécdota como ese esfuerzo que ha de hacer siempre cuando da sus lecciones a los alumnos en la Universidad de Tetuán, la Abdelmalek Essaädi de Tetuán, donde es profesor, para mantener la buena dicción de su castellano, remarcando los finales de cada palabra, y cómo, al terminar la jornada y salir, vuelve a hablar como él lo hace, comiéndose las consonantes de la última sílaba, con acento andaluz y tetuaní.

Sergio Barce y Abderrahman el Fathi, al término del acto

Sergio Barce y Abderrahman el Fathi, al término del acto

Entre los poemas que se leyeron, Abderrahman el Fathi nos deleitó con lo que él llamó fandangos morunos, de los que traigo dos de ellos para disfrute de los que entráis en mi blog. Dice el primero:

Tú te llevas

el corazón mío

y yo me quedo

con la tristeza y el dolor

de haberte perdío.

 Y en otro, El Fathi escribe:

 Andalusionando en mi balcón

decorando con jazmines

tus mañanas de domingo

dibujando con nubes de pasión

la medina de tu corazón.

Cerrado el acto, nos saludamos, nos alegró volver a vernos, no lo hacíamos desde las jornadas a las que me invitó en Tetuán el pasado año. Espero que se repita. Siempre es un lujo contar con Abderrahman el Fathi, escucharlo, leerlo.

Sergio Barce, noviembre 2013

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ESTA TARDE, POESÍA DE LAS DOS ORILLAS EN MÁLAGA

DEL ESTRECHO A LA ANCHA LIBERTAD

DE LA PALABRA

Hoy viernes 8 de noviembre de 2013,

a las 20.00 h. 

en el Centro de Estudios Hispano-Marroquí 

(Muro de San Julián, 33- Plaza del Teatro), 

”Del Estrecho a la ancha libertad de la palabra”

 poesía desde las dos orillas

En este acto intervendrán

Antonio Abad, Abderrahmán El Fathi,

Encarna León y José Lupiáñez.

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MALAGA: ESTE VIERNES 25 DE OCTUBRE, SERGIO BARCE HABLARÁ DE SU NOVELA “EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS” EN CAPITEL

En CAPITEL, después de recibir el mes pasado a Pablo Aranda, vamos a tener un nuevo encuentro con un novelista, más bien diríamos que es un reencuentro dado que disfrutamos ya de él el año pasado cuando nos presentó su novela “Una sirena que se ahogó en Larache”. Dicha novela fue una de las finalistas del Premio Andalucía de la Crítica 2012.
 
Será el Viernes 25 de Octubre, a las 20:00 h.

en <Capitel>, calle Villafuerte,26

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Sergio Barce es además de escritor, abogado y una persona con grandes inquietudes culturales. Sus novelas, además de la ya comentada: “En el jardín de las Hespérides” (2000); “Últimas noticias de Larache” (2004), “Sombras en sepia” (2006) Premio de novela Tres Culturas de Murcia 2006 evidencian junto con el contenido de su blog, una conexión íntima y viva de sus vivencias de infancia con Larache. De hecho su blog es  una permanente ventana a esa ciudad con tantos vínculos con España y con Málaga en particular. 
 
Consecuencia de ese entusiasmo por mantener el contacto y el conocimiento histórico con todo lo larachense, ha participado con el capítulo “La vida cotidiana durante el protectorado en la ciudad de Larache”  en el Volumen I de la publicación  en tres tomos de “El protectorado español en Marruecos” que se editó con la ocasión del centenario en 2013 de su creación.
 
En esta ocasión su nueva novela “El libro de las palabras robadas” se aleja de la temática habitual de relatos y novelas vivencias larachenses.
 
“El libro de las palabras robadas” es una novela de intriga y acción, un verdadero thriller que nos seducirá de la primera a la última página.

Víctor Pérez

Sergio Barce, en CAPITEL, durante la presentación de "Una sirena se ahogó en Larache"

Sergio Barce, en CAPITEL, durante la presentación de “Una sirena se ahogó en Larache”

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SERGIO BARCE EN “CAPITEL” por VICTOR PÉREZ BENÍTEZ

El pasado viernes acudí a un pequeño encuentro literario en el Taller de Pintura de Paco Selva, que tuvo la deferencia de invitarme para hablar de mis novelas y relatos con lo integrantes del Grupo Capitel, formado por artistas, tanto escritores como plásticos. Y la verdad es que fue un encuentro muy agradable y distendido. Además, lo aderezaron con un buen vino, y hasta con chuparquía. Uno de sus integrantes es Víctor Pérez, poeta, que ha escrito un pequeño comentario de nuestro encuentro y de mi última novela, que acababa de leer. Con su permiso, comparto con todos vosotros sus impresiones.

Sergio Barce, abril 2012

En Capitel: el poeta Víctor Pérez, Sergio Barce, Paco Selva y el también poeta Jose Luis Ortiz

 Sergio Barce en “Capitel”

por Víctor Pérez Benítez

Sergio Barce nos visitó el Viernes día 30, fue una velada especial, la personalidad de este escritor nos llenó, nos inundó de color a Larache, de aromas exóticos, de especias sabrosas de una tierra tan cercana geográficamente y tan alejada en otros aspectos.

Sergio nos habló sobre sus experiencias de niño en Larache, de su llegada con 13 años a Málaga donde estudió en los Maristas, del contraste de una ciudad a otra, del sueño del recuerdo que siempre le lleva a escribir sobre sus emociones y sus diversiones de aquel paraíso perdido.

“El jardín de las Hespérides”, “Ultimas noticias de Larache”, “Retrato en sepia” y su último “Una sirena se ahogó en Larache” son obras que fueron comentadas por el autor, en todas ellas como digo, corre un río de recuerdos que le unen a esa joya atlántica, a ese territorio que España amó y abandonó a su suerte.

“Una sirena se ahogó en Larache” es una novela que gira en torno a la vida, las aventuras y desventuras de un niño llamado Tami, un niño de nueve años que sueña ser Saladino y Barbarroja, un niño con un padre amargado por una existencia anodina, con un abuelo al que le une una relación especial, un hermano que solo desea escapar hacia España, de una pandilla de amigos que le acerca a la aventuras y a más de una desventura.

Interviene el escritor Antonio Abad

Recojo una parte que considero define un poco el estilo de la novela:

Entran en el edificio y cruzan la zona del patio donde hay más gente a esa hora. Se adentran por la nave principal zigzagueando a la masa que se mueve lentamente por los pasillos interiores. A Tami le gusta esta construcción con sus tejados verdes, sus paredes blanqueadas, con ese aire de sueño nazarí que a él le parece un pedazo perdido de los antiguos palacios omeyas que hubiera llegado a Larache a la deriva empujado por las olas hasta dejarlo allí. Tami es imaginativo, todo lo transforma en algo más sutil, en algo más romántico, siempre una aventura.

Colores, olores, de especias y de fútbol, de risas y de llantos, de ternura y de crueldades, toda una amalgama intensa de sabores perdidos, de ambientes familiares que nos recuerdan nuestra infancia.

La aparición de la sirena envarada en la playa, solo es contemplada por Tami, la visión le induce a soñar con ella, es este momento donde la novela alcanza sus mejores momentos poéticos, realmente impresionante leer lo que el niño siente:

“…Las pestañas que parecen de sal… Las lágrimas de la mujer-pez son como tinta que escribieran un largo poema en sus mejillas ya secas, un largo poema cuyos versos piden auxilio...

En definitiva, una buena selección como una de las novelas mejor escritas en Andalucía en 2011 y fuerte candidata para ser la mejor. (y eso que no he leído las restantes)

Buena suerte, se la merece.

Blog de Víctor Pérez:

siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com

Sergio Barce, Paco Selva y Jose Luis Ortiz

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