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CEUTA – 13 DE NOVIEMBRE – PRESENTACIÓN DE “MALABATA”, NOVELA DE SERGIO BARCE

Tarjeta invitación

El próximo 13 de Noviembre, a partir de las 20:00 horas, José Antonio Alarcón, director de La Biblioteca Pública del Estado de Ceuta presentará mi novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019).

MALABATA cartel presentación Ceuta

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN TORREMOLINOS DE “MALABATA”, NOVELA DE SERGIO BARCE

En el anterior post os mostraba en imágenes cómo fue la presentación de mi novela Malabata en la Librería Pérgamo, de Torremolinos. Hoy me permito ofreceros el texto completo de la intervención del escritor Mario Castillo del Pino en esta presentación. Pero antes, me toca hablar de Mario.

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Sergio Barce y Mario Castillo del Pino

Mario Castillo del Pino. Licenciado en Filología Inglesa, ha sido profesor durante treinta años, actividad que ha compaginado con sus dos grandes pasiones: escribir y pilotar aviones. Como narrador, ha obtenido diversos premios como el Juan José Relosillas de Relatos, el Premio de Narrativa Feria del Libro de Almería por su novela La imagen del silencio, y el Premio de Novela UNED María Zambrano con Mi avión herido.

Además de todo esto, es una buena persona y mejor amigo. Y como una de sus características es la generosidad, accedió a presentar Malabata con las siguientes palabras (lástima que aquí no pueda transmitiros sus chascarrillos, bromas y comentarios que surgieron en el acto a vuelo pluma, pero no todo podemos transcribirlo al pie de la letra):

MALABATA: UNA NOVELA DE FRONTERAS.

    Antes de nada, quisiera comenzar con un par de agradecimientos. Ambos van dirigidos inevitablemente a la misma persona: Sergio Barce, protagonista hoy de este encuentro literario. En primer lugar agradecerte el honor y la confianza de permitirme presentar públicamente tu nueva novela Malabata. En segundo lugar, y sobre todo, darte las gracias en nombre de todos nosotros, tus lectores incondicionales, por ofrecernos a lo largo de años y cientos de páginas inspiradoras un universo único que nos ha atrapado para siempre.

Permíteme que haga una breve retrospectiva. No te preocupes, aquí hemos venido a hablar de tu libro, lo sé. Pero es importante que sepas cómo llegué y con qué espíritu inicié la lectura de Malabata.

Ha llovido ya bastante desde que recibí igual honor, parece que no aprendes. En el año 2004 tuve el privilegio de presentar tu libro de cuentos Últimas noticias de Larache. Permítanme incluir aquí una nota al margen y destacar que uno de los relatos incluidos en ese volumen, El nadador, ha sido magistralmente llevado al cine por Pablo Barce, cortometraje que está cosechando premios y visionados en los mejores certámenes internacionales de todo el mundo. Les deseamos la mejor de las suertes para los Premios Goya 2020 para el que ha sido preseleccionado. Estaremos atentos. Así que suerte.           

Como te decía, cuando comenté públicamente hace ya quince años ese magnífico e intimista libro de relatos, descubrí al verdadero Barce que venía asomando, casi oculto, en todas tus obras anteriores desde aquella primera novela, En el Jardín de las Hespérides. Un universo personal que terminó eclosionando definitivamente en Una Sirena se ahogó en Larache, una de las mejores obras que he leído en la última década. Creo sinceramente que con La Sirena, a pesar de su éxito, nunca se hizo verdadera justicia. Hablamos en aquella ocasión, recuerdas, de la dicotomía de los mundos abandonados en la infancia, reconstruidos desde los escombros de la memoria y revisitados, una y mil veces, para hilvanar un refugio cálido y acogedor desde donde oponer resistencia a la aridez de una vida adulta, desprovista de los mitos bellos e inquietantes de los primeros años y los lugares que nos habitan.

Cuando lei La Sirena por primera vez, dos pensamientos se instalaron en mí: una certeza y un miedo. El primer pensamiento fue la seguridad de que te sería difícil plasmar con mayor precisión e inspiración la infancia perdida. Creo sinceramente que esas maravillosas páginas tuyas, ya nuestras desde entonces, suponen el epítome de algo que se venía cociendo a fuego lento en tu más oculta intimidad. Obra magistral y definitiva. Creo que Una Sirena se ahogó en Larache representa un delicado Grand Finale, ese redoble último tras el que encuentras al fin la paz. El segundo pensamiento, sin embargo, no fue tan reconfortante. Una extraña desazón, quizá inquietud, casi miedo. Temí que sintieses la necesidad de seguir perfilando los mitos de la infancia. El Larache perdido. El exilio de la propia identidad. Estaba seguro que podrías seguir haciéndolo con la misma maestría y ternura, Sergio es Sergio y no puedes ocultarse de tí mismo. Pero temí que te enrocaras. Que no supieses encontrar la salida. Como lector me mantuve expectante y no me defraudaste. Vaya golpe de timón. Triple salto mortal y sin red.

Desde que publicaste en 2011 La Sirena, cuatro novelas tuyas han visto la luz. El libro de las Palabras Robadas, La Emperatriz de Tánger, Malabata y El Laberinto de Max. Esta novela corta que cito en último lugar la colaste intercalada entre La Emperatriz y Malabata. La verdad es que fue una sorpresa para todos. Fue increible ver cómo nos llevaste de la mano con tanta concisión y belleza a través de sus escasas cien páginas. Una joyita. Es el primer Barce “adulto” que no reniega ni oculta unos sentimientos vistos desde la atalaya de los años que ya se nos van acumulando: la relación con el padre, el amor, la muerte… Pero dejemos eso para otro día. Si apartamos El Laberinto de Max a un lado, rara avis, por excepcional, nos quedan tres novelas que has dado en llamar la trilogía de Tánger.

Hoy nos has congregado alrededor de Malabata, la obra que cierra dicha trilogía. Una novela magnífica, con tramas y subtramas bien entretejidas, personajes profundos y confusos en busca de una redención.

Ya sabes que te admiro como escritor. Siempre he envidiado la frescura, la naturalidad, la autenticidad de tus diálogos. Siempre he admirado tu capacidad de trabajo, tu esforzado amor por las palabras. Pero de todas las virtudes que tienes como escritor hay una que es sobresaliente, una habilidad que pocos consiguen: crear universos propios. La mayoría de los que alguna vez hemos aspirado a escribir textos coherentes e inspiradores hemos fracasadado estrepitosamente cuando nos hemos enfrentado a la creación de mundos personales, identificables, únicos. Muy pocos autores lo consiguen. No todos estamos dotados para crear macondos, paises de las maravillas, mundos perdidos. Tú lo hiciste una vez con el Larache de tu infancia, que ni es ya tuyo, ni te pertenece. Creaste un mundo de ficción a partir de tus recuerdos pero la criatura adquirió vida propia y sus luces, sus calles, sus personajes tomaron su propio camino y te abandonaron. Hay un lugar en el mapa que se llama Larache, pero ya no es tu Larache, ni nuestro tampoco. Es una mera coincidencia toponímica. El Larache de tus obras se ha conformado como un mundo paralelo, un universo ficcional completo y complejo.

Pero… cuando menos lo esperaba, lo has vuelto a hacer. El Tánger de tus últimas obras, especialmente en La Emperatriz y ahora con Malabata, ahondas en un mundo que nunca existió más allá de las coincidencias de los propios nombres, los nombres propios, los lugares o las personas. En esta ocasión no has recurrido a los más ocultos recuerdos de la infancia -aquello fue una necesidad, no un recurso-, aunque sé que visitaste con frecuencia los despojos de la Tánger internacional veinte años después del “esplendor” de los años de posguerra. Para modelar el Tánger de tu Malabata has recurrido a otra de las grandes inspiraciones de tu vida. El cine. Consciente o inconscientemente en el Tánger de esta novela confluyen la Casablanca de Bogart, la Viena del Tercer Hombre o el distópico Los Angeles de Blade Runner. Mientras escribía estas líneas he querido imaginar tu cara de estupefacción. Quizá no estés de acuerdo pero ya da igual. No tienes más remedio que dejarme terminar. Y repito. Esos mundos confluyen en tu Tánger, no digo que los hayas replicado.

El título de esta intervención, Malabata: una novela de fronteras, ya nos da alguna pista. Me explico mejor. Para que un universo ficcional sea coherente consigo mismo debe contener unos códigos propios. El Tánger de Malabata cumple con creces con dichas exigencias. A pesar de las fechas, tu Tánger es atemporal. A pesar de los topónimos, tu Tánger es un lugar sin espacio concreto. A pesar de las víctimas y verdugos, asesinos y asesinados, tu Tánger es un mundo amoral en la que ni las víctimas son inocentes ni los verdugos culpables. En el Tánger de Malabata ser una cosa o la otra es fruto de la casualidad, la ocasión, el destino. Este Tánger que nos presentas, en definitiva, es un mundo de fronteras. Un mundo fronterizo espacial y moralmente.

En cuanto a lo primero, el Tánger de posguerra que describes, histórico, he de admitir, se encuentra en los arrabales de una Europa rota; es la cloaca de aguas turbias en la que confluyeron los más variopintos personajes, unos como medio de escape y otros como punto de destino. Todos, a fin de cuentas, huyendo de oscuros pasados. Todos ocultos tras identidades falsas o falsas máscaras.  Esta Tánger babélica, multilingue, contiene a la vez el recuerdo exótico de un esplendor colonial y el espejo desvirtuado de la metrópoli.

En cuanto a lo segundo, las lindes son aun más ambiguas. Nada es lo que parece, nadie es quien aparenta ser. Todos ocultan y todos conspiran. En estos remotos espacios de una moral bastarda, todo vale para sobrevivir, sacar la cabeza del agua putrefacta y respirar a arcadas. (p.68)

Este es el Tánger de Malabata, tan cinematográfico, tan propio de tí. De los desheredados, desarraigados, inocentes e ingenuos a la vez, del Larache de tu infancia, nos abandonas en ese limbo confuso de líneas desdibujadas. Cómo he gozado viendo a tus personajes moverse como sonámbulos, caminando el filo de la espada. Personajes condenados que solo son capaces de escapar de sí mismos, de redimirse mediante el amor. El último de los refugios posibles. La única esperanza. (p.273)

Quizá Malabata cierre el universo que has creado en torno a la ciudad de Tánger, no lo sé. Le daría la bienvenida con mucho placer a futuras historias en un universo que me ha abducido, llevado entre sus luces y sus sombras.

Pero de algo sí estoy seguro. Ya nunca volveré a inquietarme sobre futuras obras tuyas. Has demostrado a lo largo de tu carrera ser lo suficientemente camaleónico, versatil y auténtico, como para esperar con seguridad que lo que esté por venir no dejará de sorprendernos. Esperamos con ilusión que nos ofrezcas otros mundos a los que entregarnos. Gracias.

Mario Castillo del Pino – 25 de octubre de 2019

malabata

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IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN DE “MALABATA” EN TORREMOLINOS

Ayer presentamos mi nueva novela Malabata (Ediciones del Genal) en la Librería Pérgamo, de Torremolinos, y que corrió de la mano del escritor Mario Castillo del Pino, que lo hizo ameno, divertido y cercano. En un próximo post pondré su exposición, llena de anécdotas y de referencias a todos mis libros. Y, además, dar las gracias a Jose y Miguel, que regentan la librería, que hicieron que todo fuese a la perfección. Hubo muchísima asistencia y los tanyauis tomaron la librería al asalto… Tuvimos un lleno absoluto. Así que felices.

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LP

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Con Ana Rudner

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Con Aracelis

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Con Cynthia y Matías

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Con Esther y Paka

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Con Jose Luis

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Con Julio y Jose Luis

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Con Julio, Mamen y Aracelis

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Con Loles

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Con Maribel Gil

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Con Miki 1

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Con Miki

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Con Moni 1

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Con Paco

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Con Sabel y Fernando

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Con Sara y Dolores

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Con Sergio jr 1

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Con Sissi

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Con una tanyaui

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Con Vane

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Con xxxxxx

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Miguel, Sergio, Jose y Antonio.jpg

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Paka y Esther

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Antonio, Sergio, Berry y Sergio jr

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Grupo 1

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Malabata cubierta frontal

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA “MALABATA”, DE SERGIO BARCE, EN MÁLAGA

Ayer se presentó mi nueva novela Malabata (Ediciones del Genal, 2019) en la Sociedad Económica Amigos del País, en Málaga, de la mano de mi editor Jesús Otaola y del poeta Víctor Pérez Benítez. Tanto las palabras de Jesús como la presentación de Víctor resultaron ser una grata sorpresa, porque me transmitieron tanto su amistad personal como su entusiasmo por el libro. Víctor Pérez lo bordó, y así me lo comentaron los asistentes que, además, participaron muy activamente en el posterior coloquio. Como suele suceder en estos casos, al estar ambientada la novela en Tánger, no faltaron paisanos larachenses y tanyauis, e incluso alguna baidaní (o casablanquesa). Marruecos siempre nos une. 

VP, SB Y JO 2

VÍCTOR PÉREZ, SERGIO BARCE Y JESÚS OTAOLA

La próxima cita será en Torremolinos el 25 de octubre.

Os dejo con las fotografías del acto y especialmente con Víctor Pérez y su presentación de Malabata:

Domingo 8 de septiembre de 2019. Estación de Washington D.C.

6.50 p.m. En España ya es 9 de septiembre por las seis horas de diferencia. Estoy en la cola de espera para subir al tren 124 con destino Nueva York y parada en Filadelfia, donde nos hospedamos. Cientos de personas permanecemos de pie, formando cuatro filas paralelas. La gran mayoría de gente mira su móvil moviendo el pulgar sobre la pantalla, van de una imagen a otra con suma rapidez; un chico joven lee un libro, sus dedos acarician el filo de la hoja que se dispone a pasar, el movimiento de sus ojos es lento y enigmático, me pregunto que estará leyendo. Su concentración es máxima; de pronto, una sonrisa ilumina su rostro. Es una imagen extraña a todo el entorno y cada vez más escasa. Cada día me siento más atraído por esas personas que, como yo, aman la literatura y los libros, viven otras vidas con la hondura de la lectura. Como ya dijo Borges:

Leer, por lo pronto, es una actividad posterior a la de escribir: más resignada, más civil, más intelectual. A veces creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores”.

Miércoles 18 de septiembre de 2019. Málaga.

Ya de vuelta al trabajo y tras haber buscado sin éxito el día anterior, en varias librerías del centro, la última obra de Sergio Barce “Malabata”, me dispongo a acudir a toda velocidad desde mi oficina, junto al puente de la Esperanza, a la Librería Proteo, donde consigo la novela. Comienzo a leerla y termino su lectura al mediodía del día siguiente, apenas veinticuatro horas consumidas en las aventuras tangerinas. El placer que me produce me obliga a escribir sobre ella, es una reseña que escribo en apenas diez minutos y que le envío a Sergio. Al poco tiempo me responde que le ha gustado mucho. El Viernes 20 sobre las dos y media recibo la invitación de Sergio a estar aquí hoy presentando “Malabata”. Una sorpresa que me emociona y satisface, pero que me perturba por el peso de la responsabilidad. Considero un premio estar aquí, un reconocimiento a mi labor de lector y de amigo, que es lo que más me siento, llevándolo a gala con el mayor orgullo.

Conozco a Sergio desde marzo de 2012 cuando se acercó a nuestro barrio de El Palo, al grupo de amigos que conformamos Capitel, que preside Paco Selva, otro larachense como Sergio,  para presentarnos “Una sirena que se ahogó en Larache”. Ya desde el principio nos cautivó con su prosa y nos sedujo por su elegante cercanía. Después repetiría visitas con “El libro de las palabras robadas”, “Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente” y con “La emperatriz de Tánger”. La última visita fue en diciembre del año pasado, acudió junto a su amigo José Antonio Garriga Vela para dialogar sobre la obra de ambos en el marco de un espacio que titulamos “Territorios de Ficción”. Siempre es agradable tener cerca a Sergio; oyendo sus historias de Larache se detiene el tiempo, se aprende y se comparte.

Malabata”, que no malapata, son palabras de sentido muy distinto. Ambas son muy similares en pronunciación, diferenciándose en que las consonantes “b” y “p”, aunque las dos  son oclusivas bilabiales, es decir, las dos se pronuncian tras cerrar y abrir los labios, la primera es sonora, vibran las cuerdas vocales, y la segunda sorda, no vibran. En chino se pronuncian exactamente igual y en inglés se emplea mucho más aire al pronunciarlas. Os puedo asegurar que los personajes de “Malabata” vibran, además intensamente, vibraciones que emocionan al lector.

El cabo de Malabata, a 10 Km de la ciudad de Tánger, posee un faro y un castillo medieval; desde hace ya casi cuarenta años existe un proyecto de unir a través de un túnel ferroviario subterráneo, bajo el mar, la punta Malabata con punta Paloma en España. Unir África y Europa es un sueño que nació cadáver, como muertos parecen los sueños de los protagonistas de la novela de Sergio Barce que junto al “Libro de las palabras robadas” y “La emperatriz de Tánger” completa una trilogía cuyas escenas se desarrollan en Tánger durante los años cuarenta y cincuenta, años en los que la capital tangerina, dotada de un status privilegiado de ciudad internacional, se convierte en un centro atractivo para intelectuales como Paul y Jane Bowles, Jean Genet o Tennessee Williams, entre otros, que disfrutan de los placeres que le concede este paraíso cosmopolita y tolerante, pero que también fue ocupada por personas y personajes huidos de acontecimientos y lugares sometidos a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, un mundo de perdedores sin escrúpulos que buscan su salvación a toda costa.

La novela de Sergio Barce es excepcional, y según mi criterio, la mejor de las tres que completan la trilogía, las cuales he releído estos días atrás. La tensión narrativa se mantiene desde la primera a la última página.

El comienzo es propio de un relato noir, de una buena novela negra, un asesinato, mejor dicho, de dos asesinatos :

El inspector jefe Hourani no podía liberarse de la imagen de Christian Tesson yaciendo sobre el frío mármol en el depósito de cadáveres, solo y olvidado, algo que le costaba asimilar porque creía que el subinspector no merecía un final tan trágico. La vida  termina siendo injusta demasiadas veces, pero si meditaba en profundidad sobre todo lo ocurrido tenía que admitir que en realidad nada podía haber acabado bien en esa historia. Ahora le parecía que había transcurrido un siglo y, sin embargo, todo se desencadenó tras el asesinato de Jacques Duhamel, cometido apenas unas semanas atrás”.

La narración vira hacia el pasado y a través de las investigaciones policiales se intenta desentrañar la identidad y las causas de los asesinatos. Una investigación dirigida por el inspector jefe Amin Hourani, un hombre honesto de nacionalidad belga, hijo de padres marroquíes, con un destino anterior en Beirut; un hombre de gran estatura y de manos grandes, con un bigote que se acaricia con frecuencia y con un fez siempre sobre su cabeza. Hourani arrastra el recuerdo de un sueño roto e intenta encontrar en Tánger la salvación a través de Yamila Lahcen, una hermosa y atractiva bailarina a la que frecuenta en el nuevo Kursaal internacional.

Una novela llena de violencia y rencores, de sangre y humo, de traidores y espías, de ambiciones desmedidas, pero también plagada de ternura y esperanza. Un ambiente nocturno y sórdido, el de los cafetines tangerinos, pero también de penas y fracasos aliviados en la apacible humanidad de los personajes. La novela se lee con vértigo y te mantiene en tensión desde las primeras a las últimas escenas. En el universo de Barce se cuidan los detalles al milímetro y todo está repasado para dotar el relato de verosimilitud, porque tras las imágenes siempre hay un buen estudio de investigación.

La habilidad de Barce es conseguir evocar con sus descripciones y sus diálogos, crear poderosas imágenes en cada lector. Como lector no he leído la novela con los ojos, sino con los “ojos de la mente”, que según decía Robert Louis Stevenson es cuando se puede decir que la comunión lector-escritor es total.

Según el profesor José Luis Pérez Fuillerat, las descripciones de Sergio Barce están cargadas de emotividad y de sensualidad. Esta opinión queda refrendada por Inmaculada García Haro que en su reseña sobre “La emperatriz de Tánger” escribe: “El autor se apoya en la explícita sensualidad de las odaliscas del pintor francés Henri Matisse para enfatizar la atmósfera de erotismo que impregna la novela”.  En palabras de José Sarria: “Sergio Barce posee el talento de contar las experiencias para hacer posible el conjuro del milagro creativo: la inmortalidad de los personajes y los espacios”. Según José Antonio Garriga Vela: “Las imágenes se van proyectando en la imaginación de cada lector, como si Sergio Barce tuviera la facultad de rodar los sentimientos y plasmarlos desnudos delante de nuestros ojos”.

En “Malabata”, como en las novelas anteriores, se contagian en el lector las pasiones del autor: la literatura y el cine, o el cine y la literatura, que igual da el orden ya que ambas son igual de importantes en el mundo barciano. Un libro raro de Goethe, “La metamorfosis de las plantas”, es el principal protagonista de nuestra novela, como antes lo fueron otros libros y códices codiciados que contienen un secreto. Mientras se desarrollan los acontecimientos,  Gary Cooper se nos aparece en la escena con “Solo ante el peligro” y Lon Chaney “el hombre de las mil caras”  también hace su aparición.

Los personajes secundarios son trazados magníficamente, lo que dice mucho de la textura y equilibrio de la trama. Así el inspector Medina, ayudante del inspector jefe Hourani, adscrito permanentemente al mismo número de lotería que comparte con su jefe, es un policía expeditivo y angustiado, escéptico, sabedor de que los sueños quedan igual que los cadáveres en una cuneta, o Christian Tesson, el subinspector que lleva impregnado en su alma el rencor y el odio de un pasado cruel que exige venganza, o Yamila, una bellísima danzarina que le arrebata el alma a Hourani y que a su vez es la última esperanza a la que se agarra el inspector jefe, o Jean Louis Duhamel un millonario en estado de descomposición, colaborador de los nazis y que guarda una biblioteca extraordinaria de libros raros y exclusivos, de la que saldrá el libro protagonista de la novela.

Novela con mayúsculas, o sea, novelón, con momentos líricos memorables, como una de las últimas escenas en el desierto de Erg Chebbi que describe los sentimientos de Amin Hourani:

“Por fin pudo encenderse un cigarro. Había dejado a sus hombres acostados en el interior de la tienda y se había llevado consigo un candil que dejó en el suelo, junto a sus pies. Se sentó al abrigo del muro de piedra, bajo un cielo inconmensurable repleto de estrellas que parecían fáciles de ser asidas con las manos, como simples racimos de uvas colgados del techo. El desierto es así de inextricable, capaz de ofrecer los horizontes más lejanos y a la vez la posibilidad de rozar la luna con la yema de los dedos”.

Una novela llena de humo y de soledad, de sueños rotos y de esperanzas cosidas de un hilo, porque como afirma el inspector jefe Amin Hourani: “La vida es densa y oscura”.

El glosario en árabe es una aportación inteligente y oportuna y nos ayuda no solo a comprender ciertas expresiones de los diálogos, también nos enseña expresiones fáciles de aprender y de gran utilidad, como shukram (gracias), saha (salud), safi (ya está) o wáha (de acuerdo, conforme).

Una nota aclaratoria del autor, como ya hiciera en “La emperatriz de Tánger”, nos avisa de que no todo es real. Para mí, todo ha sido real, de hecho estoy convencido de haber estado allí, junto a Hourani y Medina, acompañando en los peligros a Christian Tesson, cerca de Paul Bowles y Augusto Cobos, en el Hotel Continental, en el Gran Café de París, en Villa Napoleón, junto a Yamila en el nuevo Kursaal Internacional, paseando por el Zoco Chico de la mano de Sergio Barce, de Mohamed Chukri y de Sibari, en una Tánger que como decía Pierre Loti: “posa altiva como una vedette en la puerta de África”.

Y como esta Tánger que nos dibuja Sergio es la misma que dibujó Michael Curtiz en “Casablanca”, quiero terminar la reseña de esta extraordinaria novela con aquella frase tan famosa en la historia del cine:

Siempre nos quedará Tánger”, “siempre nos quedará Barce” En mi criterio, uno de los mejores y más brillantes  novelistas españoles de novela negra, capaz de realizar el sueño de unir Europa y África.

Enhorabuena y muchísimas gracias por brindarnos el placer de leer “Malabata”.

 Víctor M. Pérez Benítez. Octubre de 2019

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Mónica López, Mario Castillo, Sergio Barce, Marcos Rodríguez, Carmen Acuña y Sergio Barce jr.

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Con Eloisa

Con la escritora Eliosa Navas

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Con Hilgado y señora

Con tanyauis pura cepa

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Con Mamen

Con Mamen H. Cotter

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Con Paco y Trini

Con Paco y Trini

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Con Patrick

Con el escritor Patrick Tuite

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Con Salvador

Con el poeta Salvador López Becerra

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Con Yamila

Con mi paisana larachense Yamila Yacobi

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Juan

Con otro paisano larachense Juan Picazo

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