“LAS SEMILLAS DE ANNUAL”, UN ARTÍCULO DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS MARÍA CAZORLA

Con ocasión del centenario del llamado desastre de Annual, se ha publicado en el diario ABC un artículo firmado por el escritor larachense Luis María Cazorla Prieto, que utiliza como título el de su novela Las semillas de Annual (Almuzara, 2015). La novela cierra la trilogía que forma junto a La ciudad del Lucus (2011) y El general Silvestre y la sombra del Raisuni (2013). De todas ellas escribí la correspondiente reseña, que indico más abajo.

El artículo que nos ocupa ofrece una interesante visión de las razones por las que se llegó a aquella situación que desembocaría en el mayor desastre militar español de la época.

Con la generosidad de siempre, Luis me envía su artículo para poder compartirlo.

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EL MARXISTA SARNOSO

Quienes me siguen en mi blog desde el comienzo saben que me declaro marxista-allenista, es decir, fervoroso seguidor de Groucho Marx y de Woody Allen (sí, de Woody Allen). He cogido hace un momento el libro Memorias de un amante sarnoso (Memoirs of  a mangy lover) que publicó Groucho hacia 1963. Por supuesto, es desternillante, aunque es un humor muy especial, no descubro nada al decirlo, escrito en una época que no es nuestra época, es decir, más libre y menos encorsetada por lo políticamente correcto, y es como un soplo de aire fresco. 

Sólo apuntaré, para aquellos que no conozcan este libro, lo que explica su genial autor a modo de pequeño prefacio o aclaración:

“Este libro fue escrito durante las prolongadas horas que pasé aguardando a que mi esposa acabara de vestirse para salir. En este sentido, si nunca se hubiera puesto nada encima, jamás se habría escrito este libro.”

Os invito a que reviséis esa maravillosa película de Groucho Marx “and brothers” titulada Sopa de ganso (Duck soup, 1933). Y, por supuesto, a leer estas memorias.

Sergio Barce, 2021

 

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“MOHAMED CHUKRI”, UN LIBRO DE ROCÍO ROJAS-MARCOS

 

“…Él sabía, mejor que nadie, cuando se miraba al espejo, que había sido esa infancia sarnosa la que había forjado al adulto de mirada atribulada con la que podemos verlo en todas las fotografías suyas que se conservan. Un hombre enjuto, moreno, de ojos muy negros, pelo rizado y un bigote teñido de marrón por la nicotina del humo del cigarro siempre encendido. Un hombre de gesto desolado. Un hombre triste.”

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Este retrato físico que hace Rocío Rojas-Marcos de Mohamed Chukri es la mejor carta de presentación que se puede hacer para el arranque de esta magnífica y acertada biografía del escritor marroquí. Y, en las siguientes páginas, nos lleva en volandas haciendo un recorrido por toda la vida personal y literaria de Chukri, algo nada fácil teniendo en cuenta que su vida la ha contado él mismo en sus novelas y en sus relatos. Hay que ser muy osada y muy valiente para arrostrar esta aventura, y Rocío, enganchada desde hace tiempo a Tánger, no ha podido sustraerse a la tentación de ahondar en quien vagó por las calles de esta ciudad siendo muy pobre y muy desdichado y siendo ya un autor reconocido y admirado. A mi modesto entender, ha logrado su propósito y nos ha regalado un libro exquisito.

Aunque quienes hemos leído la casi totalidad de la obra de Chukri reconocemos fácilmente su vida, ya narrada, ya desmenuzada por el propio autor, la visión de Rocío Rojas-Marcos tiene el valor de haber logrado compendiarla, de reunir esos fogonazos que dejaba sueltos en distintos libros y de aunar en noventa páginas todo su itinerario vital, desde esa infancia llena de penurias, violencia, desesperación y miseria, hasta su muerte, analizando de una manera diáfana y clarificadora la relación que mantuvo con Paul Bowles, Jean Genet y Mohamed Mrabet, y es aquí donde Rocío despliega los más enjundiosos de sus análisis. Pero tampoco deja a un lado la producción literaria de Mohamed Chukri que, de la misma manera, descompone hasta mostrarnos las entrañas de sus libros, sus motivaciones para escribirlos, las razones para contar lo que narraba en cada uno de ellos.

“…Un matiz interesante en relación al asunto de la censura de El pan a secas es que Chukri aseguraba que el verdadero motivo de prohibir su libro no era que hablase de prostitución, ni de sexo, ni de alcohol con un vocabulario que en Marruecos siempre arrancará un Hshuma, vergüenza, ruborizando al interlocutor, o lector en este caso. Lo interesante es que Chukri defendía que el odio a su padre era lo que realmente aterraba al sistema patriarcal establecido. Si él era capaz de desautorizar a la figura paterna y despreciarla sin pudor, eso era una puerta abierta a la insubordinación de toda la generación que lo leyese…”

Este estudio de Rocío Rojas-Marcos nos descubre lo que realmente bullía o podía bullir en la cabeza de Chukri respecto a Mrabet, de ese odio irreverente y sorprendente que destapó frente a Paul Bowles cuando el escritor americano ya había fallecido, de su camaradería con Genet… No voy a desvelar nada de las conclusiones a las que llega Rocío en cada uno de estos episodios de la vida de Mohamed Chukri, pero sí dejar constancia de que son sumamente reveladores y enriquecedores.

Y de lo que sí dan muestra estas páginas es de un respeto, una admiración y un candoroso cariño sobre la figura de Chukri. Es como si Rocío Rojas-Marcos hubiese decidido entregarnos una biografía entre mantillas, acunando a su personaje, arropándolo tras tanto sufrimiento, tras tanto dolor, como si sintiera un cierto pudor al desnudar el alma del escritor y las entretelas de su obra.

Leyendo el siguiente párrafo, no hay dudas de ese afecto que le profesa:

“…hubo un cuaderno, resulta casi enternecedor el matiz de que fuese un cuaderno escolar el elegido para escribir sobre su infancia. Un cuaderno de hojas gastadas en el que grandes letras hablaban de miseria y hambre. Pero ese cuaderno nunca se ha encontrado.

Después de muchas vueltas al asunto pienso que la opción más plausible es que el cuaderno se perdiese, o simplemente lo tiró porque no tenía mayor importancia, pues lo que había escrito era simplemente el guion que se hacía para luego componer el capítulo completo al empezar a hablar en español empleando su memoria de analfabeto. Esas páginas estaban llenas de notas, eran los andamios de su montaña de pan…”

Una biografía muy bien escrita, con nervio y pasión, con entusiasmo y autoridad, pero también con delicadeza. Un libro por el que Chukri habría brindado con un buen vaso de vino tinto.

Mohamed Chukri ha sido publicado por Zut Ediciones.

Sergio Barce, julio 2021

 

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MAGALLANES. EL HOMBRE Y SU GESTA (Magellan: der mann und seine tat, 1938), DE STEFAN ZWEIG

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Como en todos los libros de Stefan Zweig, ya sea novela, ensayo o, como en este caso, biografía, sus cotas de calidad y belleza son insuperables. Su libro sobre la figura del navegante Magallanes, escrito en 1938, es una lúcida, vibrante y hermosa mirada a la aventura que protagonizó este hombre severo y concienzudo. Baste como botón de muestra el comienzo del capítulo décimo titulado “Magallanes descubre un reino para sí. 28 de noviembre de 1520 – 7 de abril de 1521”:

“La historia de esta primera travesía del hasta entonces innominado océano, <un mar tan extenso que apenas el espíritu humano puede abarcarlo> -según dice el informe de Maximiliano Transilvanus-, es una de las gestas inmortales de la humanidad. Ya el viaje de Colón a los espacios sin lindes fue reputado en su época, y lo ha sido después, como un acto de decisión sin igual; y, con todo, este hecho abnegado no puede compararse con la victoria ganada por Magallanes a los elementos, en medio de indecibles dificultades. Porque Colón navega con sus tres barcos, bien carenados y aparejados, treinta y tres días solamente, y ya una semana antes de echar pie a tierra, unas hierbas flotantes y maderas exóticas y el vuelo de ciertos pájaros le confirman la proximidad de un continente. Sus tripulantes están sanos y animosos; sus naves llevan tanta provisión que, en el peor de los casos, podrían volver a puerto sin penuria. Lo desconocido está ante él, y detrás tiene la patria para sacarle a camino, sea como sea. Magallanes viaja en el vacío más completo, y no partiendo de una Europa confinante, con los puertos y sus hogares, sino de una Patagonia extraña e inhospitalaria.

El hambre y la necesidad los acosan, viajan con ellos y se levantan ante ellos amenazadoras. Su indumentaria está fuera de uso, hay desgarrones en el velamen, las curdas se desgastan. Hace semanas que no han visto un rostro humano nuevo, no se han acercado a una mujer, no han catado el vino, la carne fresca ni el pan reciente y, en el fondo del alma, envidian a los camaradas que han desertado a tiempo hacia sus hogares. Y así navegan los tres barcos, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta días, y todavía no se divisa la tierra, ni siquiera un signo de esperanza que les indique su proximidad. Y otra semana, y otra, y otra más; cien días: ¡tres veces el tiempo que empleó Colón en atravesar el océano! Con mil y mil horas vacías avanza la flota de Magallanes en el espacio vacío. Desde el 28 de noviembre, en el que vieron alborear en el horizonte el cabo Deseado, de nada han servido tablas y medidas. Cuantas distancias calculara Faleiro desde su gabinete se han manifestado erróneas, de modo que, cuando Magallanes, cree haber dejado atrás Cipango, Japón, en realidad ha recorrido apenas un tercio del océano desconocido que, por su calma, denomina el Pacífico, como desde entonces se llama para siempre. Pero, ¡qué cruel calma, qué martirio el de la monotonía en aquel silencio de muerte! El mar, como un espejo azul, invariable, y siempre el mismo cielo candente y sin una nube, y el aire mudo, y siempre la misma anchura y la misma redondez del horizonte, un corte metálico entre el cielo igual y el agua igual, que poco a poco van grabándose hondamente en el corazón. Siempre la misma nada azul inmensa en torno de los barcos insignificantes, únicos objetos que se mueven en medio de la horrible inmovilidad; y siempre la misma luz cruda del día para ver continuamente lo único, lo mismo; y por la noche, las mismas estrellas de siempre, frías y calladas, a las que interroga en vano. Siempre los mismos objetos en el escaso espacio poblado del barco; las mismas velas, el mismo mástil, la misma cubierta, la misma áncora, los mismos cañones, las mismas mesas… Siempre el mismo olor podrido y dulce de lo que se corrompe en las entrañas del barco. Siempre, mañana, tarde y noche, los mismos encuentros, las mismas caras que se miran unas a otras y de día en día desmejoran en la callada desesperación. Húndense más los ojos en las órbitas, y su brillo se empaña con cada mañana que amanece sin nada nuevo; demácranse más las mejillas, y el paso es cada día más flojo y débil. Como espectros circulan ya, surcadas las mejillas y sin color, los que hace pocos meses eran unos mozos temerarios, que trepaban por las escalas y se movían diligentes para defender el barco de la tormenta. Ahora vacilan como enfermos o yacen extenuados sobre el jergón. Cada uno de esos tres barcos que salieron para una de las más osadas aventuras de la humanidad se ve ahora poblado por unos seres a los cuales apenas se reconocería como marineros, y cada cubierta es un hospital flotante…”

Zweig nos transporta son su verbo prodigioso y maestro hasta aquella época de descubrimientos en la que la aventura era eso, aventura en mayúsculas. Es capaz de transmitirnos la soledad y el vacío inmenso del océano, la incertidumbre ante lo desconocido, la valentía de esos hombres, el descorazonador avance sin destino cierto cuando el hambre, la sed y el cansancio se apoderaba de sus ánimos, y hace que lo experimentemos todo tan vivamente que notamos en la piel las quemaduras causadas por el sol y que los labios se nos resequen y se nos agrieten ante la falta de agua potable. La ansiedad nos envuelve como un manto de ausencia. Queremos que Magallanes alcance su meta, que logre el éxito, que, aunque ya conozcamos el final de su aventura, deje de padecer y esboce al fin una sonrisa que le recompense por su irreductible tozudez, por su pasión y por su padecimiento insufrible.

Stefan Zweig, con su prosa elegante de siempre, me ha hecho vibrar en este viaje, en esta aventura increíble. Un libro maravilloso, de narrativa pura, emocionante y fascinante.

Magallanes: el hombre y su gesta, ha sido editado por Capitán Swing, con traducción del alemán de José Fernández.

Sergio Barce, julio 2021

 

STEFAN ZWEIG
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“MOHAMED CHUKRI”, DE ROCÍO ROJAS-MARCOS

Acaba de entrar en casa la biografía que Rocío Rojas-Marcos ha escrito sobre el gran Mohamed Chukri, editado por Zut Ediciones. Hoy mismo me sumergiré en las primeras páginas…

 

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