REVISTA «AL-MOTAMID» (VERSO Y PROSA) Nº 17

Continúo compartiendo con vosotros los documentos antiguos que colecciono de Marruecos, y de Larache en particular. Tras hacerlo con el número 11, hoy os escaneo el número 17 completo de la revista Al-Motamid (Verso y prosa), número editado en Larache, en junio de 1949, siendo directora la poeta Trina Mercader, y donde aparece, entre los traductores, el poeta larachense Dris Diuri. Que lo disfrutéis.

Sergio Barce, enero 2022 

 

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ASOCIACIÓN CULTURAL LARACHE EN EL MUNDO

Desde hace años, la Asociación Cultural LARACHE EN EL MUNDO, viene desarrollando una constante labor en defensa del patrimonio cultural, material e inmaterial, de Larache.  A finales de 2021 se ha renovado la junta directiva, que ahora tomará un nuevo impulso. Los cargos han recaído en: 

Presidente: Abderrahman El Anjeri

Vicepresidente: El Hachmi Jebari

Tesorero: Mohamed Khalid Harrak

Secretaria: Ghizlane El Maya

Vicesecretario: Youssef Jebari

Presidente honorario: Sergio Barce

Coordinadores en el exterior: Hanane Hayani, Ángeles Ramírez y Abdelmalek Rghioui

Las actividades bajo la nueva junta dieron comienzo ya el pasado año colaborando en el Festival Entrerritmos de Larache. Iremos informando de las nuevas programaciones.

Pero hemos decidido recuperar nuestra memoria y, ahora que se cumplen ya casi dieciocho años desde su constitución, es hora de que hagamos recuento de todo lo que LARACHE EN EL MUNDO ha hecho en todo este tiempo.

Os dejo un resumen fotográfico de las Primeras Jornadas organizadas en 2004 (al repasarlas compruebo con tristeza que ya no están entre nosotros algunos de nuestros mejores y más queridos amigos: Mohamed Sibari, Dris Sbaihi, Abdellah Djbilou, Fadela Tadlaoui o Youssef El Mrabet, y este artículo es, después de todo, un homenaje a ellos). También os adjunto el número 0 de nuestra «Gaceta Informativa» donde se recoge el programa de ese año así como una serie de artículos que publicamos con ocasión de aquel evento. Seguro que a muchos os vendrán gratos recuerdos de entonces.

 

 

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SIDNEY POITIER

Siempre se pone de ejemplo a Cary Grant como el actor más elegante que ha pasado por la gran pantalla. Sin duda, Sidney Poitier no le anda muy a la zaga, pero jugaba con una carta de menos: no era blanco. En los años en los que comenzó a despuntar, ser negro no era ninguna ventaja, al contrario, hubo de luchar contra una absurda discriminación que postergaba a los actores de raza negra a roles menores, en general, de sirvientes o de esclavos. Pero apareció él y marcó estilo.

Yo era un ferviente admirador suyo por muchas razones: por su lucha en defensa de las libertades civiles, por su saber estar, por su educación, por su admirable elegancia natural, por su altísima calidad interpretativa. Además, hay que decirlo aunque uno sea hombre y heterosexual: el tipo era realmente guapo, atractivo y simpático. Sabía estar, y su poderosa presencia se imponía al resto de los actores que lo acompañaban en sus películas. Dio la réplica a Richard Widmark, a Clark Gable, a Burt Lancaster, a Spencer Tracy y Katherine Hepburn juntos, a Paul Newman (uno de sus grandes amigos) y a quien se le pusiera por delante. Actuaba, cantaba y bailaba. Y cuando se ponía un traje, caballeros, ah, entonces teníamos delante a un figura, un tipo que se movía con una soltura de gentleman. 

Creo que En el calor de la noche (In the heat of the night, 1967) la habré visto unas seis o siete veces. Cosas de enfermos por el cine. Su tour de force con Rod Steiger ha quedado ya entre las interpretaciones que cualquier cinéfilo rememora. Pero hay una escena en esa película que a mí, particularmente, me hace temblar de emoción. Se desarrolla en un invernadero al que acude el inspector Tibbs (Sidney Poitier) que investiga la muerte del señor Colbert, acompañado por el jefe de policía Gillespie (Rod Steiger). Hasta allí lo conduce un criado (negro, por supuesto), donde va a reunirse con el mandamás del pueblo, el señor Endicott, al que da vida el excelente Larry Gates. Endicott es un millonario lleno de odio y rencor que no soporta a los negros. Durante el diálogo que mantienen el inspector y él, hay un momento en el que Endicott pone de manifiesto su racismo y llega a comparar a los negros con una planta (hay que cuidarlos para que crezcan, como si no fuesen seres humanos). Pero, en ese momento, el inspector ha encontrado una pista que puede involucrarlo en el asesinato y Gillespie se da cuenta de ello. El señor Endicott percibe entonces que la visita no es de mera cortesía y se acerca al inspector Tibbs, pero el jefe de policía Gillespie quiere salir de allí cuanto antes. El diálogo que sigue es fantástico:

Gillespie:  No queremos molestarle más, señor Endicott.

Endicott:  ¿Por qué han venido ustedes?

Tibbs:  Para interrogarle sobre Colbert.

Endicott:  Me ha parecido no entender. ¿Ustedes dos han venido para interrogarme?

Tibbs:  Bueno, sus actitudes, señor Endicott, sus puntos de vista son bien conocidos. Algunas personas, todas las que trabajaban para el señor Colbert, podrían mirarle a usted como la persona que menos lamentaría su muerte… Tan sólo pretendemos aclarar algunas cosas… ¿Estuvo el señor Colbert en este invernadero anoche alrededor de las doce?

Endicott, mientras el inspector le hablaba, se ha ido acercando, y al escuchar esta última pregunta reacciona de una manera inopinada abofeteando a Tibbs que, por su parte, le responde inesperadamente al segundo devolviéndole la bofetada con el revés de la mano. Endicott se acaricia la mejilla, paralizado ante lo sucedido, al igual que Gillespie y el criado. Jamás nadie había osado en replicar al señor Endicott y menos aún en abofetearlo.

Endicott (aún estupefacto):  ¡Gillespie!

Gillespie (titubeante):  Diga…

Endicott:  ¿Lo ha visto usted?

Gillespie:  Sí… si, señor. 

Endicott:  Bueno, ¿qué va a hacer usted?

Gillespie (contrariado):  No lo sé…

Endicott (dirigiéndose a Tibbs, que lo mantiene la mirada, desafiante):  No olvidaré esto. Hubo un tiempo en que le hubiera hecho matar…

El inspector le da de lado y sale del invernadero, y, al poco, lo sigue el jefe de policía Gillespie. El criado, sin creerse lo sucedido, también abandona el lugar y el señor Endicott, ya a solas, no puede evitar ponerse a llorar de rabia, de frustración y de vergüenza, incapaz de soportar la humillación sufrida.

Cuando vi esta escena por primera vez en el cine, me revolví en mi butaca. Me había alegrado tanto de que ese personaje no se hubiese amilanado, que hubiera sido capaz de devolverle el golpe, y con esa elegancia, que hubiera aplaudido. Admiraba a ese inspector que iba contra todas las reglas, que rompía una lanza por la dignidad de los de su raza y, en general, por el ser humano. Pero en realidad era a Sidney Poitier a quien yo acababa de instalar en mi pódium particular de héroes imborrables. Y desde entonces ha permanecido en él. 

Sergio Barce, enero 2022

 

 

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HABLANDO DE CINE ITALIANO

Cómo me gusta el cine italiano. Desde «Ladrón de bicicletas» (Ladri di biciclette) hasta «Fue la mano de Dios» (È stata la mano di Dio) hay mucha tela que cortar. Sólo por sus nombres de pila los conoceréis: Totó, Marcello, Sophia, Vittorio, Claudia, Ralf, Giulietta, Alberto, Franco, Anita, Giancarlo, Laura, Stefania, Toni… Incluso sus directores nos vienen a la memoria por sus apellidos, cercanos y familiares: De Sica, Fellini, Antonioni, Pasolini, Scola, Risi, Monicelli, Lattuada, Rossellini, Comencini, Ferreri, Bertolucci, Petri, Moretti, Benigni, Tornatore… Y el icónico Leone, y el mayo músico de la historia: Morricone, esos dos genios para la eternidad. Ahora Sorrentino sigue la estela de tanta gloria. Cine, cine y cine con los títulos ya mencionados y con «Dos mujeres» (La ciociara), «Anna», «La gran belleza» (La grande bellezza), «Hasta que llegó su hora» (C`era una volta il West), «Cinema Paradiso», «La escapada» (Il sorpasso), «La vida es bella» (La vita è bella), «La strada», «Roma, ciudad abierta» (Roma, città aperta), «Una jornada particular» (Una giornata particolare), «El gatopardo» (Il gattopardo), «Bellísima» (Bellissima) y así hasta el infinito. Sí que me gusta el cinema italiano.

Sergio Barce, enero 2022

 

 

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Ésta es una de mis últimas adquisiciones para la colección de grabados, mapas, revistas, carnets, documentos y libros antiguos que guardo relacionados con Marruecos. Se trata de un curioso mapa desplegable que se guarda en un pequeño cuadernillo que cabe en la mano, de ahí que se le llame «Croquis de Bolsillo de las zonas de Ceuta-Tetuán-Larache», y data del año 1921. El mapa al desplegarse muestra todo el territorio, pero, para poder escanearlo y exhibirlo en mi blog, me he visto obligado a dividirlo en dos. Además, presenta la curiosidad de contener una errata en la fecha: «Obtubre» de 1921. Cosas de imprenta.

 

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