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«EL LATIDO DE AL-MAGREB», UNA NOVELA DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

Pablo Martín Carbajal ya me sumergió en una historia increíble con su novela Tal vez Dakar, de la que escribí una reseña, y que tuve la suerte de presentar en Málaga. Aquel libro me descubrió a un gran narrador. Su nueva novela, El latido de Al-Magreb, me reafirma en aquella impresión.

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El latido de Al-Magreb (MAR Editor) no es solo una novela de misterio o aventura, que lo es, sino también una obra audaz y rompedora, quizá hasta polémica para alguno, capaz de desmenuzar la historia de Marruecos, de Mauritania y del Sahara a través de interesantes reflexiones y también de flash backs sobre tres líderes llenos de carisma: el marroquí Allal El Fassi, el mauritano Moktar Ould Daddah y el saharaui El Ouali Mustafá Sayed; pero también, a través de sus personajes, de indagar en la cultura, en la filosofía y en la religión que impregna la vida de cada lugar en los que se desarrolla la trama.

“…Una reputada cantante, Haja Hamdaouia, popularizó una canción que criticaba al falso sultán -Bachir detuvo un momento su relato para tararear una melodía en árabe- y que se escuchó por todo el país. Fue tanta la identificación del pueblo con Mohamed V que la gente creía ver su rostro reflejado en la luna, como una presencia constante, reflejo de un ferviente deseo de que volviera, son ese tipo de cosas las que ayudan a construir un mito.

-¿Y usted que piensa de eso? -lo interrumpí-. ¿Que su rostro se reflejase en la luna? -nada más terminar de hacer la pregunta me arrepentí de habérsela hecho, quizás estaba entrando en el terreno de las creencias personales, Bachir era un hombre religioso y debía respetarlo como tal.

-Yo soy salafista -respondió sereno-, al igual que El Fassi, creo en el equilibrio entre lo espiritual y lo racional, si la espiritualidad de aquellas gentes les hacía ver su rostro en la luna, lo veían de verdad.

Fue tanta la presión nacional e internacional, continuó explicando, que finalmente Mohamed V regresó de Madagascar, pero ya para pactar la independencia del país. El día que fue a la capital de Francia a firmar los acuerdos de liberación se programó una ofrenda de una corona de flores en el Arco del Triunfo, como hacían otros jefes de Estado. Era un acto muy protocolario, con la presencia de las autoridades marroquíes y francesas, en la que estaba por supuesto el general de Gaulle. Al depositar el nuevo rey la corona de flores sobre la tumba del soldado desconocido uno de los miembros de su delegación gritó ¡viva Marruecos! Mohamed V enseguida le indicó que gritara también viva Francia. El tipo dudó, dudaron todos los marroquíes presentes, pensaban que Francia había sido un estado colonialista, invasor y represor que encima había dejado el país sumido en la pobreza, con la escalofriante cifra de un noventa por ciento de analfabetos, los colonos se habían enriquecido mientras los marroquíes permanecían en la penuria. Pero el rey insistió, y ordenó que gritara también viva Francia, y el tipo lo hizo, ¡viva Francia!, acabó gritando. Días más tarde, de regreso a Marruecos, Mohamed V les dijo a sus hijos en el avión que no quería escuchar en ningún momento la palabra venganza, o rencor, contra los franceses. Cuando aterrizaron ya eran un país independiente, se produjo la manifestación popular más grande que haya habido jamás en Marruecos, todo el mundo salió a la calle para aclamarlo, casi como si fuera el día de la liberación de París en la Segunda Guerra Mundial, pero era el día de la liberación de Marruecos. El pachá de Marrakech, El Glaoui, quien había conspirado contra Mohamed V promoviendo su deportación, se arrodilló frente a él implorando perdón, y el rey fue benevolente, miremos al futuro que tenemos que construir, le dijo…”

Hay dos protagonistas, los hermanos canarios Cárol y Álvaro Camino. Álvaro ya fue el protagonista de Tal vez Dakar y, como en aquella otra novela, vuelve a ser ese hombre inquieto, deseoso por saber, por romper las barreras que nos separan y que trata por todos los medios de comprender la cultura de los otros, como una manera de entrelazar a los pueblos.

Obligados por el negocio familiar, Cárol, que representa lo contrario a su hermano, es decir, el desinterés por descubrir y la apatía ante lo desconocido, ha de viajar a Mauritania, y Álvaro a Marruecos. A partir de ahí, se desencadenan una serie de hechos fortuitos que hará que los dos vayan cayendo rendidos a la belleza que se esconde tras esos países y sus gentes, y, pese a la distancia, los hechos harán que todo confluya en un mismo fin.

Gracias a una labor de investigación minuciosa, Pablo Martín Carbajal nos relata cómo se fue conformando la actual Mauritania, y cómo Marruecos, de la mano de El Fassi y del rey Mohamed V, se convirtió en el Estado moderno que es. También cómo se originó el Frente Polisario y cómo España abandonó el Sahara tras acuerdos secretos que nadie conocía. El acierto de Pablo Martín es que nos cuenta toda esta Historia desde la perspectiva de los otros personajes secundarios que pululan por la novela y que la enriquecen. Personalmente, me ha fascinado Bachir Hammu, el encargado de la biblioteca de la Qaraouiyine.

Pero además de todo eso, mientras nos relata la Historia que ha conformado a Mauritania y al Marruecos actual, así como lo ocurrido con el Sahara Occidental hasta nuestros días, a través de la trama de intriga y aventura que empuja a Álvaro Camino a hacer lo que hace, resurgen filósofos y escritores de Al-Andalus como Averroes, Ibn Hazn, Ibn Arabí y Maimónides. Hay tiempo en esta novela para adentrarnos en el significado del sufismo, del salafismo y sus distintas variantes, en la influencia de Occidente en el Magreb, la huella del colonialismo y las luchas independentistas, la Marcha Verde, los atentados al rey Hassan II… Los saltos en el tiempo están perfectamente ensamblados en la narración, al igual que situar la acción en ciudades tan dispares como Fez, Casablanca, Rabat, El Aaiún, Tan Tan, Nuakchot, Córdoba, Madrid o en el mismo desierto.

Es como si Pablo Martín Carbajal, llevándonos en esta aventura de la mano de Álvaro Camino, que trata de resolver un misterio, también nos sumergiera a la vez en la Historia, y el resultado es sorprendente. Es sin duda una novela que trata de reivindicar la necesidad del conocimiento mutuo, del respeto a las otras culturas, pero a la vez es un esfuerzo titánico por hacernos comprender que en general se sabe muy poco de quienes están al otro lado del estrecho y de que dándonos la espalda no lograremos nunca entendernos, algo que sus personajes quizá sí hayan logrado.

“…-Contempla el horizonte -le dijo cuando estuvo a su lado.

Y ella observó ahora ese mar de dunas de otra manera, ya no le parecía angustioso, sino realmente hermoso. Era un espectáculo único.

-Fíjate cómo, mires por donde mires, en los cuatro puntos cardinales, la tierra se funde con el cielo, al igual que nosotros, los hombres, nos fundimos con Dios. ¿Lo puedes sentir, Carolina?

-Quizás tu Dios no sea el mismo que el mío, Cheick -le dijo apoyando su mano sobre su hombro-, si es que acaso lo tenga -terminó diciendo en voz baja para sí.

-Con Dios, cualquiera que sea, el mío o el tuyo -le dijo tomando su mano sin dejar de contemplar el horizonte-. Admirando la tierra que se funde con el cielo me fundo yo con mi Dios, y tú con el tuyo si lo tuvieras. ¿Sabes lo que dijo el maestro Ibn Arabí? <Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas./ Es pasto de gacelas / y convento de monjes cristianos / y templo de los ídolos / y la Kaaba de los peregrinos / y las Tablas de la Ley / y el Libro del Corán. / Yo milito en la religión del amor / cualquiera que fuere el sendero que hallaren sus camellos>.

Terminó de hablar, se llevó la mano de Cárol a sus labios y la besó, ella sintió los latidos de su corazón resonándole en el pecho casi como si fuera una caricia. Y allí se quedaron contemplando en silencio cómo la tierra, el mar de dunas, sobre el horizonte, se fundía con el cielo.”

A propósito de su otro libro Tal vez Dakar, afirmé que en Pablo había magia negra en un escritor blanco. De El latido de Al-Magreb, puedo decir que Pablo transmite en esta novela tanta humanidad y fraternidad que es como si hubiera logrado espantar a todos los djinnis.

Sergio Barce, junio 2022

SERGIO BARCE Y PABLO MARTÍN CARBAJAL
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LAS LLAMAS NO PODRÁN CON LA LIBRERÍA PROTEO DE MÁLAGA

Abderrahman El Fathi, Ahmed El Gamoun, Ahmed Mgara, Ahmed Oubali, Alberto Gómez Font, Alfredo Taján, Alice Wagner, Alicia Acosta, Alicia Muñoz Alabau, Ana Añón, Antonio Abad, Antonio Bravo Nieto, Antonio Fontana, Antonio García Velasco, Antonio Herráiz, Antonio Lozano, Antonio J. Quesada, Aurora Gámez, Aziz Amahjour, Bernabé López García, Carlos Salazar Fraile, Carlos Tessainer, Carmen Enciso, Cecilia Molinero, Cristián Ricci, Cristina Martínez Martín, David Rocha, Eloísa Navas, Emilia Luna, Encarna León, Enrique Baena, Enrique Lomas, Farid Othman Bentria Ramos, Felicidad Batista, Fernando Castillo, Fernando de Ágreda, Fernando Tresviernes, Francisco Morales, Francisco Muñoz Soler, Francisco Ruiz Noguera, Francisco Selva, Fuensanta Niñirola, Guillermo Busutil, Herminia Luque, Hipólito Esteban Soler, Inmaculada García Haro, Iñaki Martínez, Javier Lacomba, Javier Otazu, Javier Rioyo, Javier Valenzuela, Jes Lavado, José A. Garriga Vela, José Mª Lizundia, José F. Martín Caparrós, José L. Gómez Barceló, José L. Ibáñez Salas, José L. Pérez Fuillerat, José L. Rosas, José A. Santano, José Sarria, Juan Clemente Sánchez, Juan Gavilán, Juan Goytisolo, Juan José Téllez, Juan Pablo Caja, Julio Rabadán, Laila Karrouch, León Cohen Mesonero, Leonor Merino, Lorenzo Silva, Luis María Cazorla, Luis Leante, Luis Salvago, Manuel Gahete, Marceliano Galiano, Marcos Ana, María Sangüesa, Mario Castillo del Pino, Miguel Romero Esteo, Mohamed Abrighach, Mohamed Akalay, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Chakor, Mohamed El Morabet, Mohamed Lahchiri, Mohamed Sibari, Miguel Sáenz, Miguel Torres López de Uralde, Miguel Angel Moreta Lara, Montserrat Claros, Mustafa Busfeha, Pablo Aranda, Pablo Macías, Pablo Martín Carbajal, Paloma Fernández Gomá, Patrick Tuite Briales, Paula Carbonell, Pedro Delgado, Pedro Munar, Pedro Pujante, Pepe Ponce, Presina Pereiro, Rafael Ballesteros, Ramón Buenaventura, Randa Jebrouni, Remedios Sánchez García, Roberto Novella, Rocío Rojas-Marcos, Sahida Hamido, Said El Kadaoui, Saljo Bellver, Salvador López Becerra, Santos Moreno, Sergio del Molino, Sonia García Soubriet, Susana Gisbert, Tahar ben Jelloun, Tomás Ramírez, Víctor Morales Lezcano, Víctor Pérez, Yolanda Aldón y Zoubida Boughaba Maleem.

Todos estos autores podéis encontrarlos en la página web de la Librería Proteo, de Málaga, que, como ya sabéis ha sufrido un grave incendio.

Librería Proteo necesita nuestra ayuda. Con todos estos autores que he mencionado me une algo, vínculos afectivos y de amistad en unos casos o eventos compartidos en otros. Por eso destaco sus nombres. Y para ayudar a la Librería Proteo, que tanto significa para Málaga y para nuestras vidas, que es además la sede de Ediciones del Genal, con quien he venido publicando mis últimos títulos, os pido que compréis al menos un libro de cualquier de estos escritores, el que más os guste o al que queráis descubrir por primera vez, y que la compra la hagáis a través de la web de Librería Proteo, que os indico:

https://www.libreriaproteo.com/

Entre todos, la librería Proteo de Málaga va a renacer, y entre todos vamos a ayudarles a que vuelva a señorear como ha hecho en estos cincuenta años. Durante la dictadura fue el lugar donde poder hallar los libros prohibidos y censurados, el refugio de quienes buscábamos aire puro. Tenemos que reencontrarnos de nuevo entre sus estanterías, abriendo los libros que se exponen, oliendo las páginas recién editadas, hallando nuevas aventuras en las que embarcarnos… 

Sergio Barce, mayo 2021

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA «TAL VEZ DAKAR», DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

Ayer presenté la novela de Pablo Martín Carbajal Tal vez Dakar (MAR Editor, 2016) en la Libería Proteo de Málaga. Tras mi intervención, mantuvimos un animado y divertido coloquio con el autor que se prolongó más tarde con unas buenas cervezas.

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SERGIO BARCE Y PABLO MARTÍN CARBAJAL

Reproduzco a continuación lo que dije de su libro. 

Pablo Martín Carbajal nació en Tenerife en 1969. Economista, desde 2007 ocupa la dirección general de relaciones con África en el Gobierno de Canarias. Además de Tal vez Dakar, ha publicado otras tres novelas: Tú eres azul cobalto (2006), La ciudad de las miradas (2010) y La felicidad amarga (2013).

    Dakar. Decimos Dakar, y rápidamente pensamos en el París-Dakar. En un rallye. En una carrera de automóviles. En una competición de blancos en el África negra. En un campeonato diseñado para ricos en una tierra de pobres.

Dakar. Hasta que apareció Al Qaeda, tierra para jugar y divertirse con todoterrenos, y tierra en la que olvidar a los que nada tienen. Mejor en Dakar. Que se queden en Dakar y no crucen el mar para perturbarnos. Lejos. Que sigan en su negritud.

He estado en Dakar varias veces. Siempre fueron estancias de unas horas, simples escalas, sin tiempo para conocer la ciudad y, menos aún, para conocer Senegal.

Volví a Dakar por última vez hace casi dos meses, y fue mi primera visita realmente intensa. Se trataba en apariencia de un viaje de placer, un viaje al que me habían invitado. El billete me llegó de Canarias, tenía impreso el logo Tal vez Dakar, emitido por MAR Editor, y, para hacerlo más atractivo, te regalaban una guía. Está escrita por Pablo Martín Carbajal.

En seguida pensé que se trataría de una más de esas guías que se esconden en una novela, de esas en las que su autor te muestra la ciudad, pero, en realidad, lo que pretende es decirte que es un viajero audaz y que sólo él ha sido capaz de descubrir la ciudad que nadie ha visto nunca antes hasta su llegada. Para mi alivio, el texto de Pablo Martín Carbajal, nada tenía que ver con esa clase de historias.

En pocas páginas, logró que me sintiera envuelto en algo indescifrable. Pablo Martín Carbajal me sugería en su libro que siguiera a cierta distancia a su protagonista, a Álvaro Camino, y me dejó en las escalerillas del avión que nos llevaría, a Álvaro y a mí, hasta Dakar.

En cuanto me acomodé, apenas una fila más atrás de Álvaro Camino, vi cómo éste sacaba del bolsillo del respaldo del asiento que tenía delante, un ejemplar del National Geographic, edición de Historia. Supe entonces que ése era el primer anzuelo de Pablo.

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Llegué a Dakar siguiendo a Álvaro Camino a través de las palabras de Pablo. En seguida, me di cuenta de que el intenso olor a África, ese desasosegante ambiente que emboza a quien pisa por primera vez Senegal, había desconcertado a Álvaro Camino. Me daba cuenta de que, poco a poco, Pablo lo enredaba en una maraña de sucesos que lo llevaban hacia un abismo desconcertante. No iba a ser un viaje turístico al uso, y, pronto, yo también me vi atrapado en la trampa que las frases de Pablo Martín Carbajal iban tejiendo de manera hipnótica.

En esa espiral, a la que no se ha de mirar fijamente, me encontraba en Dakar, en el Dakar de hoy, y, a renglón seguido, sin saber cómo, de pronto, estaba en el París de primeros del siglo pasado. Curiosamente, seguía a Álvaro Camino en su titubeante deambular, y descubrí que no era sino una huida.

Álvaro escapaba de un trabajo que no le gustaba, de una familia que lo asfixiaba, de un entorno que no le ilusionaba en absoluto. Y, en esa huida, hallaba por casualidad el surrealismo, el dadaísmo, el cubismo, aquel mítico París de Picasso, Breton, Chirico, Eluard…  El París de Sartre. Y yo, absorto en la lectura, lo descubría con él.

Pablo nos desvelaba la influencia del arte africano en esos artistas vanguardistas, y también el significado de la Negritud, escrito con mayúsculas.

No podía pensar, me veía en una extraña aventura en medio de un país lleno de misterio, una extraña aventura entre poetas y artistas del surrealismo, una extraña aventura entre posibles traficantes de arte africano y de potenciales estafadores de blancos ingenuos.

Pablo me había llevado hasta Senegal siguiendo a Álvaro Camino, quizá siguiendo a Pablo que se disfrazaba de Álvaro.

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Aún no sabía que nuestro viaje finalizaría primero en Abiyán y luego en Casablanca… Porque acababan de aparecer en la historia los poetas Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor, que se unían a Jean-Paul Sartre y a Pablo Picasso. Y mientras tanto, Álvaro o Pablo, ya no sé con sinceridad quién de ellos, me había arrastrado hasta los barrios más pobres de Dakar, hasta la casa de Musa, hasta el centro del universo de una familia senegalesa, y también a una trama de engaños en la que hay en juego una máscara misteriosa, una máscara de puro arte africano que quizá estuvo en manos de Picasso y en manos de Martin Luther King, una máscara que le ofrecía a Álvaro una mujer llamada Mariama…

Mariama. Poderosa Mariama. Álvaro Camino la describe con las palabras que le presta Pablo: “Los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella  mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”

Mariama. Yo también abrí la puerta de la habitación y pensé que esa mujer no era posible.

La intriga avanzando, y yo atrapado en la historia, hipnotizado en la espiral de Pablo. Sus palabras dando vueltas, atrayéndome hasta aquel París, lanzándome de improviso a las calles ruidosas y ardientes de Dakar. Y el peligro acechando. Y de pronto los djinn, los espíritus malignos, y los espíritus bondadosos. Atrapado en la huida de Álvaro, en la maraña literaria de Pablo. Pero buscando ya a Mariama, a la máscara, al secreto.

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Seguí a Álvaro, después de visitar la vida y la obra de Leopold Seda Senghor, de descubrir su traumática experiencia en un campo de concentración nazi, un negro en un campo de concentración en la segunda guerra, un negro poeta en medio de la alambrada, en medio del genocidio blanco en tierra blanca, un negro que salvará la vida y que llegará a Presidente de Senegal, eso es Historia, con H mayúscula; pero todo ocurriendo en esta sugestiva espiral de misterio en la que el cubismo del otro Pablo, de Pablo Picasso, nos llevaba irremediablemente también a la máscara, y la máscara a Mariama, y a una obra de teatro en Dakar, en la que experimenté cómo Álvaro era drogado de alguna manera para que entrara en una habitación en la que alguien lo esperaba…

Decidí entonces dejarme arrastrar como un perro, esta vez sí; y me arrastré como se arrastra Álvaro, pero sé que quien lo hacía era Pablo, y allí nos quedamos los tres, Álvaro, Pablo y yo, a cuatro patas, frente al sexo de Mariama, a un centímetro del sexo de Mariama… El calor sofocante de Dakar, la sensualidad de esa mujer de ojos almendrados, de rasgos casi asiáticos, de largas pestañas… Pero fue Álvaro el que se adelantó, y a partir de ahí arranca una nueva e inesperada vuelta de tuerca de esa espiral que me hipnotizaba.

Hay magia en todo esto, en cada página escrita por Pablo.

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Los djinn, los espíritus de los que se protegía Mariama con un amuleto atado a la cintura, a su cintura endiablada, se apoderaban de la historia. El desconocido continente negro del que surgen espíritus inauditos, los djinn que parecían proteger a la máscara, o que la maldecían, y que se convierte en el McGuffin de la historia, y me vi junto a Álvaro tratando de hacerme con la enigmática máscara pasara lo que pasese, aunque eso significara incluso renunciar a la familia, porque la máscara estuvo en las manos de Picasso, y en las de Leoplod Seda Senghor, y en las de Martin Luther King, una máscara de valor incalculable…

Seguía leyendo las palabras de Pablo Martín Carbajal y veía las espirales que diseñara Saul Bass para los títulos de crédito de la película Vértigo de Hitchcock, porque Pablo usa una espiral para narrar, aunque son las palabras, las frases, las que giraban una y otra vez, concéntricas, hechizantes, devolviéndonos al punto de inicio para volver a avanzar, atrapándonos en un mundo lleno de misterios, de sensualidad, de intriga, de arte, de espíritus.

La Negritud. Mientras seguimos la pista de la máscara, su origen, sus avatares, sus dueños, Pablo nos hablaba a la vez de ese África que continúa sumida en el desconcierto, con las rémoras de la colonización y de la descolonización a sus espaldas, y el espectro de lo que se vino en llamar la Negritud deambulando por las calles de Dakar.

Musa es el negro senegalés que me hablaba de una filosofía diferente de la vida, una filosofía que noté que impregnaba a Álvaro y que le hacía dudar de su manera de ver el mundo. Mariama, por su parte, le hacía dudar de su vida conyugal, de sus sentimientos hacia su mujer blanca, y Musa zarandeaba los cimientos de sus creencias personales. África tiñendo de negro el alma blanca.

La huida de Álvaro es la huida de un blanco que trata de apartarse de lo peor del colonialismo. Corrí con Álvaro, pero sin saber a dónde nos llevaba Pablo. Las historias nos envolvían, la Historia con mayúscula y la historia con minúscula, y a veces creía ver a Pablo disfrazado de Álvaro, y ya no sabía si además de la Historia con mayúscula, la de Senghor, la de Césaire, la de Picasso, la de Sartre, la de la Negritud, también había una historia verdadera en minúscula. Estoy tentado por desear que sea la de Mariama la cierta. Pero no lo sé. Como tampoco sé si la máscara existe y está poseída por un djinn maligno.

Pero monté en el avión que llevaba a Álvaro Camino a Abiyán, y, aunque ya no se me permite desvelar esta parte de la historia, puedo adelantarles que Mariama y la máscara siguen perturbándome, que incluso se produjo en algún instante una pequeña trifulca entre Álvaro, Pablo y yo por convertirnos en el único protagonista de cierta parte de la historia, pero, como de todos es sabido que en las novelas el que manda es su autor, Pablo fue quien decidió qué había de suceder y quién debía de protagonizarlo.

Luego, se limitó a seguir hipnotizándome, a malmeter con un djinn, a jugar con las palabras, porque lo que ha hecho Pablo Martín Carbabal con Tal vez Dakar es ilustrarnos, intrigarnos y dejarnos en medio de lo desconocido, perdidos en una calle estridente de la capital senegalesa, a nuestra suerte, buscando algo, tal vez buscándonos a nosotros mismos.

Sólo he de añadir que su novela es un viaje original y fascinante. Una novela que hay que leer.

Y como ya dije en una reseña sobre su libro: Tal vez Dakar es simplemente pura magia negra en un escritor blanco.

Sergio Barce, noviembre 2016.

FOTOS: ELENA MORÓN

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