CHLOÉ ZAO

Chloé Zao es la directora de la película de moda: «Hamnet», una cinta maravillosa con unas interpretaciones, especialmente de Jessie Buckley, a la altura del texto y de la cinta. Hay miles de comentarios sobre esta producción, candidata a llevarse todos los premios, merecidamente. Confieso que «Hamnet» me llegó, que me traspasó, que me conmovió. Una cinta sobre la pérdida, la ausencia y el dolor. Temas que le apasionan a Chloé Zao y que ya había desarrollado de alguna u otra forma en otros dos trabajos anteriores que, lo confieso, me impresionaron aún más. Hablo de «Nomadland» (2020) y «The rider» (2017).

En «Nomadland» una insuperable Frances McDormand nos regala el retrato de una mujer que ha decidido vivir en contra de los convencionalismos, una mujer sin hogar fijo, que no quiere ya ataduras ni obligaciones más que las de vivir libremente. Una mujer que, también aquí, lo ha perdido todo con la gran recesión económica de USA, pero que, sin embargo, sabe cómo arrostrar su situación trabajando a salto de mata y viviendo en una  caravana que la lleva por diversos territorios y Estados, en una búsqueda de un futuro que ya carece de interés. Se trata de sobrevivir y de encontrarse a uno mismo. Una obra redonda.

No le va a la zaga «The rider», otro retrato sin paños calientes de la América más profunda, de los ciudadanos de a pie que ven truncados sus sueños en unos Estados Unidos que ya no son lo que fueron y que, en la actualidad, parece dirigirse a un abismo insondable. Con actores no profesionales, sin embargo, Zao sabe sacar lo mejor de ellos y ofrecernos su perfecta visión de ese jinete, que vive de los rodeos y de amaestrar caballos, al que, por un fatal accidente, se le hurta lo que más ama y sus sueños más queridos.

En todas sus películas, Chloé Zao, de origen chino, utiliza el paisaje como un personaje más: tierras inhóspitas, muchas veces desérticas, inabarcables, sin horizontes, tierras abiertas en las que se presiente la libertad que ya no se halla en otros lugares. Absorbentes territorios muy cercanos a John Ford o a Steinbeck.

Con Chloé Zao me he dado de bruces con una cineasta que puede convertirse en clásica.

Sergio Barce, 12 de febrero de 2026 

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FRAGMENTO DE «UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

Estos son los primeros párrafos de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE, obra que resultó finalista del XVIII Premio de la Crítica de Andalucía de Novela. 

«Tami es un niño de cuerpo frágil pero despabilado, de ojos hambrientos, que padece una enfermedad que le perfora los bronquios y los pulmones. La humedad de la Medina no le sienta demasiado bien, pero él es feliz en sus callejones. Le gusta jugar al fútbol en la playa y corretear por las callejuelas del barrio de la Alcazaba y bajar corriendo con sus amigos por la calle Real hasta el puerto; y le embrujan los cuentos de su abuelo. Son suficientes razones para que no pueda imaginar la vida en otro lugar.

   Ya es de noche. Se ha tumbado en su jubón, en el cuarto que comparte con su hermano mayor Ahmed, que duerme en la otra estera de esparto. Hace calor. La calima es densa esa noche de agosto. Se escucha música en toda la ciudad y algarabía por las calles, pese a que son más de las tres de la mañana. Es raro que Ahmed no ande por ahí, tras alguna de esas chicas que han regresado a Larache desde Holanda o España de vacaciones.

   El cuarto está en el tercer piso de la casa, junto a la habitación del abuelo. En la planta baja, una pequeña cocina y el salón, en el que sobrevive el viejo televisor Telefunken. Un pequeño habitáculo, que sirve de almacén, un retrete con una ducha y el dormitorio de sus padres se reparten la segunda planta. En la azotea, hay un cajón de madera que atesora algunas herramientas del abuelo de cuando ejercía de mecánico en el Taller de Barrajón, y también la mesa pequeña en la que ahora trabaja. A sus pies amontona piezas desechadas de aparatos electrodomésticos, fusibles, cables, una batería. Es ahí arriba donde el viejo se pasa las horas muertas durante el verano.

   Toda la casa de la familia de Tami, no obstante, no sobrepasa en total los cincuenta metros cuadrados. Cada una de las habitaciones es angosta y, salvo su cuarto y el de sus padres, las demás carecen de ventana alguna. La mejor de las dos que hay, sin duda, es la suya, situada en lo más alto de la casa, justo encima de donde él duerme; una idea de su madre que siempre ha pensado que sería lo más beneficioso para el niño. Desde su atalaya particular, Tami puede ver algunas otras terrazas, un trozo imperfecto de la desembocadura del Lucus, el espigón, el minarete de la mezquita desde la que le llega la voz del almuédano, y la inmensidad del cielo, en el que descubre cada noche una nueva estrella. Le ha puesto nombre a alguna. La que más brilla es Nur-al-Din, la más lejana Ibn Battuta…»

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GILEAD

Margaret Atwood escribió en su novela «El cuento de la criada» (The Handmaid´s tale):

«La noche es para mí, me pertenece; puedo hacer lo que quiera, siempre que me quede callada. Siempre que no me mueva. Siempre que me estire y me quede inmóvil.»

Gilead ya está aquí, y se extiende como una mancha de aceite desde Estados Unidos hasta los más recónditos lugares.

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FELIZ 2026

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BB – Y DIOS CREÓ A LA MUJER

Si durante nuestras conversaciones sobre cine aparece Brigitte Bardot, mi padre siempre recuerda el revuelo que causó el estreno de Y Dios creó a la mujer (Et Dieu… créa la femme) de Roger Vadim, en 1956. Una película censurada por una sutil escena erótica en la que Brigitte Bardot aparece totalmente desnuda, pero de perfil, para no herir demasiado la sensibilidad de la época. Aun así, muchos censores se echaron las manos a la cabeza. La escena, en fotogramas, es la siguiente:

¿Cómo  le explico a mi padre que hoy, finalizando 2025, 69 años después de su estreno, Google me censura este fotograma que he debido bajar de un blog amigo? Así es, la censura se cierne sobre nuestras vidas tras años de alcanzar cotas de libertad que nos parecían ya inamovibles. El peligro nos acecha.

A Brigitte Bardot siempre la conocimos como BB, igual que a Claudia Cardinale la llamábamos CC. Las dos han fallecido en 2025. BB y CC rodaron un film en España, «Las petroleras», dirigidas por Christian-Jaque, y acompañadas de Teresa Gimpera y José Luis López Vázquez, entre otros. Un spaghetti-western que nos ofrecía la oportunidad de ver juntas a las dos bellezas más hermosas del momento. Una fantasía.

Yo amé a BB, como tantos adolescentes de la época, y, aunque su deriva posterior deja mucho que desear en algunos aspectos, pero en otros no, he de decir que su desaparición marca ya el final de una época en el cine francés. Tras la pérdida de Alain Delon, Jeanne Moreau, Jean-Paul Belmondo, Simone Signoret, Yves Montand, Jean-Louis Trintignant, Anna Karina, Philippe Noiret, Jean Seberg, Michel Piccolí, Stéphane Audran, Delphine Seyrig… en diferentes años, y ahora BB, el cine francés se queda más huérfano que nunca. Y nosotros también.

2025 ha sido un año nefasto para el cine con la muerte de grandes iconos. CC, BB, Robert Redford, Diane Keaton, Gene Hackman, David Lynch… no quiero seguir porque la lista es agotadora. Además, aún el año no ha acabado y puede suceder cualquier otra cosa. Pero es evidente que nuestros referentes artísticos han llegado a esa franja de edad en la que todo se precipita, y nuestros recuerdos se van con ellos. Sin embargo, siempre nos quedará su cine.

Sergio Barce, 28 de diciembre de 2025  

LAS PETROLERAS – BB Y CC
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