NOTAS A PIE DE PÁGINA 19 – AGOSTO 2026

Agosto de 2026. Tras unos días en los que intento desconectar del trabajo, repaso los libros que he leído (menos de los deseados) y las películas y series que he visto (quizá me he saturado con estas últimas). En cualquier caso, el calor irrespirable e insoportable de este año me parece el síntoma más evidente de que todo va a peor. Los fascismos campan a sus anchas, el tablero político internacional se mueve al compás del capricho de los egocéntricos millonarios que conducen el destino de gran parte del mundo, un gran porcentaje de la juventud se inclina por sentir nostalgia por una dictadura que no vivieron, la desinformación y los bulos campan a sus anchas y nadie repara en que nos llevan a una sociedad plana, acrítica, embobada, sumisa e idiotizada.

Veo la serie THE BEAR y  me contagio de su ritmo, de ese pelear por un sueño que atrapa a sus personajes y que muestra quizá lo mejor de nosotros mismos. Tal vez por eso me ha enganchado, porque necesito que lo positivo demuela lo negativo, que el optimismo venza al pesimismo, que la tozudez por llegar a una meta sea lo que venza al final, pese a las dificultades y pese a los obstáculos con los que se enfrentan «la familia» de ese restaurante que está a punto de naufragar. Levantarse y no sucumbir al desaliento. Excelente Jeremy Allen White en el papel de Carmy, pero a la zaga Ebon Moss-Bachrach como Richie y Ayo Edebiri como la chef Sydney, todos bordando sus papeles. Pero también me quedo con los veteranos Jamie Lee Curtis, cada vez mejor actriz, y Oliver Platt que son el contrapeso perfecto a estos actores que irrumpen con tanta fuerza. Pero también llamo la atención sobre un personaje secundario que me ha hecho reír a carcajadas, el de Neil Falk, que interpreta Matty Matheson. Me fijé en él al darme cuenta de que además de aparecer en los títulos de crédito como actor de reparto también lo hacía como productor ejecutivo de la serie. Me había llamado la atención su trabajo, desternillante, representando a un trabajador del restaurante que, en realidad, no hace nada pero quiere hacerlo todo, que parece alelado pero con un corazón inmenso, que dice tales sartas de tonterías que uno cree que anda en las nubes todo el tiempo… Nada que ver con el Matty Matheson real: es canadiense y se le reconoce como uno de los mejores chefs de cocina de Norteamérica, dueño de una cadena de restaurantes y que aquí se zambulle en la aventura de producir una serie televisiva sobre la trayectoria de un restaurante que busca la excelencia pese al caos que lo rodea, y, siendo productor, elige ser también actor secundario, pero qué secundario tan original y tan inolvidable. Os recomiendo la serie. 

Acabo la lectura de la novela de Maggie O´Farrell: «Hamnet». Después de ver la película, a la que ya dediqué un artículo, el libro me ha parecido mejor, sin que desmerezca la cinta. Prosa elegante, preciosista y envolvente. Toda la historia emponzoñada por lo inevitable, por el destino ineludible. Las palabras te atrapan, los capítulos te subyugan.

Fragmento de «Hamnet» (editado por Libros del Asteroide, con traducción del inglés de Concha Cardeñoso):

«Así que dos hijos, no uno, se dice Agnes tumbada en la cama, con las cortinas echadas para evitar las corrientes bruscas.

Los primeros días no se sabe con certeza si la niña va a sobrevivir. Agnes lo sabe. Se lo dice la cabeza, se los dicen los huesos, la piel y hasta el corazón. Se lo dice la forma en la que su suegra entra de puntillas en la habitación, mira a los recién nacidos y a veces les toca el pecho. Se lo dice la urgencia con la que Mary pide a John que los lleve a cristianar: sus suegros los envuelven en varias mantas, los visten con sus ropitas y se los llevan prestamente al sacerdote. Mary vuelve a casa poco después, irrumpe con la actitud de quien ha terminado una carrera, de quien ha vencido al enemigo, y le entrega a su hija diciendo, ya está, por fin, aquí la tienes.

Al parecer, Agnes no puede dormir. No puede levantarse de la cama. No puede tener una mano ociosa ni vacía. Los recién nacidos, uno de ellos o los dos a la vez, necesitan que los tengan en brazos. Amamanta a uno, después al otro, luego otra vez al primero; o a los dos al mismo tiempo, con las cabecitas juntas en el centro de su pecho y el cuerpo protegido por un brazo. Agnes amamanta, amamanta, amamanta.

El niño, Hamnet, es fuerte. Lo sabe desde el primer momento en que lo vio. Se agarra al pecho con determinación, con seguridad, y mama con mucha concentración. La niña, Judith, necesita que la estimulen. A veces, cuando le abren la boca para introducirle el pezón, parece confusa, como si no supiera muy bien qué quieren que haga. Agnes tiene que tocarle las mejillas, darle golpecitos en la mejilla, pasarle un dedo por la mandíbula, recordarle que chupe, que coma para vivir.

Hace tiempo que Agnes se figura la muerte en forma de una habitación iluminada por dentro, tal vez en medio de un gran páramo. Es donde habitan los vivos; los muertos dan vueltas alrededor, por fuera, y presionan las manos, la cara y la punta de los dedos contra la ventana, desesperados por volver, por alcanzar a los suyos. Algunos de los de dentro oyen y ven a los de fuera; otros pueden hablar con ellos a través de las paredes, pero la mayoría no.

Es impensable que ese niñita diminuta tenga que vivir ahí fuera, en el páramo frío y brumoso, sin ella. No la dejará irse…»

Leer una buena novela es como sumergirse en aguas transparentes y bucear sin necesidad de salir a tomar aire.

Sergio Barce, 14 de agosto de 2026   

   

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«ESCENA DE CAZA (FURTIVA)», UNA NOVELA DE AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS

Novela irreverente, revolucionaria, dura como pocas, ampulosa a veces, barroca en otras, vanguardista y transgresora, desmesurada, antifascista, estructuralmente fascinante, incómoda seguramente para algunos lectores, incluso blasfema, asombrosa para otros, divertida y esperpéntica a ratos, devoradora de adjetivos y de frases construidas por un arquitecto del lenguaje. Impacta su lectura e impacta el valor de su autor. Escrita entre 1977 y 1978, es tan moderna y visceral en sus planteamientos que, incluso hoy, resulta innovadora y diferente. Una obra que no puede dejar indiferente a nadie.

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «TÁNGER. UN VIAJE DE IDA», DE MÓNICA LÓPEZ

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«FUGACIDADES», DE ALFONSO GONZÁLEZ CACHINERO

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