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MICHAEL CAINE. LA GRAN VIDA. THE ELEPHANT TO HOLLYWOOD

LA GRAN VIDA cubierta

Acabo de terminar Michael Caine. La gran vida (The Elephant to Hollywood, 2010), autobiografía de este extraordinario actor británico. Me ha encantado por varias razones: tal vez porque soy un mitómano como él y además coincidimos en casi todos los actores y directores que los dos admiramos (con la pequeña diferencia de que Caine, a la mayor parte de ellos, los ha conocido en profundidad y ha trabajado a su lado), porque lo narra de una manera muy sencilla y con un fino humor, y porque he descubierto a un extraordinario ser humano.

Uno de los aspectos que más me han sorprendido de su vida es el de su niñez, adolescencia y juventud, siempre enfrentado a la miseria, a las privaciones y a las dificultades de todo tipo, y cómo su determinación y fe en sí mismo fue venciendo los obstáculos que se le presentaban.

MICHAEL CAINE

MICHAEL CAINE

Luego, en las páginas de su libro, hay un rico racimo de anécdotas curiosas, divertidas o glamourosas, como la siguiente, que sucedió allá por 1967…

   “El estreno de Alfie en Estados Unidos tuvo tanto éxito que se exhibió en cines de todo el país, algo raro para una película británica. Y el plan era que yo me exhibiese con ella en mi primera gira promocional americana, en Nueva York. Al llegar allí me enteré de que Universal había comprado Ipcress y también la había distribuido por todo el país. La respuesta a mi trabajo empezaba a abrumarme. Un año antes era un completo desconocido, y de pronto soy el protagonista de dos películas que llenas los cines de un extremo a otro de Estados Unidos y en todos sitios me reciben como a una estrella. Aunque, en realidad, el deslumbrado era yo: cada noche, en las fiestas que se celebraban en mi honor y en los restaurantes, coincidía con una leyenda del cine tras otra. En el 21 Club me senté junto a Kirk Douglas y Maureen O´Hara; en Elaine´s (que pronto se convertiría en un fijo de mi vida en Nueva York) derramé la copa de vino de Woody Allen y di un pisotón a Ursula Andress; y en el Russian Tea Room me senté entre Helen Hayes y Walter Matthau. Si, años atrás, alguien le hubiera dicho al muchacho que se sentaba en aquel cine oscuro y lleno de humo de Elephant que acabaría así, lo habría tomado por loco.

ALFIE

Pero quizá lo más memorable durante aquella gira relámpago fue conocer a la legendaria Bette Davis. Todo el mundo había sido tan generoso en aquel viaje que pregunté a Paramount si les parecía bien que organizase una fiesta de agradecimiento la noche antes de mi partida. Dos de mis nuevos amigos, la maravillosa pareja teatral compuesta por Jessica Tandy (que después, con ochenta y dos años, ganaría un Oscar por Paseando a Miss Daisy) y Hume Cronyn, preguntaron si podían llevar a Bette Davis. Yo no me lo podía creer. Cuando llegó la noche en cuestión estaba impaciente por presentarme.

-¿Sabes una cosa? -dijo arrastrando las palabras de aquella manera inconfundible-. Me recuerdas a Leslie Howard cuando era joven.

Ya me lo habían dicho antes, ¡pero ahora me lo decía Bette Davis! Y continuó:

-¿Y sabías que Leslie se tiró a todas las mujeres de todas las películas en las que trabajó… excepto a mí?

Le contesté que algo había oído al respecto.

-Bueno -dijo ella-, yo no estaba dispuesta a ser una más en su lista… pero ahora que te veo creo que tampoco me habría importado mucho.

Por la forma en que lo dijo parecía que incluso lo deseara, y yo solté atropelladamente:

-¿Le apetece cenar conmigo esta noche?

Se me quedó mirando y finalmente dijo con voz severa:

No estaba tirándote los tejos.

-No, no -repliqué apresuradamente. Y realmente no lo creía, entendí que ella quería decirme que había vivido muchas cosas y que en ocasiones uno se arrepiente de sus decisiones-. Podríamos cenar con Jessica y Hume, los cuatro solos.

Sonrió relajada.

-Me encantaría -dijo-, siempre y cuando pueda volver sola a casa en taxi.”

Tras el éxito de Alfie, la vida de Michael Caine dio un vuelco completo y se sucedieron los acontecimientos más extraordinarios para un actor de cine, en especial, lograr trabajar junto a los mejores artistas del séptimo arte. Sin embargo, Michael Caine jamás ha perdido de vista sus orígenes ni ha descuidado el cuidado de su familia y de sus amigos, que han permanecido junto a él en toda esta larga travesía.

Un punto culminante de su carrera, como él mismo cuenta, fue trabajar en el mismo proyecto con su idolatrado John Huston y con su íntimo amigo Sean Connery…

Connery, Huston, Shakira y Caine

Sean Connery, John Huston, Shakira y Michael Caine

“…Y eso es lo que me sucedió en París, en otoño de 1974.

Shakira y yo celebrábamos una pequeña luna de miel en el Hotel George V. Habíamos pasado un fabuloso fin de semana y estábamos sentados en la cama con la primera taza de café de la mañana, decidiendo qué haríamos ese día, cuando sonó el teléfono.

-¿Michael Caine?

Aquella voz era inconfundible, pero así y todo no podía creérmelo. ¿Sería algún amigo mío tomándome el pelo?

-¿Sí? -dije cautelosamente.

-Soy John Huston.

Casi dejo caer el teléfono. Huston era muy fácil de imitar -siempre he pensado que Dios debe de tener la voz de John Huston-, pero era el auténtico John Huston. Me estremecí.

-¿Michael? ¿Sigues ahí? Estoy en el bar de al lado… ¿Tienes un par de minutos para mí?

Tardé ocho en afeitarme, asearme, vestirme y llegar al bar donde me esperaba el director de directores, el que yo más admiraba, el hombre que había dirigido a mi ídolo, Humphrey Bogart, en seis de sus mejores películas, el hombre que yo consideraba como el mayor talento cinematográfico de nuestra era.

Cuando entré, el mayor talento cinematográfico de nuestra era estaba sentado con un vodka entre las manos. Trajeron mi bebida, le di un largo trago sin pestañear y el hombre mostró su aprobación con un gesto.

-Llevo veinte años intentando hacer una película basada en un cuento de Rudyard Kipling, El hombre que pudo reinar. Ya lo tenía todo listo. De hecho -hizo una pausa y me miró a los ojos-, los dos protagonistas que había elegido estuvieron sentados donde estás tú ahora.

Habría sido más elegante no preguntar nada, pero no pude contenerme.

-¿Quiénes eran?

-Gable y Bogart. -Cogí aire. Pausa dramática-. Y van los dos y se me mueren.

Nueva pausa mientras Huston perdía la mirada en su copa y yo trataba de entender qué demonios estaba pasando. Finalmente levantó la vista.

-Pero vuelvo a tener respaldo y quiero que hagas de Peachy Carnehan.

No sé cómo me atreví a preguntarlo, pero lo hice.

-¿Qué papel iba a interpretar Bogart?

-Peachy.

-Cuenta conmigo.

-¿No quieres leer el guión? -preguntó levantando una de sus pobladas cejas.

Tengo que admitir que me pudo la ansiedad. Intenté calmarme un poco y ser más prudente.

-¿Qué hay del personaje de Gable? -pregunté.

-Se llama Daniel Dravot y es el mejor amigo de Peachy.

Deseé intensamente que fuera alguien que también fuese mi mejor amigo. Esta vez fue mi turno para enarcar una ceja.

-Sean Connery -dijo.

No había más que hablar.”

Connery y Caine en El hombre que pudo reinar

El hombre que pudo reinar

Una delicia de autobiografía muy recomendable, especialmente para quienes aman el cine, y muy llamativo el contemplar junto a Michael Caine su evolución profesional a través de su relación con generaciones diferentes que van desde Cary Grant a Liam Neeson, de Jane Fonda a Scarlett Johansson, de Terence Stamp, Elizabeth Taylor o Shirley McLaine a Morgan Freeman, Christian Bale o Sandra Bullock.

Caine y Poitier

Michael Caine y Sidney Poitier

O su íntima y estrecha amistad con Connery, Sidney Poitier o Roger Moore, entre otros. Y descubres, naturalmente, que muchos de ellos no son como uno pudiera creer que son.

Sergio Barce, agosto 2019

Michael Caine. La gran vida (The Elephant to Hollywood, 2010), se ha editado en 2019 por Fulgencio Pimentel-La principal, con traducción de Alberto García Marcos.

 

 

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RESEÑA DE LA ESCRITORA FUENSANTA NIÑIROLA A LA NOVELA “MALABATA”, DE SERGIO BARCE

Malabata cubierta frontal

  Ya me ha llegado la primera reseña a mi nueva novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019) que saldrá a la venta el próximo mes de Septiembre.

El artículo, que me parece muy completo y alentador, es de la artista plástica y escritora Fuensanta Niñirola, autora del magnífico libro Edvard Munch, el alma pintada. Siendo la primera crítica que recibe mi nueva novela no puedo sentirme más optimista por las sensaciones que me ha transmitido. Espero que sus palabras os animen a haceros con Malabata en cuanto esté en las librerías.

La reseña de Fuensanta Niñirola, que próximamente se publicará también en El placer de la lectura y en Café Montaigne, podéis leerla accediendo a su blog La hora azul a través del siguiente enlace:

https://lamiradadeariodante.blogspot.com/2019/08/tangerinas.html?fbclid=IwAR2_ktYZoAXnmNe8UWvgcbcaAbpr_IL6SFbW9XmRUp_cTEdAVtr5WhzrQcA

FUENSANTA NIÑIROLA

FUENSANTA NIÑIROLA

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RESEÑA DEL POETA JOSÉ SARRIA SOBRE LA NOVELA CORTA “EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE

El poeta José Sarria ha tenido la deferencia de dedicar su tiempo a desgranar mi novela corta El laberinto de Max, y, tras leer sus palabras, solo puedo darle las gracias profundamente, porque han hecho que me sienta muy orgulloso de esta narración que escribí para el deleite de todos vosotros.

Aquí os dejo su reseña, que se acaba de publicar en la página web de la ACE (Asociación Colegial de Escritores de España):

http://www.aceandalucia.org/index.php?id=noticia0&tx_ttnews%5Btt_news%5D=29829&cHash=4b5c3f67846f949e6786262cfafc89c7

También se publicará en Luz Cultural.

 

EL LABERINTO DE MAX

de Sergio Barce

por José Sarria

 (Ediciones del Genal y Mitad Doble, Málaga, 2018)

Existe en todo artista una manera de observar, de contemplar el mundo, diferente al resto de personas. Todo creador, es un pequeño dios, omnipotente y todopoderoso, cuya mirada es fecunda y prolífica, para convertir lo contingente en necesario, en la línea de pensamiento de Tabarovsky. 

“El laberinto de Max”, del novelista Sergio Barce, es eso, precisamente, una fértil Arcadia que se alza en un limitado espacio escénico, como es la librería de Max Bazlen, uno de los protagonistas esenciales de este excepcional relato corto. Un paraíso que Max  había concebido “como un pequeño laberinto que impidiera a los clientes salir enseguida”. Clientes que se convertirán en los actores secundarios de la trama, como Carlos que busca los primeros libretos publicados de Cavafis o Úrsula, la compradora compulsiva que, periódicamente, entra en la librería para adquirir el mismo ejemplar de “Madame Bovary”, de Flaubert.

Todo ello, conforma el magma, el conjunto de elementos con los que elevar una afectiva reflexión sobre las relaciones paternofiliales; en este caso, entre Max y su hijo Ricardo, además de un emotivo homenaje a la literatura y a sus artífices: los escritores.

9788417186548

A Sergio Barce le alienta y le estimula el hecho en sí mismo de contar, de narrar, de erigirse en constructor de una historia: imaginar, crear su empíreo, su propio universo. Ajeno a la mera descripción de la experiencia del mundo conocido, el verdadero escritor, concibe desde el lenguaje e inaugura un mundo nuevo. Y esta es la evocación que se percibe al adentrarse en el exuberante y fascinante universo bazleniano que Barce ha establecido desde la terraza de la emoción. La emoción es, quizá, la parte esencial de este delicado relato que incursiona en el corazón del lector de manera fundante. Allí se encuentra un germinativo homenaje a los libros, basamento de nuestra cultura y construcción social, tal y como nos enseñó Voltaire: “Todo el mundo conocido, con excepción de las naciones salvajes, es gobernado por los libros”. En ese laberinto, que es la librería de Max, Barce eleva un bastión áureo, con el nombre de muchos de aquellos creadores literarios que han contribuido a constituirnos como especie: Vargas Llosa, Lorca, Withman, Eduardo Mendoza, Kerouac, Rulfo, Paul Auster, Machado, Vila-Matas, Gómez de la Serna, Bukowski, Vallejo, Bolaños, Lope o García Márquez, entre una ingente pléyade de escritores que supieron, de manera extraordinaria, “enfrentarse y contemplar el mundo, para reinterpretarlo de nuevo merced a su palabra …/… Y así, gracias al conjuro casi mágico de ese verbo fundante o al prodigio plástico y rítmico de la palabra y la metáfora restablecer, o acrecentarle, al mundo su hermosura —aunque sea solo a nivel verbal—, rehabilitarle su primigenia y herida doncellez, pensando en la soñada plenitud mítica virginal”, según ha señalado, acertadamente, el profesor Carlos Clementson.

Dos de los grandes protagonistas del relato, el propietario de la librería, Max Bazlen y su hijo, Ricardo, se han convertido en dos extraños, ya que mantienen antiguas cuentas pendientes que han hecho que Ricardo no haya visto a su padre desde hace algo más de quince años. Un “estúpido bofetón –que Max dio a Ricardo- cuando se negó a leer La isla del tesoro”, la única novela que Ricardo ha leído en casi cuarenta años, y el accidente automovilístico que acabó con la vida de su madre, cuya muerte el hijo ha atribuido durante todo este tiempo a Max, son las causas del desencuentro.

“El laberinto de Max” es, también, un canto vital sobre la compasión y la restauración, un gallardete que simboliza la esperanza que a todos nos asiste para volver a reconstruir nuestra propia existencia, a pesar de los errores, de las caídas o de las oportunidades perdidas. Sergio Barce ha sabido acampar, en medio de una sociedad convulsa, individualista y egocentrista y contemplar el mundo con otros ojos, volver a examinar y descubrir las cosas frente a las que la mayoría pasa de largo sin darse cuenta y hablarnos de valores tan necesarios y esenciales como el perdón, la reconciliación o la generosidad y que hacen que Ricardo, un infortunado periférico, perdido en su propio laberinto de alcohol, desempleo y fracaso sentimental, pueda descubrir, desde otra mirada, a un padre al que no reconoce (“No sé ya quién es Max …/… Es como si el tiempo perdido me cayera de golpe, sepultándome”) y que le ofrece la oportunidad, no ya solo de regentar la librería, sino de obtener su propia salvación, de reconciliarse consigo mismo al abrir ese mundo mágico que existe en el desván del negocio donde, con la lectura de aquel maravilloso tesoro que se encuentra en los libros, puede llegar a fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro.

Lili, una joven encantadora que camina “como paseaban las mujeres en otro tiempo”, es la tercera gran protagonista del texto y se eleva como un ónfalos, piedra angular del relato. Fiel asistente de Max, Lili, se transformará en la utópica esperanza de Ricardo, en el más preciado de los bienes que Max le pudo legar, tras su fallecimiento. Junto a ella, “la vida se ha convertido en un fascinante misterio”, dirá Ricardo, mientras roza, con sus labios, el lunar en forma de pez de su cuello, a pesar de saber que el cáncer terminará, en breve, con la vida de esta hermosa mujer que se mueve igual que una gata y que le ha entregado la posibilidad de creer en él mismo y de vivir el presente con la eternidad que habita en cada instante, en cada abrazo, en cada sonrisa.

Bajo una imaginación fundante, Sergio Barce nos ofrece una narración sencilla, pero intensamente profunda, original, mágica, proverbial y luminosa, para instalarnos, desde la reflexión, frente al reconocimiento de la propia esencia y desde ahí pronunciar legítimamente lo sublime, ajeno al calco y la huella, donde, por una ley de lo inversamente proporcional: “cuanto más bajo es el tono, tanto más alto es el efecto”, tal y como nos ha enseñado el poeta italiano Paolo Ruffilli.

Barce, ha pretendido, y lo ha conseguido pródigamente, contar, relatar, describir, narrar; es decir, establecer un lugar en donde sea lo que no es. En definitiva, concebir verdadera literatura y desde ella hablar de su amor por los libros, los escritores, las librerías y los libreros y frente a “un mundo actual, donde todas las ideas de felicidad acaban en una tienda”, tal y como ha dicho el filósofo Zygmunt Bauman, rescatar de entre los escombros de la actual civilización valores tan intensamente humanos como perdón, reconciliación y reparación, todo ello hilvanado bajo la luminosa y frutal imaginación de un portentoso narrador, como es Sergio Barce y que se nos descubre, en esta nueva entrega, singular, brillante, original y excepcionalmente renovado.

Jose Sarria

José Sarria

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“SEXO Y MENTIRAS. LA VIDA SEXUAL EN MARRUECOS”, UN LIBRO DE LEILA SLIMANI

El sexo es un tema recurrente y fundamental en la narrativa de los escritores marroquíes. Hay están títulos como El pan a secas (Al jubz al-hafi, 1972) de Mohamed Chukri, Aixa, el cielo de Pandora (2007) de Mohamed Bouissef Rekab, El último patriarca (L´ultim patriarca, 2008) de Najat el Hachmi, Mi Marruecos (Mon Maroc, 2009) de Abdelá Taia, o No (2016) de Said El Kadaoui Moussaoui, por nombrar solo algunas de las novelas, diarios o relatos autobiográficos a los que he dedicado algún artículo.

El libro de Leila Slimani, Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) lo aborda sin embargo desde otra perspectiva con este interesante ensayo que nace de varias entrevistas que, a lo largo del tiempo, la autora realiza a mujeres marroquíes. Y el resultado es un retrato real y descarnado de la realidad sexual del país. Una realidad que se mueve en ese extraño y complicado equilibrio entre tradición,  religión, costumbres e hipocresía, y modernidad, libertad, ruptura y represión.

Sexo y mentiras portada

Nur, una de las mujeres entrevistadas por Leila Slimane, cuenta:

“…En mi oficina, por ejemplo, soy la única que no lleva hiyab. Trabajo rodeada de hombres. Un día me puse una falda corta, y tenía la impresión de ir desnuda. Fue horrible. No lo volveré a hacer jamás.

Antes, nos reuníamos las amigas en casa de alguna de nosotras y lo pasábamos bien. En un momento dado, la cosa cambió. Las reuniones se convirtieron en veladas religiosas, y todas me preguntaban las razones por las que yo no me cubría la cabeza. Había una especie de competencia, de rivalidad, para ver quién era la más piadosa. Me niego a que me impongan ese chisme en la cabeza. Mi madre lleva pañuelo, y no me molesta. Puede que llegue el momento en que yo me lo ponga, pero tiene que venir de mí.”

Leila Slimane no se limita a reproducir lo que le cuentan esas mujeres, algunas de ellas confesándose abiertamente por vez primera, sufriendo incluso al hacerlo, pero derrochando una sinceridad y un gran arrojo. Leila además analiza los gestos de sus interlocutoras, sus reacciones ante sus preguntas, interpretando sus silencios. El ejercicio resulta conmovedor en ocasiones.

La elección de los personajes entrevistados también es un acierto, porque abre el abanico desde las mujeres más humildes (simples amas de casa, una prostituta…) hasta profesionales o mujeres independientes (una administrativa, una doctora…). El espectro es amplio y eso hace que el retrato sea más contundente. Porque lo que rezuman estas páginas es la evidencia de que el patriarcado sigue campando a sus anchas en Marruecos, de que la vida diaria de la mujer marroquí sigue desarrollándose bajo normas y leyes pensadas para que la mujer continúe siendo un ser sumiso e invisible, de que pese a los evidentes avances de los últimos años aún estamos muy lejos de ver a las mujeres sentarse solas libremente en las terrazas de los cafetines o fumando mientras pasean o vistiendo faldas cortas o pantalones demasiado ceñidos… Las convenciones y la religión cayendo como losas sobre ellas.

En el capítulo titulado “Asma Lamrabet” (cada capítulo de este libro arranca con el nombre de la persona entrevistada o de la que Leila Slimane habla) leemos lo siguiente:

“…Los musulmanes cuentan con una larga tradición escrita, mantenida por los eruditos, que no ven incompatibilidad entre las necesidades del cuerpo y las exigencias de la fe. La literatura y el arte eróticos florecieron en el período que va de los siglos IX al XIII, mientras la civilización islámica estaba en su apogeo. Como me recuerda el escritor Tahar Ben Jelloun: <La mayoría de los adolescentes de hoy han leído El jardín perfumado del jeque Nefzaui, escrito en el siglo XIV a petición de un príncipe que quería saber cómo hacer el amor y obtener el máximo placer. No debemos olvidar que el texto comienza con la fórmula Bismillabi arrabman arrabim, es decir, En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo>.

(…) …Para el tunecino Abdelwahab Bouhdiba, que publicó en 1975 La Sexualité en Islam, una obra convertida en clásica, la visión severa, puritana y sombría de la sexualidad está en contradicción con el propio espíritu del islam. Para él: <Redescubrir el sentido de la sexualidad es redescubrir el sentido de Dios, y a la inversa. (…) Una sexualidad plena equivale a una libertad ganada>. En su libro, Bouhdiba recuerda una perspectiva olvidada de la sexualidad en el islam: la de una relación carnal jubilosa, placentera. Narra una cultura en la que el cuerpo no se niega ni se reprime y en la que el coito se asimila a un momento de oración. Según él, la solución no consiste en calcar el modelo occidental en las sociedades musulmanas. Hay que encontrar una tercera vía y liberar el sexo con la religión en lugar de contra esta.”

Leila Slimane

LEILA SLIMANE

Lo religioso lo impregna todo, y si la interpretación es estricta y restrictiva, la represión se hace casi insoportable. Leila Slimane no elude su posicionamiento y es crítica con esa sociedad machista que anula el desarrollo individual de la mujer marroquí. De entre esos personajes que retrata en su ensayo, quizá sea el de Malika el que más me ha conmovido. Malika le cuenta a Leila su dura lucha diaria por mantenerse como una mujer independiente, pero nada es fácil. Su soltería es ya un problema en sí misma. Relata Leila Slimane:

“…Si sigue soltera no es por casualidad. Malika parece haber sufrido muchos desengaños amorosos. <El tipo con quien yo salía, que estudió en el liceo francés, era muy abierto, muy comprensivo. Sin embargo, a la hora de casarse lo hará con una chica más joven que él, y virgen. Al mismo tiempo, se jactaba de acostarse habitualmente con prostitutas. Cuando me enfadé por su actitud, me dijo: “Eres una intolerante. Estoy en mi derecho de querer follar y a la hora de casarme elegir una novia virgen”. No lo consideraba como una esquizofrenia. Al igual que la de muchos hombres, su sexualidad es inmadura>. Malika ha repetido varias veces que los hombres tienen más oportunidades de elegir, aunque padezcan también esa hipocresía…

(…) En Marruecos es difícil para una mujer que no esté casada llevar una vida social; a partir de cierta edad, resulta imposible si no estás en pareja…”

Esta última frase de Leila Slimane es lapidaria, y me transmite una sensación de tristeza. Leer estas confesiones, sin embargo, nos devuelve la fe en la fuerza de estas mujeres. Mujeres que, en algunos casos, caminan a contracorriente, pero con una seguridad apabullante. Sin embargo, es evidente que queda mucho por recorrer y que el sendero está lleno de trampas y de peligros.

Sexo y mentiras abre una puerta que permanecía cerrada, y nos permite ser testigos de los sentimientos mas íntimos de estas mujeres a las que admiro profundamente.

Sergio Barce, mayo 2019

Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos (Sexe et mensonges. La vie sexuelle au Maroc, 2018) está editado por Cabaret Voltaire, con traducción de Malika Embarek López.

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SEAN, GENE, JACK Y TAMBIÉN ENNIO.

morricone

Esta semana acudiré al concierto de Ennio Morricone en Madrid. El músico más influyente de las últimas décadas. El gran maestro. El más imitado y el más homenajeado. Será una de sus últimas apariciones en la gira mundial que efectúa para despedir su extraordinaria carrera. Ya no gozaremos de sus genialidades en nuevas bandas sonoras, y el cine se apaga un poco con esta despedida definitiva. Por eso no puedo perderme este adiós. Asistir es rendirle un pequeño homenaje. Y darle las gracias por tantos buenos momentos.

El cine hace tiempo que ha cambiado. El mejor cine se hace ahora para la televisión. O al menos la gran mayoría de los talentos se han refugiado en este medio. Series con guiones que, a veces, son auténticas obras maestras. Series que se ruedan como el mejor cine de antaño.

Haré un inciso para aconsejar alguna de las series que me han impresionado en estos últimos años: Los Soprano, The wire, Mad Men, House of cards, Breaking Bad, Juego de Tronos, El cuento de la criada, True detective, Black mirror, Westworld, pero aún destacaría, por muchas razones, Carnivale, Deadwood y El joven Papa.

El cine en salas grandes ya solo se enfoca para las películas de superhéroes, franquicias y comedias de humor grueso. Solo logran abrirse paso algunos clásicos que son iconos, como Clint Eastwood, pero de estos ya quedan muy  pocos. Y de entre los que quedan, como Woody Allen, esta nueva sociedad pacata y esquizofrénica que nos ha tocado vivir ha decidido hacer una purga. Porque sí. Porque la nueva moral imperante ha decidido que ahora todos somos culpables mientras no se demuestre lo contrario. Y son las salas pequeñas las que cobijan, no sin grandes dificultades, al cine de autor más interesante.

SEAN

SEAN

Lo cierto es que hay un punto de inflexión al comienzo de este siglo. Y ese punto de inflexión lo podrían representar tres nombres propios: Sean, Gene y Jack. Cualquier película con uno de ellos en el proyecto se convertía en algo especial. Si la película era buena, ellos la hacían excelsa; si la película era mala, ellos la disfrazaban de dignidad. Sean, Gene y Jack. Connery, Hackman y Nicholson. Tres actores de Oscar. Tres actores inigualables, que desde que dejaron de rodar provocaron que la pantalla grande se hiciera pequeña.

La última película protagonizada por Sean Connery es de 2003, la de Gene Hackman de 2004 y la última de Jack Nicholson de 2010. Las tres películas son mediocres. Un punto final bastante pobre para unas carreras brillantes e irrepetibles. Basta con volver a ver The French connection (1971), Chinatown (1974), La colina (The hill, 1965), La conversación (The conversation, 1974), El nombre de la rosa (Der name der rose, 1986), Mejor… imposible (As good as it gets, 1997), El hombre que pudo reinar (The man who would be King, 1975), Alguien voló sobre el nido del cuco (One flew over the cuckoo´s nest, 1975) , Arde Mississippi (Mississippi burning, 1988), El resplandor (The shining, 1980), Los intocables de Eliot Ness (The untouchables, 1987), Sin perdón (Unforgiven 1992).. ¿sigo? Connery fue el  mejor James Bond. Hackman el mejor Lex Luthor. Y Nicholson el mejor Joker.  Lo digo para aquellos que defiendan las adaptaciones de cómics que ahora nos inunda. Hasta en ese campo, descollaron. 

Gene-Hackman-Net-Worth

GENE

Las razones para que los tres abandonaran el cine son muy similares: Jack Nicholson decidió que el cine ya no le emocionaba, Gene Hackman lo dejó por hastío y para centrarse en escribir novelas históricas. y Sean Connery también lo hizo por cansancio tras el rodaje de su último film y porque, según se rumorea, padece Alzheimer. Pero lo cierto es que han dejado un gran vacío que nadie ha logrado ocupar. Y nadie les ha rendido aún el homenaje que se merecen.

JACK

JACK

Ahora que se marcha Morricone con la música a otra parte, el desierto se hace más árido e inhóspito. Pero nos queda el consuelo de que todas esas maravillosas películas siguen ahí, con esos tres inolvidables actores dando clases de interpretación y con ese genio dirigiendo la mejor banda sonora que me acompaña desde la niñez. 

Sergio Barce, mayo 2019

 

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