Archivo de la categoría: ARCHIVO DE IMÁGENES Y DOCUMENTOS DE LA HISTORIA DE MARRUECOS

“UN CIERTO TÁNGER”, UN LIBRO DE FERNANDO CASTILLO

Seguí la sugerencia de Alberto Gómez Font y busqué Un cierto Tánger, el libro escrito por Fernando Castillo. Sencillamente magnífico.

Con elegancia, de manera amena, sin vericuetos innecesarios, pero con una cantidad de datos, anécdotas e información deslumbrantes, Fernando Castillo ha sabido condensar en sus 234 páginas la historia, la evolución y el sueño, la leyenda y la imaginería que ha crecido o se ha creado alrededor de la mítica ciudad marroquí.

UN CIERTO TANGER de Fernando Castillo - portada

Aunque muchos de los asuntos que aborda son ya conocidos para los que amamos el fascinante mundo tangerino, y a los que les interesa Marruecos en general, sin embargo, aporta un punto de vista distinto y atractivo. Repasa el pasado histórico de Tánger, su relación con la literatura y los autores que han elegido la ciudad como referente creativo, su etapa Internacional, los años de decadencia… Pero, en todo instante, Fernando Castillo enhebra las páginas de forma que nos envuelve de manera absoluta y es muy difícil soltar el libro hasta que no lo acabamos.

Pero es en el retrato que efectúa de algunos de los personajes que pasaron por la ciudad en sus mejores años cuando he devorado sus páginas con avidez. Tan bien narrado, tan sugerentemente expuesto que, a veces, parece que estemos leyendo una novela.

Podría elegir cualquier párrafo de Un cierto Tánger, porque en todos hallaremos un asunto de interés o una historia increíble, pero os invito a leer este que reproduzco más abajo sólo como botón de muestra.

Os recomiendo fervientemente este libro.

Un cierto Tánger, ha sido publicado por la editorial Confluencias, para su Colección Zocos.

Sergio Barce, junio 2020

“…A medida que avanzaba la guerra y llegaban a Tánger las noticias de las victorias franquistas, la opinión iba inclinándose hacia los sublevados, siendo cada vez más frecuentes las camisas azules en locales y calles tangerinas. Incluso, como recordaba Domingo del Pino, entre los simpatizantes franquistas de otros países se vistió la camisa de Falange, como hizo la Duquesa de Guisa, heredera del trono de Francia y por ende monárquica legitimista, que apareció fotografiada en los periódicos tangerinos con camisa azul el día que los franquistas le impusieron el yugo y las flechas de plata. Se diría que al siempre liberal Tánger había llegado un adelanto de la realidad que se estaba imponiendo en Europa, de la que huían numerosos refugiados muchos de los cuales acudían a la ciudad cada vez en mayor número, dejando lo que adivinaban se iba a convertir en infierno. Ahora, quienes de forma creciente desembarcaban en el puerto no se encaminaban hacia el centro de la ciudad con alegría, sino con esa combinación de esperanza y desasosiego que siempre acompaña al refugiado. Todos ellos se unían a los partidarios de la República que habían logrado escapar de la represión del Protectorado español o de la Península, sin saber que para ellos Tánger no iba a tardar en convertirse en un sucedáneo de Ceuta o Tetuán. Entre los tipos más curiosos que recalaron en Tánger en estos años se encuentra el controvertido Josep Dencás, líder de Esquerra y Estat Catalá y uno de los protagonistas de los acontecimientos de 1934, cercano a los aún más complicados hermanos Badía, los gánsteres del catalanismo. Tras un temprano y equívoco exilio, pues coqueteó con el fascismo mussoliniano, que comenzó en 1936 y pasó por la Italia fascista, recaló en Tánger donde ejerció como médico.

   Más suerte tuvieron los europeos que huían del nazismo, quienes en su mayor parte encontrarían en la libertad tangerina, en la que todas las contradicciones eran posibles, la seguridad suficiente para instalarse…”

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“IFNI. LA ÚLTIMA AVENTURA COLONIAL ESPAÑOLA”, UN LIBRO DE CHAVES NOGALES

IFNI Chaves Nogales portada

Los libros y artículos del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales han sido uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años. Entre sus obras destacaría, por supuesto, su emocionante La defensa de Madrid (Espuela de Plata – Sevilla, 2011) y A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (Libros del Asteroide – Barcelona, 2013).

Y tras leer la novela de Miguel Sáenz, Territorio, de la que escribí una reseña, me animé a leer otro libro de Chaves Nogales: Ifini. La última aventura colonial española (Almuzara – 2013).

Libro curioso y excepcional, que recoge los artículos escritos por Chaves Nogales para el diario Ahora, cuando en 1934 fue enviado como corresponsal para cubrir la noticia de la toma de la plaza de Sidi Ifni por el ejército español en nombre de la República. Plaza que, años después, pasó a convertirse en provincia española.

La calidad literaria de este periodista y escritor convierte sus crónicas en una verdadera delicia para la lectura. De las páginas de este libro, me ha llamado la atención su primera parte, en especial los artículos dedicados al sultán azul, chej Muley Mohamed Mustafá Mrabeh Rabbu Ma-el-Ainin, es decir, <el criado por los dioses>, como el siguiente:

“UNA INTERVIÚ CON EL SULTÁN AZUL.

 …POR QUÉ ES AZUL EL SULTÁN AZUL

El sultán azul es azul porque sus ropas azules se destiñen y le manchan la cara y las manos. La culpa es de la falta de probidad de la industria textil francesa. Hace un siglo que las fábricas de tejido de Francia empezaron a mandar sus piezas de tela azul a Mauritania. Los telares indígenas no podían competir con las hilaturas francesas y todos los habitantes del desierto empezaron a liarse la cabeza con estas telas teñidas con malas anilinas, que daban un viso azulado a sus rostros. Se creó pronto la leyenda: aquella tintura azul protegía la piel contra las picaduras de los insectos y las infecciones del desierto. Y ya no ha habido manera de que los indígenas prescindan de ellas. La industria textil europea ha llegado a fabricar telas de colores más sólidos, pero ya es inútil. El buen berebere buscará siempre esta tela mal teñida que hace ochenta, cien años, exportaban al desierto unos fabricantes franceses poco escrupulosos.

Por eso es azul el sultán azul; únicamente por eso.”

Y también ese toque romántico con el que emboza sus entrevistas, dotándoles de un aura casi mística y fabulosa. El diálogo que mantiene con el sultán azul es, sencillamente, precioso:

 “CUANDO EL SULTÁN ERA VICTORIOSO Y FELIZ

-Cuéntame -le digo- algo de tus tiempos de poderío; algún recuerdo de tu juventud, de tu infancia, de la vida en casa de tu padre, el guerrero victorioso. ¿No recuerdas nada?

Entorna los ojos, y con ademán enfático contesta:

-Se olvidan los días ingratos, esos días en los que el sol tuesta la piel y los hombres caen rendidos de hambre y de sed en el desierto; se olvidan los días en que, bajo el agobio del sol, a punto de perecer, hay que abrir el vientre a los camellos para ocultar la cabeza en las entrañas del animal y beber su sangre. Pero los días gratos, los días de agua clara y corriente, ¿cómo se pueden olvidar? Presentes los tengo siempre; más presentes en estas horas de infortunio. El libro de mi vida está escrito por mí. Cuando alguna vez vayas a mi casa y yo esté en ella y pueda recibirte como a mi huésped lo leerás y sabrás de mí.

-Eres poeta -le digo-; ¿podrías recitarme algo tuyo?

-Yo te haré una poesía cuando pueda sentir y pensar.

Y termina recitando una vieja poesía berebere, que el intérprete traduce así:

Aunque se vista de seda y sobre seda se acueste,

un hombre no será jamás hermoso

en un país que no sea aquél en que ha nacido.

¿Qué puede la lima sobre la roca?

¿Qué puede la sierra sobre el agua?

¡Alá! ¿De qué sirve la belleza

para quienes no pueden conocerla?

¡Alá! ¿Qué puede sobre mí

aquél que no me ame?

Mis pies. Ellos me sostienen.

Mi lengua. Con ella hablo.

Cabo Juby, 19 de abril. (Ahora. Madrid, 24-04-1934)”

Pero también es curioso y atractivo leer todo lo que Chaves Nogales iba desvelando a los lectores del diario Ahora con relación a esa leyenda que corría de boca en boca acerca de que, tras doce años del desastre de Annual, aún quedaban prisioneros españoles de aquel descalabro en manos de los rifeños, artículos que se incluyen en este volumen. Leyenda que desmontó con pruebas irrefutables. Un episodio de nuestra historia que siempre me ha atraído.

CHAVES NOGALES

MANUEL CHAVES NOGALES

Cuando Chaves Nogales comenzaba este periplo, camino de Sidi Ifini, recaló en Agadir a mediados de abril de ese mismo año de 1934, atrapado aún entre los inconvenientes y problemas que surgían en su viaje para llegar al “territorio”. Y ahí detalla algo muy pintoresco y sugerente, una imagen que me ha hecho recordar la película de Billy Wilder Cinco tumbas a El Cairo (Five graves to Cairo, 1943) y, de alguna manera, el Rick´s Bar de Casablanca. Escribe Chaves Nogales:

“…Vuelvo desesperanzado al hotel. Un magnífico hotel que nada tiene que envidiar a los mejores de Europa. Los franceses han gastado cuatro millones en construir este hotel, en el que los oficiales que vuelven de las operaciones disfrutan por poco dinero del confort más refinado, juegan al tennis cara al mar y se emborrachan un poco con los cocktails que les elabora un barman moro, con tanta fantasía como Pedro Chicote…”

Y al leer este párrafo me acordé de Alberto Gómez Font, cuidador de palabras y partisano de cocktails, y lo copié, como he hecho ahora, y se lo envié por messenger. A Alberto le encantó. Y es que Manuel Chaves Nogales tenía una pluma tan detallista y primorosa como su lúcida mirada sobre la realidad española de los años en los que vivió.

Un libro muy bonito. Y un testimonio sorprendente de una conquista llevada a cabo sin que en su momento se disparase un solo tiro.

Sergio Barce, junio 2020

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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 20

Página 20 de fotografías que voy rescatando de diferentes blogs y sitios webs sobre la historia de Larache. Desde octubre del pasado año no lo hacía.

Creo que hay en esta ocasión alguna foto bastante buena, e imágenes originales de espacios, calles o lugares emblemáticos de la ciudad.

Las fotos, como indicaba antes, provienen de varios sitios amigos: Houssam Kelai, Manolo Alarcón, HHH Los de Larache, Casino de Larache, Radio Larache, etc… 

Sergio Barce, junio 2020

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Rio Lucus y las salinas

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Zoco Chico a primeros del siglo pasado

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Zoco Chico

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Zoco Chico – puerta de la Alcazaba

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Entrada desde la calle Alcazaba a la plaza del Majzén

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Noticia sobre el doctor José Galbis, larachense

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Avda Mohamed Zerktouni

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calle Chinguiti (Avda Hassan II)

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Consulado español en Larache 

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LOS JARIYÍES

Siempre escuchamos o leemos que las corrientes principales del Islam son la suní o sunita, ortodoxa, y la chií o chiíta, que derivan de los partidarios de que el califa fuera descendiente directo del profeta Mahoma. Pero había una tercera corriente que se nombra menos: la de los jariyíes. Esta vía defendía que cualquier musulmán digno y justo podía ser nombrado califa, sin tener en cuenta su origen, su raza e incluso que fuera esclavo negro, siempre y cuando, claro, perteneciese a la comunidad de creyentes. Y son quienes me interesan, porque esta corriente se desarrolló en Marruecos.

Tanto los chiíes en la antigua Persia como los jariyíes en Marruecos fueron dos de las diversas manifestaciones o ramas descontentas del islam primigenio y, por tanto, heterodoxas. Y fueron los bereberes de Marruecos los que se inclinaron en mayor medida hacia esa corriente jariyí, curiosa por defender la elección del califa por los propios creyentes y no impuesto por un orden sucesorio o por el poder. 

Su origen lo explica así María Rosa de Madariaga:

“El jariyismo surgió cuando el califa Alí, yerno del Profeta, aceptó someterse al arbitraje de los hombres en una batalla frente a su rival Moawiya, y un grupo de combatientes prefirió abandonar la batalla antes que sancionar con su presencia una decisión que correspondía a Dios y no a los hombres. Muchos de los partidarios de Alí dejaron después Kufa, donde acampaba el ejército, para unirse a los que habían abandonado primero el campo de batalla. A estos se les pasó a conocer con el nombre de jariyíes o jariyitas (literalmente “los salientes” o “los que salen”), que en este contexto significa los “disidentes”, “heréticos” o “separatistas”. En esta corriente del islam, puritana, austera e igualitaria, las reivindicaciones sociales se expresaron en forma de creencia religiosa. Frente al islam ortodoxo de los invasores árabes, los bereberes encontraron en el jariyismo una manera de afirmar su identidad y de manifestar su oposición.”

Fue precisamente un jariyí llamado Abd al-Rahman Ibn Mulyam quien asesinó a Alí en el año 661.

Su rigor en lo que al cumplimiento de los preceptos del islam se refiere tiene como contrapunto una gran tolerancia hacia las otras religiones.

SIYILMASA 1

SIYILMASA

Fueron los jariyíes los que en Marruecos, en el siglo VIII, encabezaron la sublevación contra el califa cuando se decretó la subida de impuestos, y, al mando de Maisara, se hicieron con el control de Tánger. Poco a poco, los jariyíes continuaron su expansión e infligieron una serie de derrotas a los ejércitos de los distintos califas de la época, hasta que fueron vencidos por el gobernador de Egipto que los doblegó cuando intentaban conquistar Kairuán. Esto dio lugar a que los jariyíes se dividiesen en diferentes reinos: el de Tahert, otro en Siyilmasa y el que se denominó “el reino de los oasis de palmeras del desierto”.

Y varias tribus, que habían seguido en su momento a Maisara en su revuelta contra el poder del califa, encontraron en Salih a su nuevo líder. Curioso personaje el de Salih que se proclamó profeta de los bereberes y redactó un Corán en su lengua con variaciones en su ritual. 

Cuando los almorávides se apoderaron de Siyilmasa, arrasaron sus lugares de placer y, algo llamativo, también destruyeron todos los instrumentos musicales. 

Dentro del jariyismo surgieron distintas tendencias, unas más radicales que otras, y hoy en día los jariyíes que quedan pertenecen a la secta de los ibadíes y se reparten por Omán, Zanzíbar y por algunas pequeñas zonas del Magreb. 

Sergio Barce, mayo 2020 

SIYILMASA

SIYILMASA

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (10ª PARTE)

10ª entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

LARACHE plano de 1616

En abril de 1619, el nuevo Gobernador de Larache, Carrillo de Santoyo, había atacado el aduar de Rehien porque dos soldados españoles habían sido degollados por unos habitantes de ese aduar, y en ese ataque incendió las viviendas, causó más de doscientos muertos y capturó a 213 prisioneros.

Muhammad Zeguda, que se había establecido en Alcazarquivir, comenzó a hostigar Larache, y España envió una flota armada con seis galeras al mando de don Antonio de la Cueva que logró llevar hombres y víveres a la ciudad, y luego bombardeó Arcila.

En ese mismo año de 1619, el sultán Mawlay Zidan conseguiría vencer por fin a Yahia ben Abd Allah y aparecería en escena Muhammad ben Ahmad Zayani, más conocido como Al-Ayaxi, de los Beni Malik, de la región del Garb.

El sultán lo había nombrado caíd de Azemur, pero pronto se dio cuenta de su carisma y trató de asesinarlo, sin embargo, Al-Ayaxi huyó y se convirtió en un fanático islamista con un gran número de seguidores que declaró la yihab contra los infieles, y sus objetivos fueron La Mamora y Larache.

Atacó La Mamora en 1620 con un importante contingente de hombres y, aunque no la tomaron, sí causaron un gran número de víctimas entre los españoles. Y en 1621, ayudado por los moriscos de Salé y por fuerzas venidas de los Países Bajos, Al-Ayaxi volvió a atacar la misma plaza, pero los españoles aguantaron el envite y la llegada de una escuadra al mando de Contreras rompió el cerco y desbarató los planes del morabito.

FELIPE IV

FELIPE IV

En 1621 Felipe IV sube al trono a la muerte de su padre, y se encuentra un país casi en bancarrota. Esta situación afectaba, por supuesto, a las plazas de La Mamora y Larache que, según García Figueras, sobrevivieron y sobrevivirían aún por puro milagro gracias a las tropas que seguían defendiéndolas, aunque lo hiciesen con escasos medios y poca ayuda.

De hecho, Larache siguió siendo hostigada por Zeguda hasta quizá más allá de 1623.

Un soldado de Larache, Baltasar López Pardo, cuenta que en 1622  un caíd llamado Adriza, fiel al sultán Abd Allah, se instaló cerca de Larache con sus hombres y pidió ayuda a los españoles contra su común enemigo Zeguda, al que primero rechazaron y luego vencieron con un ejército compuesto por 600 soldados españoles más 300 jinetes y otros 400 infantes marroquíes, todos al mando del Gobernador don Pedro Rodríguez de Santisteban, que había regresado a su puesto de la mano del Felipe IV, pero ya como marqués de Cropani. En esta batalla, se consiguió un gran número de prisioneros de las huestes de Zeguda y un importante botín. Con ello, Zeguda acabó de ser un problema.

EL MARQUÉS DE CROPANI libro de José Marín Pinto

Pese a ello, Larache seguía con las mismas dificultades de provisiones y avituallamiento. A lo que se sumó que, en 1623, el Gobernador de la plaza, don Pedro Rodríguez de Santisteban, fue nombrado Maestre de Campo General del Reino de Portugal, siendo sustituido por el Maestre de Campo y Caballero de Santiago don Juan Jara Quemada.

Durante esa época, se fue creando un estado general de anarquía en todo Marruecos, y en Tetuán la familia Al-Naqsis comenzó a adquirir cierta relevancia. Tetuán, durante esos años, impulsó una relación fluida y constante con Inglaterra, facilitando el comercio, lo que perjudicaba a España. Sin embargo, nunca llegaron a entenderse del todo y ese comercio entre Marruecos e Inglaterra se confundía con las actuaciones de los corsarios. Holanda, por el contrario, sí supo manejar bien a los piratas a su beneficio en todo el litoral marroquí.

Felipe IV, mientras tanto, trataba de solucionar los problemas de abastecimiento y mantenimiento de las plazas marroquíes, pero no resultaba fácil. De hecho, en 1626, el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga daban informes muy negativos sobre la administración del nuevo Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada; mientras que éste se quejada al monarca de los escasos recursos con los que contaba para realizar su labor. Según don Juan Jara, los soldados españoles de la plaza de Larache llevaban ya, nada más y nada menos, que ocho años sin percibir sus sueldos.

Sin embargo, pese a estas dificultades, mientras la peste se extendía por Marruecos, causando incluso la muerte del sultán al-Malik, que había sustituido a su hermano Abd Allah tras su fallecimiento, la epidemia no alcanzó a Larache.

Lo que sí amenazó por entonces a la ciudad fue de nuevo Al-Ayaxi, que, tras su fracaso con La Mamora, centró su esfuerzo en tomar Larache. Y así, en octubre de 1626, atacó la ciudad aprovechando que muchos soldados españoles habían salido a recoger leña fuera de las murallas. Pero no contaba que, por costumbre, el resto de las tropas españolas se apostaba vigilante, y estos hombres rechazaron su ataque. La lucha fue cuerpo a cuerpo, y el Gobernador don Juan Jara sacó a sus tropas a campo abierto y diezmó al enemigo, huyendo Al-Ayaxi al verse derrotado. Como prevención por la peste, no se hicieron prisioneros y solo se tomó un gran botín en armas.

La relación entre el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga con el Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada iba a peor, hasta el extremo que Juan Jara encerró en una mazmorra a González de Vesga por no abonar ciertas cantidades a personas de su confianza. En julio de 1627 González de Vesga fue puesto en libertad, quizá porque, como apunta Tomás García Figueras, el Gobernador había abusado de su poder y porque seguramente actuaba movido por intereses personales, entre ellos, no pagar impuestos de aduana para el género que compraba a los marroquíes de Larache y que luego era enviado a su casa de Cádiz o poner en peligro a varios soldados españoles a causa de sus negocios privados.

Pese a las continuas quejas, el rey Felipe IV no tomaba una resolución contra don Juan Jara. Pero hacia finales de septiembre de 1627, el Gobernador falleció, sin que se sepan las causas. Con lo que este pleito, que lo enfrentaba a los Contadores, quedó sin resolverse.

 Lo que sí es evidente es que tales disputas demuestran que la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas. García Figueras, no obstante, achaca esta situación no tanto a sus protagonistas como al estado de abandono que la Corona española demostraba hacia la plaza de Larache y al resto de los enclaves españoles en Marruecos, sin atender al pago de los sueldos de sus hombres ni al abastecimiento de víveres y de avituallamientos ordinarios.

Seguirá…

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LARACHE – BAB AL QASBA O PUERTA DE LA ALCAZABA

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