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“EL CASTIGO” (LA PUNITION, 2018), UN LIBRO DE TAHAR BEN JELLOUN

   De Tahar Ben Jelloun he escrito en varias ocasiones, y quizá me repita al afirmar que Sufrían por la luz (Cette aveuglante absence de lumière, 2001) es, de entre sus libros, el que más me ha impresionado.

EL CASTIGO portada

Ahora llega El castigo (La punition, 2018) que sigue la estela marcada en aquella obra, pero narrando en esta ocasión no un suceso que le ha contado una tercera persona, sino una experiencia propia, la vivida por Tahar Ben Jelloun siendo muy joven cuando, en 1966, junto a otros noventa y tres estudiantes, fue encarcelado primero en El Hayeb y luego trasladado a Ahermumu, donde permaneció en total diecinueve meses, por haber participado en una manifestación pacífica contra la corrupción imperante, pidiendo justicia y democracia, y que acabó reprimida violentamente por las autoridades. Pero era la época de los años de plomo de Hassan II, y el calvario posterior para estos estudiantes fue una pesadilla.

“…5 de junio de 1967: ha estallado la guerra entre Israel y los países árabes. Alerta máxima. Nos han convocado a las seis de la mañana. El gran jefe nos va a comunicar algo. Aún no hace calor. Estamos a la espera. Se presenta en uniforme de combate, gafas negras, fusta bajo el brazo. Se diría que va a rodar un anuncio publicitario, del estilo <¡Alístate en el ejército: el mundo en tus manos!>. Se dirige a nosotros: <El enemigo sionista ha atacado. Nuestros hermanos de Egipto, Siria y Jordania combaten con valentía. Debemos estar preparados para acudir en su ayuda en cualquier momento, ya que estamos en guerra. ¡Todos en modo de combate! ¡Firmes! ¡Descansen! ¡Firmes! ¡Descansen!>.

A Marcel lo han convocado al despacho del teniente coronel. Ha sido liberado por orden de Rabat. Deben evitar cualquier incidente con un judío. Marcel recoge su ropa de paisano, la pone en una bolsa y se despide de nosotros, uno por uno. Algunos le dicen <qué suerte tienes>; otros, <vuelve pronto>. Hay incluso alguno que lo critica: <Lo han soltado para ir a combatir con sus hermanos sionistas>. Marcel nunca dudó de su identidad marroquí, árabe y judía. Forma parte de esos miles de familias judías que siempre vivieron junto a los musulmanes. Una vez nos contó que unos agentes del servicio secreto israelí fueron a convencer a sus padres de emigrar a Israel. Su padre ejercía el oficio de colchonero, heredado de padre a hijo. Se negó rotundamente. El agente lo amenazó diciendo que tomarían represalias contra él. Le respondió: <Yo estoy bien aquí. ¿Qué pinto yo al lado de unos polacos o americanos solo por el hecho de ser judío?>. El agente había vuelto a la carga, pero el padre de Marcel se mantuvo en sus trece.”

Eso es lo que nos cuenta con este relato Tahar Ben Jelloun: su tortura y la de sus compañeros. Y párrafos como el anterior tienen una gran carga de significado.

Pero lo curioso de la historia, es que todos ellos estuvieron bajo las botas del sargento Aqqa y del comandante Ababu, y luego el general Madbuh, personajes siniestros de la historia de Marruecos del siglo XX que posteriormente protagonizaron el sangriento atentado contra el rey Hassan II en Sijrat, que ocasionó más de cien muertos, pero que no acabó con la vida del monarca que sobrevivió milagrosamente al esconderse en los cuartos de baño. Finalmente, Tahar Ben Jelloun y sus amigos tuvieron la suerte de que no formaron parte del grupo de los 1.400 cadetes que estos militares utilizaron bajo engaño para perpetrar la matanza y el atentado fallido del monarca.

TAHAR BEN JELLOUN

TAHAR BEN JELLOUN

Pero antes de ese cruento episodio, esta novela nos cuenta el calvario sufrido por esos estudiantes románticos e idealistas bajo un régimen inflexible e inhumano. El trato vejatorio, las humillaciones, los padecimientos pasan ante nuestros ojos y nos estremecemos ante tales injusticias. Imaginar lo que soportó Tahar Ben Jelloun, viéndose humillado por militares inmorales y corruptos, con la única compañía de un solo libro, impresiona.

“…Tengo junto a mí la novela de James Joyce. La he llevado de un lado a otro y está sucia e impregnada de ese olor del cautiverio. Al abrirla, no consigo pasar más de una o dos páginas. No leo, solo recuerdo. Y los recuerdos no huelen bien. Mr. Joyce, le pido disculpas, su obra maestra se ensució con unos sufrimientos que ni remotamente hubiera usted imaginado. Se ha visto mezclado a algo brutal, enlodado por un entorno triste y nauseabundo. Pero su presencia me ayudó tanto…”

Ciertamente, ni El Hayeb ni Ahermumu eran el presidio de Tazmamart, un lugar que con solo pronunciarlo en Marruecos estremece a quien lo oye, pero es indudable que los tres centros significan lo mismo y tenían la misma finalidad: anular al disidente, acallar las críticas y aplastar la oposición del régimen, aunque fuese democrática y pacífica, aunque se tratase de jóvenes estudiantes.

Es de lectura fácil, sin florituras de ningún tipo, y se hace ameno. El retrato de esos personajes infames que actuaban por encima de la ley y de la moral refleja a la perfección el tipo de personas que eran y, por supuesto, logra que nos sintamos solidarios con esos estudiantes y, obviamente, con Tahar Ben Jelloun.

El castigo (La punition) ha sido publicado por Cabaret Voltaire, con traducción de mi querida Malika Embarek López.

Sergio Barce, mayo 2020

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“SEXO Y MENTIRAS. LA VIDA SEXUAL EN MARRUECOS”, UN LIBRO DE LEILA SLIMANI

El sexo es un tema recurrente y fundamental en la narrativa de los escritores marroquíes. Hay están títulos como El pan a secas (Al jubz al-hafi, 1972) de Mohamed Chukri, Aixa, el cielo de Pandora (2007) de Mohamed Bouissef Rekab, El último patriarca (L´ultim patriarca, 2008) de Najat el Hachmi, Mi Marruecos (Mon Maroc, 2009) de Abdelá Taia, o No (2016) de Said El Kadaoui Moussaoui, por nombrar solo algunas de las novelas, diarios o relatos autobiográficos a los que he dedicado algún artículo.

El libro de Leila Slimani, Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) lo aborda sin embargo desde otra perspectiva con este interesante ensayo que nace de varias entrevistas que, a lo largo del tiempo, la autora realiza a mujeres marroquíes. Y el resultado es un retrato real y descarnado de la realidad sexual del país. Una realidad que se mueve en ese extraño y complicado equilibrio entre tradición,  religión, costumbres e hipocresía, y modernidad, libertad, ruptura y represión.

Sexo y mentiras portada

Nur, una de las mujeres entrevistadas por Leila Slimane, cuenta:

“…En mi oficina, por ejemplo, soy la única que no lleva hiyab. Trabajo rodeada de hombres. Un día me puse una falda corta, y tenía la impresión de ir desnuda. Fue horrible. No lo volveré a hacer jamás.

Antes, nos reuníamos las amigas en casa de alguna de nosotras y lo pasábamos bien. En un momento dado, la cosa cambió. Las reuniones se convirtieron en veladas religiosas, y todas me preguntaban las razones por las que yo no me cubría la cabeza. Había una especie de competencia, de rivalidad, para ver quién era la más piadosa. Me niego a que me impongan ese chisme en la cabeza. Mi madre lleva pañuelo, y no me molesta. Puede que llegue el momento en que yo me lo ponga, pero tiene que venir de mí.”

Leila Slimane no se limita a reproducir lo que le cuentan esas mujeres, algunas de ellas confesándose abiertamente por vez primera, sufriendo incluso al hacerlo, pero derrochando una sinceridad y un gran arrojo. Leila además analiza los gestos de sus interlocutoras, sus reacciones ante sus preguntas, interpretando sus silencios. El ejercicio resulta conmovedor en ocasiones.

La elección de los personajes entrevistados también es un acierto, porque abre el abanico desde las mujeres más humildes (simples amas de casa, una prostituta…) hasta profesionales o mujeres independientes (una administrativa, una doctora…). El espectro es amplio y eso hace que el retrato sea más contundente. Porque lo que rezuman estas páginas es la evidencia de que el patriarcado sigue campando a sus anchas en Marruecos, de que la vida diaria de la mujer marroquí sigue desarrollándose bajo normas y leyes pensadas para que la mujer continúe siendo un ser sumiso e invisible, de que pese a los evidentes avances de los últimos años aún estamos muy lejos de ver a las mujeres sentarse solas libremente en las terrazas de los cafetines o fumando mientras pasean o vistiendo faldas cortas o pantalones demasiado ceñidos… Las convenciones y la religión cayendo como losas sobre ellas.

En el capítulo titulado “Asma Lamrabet” (cada capítulo de este libro arranca con el nombre de la persona entrevistada o de la que Leila Slimane habla) leemos lo siguiente:

“…Los musulmanes cuentan con una larga tradición escrita, mantenida por los eruditos, que no ven incompatibilidad entre las necesidades del cuerpo y las exigencias de la fe. La literatura y el arte eróticos florecieron en el período que va de los siglos IX al XIII, mientras la civilización islámica estaba en su apogeo. Como me recuerda el escritor Tahar Ben Jelloun: <La mayoría de los adolescentes de hoy han leído El jardín perfumado del jeque Nefzaui, escrito en el siglo XIV a petición de un príncipe que quería saber cómo hacer el amor y obtener el máximo placer. No debemos olvidar que el texto comienza con la fórmula Bismillabi arrabman arrabim, es decir, En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo>.

(…) …Para el tunecino Abdelwahab Bouhdiba, que publicó en 1975 La Sexualité en Islam, una obra convertida en clásica, la visión severa, puritana y sombría de la sexualidad está en contradicción con el propio espíritu del islam. Para él: <Redescubrir el sentido de la sexualidad es redescubrir el sentido de Dios, y a la inversa. (…) Una sexualidad plena equivale a una libertad ganada>. En su libro, Bouhdiba recuerda una perspectiva olvidada de la sexualidad en el islam: la de una relación carnal jubilosa, placentera. Narra una cultura en la que el cuerpo no se niega ni se reprime y en la que el coito se asimila a un momento de oración. Según él, la solución no consiste en calcar el modelo occidental en las sociedades musulmanas. Hay que encontrar una tercera vía y liberar el sexo con la religión en lugar de contra esta.”

Leila Slimane

LEILA SLIMANE

Lo religioso lo impregna todo, y si la interpretación es estricta y restrictiva, la represión se hace casi insoportable. Leila Slimane no elude su posicionamiento y es crítica con esa sociedad machista que anula el desarrollo individual de la mujer marroquí. De entre esos personajes que retrata en su ensayo, quizá sea el de Malika el que más me ha conmovido. Malika le cuenta a Leila su dura lucha diaria por mantenerse como una mujer independiente, pero nada es fácil. Su soltería es ya un problema en sí misma. Relata Leila Slimane:

“…Si sigue soltera no es por casualidad. Malika parece haber sufrido muchos desengaños amorosos. <El tipo con quien yo salía, que estudió en el liceo francés, era muy abierto, muy comprensivo. Sin embargo, a la hora de casarse lo hará con una chica más joven que él, y virgen. Al mismo tiempo, se jactaba de acostarse habitualmente con prostitutas. Cuando me enfadé por su actitud, me dijo: “Eres una intolerante. Estoy en mi derecho de querer follar y a la hora de casarme elegir una novia virgen”. No lo consideraba como una esquizofrenia. Al igual que la de muchos hombres, su sexualidad es inmadura>. Malika ha repetido varias veces que los hombres tienen más oportunidades de elegir, aunque padezcan también esa hipocresía…

(…) En Marruecos es difícil para una mujer que no esté casada llevar una vida social; a partir de cierta edad, resulta imposible si no estás en pareja…”

Esta última frase de Leila Slimane es lapidaria, y me transmite una sensación de tristeza. Leer estas confesiones, sin embargo, nos devuelve la fe en la fuerza de estas mujeres. Mujeres que, en algunos casos, caminan a contracorriente, pero con una seguridad apabullante. Sin embargo, es evidente que queda mucho por recorrer y que el sendero está lleno de trampas y de peligros.

Sexo y mentiras abre una puerta que permanecía cerrada, y nos permite ser testigos de los sentimientos mas íntimos de estas mujeres a las que admiro profundamente.

Sergio Barce, mayo 2019

Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) está editado por Cabaret Voltaire, con traducción de Malika Embarek López.

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“LA ROMANÍA DE LAS MIGRACIONES: LITERATURA DE IDA Y VUELTA”, DE JUANA CASTAÑO RUIZ

En el Volumen 16-17, de los Estudios Románicos, publicado por la Universidad de Murcia, la profesora Juana Castaño Ruiz me incluía entre los escritores que menciona en su artículo titulado La romanía de las migraciones: Literatura de ida y vuelta. Es un texto por supuesto  erudito, pero también muy interesante para quienes hemos vivido en Marruecos o que provenimos de emigrantes que se buscaron la vida al otro lado del estrecho. Por supuesto, es muy revelador para quienes nos hemos lanzado a escribir sobre aquella experiencia. Personalmente, además, me enorgullece aparecer al lado de autores que la talla de Lobo Antunes o Ben Jelloun, y especialmente de Pablo Aranda, al que, además de admirarlo, me une un afecto sincero.

Sergio Barce, enero 2015

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LA ROMANIA DE LAS MIGRACIONES:
LITERATURA DE IDA Y VUELTA
de Juana Castaño Ruiz

(Extracto)
(ISSN: 0210-4911 – Universidad de Murcia – Murcia, 2008)

I. DEL IMPERIO A LOS IMPERIOS

Cuando el Imperio Romano se rompe como entidad política, el término Romania seguirá representando su herencia desde el punto de vista lingüístico y cultural. Esa herencia está hoy representada por las lenguas románicas descendientes del latín. Si recordamos la historia de estas lenguas para llegar a la actualidad, debemos partir de la implantación de la lengua latina como consecuencia lingüística de la romanización, lo que se conoce como latinización. Se impuso el latín en territorios muy amplios y sobre lenguas muy distintas (las llamadas lenguas de sustrato) como el galo, el etrusco, el ibérico o el dacio, acabando con todas esas lenguas, aunque dejaron su huella en la lengua conquistadora. Tras la ruptura del Imperio, el latín recibiría la influencia del germánico y del árabe (lenguas de superestrato), que contribuirían a la configuración de las lenguas románicas. Se dice que el francés, el español o el italiano representan el latín hablado en el siglo XXI, puesto que estamos ante un grupo de lenguas que suponen un estadio en la evolución ininterrumpida de la lengua latina a lo largo del tiempo. Las lenguas de sustrato desaparecieron, aunque dejando marcas, al ser sustituidas por el latín, mientras que éste se transformó en las lenguas románicas, recibiendo influencias de las lenguas de superestrato. (…)

Imperio Romano - web Raíces de Europa

Imperio Romano – web Raíces de Europa

Hoy, los lugares ocupados por las lenguas románicas no se corresponden exactamente con los lugares a los que llegó el latín y el primitivo concepto de Romania se ha matizado con otros que nos explican su situación en el mundo actual. Muchos territorios no se romanizaron por completo y se perdieron para la romanización desde el punto de vista lingüístico. O se romanizaron superficialmente, de manera que se mantuvo la lengua de origen o se impuso como lengua posterior. (…)

(…) Debemos insistir en la importancia de las migraciones para la expansión de las lenguas y las culturas en distintas etapas históricas. Del latín a las lenguas románicas, pero también la expansión del español en el siglo XV con la expulsión de los judíos españoles y la llegada de los españoles a América. En la actualidad, la lengua y la española cumple con un importante papel comunicativo en Estados Unidos como consecuencia de la llegada de hispanos de diverso origen. (…)

(…) En nuestro tiempo asistimos a un fenómeno mundial de grandes oleadas migratorias debidas a causas políticas y económicas, fundamentalmente, que tienen como resultado la llegada de inmigrantes a países de acogida distintos al suyo para establecerse en busca de mejores condiciones de vida. Las sociedades se están convirtiendo en sociedades multiétnicas, lo que no es nuevo en el caso de las comunidades románicas. Recordemos que el Imperio Romano fue también un mosaico de poblaciones y de culturas, al que se refiere Giovanni Sartori al hablar de la conciencia que se tiene en la sociedad moderna de que el ciudadano nace con la Revolución Francesa: “En realidad, el civis romano es anterior a 1789. Y el Imperio Romano, en tanto que era poliétnico, policultural, politeísta y, en resumen, “poli-todo” (hubiera sido un verdadero manjar para los multiculturalistas), estaba precisamente cimentado en la protección que la ciudadanía romana suministraba a los pueblos que lo aceptaban y la pedían”. (…)

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Otros libros, otros autores: A FUEGO VIVO (Par le feu, 2011) de TAHAR BEN JELLOUN

Novela corta escrita con urgencia, como si apremiara relatar este hecho histórico, sobre lo ocurrido en la vida cotidiana de Mohamed Bouazizi en los días inmediatamente anteriores al 17 de diciembre de 2010, día en el que, desesperado, este joven tunecino se inmoló dando lugar a la revuelta popular que derribó al dictador Ben Alí.

Tahar Ben Jelloun imagina la vida y las penurias de este chico que, tras la muerte de su padre, ante la imposibilidad de encontrar trabajo como licenciado en Historia, no tiene más opción que, para mantener a su familia, sustituir a su padre fallecido trabajando con su carro para vender fruta. Pero este hecho, aparentemente obvio, casi natural por pura inercia, se transformará para Mohamed en un verdadero calvario.

Tahar Ben Jelloun

 <Por la mañana temprano, Mohamed se aseó. Por primera vez desde la muerte de su padre, decidió rezar. Se vistió todo de blanco. Se madre dormía, se acercó a ella y le dio un beso en la frente sin despertarla. Observó de pasada a sus hermanos y hermanas. Salió apresuradamente. Se llevó la vieja motocicleta de su hermano, se detuvo en una estación de gasolina y pidió que le llenaran con gasoil una botella de plástico de agua mineral vacía. Puso la botella en una bolsa y se dirigió al Ayuntamiento.

Pidió ver a algún responsable.

Nadie quiso recibirlo.

Regresó al  lugar donde los dos agentes le habían confiscado su carreta.

Estaban allí, y la carreta en una esquina. Vacía.

Mohamed se presentó y dijo que quería recuperar su carro.

El agente le dio una sonora bofetada y lo insultó.

-¡Toma, rata asquerosa, largo de aquí antes de que te destripe, venga, largo de aquí!

Mohamed amagó un gesto para defenderse. El agente le dio otro bofetón y le escupió en la cara:

-Asqueroso, nos estás amargando el desayuno, maleducado, mal nacido…

Mohamed estaba postrado. En silencio, sin moverse, con el rostro paralizado, los ojos enrojecidos, las mandíbulas crispadas, algo iba a estallar, se quedó en esa posición durante dos o tres minutos, como una eternidad.

El agente:

-Venga, largo de aquí, no volverás a ver tu carreta jamás. Olvídate, nos has faltado al respeto. Y eso, eso se paga en nuestro querido país.

Mohamed tenía la boca seca, la saliva amarga. Le costaba respirar. Se dijo: Si tuviera un arma, vaciaría todo el cargador en estos canallas. No poseo ninguna, pero sí mi cuerpo, mi vida, mi condenada vida, ésa es mi arma…>

Los abusos de los agentes de policía, que durante años rapiñaban de los vendedores ambulantes dejándoles situar sus carros en los mejores lugares a cambio de dinero, se ceban en Mohamed de una manera constante. Su dignidad como hombre y como ser humano, le hace resistirse a esos abusos, y trata de sacar adelante a los suyos trabajando calladamente, buscándose la vida de una manera honrada. Sin embargo, esos policías corruptos no cejarán en demostrarle que ellos son quienes detentan el poder, y después de humillarlo públicamente, la desesperanza, el dolor, su propio orgullo y su decencia, le harán rebelarse contra la injusticia que soporta. Verse desoído por quienes debieron ayudarle, verse desposeído de cualquier legitimidad por el solo hecho de ser pobre, le llevarán finalmente a tomar la decisión que cambiará la historia de su pueblo, y la historia de todo el Magreb, y que aún continúa en marcha.
Sin ser, como digo al comienzo, una gran novela, pero sí una especie de relato de investigación periodística, Ben Jelloun trata de dejar plasmada la historia de este hombre humilde como una prueba ineludible de lo acaecido, y de mostrar cómo el abuso del poder puede llevar a una persona a una situación extrema. Lo que sí se nota en la novela, su mayor virtud, es la tensión de la emoción y la tensión de la rabia que la historia de Mohamed Bouazizi causa en Tahar Ben Jelloun. Unos hechos que no deberían olvidarse jamás. Y al ver además lo acaecido en los últimos días en Rabat, nos deben hacer reflexionar muy profundamente.   

                                                                                                          Sergio Barce, enero 2012

Tahar Ben Jelloun nació en Fez en 1944. Quizá el escritor marroquí vivo más conocido. Toda su producción está publicada en Francia. Entre sus obras destacan “El niño de arena” (L´enfant de sable, 1987), “Día de silencio en Tánger” (Jour de silence à Tánger, 1990), “El ángel ciego” (L´ange aveugle, 1994),  “Sufrían por la luz” (Cette aveuglante absence de lumière, 2001), “Partir” (2005) o “La  noche sagrada” (La nuit sacrée, 1987) por la que obtuvo el Premio Gouncourt.

El fragmento de la novela está tomado de la edición de Alianza Editorial, 2011, con traducción del francés de Malika Embarek López.

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“EL RETORNO” (Au pays) de TAHAR BEN JELLOUN

La primera vez que oyó la palabra moro fue en un vagón de tren donde el revisor insultaba a un viejo argelino que no encontraba su billete. Mohamed no sabía qué significaba, pero entendió que debía ser algo poco amable, un insulto. El argelino se puso de pie y empezó a desnudarse como si le hubieran ordenado que se dejase registrar. El revisor le dijo así como vale, vale, ya, estos moros nunca entienden nada.

Nueva novela de Tahar Ben Jelloun que me parece lejos de su briosa, emocionante y vibrante narrativa de, por ejemplo, SUFRÍAN POR LA LUZ. Ahora, EL RETORNO (Au pays), publicada en Francia en 2009, llega a España. Tanto la imagen de su portada, que nada tiene que ver con lo que se relata en el libro, como la contraportada, nos crea una expectativa diferente a lo que encontramos en sus páginas.

Lo termino, y mi impresión es la de haber leído una historia gélida, a veces confusa, y muy contradictoria precisamente con las contradicciones que plantea. Tengo la impresión de que Tahar Ben Jelloun tiene una intención cuando se enfrenta a esta historia, pero que, al final, acaba por no encontrar ni el tono ni el pulso. Hay momentos excelentes, pero la historia de Mohamed, este hombre a punto ya de jubilarse, con una fría y distante relación tanto con la  mayoría de sus hijos como con su mujer, que ha vivido como emigrante en Francia y que, al jubilarse, regresa a su pequeña aldea, no acaba de cuajar.

 …estoy triste desde que llegué a Francia, este país no es el culpable de mi tristeza, pero no me ha dado motivos para sonreír…

 No olvides nunca, hijo, de dónde vienes. Dime: ¿es cierto que te haces llamar Richard? ¡Richard Ben Abdalá! No pega nada, maquillas el nombre pero el apellido te delata, Ben Abdalá, ¡hijo del adorador de Alá! ¡No pega! ¿Cómo lo has conseguido? ¿Te has cambiado también el apellido? ¡Ah, has suprimido al adorador de Alá y has dejado Ben! Sí, así te confundirán con un judío, eso es, quieres borrar tus orígenes y hacerte un hueco, lograr un taburete entre los fransauis, y si son judíos, mejor. ¿Te ha funcionado el truco? ¿Encuentras trabajo con más facilidad? ¿Lo has hecho para que te dejen entrar en las discotecas? No me contestó, y se marchó corriendo… ¡Richard!

Tahar Ben Jelloun

Ben Jelloun se esfuerza por mostrarnos el choque cultural e identitario que se produce en un emigrante marroquí que, desde su llegada a Francia, trata de cumplir con su trabajo en el país que le acoge, y esas contradicciones las materializa en lo que este personaje piensa de la conducta de los franceses, de su concepto de la familia, de su ritmo de vida, y que no comprende, como tampoco entiende que sus hijos puedan sentirse más franceses que marroquíes; y, por otro lado, el mismo personaje ensalza los logros de esa sociedad que le ha acogido, la sanidad, por ejemplo, mientras echa de menos a su país pero curiosamente recordando su aldea como algo estéril, yermo, y sin futuro.

Había conservado de su llegada a Francia unas imágenes que aún hoy recordaba: unas paredes grises, casi negras, unos rostros cerrados, una muchedumbre densa caminando apresurada y silenciosa, un olor extraño a polvo y a perfume vulgar. Los barrenderos de las calles y del metro eran gente de color. Había ricos; otros, algo menos, pero todos circulaban en coches casi nuevos. Unos enormes carteles publicitarios exhibían a mujeres ligeras de ropa o a animales alabando la calidad de las máquinas de lavar. No entendía qué pintaban en esos anuncios los gatos y los perros. Tuvo que pisar una caca para darse cuenta de que éstos estaban por todas partes en este país. ¿Por qué eran tan numerosos? En su pueblo, un perro era obligatoriamente un intruso, un animal que había que alejar a pedradas. Si un perro o un gato pasaban delante de él mientras hacía el rezo, estaba obligado a anularlo y a empezar de nuevo. Los animales son portadores de gérmenes nefastos para el musulmán. Hay que evitarlos; por cierto, en el paraíso no habrá perros. ¡Eso era pues Lala Fransa! Una extraña promesa.

Sí hay que reconocer que Ben Jelloun es realista y crítico con el Marruecos de la época de Hassan II, y que describe con mucho acierto el país:

Dicen que los fransauis quieren a los marroquíes pero odian a los argelinos, los pobres argelinos  no han tenido suerte… (…) tienen petróleo y gas (…) y, sin embargo, los argelinos emigran, cada vez son más los que vienen a instalarse en Fransa, qué desgracia, un país tan rico y un pueblo tan pobre.

(…) En Marruecos es distinto. Somos pobres, siempre lo hemos sido. La gente de la ciudad vive mejor que la del campo. Pero nosotros tenemos el majzén, o sea, al caíd, al bajá, al gobernador, a los representantes del poder central que mandan en nosotros. No se sabe cómo funciona, pero el majzén es la gendarmería, la policía y el ejército, y hacen lo que les da la gana. El que es pobre no tiene ningún derecho. Padece y calla. Al que protesta lo hacen desaparecer. Ése es el Marruecos que dejé en 1960 antes de tomar el tren y luego el barco y luego el tren para llegar a Lala Fransa.

La muerte y el tiempo obsesionan a Mohamed, el protagonista. Pero a mi entender, es el tiempo, el devenir y el cambio que supone el paso a la jubilación, lo que mejor funciona en el relato, mientras que la muerte se transforma en algo que ni conmueve ni lamentamos. Tal vez la escritura de Ben Jelloun sea demasiado fría y distante, el cambio de la tercera a la primera persona en el relato se hace de manera abrupta, en este caso perjudicando al propio texto. Sin embargo, como digo, hay buenos pasajes al tratar el paso del tiempo.

El tiempo. Le daba igual el tiempo, era su enemigo, el que iba a enfrentarlo por primera vez en su vida a sí mismo y a los demás. Lo comparaba con una cuerda larga que no siempre resiste.

(…) El tiempo tenía varias caras, era un traidor que poco a poco lo iría quebrando para acabar con él…

(…) Le gustaba el cansancio que sentía después del viaje, un bello y pesado cansancio, el del deber cumplido, el de la derrota del tiempo, pues, una vez en la aldea, ya no le hacía caso.

Dos elementos privan a la novela de ser un relato que nos conmueva: el primero, que no desarrolla en ningún momento la relación afectiva entre Mohamed y sus hijos, nos lo esboza, lo cuenta desapasionadamente y no se adentra en ello, por tanto, no nos hace cómplices del sufrimiento y la frustración del protagonista. Por ejemplo, la relación con su hija Yamila la despacha con unas pocas líneas:

Yamila, su hija mayor, sin tener en cuenta la oposición de sus padres, se había casado con un italiano. Mohamed ya no la veía. Fue doloroso que un no musulmán entrase en su familia. Para él, ella ya no era su hija. Al principio, intentó convencerla, pero Yamila estaba enamorada, se negaba a cualquier discusión, se enfadaba de un modo inhabitual en ella. Es mi vida, no la tuya, no me vas a impedir que viva porque seamos musulmanes. Y además, ¿qué religión es esa que permite a un hombre casarse con una cristiana o una judía y se lo prohíbe a las chicas? ¿Qué significa eso? ¿Crees que seré más feliz con un tipo de nuestra tierra, uno de esos miserables campesinos que me van a encerrar mientras él va a emborracharse con sus amigotes? No, gracias, papá, despierta de una vez, mi vida la decido yo, tú puedes darme tu bendición, si quieres, y, si no estás conforme, no podré hacer nada contra esa estupidez. Estás enfermo, necesitas ayuda. Él agachó la cabeza y se fue, con lágrimas en los ojos. Su mujer intentó calmarlo diciendo que ese matrimonio no funcionaría y que ella regresaría pronto a casa. Él contestó, algo aturdido: ¿qué significa eso de estar enamorada? ¿Qué es este lío que me cae encima como una casa en ruinas y me aplasta la espalda? ¿Acaso tú, yo, nosotros, estábamos enamorados? No sé qué significa eso.

El segundo, más evidente, es cómo se plantea la segunda parte de la historia. Cuando Mohamed ha de jubilarse, que para él es como morir, piensa en regresar a su aldea y construir allí su casa. Este hecho es un fenómeno habitual en Marruecos: los extrarradios de todas las ciudades han crecido vertiginosamente con las viviendas que han ido construyendo las familias que trabajan en el extranjero y que, con ello, muestran a sus conciudadanos cómo han logrado su éxito personal, cómo han prosperado hasta la posibilidad de poder construirse su propia casa en la que pasarán el resto de sus vidas cuando vuelvan.

 Repetía: quiero una casa grande, más grande que todas esas chabolas de la aldea, tan grande como mi corazón…

 Pero en el caso de esta novela, este hecho tan habitual, como digo, se convierte en el giro más extraño de “El retorno”. Cuando Mohamed llega a su aldea, que tanto echaba de menos, de pronto Ben Jelloun nos la muestra como un lugar fértil y verde. Y sin aparente razón, esta novela realista, casi un retrato documental de ese hombre, se transforma como por ensalmo en una novela entroncada directamente con el realismo mágico. Es aquí donde a mi entender la novela se rompe completamente y deja al lector en el aire. Pasa de un realismo amargo a la fantasía más absoluta, con la descripción de Mohamed sentado en ese sillón que instala a la puerta de su recién acabada casa, esperando inútilmente la llegada de sus hijos. Lo que podía haber sido un final emocionante, pasa a ser un extraño epílogo que nos deja absolutamente indiferentes. Si la novela es mágica, la magia se ha de intuir al menos desde las primeras páginas; si la novela es realista, amarga y descorazonadora, como lo es “El regreso”, las quince últimas páginas no pueden ser diferentes, a riesgo de cercenar el conjunto. Incluso el último párrafo es precipitado y en él se intuye la urgencia por acabar cuanto antes.

Pero le reconozco a Tahar Ben Jelloun, como siempre, la solidez de su escritura y su valentía al plantear ciertas cuestiones que afectan a la cultura marroquí y a la religión que, otros autores, ni se atreven a plantear.

 Sergio Barce, octubre 2011

 Los fragmentos que reproduzco de la novela, están tomados de la primera edición de “El retorno” publicada por Alianza Literaria, con traducción del francés de Malika Embarek López.

TAHAR BEN JELLOUN fue Premio Goncourt de Novela en 1987 por “La noche sagrada”.

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