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RESEÑA DE PACO HUELVA SOBRE “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, DE SERGIO BARCE

Acaba de aparecer en “Todoliteratura” una reseña sobre mi libro Una puerta pintada de azul firmada por Paco Huelva, un texto sutil y elegante, con el que ha sabido extraer la esencia de los relatos. Os dejo el enlace donde poder leerla:

https://www.todoliteratura.es/noticia/54511/criticas/una-puerta-pintada-de-azul-de-sergio-barce.html?fbclid=IwAR060QTLeY0LNl0ysrr-g3K2EKrXo-YkS2K4_W1SsWixEF4RIxoykuYWmDc

Como muchos escritores Sergio Barce no deja de recurrir a su pretérito para conformar con ello un imaginario lleno de una mezcla pródiga de realidad y de ficción con la que consigue epatar a sus lectores. Ahora nos ha presentado “Una puerta pintada de azul” en Ediciones del Genal: ocho relatos de una interesante factura.

Tánger, Larache, Alhucemas, Alcazarquivir… son espacios instalados en su memoria o en la de sus progenitores, que vivieron en lo que se denominó el protectorado español, y de los cuales consigue atrapar lo esencial para colocar en los mismos, a personajes que parecieran imposibles, y en donde la luz, los olores, los sabores, los rezos, los cánticos, la vestimenta, la dureza de la vida, la miseria de muchos o la orfandad son los detonadores necesarios para generar unos cuentos de una extraordinaria aunque también a veces triste belleza.

“Últimas noticias de Larache”, “Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente”, “En el jardín de las Hespérides”, “El libro de las palabras robadas”, “El laberinto de Max”, “La emperatriz de Tánger” o “Malabata” entre otros, conforman una forma de escribir y de entender el mundo y las relaciones entre diferentes, que merecen ser leídos para demostrar cómo en un momento dado, en determinados lugares como los citados, al igual que en otras épocas lo fueran Toledo, Granada, Mallorca, Sevilla o Córdoba, por poner solo unos ejemplos, se engendró el prodigio de una convivencia en paz y en libertad entre cristianos, hebreos, hindúes y musulmanes.

Algunos de los relatos contenidos en “Una puerta pintada de azul” me han recordado a unos de los grandes escritores marroquíes, tan olvidado en la España de hoy en día, verdad, como lo fuera Mohamed Chukri, especialmente en lo relativo a la vida de algunos infantes y jóvenes, abandonados en la calle, que se ganan el pan como buenamente pueden y que están más cerca de la animalidad, la miseria, las drogas, el alcohol y la prostitución: un círculo vicioso que tan de manera excelsa dibuja Chukri en “El pan a secas”, entre otras de sus obras.

Las historias de Sergio Barce que emanan de “Una puerta pintada de Azul”, impulsadas por la memoria propia o ajena, endulzadas con el aroma de azahar, el olor del jazmín, el agua de lavanda, los refritos, las calles, las balconadas, los bares, los sonidos de las mezquitas, las sinagogas y las iglesias convocando al unísono, cada cual a sus fieles, los bazares, los zocos, las estridulantes chicharras en el campo…, supone entrar en un mundo, que, aunque mejorable en muchos asuntos, suponía unos niveles de tolerancia y hermandad entre los seres humanos que componían esos círculos, que hoy se me antojan imposibles de reproducir, pero que existieron, y de ello es lo que da fe Sergio Barce, de esa cohabitación necesaria enfangada ahora por los radicalismos y fundamentalismos de unos y de otros.

El último de los relatos, y el más extenso, denominado “Cara de Luz”, supone un ejercicio literario digno de resaltar. Doce horas en la vida de un octogenario, el Hach Ahmed el Ouazzani, un carpintero que siempre fue querido por todos, que no sabe que ese día morirá de un infarto y quedará derrumbado, abandonado a su suerte, en las oscuras calles de Larache. Pero, Sergio Barce nos hace acompañarlo en un recorrido por la ciudad desde el amanecer hasta su fallecimiento, pero también, por la ejemplaridad de su vida, por el interior de sí mismo y sus cavilaciones y por todas las vidas que vivió con el paso de sus días, permitiéndonos con ello, ver las distintas aristas de Larache en ese casi centenar de años.

Un interesante libro de relatos “Una puerta pintada de azul”.

Paco Huelva

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“TÁNGER Y MELILLA CONFRONTADAS: OTROS SESGOS SIMBÓLICOS Y LITERARIOS”, UN LIBRO DE JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Tánger y Melilla confrontadas: otros sesgos simbólicos y literarios, es un interesantísimo libro de José María Lizundia que acaba de publicar Alhulia, en su colección Ensayos Saharianos, en el que aborda diferentes asuntos, pero sobre todo el de Tánger como mito literario.

“Es tal la adscripción a la literatura de géneros, que se ha convertido la Ciudad del Estrecho en otro género en sí misma, que está generando esa literatura, refundiendo a los demás”.

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Tiene razón cuando funde a Tánger con el género de aventuras, con la novela negra, con el entretenimiento. Es tal el caudal de obras de género publicadas en los últimos años con Tánger como decorado que, a veces, creo que rozamos la sobreexplotación y que puede generar, al final, cierto hastío. Espero equivocarme.

El recorrido que hace Lizundia no es contemplativo y mucho menos condescendiente. Al contrario, su ensayo es muy crítico y acerado, y en muchos aspectos hay que darle la razón (por ejemplo, de entre los asuntos que roza, destacaría su acierto al hablar de los judíos, Marruecos y Palestina, con una postura valiente, sin duda, y nada errada; o su visión de Paul Bowles y la relación que mantuvo con los escritores marroquíes, algo de lo que habría que ahondar para dejar algunas cosas claras).

Pero es su acercamiento al mito de Tánger como elemento literario lo realmente enjundioso. Hay un párrafo excitante:

“Quitando a William Burroughs y obviamente a Bowles, nadie escribió nada allí o nada relevante. Mick Jagger dejó una frase pero no una canción, otros dejaron alguna cita. Está muy bien que se peregrine por los hoteles y bares de Tánger, pero no hay escritorio donde se escribió tal libro, estantes con libros del autor, estilográficas, habitación medio sellada. A Tánger le falta cultura material y le sobra inmaterial, a los efectos literarios y culturales españoles de los que hablamos.”

No se puede tirar por tierra un espectro con menos palabras. Sin embargo, siendo todo eso cierto, la imaginería ha hecho de Tánger un lugar bien abonado para crear. Yo lo he utilizado en cuanto he ambientado algunas de mis novelas en el Tánger de los años cuarenta y cincuenta. Por mi edad, solo puedo fantasear y crear una ciudad que solo existe en mi cabeza, pero con los pies en el suelo, sabedor de cómo es el mundo que describo. Probablemente a Tánger le falte cultural material, cierto, como también es verdad que le sobra la inmaterial, pero ésta ha dado obras realmente buenas (y también algunas infumables y, aunque con Tánger de telón de fondo, ajenas por completo a lo que ha sido o es la ciudad).

Pero yo soy un nostálgico de Larache y quizá por eso me hice nostálgico de Tánger, porque las dos ciudades tenían demasiados puntos en común como para despreciarlos y no aprovecharlos en mi beneficio, armamento pesado para mis obras. Abomino y rechazo sin embargo el ser un melancólico de los que describe José María Lizundia, aunque tengo pavor al pensar que con mis novelas tangerinas haya podido dar la impresión de pertenecer a esta categoría.

“…La ciudad es como una vieja locomotora de vapor que hubiera que alimentarla de libros para que pudiera seguir su marcha. Toda la literatura escrita después de la independencia de Marruecos, desde o sobre Tánger, parte de esa creencia; Tánger no desapareció, y aún perdura, como puede, para muchos. He de incluirme, aunque sea, seguro, el que menos motivos tiene para hacerlo, porque en otro caso no estaría en este cometido. Se han incorporado los ajenos, incluso con mayor puja, como yo mismo con prurito de aguafiestas, simplemente porque no vislumbré ninguna otra vacante. Por eso esa literatura nueva que recupera aquel mundo de la leyenda, y la película <Casablanca> hace de musa, al ir, descubren que el Tánger de la nostalgia, el paraíso, dejó de existir. Pero lo interesante y significativo no es la constatación, sino que hayan tenido que ir allí para certificarlo. Entonces, para perpetuar esa añoranza, ese estado de duermevela dulce y ondulado que pasa sugerentes imágenes, lo que hacen es escribir un libro sobre el Tánger extinguido y resucitado. Más que resucitado, en el fondo ha sido imaginado.”

Como decía antes, al leer este trabajo de Lizundia, temo ser catalogado de melancólico. Sí es cierto que hay novelas escritas por autores que han visitado Tánger (solo Tánger de todo Marruecos) durante dos o tres días, a veces solo un día, han leído algunos libros, les han invitado a una buena cena marroquí, y por arte de birlibirloque ya son especialistas en Tánger y en Marruecos. Yo, que viví mis primeros trece años en Larache (donde se asentó mi familia antes de la existencia del Protectorado), y que voy y vengo de Marruecos con asiduidad, sigo siendo un lego. La cultura marroquí es compleja, el país es complejo, Tánger en concreto es muy complejo, y sigo aprendiendo. Y sí, acierta José María Lizundia al decir que lo que hacen es escribir sobre un Tánger imaginado. Pero yo exijo que al menos haya algo de verdad en lo que se narre, y no me refiero a la verdad histórica. Sin embargo, juega en nuestra contra el hecho de que novelar te permite crear la ciudad que te dé la gana.

Este libro puede molestar a algún tangerino de los muy recalcitrantes, pero no viene nada mal zarandear un poco la mesa y que el castillo de naipes se tambalee para que abramos un poco más los ojos, tal y como hace José María Lizundia.

Sergio Barce, marzo 2021

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“LA EMPERATRIZ DE TÁNGER” EN EL DIARIO “LA OPINIÓN DE MÁLAGA”, GRACIAS A EDICIONES DEL GENAL

Estupendo artículo en el diario La Opinión de Málaga sobre mi editorial habitual, Ediciones del Genal, en el que Jesús Otaola y Nuria Ogalla (la mejor diseñadora y maquetadora que podría tener) hacen mención a mi novela La emperatriz de Tánger como una de las obras de referencia de la casa.

En el siguiente enlace tenéis el artículo:

https://www.laopiniondemalaga.es/cultura-espectaculos/2021/02/12/ediciones-genal-editorial-millar-suenos-34518113.html

Y además la reseña es junto a algunos buenos amigos escritores que también publican con ellos: nuestro añorado Pablo Aranda, Eloisa Navas, Carmen Enciso o Patrick Tuite. Mi agradecimiento por su apoyo. Y a seguir, ahora con el nuevo libro de relatos Una puerta pintada de azul. Seguimos adelante.

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IBÍRICO O EL LABERINTO DE LA MEDINA

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Le anuncié al pintor tangerino Ibírico que escribiría un artículo sobre su obra plástica, sin saber muy bien entonces por dónde lo enfocaría. Pero tras estudiar su trabajo con detenimiento, contemplando el fruto de esa labor multidisciplinar a la que se entrega con tanta pasión, llegué a la conclusión de que, desde el comienzo, ha sido un artista en fuga, un creador que huye hacia adelante, construyendo sin parar a la búsqueda de algo inasible pero que está por descubrir. Esa búsqueda tiene sus raíces y tiene su trayectoria.

Su infancia y su juventud se desarrollaron en su ciudad, Tánger, donde aprendió varios idiomas. Me cuenta Ibírico que trabajó durante treinta y tres años en Iberia, efectuando largos viajes transatlánticos durante todo ese tiempo. De manera que crece en las callejuelas de la medina de Tánger, en un laberinto construido por la mano del hombre durante siglos de historia, y los años posteriores son un continuo ir y venir por todos los países. Y, mientras tanto, su pasión artística trenzándose en un mundo interior al que las callejuelas y las rutas transatlánticas iban dejando marcas y seguramente cicatrices.

Observo sus óleos, sus obras en técnicas mixtas, sus dibujos, sus creaciones metálicas, y siempre me topo con algo que es constante: la presencia del laberinto.

La medina de Tánger es un laberinto permanente y las rutas trazadas por los aviones son laberintos efímeros. Es como si Ibírico no lograra desprenderse ni de sus calles de infancia y juventud ni de esos viajes interminables, como si buscara la salida y no quisiera hallarla, enredado en los recuerdos y tal vez en el placer de patear los callejones, los pasajes, los corredores desconocidos.

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Kasbah II

En sus óleos el laberinto es interior y personal, pero lo vierte en las callejas de la medina tangerina pintando esos muros que se abren y se cierran, diseñando senderos que no conducen a ninguna parte, con fachadas sin ventanas y sin puertas, como si los viejos moradores negaran la entrada al intruso. Obras como “Kasbah I” o “Kasbah II” son muestra evidente de ello.

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RELOJ SOLAR

“Reloj solar” o “Sueño atemporal”, por su parte, plasman un laberinto diferente, pareciera visto desde el aire, como si así Ibírico tratara de sorprender a sus constructores y hallar desde el aire, desde la cabina del avión, el trazado ideal que le ayude a salir de su secreto.

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ARQUETOSOMIO

Los que crea con técnica mixta pasan a ser laberintos más inquietantes o sinuosos, de forma concéntrica, como espirales o como caparazones de caracoles antiguos, laberintos que paren de restos de fósiles o de huellas atemporales de viajeros de otros planetas dejadas en la tierra. Parecen a veces mapas sin descifrar, mapas que no llevan a destinos concretos, que se varan en la nada de la pura creatividad artística. Se entrecruzan estas obsesiones en obras tituladas “Constelación”, “Túnel del tiempo” o “Arquetosomio”.

Más explícitos son sus dibujos, a una parte de los cuáles Ibírico titula directamente bajo el lema de “Laberintos”. Estos son más complejos aún, quizá más pensados, con una clara influencia de técnicas orientales.

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LABERINTO ZONA II

Los dibujos bajo el nombre de “Laberinto zona II”, “Interior” o “Musaraña”, muestran un mundo más desestructurado, en el que el laberinto se confunde con imágenes de seres vivos que se camuflan en ellos y escenas oníricas enredadas en líneas que parecen tiradas desde una torre de control. Hay un universo interior en plena ebullición que transita entre rutas de estrellas y rutas terrenales, sugerencias de estructuras deformadas por la fantasía y un aquelarre de trazos rectos como de ciudades espaciales que se hunden en cerebros que también parecen medinas.

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EL PENSADOR II

Incluso en sus retratos es posible hallar al laberinto, como en el titulado “El pensador II”, donde el cuerpo del hombre retratado es en sí mismo un laberinto absoluto, quizá porque la misma confusión que es la vida lleva a Ibírico a imaginar que todo es un eterno laberinto por el que vagamos sin saber a dónde vamos y sin adivinar cuándo acaba. Más aún, sus creaciones para “Etiquetas de Vinos”, son la recreación de laberintos enrojecidos por el líquido que corre por sus pasadizos tras la pisada de la uva. Y tampoco en ellos hay salida, como si todo abocara a la misma conclusión árida y desalentadora. La vida gira y gira y no nos lleva a ninguna parte.

Probablemente sea porque Ibírico reside en un laberinto, en el laberinto de su medina nunca abandonada.

Sergio Barce, febrero 2021

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LA FRONTERA LÍQUIDA Y MEHDI MESMOUDI

El libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí, editado y coordinado por José Sarria y Manuel Gahete, y publicado por Tirant Humanidades (Valencia, 2019), se recogen todas las ponencias y estudios presentados en el Congreso celebrado en Córdoba en el mes de noviembre de 2019, en el que tuve la fortuna de participar. Continúo ofreciendo extractos de cada uno de los artículos recogidos en este volumen.

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El tercero que os traigo es la ponencia del profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (México) Mehdi Mesmoudi, texto con el que arranca el volumen, y que tituló La literatura marroquí en lengua española desde la transhispanidad literaria, del que extraigo los siguientes párrafos: 

“…Hablar de este Marruecos en lengua española ya es un acontecimiento en la crítica. Me refiero, por un lado, a un cuerpo social, intelectual, cultural y político que se encarga de pensar y discutir las cuestiones relacionadas con el mundo hispánico; y, por otro, a un imaginario de creencias, mitos, hábitos y costumbres que dan cuenta de este vínculo y traza en el aire <una comunidad del espíritu y de la sangre, del verbo encarnado> (Nicol, 1998 -1961-) y hace visible un ethos común. Al referirme a ambas nociones de este <cuerpo>, señalo un lugar desde donde se articula y se despliega esta serie de relatos de distinta índole que pretende sumarse al mundo de lengua española y su geodiscursividad; es decir, una sensibilidad particular asociada a dicha lengua, sus registros socio-semánticos y sus múltiples referencias geohistóricas, culturales y políticas.

Este Marruecos en lengua española es producto de tres fenómenos intelectuales, culturales y políticos que se pueden enumerar a continuación. El primero alude a la extensísima literatura en lengua española -y agregaría, europea y estadounidense- cuyo escenario es Marruecos; es decir, la producción literaria orientalista y africanista. El segundo se refiere al hispanismo en su vertiente diplomática durante las dos últimas décadas de la etapa protectoral y, en su vertiente académica, en el contexto del desarrollo de los departamentos de lengua y literatura en los ochenta y la consolidación de la investigación en los noventa. El tercero apunta a la literatura marroquí en lengua española que tiene lugar por allá de los años sesenta y se ha sofisticado en los ochenta. Estos tres discursos han forjado en el imaginario tanto intelectual como cultural una región atípica que es el Marruecos hispánico o de lengua española, ligado a su idiosincrasia, sus usos y costumbres, hábitos y prácticas, sus formas abigarradas de estar en el mundo…”

Continuará con los siguientes ponentes.

Sergio Barce, enero 2021

MEHDI MESMOUDI
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