Archivo de la categoría: ARCHIVO DE IMÁGENES Y DOCUMENTOS DE LA HISTORIA DE MARRUECOS

“EL PAÍS DE LOS OTROS” (LE PAYS DES AUTRES), UNA NOVELA DE LEILA SLIMANI

El país de los otros (Le pays des autres), es la última novela de Leila Slimani. Libro poliédrico donde se dan cita muchos de los temas que tanto le interesan a la escritora rabatí: la situación de la mujer en Marruecos, su emancipación, las costumbres ancestrales arraigadas en la vida cotidiana, la violencia machista, la religión, la libertad sexual e individual… Y a estos asuntos añade nuevos condimentos a veces ya apuntados: las relaciones interraciales, las relaciones interreligiosas, los matrimonios mixtos, los hijos nacidos de matrimonios entre marroquíes y europeos, la lucha por la independencia, la lucha contra el colonialismo… Todo este cóctel da lugar a las contradicciones que Slimani plantea en su novela, ambientada en Méknes y sus alrededores a finales de los años cuarenta del pasado siglo hasta los albores de la independencia de Marruecos. Por un lado, esas contradicciones que enervan y atormentan a Amín, como las de tratar de ser moderno y a la vez tradicional, el haber sido soldado en un ejército extranjero para luchar en tierras lejanas y luego ver al país al que se ha servido como el opresor del propio, el decidir vivir con una pareja que ni es de su raza ni de su religión, el tener hijos que no son ni franceses ni marroquíes, la lucha interna por tratar de reprimir el machismo mamado desde la infancia, el desear ser un amante esposo y a la vez el dueño de su familia, el esfuerzo por querer ser respetado por los colonos franceses… Y, por otro, esas otras contradicciones que rebelan y enrabietan a Mathilde, como las de continuar siendo una mujer libre y alegre en una sociedad opresora y tradicional, el haber sido una mujer avanzada capaz de abandonar Alsacia para estar junto al hombre que ama, un marroquí del que apenas sabe aún nada, el decidir vivir con una pareja que ni es de su raza ni de su religión, el tener hijos que no son ni franceses ni marroquíes, la lucha interna por no verse suprimida y oprimida por el machismo que asoma en fogonazos en la actitud de su marido, el deseo de ser una amante esposa y a la vez dueña de su destino, la lucha permanente para ser respetada y aceptada por los colonizados marroquíes y por la familia de Amín…

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“…Con los ojos bajos y el velo tapándole hasta la nariz, se sentía desaparecer y no sabía en realidad qué pensar. Si bien el anonimato la protegía, incluso la fascinaba, era como un abismo en el que se hundía a su pesar, y le parecía que, con cada paso que daba, perdía cada vez más su nombre, su identidad, y que, al enmascarar su físico, enmascaraba una parte esencial de sí misma. Se convertía en una sombra, en un personaje familiar, pero sin nombre, sin sexo y sin edad. Las pocas veces que se había atrevido a hablar a Amín de la condición de las mujeres marroquíes, de Muilala que nunca salía de su casa, su marido había zanjado de golpe la conversación. <¿De qué te quejas? Tú eres una europea, nadie te prohíbe nada. Así que ocúpate de ti misma y deja a mi madre tranquila>.

Pero Mathilde insistía, pues no podía dominar el deseo de llevarle la contraria. Por la noche, a un Amín agotado por el trabajo en el campo, exhausto por las preocupaciones, le hablaba de Selma, de Aicha, de esas niñas cuyo destino aún no estaba trazado. <Selma tiene que estudiar>, afirmaba. Y si él no le contestaba nada, ella seguía. <Los tiempos han cambiado. Piensa también en tu hija. No me digas que tienes la intención de educarla como a una mujer sumisa>. Mathilde le citaba, entonces, en su árabe con acento alsaciano, las palabras que la princesa Lala Aicha había pronunciado en Tánger en 1947. Fue en honor de la hija del sultán Mohamed V por lo que ellos habían elegido el nombre de su primogénita, y a Mathilde le gustaba recordarlo. ¿Acaso no eran los propios nacionalistas los que asociaban el deseo de independencia a la necesidad de favorecer la emancipación de las mujeres? Cada vez eran más numerosas las que recibían una educación, abandonaban el jaique y se vestían con chilaba o con ropa europea. Él asentía con la cabeza, refunfuñaba, pero no prometía nada. Al caminar por el campo, recordaba esas conversaciones. <¿Quién querría a una pervertida?>, se decía a sí mismo, <Mathilde no entiende nada>. Pensaba entonces en su madre, que se había pasado la vida encerrada. De pequeña, a Muilala no se le permitía ir al colegio con sus hermanos varones. Luego, Sidi Kadur, su difunto marido, construyó la casa en la medina. Había hecho una concesión a las costumbres, abriendo una única ventana en el muro del piso de arriba, cuyos postigos estaban siempre cerrados, y a la que Muilala le estaba prohibido acercarse. La modernidad de Kadur, que besaba la mano a las francesas y se permitía el capricho de frecuentar a alguna prostituta judía del barrio de El Mers, se acababa en cuanto se trataba de la reputación de su esposa. De pequeño, Amín había visto a su madre espiar por los intersticios los movimientos de la calle y poner el dedo índice sobre sus labios para sellar entre ellos ese secreto.

Para Muilala, el mundo estaba atravesado por unas fronteras infranqueables. Entre hombres y mujeres, entre musulmanes, judíos y cristianos, y ella estaba convencida de que, para entenderse bien, más valía no cruzarlas. La paz se conseguía si cada cual se quedaba en su sitio. A los judíos del mellah les encargaba la reparación de los anafres, la confección de los canastos, y a una costurera delgada y con las mejillas cubiertas de vello, los artículos de mercería indispensables para el hogar. Nunca conoció a los amigos europeos de Kadur que alardeaba de moderno y al que le gustaba vestir levitas y pantalones de pinzas. Y no hizo ninguna pregunta la mañana en la que, limpiando el salón privado de su esposo, descubrió en las copas y en las colillas de los cigarros unas huellas de carmín con la forma de unos labios…”

La novela mantiene el pulso de principio a fin, y el ambiente de violencia y opresión que supusieron los últimos años del dominio francés en el sur de Marruecos está perfectamente logrado. El retrato de la familia protagonista es como una gran fotografía de unos seres arrastrados por las circunstancias. Y es el amor que se profesan Mathilde y Amín el que es capaz de sortear cuantos obstáculos se van presentando en el camino. Hay muchas concesiones por ambas partes, pero me temo que es Mathilde la que cede más y la que, al final, es absorbida y la que acepta con resignación casi heroica el futuro que le espera.

“…Amín arrancó y condujo despacio para atravesar la nube de humo que se había formado. Llegó ante las verjas del parque y bajó apresuradamente del coche, dejando la puerta abierta tras él. De lejos, vio a su hermano y a su hijo jugando. Era como si los disturbios que se habían producido a unos cuantos metros de allí hubieran ocurrido en otro país. El Jardín de las Sultanas estaba tranquilo y silencioso. Un hombre, sentado en un banco, tenía a sus pies una jaula grande con los barrotes oxidados. Amín se acercó y vio en su interior un mono flaco de pelaje grisáceo, cuyas patas pisoteaban sus propios excrementos. Se agachó para ver mejor al animal que se giró hacia él, abrió la boca y le enseñó los dientes. Silbaba y escupía, y él no habría sabido decir si el mono reía o lo estaba amenazando.

Amín llamó a su hijo que corrió hacia sus brazos. No quería hablar con su hermano, no tenía tiempo para explicaciones o reproches y regresó al coche, dejando a Omar de pie en medio del césped. En el camino de vuelta a la finca, unos policías habían instalado un control de carretera. Aicha se quedó mirando la larga barrera de pinchos colocada en el suelo y se imaginó el ruido que harían los neumáticos al estallar. Uno de los gendarmes le dio el alto. Se acercó, se quitó las gafas de sol y escudriñó los rostros de los ocupantes. Aicha lo miró con una curiosidad que desconcertó al funcionario. Parecía no entender nada sobre esa familia que tenía delante y que tranquilamente lo observaba en silencio. Mathilde se preguntaba qué historia se estaría imaginando. ¿Se creería que Amín era el chófer? ¿Que ella era la esposa de un rico colono que aquel criado estaba encargado de acompañar? Pero el policía parecía indiferente al destino de los adultos y quienes llamaban su atención eran los niños: las manos de Aicha que rodeaban el pecho de su hermanito como para protegerlo. Mathilde bajó despacio su ventanilla y sonrió al joven agente.

<Se va a decretar el toque de queda. Váyanse a casa. ¡Venga!> El policía dio una palmada al capó y Amín arrancó…”

Hay otros personajes interesantes en esta historia: Omar, Mercier, Murad, Dragan, Selma, Corinne, Aicha… Pero son los protagonistas, Mathilde y Amín, los que llevan el peso del relato.

Cuando acabo el libro, me queda un regusto amargo en la boca, tal vez porque el final es un tanto desalentador, como si la reacción de la pequeña Aicha no sea más que el pesimista anuncio del mundo que se avecina, deshumanizado y cainita, que no es mucho mejor del que contempla, como si no existiera la esperanza para nuestra redención.

El país de los otros ha sido publicado por Cabaret Voltaire, con una primorosa traducción de mi querida y admirada Malika Embarek López.

Sergio Barce, julio 2021

LEILA SLIMANI – foto de la Fundación Tres Culturas
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“LAS SEMILLAS DE ANNUAL”, UN ARTÍCULO DEL ESCRITOR LARACHENSE LUIS MARÍA CAZORLA

Con ocasión del centenario del llamado desastre de Annual, se ha publicado en el diario ABC un artículo firmado por el escritor larachense Luis María Cazorla Prieto, que utiliza como título el de su novela Las semillas de Annual (Almuzara, 2015). La novela cierra la trilogía que forma junto a La ciudad del Lucus (2011) y El general Silvestre y la sombra del Raisuni (2013). De todas ellas escribí la correspondiente reseña, que indico más abajo.

El artículo que nos ocupa ofrece una interesante visión de las razones por las que se llegó a aquella situación que desembocaría en el mayor desastre militar español de la época.

Con la generosidad de siempre, Luis me envía su artículo para poder compartirlo.

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LARACHE – SIGLOS XV-XVI (12ª PARTE)

12ª parte de la Historia de Larache durante los siglos XVI y XVII…

Año 1631. Al-Ayaxi, que asediaba Larache, con la intención de negociar el rescate de dos de sus hombres aún cautivos en España, permitió que los soldados españoles pudieran abandonar por unos días la fortaleza para recoger leña y, a la vez, envió al franciscano fray Antonio de Quesada, al que retenía desde hacía meses, para que negociara su propio rescate. El fraile informó entonces al Gobernador que el morabito preparaba a sus huestes y que planeaba atacar Larache con un fuerte contingente en el curso del año siguiente, un año especialmente trágico en estas crónicas.

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Planta de Larache de Bernardo Alderete, 1614, Biblioteca Nacional

Así es. El 7 de febrero de 1631, Al-Ayaxi cayó por fin sobre la ciudad y Larache quedó casi prácticamente aniquilada. Así lo cuenta García Figueras, que señala que ese día un gran número de soldados, al mando del capitán don Diego Ruiz de Colmenares, salió para recoger leña y fueron sorprendidos por los hombres de Al-Ayaxi. Había sucedido que un espía, que trabajaba para España, llamado Ben Abud, informó falsamente que las tropas del morabito no atacarían hasta la primavera. Su traición se debió a que Al-Ayaxi lo había apresado y bajo amenaza de muerte pasó a servirle a él. En cualquier caso, el ataque causó 436 bajas entre muertos y prisioneros, dejando las defensas de Larache con apenas 200 hombres. Desesperado, el Gobernador Sebastián Granero pidió ayuda urgente, siendo los Gobernadores de Ceuta y de Melilla los primeros en auxiliarlo con el envío de algunos soldados. Y no es hasta el día 19 de febrero cuando llegan los barcos enviados por el duque de Medinasidonia, el marqués de Villafranca y don Luis Bravo con soldados (apenas 48 hombres) y víveres, sin que pudieran alcanzar la costa dos galeras que se vieron imposibilitadas de cruzar la barra de Larache debido a la tempestad reinante. Y, mientras tanto, los miles de seguidores de Al-Ayaxi se instalaron en el campo exterior rodeando la ciudad,  pero sin que, incomprensiblemente, Al-Ayaxi atacase aprovechando su evidente ventaja limitándose a hostigar con fuego de arcabuz durante las noches.

Ante el peligro evidente que suponía esta amenaza, Felipe IV ordenó al Consejo de Guerra que tomara cartas en el asunto. Tras varias reuniones, se decidió exigir responsabilidades al Gobernador Sebastián Granero y nombrar como sustituto al duque de Medinasidonia (una elección personal del monarca que, sin embargo, no se concretaba por las dilaciones del duque quien, no obstante, comenzó los preparativos de las fuerzas que llevaría consigo). Pero las noticias del descalabro sufrido por las tropas españolas en Larache, hacía muy complicada la recluta de hombres en Andalucía. Todo esto retrasó la llegada de las fuerzas a Larache hasta el mes de marzo, con tan solo 200 hombres. Sin embargo, nada ocurrió porque, también de manera sorpresiva, Al-Ayaxi cambió de objetivos y retiró parte de las huestes que asediaban la ciudad del Lucus para atacar Tánger primero y La Mamora después, con sendos fracasos para el morabito, con lo que la presión sobre Larache disminuyó. Pero al poco, estaba de nuevo cerca de la ciudad justo en el momento que los notables de Fez proclamaban a Al-Ayaxi como único soberano del reino.

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FELIPE IV

Mientras tanto, con muchas dificultades, el duque de Medinasidonia trataba de conseguir más hombres para reforzar las defensas de Larache, y dado que seguía sin aceptar el cargo de Gobernador de la ciudad, finalmente Felipe IV designó al capitán don Fernando Navarrete Sotomayor.

Relata García Figueras que, antes de la llegada de Navarrete, se produjo en junio de 1631 un motín contra el todavía Gobernador de Larache, Sebastián Granero. Lideraron el motín dos soldados, Juan Poyatos y Juan Manuel de Escalante, que pretendieron apoderarse del Castillo de Santa María de Europa y retener allí a Granero hasta que llegase alguno de los barcos que traían bastimentos a Larache y, utilizando su rehén, conseguir regresar a España en ese mismo barco. Pero Granero logró detenerlos y los arcabuceó. Otros seis de los amotinados huyeron y se unieron al enemigo. Y, mientras tanto, Al-Ayaxi hubo de olvidarse de su asedio a la plaza para centrarse en sofocar une revuelta contra su poder en la Kasba de Salé.

En julio de 1631, mientras Sebastián Granero viajaba a España para rendir cuentas por su mala gestión, llegaba a Larache su sustituto, don Fernando Navarrete, un prestigioso soldado que había servido en Orán y otras plazas y que hablaba perfectamente el árabe. En seguida, puso en conocimiento del monarca que las defensas de la ciudad estaban en mal estado por los ataques sufridos, que contaba en esos instantes con 600 hombres (muchos destinados de manera provisoria), que los avituallamientos eran deficientes y que de los 52 cañones de bronce y 36 de hierro con los que contaba 26 de ellos eran inservibles y apenas tenían munición. Y llegado el año de 1632 todo seguía igual, con la ventaja de que Al-Ayaxi continuaba ocupado con sus luchas en Salé lo que dio un respiro a Larache.

Por entonces, a Al-Ayaxi se le presentó otro enemigo: el nuevo sultán Mawlay al-Walid, proclamado como soberano por los andaluces de la Kasba y Salé la Nueva. Al-Walid trató enseguida de granjearse el apoyo de los holandeses contra España, pero Felipe IV estaba más preocupado por Al-Ayaxi y el duque de Medinasidonia negoció con los moriscos y acordaron prestarse ayuda mutua. Esto no fue obstáculo para que, también, se negociase con Al-Ayaxi el canje de prisioneros. El morabito retenía desde hacía año y medio a 70 soldados españoles de la derrota infligida a Granero el 7 de febrero de 1631 por los que pedía 1.400 ducados de plata y la entrega de los cuatro marroquíes que el conde de Villamor apresó en su momento. Pero el conde acababa de fallecer y de los cuatro cautivos, solo uno estaba localizable, ignorándose el destino final de los otros tres, que bien pudieran estar pagando su pena en una de las galeras españolas. El problema residía en que sin la entrega de sus cuatro hombres Al-Ayaxi no aceptaba el trato, aunque le pagasen la cantidad fijada.

El 20 de abril de 1632 se produce otro imprevisto que complica la situación: en la Torre del Judío se retenía al espía Ben Abud y al único cautivo de los cuatro que solicitaba Al-Ayaxi y ese día, estos dos hombres junto al centinela cristiano que los custodiaba que deserta, huyen de la plaza.

Rescatar a los 70 cautivos españoles parecía enredarse aún más. De los 600 hombres destinados en Larache en esos momentos, los integrantes de la Compañía de Granada, que llegaron en su momento solo como apoyo provisional, llevaban ya dos años en la plaza y necesitaban ser reemplazados. El duque de Medinasidonia trataba de reclutar hombres en Jerez, pero el Cabildo se resistía a cederlos, y, para colmo, el 26 de abril de 1633, sin que se hubiera aún resuelto este problema, el alférez Sebastián Albertos, que había salido de la plaza junto a tres soldados para recoger unos carneros y cazar, fue capturado por los marroquíes y uno de los soldados murió.

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Por entonces, el capitán Navarrete cesa como Gobernador de Larache regresando sorpresivamente el que fuera antes denostado en el cargo don Sebastián Granero, que, a decir de García Figueras, debió demostrar que no eran tan responsable en el descalabro sufrido en 1631. Fuera como fuese, ahí estaba de nuevo como Gobernador de Larache.

Tres años después de su captura, de los 70 soldados españoles cautivos de Al-Ayaxi, por fin regresan libres 59 hombres tras cerrar las interminables negociaciones, hombres que entran casi desnudos y malnutridos.  España abonó por el rescato 800 reales de plata doble por cada uno de ellos, salvo dos de ellos por los que hubo de pagarse 1.200 reales por cada uno; más otros 11.200 reales en compensación por los cautivos marroquíes que no se pudieron entregar a Al-Ayaxi.

Es en marzo de 1634 cuando el Gobernador don Sebastián Granero consigue ahuyentar a las fuerzas de Al-Ayaxi al vencerlos por un ataque sorpresa, con bastantes bajas entre los hombres del morabito. Esto trajo consigo meses de relativa calma en la zona de Larache, que se prolongó unos tres años al estar Al-Ayaxi defendiendo su posición en Salé, lo que también facilitó que la Compañía de Granada regresara a España. En su lugar, llegó una nueva Compañía reclutada en Sevilla y Cádiz, al mando del capitán don Manuel del Castillo. El resto de las tropas acantonadas en Larache quedaban al mando de los capitanes Diego de Vera, Juan Leonisio de la Portilla y Antonio de Paredes.

Seguirá…

 

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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 23

Seguimos recopilando fotografías de Larache del pasado siglo. De nuevo uso material de las páginas de Radio Larache, Larache Archives, Houssam Kelai, Manolo Alarcón, Hijos de Larache y José Ruiz Aguilar, entre otros.

 

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Larache 10 de octubre de 1918
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“EL FRENTE DE TÁNGER (1936-1940). CRÓNICA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN LA CIUDAD INTERNACIONAL”, UN LIBRO DE BERNABÉ LÓPEZ GARCÍA

Leer El frente de Tánger (1936-1940) Crónica de la guerra civil española en la ciudad internacional, de Bernabé López García, editado por Marcial Pons, es como hacer un viaje en el tiempo, entrar en aquel Tánger de esos años convulsos y revivir los acontecimientos casi como si de un diario se tratara, jornada a jornada. Un ensayo profuso, extraordinariamente bien documentado, repleto de datos y sucesos que se muestran en el texto desde las distintas ópticas entonces enfrentadas. La opción que para este fin ha adoptado Bernabé López es un acierto: la prensa. Y es que los medios de comunicación escritos del Tánger del momento se distinguían claramente por la inclinación política de cada uno de ellos: Presente, luego el diario España, como voceros falangistas, El Provenir y Democracia, proclives a la República; sin dejar de mencionar, según qué casos, lo que publicaba el resto de la prensa tangerina en otros idiomas.

El libro nos sumerge en el ambiente hostil y exaltado que se fue creando en la ciudad de Tánger desde el mismo instante en el que estalla el alzamiento militar contra el Gobierno legítimo de la República. Los acontecimientos se van precipitando al son de los avances que se producen en la contienda que desangra a la península. Las fricciones personales estallan inevitablemente en Tánger, y asistimos a través de sus páginas a los movimientos políticos que se van desarrollando en paralelo a la guerra: desde la exaltación republicana del inicio, hasta la presencia desafiante de la Falange y sus simpatizantes que, poco a poco, con el apoyo de los italianos y los alemanes, se van haciendo fuertes hasta la victoria final de los sublevados y la triste caída de la República y, con ella, de quienes la defendieron.

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Escribe Bernabé López acerca de los refugiados que llegaban a Tánger lo siguiente:

“Capítulo: Los refugiados de Tánger

Desde el primer momento de la guerra comenzarán a llegar a Tánger refugiados venidos, tanto desde la zona española del protectorado como desde la península, donde comenzaba una represalia feroz contra los elementos republicanos. Venían en barcos pesqueros huyendo de las regiones ocupadas por los rebeldes. El número de refugiados en la ciudad era difícil de calcular según Prieto del Río, que lo estimaría en unos cuatro mil en abril de 1937 en conversación con el cónsul francés Avonde, de los cuales unos dos mil habían sido repatriados a la península vía Orán o Marsella. Su manutención y mantenimiento supuso para la legación española un importante coste, que Prieto estimaba en unas quinientas mil pesetas por mes, que incluían la ayuda para unos mil quinientos obreros españoles con residencia fija en Tánger en situación de necesidad. Vicente Guarner, agregado militar en la legación española en Tánger al final de la guerra, haría ascender el número de refugiados hasta las diez mil personas en 1938…”

Me ha resultado muy interesante toda la información recopilada por Bernabé López sobre las maniobras empleadas por los rebeldes golpistas para manipular a los marroquíes musulmanes y hacerlos adeptos a su causa. Siempre me ha parecido chocante el hecho de que miles de ellos interviniesen como combatientes al lado de los fascistas. Ya mencioné a este respecto el libro de Miguel Ángel Moreta-Lara sobre el doble rasero que utilizaban los fascistas en su trato con los <moros>, y a ese libro me remito de nuevo. Pero es que ahora, lo explicado en este estudio me confirma que la manipulación fue tan hábil como efectiva. Y es que supieron ir captando a los más jóvenes entre los marroquíes musulmanes, en este caso de Tánger, para hacerles creer que la España franquista los quería casi como a unos iguales. La astucia incluyó, claro, engañar también a los nacionalistas marroquíes. Muy acertado por parte de Bernabé López García de traer a su libro uno de los textos más enjundiosos para explicar esta realidad:

“Capítulo: <A nuestros hermanos musulmanes…>

La seducción de los musulmanes marroquíes por los fascistas fue una de las claves del triunfo franquista en la guerra civil desde el comienzo de la contienda. En Tánger, la atracción de grupos de jóvenes musulmanes fue cada vez más visible en su participación en manifestaciones y acciones al lado de los falangistas. Un capítulo de esta seducción fue la adulación periodística de la que fue buena prueba el artículo firmado por Tuy titulado <Del mundo islámico. Marruecos en la epopeya española>, publicado por Presente el 6 de julio de 1937. En él se calificaba al marroquí de tradicionalista poético y religioso, feliz, durante siglos, <con su vida sencilla y su Corán>, alejado de la intriga política y el alboroto social, dada su <caballerosidad y nobleza>.

(…) …Otro capítulo de la seducción ejercida por los fascistas sobre los musulmanes fue la propaganda escrita. Se ha aludido más arriba a un panfleto en árabe, distribuido la noche del 20 de julio por los falangistas entre la población musulmana de Tánger, que Avonde consideró un auténtico llamamiento a la revuelta. En su texto se compendiaba la argumentación empleada en su propaganda por la Falange para la recluta de seguidores entre los marroquíes musulmanes, apelando a un referencial religioso manipulado y a un antisemitismo desaforado contra los judíos, cargando las tintas en la salvación italiana de Eritrea frente a los abisinios e idealizando el retorno de los musulmanes a Córdoba y Granada como resultado de la guerra de Franco. Merece por ello la pena transcribirlo íntegro:

<A NUESTROS HERMANOS MUSULMANES

Tenemos el temor, respecto a ustedes de que seáis engañados por vuestros enemigos de siempre, los no creyentes, los judíos, que componen el Frente Popular y el Partido Comunista.

Explicación del Comunismo: un peligro público inhumano.

Explicación del Fascismo: un bienhechor de la sociedad.

No os dejéis engañar por los no creyentes, por los judíos que se oponen a Dios y luchan solo por sus intereses y su bien.

(…) ¿Quiénes son los representantes de la España roja?

1º Sobre todo los judíos en general y Rusia.

2º Francia que está dirigida por judíos y masones.

¿Cómo pueden ustedes pertenecer a esos pueblos? Jamás y mil veces jamás. Ustedes no podéis estar junto a ellos porque este pueblo de esta zona es injusto con vuestros hermanos musulmanes. Es un pueblo vendido al otro judío y francés, que nos detienen por defender causas que nos parecen justas, ya que ustedes sabéis que nuestros hermanos musulmanes están allí con el general Franco.

En ciudades como Córdoba y Granada se ocupan de la civilización árabe y la religión musulmana es respetada. Los musulmanes allí son ya fuertes, por el contrario, los franceses no nos tratan de la misma forma. Si el comunismo triunfa las mezquitas serán incendiadas, como lo han sido las iglesias. Los harenes serán violados, los bienes serán destruidos y los judíos serán en unión de los comunistas los jefes del pueblo. Hemos sido sus esclavos durante siglos y nos trataron como animales. Ahora el héroe Franco, con el apoyo de Dios, nos salvará a todos. Alemania, España, Italia, unidas con los musulmanes serán la fuerte potencia a quien nadie podrá afrontar.

¡Viva el general Franco! ¡Abajo el comunismo! ¡Viva el Islam y Marruecos!>”

No sé qué pensarán otros lectores, pero a mí, personalmente, todo lo anterior me ha dejado sorprendido. Sorprendido porque el panfleto es tan retorcido que no hay quien se crea su contenido, lleno de un odio envenenado a los judíos y a los comunistas, y de un trato al marroquí que es para sonrojarse (jamás comprenderé que alguien se haya podido creer que los fascistas, que son el ariete del racismo y de la superioridad racial y religiosa, consiguiesen alianzas con quienes consideraban seres inferiores y moralmente despreciables). Sorprendido también porque he leído las páginas del libro de Bernabé López justo durante los días en los que se han producido los hechos lamentables de Ceuta y la interesada visita de Abascal a la ciudad. Y un estremecimiento recorría mi cuerpo. Quien sepa leer entre líneas, me comprenderá.

Y muy interesante también el personaje de Prieto del Río como representante español en Tánger durante los peores años.

Pero además de toda esta magnífica información que nos ofrece Bernabé López en El frente de Tánger (1936-1940), donde se mezclan las luchas y disputas políticas y los actos de violencia que se fueron produciendo en Tánger durante esos años (asesinatos, secuestros, atentados, asaltos… todo contados al detalle), va introduciendo también eventos, fiestas locales, celebraciones religiosas o inauguraciones que tuvieron lugar por entonces y que hacen del libro un auténtico pozo sin fondo de Historia en mayúsculas y de la historia diaria en minúscula de la ciudad y de sus ciudadanos. Como muestra, el siguiente extracto:

“Capítulo: El <Frente Crapular y el Komintern en el <paraíso> tangerino

(…) …Tánger, a pesar de las dificultades, explotaba su lema de <Un paraíso en la tierra> y se brindaba como ciudad de acogida de artistas, potentados extranjeros, aristócratas en refugio. A pesar de la proximidad de la guerra de España, el clima de inseguridad en Europa atraía hacia el <Oriente íntimo> de Tánger a un público que en otro tiempo hubiera preferido la Costa Azul para sus vacaciones o retiro. La ciudad crecía, se construían cinemas como el París, en la calle de Fez, cuya dirección pensaba reservar algunos días para proyecciones en lengua inglesa, se inauguraban hoteles como el Rif, obra de los arquitectos Raulin y Duché. Este hotel, bajo la dirección de Arthur Etter, abrió sus puertas al mendub y al cuerpo diplomático el 23 de diciembre, con Roger Gardon como chef de cocina y organizó su primera fiesta pública para el cotillón de fin de año con el banquete y baile de los Bretones de Tánger.

Un colectivo influyente como el francés celebraba con normalidad sus fiestas y reuniones, bajo la presidencia del omnipresente ministro Avonde-Froment, ya en el Hotel Valentina, donde el 18 de diciembre tuvo lugar el gran baile de la Association Sportive Française de Tánger (ASFT), o en el Restaurant du Coq d´Or, donde se reunieron para tomar la tradicional bullabesa en su banquete mensual los presidentes de la ASFT, agrupación de las sociedades francesas en la ciudad. Ante todos ellos, Avonde-Froment anunció que, a petición propia, el residente general de Francia en Marruecos, el general Noguès, había concedido una subvención para equilibrar el maltrecho presupuesto de la Zona de Tánger, dejando claro quién ejercía la hegemonía en la ciudad internacional.

Desde luego, España no podía ofrecer un espectáculo de unidad semejante ni siquiera una nómina de sociedades y asociaciones como la que se acaba de citar, pese al mayor número de sus conciudadanos…”

Leer este libro de Bernabé López me ha hecho reflexionar en muchas cosas, unas literarias, otras políticas, algunas sorprendentemente actuales como para no darles importancia. Por todas estas razones me parece una publicación más que atractiva, imprescindible sin duda para comprender ese período, indispensable para quienes se sienten atraídos por la mítica ciudad de Tánger. Una obra magnífica. 

Sergio Barce, junio 2021

BERNABÉ LÓPEZ GARCÍA

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