EN EL FESTIVAL DE CINE DE NADOR

 

Entre el 14 y el 19 de Diciembre, se celebrará el Festival Internacional de Cine y Memoria Común de Nador (Marruecos).

Y tengo el honor y el privilegio de ser el Presidente del Jurado de la Sección de Documentales.

Aquí tenéis el enlace a la página oficial del certamen:

http://festivalcinemanador.com/?fbclid=IwAR33uJJZex01QnPlEOPmTEdfauEgf_ufoPNjsv9swW8Oe5WxjKNawpbhLr4

 

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“ASÍ HABLABA AL-BUHALI”, UN LIBRO DE AHMED EL GAMOUN

 

Conozco a Ahmed el Gamoun desde hace años. Hemos coincidido en varios actos y encuentros literarios, tanto en Málaga como en Tánger y Casablanca. Siempre me ha parecido un hombre discreto, prudente y que nos observa a todos con sus pequeños ojos con una cierta distancia, analizándonos con la intensidad de quien ya sabe de qué va todo, probablemente buscando material para sus estudios y para sus relatos. Es callado, pero cuando toma la palabra, cuando se enfrenta a su pasión, la literatura y lengua españolas, su verbo se hace incontenible.

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Me llega su libro de relatos Así hablaba Al-Buhali, editado en 2019 por Editorial Diwan, de Madrid (a la que debemos mucho todos los autores y estudiosos de la literatura relacionada con Marruecos). Y, tras leer estos cuentos, uno tiene la sensación de haberse sumergido en un mundo muy particular y privado, el mundo de El Gamoun.

Poseedor de un español escrito que muchos narradores hispanos envidiarían (no olvidemos que la lengua materna de Ahmed el Gamoun es el árabe, que es natural de Khenifra, al sur de Marruecos, es decir, de la zona en la que la influencia del español es prácticamente nula), sus relatos se ofrecen a la lectura con una sencillez y una fluidez pasmosas, y hay en su mirada una acidez crítica no exenta de fino humor e ironía, pero sin olvidar nunca su obsesión intelectual: la de convertir el idioma español en nexo de unión entre dos culturas que se miran a pocos kilómetros de distancia, pero que, a veces, parecen vivir de espaldas una de la otra. El Gamoun es de esos pequeños colosos que se afanan por derribar murallas y cercas. Su visión humanista empapa sus palabras.

En este libro destacaría en especial cuatro relatos: La higuera, El joker, La Atlántida, un cuento original y contra corriente en su manera de abordar el problema de la emigración clandestina, y, por encima de todos, el titulado La pensión Atocha. Rico relato que hará las delicias de un buen lector de narraciones cortas. Posee frescura, humor, una mordaz visión de las relaciones humanas, y una foto fija muy acidulada de su propia experiencia vital en la capital de España.

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Extracto de La pensión Atocha:

“…Al reparar que yo no comía cerdo y andaba siempre con el mismo menú, tortilla de huevos, trocitos de atún o sardinas a la plancha, se atrevió a reprocharme un día:

-La verdad es que los moros sois unos tontos al no comer cerdo. ¡Qué fiambres, qué chorizos os perdéis! -Fue a la nevera y sacó un trozo de jamón-. ¡Mira qué maravilla! -Me decía con el trozo de carne en la punta de mi nariz-. Es una carne muy limpia porque el cerdo come bellotas y se cría fácilmente. Así habrían resuelto su hambre endémica y no tendrían que perecer en pateras.

Su tono reprobador y sarcástico llegaba al colmo cuando, al terminar yo de comer, me veía sacar mi pequeña tetera. Paraba de comer y se complacía siguiendo mis gestos y reparando cómo iba pasando alternativamente el dorado líquido del vaso a la tetera. Y para acicatear más su curiosidad, yo ponía mucha diligencia al tomar el primer sorbito como un añejo catador. Rompió a reír.

-¡Madre mía! -Dijo, atónita-. ¿Cómo os atrevéis a beber tan caliente brebaje y con este calor? ¡Qué gente tan rara! -Se santiguó.

Con el vaso de té en la mano, le contesté:

-El mejor antídoto contra el calor es el calor; contra el veneno es el veneno; contra una mujer, es otra mujer, ¿no?

-¡Ah!, en asuntos de mujeres sois los más doctos, si yo fuera una mora -dijo con los dientes apretados- a cualquier otra mujer que se atreviera a compartir mi cama le estamparía esta sartén en la cara.

El desafío no paraba en estas amonestaciones. Se levantó y sacó de la nevera una botellita de San Miguel que puso frente a la alargada nariz de la tetera.

-¡Mira qué frescura! -Enseñándome el chispeando líquido que iba llenando la copa-. Nada en el mundo puede apagar la sed como una cervecita fresquita. Quien diga lo contrario es un chiflado.

Sobre la mesa la botellita de cerveza y la tetera sostenían un simbólico duelo. Dos emblemas aparentemente inconciliables: calor y frío, sol y nieve, Oriente y Occidente, media luna y cruz…, dos manos que comían de dos platos diferentes en una mesa convertida en un reducido espacio bélico. Dos personas cara a cara, atrincadas cada una en su caparazón cultural…”

Y tras su socarronería, un emocionante relato que enternece y que llega a lo más hondo. Habría que quitarse el sombrero solo por su valiente desafío: escribir sus obras en español.

Así narra el profesor Ahmed el Gamoun.

Sergio Barce, noviembre 2020

 

CASABLANCA – Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

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ESTRENO DE “LOPE ENAMORADO”

 

Esta noche se estrena, en TVE1, la película Lope enamorado, dirigida por Rodolfo Montero. Producción para Televisión Española, con producción ejecutiva de César Martínez y Rodolfo Montero, y en la que mi hijo Pablo Barce ha sido el responsable del Montaje.

Está interpretada por Jesús Olmedo, en el papel de Lope de Vega, secundado por Sara Rivero, Jorge de Juan, Eva Almaya, Isabel Medolell, Alba Rico, Andreas Muñoz, Juan Diego, Mario Zorrilla, Carlos Iglesias, Enrique Villén y Blanca Jara. Con Fotografía de Tote Trenas y Música de Mario de Benito.

Las fotografías del rodaje son de Pedro Narváez:

 

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“UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE”, NOVELA DE SERGIO BARCE

Para quienes aún no hayáis leído mi novela Una sirena se ahogó en Larache, aquí tenéis el primer capítulo completo. Con esta obra, quedé finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012.

La portada es una hermosa estampa de las calles de la medina de Larache, fotografía de Itziar Gorostiaga.

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

“Tami es un niño de cuerpo frágil pero despabilado, de ojos hambrientos, que padece una enfermedad que le perfora los bronquios y los pulmones. La humedad de la Medina no le sienta demasiado bien, pero él es feliz en sus callejones. Le gusta jugar al fútbol en la playa y corretear por las callejuelas del barrio de la Alcazaba y bajar corriendo con sus amigos por la calle Real hasta el puerto; y le embrujan los cuentos de su abuelo. Son suficientes razones para que no pueda imaginar la vida en otro lugar.

   Ya es de noche. Se ha tumbado en su jubón, en el cuarto que comparte con su hermano mayor Ahmed, que duerme en la otra estera de esparto. Hace calor. La calima es densa esa noche de agosto. Se escucha música en toda la ciudad y algarabía por las calles, pese a que son más de las tres de la mañana. Es raro que Ahmed no ande por ahí, tras alguna de esas chicas que han regresado a Larache desde Holanda o España de vacaciones.

   El cuarto está en el tercer piso de la casa, junto a la habitación del abuelo. En la planta baja, una pequeña cocina y el salón, en el que sobrevive el viejo televisor Telefunken. Un pequeño habitáculo, que sirve de almacén, un retrete con una ducha y el dormitorio de sus padres se reparten la segunda planta. En la azotea, hay un cajón de madera que atesora algunas herramientas del abuelo de cuando ejercía de mecánico en el Taller de Barrajón, y también la mesa pequeña en la que ahora trabaja. A sus pies amontona piezas desechadas de aparatos electrodomésticos, fusibles, cables, una batería. Es ahí arriba donde el viejo se pasa las horas muertas durante el verano.

   Toda la casa de la familia de Tami, no obstante, no sobrepasa en total los cincuenta metros cuadrados. Cada una de las habitaciones es angosta y, salvo su cuarto y el de sus padres, las demás carecen de ventana alguna. La mejor de las dos que hay, sin duda, es la suya, situada en lo más alto de la casa, justo encima de donde él duerme; una idea de su madre que siempre ha pensado que sería lo más beneficioso para el niño. Desde su atalaya particular, Tami puede ver algunas otras terrazas, un trozo imperfecto de la desembocadura del Lucus, el espigón, el minarete de la mezquita desde la que le llega la voz del almuédano, y la inmensidad del cielo, en el que descubre cada noche una nueva estrella. Le ha puesto nombre a alguna. La que más brilla es Nur-al-Din, la más lejana Ibn Battuta.

   Tami no quiere dormirse. Vigila a Ahmed, que respira plácidamente mientras sueña. Sabe que tiene un plan con sus amigos Jamal y Taha, que los tres quieren salir volando, escapar. Los escuchó hablar en el espigón, apasionados, mientras fumaban sentados en las rocas.

   -En cuanto el jefe nos avise, bajamos al acantilado. Nos esperarán sobre las cuatro. Dice que iremos con otros chicos de Ksar-el-Kebir y unos senegaleses que se han escondido en la Medina. Ya veremos…

   –Incha Al´láh.

   Tami se abalanzó sobre Ahmed, trabándose de su cuello. Lo hizo sin pensarlo, igual que si se hubiera recolgado de su madre, aunque sabe que su hermano detesta que se le acerque siquiera y menos si están los amigos delante. No es extraño, pues, que lo tirara al suelo, zancadilleándole, alentado por Jamal que fue quien realmente se había dado cuenta de que Tami había oído algo de sus planes futuros.

   -¿Me llevaréis con vosotros, Ahmed?

   -¿Cuántas veces te he dicho que no nos espíes?

   El niño se levantó, pero Ahmed dio un paso empujándolo y Tami reculó, dando traspiés, aunque consiguió mantenerse erguido. Hubo un instante de pausa, en el que se estudiaron de manera harto diferente: Tami, deseoso de que su hermano le contara sus planes; Ahmed, por el contrario, no se reprimió a la hora de mostrarle su abierto rechazo, como si fuera un intruso que estorbara, y trató de golpearlo en el rostro con la mano abierta. El niño fue ágil y echó el cuerpo atrás evitando el guantazo. Se quedó un segundo con el corazón encogido, pero enseguida se removió, separándose de su hermano igual que si una víbora fuese a atacarle.

   -¡Se lo diré a padre!

   Ahmed, más enfurecido, se descalzó una de las sandalias y comenzó a perseguirlo por el espigón. El grito le había salido del alma.

   Tami sorteaba a los bañistas que caminaban en ambas direcciones, y su hermano mayor trataba de darle alcance con la sandalia derecha en la mano. Aunque Ahmed usaba todas sus energías, la agilidad de Tami le hacía parecer más rápido, era como una gacela que, por instinto, saltara por encima de todos los obstáculos.

   -¡Verás como te coja! –Gritó Ahmed cuando ya se dio cuenta de la inutilidad del esfuerzo.

   Y en ese instante, Razine Larbi se interpuso en su camino y él se quedó parado, con la sandalia en alto, con la respiración entrecortada. Sidi Razine Larbi lo miraba con paciencia, con cierta indulgencia en el porte, pero con la severidad necesaria como para que Ahmed comprendiera que continuar con su persecución sólo le traería problemas. Bajó entonces el brazo, dejando caer la sandalia, que se calzó con disimulo.

   -¿Qué haces, Ahmed? ¿Vas a pegar a tu hermano pequeño? –Razine frunció el cejo. Sus ojos pequeños lo miraban con una intensidad escrutadora-. ¿No aprendiste nada de lo que te enseñé en el orfanato o es que quieres volver allí?

   -Lo siento, sidi.

   -Más te vale.

   Razine Larbi, vestido con una candora celeste, le dio la espalda y entró en su casa de la playa, pensativo, mientras se acariciaba la barba. Confuso, Ahmed miró a la multitud que se movía por el espigón y por la orilla de la otra banda, pero ya no había rastro de su hermano que habría subido en alguna barca para cruzar el río.

   Regresó sobre sus pasos y vislumbró a Sidi Razine tras una ventana. Mohammed, su padre, lo había internado en el Orfanato Musulmán de Larache para que, al menos, estudiara algo. Muchas familias sin recursos lo hacían. Ahmed, sin embargo, no aprovechó más que lo justo para salir cuanto antes del centro. El único buen recuerdo que conservaba de aquel lugar era ese hombre, al que siempre respetó, y al que ahora veía moverse dentro de su casa.

   A Tami se le van cerrando los ojos, pero se esfuerza por mantenerse alerta observando con fijación el cuerpo de Ahmed, el movimiento rítmico del pecho, el suave eco de la respiración. Intuye que está despierto y que finge dormir y, por esa razón, ha de continuar con su vigilia.

   Oye la música del edificio de al lado, donde celebran la boda de Yasmin y Omar. Ya llevan dos noches de fiesta. No les han invitado pese a que el padre de Yasmin compra habitualmente en el puesto del padre de Tami y le llama hermano. Ha escuchado a su madre hablar del asunto mientras cenaba. Se ha sentido despechada por ese feo detalle de sus vecinos. Mohammed, el padre de Tami, sin embargo, le ha quitado hierro al asunto, pues, en el fondo, se alegra del hecho ya que eso le evita el regalo inexcusable.

   -Mujer, se han olvidado por la cantidad de familia que tiene el novio –añadió Mohammed-. Seguro que ha sido un despiste y luego nos pedirán disculpas. Las bodas son muy complicadas, Rachida, ya lo sabes…

   El abuelo asentía a tales asertos mascando palabras entre dientes que Rachida iba interpretando como una salva de improperios dedicada a los vecinos. Su padre nunca se ha llevado bien con Omar. Sentado a la mesa, junto a Tami, El Hach se entretenía rompiendo nueces con sus enormes manos encallecidas, apretándolas unas contra las otras, hasta que crujían, cediendo a la presión, sin añadir una coma a lo que estaba diciendo su yerno. Le lagrimeaba un ojo y se lo secaba de vez en cuando con un pañuelo arrugado, siempre con el mismo gesto repetido.

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EL ÁLBUM DE MIS LECTORES

 

Al fin nace este rincón en la página que tengo en facebook, especial y entrañable, que, con tanta amabilidad y paciencia, estáis construyendo entre todos mis lectores al enviarme una fotografía junto a algunos de mis títulos, probablemente el que más os gusta.
Pero ese generoso detalle de dedicar vuestro preciado tiempo a leer lo que escribo (y todo lo que escribo es para vosotros) es, sin ninguna duda, lo que más me fascina y emociona.
Espero que este álbum, que es vuestro, crezca y crezca sin parar.
Gracias a todos.
Sergio Barce

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ALBERTO GÓMEZ FONT
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