NARANJAS, JUDÍOS Y EL LUKUS DE LARACHE, POR JOSÉ EDERY

Naranjas, judíos y el lukus de LARACHE: Montefiore, Rothschild, Baüer y Gomendio

Por el doctor José Edery Benchluch

Los oriundos del norte del Magreb al Aksa (Marruecos), y en particular los oriundos y visitantes de Larache, ciudad costera y portuaria atlántica que estuvo gobernada por España durante su Protectorado en Marruecos (1912-1956), cuando hablan de naranjas suelen evocar las célebres internacionalmente frutas cítricas de dicha ciudad; y en especial las que denominaban “Naranjas del Lukus” de la prestigiosa Compañía Agricola del Lukus que se extendía hasta las cercanías de la vecina ciudad de Alcazarquivir. Y sobre todo la memoria se llenaba del recuerdo, especial aspecto y sabor de sus inconfundibles naranjas de la variedad Navel.

La naranja Navel y cuál es su origen

Es un tipo de naranja inconfundible, dulce, grande, sin semillas, piel gruesa fácil de pelar al separarse sin dificultad de la pulpa, y poco zumo al exprimirla; y que se reconoce por tener en su base (opuesta al tallo) una hendidura circular, más o menos grande como un ombligo, que se consideraba como un segundo fruto, y al que en la región denominaban cariñosamente “shoshito”. Las que se vendían en los mercados locales larachenses y alcazareños solían ser de gran tamaño (dos o tres unidades pesaban un kilo) por lo que era difícil económicamente su exportación (hasta que se pudo reducir el tamaño con la variedad Navelina o Washington) por el precio y limitada cantidad para el comprador. Y con la particularidad de que, al abrirlas y entre dos gajos, se podía encontrar varios pequeños gajos más dulces, a los que denominaban “hijos”, a semejanza con lo que sucedía con los palmitos silvestres de la región.

El origen de la naranja navel se produjo en Brasil en la huerta de un monasterio por una especial mutación desde naranjas dulces que cultivaban, produciéndose el particular “ombligo” por lo que fue denominada por los primeros exportadores a Norteamérica que fueron de origen europeo, entre los que figuraban principalmente la familia judía Rothschild, como naranja “navel” que en inglés significa “ombligo”. La rama inglesa de la Banca Rothschild, encabezada por Nathan Mayer (1777-1836) uno de los cinco hijos del fundador de la empresa bancaria familiar, estuvo liderando empréstitos bancarios (los únicos banqueros que lo hicieron) y empresas en Brasil desde que su banca ayudó y se comprometió a pagar las deudas y compensaciones económicas que exigía Portugal para dar la independencia a su colonia sudamericana a mediados del siglo XIX.

No es pues de extrañar que la rama francesa de la familia denominada “Rothschild Frères de París”, al crear en Larache la “Compañía Agricola del Lukus”, fuesen los primeros en introducir el cultivo en Marruecos de la variedad de naranja Navel, que fue asimismo introducida y cultivada en la región de Valencia pocos años después a partir de los años 1931/33. Por la gran conexión comercial y humana de la Compañía y la agricultura regional del Lukus con la región levantina, existió un gran intercambio agrícola, industrial y de personal entre ambas regiones. Por lo que tampoco es de extrañar que junto a la variedad Navel desde el Lukus se enviase a las ciudades levantinas la nueva variedad de naranja denominada Navelina que, también se la conocía como “Washington”, y que se había producido por una mutación espontánea o provocada de la variedad Navel. 

Referente a la variedad Navelina, la información popular larachense atribuía dicha mutación a los experimentos de dos ingenieros palestinos judíos llamados uno Daniel Klinker y el otro Shalita, que el Barón Edmond de Rothschild (1845-1934), hijo benjamín del Barón James Mayer (creador de la rama francesa bancaria), había traído a sus fincas de Larache desde sus plantaciones en los grandes territorios que habían comprado en la provincia Sirio Palestina al Imperio Otomano a finales del siglo XIX a lo largo de la costa mediterránea, entre Haifa y Ashkelon. Klinker era un ingeniero agrícola investigador especializado en cítricos y Shalita principalmente en viñas y arrozales. El primero permaneció junto a su esposa viviendo y trabajando para El Lukus entre la finca de “El Adir” y su domicilio en la avenida larachense del Generalísimo, y actual Mohamed V, hasta la independencia del país en 1956; mientras que Shalita había regresado a su tierra natal de Rishon le Zion años antes.  

¿Como y porqué los Rothschild eligieron Larache para su compañía en el Marruecos español?

La hipótesis que contaban los viejos larachenses del “halash” o “porqué” se eligió Larache para instalar la C.A. del Lukus, es que fue parcialmente consecuencia del viaje diplomático (y también para solucionar problemas comunitarios de correligionarios) que realizó a Tánger el financiero y banquero británico judío el Barón Sir Moses Montefiore en diciembre de 1863 permaneciendo 12 días; así como de su relación con los Rothschild. Pero sobre todo por el intercambio informativo, de cuentos y leyendas, que se intercambiaban ambas familias de los magníficos terrenos agrícolas, historia y ubicación de la ciudad “de las viñas”, o Al Araish (Larache)

Una delegación de la comunidad judía de Larache (junto a otras de Tetuán, Arcila y Alcazarquivir), había ido a visitarle a Tánger para homenajearle y plantearle sus problemas. Y, en la larachense, figuraba encabezándola el prestigioso rabino y poseq ajarón (erudito y legislador de la Ley Judía) Rebí Mosé Benchluch “Baba Hbib”; uno de los dos sadikim u “hombres justos” (“santos”) de Larache (junto al rabino mendicante palestino Rebí Yusef Hagalilí, enterrado y venerado en el barrio de las Kebibats). La tumba y adjunta hornacina para velas de Rebí Mosé “Baba Hbíb (“Padre Querido”), llamado por los indígenas “Moul al Mezquín” (“El Amo de los Pobres”) por sus innumerables obras de caridad sin distinción de creencias, está ubicada en el cementerio viejo judío de la Cuesta de la Torre o de la calle Abdeselam ben Mchich.

Rebí Mosé “Baba Hbíb”, persona simpática de amena conversación e interesantes historias, era amigo íntimo del prestigioso rabino y presidente de la Comunidad Israelita de Tánger Rebí Mordejay Bengio, con quien compartía identidad de opiniones, escritos, comentarios halágicos, una edad cercana y hasta el origen y etimología común de sus principales apellidos, al parecer diferentes. Tanto el Barón Sir Moses Montefiore como Baba Hbíb (del mismo nombre de circuncisión) fueron alojados en la gran mansión ajardinada del rabino Bengio durante los 12 días que permaneció el Barón en Tánger (hay discrepancias pues algunos autores y comentaristas consideran el viaje total a Marruecos incluida la entrevista con el Sultán Mohamed IV en Marraquech, fue de una duración de 12 días).

La cuestión que nos interesa es que durante largos espacios de tiempo en los jardines de la mansión donde se hospedaban ambos, el Barón Montefiore escuchaba complacido e interesado las historias y anécdotas que su ameno, simpático y jovial tocayo le relataba sobre Larache y su región. Como que la ciudad fue un casi traslado en el siglo IX de la E.C de la vecina y antigua ciudad fenicia y posteriormente romana del Lixus; que los judíos de esta ciudad púnica fueron los principales intermediarios en la exportación y comercialización del Garum, que era el condimento primordial durante el imperio romano; de  que Al Araish (Larache) fue fundada por una tribu de judíos bereberes convertidos al islam, los Beni Ider (coincidencia con mi apellido bíblico judío bereber); de su gran riqueza inicial en viñedos (origen de su nombre árabe) o de sus huertas de cítricos, hortalizas y verduras en una amplia llanura atravesada por el río Lukus ideal para el ganado, cereales y sobre todo arroz.

Historias que solía completar con relatos de Homero ubicando en la llanura larachense del río Lukus y relatando al estilo de Shoja (protagonista de cuentos judíos magrebíes) hazañas de Hércules o Heracles o de Ulises, como el Jardín de las Hespérides y sus manzanas de oro, o el de las Vacas Rojas en la Isla de la Graciosa en el estuario del Río Lukus, relato este que por la forma de narrarlo Baba Hbíb impactaba en el Barón recordando el Pará Adumá o “Vaca Roja” del libro Bamidbar o Números de la Biblia.

Pero la historia que más debió recordar e impactar en Montefiore entre los relatos de Larache de Rebí Mosé “Baba Hbíb” fue la de la Batalla de los Tres Reyes o del Makhazin (afluente del Lukus) en 1578 en la que murieron el Rey Sebastián de Portugal (que pretendía convertir al cristianismo o matarlos a los judíos de las ciudades que pensaba conquistar) y los dos pretendientes reales al trono saadí. A raíz de la derrota del Rey Portugués se instauró por iniciativa de la judería de Tetuán la celebración anual del “Purím de los Quistianos o Purim Sebastiano” (en similitud con el Purim bíblico de la Reina Esther en Persia) con su correspondiente Meguilá (tratado sobre dicha festividad bíblica en pergamino); uno de cuyo ejemplar escrito por el propio Baba Hbíb en letra cuadrada tradicional hebrea, le presentó al Barón desconociéndose si con el propósito de regalárselo. Pero lo que contaba Rebí Mosé que más había impactado de este relato a Montefiore era que entre las tropas larachenses que habían intervenido en los últimos momentos de la batalla, siendo decisivas para la victoria de los saadíes, figuraban gran cantidad de jinetes judíos de Larache, hijos o nietos de los sefardíes expulsados o que huyeron de Portugal desde 1496, y que encontraron refugio y excelente acogida entre los habitantes y autoridades magrebíes en Larache.

¿Y qué impacto podía tener en las familias Rothschild estas narraciones y relatos?

 Porque desde principios del siglo XIX las relaciones e intereses comunes comerciales, bancarios e industriales se fueron intensificando entre las familias Montefiore y los Rothschild de Inglaterra y Francia, sellándose y garantizándose con varios matrimonios entre ambas. Lo que condujo a reuniones familiares frecuentes en las que se contaban e intercambiaban historias, relatos, anécdotas, etc…; junto a temas comerciales. Uno de los que recordaban con frecuencia era el viaje de Moses Montefiore y los relatos de Larache y su región de “Baba Hbib” transmitidos por el Barón tras su viaje a Marruecos.

En los prolegómenos de la creación por la familia Rothschild francesa de una empresa agrícola e industrial, con mediación y protagonistas de los banqueros Bauer,  al salir a relucir como probable ubicación entre otras el nombre de “Larache” en los documentos que le envió en 1927 desde Madrid Ignacio Bauer al barón Edmond de Rothschild para estudiar la ubicación de la nueva empresa; tanto la ciudad como su privilegiado entorno no le era desconocido por la transmisión de los relatos familiares referente a ella tanto de los Montefiore como de los Rothschild. Y más cuando esta ubicación, entre oras diferentes propuestas, estaba aconsejada por el ingeniero adscrito a los Bauer, José Ignacio Gomendio con experiencia en el norte de Marruecos.

Los Banqueros Bauer en España

Los Bauer era una influyente familia judía de origen húngaro que se instaló como banqueros en Madrid a mediados del siglo XIX, y fundadores de una cadena de negocios de grandes éxitos, llegando a liderar la alta sociedad, manteniendo estrechas relaciones personales y comerciales con la familia real española, principalmente con el Rey Alfonso XIII. Y también la economía de la capital y país, por su propio capital (poseían palacios como el de la Granja de San Ildefonso o el de la calle San Bernardo, y hasta grandes parques privados como El Capricho en la Alameda de Osuna) además de inmuebles y participación en industrias como las Minas de Rio Tinto y de Peñarroya, varias líneas de ferrocarriles o refinerías de petróleo.

El “abuelo fundador” Ignacio Baüer, nacido en Budapest en 1827, criado en Trieste y casado por consejo de su amigo James Rotsdchild con la millonaria italiana Ida, hija del magnate judío Barón de Morpurgo; llegó en 1856 a España representando a la Banca de su amigo. Y sus hijos y nietos permanecieron en España hasta mediados del siglo XX, siendo uno de ellos, Ignacio Baüer Landauer, al parecer y quizás por su amistad con el presidente Primo de Rivera, el primer presidente de la de la primera Comunidad Judía en la contemporánea España y fundador de la primera sinagoga en Madrid en la calle del Principe en 1952. Durante la etapa de la Compañía Agrícola del Lukus varias veces miembros ejecutivos de la familia Baüer visitaron Larache.

José Ignacio Gomendio Ochoa

José Ignacio era un joven ingeniero de Guipúzcoa (nacido en 1904 y huérfano de padre en 1906) cuando su padrino y tutor Eugenio Rivera Dutaste (su madre era de París) fundador de la compañía de construcción “Rivera y Cia”, bien relacionado con la banca y con los Bauer, le encomendó varios proyectos y su dirección que realizó con éxito. Relaciones de las posibles razones de introducir a su protegido José Ignacio Gomendio en el consejo de administración de la CAL (Compañía Agricola del Lukus) en Madrid:

José Ignacio en 1928 se había casado en Valladolid con Mari Cruz Pérez de los Cobos, de veinticuatro años de edad, hija de un ingeniero de Caminos y nieta de Policarpo Pastor Ojero, palentino fundador de la Banca Pastor y prestigioso banquero bien relacionado con la banca nacional y extranjera. Los recién casados se instalaron en Larache (en el chalet Villasinda, frente al Balcón del Atlántico, y en el Palafito en las afueras de la ciudad) donde tuvieron cuatro varones y cuatro hembras, todos larachenses excepto el mayor que nació en Sevilla.

En el año 1932, tras la Dictadura del General Primo de Rivera, los Rothschild retoman las riendas de la ACAL por la renuncia de sus testaferros en España los banqueros Bauer. Por lo que el Barón Edmond de Rothchild, anciano y cansado, delegó en su hermano el Barón Edouard (padre de Guy) para disponer en coordinación con Ignacio Bauer, a quien acompaña su esposa Olga Dreyffus y el delegado en Marruecos Monsieur Guillemet, y proponer en Larache a Gomendio su nombramiento como director general de la compañía agrícola, lo que acepta este al día siguiente. La guerra civil española se hizo poco sentir en la población larachense, excepto algunos casos; aunque sí en el aumento de la producción de la CAL y en la venta o destino de sus productos alimenticios para las tropas militares de Franco en la Península.

A partir de 1940 es un periodo decisivo en la transferencia total de la Compañía a Gomendio y su evolución. Los contactos de José Eugenio con Elie y Guy Rothchild. quienes se habían ubicado provisionalmente entre Tánger y Larache como escala para Norteamérica, eran frecuentes. Y parece ser que, tras regresar de Londres, tras el desastre de Dunkerque tres meses antes, durante el sepelio en Larache (donde vivían auto exiliados en su palacio) en agosto de 1940 del pretendiente al Trono de Francia Don Juan de Orleans, Duque de Guisa, y su entierro en el viejo cementerio larachense del Faro en la carretera del Nador; Guy propuso a José Eugenio por parte de este la compra de la CAL. Lo que se efectuó a lo largo de muchos meses ya que Gomendio carecía del capital necesario por lo que hubo que buscar préstamos bancarios.

La operación se concluyó en 1941 a través de una entidad bancaria hispano-alemana, con la ayuda y sobre todo los avales de los Rothschild; y la ayuda del ex Alto Comisario en Marruecos y ex ministro de Exteriores el general Juan Luís Beigbeder, quien mantenía buenas relaciones con el gobierno de Franco, para evitar las trabas de determinados dirigentes ministeriales, en especial de su sucesor en el Palacio de Santa Cruz “el cuñadísimo” Ramón Serrano Suñer. De la Banca Rothschild intervinieron principalmente los hermanos Elie y Alain (hijos de Robert de Rothschild) y su primo hermano Guy (hijo de Edouard) quien llevaba la “voz cantante”. La rama francesa como reputados banqueros eran excelentes avalistas; pero también como judíos creaban en determinados dirigentes del nuevo Régimen de Franco dificultades o sospechas como vendedores.

El Barón Guy Edouard de Rothchild

Fue el protagonista principal de la venta de la Compañía Agricola del Lukus, a pesar de los difíciles años bélicos en que se produjo, las diferentes ubicaciones geográficas del Barón y las dificultosas o peligrosas decisiones a tomar en la vorágine empresarial en el sur de Europa y norte de África entre la Guerra Civil española y finales de la II Guerra Mundial. Ayudando a su amigo Juan Ignacio Gomendio en facilitarle los trámites administrativos, gubernamentales y apoyos bancarios para la adquisición de la CAL, incluso viajando a Marruecos. Viajes que aprovechó junto a su primera esposa Alix y su primo hermano Élie de Rothschild (hijo de Robert) para trasladarse a Nueva York. Todo ello tras un difícil periodo bélico en que participó primero en la batalla y desastre de Dunkerque donde obtuvo la Cruz de Guerra y su retirada a Gran Bretaña; y posteriormente desde Nueva York regresando a Francia para integrarse en las tropas de la Resistencia y seguir combatiendo. Todo un personaje y personalidad.

¿Qué era la Compañía Agricola del Lukus en Larache, CAL?

Siguiendo instrucciones de la familia Rothschild de París, los banqueros Baüer, como representantes y agentes de ellos en España, en el año 1927 crean en Madrid “la Compañía Agricola del Lukus” ubicada en la región de Larache; tras casi una década de indecisión en su creación por la situación de guerra por el jerife rifeño y Bajá de Tánger Mulay Ahmed El Raisuni e inseguridad jurídica existente, y tras haber adquirido en la región larachense la extensa finca de “El Adir”. Pero las escrituras en lugar de Madrid se efectuaron en Larache según la prensa tangerina por Alfredo Baüer y el ex prestigioso ministro de Asuntos Exteriores Juan Pérez-Caballero y Ferrer, ante el cónsul general de España en Larache Eduardo Vázquez Ferrer poco antes del destino de este al consulado de Shanghái donde permaneció cerca de dos décadas.

Según escritos y documentación del ingeniero agrónomo Ángel Arrue Astiazarán, que vivió 16 años en Larache desde el año 1912, primero como jefe del Servicio Agronómico del Protectorado y los últimos cuatro años hasta 1932 en la jefatura técnica agronómica de la nueva “C.A. del Lukus”, y que fue el principal y primer ingeniero que dirigió y coordinó los proyectos agroindustriales de la nueva Compañía; el primer Consejo de Administración creado en Madrid estaba formado por Alfredo Baüer como presidente; José Pérez-Caballero y Moltó como delegado; Ignacio Baüer; Juan Pérez-Caballero y Ferrer (padre de José), y Mariano Ruíz de Arana “Duque de Baena” (casado con la hermana del padre de los Baüer). Y como consejeros técnicos adscritos al Consejo figuraban M. Guillemet con residencia en Casablanca, José Gomendio con residencia en Madrid; y en Marruecos como director y director adjunto Ángel Arrue y José Benito Barrachina; además de los responsables comercial, administrativo y financiero los señores Goitia, Palacios y Olazábal respectivamente, y cuyo conjunto continuaba figurando en la Memoria de 1930.

A raíz del “crack” económico mundial de 1929, los Baüer muy tocados en su banca y fortuna van abandonando todos sus negocios e inversiones en España, y en coordinación con los Rothschild de Francia a partir de 1933 también el control de la Compañía Agricola del Lukus, siendo adquirida años después por José Gomendio en cuya venta intervino obviamente la banca “Rothschild Frères”. Presidida entonces por el Barón Édouard de Rothschild junto a su primo el Barón Robert de Rothschild, con la eficaz colaboración desde 1931 como socio ejecutivo de Guy (hijo de Édouard) quien tras la Guerra Mundial presidiría la rama francesa de la banca familiar Rothschild.

Corrieron muchos rumores en Europa y en Marruecos sobre la súbita venta e inexplicable adquisición de la que ya era y sería hasta la independencia del país como la más importante explotación civil agrícola, industrial y pesquera de ambos Protectorados; y de la que dependía gran parte de la población civil de las ciudades y poblados de la región. Hasta el punto de que, tras la independencia de Marruecos, el Rey Mohamed V felicitó como única empresa privada por su ejemplaridad y aportación al país a la CAL y en persona al que era su entonces su director general y propietario José Ignacio Gomendio Ochoa.   

El rumor más extendido de la venta de la CAL era que había sido un intercambio entre miembros del gobierno de Franco y financieros afines coordinados por José Eugenio Gomendio, por un lado, y por el otro la familia Rothschild por la liberación de Guy de Rothschild que supuestamente estaba prisionero en Madrid en su paso por España tras su huida del régimen nazi de Francia rumbo a Norteamérica. Pero las fechas entre venta y liberación no coinciden, por presentar una diferencia cronológica de más de cinco años, además de no figurar en los relatos ni memorias de ambas familias. Pero como dirían en Galicia sobre las brujas meigas “eu non creo nas meigas, mais habelas, haylas” y los rumores en Larache no siempre solían tener una base firme. En contraste de la rumorología local de la solicitud de ingreso durante el año 1923 del teniente coronel Francisco Franco en la logia masónica “Lixus nº 446 de Larache”; y cuyo rechazo por militares pudo ser el origen de su fobia y de la creación del propagandístico “contubernio judeo masónico”.

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PS -La inspiración para este artículo proviene de cuatro admirados paisanos y queridos amigos lahraishis. El Excmo. Letrado de las Cortes, Catedrático, Abogado del Estado, Miembro presidente de la Real Academia etc…, Luís María Cazorla Prieto a través de su Trilogía de “La Ciudad del Lukus”, “Anual” y “El general Silvestre”. Y los no menos prestigiosos coterráneos también de Larache como el letrado y excelente escritor costumbrista multi premiado y guionista cinematográfico Sergio Barce Gallardo; los múltiples y evocativos videos narrativos, en especial “las naranjas del Lukus”, de Francisco Cardosa Arriado desde la gaditana provincia de su esposa Mari Carmen; y los recuerdos en el magnífico chalet tipo “palafito” con sus inmensos naranjales de navelinas, navelates y vernas en Coín (Málaga) de Antonio Recober Giner y su esposa rondeña Francisca Montilla, padres del prestigioso urólogo pediátrico en Andalucía Dr. Antonio Recober Montilla.

Que El Dió les jade a todos ellos y a sus proyectos y familias, amen. Al Tebíb Harofé J.E.B. desde La Malagueta malacitana en el nuevo año mosaico de 5.787 en el 2026.  

DR. JOSÉ EDERY

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UNOS PÁRRAFOS DE LA NOVELA «ANA NO», DE AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS

Sigo varado en las páginas escritas por Agustín Gómez Arcos. Sus novelas son adictivas, me causan admiración, me abren nuevas perspectivas, me enseñan. Escribe, escribía con las entrañas, pero sin dejar a un lado una calidad estilística que me provoca una envidia sana. Lúcido, claro, sin pliegues. Un autor de tal nivel que sus obras se incluyen en los programas educativos de los liceos franceses (como también debiera ser aquí, pero ya se sabe).

Transcribo unos párrafos de su magnífica «Ana no», editada por Cabaret Voltaire, con traducción del francés de Adoración Elvira Rodríguez (vergüenza de país que tuvo a muchos de sus mejores creadores en el exilio, Gómez Arcos entre ellos, a causa de una dictadura engreída y vengativa).

«…De pronto alguien se pone a gritar que le han robado las maletas. Los grises acuden, porra en ristre, y al no encontrar al ladrón, se ceban con unos titiriteros y su escalera de tijera por la que trepan una cabra, un perro callejero y un conejo dorado, al ritmo estrepitoso de un tambor. (¡Qué bonito!, piensa Ana no. Al pequeño le habría encantado.) La gente aplaude la hazaña policial y la cabra aprovecha la ocasión para engullir unas hojas de lechuga que le tiende una verdulera. Al conejo lo dan por desaparecido. Seguramente acabará esta noche, bajo un puente, en la cazuela de algún gitano mercachifle.

Los silbidos agudos siguen vomitando y engullendo viajeros que entran y salen por los portones de la estación en un interminable flujo y reflujo de equipajes, de chicos pregonando pensiones cercanas, de conductores de autobuses donde se lee <Centro ciudad> en carteles de madera, de echadores de buenaventura (rateras de profesión) que prometen a todo hijo de vecino salud, dinero y amor (<por unas moneítas de ná>), de seminaristas en grupos de a diez, de reclutas en grupos de a tres. 

Ana Paucha, con los ojos muy abiertos, piensa que está empezando a conocer el mundo. Se sienta un momento en la acera, a la sombra de una acacia. Un caballero muy bien vestido, tomándola por una vieja mendiga, le echa una moneda. Ana mira fijamente el dinero. No sabía que su pobreza se notara tanto. Recoge la moneda. Se la guarda. No va a despreciarla. Tiene un larguísimo viaje por delante. En los tiempos que corren, la muerte sale cara. Demasiado cara, murmura.

La vía. Las piedras, puntiagudas, se le clavan en las suelas de las alpargatas como cuchillas ardientes, hincándosele en las delicadas plantas de sus pies marinos. Si no fuera por su firme decisión de no dejarse abatir por el dolor físico, gritaría. El sol de junio es un brasero. De su cuerpo, pequeño y negro, se desprende un humillo; como si estuviera ardiendo, como si un tizón se empeñara en ir andando por la vía para incorporarse a su fogón original. Una máquina de tren averiada debe estar esperándolo por ahí para ponerse de nuevo en marcha con ese fuego latente. Máquina que, procedente de la estación Nacimiento, hizo una breve parada en Vida, y sale ahora para llegar a Muerte, su destino.

El pan y el tocino con que se alimenta, como sus antepasados, pesa poco, no le carga el andar. Lleva, por todo equipaje, el pan para su hijo y la soledad. No es que antes tuviera gran cosa, pero lo poquito que tenía lo dejó en casa. ¡Si hubiera podido dejar también la soledad! Andaría más ligera, con la mirada menos angustiada. Y, quién sabe, quizás con el tiempo se hubiera convertido en Ana sí.»

         

 

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ESTADÍSTICAS DE ESTE BLOG

Mi blog acaba de sobrepasar los 775.000 visitantes, y ha llegado a la cifra de 1.601.588 «vistas» o lecturas.

Gracias a todos por seguir los artículos que voy publicando.

Sergio Barce – 21 de agosto de 2026  

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 19 – AGOSTO 2026

Agosto de 2026. Tras unos días en los que intento desconectar del trabajo, repaso los libros que he leído (menos de los deseados) y las películas y series que he visto (quizá me he saturado con estas últimas). En cualquier caso, el calor irrespirable e insoportable de este año me parece el síntoma más evidente de que todo va a peor. Los fascismos campan a sus anchas, el tablero político internacional se mueve al compás del capricho de los egocéntricos millonarios que conducen el destino de gran parte del mundo, un gran porcentaje de la juventud se inclina por sentir nostalgia por una dictadura que no vivieron, la desinformación y los bulos campan a sus anchas y nadie repara en que nos llevan a una sociedad plana, acrítica, embobada, sumisa e idiotizada.

Veo la serie THE BEAR y  me contagio de su ritmo, de ese pelear por un sueño que atrapa a sus personajes y que muestra quizá lo mejor de nosotros mismos. Tal vez por eso me ha enganchado, porque necesito que lo positivo demuela lo negativo, que el optimismo venza al pesimismo, que la tozudez por llegar a una meta sea lo que venza al final, pese a las dificultades y pese a los obstáculos con los que se enfrentan «la familia» de ese restaurante que está a punto de naufragar. Levantarse y no sucumbir al desaliento. Excelente Jeremy Allen White en el papel de Carmy, pero a la zaga Ebon Moss-Bachrach como Richie y Ayo Edebiri como la chef Sydney, todos bordando sus papeles. Pero también me quedo con los veteranos Jamie Lee Curtis, cada vez mejor actriz, y Oliver Platt que son el contrapeso perfecto a estos actores que irrumpen con tanta fuerza. Pero también llamo la atención sobre un personaje secundario que me ha hecho reír a carcajadas, el de Neil Falk, que interpreta Matty Matheson. Me fijé en él al darme cuenta de que además de aparecer en los títulos de crédito como actor de reparto también lo hacía como productor ejecutivo de la serie. Me había llamado la atención su trabajo, desternillante, representando a un trabajador del restaurante que, en realidad, no hace nada pero quiere hacerlo todo, que parece alelado pero con un corazón inmenso, que dice tales sartas de tonterías que uno cree que anda en las nubes todo el tiempo… Nada que ver con el Matty Matheson real: es canadiense y se le reconoce como uno de los mejores chefs de cocina de Norteamérica, dueño de una cadena de restaurantes y que aquí se zambulle en la aventura de producir una serie televisiva sobre la trayectoria de un restaurante que busca la excelencia pese al caos que lo rodea, y, siendo productor, elige ser también actor secundario, pero qué secundario tan original y tan inolvidable. Os recomiendo la serie. 

Acabo la lectura de la novela de Maggie O´Farrell: «Hamnet». Después de ver la película, a la que ya dediqué un artículo, el libro me ha parecido mejor, sin que desmerezca la cinta. Prosa elegante, preciosista y envolvente. Toda la historia emponzoñada por lo inevitable, por el destino ineludible. Las palabras te atrapan, los capítulos te subyugan.

Fragmento de «Hamnet» (editado por Libros del Asteroide, con traducción del inglés de Concha Cardeñoso):

«Así que dos hijos, no uno, se dice Agnes tumbada en la cama, con las cortinas echadas para evitar las corrientes bruscas.

Los primeros días no se sabe con certeza si la niña va a sobrevivir. Agnes lo sabe. Se lo dice la cabeza, se los dicen los huesos, la piel y hasta el corazón. Se lo dice la forma en la que su suegra entra de puntillas en la habitación, mira a los recién nacidos y a veces les toca el pecho. Se lo dice la urgencia con la que Mary pide a John que los lleve a cristianar: sus suegros los envuelven en varias mantas, los visten con sus ropitas y se los llevan prestamente al sacerdote. Mary vuelve a casa poco después, irrumpe con la actitud de quien ha terminado una carrera, de quien ha vencido al enemigo, y le entrega a su hija diciendo, ya está, por fin, aquí la tienes.

Al parecer, Agnes no puede dormir. No puede levantarse de la cama. No puede tener una mano ociosa ni vacía. Los recién nacidos, uno de ellos o los dos a la vez, necesitan que los tengan en brazos. Amamanta a uno, después al otro, luego otra vez al primero; o a los dos al mismo tiempo, con las cabecitas juntas en el centro de su pecho y el cuerpo protegido por un brazo. Agnes amamanta, amamanta, amamanta.

El niño, Hamnet, es fuerte. Lo sabe desde el primer momento en que lo vio. Se agarra al pecho con determinación, con seguridad, y mama con mucha concentración. La niña, Judith, necesita que la estimulen. A veces, cuando le abren la boca para introducirle el pezón, parece confusa, como si no supiera muy bien qué quieren que haga. Agnes tiene que tocarle las mejillas, darle golpecitos en la mejilla, pasarle un dedo por la mandíbula, recordarle que chupe, que coma para vivir.

Hace tiempo que Agnes se figura la muerte en forma de una habitación iluminada por dentro, tal vez en medio de un gran páramo. Es donde habitan los vivos; los muertos dan vueltas alrededor, por fuera, y presionan las manos, la cara y la punta de los dedos contra la ventana, desesperados por volver, por alcanzar a los suyos. Algunos de los de dentro oyen y ven a los de fuera; otros pueden hablar con ellos a través de las paredes, pero la mayoría no.

Es impensable que ese niñita diminuta tenga que vivir ahí fuera, en el páramo frío y brumoso, sin ella. No la dejará irse…»

Leer una buena novela es como sumergirse en aguas transparentes y bucear sin necesidad de salir a tomar aire.

Sergio Barce, 14 de agosto de 2026   

   

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«ESCENA DE CAZA (FURTIVA)», UNA NOVELA DE AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS

Novela irreverente, revolucionaria, dura como pocas, ampulosa a veces, barroca en otras, vanguardista y transgresora, desmesurada, antifascista, estructuralmente fascinante, incómoda seguramente para algunos lectores, incluso blasfema, asombrosa para otros, divertida y esperpéntica a ratos, devoradora de adjetivos y de frases construidas por un arquitecto del lenguaje. Impacta su lectura e impacta el valor de su autor. Escrita entre 1977 y 1978, es tan moderna y visceral en sus planteamientos que, incluso hoy, resulta innovadora y diferente. Una obra que no puede dejar indiferente a nadie.

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