Archivo de la etiqueta: Ediciones del Genal

“EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE

pedro-sergio-y-pablo

Pedro Pujante, Sergio Barce & Pablo Aranda

En marzo de 2018 apareció mi novela corta El laberinto de Max, dentro de la colección <Manguta de Libros>, de Ediciones del Genal & Mitad Doble Ediciones, junto a autores como Pedro Pujante, Herminia Luque, Jess Lavado, Eloísa Navas, Presina Pereiro, Salvador Rivas, José A. Sau y, por supuesto, al añorado y siempre recordado Pablo Aranda. 

HL SB ...

Herminia Luque, Sergio Barce, Eloísa Navas, Presina Pereiro y Jess Lavado

Para quienes no hayáis leído este libro, os regalo el primer capítulo, la mejor manera que encuentro para animaros a leer el resto de esta historia que transcurre entre libros…

Me he quedado tan sorprendido de que mi padre me haya llamado después de tantos años que no he sabido reaccionar. Pero le he confirmado que iría. Luego he colgado, sin aliento. Lo hago por Silvana, no por él. Y porque me encuentro en las últimas.

Ahora que estoy frente al local, no sé si ha sido una buena idea venir. Nunca me ha gustado su negocio. Siempre he hecho lo contrario que Max. Desde niño. Sobre todo en la adolescencia. Si mi padre quería ir a la playa, yo protestaba porque prefería la montaña. Si proponía ver una película de Hitchcock, yo sugería una cinta de Berlanga. Me pidió que me cortara el pelo, y me dejé melena. Por joder. Decidí no abrir un libro porque él regenta una librería. Esa es la razón de que no haya leído una novela en casi cuarenta años. También por joder. Nos distanciamos. Luego, al marcharme tras acabar los estudios, dejamos de vernos. Y nos hemos convertido en unos extraños.

Pero llevo ya dos años en el paro. Las ayudas sociales se acaban el mes que viene. Silvana ha debido de verme más apurado que en otras ocasiones. La verdad es que lo estoy. Por eso habló con su abuelo, sin que yo lo supiera. No sé qué le habrá contado a Max para convencerlo. Apenas cruzamos unas frases por teléfono, lo imprescindible. No sabía muy bien qué decir. ¿De qué hablas con alguien a quien has decidido eliminar de tu vida? El hecho es que me ha ofrecido trabajo en su negocio. Le respondí que lo pensaría. La realidad es que yo no sé nada de libros. Seguramente me necesitará para llevar la contabilidad. O algo así. Sea lo que sea, no voy a embarcarme con él. Max insistió. Hube de prometer que vendría a verlo para poder colgar de una puñetera vez.

Apenas me llega para pagar los gastos necesarios. Ni un solo capricho. El alquiler comienza a ser un problema. Adeudo ya dos meses. La primera vez que me retraso. Mis zapatos cumplen su primer lustro. Me es imposible hacerle un buen regalo a Silvana. Y el hándicap es mi edad. Nadie contrata a alguien con cincuenta y cinco años. Ya no soy joven. Tampoco viejo. Bueno, un poco mayor, digamos que maduro. Me consuelo porque me dicen que las canas hacen interesante. Me mienten. Para que no me deprima. La realidad es que todo se desmorona.

Silvana me encontró en casa borracho como una cuba. Me había soplado casi toda la botella. Llamó y no entendía lo que le decía. Eso la alarmó. Eso y que no volviera a descolgar cuando telefoneó de nuevo. Abrió con el duplicado que guarda de mis llaves. Vomité. Grité. Lloré. Ahora siento una vergüenza enorme. Me vio como nunca me había visto antes. Hice el ridículo. Y se rio mucho oyendo mis gilipolleces. Aunque se niega a contarme cuáles fueron mis palabras. Seguramente puse a parir a su madre. Es una arpía, de eso no cabe la menor duda. Pero no merece ningún insulto. Eso lo convierte todo en más deplorable.

En los quince minutos que llevo aquí parado no ha cesado de entrar gente a la librería. Un hecho que me parece insólito. He oído que todas están cerrando. No tengo demasiadas ganas de cruzar la calle y ver a Max. Los dos nos hemos atrincherado. No hemos querido saber nada el uno del otro. Durante años. Habrá envejecido. Claro. Como yo.

Al empujar la puerta he reconocido el olor. Es el mismo de siempre. Huele a madera y a libros. Llamativamente, el local me parece ahora más amplio, más grande. Hay al menos diez personas entre los estantes, curioseando o buscando algún título. Tantos que es imposible que nadie pueda leerlos todos. He de reconocer que la librería es preciosa. Mi padre tuvo buen gusto al montarla. Madera por todas partes, al estilo británico. No le ha hecho falta reformar nada. La concibió como un pequeño laberinto que impidiera a los clientes salir en seguida. Qué cabrón. Pero parece que eso le ha dado mejores resultados de lo que nadie hubiera imaginado. Hizo una fiesta al inaugurarla. Yo era un niño. Besó a mi madre delante de todos, como hacían los actores de cine, y me avergoncé. Luego volqué un tazón de chocolate sobre las piernas de una de mis primas. Suerte que ya se había enfriado. Si no, le hubiera causado quemaduras de segundo grado. Me castigaron encerrándome en el desván de la librería. Allí me rodeaban sombras siniestras, ruidos extraños. Alguien habitaba tras aquellas paredes, alguien que me vigilaba. Podía escuchar su respiración, cansada y rota. Pasé tanto miedo que decidí no volver a subir. Aunque hubo una segunda ocasión. Algo más tarde. Y aquí sigue la librería de Max, abierta, funcionando, con clientes. Un milagro en estos tiempos. Joder, creo reconocer a uno de los que buscan en los anaqueles de literatura clásica. Lo vi en varias ocasiones en mi niñez. Debe de llevar todos estos años dando vueltas, tal vez nunca haya podido encontrar la salida. Por eso seguirá en literatura clásica. Creo que era un pedante.

Llegar a la caja también es un poco complicado. Max la ubicó en el centro del pequeño laberinto. Este olor me rejuvenece. Quién me lo hubiera dicho. Zigzagueo y veo la vieja mesa de nogal. La mesa hace las funciones de mostrador. Es como si el tiempo se hubiera detenido aquí dentro.

No conozco a la mujer que está ahí sentada, junto a la caja registradora. Ya no se ven ese tipo de cajas registradoras. Recuerdo que, cuando había que limpiar, mi padre la levantaba y decía que pesaba treinta quilos. Treinta quilos sin monedas ni billetes, vacía. Le da un toque original al sitio. La empleada está leyendo. Esa era una norma de Max. Quien trabaje conmigo debe saber de qué tratan todos los libros que vendemos y ha de leérselos. Eso predicaba. Ella debe de estar cumpliendo sus órdenes. La mesa llena de ejemplares y de papeles, rodeándola. Me acerco. No levanta la cabeza y carraspeo. Ahora sí. Joder, qué guapa es la tía.

Después de recobrarme (confieso que me ha descentrado por completo), le pregunto por el señor Bazlen. Aunque sigo perdido en su rostro, como atontado. Me responde que no está en estos momentos. Al poco me lo repite, porque no me he enterado la primera vez. Reacciono. Torpemente. Yo soy el señor Bazlen. Lo digo casi de manera automática. Lo he hecho sin mala intención. En seguida me doy cuenta de que puede parecer que le tomo el pelo. De hecho, ella ha arrugado el ceño y mira a un lado y a otro. Es posible que piense que está frente a un chiflado. Soy su hijo, añado con rapidez. El hijo de Max. Trato de salvar el descalabro. Es entonces cuando ella esboza la sonrisa más hermosa que he visto en mucho tiempo. Soy Lili, se presenta. Me extiende la mano y se la estrecho. Habría preferido besarla. Y yo le respondo. Como Lillie Langtry. Ella aguarda a que le aclare de quién le hablo. La criatura más hermosa del mundo, le desvelo entonces, o eso es lo que afirmaba el juez Roy Bean cuando hablaba de Lillie Langtry. Ah. Lili solo rezonga eso: ah. No parece que le haya hecho gracia mi piropo enmascarado. Ava Gardner interpretó a Lillie Langtry, apostillo. La verdad es que, aunque no leo un libro desde hace más de treinta y tantos años, por joder, veo mucho cine. Quizá demasiado. Lili me transmite su desinterés. Puede esperarlo aquí, su padre no tardará mucho. Y añade: si quiere echar un vistazo… Y me invita con un gesto a que me entretenga con los libros y a que la deje en paz.

Actúo como si me interesara por los volúmenes que se exponen en literatura española actual. No conozco a ninguno de esos escritores. Así que no voy a perder el tiempo. Para qué. Lo que realmente hago es observar a Lili. Está leyendo. Concentrada. Se acerca una mujer con un vestido horrible a la mesa mostrador. Lili reacciona dibujando de nuevo esa sonrisa arrebatadora que había desaparecido. Es como para comprarle el libro que ella proponga. Sin discutirlo. Me lo llevo porque es usted bellísima. Eso es lo que le diría al pagarle. Veo cómo le indica a la señora del vestido horroroso los expositores de las ediciones de bolsillo. Y vuelve a su tarea. Me cuesta dejar de admirarla. Entonces llega Max a la librería. He reconocido su peculiar manera de abrir y cerrar la puerta. No podría describirla, porque aparentemente no es nada peculiar. Pero nadie abre y cierra una puerta como Max Bazlen…

EL LABERINTO DE MAX

Etiquetado , , , , , , , , , , , , ,

ASÍ COMIENZA MI NOVELA “EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS”

Así arranca mi novela El libro de las palabras robadas (Ediciones del Genal). Uno de los libros que más me enorgullece.

dav

***

El libro de las palabras robadas -

Etiquetado , , , , , , ,

UNA PUERTA PINTADA DE AZUL

La nueva criatura está llegando a las últimas horas de gestación. Es fascinante ver cómo un libro va formándose antes de salir a la calle.

Con la ayuda de Nuria Ogalla, con la que he colaborado en otras ocasiones, que es perfeccionista, tenaz e imaginativa, mis libros acaban por ser editados con una primorosidad y un estilo difícil de ver incluso en las editoriales de peso. La calidad del papel elegido, el tamaño de las letras (siempre lo suficientemente grandes para que la lectura sea un goce y no un calvario), la revisión una y otra vez del texto para eliminar cualquier error taquigráfico (algo que se echa cada vez más en falta en grandes lanzamientos en los que este importante detalle parece haberse relegado), la elección de la portada, el diseño del conjunto… Todo es fácil con ella. 

Una puerta pintada de azul, que publicará Ediciones del Genal en las próximas semanas, ya está casi a punto. Ocho relatos ambientados en Larache.

De nuevo, Nuria es la que me va aportando ideas tan sugerentes como certeras. La portada o cubierta es realmente preciosa, ya tenemos los textos para la contraportada, la foto de la solapa así como la dedicatoria, los agradecimientos… Todo va encajando en un ejercicio de equilibrista en el que la sutileza va ganando terreno. Este libro de relatos va a nacer con los mejores cuidados, entre algodones.

Nuria Ogalla acaba de enviarme el colofón. Lo leo dos, tres veces, y ahora sé que nada puede salir mal con este libro. Hay demasiado cariño puesto en él como para que algo falle.

Sergio Barce 

UNA PUERTA PINTADA DE AZUL portada frontal

Etiquetado , , , , ,

PRÓXIMA APARICIÓN DE “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, DE SERGIO BARCE

Mi nuevo libro de relatos

Una puerta pintada de azul

 Esperamos que esté listo para finales de este mes.

Son ocho relatos ambientados en Larache, que siguen la estela de mi libro Paseando por el zoco chico.

Publica Ediciones del Genal. 

UNA PUERTA PINTADA DE AZUL portada

Etiquetado , , , , , ,

MIS NOVELAS

Estas son mis armas de novelista.

***

malabata-cubierta-frontal

(Ediciones del Genal – Málaga, 2019)

ISBN – 978-84-17974-00-8

***

EL LABERINTO DE MAX

(Mitad Doble Ediciones & Ediciones del Genal –Málaga, 2018)

ISBN – 978-84-17186-54-8

***

La emperatriz de Tánger

(Ediciones del Genal – Málaga, 2015)

ISBN – 978-84-16021-46-8

Finalista del XVII Premio de Novela

“Vargas Llosa” 2012

&

Finalista del XXII Premio de la Crítica

de Andalucía de Novela 2016

***

El libro de las palabras robadas -

(Ediciones del Genal – Málaga, 2016)

ISBN – 978-84-16871-01-8 

***

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

(Círculo Rojo – Sevilla, 2011)

Novela Finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012

***

SOMBRAS EN SEPIA

(Ed. Pre-Textos – Valencia, 2006)

Primer Premio de Novela

Tres Culturas de Murcia 2006

***

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , ,