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“NELSON MANDELA Y ANTONIO LOZANO, DOS HOMBRES UBUNTU”, UNA RESEÑA DE ALBERTO MRETH

Aquí traigo una preciosa reseña escrita por Alberto Mreth sobre el último libro de Antonio Lozano.

Desde que Antonio nos dejara, se han repetido los actos de homenaje y de reconocimiento. Todos merecidos. La reseña de Alberto es otro pequeño homenaje al que me uno. Porque es como reivindicar su pensamiento ético y político, tan necesario en estos días, un pensamiento tiznado de humanidad. Se hace difícil  no contar con sus consejos, con su manera de hablar y de exponer sus ideas, pero ahí está su obra. Y qué mejor manera de cerrar ese círculo que su libro sobre Nelson Mandela. Humanidad y humanismo de la mano.

Sergio Barce, marzo 2019

En el siguiente enlace podéis leer la reseña escrita por Alberto Mreth:

https://www.zendalibros.com/nelson-mandela-y-antonio-lozano-dos-hombres-ubuntu/

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PALABRA ENCENDIDA

Hace muy pocas fechas, el poeta José Sarria daba su discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba con un ferviente alegato por la Literatura Hispanomagrebí, que tanto apoyo necesita. A León Cohen y a mí nos ha llenado de orgullo (y así lo hemos comentado) que Pepe Sarria nos haya incluido  en esta lista de autores (con la mayoría de ellos me une una larga amistad de años) que usamos al español como “palabra encendida”. Ya me llamó una vez autor transterrado, así que otra razón más para seguir escribiendo y alimentando este ir y venir de experiencias y vivencias compartidas.

Sergio Barce, febrero 2019

LA PALABRA ENCENDIDA
Breve análisis de la Literatura Hispanomagrebí
Por José Sarria 
Discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

“Pensar que escritores como los sefardíes Isaac Laredo, Moisés Garzón Serfaty o León Cohen Mesonero, los españoles Alberto España, Ángel Vázquez, Antonio Lozano, Rafael de Cózar, Pilar Quirosa o Sergio Barce o los marroquíes Mohamed Chakor, Mohamed Sibari o Abdellah Djbiluo son simples autores de una u otra orilla que se expresan en español es no alcanzar a entender la dimensión de lo que viene ocurriendo en los países vecinos con respecto al desarrollo de una nueva corriente creacional: la que denominamos como Literatura Hispanomagrebí”

JOSE SARRIA

“La Literatura Hispanomagrebí se conforma, pues por un abigarrado conjunto de autores magrebíes que incursionan en el territorio creativo/mental a través de la lengua del otro (Mohamed Chakor, Abderrahman el Fathi, Mohamed Sibari, Aziz Tazi, Mohamed Lahchiri, Larbi El Harti o Mohamed Bouissef Rekab), de autores españoles/sefardíes de la frontera que han magrebizado sus obras (Moisés Garzón Serfaty, Sergio Barce, Leon Cohen Mesonero o Mustapha Busfeha García) y de autores magrebíes de segundas generaciones (Najat El Hachmi, Zuer el Bakali, Leila Karrouch, Farid Othman-Bentria Ramos o Said el Kadaoui) que no solo escriben en español sino, incluso, en otras lenguas del Estado español, contribuyendo, todos ellos, al establecimiento de un crisol multicultural que tiene al español como “palabra encendida”.”

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NUESTROS ABUELOS Y EL COMERCIO “LA BANDERA ESPAÑOLA” DE LARACHE

He recibido de Mª Carmen Martínez, a quien no conocía hasta ahora, un correo en el que me relata su relación familiar, más en concreto de su abuelo Ricardo Fernández Alcalá, con mi abuelo paterno Manuel Barce. Y como es un correo tan entrañable y tan inesperado, con su permiso, lo comparto con vosotros. Seguro que Carlitos Tessainer hará las apostillas pertinentes y completará esta pequeña historia que a mi padre le ha traído algunos recuerdos ya olvidados.

Sergio Barce, febrero 2019

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Permíteme que me presente: Me llamo M.Carmen Martínez. Un saludo cariñoso. Me he tomado la libertad de escribirte este correo y contarte cosas, porque de alguna forma yo me siento parte de aquella ciudad que, sin conocerla, me provoca mucho afecto. Yo soy la nieta pequeña del que fue dueño del comercio en el que trabajó tu abuelo.

Deseo decirte que me ha emocionado leer todo lo que habéis escrito de aquella bonita ciudad, y con el amor entrañable que habláis del lugar donde crecisteis y del que yo sé tan poco. Me identifico con esa forma de sentir porque yo soy también una persona que se siente muy arraigada al sitio de donde procedo, pero también de mis antepasados.

Las cosas de la vida han hecho que en estos momentos esté recopilando recuerdos de mi infancia entre los que se encuentran lógicamente los de mi familia materna. Mi madre, Carmen, nació en Larache en 1919. Tengo algunas fotos del que fue su hogar por bastantes años, y también historias que ella me contó y que he conservado en mi memoria. Ella ya murió hace casi once años y le hubiera encantado contactar con vosotros y cambiar impresiones…. 

Mamá con 13 años en Larache

Carmen, con 13 años, en Larache

Cuando falleció, yo confeccioné un álbum familiar y allí tengo muchas cosas y fotos. Pero algo dentro de mí me impulsó a buscar más datos y no dudé en consultar en internet en donde aparecieron los relatos del blog que tenéis Carlos y tú. Y todo esto ha sucedido porque mi segunda hija me regaló otro álbum para que yo escribiera mi historia y quise saber más….  ¡Lástima no haberlo hecho antes! 

Comienzo mi pequeño relato: Mi abuela materna se llamaba Francisca Garrido Martín de la Mota. La llamaban Paquita y todo el mundo la apreciaba mucho. Sé que se casó con el que fue el primer dueño de La Bandera Española. Ignoro el motivo, pero él murió pronto y de su matrimonio con mi abuela quedaba una nena de tres años más o menos: mi tía a la que llamaban cariñosamente Paquitín. En el comercio había entonces un encargado muy avispado para los negocios y con mucha labia…. Creo que era muy guapo también. Se enamoraron y se casó con mi abuela. Se llamaba Ricardo Fernández Alcalá. Era de Melilla. Desde ese momento, él fue el nuevo y último dueño del bazar, hasta muchos años después. De este nuevo matrimonio nació mi madre Carmen, a la que llamaron casi siempre Carmina. Como he contado antes, nació en Larache y fue una niña muy grande y con mucho peso… Tanto, que parecía que tenía meses, ya que pesó 6,500 K. y dicen que media ciudad desfiló a conocerla.

El chalet de mis abuelos en Larache

Chalet de la familia de Mari Carmen en Larache – actual avenida Mohamed V

La familia vivía en un chalet que estaba cercano a la valla de un cementerio que ya no tenía uso. No conozco el nombre de la calle, pero tengo un par de fotos. Tenían a su servicio a un morito (como le llamaba mi madre) que se llamaba Driss y una morita, que no sé si tenían parentesco, que no recuerdo su nombre, pero parece que hacía unos dulces maravillosos. Tenían un gato muy aventurero que saltaba la valla de ese cementerio y cazaba todo tipo de “bichos” y los traía a la casa y soltaba en medio de la cocina… En más de una ocasión trajo un lagarto enorme y Driss tuvo que matarlo para no escuchar los gritos de las mujeres de la casa.

Mi madre y mi tía se educaron en casa con un profesor. Y cuando eran mayorcitas las llevó mi abuelo a Rabat, a un pensionado francés a estudiar el idioma y a reforzar los estudios generales, que entonces era la costumbre. Estuvieron poco porque parece ser que la comida no era buena y mi tía dejó de abrir la boca y perdió tanto peso que no tuvieron más remedio que sacarlas de allí.

Vivieron en Larache hasta que empezó la guerra en España y se trasladaron a Madrid. No puedo precisar en qué momento. Aquí vivieron en un edificio a cuatro calles que se llama “La casa de las flores”, en el barrio de Argüelles, junto a la Moncloa y el Arco del triunfo. Mi tía por aquel entonces estaba recién casada con un militar que fue destinado a Burgos. Tal vez te suene su nombre porque fue el Jefe militar de la casa de Franco y luego al morir del Rey Juan Carlos I: se llamó Ernesto Sánchez-Galiano. Una excelente persona con una brillante carrera militar hasta la máxima graduación que dejó huella en cada destino que estuvo.

Mi abuelo Ricardo siempre se dedicó al negocio y viajaba bastante a Ceuta, Melilla, Tánger… Siempre, en sus viajes a Madrid, yo le escuchaba hablar con mis padres y mencionaba al que creo que era entonces el encargado de la tienda y le suplía en sus ausencias, un señor que se llamaba Barce. Espero no equivocarme si te digo que ese señor debió ser tu abuelo… Por eso he sentido el impulso de contactar contigo.

Mis recuerdos de aquel comercio se reducen a las cosas que él nos traía a mi hermana Isabel, a mis primas y a mí. Entre las chuches, siempre había un exquisito y enorme chicle Bazoca en barra, preparado para ir cortando porciones. Y un regaliz cuya presentación era como ahora dirían “de chef”. Era una tira finita de menos de un centímetro, larga y enrollada y en el centro se sujetaba con una estrellita de plástico blanca o verde, y tenía un sabor delicado e inolvidable. Muñecos con tacto de carne, blanditos… También los perfumes que traía a mamá y artículos que llegaban de otros países que tengo la certeza de que éramos casi pioneras en exhibirlos. Me estoy refiriendo a tejidos de nylon, estampados, con relieves, de muchos colores, que se transformaron en preciosos vestiditos para nosotras. En fin, de todos estos detalles me acuerdo y aún conservo un peinador con esa tela de nylon, que nunca se estropea.

La abuelita Paqui estaba delicada del corazón y murió cuando yo tenía unos seis años. El abuelo Ricardo quedó desolado y se aferró al negocio un poco más. Iba y venía a Larache y en esos viajes pasaba uno o dos meses. Se alojaba en el Hotel España. Cuando yo era ya jovencita es cuando decidió quitarlo y venderlo. Quiero recordar que se lo quedó el encargado Sr. Barce. Puede que me equivoque, pero tú me lo podrás aclarar.

Manuel Barce 1

MANUEL BARCE

Esto es, a grandes rasgos, cosas que puedo contarte. Tu abuelo y mi abuelo trabajaron juntos en La Bandera Española. Mi madre creció en Larache y vosotros también. Todos habréis frecuentado los mismos lugares, ferias, playa… y habréis paseado por ese precioso balcón del Atlántico y visto atardeceres maravillosos que a mí tanto me gustan… Y, casualmente, hace como uno o dos años, pusieron una serie en TV que se llamaba “Entre costuras”, que se desarrolla casi toda en Tetuán y esa zona. Todo ello me trajo a la memoria la vida y época de mi amada madre en Larache.

Voy a despedirme, no sin decirte que me ha encantado contactar contigo. Yo no soy partidaria de redes sociales y no estoy en ninguna, pero si hay algo que pueda aportarte y ayude en vuestro blog y ese proyecto de inmortalizar vuestra niñez y esa ciudad que os vio nacer, será un placer colaborar.

Una cosa me gustaría pedirte, y es que me aclares por orden de antigüedad, los diferentes nombres de la calle en donde estuvo y está La Bandera Española. ¿Sigue existiendo todavía?

Y esto es todo. Muchas gracias por dedicar tiempo a leer mi pequeña crónica de Larache. Saludos a tu familia y a tu amigo Carlos, y para ti también un afectuoso saludo-

Mari Carmen Martínez

Los abuelos en Larache, 1939

LARACHE 1939 – Abuelos de Mari Carmen

 

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REVISTA MAGRIBERIA – “ALGUNOS ASPECTOS DE LA SOCIEDAD LARACHENSE EN UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, DE SERGIO BARCE”, UN ARTÍCULO DE BOUJEMAA EL ABKARI

MAGRIBERIA

Maribel Méndez, bibliotecaria del Instituto Cervantes de Fez, nos ha comunicado a través de facebook lo siguiente:

Os quiero comentar el contenido de una revista que ha sido editada en Fez y que recoge las actas del II Congreso Internacional de la Asociación de Hispanistas Árabes, titulado “Mundo árabe y mundo hispano. Percepciones mutuas”, que se celebró en Fez del 22 al 25 de noviembre de 2016.

Se trata del último número publicado de la revista “Magriberia” (Número 11 de 2017), que tenemos en nuestra biblioteca para su consulta. Contiene algunos artículos relacionados con la LMLE entre los que os destaco “Algunos aspectos de la sociedad larachense en Una sirena se ahogó en Larache, de Sergio Barce”, de Boujemaa el Abkari; o “La tradición orientalista en América Latina: presentación”, de Abdellatif Limami.

En realidad os podría haber destacado muchos otros pues recoge muchas aportaciones de hispanistas marroquíes, españoles y latinoamericanos. Os recomiendo consultar la nota de contenido de esta obra en nuestro catálogo a través del siguiente enlace:

 http://catalogo-bibliotecas.cervantes.es/general/abnetcl.exe?SUBC=FEZZ&ACC=DOSEARCH&xsqf99=%40titn%3D644544

Si estáis interesados en conseguir algún artículo en concreto, no tenéis más que pedírmelo.

Amablemente, como siempre, Maribel me ha hecho llegar el artículo del profesor Boujemaa El Abkari, de la Universidad Hassan II – Mohammedia. Lo cierto es que no esperaba un estudio tan concienzudo y tan meticuloso, así que me siento realmente feliz de haber descubierto tantos aspectos subyacentes en mi novela como los que ha logrado diseccionar el profesor El Abkari, al que le agradezco su generosidad al dedicar su tiempo a Una sirena se ahogó en Larache.

Sergio Barce, febrero 2019

BOUJEMAA EL ABKARI

Prof. BOUJEMAA EL ABKARI

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UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

 

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UN SUCESO EN EL PUENTE SOBRE EL RÍO OWL, UN RELATO DE AMBROSE BIERCE

Últimamente ando releyendo cuentos y narraciones. Quizá cada día tenga menos tiempo libre y por eso he acabado por refugiarme en ellos. El hecho es que he vuelto a leer relatos cortos de autores distintos y dispares que ya conocía, y descubro a otros que, por la razón que sea, jamás había visitado. Es un ejercicio agradable y gratificante que te saca de la árida rutina laboral.

El incidente

La última lectura ha sido un texto del escritor americano Ambrose Bierce, del que he hablado en varias ocasiones al referirme a su famoso Diccionario del diablo. Se trata de su magnífico cuento Un suceso en el puente sobre el río Owl o El incidente del Puente del Búho, una de esas historias de la que uno aprende muchas cosas y que yo siempre he tenido como relato de cabecera, entre otras razones porque es perfecto. Está escrito con una maestría asombrosa y consigue ese efecto que todos los escritores tratamos de lograr cuando nos aventuramos a escribir un cuento: hipnotizar al lector.

Está ambientado en la Guerra de Secesión americana, de la que el propio Ambrose Bierce fue protagonista directo, y cuenta la historia del ahorcamiento de un hombre. Por supuesto no voy a desvelar absolutamente nada del relato porque hay que saborearlo desde el principio hasta el final, y, cuando acaba, te quedas unos segundos pensando en su protagonista sin desprenderte de una especie de aturdimiento.

secesión

Os invito a leer un fragmento de Un suceso en el puente sobre el río Owl, con traducción al español de Jorge Ruffinelli:

“…El hombre que se disponían a ahorcar tenía aparentemente unos treinta y cinco años. Era un civil, a juzgar por su vestimenta, que era la de un granjero. Sus rasgos eran nobles: nariz recta, boca firme, frente amplia y cabello largo y oscuro peinado hacia atrás, que le caía por detrás de las orejas hasta el cuello de su elegante chaleco. Tenía bigote y una barba en punta, pero no llevaba patillas; sus ojos eran grandes, de un gris oscuro, y poseían esa expresión afectuosa que uno difícilmente hubiera esperado en alguien pronto a morir. Evidentemente no era un asesino vulgar. El código militar, tan amplio en su espíritu, prevé la horca para muchas clases de personas, sin excluir a los caballeros.

Al culminar los preparativos, los dos soldados se hicieron a un lado y cada uno retiró la tabla sobre la que había estado apoyado. El sargento se volvió hacia el capitán, saludó y se colocó inmediatamente detrás de él, y ésta a su vez se alejó un paso. Estos movimientos dejaron al condenado y al sargento de pie sobre ambos extremos de la tabla que atravesaban tres traviesas del puente. El extremo donde estaba el civil alcanzaba, casi sin tocarla, una cuarta traviesa. Esta tabla se había mantenido horizontal por el peso del capitán, y ahora lo estaba por el peso del sargento. A una señal del capitán el sargento se haría a un lado, la tabla habría de inclinarse y el condenado caería entre dos traviesas. Al condenado este arreglo le pareció sencillo y eficaz. No le habían cubierto la cara ni vendado los ojos. Consideró por un momento su vacilante posición, y luego dejó que su mirada vagara hacia las aguas arremolinadas del arroyo, que corrían enloquecidas bajo sus pies. Un trozo de madera flotante que bailoteaba llamó su atención y sus ojos la siguieron corriente abajo. ¡Con qué lentitud parecía moverse! ¡Qué arroyo tan perezoso!

Cerró los ojos para fijar los últimos pensamientos en su mujer y en sus hijos. El agua convertida en oro por el sol temprano, las melancólicas brumas de las orillas a alguna distancia corriente abajo, el fuerte, los soldados, el pedazo de madera, todo lo había distraído. Y ahora tuvo la conciencia de una nueva distracción. A través del recuerdo de sus seres queridos llegaba un sonido que no podía ignorar ni comprender, una percusión seca, nítida, como el golpe del martillo de un herrero sobre un yunque: tenía esa misma resonancia. Se preguntó qué era, y si estaba inmensamente distante o cerca. Parecía como el tañido de una campana fúnebre. Esperó uno y otro golpe con impaciencia y —no sabía por qué— con temor. Los intervalos de silencio se hicieron cada vez mayores. Los silencios se volvían exasperantes. A medida que eran menos frecuentes, los sonidos aumentaban en fuerza y nitidez. Lastimaban su oído como una cuchillada. Tuvo miedo de gritar. Lo que oía era el tictac de su reloj…”

Ambrose Gwinett Bierce, nació en Horse Cave Creek, Ohio (USA) en 1842 y murió alrededor de 1913. Es uno de los escritores americanos más célebres. Hijo de granjeros profundamente calvinistas, estos dieron a todos sus hijos nombres que comenzaban con la letra A: Abigail, Amelia, Ann Maria, Addison, Aurelius, Augustus, Almeda, Andrew, Albert, Ambrose, Arthur, y las gemelas Aurelia y Adelia —los tres últimos murieron en la infancia—. De todos ellos, Ambrose sólo mantuvo buenas relaciones con su hermano Albert.

AMBROSE

AMBROSE BIERCE

Durante la Guerra Civil americana, Ambrose Bierce se alistó en el Noveno Regimiento de Voluntarios de Infantería de Indiana y luchó en diferentes batallas, hasta lograr el galón de Teniente en 1862. Sufrió una grave experiencia en la Batalla de Shiloh, que le sirvió de inspiración para algunos cuentos. Fue herido en la Batalla de Kennesaw Mountain, mientras luchaba bajo el mando del General Sherman. Tras varias acciones militares, acabó ascendiendo a Comandante Mayor en campaña tras ser licenciado en 1865. Desilusionado finalmente al ver sus aspiraciones truncadas en el ejército regular, dejó éste y se dedicó al periodismo en San Francisco.

Pero fue en Londres donde comenzó a escribir narraciones cortas, que publicó en revistas y que más tarde se recopilaron en varios libros. Autor irónico y sarcástico, Bierce nunca creyó en la bondad humana. Es herederos de Edgar Allan Poe o de Herman Melville. A él se deben muchos de los cuentos clásicos americanos: La muerte de Halpin Frayser, La cosa maldita, Un habitante de Carcosa, Un terror sagrado o La ventana tapiada.

En 1913, Bierce desaparece, y ahí comienza su leyenda. Ya mayor, con más de setenta años, se unió al ejército de Pancho Villa, pero es Chihuahua se pierde su pista.

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