ENTREVISTA EN EL DIARIO “SUR” A PABLO BARCE, SOBRE SU CORTO “EL NADADOR”

Aquí tenéis la entrevista realizada para el diario SUR de Málaga por el periodista Francisco Griñán a Pablo Barce con motivo de la candidatura de El nadador al premio Goya como Mejor Cortometraje de Ficción, y que se fallará este sábado 25 de enero.

Pablo Barce en Sur

 

 

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“LAILA”, UN LIBRO DE LAILA KARROUCH

LAILA

   Empiezo a encontrar tantas similitudes con escritores marroquíes o de origen marroquí que más se afianza mi convicción, ya hace tiempo asumida, de que mi personalidad y mi manera de ser nacen de similares experiencias a las de ellos y de que, en definitiva, nos parecemos íntima y profundamente. Me ha ocurrido al leer a Mohamed el Morabet, a Najat el Hachmi, a Said el Kadaoui, a Mohamed Lahchiri, a Abderrahman el Fathi y otros autores… y ahora con Laila Karrouch y su libro Laila (Oxford University Press – Madrid, 2010), editada dentro de la colección El Árbol de la Lectura – Serie Juvenil.

Ha sido una lectura amena y llena de pequeñas agradables sorpresas. Laila Karrouch (nacida en Nador) cuenta su vida desde que abandonó Marruecos siendo niña hasta su edad adulta en España y sus viajes de vuelta a su país natal y sus sensaciones en cada viaje y durante sus años infantiles, de adolescencia y ya adulta. Y en cada capítulo, había algo de mí. Cuando leía a El Morabet, El Kadaoui, a Lahchiri o a El Fathi encontraba huellas y ecos de mi pasado. Cuando leía a Karrouch me encontraba de vuelta en Larache.

La mejor sinopsis de Laila puede leerse en la contraportada del propio libro:

“Cuando Laila llega a España procedente de Marruecos empieza una nueva vida marcada por los contrastes: tendrá que asumir, junto a su familia, una nueva cultura y una nueva forma de vida sin renunciar a sus raíces. Con una prosa sencilla y conmovedora, Laila es toda una lección para aquellos que todavía creen que las barreras entre culturas son inquebrantables. En palabras de Laila: <¿Por qué no un buen cuscús para comer y una tortilla de patatas para cenar?>”.

Efectivamente, el libro de Laila Karrouch utiliza una prosa sencilla y especialmente conmovedora. Su partida me recordó mi salida de Marruecos, ese desgarro, ese dejar atrás cuanto amábamos en la infancia. Parecía pisar las mismas calles que Laila y sentía las mismas sensaciones, e, incluso, hay imágenes casi idénticas. Ella desde Nador y yo desde Larache. Leerla era como reescribir mis relatos.

LAILA KARROUCH

LAILA KARROUCH

Sus primeros años ya en su nueva ciudad, sus compañeras de colegio, todo me remontaba a una misma experiencia; incluso al hecho de que a ella la llamara alguien “mora” y a mí “moro”. He transitado por las páginas de su libro como si paseara por mi pasado, como un alma gemela.

Luego, claro, hay un hecho concreto que sí que nos separa accidentalmente pero que la unen de manera íntima y personal a los otros autores mencionados (El Morabet, El Kadaoui, El Hachmi, etc…) y es el comprobar que hay costumbres y vínculos afectivos y religiosos que les hacen reflexionar sobre su propia identidad, especialmente en sus viajes de vuelta a sus poblaciones de origen tras años de ausencia: las tradiciones ancestrales, el uso del hiyab, las prácticas religiosas de los abuelos y padres, la forma de vida en Marruecos, la contradicción entre el progreso y el conservadurismo, la forma de vida occidental cristiana y la forma de vida marroquí musulmana… En Laila, la añoranza de la protagonista-autora por sus abuelos y los reencuentros que periódicamente tiene con ellos y sus familiares le irán descubriendo su propia cultura, en parte abandonada en Marruecos o al menos difuminada en su nueva vida en España. Ese vaivén de sensaciones que nos hace reflexionar y que nos abre de par en par a una experiencia enriquecedora, porque Laila Karrouch tiene la virtud como escritora y como persona de haber hallado lo mejor de cada una de las culturas en las que vive.

Escribe Laila Karrouch:

“…De repente vimos unas figuras humanas; el corazón me empezó a latir a toda velocidad. <Date prisa, papá>, pensaba. Las figuras correspondían a unas diez personas y entre ellas descubrí a mi abuelo. Era inconfundible: alto y delgado, un señor de la cabeza a los pies. Así era mi querido abuelo Amar. Y a su lado, la yaya. La reconocí porque hacía rato que tenía los brazos abiertos y preparados para abrazarnos. Fueron los quinientos metros más largos de mi vida. No se acababan nunca. Pero ya estábamos. Los perros ladraban desesperados y sus gritos resonaban por todo el pueblo de los Karrouch. Se debían de haber contagiado de nuestra alegría. Antes de que el R-12 acabara de frenar del todo, nosotros ya estábamos fuera del coche.

-¡Hijos míos, hijos míos! –gritaba mi abuela, mientras nos abrazaba uno a uno y luego a todos juntos. La abracé durante un buen rato. Me fijé en seguida en que iba sin zapatos. Volví a abrazarla y le dije que no corriera descalza. Ella lloraba y lloraba…”

Este es un ejemplo de su candor al narrar, la sencillez y la emoción de la mano, transmitiendo esa sensación hermosa e inolvidable del reencuentro tan anhelado.

Laila Karrouch nos detalla las reacciones de sus compañeras de colegio e instituto españoles cuando llegaba la fiesta de Ramadán o cualquier otra celebración y su vida diaria moviéndose entre las dos culturas, una especie de funambulismo que ha sabido ejecutar a la perfección, con la fortaleza de la que hace gala página a página de este libro tan cándido y envolvente.

También nos desvela pequeños detalles de cómo ella iba enfrentándose a su propia cultura marroquí, a las peculiares relaciones familiares, al pasado de sus padres o de sus tíos y abuelos:

“…Mohamed no era tímido. Su hermano Omar, que también entró para hacerse una foto, era mucho más tímido que él. Mi abuela me dijo que Omar sería el hombre de mi vida, que me cuidaría muy bien. Yo cambié de tema inmediatamente.

Bebimos té y comimos pastitas hechas por mi madre, y cuscús… Yo acabé cansadísima y me fui a dormir, pero la fiesta continuó con más bailes y más bailes.

Al día siguiente fui a buscar a mi abuela y le expuse la duda que tenía desde hacía días, le pregunté cómo era que aquella señora, Fadma, la madre de Mohamed y Omar, saludaba a papá de aquella manera y…

Se echó a reír.

-¿Es que no lo sabes? -me dijo-. ¿No sabes que es la hermana de tu padre? Mi hija mayor. Hoy volverá a venir con su marido para pactar la dote de Hayat.

-¿Dote? -pregunté.

Al darse cuenta de mi ignorancia, intentó explicarme cómo funcionaba el <asunto, para el día de mañana, cuando te cases…>.

Me explicó que habían pactado unas trescientas mil pesetas para vestir a la novia. Primero me quedé con cara de no entender nada, pero después me lo explicó.

-Quiero decir que es dinero para Hayat, para comprarse oro especialmente, ropa típica y otras cosas que le apetezcan.

Mi madre limpiaba el patio y lavaba los platos. Tenía un aspecto cansado y afligido. Mientras todos cantaban y hablaban, ella controlaba que no faltara de nada. Dejó el patio muy limpio y se fue a desayunar con la yaya. Mientras, yo me quedé sentada a la puerta de la habitación, pensando en lo que me había explicado mi abuela…”

Laila va descubriendo así, viaje tras viaje de regreso a Marruecos, cuáles son sus verdaderos orígenes, pero sin renunciar a todo lo bueno que le puede ofrecer su vida en España, sabedora de que, sin renunciar a esas raíces, beber de las dos culturas la hace mejor persona.

Leer Laila es dejarse mecer suavemente, dejarse conducir rio abajo por un río de aguas apacibles y amables hasta llegar al punto final y cerrar el libro con una suave sonrisa. En mi caso, además, Laila Karrouch me ha hecho revivir mi pasado y esas vivencias que nos unen para siempre. Un precioso libro de recuerdos y experiencias noveladas.

Sergio Barce, enero 2020

DE NADOR A VIC

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LARACHE – 1 DE FEBRERO 2020 – I CROSS DE LA PAZ

Cross en Larache Colegio Luis VivesB

Bonita iniciativa del Colegio Español Luis Vives de Larache, en colaboración con el Club Triathlon Larache, la Real Federación Marroquí de Triathlon y Gil Comes.

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FOTOS DE CINE 1

Ahí va esta joya: Gary Cooper y Lauren Bacall. Solo trabajaron juntos en una película titulada El rey del tabaco (Bright leaf, 1950) de Michael Curtiz, el mítico realizador de Casablanca. La imagen es puro glamour, algo que se ha perdido hace tiempo en el mundo del celuloide. Tanto Cooper como Bacall siempre me han seducido, él por ser uno de los mejores actores de la historia del cine y por su apostura, su sola presencia llenaba la pantalla, y ella con sus excelentes trabajos interpretativos, especialmente junto a Humphrey Bogart, y con su belleza, que rompía moldes, y su voz dura y ronca que le daba ese “toque”.

Gary y Lauren

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“EL NADADOR”, DE PABLO BARCE, MEJOR CORTOMETRAJE EN LOS 25 PREMIOS FORQUÉ

Forqué Mejor cortometra El nadador

Parece que los sueños se hacen realidad. El nadador, dirigido por Pablo Barce, ha obtenido el Premio al Mejor Corto en los 25 Premios Forqué. Ha sido emocionante ver el momento en el que Pablo, junto a los productores César Martínez Herrada y Antonio Hens, han subido a recoger el galardón. 

Orgulloso de que mi hijo decidiese adaptar uno de los relatos de mi libro Paseando por el zoco chico larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015) (ISBN 978-84-16021-67-3) para rodar su primer cortometraje, y además contar conmigo para escribir el guión. Fue un deleite hacerlo.  Y además de todo esto, rodar la película en Larache.

Pero además del buen hacer del realizador, del equipo técnico y de los actores, hay detrás mucho esfuerzo, mucha dedicación y mucho sufrimiento por los constantes obstáculos con los que se encontró la producción antes, durante y después del rodaje, y que se salvaron en especial por el tesón y la decisión de Pablo de no ceder ante las adversidades (que fueron más de las que podáis imaginar), con César  y el equipo empujando y animando. Ahora recoge los frutos, y los que vendrán.

Cuánto habría disfrutado Pablo Cantos de todo esto.

El próximo día 25 de enero, los Premios Goya. Volveremos a encomendarnos a los protectores de Larache como hemos hecho con los Forqué: la Virgen del Pilar, Lalla Menana la Mesbahía y Rebí Yusef Hagalili (José el Galileo) de las Kebibats (Pepe Edery dixit).

Sergio Barce, 12 de enero de 2019 

Charo, Lola, Cérsar, Pablo y Antonio

EQUIPO TÉCNICO DE EL NADADOR:

Pablo Barce (director)
César Martínez (productor)
Ali Bakkioui (productor Marruecos)
Jorge Revuelta (jefe de producción)
Ismael Bakkioui (producción Marruecos)
Candela García (secretaria de producción)
Pablo y Sergio Barce (guión)
Arturo Salmerón (ayudante de dirección)
Manu M. Manrique (ayudante de dirección en Calpe)
Jorge Roig (fotografía)

Antonio Hens y Pedro García (Producción ejecutiva)
Cristina Campayo (vestuario)
Marta Suárez (ayudante vestuario)
Lola Ruiz (maquillaje y peluquería)
Emilia Martín-Peñasco (montaje)
Diego Sainz (script)
Daniel Gracia (sonido)
Borja Luís (postproducción de sonido)
Sheila Rodríguez (auxiliar de foto)
Leticia Iniesta (ayudante de foto)
Carlos Rodil (ayudante de foto en Calpe)
Mohamed Bachir Temini (foto fija)
Graciela Izquierdo (dirección de arte)
Ahmed Belkhadir (atrezzo)
Fran Condor (colorista)

Y los actores:

Taha El Mahroug
Amin Moutaouii
Nezar Moussa
Morad El Jaouhari
Ghita Taha
Youssef Chghaich
Ahmed Bilal
Mario Zorrilla
Sergio Barce jr.
y la gente de Larache

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Pablo Barce - Elnadador mejor corto Premios Forqué

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