Archivo de la etiqueta: Luis Leante

AMIGOS EN MI BIBLIOTECA

Algunos de los libros de mi biblioteca. Libros escritos por autores que son mis amigos o que hemos compartido algunos buenos momentos o con los que me une alguna afinidad.

Ahí tenéis títulos de Mohamed El Morabet, José A. Garriga Vela, Antonio Lozano, Miguel Torres López de Uralde y Antonio Fontana.

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De José Sarria, Abderrahman El Fathi, Marta Querol y Sergio del Molino.  De Encarna León, Inmaculada García Haro, Sonia García Soubriet, Abdellah Djbilou, Rocío Rojas-Marcos y Ahmed el Gamoun; y de Víctor Morales Lezcano, Hassan Tribak, Pepe Ponce, José L. Gómez Barceló y de Javier Otazu.  

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Obras de Farid Othman Bentria Ramos, Antonio Abad, Yolanda Aldón, Zoubida Boughaba Maleen, Pablo Aranda y Ana Añón. Junto a los de Javier Valenzuela, Peter Viertel (con traducción de Marcos Rodríguez y Carmen Acuña), Miguel Romero Esteo, Pedro Pujante y Mohamed Sibari; y a los de Mohamed Akalay, José L. Pérez Fuillerat, Presina Pereiro, León Cohen y Víctor Pérez.

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Y más libros de Juan José Téllez, Alfredo Taján, José Sarria, Manuel Gahete, Tahar Ben Jelloun o Najat el Hachmi. De Julio Rabadán, Salvador López Becerra y Pedro Delgado.

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Están los libros de Herminia Luque, Emy Luna, Iñaki Martínez, José F. Martín Caparrós y Luis Mateo Díez. Y de Felicidad Batista, Saljo Bellver, Mohamed Chakor, Mohamed Abrighach y Mario Castillo del Pino.

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Libros de María Dolores López Enamorado, Paloma Fernández Gomá, Lorenzo Silva, Ahmed Mgara y Pedro Munar. De Cristina Martínez Martín, Mohamed Lahchiri, Juan Goytisolo, Alicia González Díaz y José García Gálvez. 

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Títulos de Mohamed Bouissef Rekab, Juan Pablo Caja, Mohamed Laabi, Guillermo Busutil y Ramón Buenaventura. También de Abdellatif Limami, Aziz Tazi, Abdelmawla Ziati, Roberto Novella, José Sarria, Manuel Gahete y Abderrahman Jebari. Junto a otros de Luis Leante, Laila Karrouch, Mohamed Abid, Said Jedidi y Pablo Martín Carbajal.

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Al lado de Sara Fereres, Santos Moreno, Francisco Morales Lomas, Abdel Rusi el Hassani y Mohamed Mrabet (con traducción de Albert Mrteh); y de Rocío Rojas Marcos, Ahmed Oubali, Pedro Delgado, Fernando Castillo y Luis María Cazorla.

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Libros de Randa Jebrouni, Jess Lavado, Carlos Tessainer, Eloísa Navas, Alicia Muñoz Alabau, y de Hipólito Esteban Soler, Fuensanta Niñirola, Susana Gisbert Grifo y libros de la Generación BiblioCafé.

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Libros muy especiales de mi biblioteca porque a la creación se une el elemento personal y afectivo.

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“EL NIDO VACÍO Y OTROS RELATOS”, UN LIBRO DE SALJO BELLVER

El nido vacío portada

   Escribir un buen relato corto no es nada fácil. Hay que ser cuidadoso, saber condensar una historia, tener un buen arranque y también ser consciente de que el final del cuento es una pieza fundamental en su engranaje narrativo. Decía Cortázar que “la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”. Después de leer sus Relatos americanos (SaLa 28 – Alicante, 2015), Saljo Bellver  (Tánger, 1957) vuelve a ganar por KO con su nuevo libro El nido vacío y otros relatos (SaLa 28 – Alicante, 2019).

   En este segundo volumen se recopilan dieciocho cuentos bien estructurados, primorosamente escritos, llenos de humanidad, pero también de socarronería, de humor, de drama, de desengaño y, en algunos, de una evidente mala leche, lo que enriquece sus historias más oscuras. De qué hablamos cuando hablamos de amor, escribía Raymond Carver, pues hablamos de muchas de las cosas que nos desvela Saljo Bellver en este libro: de la desilusión, del autoengaño, de la frustración, del desamor, del dolor.

   Arranca el volumen con un cuento impecable, al mejor estilo del mejor relato americano, titulado Pescado fresco. De un hecho aparentemente intrascendente, la pluma de Bellver construye una historia profunda y a la vez liviana, llena de un humor larvado y, a la vez, de desaliento. Hay un pasado aterrador que planea durante todo el relato, un pasado que ha golpeado al narrador y que les ha marcado para siempre tanto a él como a Juanita, su pareja. Y hay un paréntesis genial: el bar de Anabelle, que cobra vida, en el que literalmente creemos encontrarnos sentados en la barra entre los personajes, oyendo sus conversaciones, abstraídos por el discurso del viejo predicador que solo vende humo a los parroquianos, pero a los que hipnotiza con sus palabras de la misma manera a como lo hace el autor con nosotros.

“…El viejo predicador eleva su mirada al techo. Es una mirada tenebrosa. Se abstrae durante un instante. Regresa de ese breve éxtasis. Eleva un poco más el tono de voz y prosigue.

-Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.

Anabelle y yo estamos atrapados en sus palabras. Suspendidos en el tiempo, que se ha detenido de pronto.

-He aquí un caballo amarillo -concluye Seamus con una voz pedregosa- y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.

Entonces no puedo evitar que la escena que me tortura desde ese día se reproduzca en mi mente: los chicos abrazados a sus instrumentos contra la pared del fondo de la clase tras el inestable parapeto que han improvisado con las sillas y las mesas, los llantos histéricos, sus gritos de terror, las voces que piden ayuda, los más resistentes teclean en sus móviles con desesperación o intentan hablar con sus padres en medio de ese clamor de pánico colectivo. Y el muchacho loco que empuña un AR15 y camina sin prisa por el pasillo en dirección al aula de música…”

    Cada historia de este libro es un universo, pequeño, independiente y perfecto. Eso hace que los relatos se sucedan de manera ágil y nos animen a seguir uno tras otro, anhelantes por saborearlos.

Saljo Bellver - foto de Pablo Bellver

Saljo Bellver . foto de Pablo Bellver

    Hay huellas evidentes de cine y de narrativa americana (me parece detectar la sombra de Chandler, de Hammett, de Carver, de King, de Lovecraft, de Bukowski) y también de Kafka. El cuento titulado Viento amarillo es un doble homenaje al escritor de Praga y al escritor de Providence, un cuento que se lee con sumo placer.

“…Era el momento de otra pausa. <Ahora me fumaría un buen cigarro>., dije y miré a la concurrencia. El viejo Parsons respondió <Muchacho, yo fumo en pipa> y aprovechó para cargar la cazoleta de su cachimba. Wilho y Mcfarland no fumaban. Yo lo sabía, y sabía también quién tenía buenos cigarros bien guardados en un cajón. Esperé un momento más. Entonces oí a Mick Green abrir el cajón que hay debajo de la caja registradora. Salió de detrás de la barra y me ofreció el veguero. <Que no sirva de precedente>, dijo Mick. Se quedó de pie junto al resto, sin perder de vista la entrada del bar. El viejo Parsons me dio lumbre y di un par de caladas al puro. <¿Y eso es todo?>, preguntó Wilko. <Me gustó más la historia del bicho ese de Praga que me contó Megan>, añadió. <No hay color>, me defendí yo. <El que escribió la historia del tipo que se convirtió en insecto no me llega a mí a la suela de este zapato>, dije y aproveché para levantar el pie y mostrar mi calzado polvoriento y con un agujero en la suela del tamaño de una moneda de dólar.”

   No hay cuentos mejores y peores, sino un nivel que Saljo Bellver mantiene a la misma altura, dejando que a veces sonriamos, que otras nos estremezcamos y en ocasiones nos emocionemos profundamente. Es la regla básica del buen narrador: llegar al lector, meterle los dedos en las entrañas, tocarle el corazón.

Desde Castanias hasta Muchachos, no existe una página de sobra, en cada una de ellas hallamos refugio. Hay pequeñas joyas como los relatos titulados Bastiet dijo miau, El ojo del huracán o ese que me ha gustado especialmente llamado ¡Qué bien…!. Aunque, sin ninguna duda, es El doctor Guijarro el que me ha alcanzado más intensa e íntimamente. Es aquí donde Saljo Bellver despliega toda su fuerza y riqueza narrativa para ir embozándonos con esta historia tierna y terrible, pesimista y optimista a la vez, barnizada de humanismo y ternura. Muy emocionante, sí.

   El libro se cierra con el mencionado Muchachos, y es un final suave y dulce, como para dejarle al lector un buen sabor de boca.

“…La portería era un minúsculo pisito con una puerta de madera que daba al zaguán del inmueble. La puerta tenía una ventana en su centro que permanecía abierta todo el día. Detrás de esa ventana, sentado en una silla de mimbre consumía Genaro las horas. Era su garita, la garita desde la que el centinela Genaro protegía nuestra fortaleza. La mayor parte del tiempo leía. ¿Qué leía? Leía deshojadas novelas de El Coyote, magullados tebeos de Hazañas Bélicas y ejemplares atrasados (algunos muy atrasados) del ABC. Los días de buen tiempo, sacaba la silla de mimbre a la puerta de la calle y, sin invadir ni un centímetro la acera, permitía que el sol le acariciara sus enjutas piernas enfundadas en unos decaídos pantalones tan lesionados de viejas heridas como su alma, seguramente. En esos momentos no leía. Se entretenía observando a los viandantes y a los coches. No era hombre de pegar la hebra, al contrario, era reservado, prudente y discreto.”

Me gustan los libros cuidados, revisados, bien tratados, y sin duda este nuevo de Saljo Bllver lo es. Un volumen que guarda excelentes relatos para ser degustados con tranquilidad, con un vaso de Jim Beam al lado y quizá con buena música americana de fondo. Como para sentirse a gusto y a salvo de este caos.

NB: El nido vacío y otros cuentos, de Salvador “Saljo” Bellver, está dedicado a la memoria de Antonio Lozano, como lo está mi novela Malabata. Y es que Antonio Lozano es nuestro nexo de unión, el que provocó nuestra amistad a distancia, y por supuesto Tánger (Salvador y Antonio son tanyauis de los pies a la cabeza). En julio de 2016, los tres, Antonio, Salvador y yo, moderados por Luis Leante, presentamos juntos nuestros libros Un largo sueño en Tánger, Relatos americanos y La emperatriz de Tánger en Le Cercle des Arts, en Tánger, un encuentro que ya se hace inolvidable. Parece mentira que hay pasado ya tanto tiempo y que Antonio ya no esté para reencontrarnos.

Sergio Barce, marzo de 2020

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Antonio Lozano, Salvador “Saljo” Bellver, Abdellatif Bouziane y Sergio Barce

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“HARRAGA”, UNA NOVELA DE ANTONIO LOZANO

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ANTONIO LOZANO, Saljo Bellver, Abdellatif Bouziane y Sergio Barce

“…La mayoría de ellos eran también pequeños traficantes de hachís. Desde Ketama les llegaba la mercancía, que distribuían después en el mercado local. Atravesé en taxi el Rif, desde Tetuán hasta Nador, bordeé el Atlántico hasta Larache, donde terminaba mi zona de influencia. Allí conocí a Ahmed Buceta, un personaje singular, distinto al resto del equipo.

Había hecho alguna incursión en España, animado por Hamid, antes de mi incorporación a la familia. Decidió no volver a intentarlo el día que un aduanero le pidió que se bajara los pantalones, bajo los que ocultaba unas barras de hachís. <Déjalo tranquilo, hombre, que igual se caga del miedo nos deja esto hecho una mierda>, lo salvó otro, y dejó atrás la risa burlona de los dos capullos de verde con la promesa de no volver a intentarlo. Desde entonces, vive en Larache, su ciudad natal, donde se las arregla modestamente con sus trapicheos. Terminó sus estudios secundarios en el Instituto Español de Tánger, y su vida transcurre ahora entre libros, burdeles y amigos que, como él, nunca cambiarían una pipa de kif en Marruecos por una raya de coca en cualquier otro lugar del mundo…”

    De Antonio Lozano he escrito en varias ocasiones. Merece que se escriba de él. Tanyaui de los buenos, hasta la médula. Botón de muestra, esa preciosa novela suya titulada Un largo sueño en Tánger. Compartimos buenos momentos en Málaga cuando me pidió que presentara su libro Me llamo Suleimán, y aún mejores, creo, en su ciudad, en Le Cercle des Arts, junto a Saljo Bellver y Luis Leante.

   Acabo de zamparme su novela Harraga (Editorial Zech – Tenerife, 2011) que había sido antes publicada por Zoela Ediciones en 2002, galardonada con el Premio Novelpol de 2003 a la mejor novela negra publicada el año anterior en España. Tras leerla, me veo obligado a volver a escribir de Antonio y de este libro.

HARRAGA portada

   Harraga es un término marroquí que significa “los que queman”, y con el que se designa a los emigrantes ilegales, que hacen desparecer su documentación antes de emprender el viaje (así lo explica el autor en el glosario del comienzo de la novela). Pero, como suele hacer Antonio Lozano, sus páginas no se limitan a narrar las peripecias de un chico marroquí cruzando el estrecho. Su narrativa es siempre más profunda, más incisiva, más apasionada, y, por eso, en esta novela nos hace un retrato descarnado y certero de la sociedad marroquí, especialmente la tangerina, la tanyaui, que él conoce a la perfección. Suelo identificarme con su escritura, no sólo en la forma sino también en los temas que aborda, y coincidimos en muchos de nuestros planteamientos. Eso nos acerca aún más.

   Jalid Temsamani es el protagonista. Es un joven que busca su dorado. Su historia es la de miles de hombres como él que tratan de salir de la miseria de su entorno y que acaban devorados por las circunstancias, por la realidad, por los lobos que acechan. Antonio nos guía para llevarnos a la celda (porque la habitación que ocupa Jalid en el hospital es una suerte de celda inhumana) donde el protagonista ha acabado tras una peripecia increíble. Ya sólo es un despojo, un ser vencido; y desde ahí, reconstruye su historia para mostrarnos las mayores miserias y vilezas de este extraño mundo en el que vivimos. Desde el tráfico de drogas al tráfico de seres humanos, cualquier actividad es imperiosa para salir del boquete, pero las aspiraciones de Jalid por sacar a su familia adelante, de convertirse en alguien con un futuro se van tornando en una pesadilla kafkiana. Poco a poco, al igual que sus amigos, irá siendo devorado.

   Antonio hilvana con maestría los peldaños que van conduciendo a Jalid a la pérdida de su orgullo y a la pérdida de todas las esperanzas. Tanto la corrupción a ambos lados de la orilla, en Marruecos y en España, como las artimañas que utilizan las mafias para mercadear con las vidas ajenas son radiografiadas con certeza y realismo. Y también lo es ese retrato que hace de la desidia que se respira en Marruecos, esa desidia que da lugar a situaciones de marginalidad buscadas a propósito por quienes saben que en un ambiente de miseria pueden conseguir a quienes hagan el trabajo sucio, por desesperación.

   Hay acción, hay misterio, porque Harraga es novela negra. Pero también es drama y es narrativa realista. Se reconoce la mano de Antonio Lozano cuando se detiene en los detalles que siempre aborda en sus obras, cuando escribe de Tánger, cuando construye a los personajes. Jalid se ve rodeado de gentuza, de los mafiosos y de los corruptos, de los chivatos y de los traidores. Pero Antonio (en eso, ya digo, nos parecemos mucho) también sabe que hay mucha dignidad en Marruecos, y crea los personajes más valientes y más honestos de su novela: los padres y la hermana de Jalid. Me fascina Amina, esa mujer que lucha contra las injusticias de su tierra, y que, aunque cae, se levanta, y continúa en la brecha.

ANTONIO LOZANO ---

ANTONIO LOZANO

   Harraga habla también de las difíciles relaciones familiares cuando las estrecheces son muchas, de la dignidad y de la indignidad, de las pequeñas y de las grandes miserias, de la vida. No es fácil hacerlo en una historia de intriga, pero ahí está la mano del buen narrador para moldear una historia de personas de carne y hueso, con las que identificarse. Jalid nos mueve a la compasión, pero también a la complicidad.  

   Antonio se mueve entre Tánger, Larache y Málaga en una novela que nos obliga a reflexionar. Pero lo peor de su experimento es que, al final, nos demuestra que la realidad que se mueve en el estrecho está llena de estiércol, y que es muy difícil deshacerse de ella. El poder de los corruptos lo contamina todo, y es capaz de sacrificar lo que sea preciso con tal de permanecer ahí, moviendo los hilos y las vidas de gente como Jalid Temsamani, las vidas de los jóvenes que merecerían algo más que acabar olvidados en la nada.

   Sergio Barce, julio 2017

“…Cuando llegó el momento de partir aparté a Munir del grupo, y le deseé suerte. Nos dimos la mano, y en su apretón recibí el último adiós de todos los que mandábamos a la muerte. El taxi me devolvió a la superficie de la ciudad, donde la pobreza se podía ver sin causar demasiados estragos en la conciencia. Le pedí que me dejara en el balneario Chellah, un oasis en la noche tangerina, a orillas de la playa. En ningún otro sitio como en este puedo sentir esa sensación de intemporalidad que sólo Tánger me ha podido ofrecer, esa fusión mágica de todos los tiempos en un mismo momento. Pedí un whisky doble, e intenté huir de Beni Uriaghel dejando que la brisa y el ronroneo del mar acompañaran a la voz envolvente de Salima Abdelwahab:

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy extraño, berrani

Me preguntaron por ahí

De dónde eres tú

Enseguida respondí

Sin pensar, sin dudar:

Tánger me vio crecer

Donde se cruzan los mares

Y cuando tardo en volver

Sueño con volverla a ver.

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy un nómada tanyaui.

Entre calles me perdí

Sin saber mi destino

Con la mente confundida

En busca de un camino

Desde entonces comprendí

Que la Tierra no es de nadie

Soy un viajero sin fronteras

Soy un nómada tanyaui.

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy un nómada tanyaui.

De madrugada recibí una llamada del patrón: el barco salió sin problemas, esa misma noche. El buen tiempo así lo aconsejó, no fue necesario esperar más. La segunda parte de la operación, la recepción de la mercancía en España, podía seguir adelante. Entre todas las modalidades de travesía, estos harraga se habían pagado la más segura: nada de desembarco en la costa, ni de policías esperando a la llegada; nada de tirarse al monte muertos de frío, a refugiarse en la oscuridad: del barco, directamente al trabajo. La organización cobraba así del trabajador y del comprador de mano de obra barata, exenta de impuestos.

Nunca deseé tanto haberme equivocado como aquel día…”

 

 

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MI INTERVENCIÓN EN LE CERCLE DES ARTS, HABLANDO DE MI NOVELA “LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”

Abdellatif Bouziane me ha dado una sorpresa al hacerme llegar la grabación de mi intervención en Tánger, en Le Cercle des Arts, durante la presentación de mi novela La emperatriz de Tánger, y de los libros de Antonio Lozano Un largo sueño en Tánger y de Saljo Bellver Relatos americanos.

Para poder ver y escuchar mi participación en ese acto, respondiendo a las preguntas de Luis Leante, entra en el siguiente enlace:

SERGIO BARCE presenta LA EMPERATRIZ DE TÁNGER, en Le Cercle des Arts de Tanger

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN TÁNGER DE “LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”, “UN LARGO SUEÑO EN TÁNGER” Y “RELATOS AMERICANOS”

Este pasado sábado, se presentaron en Tánger, en Le Cercle des Arts, mi novela La emperatriz de Tánger, la de Antonio Lozano Un largo sueño en Tánger, y el libro de cuentos Relatos americanos de Saljo Bellver. El éxito de público fue total, y la presentación que hizo Luis Leante fue amena, ágil y muy atractiva para el público, que participó al final en el coloquio. Confieso que compartir este rato junto a Antonio Lozano, Saljo Bellver y Luis Leante ha sido todo un lujo y una suerte el conocerlos en persona. Lo disfruté enormemente.

UN SUEÑO LA EMPERATRIZ RELATOS

Por suerte, nos acompañaron muchos de mis amigos, algunos desplazados desde Larache y Málaga para asistir al acto, Hachmi Jbari, Mohamed Laabi, Angelines, Randa Jebrouni, Hanaa, Verónica, María Sibari, Mustpha el Bouthoury, Abdelhalak Najmi, Abdellatif Bouzine… lo que les agradezco de corazón.

La organización y la atención que nos brindó Leila Mimoun en Le Cercle des Arts fue perfecta, y sentí el afecto y la simpatía que nos transmitió, una anfitriona que cuidó hasta el más mínimo detalle. Al igual que la atención de Abdellatif Tandelti. Desde aquí les mando mi agradecimiento.

En fin, que fue un día redondo, y nuestros libros nos brindaron la oportunidad de hablar de nuestras historias, las ficticias y las reales, unas ambientadas y otras recreadas en nuestro querido Marruecos, tanto en Tánger como, en mi caso, también en Larache.

Sergio Barce

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Luis Leante, Saljo Bellver, Antonio Lozano y Sergio Barce

Luis Leante, Saljo Bellver, Antonio Lozano y Sergio Barce

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Luis Leante, Saljo Bellver, Antonio Lozano y Sergio Barce

Luis Leante, Saljo Bellver, Antonio Lozano y Sergio Barce

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Antonio Lozano, Seljo Bellver, Abdellatif Bouziane y Sergio Barce

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con Jesus López García

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Sergio Barce, Abdellatif Bouziane y Leila Mimoun

Sergio Barce, Abdellatif Bouziane y Leila Mimoun

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Angelines a las puertas de Le Cercle des Arts

Angelines a las puertas de Le Cercle des Arts

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