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FIRMANDO EJEMPLARES DE “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”

Pese al frío y a las mascarillas, inmensamente feliz con la cantidad de lectores que ayer lunes se animaron a acercarse a la Librería Proteo, de Málaga, para que les firmara mi nuevo libro ‘Una puerta pintada de azul‘, tal y como recogió mi amigo Alfonso con su cámara mientras aguardaban turno.

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No puedo recordar a todos los que pasaron por allí, pero sí mencionar a Musta Kadda, Nuria Rico, José Andrés Salazar y María José, Inma y Charo, Pablo y Sergio, Elisa González y Pepe, Enrique Lobera, Pepe Mayo, Pilar y Cristóbal Jarillo, José Luis Rosas, Javi, Jose y Juan Carlos, Antonio Berrocal, Alfonso González, Carlos Postigo, Ricardo Fdez Palacios, Dolores Campos, Alfonso Muñoz, Miguel de San Nicolás, Carlos Martín, Miguel Losada… En fin, muchísimos amigos y lectores. Gracias a todos.

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ASÍ COMIENZA “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, UN LIBRO DE SERGIO BARCE

 

Este lunes, 4 de enero, a partir de las 18:00 horas, firmaré ejemplares de mi nuevo libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal) en la Librería Proteo, de Málaga. Libro que reúne un total de ocho nuevos relatos ambientados en Larache. Momento idóneo para haceros con un ejemplar si habéis pensado regalar un libro para el día de Reyes.

Aquí os dejo como adelanto el comienzo del relato que abre el volumen…

LA MUJER DEL HAMMÁN

   Hoy es sábado, y después del viernes santo las tiendas y los bazares vuelven a abrir. Dris y Ahmed gandulean sobre sus esteras, tapados con sus mantas de cordero, aguardando a que, como cada mañana, Lalla Sahida los levante para que desayunen. Y en efecto, eso es lo que sucede. A las siete de la mañana los está zarandeando, y ellos haciéndose los remolones, fingiendo estar aún dormidos, solo para provocarla y escucharla protestar. Dris lo hace por inercia, porque imita a su amigo Ahmed. Pero finalmente, cuando ella se da por vencida, acaban por salir al diminuto salón, un habitáculo de dos por dos metros, donde ella espera sentada en el borde de la mtarba, con los brazos descansando sobre las piernas, vestida con un caftán deslucido sobre el que se ha puesto un dfin y con un hiyab verde cubriéndose la cabeza.

   Si hay dos chiquillos que sepan cómo poner patas arriba la Medina, esos son sin ninguna duda Dris y Ahmed. Ahora se alojan en la calle de los Chorfa, a un tiro de piedra del Zoco Chico, ocupando una habitación que les ha cedido Lalla Sahida, que se apiadó de ellos al encontrárselos mientras dormían en un zaguán, abrazados el uno al otro para abrigarse del frío, hambrientos y sucios. Se los llevó con la promesa de que se portarían bien y de que la ayudarían cuando ella lo necesitara, y, a cambio, podrían dormir en un cuarto que ella prepararía. Juraron que sí, y no cejaron en darle las gracias desde que abandonaron ese lugar situado al otro extremo de la Medina hasta la casa. Un juramento de falsedad porque en seguida lo infringieron. Desde aquel día, se engolfan en sus barrabasadas, que le han dado algún que otro disgusto a la pobre Sahida.

   Lalla Sahida es una mujer robusta, de unos cincuenta años, que sabe que aún atrae a los hombres, aunque los mantiene a raya; una mujer que siempre ha luchado sola contra tanto lobo y contra tanto desaprensivo, y que en su tiempo debió de ser bastante bonita, de hecho, aún queda algún rescoldo de su belleza en esa boca ancha y carnosa y en ese rostro ovalado, en el que se concentra tanta experiencia, pero el paso del tiempo ha envejecido sin duda su mirada.

   Sobre una sencilla tagra, ha colocado los vasos, la cafetera humeante y, en un plato, tortas de rarif untadas de mantequilla y de miel. Los chicos se sientan en silencio. Dris rascándose la cabeza, y Ahmed bostezando ostensiblemente. En cuanto Sahida les sirve el café, ellos se lanzan sobre las tortas y comen con un hambre de años. Así llevan todo ese tiempo, devorando cuanto les pone por delante. Ella se limita a sorber ruidosamente de su vaso, como si en vez de café bebiese té, y a observarlos en silencio.

   A las ocho menos cuarto Sahida recoge y les dice que han de marcharse hasta que vuelva. Trabaja en el hammán de la calle Real y ha de estar allí a las ocho en punto. Nunca los deja a solas en la casa, porque, camuflada bajo la mtarba, hay una loseta suelta que puede levantarse sin esfuerzo bajo la que esconde algunos dirhams y unos pendientes, un collar de piedras con engarces de plata, y tres colgantes y varias ajorcas de oro. También hay seis monedas de cinco duros, un recuerdo que no quiere que desaparezca, un recuerdo de su padre que le sirve a veces de consuelo. Todo eso, junto a lo que le pagan en el hammán, es todo su patrimonio, y no querría que los chicos pudieran descubrirlo. Además, sabe poco de ellos, aunque siente mucha lástima y le conmueve su situación.

   Apenas abren la boca. Durante esa larga semana que llevan ya en la casa, solo les ha sonsacado que Dris tiene once años y Ahmed doce, y que no son familiares. Que Dris abandonó a su padre, con el que vivía en Beni Gorfet, y al que no soportaba por las palizas que le daba cada vez que bebía, y que Ahmed viene del barrio de las Latas, donde se había criado junto a sus abuelos, hasta que los dos fallecieron por una enfermedad extraña e inesperada. Se llevaron los cadáveres de la chabola donde vivían y un tipo llegó una tarde y lo echó a patadas diciéndole que un niño no iba a poder pagarle el alquiler. Y, tras una peripecia de días, acabó construyéndose una cabaña en la esquina de un solar abandonado, al final de la cuesta del fondak, a base de cartones, chapas y maderos. Pero no le gustaba mucho ese sitio porque, por las noches, lo asediaban las ratas. Él es, de los dos amigos, el único que ha pisado el centro de menores. Los mejaznis lo pillaron saltando la tapia del Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles después de robar de la capilla un par de candelabros sin demasiado valor, y en otra ocasión se lo llevaron tras una reyerta con otro chico de su edad, un empleado de Mula, al que, de una pedrada, le abrió un tajo en la frente que casi le cuesta la vida…

 

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¡FELIZ AÑO!

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Como todos, yo también estoy deseando darle un portazo en las narices a este año que acaba… Solo espero y deseo que el 2021 nos traiga de vuelta nuestras pequeñas rutinas, esos momentos que parecían poco importantes, pero que son los que le dan color a la vida.

¡Feliz año a todos! 

Aquí os dejo a Mr. Bean a finales de 1993, un clásico…

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“UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, UN LIBRO DE SERGIO BARCE

 

Esta mañana salió por fin a la calle mi nuevo libro

Una puerta pintada de azul

 compuesto por ocho relatos ambientados en Larache.

El libro ha sido publicado por Ediciones del Genal, con un diseño y una maquetación increíblemente bellos obra de Nuria Ogalla Camacho. Una delicia tenerlo entre las manos. Ahora solo queda que lo disfrutéis.

ISBN  978-84-18453-29-8

El próximo día 4 de enero, a las 18:00 horas, firmaré ejemplares de este nuevo libro en la Librería Proteo, de Málaga. Os espero.

 

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DOCUMENTALES PREMIADOS EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE NADOR

Este pasado sábado, se clausuró el Festival Internacional de Cine y Memoria Común de Nador, y se hizo entrega de los galardones a los premiados.

He tenido la responsabilidad este año de ser el Presidente del Jurado de Documentales, en el que me han acompañado Karima Boullal, Nuria Tamayo, Layth Abdulamir y Edgardo Bechara El-Khoury.

He de confesar que fue muy fácil nuestra deliberación, porque todos coincidimos en seguida en las películas que debían ser premiadas. Os reproduzco el acta de la votación y los motivos por los que hemos elegido estas dos cintas, que os recomiendo vivamente.

Reunido el Jurado del Festival Internacional de Cine y Memoria Común de Nador, se ha decidido por unanimidad otorgar los siguientes premios:

– Gran Premio Driss BENZEREKI al film LA SINFÓNICA DE LOS ANDES (Colombia) de la realizadora MARTA RODRÍGUEZ.

El jurado ha valorado en esta cinta documental varios aspectos: en primer lugar, su calidad artística y técnica, con una sólida estructura narrativa, un excelente montaje y una muy buena fotografía. Pero especialmente es de destacar la valentía de su directora al abordar varios temas conflictivos: la llamada de atención sobre la situación de violencia que padece el Cauca colombiano; su puesta en valor de los jóvenes que, para salir de esa situación, se han refugiado en la música como antídoto a la violencia que han padecido; el empeño de la directora de la película, Marta Rodríguez, que ha conseguido un film muy comprometido y a la vez equilibrado; y, en especial, la emotividad que ha sabido extraer de los testimonios de los indígenas habitantes de las zonas rurales que han perdido a sus hijos, víctimas inocentes e injustas, que, gracias a la cinta, alzan su voz denunciando un padecimiento insufrible.

Todos los integrantes del jurado se han sentido muy conmovidos por esas experiencias tan desgarradoras y por esta historia humanista y conciliadora.

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– Y el Premio de la Búsqueda Documental (Prix de la Recherche Documentaire), a la película ecuatoriana CUANDO ELLOS SE FUERON, de la directora VERÓNICA HARO ABRIL.

El jurado quiere destacar su valor antropológico y humano, consiguiendo con su conmovedora y sencilla historia recuperar la memoria de un pueblo. Una historia con la que cualquier persona de cualquier país se puede identificar al tratar temas como la despoblación y el vaciado de los pequeños pueblos rurales, así como la pérdida de las raíces y de la memoria colectiva; reflejando además la soledad fruto de la muerte que es posible habitar, transitar y vivir en la memoria de los que ya no están. Un hermoso homenaje a nuestros abuelos y a quienes aún aman y creen en su tierra.

De igual manera el jurado quiere destacar sus excelentes valores cinematográficos, técnicos y artísticos, pese a tratarse quizá del documental más modesto de los que han competido en esta edición.  

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