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EN EL CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”, DE CÓRDOBA

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El pasado martes, 26 de noviembre, participé en el Congreso Internacional La frontera líquida, organizado por la Asociación Colegial de Escritores de España, Sección de Andalucía, que tan perfectamente han dirigido José Sarria y Manuel Gahete, a los que hay que reconocer todo el esfuerzo y la dedicación, así como el afecto y calidez que nos han demostrado a todos los participantes.

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Mi ponencia formaba parte de la mesa redonda sobre La narrativa de la frontera y de los escritores transterrados, mesa que conformábamos los novelistas Mohamed Lahchiri, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed el Morabet y yo mismo, es decir, una mesa formada por amigos, lo que hizo muy fácil nuestras respectivas intervenciones, o al menos así lo percibí y lo viví. Nos moderó Paco Huelva, con mano férrea pero a la vez flexible. Un placer haber compartido luego una pequeña charla con Paco de la mano de una copa de montilla (previa a las cervezas).

En las distintas ponencias e intervenciones hubo un grupo nutrido y variado de escritores y estudiosos españoles y marroquíes en su mayoría, todos de un alto nivel, de manera que ha sido un privilegio coincidir por vez primera con algunos de ellos en unos casos y una suerte volver a ver a amigos en otros. Por fin conocí en persona a mi admirada Malika Embarek, una de las traductoras más importantes, un encanto de persona y de una modestia admirable. Y a Maribel Méndez, que desde el Instituto Cervantes de Fez siempre tiene un aliento para animarme, y a la que así pude darle las gracias. Y volví a disfrutar de los amigos, los ya mencionados el Morabet, Lahchiri y Bouissef, y Rajae Boumediane, la reina del boulevard, Nisrin Ibn Larbi, Farid Othman Bentria, Khalid Raissouni, Fernando de Ágreda, Francisco Morales Lomas, Larisa y Ana, Paloma Fernández Gomá, Abdellatif Limami, Mohamed Abrighach, Antonio García Velasco, Zuer el Bakali, Mohamed Dahiri, Remedios Sánchez, Aziz Amahjour… 

Además de los mencionados, en el Congreso también intervinieron Antonio Manuel, Paco Morales, Juana Castro, Sahida Hamido, Alicia Aza, Raquel Lanseros, Ahmed el Gamoun, José Cabrera, Mezouar el Idrissi, Manuel Vázquez Medel, Ahmed Benremdane, Ahmed Mgara, Abdul Hadi Sadoul, María Rosal, Hossain Bouzineb, Antonio Enrique… Poetas, profesores e investigadores a quienes sigo desde hace tiempo, y a los que acabo de descubrir en este encuentro y que seguiré también.

En fin, una larga lista que demuestra que, además del trabajo desarrollado, lo más importante fue el reencuentro con ellos y compartir ese tiempo que siempre nos enriquece un poco más. Con Juan José Téllez solo pude hablar por teléfono a causa del accidente que había sufrido el día antes y que me impidió verlo el martes. Y tanto Rafael Ballesteros como Javier Rioyo se me escaparon antes de poder abordarlos. Pero sí coincidí con María Jesús García González, directora del Instituto Cervantes de Casablanca, con quien pocos días antes había intercambiado unos correos, y nos emplazamos para vernos en Casa. Cosas que ocurren cuando hay tanto talento junto.

Reiterar mi admiración a José Sarria y a Manuel Gahete, a quienes me une un afecto y amistad especiales, y a los que no me canso de dar las gracias por su generosidad hacia mi persona y mi obra. Los dos han hecho un trabajo hercúleo que no solo acaba con estas jornadas, sino que se extiende con la publicación del libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí (Tirant Humanidades – Valencia, 2019), que acaba de publicarse, y en el que se incluye mi trabajo sobre la narrativa de Mohamed Lahchiri.

Todo ha sido un verdadero lujo.

Sergio Barce, noviembre 2019 

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Sergio Barce, Mohamed el Morabet, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Lahchiri y Paco Huelva

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Malika Embarek y Sergio Barce

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Sergio Barce, Mezouar el Idrissi y Farid Othman Bentria

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Mohamed el Morabet, Farid Othman, Maribel Méndez y Sergio Barce

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Raquel Landeros y Sahida Hamido

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Rajae Boumediane, Malika Embarek, Khalid Raissouni, Mezouar el Idrissi y José Cabrera

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José Sarria

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Manuel Gahete

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El Gamoun, Mohamed Abrighach, Abdellatif Limami y Antonio García Velasco

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Abdellatif Limami y Paloma Fernández Gomá

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Mohamed Lahchiri, detrás Maribel Méndez y Mohamed el Morabet

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Fernando de Ágreda y Hossain Bouzineb

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Nisirn, Raquel, Zuer y Sahida

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Paloma y Remedios

Paloma Fernández Gomá y Remedios Sánchez

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Un marco incomparable donde se desarrolló el congreso

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CÓRDOBA – 25 Y 26 DE NOVIEMBRE – CONGRESO “LA FRONTERA LÍQUIDA”

Durante los días 25 y 26 de Noviembre participaré en el Congreso Internacional La frontera líquida, en la Universidad de Córdoba, dentro de la mesa redonda que versará sobre La literatura de la frontera y de los escritores transterrados. Todo un honor por el alto nivel de los participantes entre los que se encuentran escritores y profesores a los que admiro desde hace tiempo.

Tenéis toda la información sobre las ponencias e intervinientes en el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/events/393425548232175/

La frontera líquida - cartel

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“ABDELLAH DJBILOU: UN VIAJE Y UN LIBRO”, POR SERGIO BARCE

Sergio Barce, Adbellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen, en la Casa de la Cultura de Larache

Sergio Barce, Adbellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen, en la Casa de la Cultura de Larache

Hace seis años que falleció el hispanista Abdellah Djbilou. Buena ocasión para traer de regreso a mi blog lo que escribí entonces sobre él.

   ABDELLAH DJBILOU:

UN VIAJE Y UN LIBRO

   Al profesor Djbilou lo conocí en Tánger, cuando presentaba mi primer libro. A Abdellah lo conocí en Larache, mientras charlábamos largamente sentados en la terraza del Central. A los dos, al intelectual y al hombre, los admiraba, y de los dos me atrajo su exquisita educación y su disponibilidad permanente.

   Lo recuerdo siempre elegante, sobrio, con una camisa blanca inmaculada, bien trajeado, gustaba de vestir con la adecuada corrección, coronado todo ello con su sonrisa deslumbrante, ese tipo de sonrisa que uno querría para sí. Además, poseía una voz poderosa que ayudaba a confeccionar un personaje completo. Sus ademanes eran delicados, sin dejar de vislumbrar su carácter fuerte y seguro.

Crónicas del norte de Djbilou

   En el año 2004 lo invité a participar en las Primeras Jornadas Culturales que organizábamos en Larache. En seguida, se ofreció a estar presente e hizo de moderador en una mesa redonda. A partir de ahí, nuestros contactos se hicieron más frecuentes y nos enviábamos nuestros libros o alguna reseña. Cuando me envió sus Crónicas del Norte. Viajeros españoles en Marruecos (Asoc. Tetuán Asmir, 1998) le confesé que, posteriormente, en una charla, utilicé parte de los textos que él había reunido en ese libro y me respondió que eso era un honor para él, sin disimular su orgullo. Luego, en esa larga charla en Larache, acomodados en una esquina de la terraza (recuerdo que hacía algo de viento y nos levantábamos la solapa de la chaqueta para protegernos del frío), nos olvidamos de la inclemencia del tiempo y continuamos allí un buen rato, sin movernos. Le dije que los textos que había seleccionado sobre Larache eran muy interesantes; entonces, el profesor Djbilou, cogió el ejemplar que yo tenía sobre la mesa y lo abrió, se puso las gafas y, levantando levemente el mentón, pasó varias páginas hasta que se detuvo en el capítulo titulado Luís Antonio de Vega. Nuevo descubrimiento de Larache. Me dijo que poseía ese texto un vago aroma a poesía y que era uno de los que más le habían gustado, especialmente una parte del mismo que comenzó a leer con su voz clara y firme:

“En Larache estuvo el Jardín de las Hespérides, en Larache estuvo el dragón. Y los dos mitos revivieron, se hicieron reales, aunque cambiaran de forma. El oro de las manzanas griegas se encuentra en toda la rica tierra de El Garb, en los naranjos y en los granados, en el bajalato ksari, tan rico en olivos, que a la ciudad allí ubicada se le llamó “la de los aceitunos”; en el Jolot, en Tilig y en Es Shael, en el suelo feraz del Occidente del Imperio Feliz. Y el dragón es la barra del Lükus impidiendo que nadie entre a buscar esas riquezas, impidiendo también que las riquezas salgan. Hasta que un día un ejército de Hércules modernos, grúas y escafandras, vaya a vencer por segunda vez al dragón.

Cuando la paz llueva sobre la Tierra, cuando sea un inmenso beneficio divino, el dragón recibirá la lanzada y los faros de Larache servirán para indicar a los navíos el camino que han de seguir para llegar al puerto, no para advertirles la presencia de las bocas innumerables, pues cada una de ellas está formada por uno de los granos que forman la barra peligrosa.

Y habrá un nuevo Larache. Y tendrá que ser otra vez redescubierto. Un día u otro sucederá, aunque, en lo que a la lírica se refiere, nos contriste a los que amamos el viejo Marruecos, el que yo divisaba desde mi ventana de la casa del Ermiki, que era entonces la más alta de la ciudad. El boceto no acababa de convertirse en obra. Pero aun con todo, ¡qué entrañable aquella ciudad, la más típicamente colonial de Marruecos, en el barrio de la cristianería, cogida por el talle por el Lükus y besada por el mar!

Y la Medina de los moros y de los judíos, y la muralla y el Castillo que se llamó con el precioso nombre de Nuestra Señora de Europa, cuando Felipe II aseguró que Larache valía por toda África. Ponderación excesiva entonces y ponderación excesiva después. No valía por todo África, ciertamente; pero nosotros, los de los últimos años de la guerra y los primeros años de la paz, la queríamos como si en realidad valiese.

Nuevo descubrimiento de Larache, que ya no es útil más que a lo que a la vieja Medina se refiere. El Zoco de Fuera se convirtió en la Plaza de España. Se marcharon de la orilla de la muralla los burreros que ataban allí a sus asnos, los geománticos, los médicos indígenas, los que entretenían el ocio de los musulmanes, con larguísimos cuentos o peleando con varas de acebo… Y hasta se marchó ese trozo de muralla para dejar paso a la Arquería, y se llenaron de villas los declives de la carretera de Alcazarquivir.

Todo esto estaba previsto, y todo esto, naturalmente, significa colonización… Sí, ya lo sé, pero… Cuando yo vuelva a Larache entraré con prisas en la Alcaicería, bajaré por la calle de Hamed Ben Tzami, hasta situarme en el muelle, y no miraré a la Medina de arriba abajo, sino de abajo arriba, casi podría decirse que con humildad, la veré como la veía mi amigo el Turco, aquel que no se atrevía a asomarse a la terraza… Y la encontraré como yo la quería, como yo la sigo queriendo, como una vieja estampa oriental… Colores y ventanas, ventanas y colores… Como un pañuelo judío, con arcos y cuestas llenos de gracia… Y con las casas con ojos para ver llegar a los navíos que habían zarpado de Sevilla y de Lisboa y se aproximaban a Larache, después de haber perdido cuarteles por el mar…”

   Se quitó entonces las gafas y fijó un momento sus ojos en mí; luego, echó una mirada melancólica a nuestro alrededor y se preguntó en voz alta si De Vega, un arabista de prestigio en su época, escribiría ahora lo mismo. Ambos lo dudamos, pero estuvimos de acuerdo en la carga poética que le había insuflado al texto y la pasión que la ciudad había despertado en él. Algo que, no obstante, tampoco nos extrañó, ya que los dos nos habíamos confesado embrujados por el viejo espíritu de Larache.

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   Le di las gracias a Djbilou por los textos que había decidido incluir en su libro, ya que se recogían bastantes referencias sobre Larache, que, en realidad, es lo que buscaba en ellos. De hecho, gracias a su selección, es fácil hacerse una idea de la ciudad en los siglos XIX y XX, una especie de viaje en el tiempo por las mismas calles o espacios, pero vistos desde diferentes puntos de vista y entornos históricos. Su obra abría así una veta que, posteriormente, han horadado otros autores (Larache a través de los textos <Junta de Andalucía – Sevilla, 2004> de María Dolores López Enamorado o Viajes a Larache I: Antología de los viajeros españoles a Larache <Dar el Laraich – Tánger, 2007> de Mohamed Laabi).

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    Junto a Crónicas del Norte, Abdellah Djbilou me enviaba también un ejemplar de su estudio Temática árabe en las letras hispanas (Facultad de Letras de Tetuán, 1996). Aunque sabía que no soy un arabista ni un estudioso de la materia sino un simple narrador, me decía, en la carta que acompañaba a los libros, que éste último me ayudaría a aclarar algunas de las ideas que habíamos discutido largamente. Se refería a una charla que mantuvimos en Tánger sobre la visión que se tenía de Marruecos, y del mundo árabe en general, en varias obras de autores españoles. Defendí mi punto de vista como autor, solo plasmado por aquel entonces en mi primera novela En el jardín de las Hespérides (Aljaima – Málaga, 2000), y me apuntó que, después de haberla leído, el espíritu de esa novela no andaba muy lejos de lo que había dicho al respecto Rubén Darío (autor sobre el que diseñó su tesis doctoral).

TEMATICA ARABE EN LAS LETRAS HISPANAS

   Efectivamente, hube de darle la razón, como habría de dársela en otras ocasiones. En Temática árabe en las letras hispanas, concretamente en la página 20, el profesor Djbilou dice:

“Sabido es que el pasado constituye también uno de los caminos de la evasión, un <escondite> para soportar mejor la realidad. Rubén Darío, que <detesta el tiempo que le tocó vivir>, considera que <un verdadero  espíritu de poeta elegirá, con más o menos conciencia de ello, su ubicación ideal, su patria de adopción en alguna parte del pasado, cuya imagen evocada permanentemente, será un ambiente personal que lo aísla de la atmósfera de la realidad”.

    Y, aunque Rubén Darío se refería a Al-Ándalus, Abdellah, salvando las distancias, me estaba hablando de mi relación con Larache, donde, sin ningún rubor, yo había fijado mi patria, donde anidaban aún las huellas de mi pasado más querido.

   De manera que, mientras el profesor Djbilou me fue dando lecciones de arabismo a través de las conversaciones y de sus obras, el amigo Abdellah me atizaba afectuosamente para que le mostrara más de mi visión de Larache.

portada ULTIMAS NOTICIAS DE LARACHE

    Cuando le envié Últimas noticias de Larache y otros cuentos (Aljaima – Málaga, 2004), me llamó por teléfono para decirme que, como Luís Antonio de Vega, también había mucho cariño, y más pasión, en las poesías que yo había escrito sobre Larache. Le respondí que cómo me hablaba de poesías si todo mi esfuerzo había sido escribir una serie de cuidadas narraciones cortas. Riéndose, se burló elegantemente de mi ofuscación, para después corregirme la plana, añadiendo que yo no era un narrador sino un poeta que escribía prosa. Aserto que, años después, un poeta amigo volvería a repetir, exactamente con las mismas palabras, pero sobre otra novela diferente. En el fondo, no podía estarle más agradecido a su crítica, porque, en realidad, era un elogio inmenso.

   Sin ser un erudito, como ya he dicho, en cuestiones de arabismo ni de orientalismo, tan querido por nuestro homenajeado (ahí está también su Diwan modernista. Una visión de Oriente <Taurus – Madrid, 1986>), la elección de los textos de otros autores que hacía el profesor Djbilou en cada uno de sus estudios o de sus antologías, eran esmerados y certeros, convertidos así en una suerte de engarces ineludibles entre su pensamiento o tesis y el de esos textos ejemplarizantes. Sumergirse de su mano, por ejemplo, en la temática árabe en las letras hispánicas, supone ir descubriendo un mosaico de autores y de obras que nos enriquece, obviamente, pero que también ensancha la visión limitada y predeterminada que pueda tenerse sobre este asunto en particular. En definitiva, lo que ha hecho el profesor Djbilou es impartir una clase magistral sobre el orientalismo pero en pequeñas dosis, lentamente, casi por entregas, libro a libro. El conjunto final, es el reflejo de un trabajo concienzudo y esmerado.

CUENTOS DE ARABIA

   La otra materia, también querida por el profesor Djbilou, y ya apuntada más arriba, es el tema marroquí en la literatura española, que nos llevó a varias coincidencias en nuestros puntos de vista, y su preocupación porque no se conociera debidamente la literatura marroquí en España. Aunque mi estimado Mohamed Chakor (con Sergio Macías) ya lo hace espléndidamente en su libro Literatura marroquí en lengua castellana (Edic. Magalia – Madrid, 1996), no me resisto a transcribir parte del prólogo que Abdellah Djbilou escribió en su obra antológica Miradas desde la otra orilla. Una visión de España (ICMA – Madrid, 1992):

“…si el tema marroquí en la literatura española es un tema constante y ha inundado librería y bibliotecas y está siendo objeto de numerosos estudios y tesis doctorales, en cambio el tema español en la literatura marroquí es absolutamente desconocido. Incluso el interés por la literatura marroquí en España, no ha gozado del mismo privilegio que tuviera la literatura árabe en general. La escasez de traducciones y de estudios y antologías puede ser la razón del poco conocimiento que hay en España de la literatura marroquí actual. La proximidad geográfica no ha contribuido, pues, como era de esperar, a un mejor conocimiento, siquiera literario. Incluso el Protectorado español en Marruecos, que pudo constituirse –en principio- en coyuntura apropiada para que esa relación directa se produjera y diera los frutos adecuados, no fue de esta manera.

Y puede resultar extraño que en Marruecos exista una literatura de expresión francesa –llegando a constituir un fenómeno aparte- y no haya otra de expresión española, a pesar de que hubo nombres y circunstancias que podían haber dado frutos en este sentido…

…España, para el escritor marroquí, no es un país exótico ni lejano, ni siquiera le atrae como un opuesto cultural o como medio de evasión; más bien al contrario, al tratar el tema español se adentra más en su historia y en su identidad…

…Y en vano buscaríamos en la literatura marroquí textos para una antología sobre cualquier otro país europeo o africano, porque lo marroquí y lo español se complementan y se entretejen”

   Esta mirada de Djbilou, no exenta de cierto pesimismo, es del año 1992 y ciertamente es lapidaria. Sin embargo, es de justicia señalar los posteriores intentos que se vienen realizando por varios autores marroquíes que escriben en lengua española; ejemplo, la esforzada edición que supuso la antología La puerta de los vientos (Destino – Barcelona, 2004) –libro en el que se incluyen textos de autores como Abdelfattah Kilito, Ahmed Ararou, Mohamed Toufali, Mohamed Akalay, Darima Aomar Toufali, Mohamed Bouissef, Ahmed El Gamoun, Larbi El Harti, Mohamed Lahchiri, Mohamed Lemrini El-Ouahhabi, Mohamed Messari, Hamid el Ouarrad, Mohamed Sibari, Oumama Aouad, Ahmed Bouzfour o Rabia Rayhan (varios autores de Larache, hay que decirlo).

   Falta, incluso, alguno que, por afinidad, por nacimiento, he de mencionar por necesidad perentoria, tal es el caso del poeta larachense ya fallecido Mohamed Mamoun Taha Momata, al que nuestra asociación Larache en el Mundo rindió debido homenaje en su día, y que es autor de Lágrimas de una pluma (Editions Marocaines et Internacionales – Tánger, 1993) o de Susurros (Casablanca, 1995). Sin olvidar al exquisito Mohamed Mgara, y al extraordinario poeta tetuaní Abderrahman El Fathi, autor de África en versos mojados (Facultad de Letras de Tetuán, 2002) y Desde la otra orilla (Quórum Editores – Cádiz, 2004), y a otros tantos autores.

   El escritor Mohamed Lahchiri ha recordado en más de una ocasión el artículo publicado en el diario ABC el 8 de Julio de 2004, con ocasión de la presentación de la referida antología La puerta de los vientos, en el que se lee:

La puerta, la que se abre entre occidente y África; los vientos, los de la cultura y el entendimiento. Esa es la mejor forma de definir el espíritu con el que nace «La puerta de los vientos. Narradores marroquíes contemporáneos», publicado por Ediciones Destino y que ayer presentó en Madrid el escritor Lorenzo Silva, colaborador en la edición del libro. La obra se presenta como una recopilación de 26 relatos que nos acercan la realidad actual de Marruecos y que están escritos por 16 autores rifeños, 13 de los cuales emplean el español como lengua literaria. En este sentido, el libro es una apuesta personal del propio Lorenzo, ya que en su opinión «hay escritores marroquíes que escriben en castellano y que son de primera fila», autores que él mismo conocía y que deseaba hacer llegar al público español, tales como Ahmed Ararou o M. Lahchiri, a los que califica de «exquisitos».
A este respecto, el autor de «El alquimista impaciente» se quejó del poco interés que hay en nuestro país por publicar obras de autores extranjeros que escriben en nuestro idioma, lo que contribuiría a la difusión y estímulo del mismo.

   Dicho esto, retomo las palabras del profesor Djbilou: Y en vano buscaríamos en la literatura marroquí textos para una antología sobre cualquier otro país europeo o africano, porque lo marroquí y lo español se complementan y se entretejen”. Siendo así, resulta triste ese desconocimiento que se preocupa por denunciar de la literatura marroquí en España, que es absolutamente cierto. Pese a la proximidad, pese a una historia en común, la realidad se impone y estos débiles pasos que se han dado, esos intentos porque los autores marroquíes que escriben en español no sean unos absolutos desconocidos son aún débiles. Como también es patente la escasez de títulos de libros de autores marroquíes que escriben en árabe traducidos al castellano.

   En esta otra vertiente, el pasado año, en las Jornadas Culturales que organiza anualmente Larache en el Mundo en el mes de Agosto, en la Casa de la Cultura de Larache, se presentó un honestísimo trabajo de traducción y edición de otro poeta marroquí larachense: Mohamed Al Baki. A través del Centro Al Ándalus de Martil, Tetuán, y la asociación Desarrollo y Solidaridad, se publicó un cuaderno de poemas titulado simplemente Larache. Poemas, con traducción de la profesora María Dolores López Enamorado. Siendo modesto, el trabajo de edición es exquisito y no hace sino poner otro escalón más en este diseminado, por disperso, esfuerzo que realizan varios francotiradores por abrir las puertas a esos autores marroquíes absolutamente desconocidos en España.

   De modo que, desde esta perspectiva, es incuestionable que, pese a la interrelación, pese a que lo marroquí y lo español se complementa y se entreteje, el desolador panorama que ofrece el desconocimiento mutuo en materia literaria nos obliga a todos a hacer un esfuerzo de comprensión y de aprehensión que nos abra de par en par las puertas a la publicación y publicitación de esos autores marroquíes, ya lo sean escribiendo directamente en español –doblemente quijotesco su esfuerzo y valentía- o siendo traducidos al castellano desde su lengua materna, lo que nos deparará, seguramente, sorpresas gratificantes.

   Para concluir este modesto artículo de homenaje, añadiré que la penúltima llamada de Abdellah fue para decirme que no se encontraba muy bien, pero no me quiso desvelar la gravedad de su enfermedad. De hecho, habíamos convenido que viajaríamos para vernos en Larache, de nuevo. Cuando colgué el auricular, pensé que su voz no era la misma de siempre y que algo le preocupaba. Días después, volvió a llamar para decirme que iba a enviarme por correo su último libro y esta vez, aunque me aseguraba que estaba mejor, por alguna razón, sus palabras me supieron a despedida. Su último trabajo jamás me llegó. No tuvo tiempo.

Así que Abdellah Djbilou y yo tenemos aún pendiente un viaje y un libro.

Sergio Barce

En el diario digital Calle de Agua, también podéis leer un artículo en recuerdo de Djbilou, escrito por el periodista Abdelkhalak Najmi, entrando en el siguiente enlace:

http://www.diariocalledeagua.com/noticias_detalle.asp?id=194&c=3

Mohamed Sibari, Mohamed Laabi, Sergio Barce, Abdellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen

Mohamed Sibari, Mohamed Laabi, Sergio Barce, Abdellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen

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Otros libros, otros autores: LETRAS MARRUECAS. Antología de escritores marroquíes en castellano, de CRISTIÁN H. RICCI

CRISTIÁN H. RICCI, de quien he hecho referencia en varias ocasiones, acaba de publicar un interesante estudio titulado <Letras marruecas. Antología de escritores marroquíes en castellano> (Ediciones del Orto, 2012).

El libro se puede adquirir en:

edicionesclasicas@gmail.com

Entre los autores seleccionados por el profesor Ricci, incluye a dos buenos amigos comunes: el poeta Abderrahman El Fathi y el narrador Mohamed Lahchiri. De la introducción al libro espero reproduzco los párrafos que hablan de estos dos autores. En el estudio también se analiza la obra de autores como Ahmed Ararou, Ahmed el Gamoun, Larbi el Harti y Saïd el Kadaoui.

Sergio Barce, junio 2012

CRISTIAN H. RICCI

INTRODUCCIÓN

La redacción de una antología de literatura marroquí en castellano destinada al gran público, pero al mismo tiempo provista de la indispensable solvencia científica, plantea una serie de problemas a los que el compilador/editor debe buscar solución adecuada. Si adoptamos un criterio amplio, habría que incluir la producción moralizante, costumbrista, antropológica y algún que otro texto de carácter filológico o didáctico cuyo fin cientificista está bastante lejos del sentido más estricto, muy subjetivo por cierto, restringido a <las buenas letras>, objetivo primordial de esta antología. No sé si con acierto, el lector juzgará, me he decantado en esta oportunidad por esta segunda posición, reservando para otra antología la <literatura utilitaria> (aunque ya las hay muchas y de variado pelaje, incluyendo una hecha por este mismo editor en colaboración con el Dr. Ignacio López Calvo, Caminos para la paz. Literatura israelí y árabe en castellano. Buenos Aires: Corregidor, 2007).

El segundo problema con el que he tenido que enfrentarme estriba en puntualizar de modo esquemático las características de la escritura marroquí en lengua castellana y sus diferencias con las <letras castellanas occidentales>, para debida advertencia del lector profano. A dicha labor le he dedicado dos libros y varios artículos. Por ende, no quiero correr el peligro de convertir a esta presentación/introducción en un fárrago de nombres, títulos y fechas. Intentaré salvar la densidad de información mediante una ponderada (aunque breve) valoración de cada autor aquí antologado y la profusión de textos, en cuya selección el lector podrá advertir, como es lógico, las preferencias del editor. Completaré esta introducción con una bibliografía básica sobre el tema y un índice de nombres propios.

ABDERRAHMAN EL FATHI

(…) La poesía de El Fathi intenta mostrar la <ahoridad> de un país en colisión entre la cultura occidental y oriental. El enfrentamiento entre la modernidad y la tradición, entre la penuria existencial de la miseria social y el mundo de maravillas que llega a través de la imagen satelital de Televisión Española son resumidos magistralmente en estos pocos versos (que dicen mucho):

Nunca fue tan oscura

nunca vio un resquicio de luz

África se destiñe en su travesía,

su ropa llega sola al blanco amanecer

todos bailan a su son

desfilan en su honor

ofrendas como espaldas.

 (África 65).

Una lectura rápida arroja un manojo de perspectivas de análisis: observamos que esa África que se destiñe es la que pierde identidad al querer parecerse al blanco europeo; es el África celebrada por su música y por la mercantilización-orientalización europea de sus costumbres, en el morbo que producen las imágenes televisivas desgarradoras de los pateristas; es el África que ofrenda sus espaldas mojadas al mar y la que se desloma en los campos de Almería y Levante. Por otro lado, la poesía de El Fathi evidencia la pugna entre la nostalgia del imperio perdido y el deseo de revivir las glorias de aquel imperio culturalmente majestuoso y principalmente ecléctico o averroísta, que promovía la unidad del entendimiento agente en todos los hombres, sin fronteras geográficas, filosóficas ni religiosas. En consecuencia, hay que considerar que la aplicación de la doctrina averroísta del final de la Edad Media, también sostiene la tesis de la doble verdad o lo que, en la modernidad, James Clifford denomina <two-sidedness>, W.E.B. Du Bois <double consciousness>, y Richard Wright <two warring souls in one black body> o <double vision>, según la cual algo puede ser verdadero en filosofía y falso en la práctica, o a la inversa. En esta vertiente, el mundo globalizado de hoy no sólo reditúa el nuevo fenómeno cultural híbrido, basado en la libre transmisión y aceptación selectiva de distintas corrientes filosóficas e ideológicas, sino que también, y al amparo del racionalismo cristiano de la Ilustración europea, estos países proceden a la imposición de una política de doble rasero que trata de inculcar falsamente <procesos democráticos> de conveniencia y <libre mercado> que validan nuevos desplazamientos, económicos y culturales, y exterminios masivos. Por ende, la metáfora de la frontera utilizada por El Fathi (evidente, por cierto, desde el título mismo de sus textos) es decisivamente eficaz para explicar este tipo de fenómenos eclécticos y contradictorios.

MOHAMED LAHCHIRI

(…) Finalmente, los cuentos de Lahchiri manifiestan más claramente que ningún otro autor marroquí en lengua castellana que la escritura posmoderna y la poscolonialidad representan dos caras de la misma moneda (Mignolo dixit). Su narrativa fronteriza, <laboratorio de la posmodernidad> (Néstor García Canclini) <en sí un género indefinido entre autobiografía y ficción> se coloca en distintos lugares de enunciación (Mignolo) para representar aspectos de la modernidad, (neo)colonización y la representación de la evolución de los distintos órdenes imperiales desde la época del Protectorado. Para tal fin, en la narrativa de Lahchiri se observa la <negociación representativa> de autores y obras <consagradas>/<alta cultura> con ciertas formas y géneros de la cultura mass-mediática y las experiencias cotidianas de los protagonistas de sus cuentos. Apunta así Lahchiri a la descolonización y la transformación de la rigidez de la frontera epistémica y territorial establecida y controlada por la colonialidad del poder durante el proceso de construcción del sistema-mundo moderno/colonial (Mignolo). Sus historias locales no se pueden reducir a una historia nómada universal como la propuesta por Deleuze y Guattari o al universalismo deconstruccionista que reclama la ley de la lengua y borra la colonialidad del poder atrincherada en la lengua y la epistemología (Mignolo).

Concluyo diciendo que los textos seleccionados en esta antología se insertan perfectamente en el marco del post-colonialismo y de la hibridación cultural, por ser narraciones y poemas comprometidos, por proponer un tercer espacio en el que el ser magrebí, y en general el ser africano, puede dialogar con otras literaturas periféricas y con el Norte exponiendo un nuevo modelo de heterogeneidad cultural. Los textos que el lector está a punto de descubrir representan la voz de lo humano, están enraizados en la prehistoria, representan las heridas de la historia del Marruecos colonial y sobresale con una fuerza poderosa para subrayar los retos de un Marruecos que todavía duda entre dirigir su mirada a El Cairo o a Bruselas.

Cristián H. Ricci

 

CRISTIÁN H. RICCI

Cristián H. Ricci es graduado en Los Angeles CSU y obtuvo el doctorado en Santa Barbara UC. Es profesor asociado en la Hispanic Literatures and Faculty Chair School of Social Sciences, Humanities and Arts University of California, USA. Es autor de numerosos artículos y análisis literarios, así como de una colección de ensayos junto a Gustavo Geirola titulado <¡Dale que va!¡Dale nomás! Ensayos testimoniales para la Argentina del siglo XXI>, Nueva Generación – Buenos Aires, 2006; y junto a Ignacio López-Calvo la antología sobre escritores árabes e israelíes contemporáneos en <Caminos para la paz. Literatura israelí y árabe en castellano>, Edit. Corregidor – Buenos Aires, 2008.

También es el autor de <Literatura periférica en castellano y catalán: El caso marroquí> Ediciones del Orto [Biblioteca Crítica de las Literaturas Luso-Hispánicas, nº 34 – Madrid, 2010)]. ISBN 84-7923-439-3

 

 

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