Archivo de la categoría: ARTICULOS

“LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”, DE SERGIO BARCE, EN “EL PAÍS” DE LA MANO DE SONIA FERNÁNDEZ QUINCOCES

Artículo de Sonia Fernández Quinqueces para el diario El País: “Tánger, ciudad soñada”, donde, entre libros de autores que tanto admiro (Bowles, Ben Jelloun, Chukri, Vázquez o Antonio Lozano), también menciona mi novela La emperatriz de Tánger como referencia de la literatura ambientada en la ciudad.

Para leer este artículo pinchad en el siguiente enlace:

https://elpais.com/elpais/2018/05/12/africa_no_es_un_pais/1526145094_314735.html?id_externo_rsoc=FB_CC

 

La emperatriz de Tánger

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“EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE, SEGÚN EL POETA VÍCTOR PÉREZ

Víctor Pérez en McNally Jackson Books, Manhattan

Víctor Pérez en McNally Jackson Books, Manhattan

Aquí os traigo una pequeña reseña escrita a vuelo pluma por el poeta Víctor Pérez. Contento de que la haya disfrutado y orgulloso de que le haya gustado tanto.

Podéis leerla pinchando en el siguiente enlace de su blog:

http://siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com.es/2018/05/el-laberinto-de-max-de-sergio-barce.html

Laberinto portada

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ARTÍCULO DE MOHAMED AZLI

El Hachmi Jbari y Mohamed Azli

Dos amigos larachenses: El Hachmi Jbari y Mohamed Azli

Mi paisano larachense Mohamed Azli ha tenido la gentileza y el detalle de escribir un largo artículo sobre mi obra literaria, y que ha ilustrado con las portadas de mis libros y fotos de mi infancia en Larache. Desde aquí mi agradecimiento más profundo por su detalle. Shukram, jay!

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ASÍ FUE EL 24 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DEL MEDITERRÁNEO DE TETUÁN

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Durante estos últimos ocho días, he tenido la suerte de participar y de disfrutar del 24 Festival Internacional de Cine del Mediterráneo de Tetuán, como miembro del Jurado del apartado de Documentales. Ha sido una experiencia fascinante, emocionante y difícil de olvidar, especialmente por la suerte que se me ha brindado de poder conocer a personas muy interesantes y trabar una verdadera amistad con algunas de ellas.

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Mohamed Bouissef y Sergio Barce

El escritor Mohamed Bouissef Rekab, Vicepresidente del Festival, con el que me une ya una estrecha y larga relación desde hace muchos años, tuvo la deferencia no sólo de estar al tanto de cuanto necesitábamos los asistentes, sino, además, de buscar tiempo donde no lo tenía para poder charlar y beber té verde conmigo, e, incluso, aprovechar unas horas para escaparnos y dar un larguísimo paseo por la Medina de Tetuán, paseo que me supo a poco por lo mucho que aprendí de sus conocimientos de la ciudad vieja. Lo disfruté. Además, encontramos la casa con la que soñaba para ambientar la novela que estoy escribiendo ahora. Una suerte que provocó Bouissef.

Los primeros días fueron los días de Luisa y Suren.

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Suren, Luisa Gavasa y Sergio

El festival rendía homenaje este año a cuatro actrices: la italiana Anna Bonaiuto, la marroquí Mouna Fettou, la egipcia Menna Shalaby y la española Luisa Gavasa. Conocer a Luisa fue descubrir la cercanía, la elegancia y el saber estar de alguien que transmite, además de todo esto, una fuerza interior asombrosa. Escuchar su voz es rendirse, literalmente. Es la voz de la experiencia y del equilibrio, de la templanza y de la sensualidad. Es tal el poderío del timbre de su voz, ese que toda actriz querría poseer, que, cuando habla, sus palabras se quedan flotando unos segundos, como un viejo eco que las repitiese en un susurro de misterio. Su marido, Suren, fue otro regalo. Nos hicimos cómplices desde el primer segundo. Me contó historias fascinantes, y bebimos buen vino marroquí disfrutando de cuanto iba sucediendo. Nuestro grado de entendimiento llegó al extremo de que sólo teníamos que cruzar una rápida mirada para saber lo que estábamos pensando de algo o de alguien. Los acompañé en el homenaje a Luisa, que lo disfrutó absolutamente. Su reacción al tributo que se le brindaba fue bellísima. Un privilegio conocerlos.

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Luisa Gavasa

El Jurado de Documentales, del que he formado parte, estaba compuesto por el realizador Adam Pianko, el poeta y escritor Salah El-Ouadie, la editora y novelista Nadia Essalmi, y, como presidente de este jurado, el realizador iraquí Kais Zoubaidi. Tuvimos un trabajo complicado porque se presentaban films muy interesantes, y, sinceramente, a la hora de decir a quién conceder el premio, no es fácil que tus gustos personales coincidan siempre con los del resto. Pero creo que llegamos a un buen equilibrio final.

House in the green

El Primer Premio al Mejor film documental fue para la película de la directora marroquí Tala Hadid Maison dans la prairie / House in the fields, película con imágenes de gran belleza estética, que muestra la vida cotidiana de una familia amazigh a través de sus dos hijas: una a punto de contraer matrimonio con alguien a quien no conoce, y la otra, decidida a salir de ese entorno y convertirse en abogada, su sueño.

Appennino

El Premio Especial del Jurado lo concedimos a la película italiana Appennino, de Emiliano Dante. Retrato de la situación que viven los habitantes de L´Aquila y otras poblaciones italianas, tras los seísmos que destruyeron la vida de miles de personas a partir de 2009. Es una película documental arriesgada, y apostamos por ella por la originalidad de su propuesta, con una fotografía en blanco y negro de gran calidad y un montaje excelente. Personalmente creo que era quizá el documental más cinematográfico y era justo apostar por él.

Paquete sospechoso

Y, finalmente, también decidimos premiar al documental español titulado Paquete sospechoso / Collis suspect, de Sofía Catalá y Rosa Pérez Masdeu. En este film, las dos realizadoras nos descubren la realidad que se esconde tras las políticas de seguridad de la Unión Europea sobre el control de la inmigración; un negocio puro y duro a gran escala. El jurado valoró el gran esfuerzo que ha supuesto este trabajo, al que han dedicado casi dos años de rodaje, y que posee un gran valor testimonial y de denuncia.

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Ana Turpin, Sergio Barce y Luisa Gavasa

Mientras íbamos visionando las películas, se iban trenzando nuestras relaciones personales que, como decía al comienzo, en mi caso particular, han desembocado en el comienzo de las que, creo, serán unas amistades duraderas y sinceras. Ya mencioné a Luisa y Suren, y a Mohamed Bouissef. Pero también conocí a la actriz española Ana Turpin, miembro del Jurado de Largometrajes. En los almuerzos y cenas, íbamos cambiando impresiones sobre las películas que visionábamos esa misma jornada, yo le comentaba lo que me parecían los documentales y ella lo que pensaba de los largometrajes, y también hablábamos de sus proyectos y de los míos. Ana Turpin sabe lo que quiere, y creo que va directa a la meta que se ha propuesto. Tiene las ideas muy claras, y eso es una ventaja. Ha sido otro privilegio para mí conocerla.

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Rosa Pérez, Ana Turpin, Sofía Catalá y Sergio Barce

Sofía Catalá y Rosa Pérez Masdeu son la fuerza y la ilusión personificadas. Transmiten tanto entusiasmo que te desbordan. También ellas van a convertirse en grandes documentalistas, son de raza. Y poseen tesón. Con el director Emiliano Dante disfruté también de su humor, de sus ganas por conocer y de sus ansias por encontrar lo que busca con ahínco. Ahora hago un repaso de esos días, y me doy cuenta de que Emiliano ha sido la parte más divertida. Una excelente persona, hay que decirlo.

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Dora Masklavanou, Sergio Barce y Emiliano Dante

Y con él y con la realizadora griega Dora Masklavanou compartí mesa en los almuerzos y cenas, y también largas esperas que, a Dora, especialmente, desesperaban. Dora Masklavanou me hablaba de su trabajo cinematográfico, de las grandes dificultades que ha tenido para poner en pie su película Polyxeni, de cómo había decidido lanzarse al vacío sin esperar la promesa de varias coproducciones para su película; las había desechado porque se moría de ganas por rodarla cuanto antes. Ella también sabe lo que quiere. Me gustó su tranquilidad, contagiosa, y la emoción con la que acoge lo inesperado.

Polyxeni

Especial fue también mi relación personal con el presidente del Jurado de Documentales, Kais Zoubaidi. Un hombre comprometido con su tiempo, pero que no pierde la perspectiva. Hicimos causa común a la hora de defender ciertas películas, y coincidimos casi al cien por cien en lo que pensábamos de cada una de las cintas que se iban proyectando. Me demostró que se puede tener una férrea conciencia política y moral sin que eso signifique perder la objetividad. Los dos buscábamos, por encima de todo, el lenguaje cinematográfico. Dimos varios paseos por las calles de Río Martín hablando de muchísimas cosas. Un placer compartir con él esos momentos. Nos veremos en Berlín, incha al´láh.

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Kais Zoubaidi a la izquierda, y, de izquierda a derecha, Salah El Ouadi, Adam Pianko, Nadia Essalmi y Sergio Barce

Otro instante especial fue, cuando mi admirado compañero de jurado, Salah El Ouadi decidió llevarnos a Kais, a Nadia y a mí a cenar, fuera de la cena oficial, en concreto a un restaurante popular en una de las callejuelas de Río Martín (por cierto, no sé qué sentido tiene el que le hayan cambiado el nombre a la población y ahora se llame Martil, que nada significa). Delicioso. Un pequeño placer. A Nadia Essalmi he de agradecerle su paciencia con mi olvidado francés, que he tenido que ir rescatando día a día, hasta acabar soñando en ese idioma, y no es ninguna broma. Al final, me alegré mucho de poder escarbar en mi memoria.

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Creo que no olvidaré los momentos más emotivos: cuando Emiliano Dante recibió el premio especial por su documental, porque significaba que algo se le devolvía con ese galardón por la pérdida de su hogar y de algunos amigos tras los terremotos; y cuando vi la cara de estupefacción de Dora Masklavanou al escuchar al presidente del Jurado de Largometrajes, Nacer Khemir, pronunciar el título de su película Polyxeni como la elegida para recibir el galardón más importante de la noche. Temblaba en el escenario. A los dos les dije que me hacía muy feliz sus premios, y es cierto. Lo merecían. Se marcharon con unas sonrisas indescriptibles.  

Junto a Bouissef, tanto el presidente del festival Ahmed El Housni como el director Bendriss Nourddine, junto a Abdellatif Bazi y Driss Skaika, fueron amabilísimos en el trato, y dejo constancia de ello. Como lo fue también el de Sara Regragui, y del resto del equipo que han hecho un trabajo excepcional. Tampoco quiero olvidarme de las azafatas que nos acompañaban en todo momento en los desplazamientos o esperaban para darnos la información oportuna, fuera la hora que fuese: Lina, Haula, Ihssane… Perdón por no recordar todos los nombres. Chukran!!!

Tampoco quiero dejar de mencionar, por su cercanía y simpatía, a Lino Escalera, director del largometraje No sé decir adiós, y a su productor Damián París, y a Patricia; y a la deliciosa directora franco-palestina Norma Marcos, realizadora de Un long été brulant en Palestine / A long hot summer in Palestine. Me faltó tiempo para hablar mucho más con ellos.

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Sergio Barce y Mohamed Abid

Y, como siempre, había algún paisano larachense, dos amigos… El realizador Mohamed Chrif Tribak impartía un cursillo, y me dio una gran alegría encontrarnos, como me ocurrió también al ver al poeta larachense Mohamed Abid. Fue divertido volver a vernos.

Olvido algo, como siempre… Y no sé qué es. Sé que es imposible resumir todo lo vivido y experimentado en ocho días, pero aquí queda mi pequeña crónica que deseaba compartir con vosotros.

Sergio Barce, abril 2018

GALERÍA DE FOTOS…

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Clôture de la 24ème édition du Festival du Cinéma Méditerranéen de Tétouan_KE

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Dora, Emiliano y Sergio

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APERITIVO DE “TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE LEÓN COHEN MESONERO

Dentro de pocas fechas, saldrá a la calle el nuevo libro del escritor larachense León Cohen Mesonero, y que lleva por título Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger.

León, paisano y amigo, me ha pedido que le escriba el prólogo. He tardado en hacerlo, pero le ha llegado con tiempo para incluirlo en el libro. Estas palabras que ahora escribo son, sin embargo, un pequeño adelanto, un aperitivo al libro de León Cohen. Las cosas bien hechas, merecen ser presentadas poco a poco, con invitación previa, con degustación antes de sentarse a la mesa. Su nueva obra es un libro de relatos, que es lo que domina a la perfección León: las historias breves. Y, si además, como es el caso, las ambienta en las ciudades de su corazón, resultan más exquisitas.

LARACHE – foto de Akram Serifi Bouhsina

En estos tiempos, en los que cualquiera se lanza a escribir novelas y relatos ambientados en Marruecos aunque no conozcan nada del país ni de sus gentes, que son respaldados por editoriales a las que sólo les interesa el decorado exótico, que narran sin consistencia ni alma, sin pasión ni sangre, en estos tiempos, como digo, se agradece que salga una nueva obra de alguien que sí sabe de lo que escribe, que conoce a fondo lo que son y fueron ciudades como Larache y Tánger, que han convivido y vivido en sus calles, que además ha formado parte del paisaje humano.

Esto, ya lo he dicho, sólo es un aperitivo, así que os dejo, por ahora, con las palabras de presentación de Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, escrito por su propio autor: León Cohen Mesonero.

Larache se manifiesta como el paisaje de la infancia y de la adolescencia del autor, como su casa materna. Por su emplazamiento en la desembocadura del rio Lukus en el mar Atlántico, por su luz cegadora en verano, por sus avenidas y sus cruces de caminos, por sus cuestas, por su inigualable balcón sobre el mar, por su barra donde siguen rompiendo con ímpetu y bravura inusuales las olas de un mar bravío, por sus playas tan originales como diversas, por sus riquezas agrícola y pesquera, por sus salinas, Larache se me antoja como un pequeño paraíso donde nacer es una suerte del destino. En alguna parte escribí: “I was born in a little and beautiful town, near the sea, near the sun.”

Pero una cosa es Larache, el paisaje, y otra la época que me tocó vivir. Una cosa es el continente y otra el contenido.  No me voy a referir a lo político porque de todos es conocido, y además, porque por razones de edad, no era esa una cuestión que a mí me afectara ni mucho ni poco, todavía. Pero en lo social, aquel no fue precisamente un periodo dulce o de justicia social. Digamos, que casi todos por no decir todos, éramos o fuimos pobres, sobre todo si comparamos la situación con las vividas luego en democracia en España y en Europa. Mal de muchos consuelo de tontos, dice el refrán, aunque en nuestro caso, esa igualación por lo bajo resultó positiva en el sentido de que no hubieron en general desigualdades sociales significativas, y al menos en nuestro entorno, no era posible envidiar a quien no tenía. Lo que sí es cierto y me atrevo a afirmar, es que lo que se dice pasar hambre como la generación anterior, a nosotros afortunadamente no nos tocó. Fueron unos años de escasez y de carencias evidentes e innegables, que tampoco nos afectaron demasiado (digo a los niños) porque no habíamos conocido otra cosa. A pesar de todo, fuimos niños felices y juguetones, conocimos la solidaridad de los que nada tienen. Recibimos una educación primaria y secundaria de calidad, gracias a diversas instituciones como el Patronato, los Maristas, las Monjas, la Alianza israelita o la Misión universitaria y cultural francesa. Aunque algunos, los que estudiamos en el Colegio Francés, para acceder a la secundaria tuviéramos que desplazarnos a otras ciudades más o menos cercanas. 

Tánger – Edificio donde se ubicaba el Cine Mogador – foto de A.Lechugo – página Siempre Tánger

Creo haber descrito aquella época con crudeza, en varios relatos y más concretamente en uno titulado “Los trenes de mi infancia”: “Era la tristeza de unos niños hambrientos de tren, de “fuerte”, de soldaditos de plomo, de balón de reglamento. Era la mirada angustiada de unos niños de posguerra, dentro de aquellos pantalones “tres cuarto” zurcidos, dentro de aquellos “jerseys” oscuros como la época, dentro de aquellos eternos zapatos “gorila” a los que mamá había tenido que coser el contrafuerte para que aguantaran un invierno más. Toda nuestra infancia, toda nuestra España, era un parche para seguir tirando, porque cuando fuésemos mayores, seríamos otra cosa nos compraríamos el tren o la bicicleta que los mayores no querían o no podían regalarnos. Pero, ¿quiénes eran estos Reyes Magos tan pobres, tan poco generosos? Lo habían ido dejando todo en el camino, por Francia, por Europa, claro, como España estaba al final del trayecto… eso nos decían. Ni siquiera teníamos niños a quienes envidiar, todos éramos pobres.”

De esa primera infancia, destacaría por encima de todo, sus olores: olor a marisma, a yerbabuena, a culantro, a pinchitos, a “chuparquía”, a pan amasado y cocido en el horno del Zoco Chico, a “jaban coluban”, a sardinas asadas, olor a Camel de los cigarros que fumaban mi padre y mis tías, a dafina, el guiso de los sábados en casa de mi abuela Luna, a especias de los puestos y las tiendas, a grasa de cordero y a badana de los puff (que creo tenían el mismo origen)…Hace muy poco tiempo empecé a escribir un relato del que extraigo el comienzo. Aliocha soy evidentemente yo, y lo que cuento es exactamente lo que me parecía mi vida en esos primeros años en Larache, mi pueblo natal. Nadie elige donde nace, ni donde transcurrirá su primera infancia, pero puede ocurrir que el lugar de nacimiento determine su manera de ser y de percibir el mundo.

Larache: Primeros pasos

“Aliocha ha salido a pasear sin objeto, camina con alegría, es muy joven y la vida para él es un descubrimiento diario. Todo le sorprende y le asombra. Mira con admiración a su padre y trata siempre de contentar a su madre. Quiere agradar. Son sus primeros pasos por el camino. Cree que todos los que le rodean son sus maestros y que todos encierran algo que aprender. No se hace planteamientos extraños, ni preguntas sin sentido. Los maestros están para enseñar y la letra con sangre entra, como dice su amigo Nisimico, que por cierto es bizco. Hay que ser disciplinado y aplicado. Siempre va contento hacía el colegio. Le gusta. Sus amigos son numerosos y virtuosos. Su madre le canta el ángel de la guarda antes de dormirse: “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”. Tiene una familia amplia y se siente reconfortado y protegido. La naturaleza es misteriosa y bella. Siempre se extasía ante los colores de algunas mariposas. El campo huele a vida. Aliocha es un niño feliz y tan ingenuo que conmueve. Su padre le puso ese nombre, el del más pequeño de los hermanos Karamazov en homenaje a Dostoievsky. Aliocha es curioso. Recorre con los amigos todas las calles y callejones de su pueblo. No hay rincón que se le resista. A su edad es algo atrevido. Pero él quiere saber dónde vive. Cuando no tiene colegio, le gusta estar en la calle a todas horas, incluso a la sagrada hora de la siesta, y eso le ha acarreado algún que otro disgusto con los padres de sus amigos. Le encantan los juegos y los practica todos. Ha aprendido a convivir con el espléndido sol y con el mar majestuoso. Le sorprende la belleza de los acantilados de su pueblo natal y la bravura de su mar. Aliocha ama la vida y sus encantos. Sus amigos, van a la Iglesia, a la Mezquita o a la Sinagoga. En esto, él se siente un poco despistado y no entiende muy bien estas cosas, que en cierto modo le resultan extrañas como niño que es. Pero, en el fondo le da igual entrar en un templo que en otro, con tal de acompañar a algún amigo. Luego los dos se ríen, como si les hicieran gracia estas cosas de mayores. A él lo que le ocupa y le distrae es correr, saltar y jugar todo el tiempo. También ha descubierto el cine y le apasiona ver películas, incluso en sesión continua. Aliocha es un niño feliz. “

Fui por lo tanto un niño larachense feliz y desde el recuerdo de esa felicidad primera, al adulto solo le queda rendir tributo a su pueblo. Y ese homenaje queda reflejado en mis relatos, que también pretenden hacer realidad el sueño de una noche de verano, que empezó seguramente, cuando desde la ventana del ático de Edificio Bustamante, el niño que yo era, contemplaba con deleite, en las noches cálidas de verano, las luces de los pesqueros en el horizonte que le ofrecía el Balcón del Atlántico.

León Cohen Mesonero 

Una foto para nuestro recuerdo. De izquierda a derecha Mohamed Sibari, Mohamed Laabi, Sergio Barce, Abdellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen – en Larache, hace ya unos años…

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