Archivo de la categoría: ARCHIVO DE IMÁGENES Y DOCUMENTOS DE LA HISTORIA DE MARRUECOS

LOS JARIYÍES

Siempre escuchamos o leemos que las corrientes principales del Islam son la suní o sunita, ortodoxa, y la chií o chiíta, que derivan de los partidarios de que el califa fuera descendiente directo del profeta Mahoma. Pero había una tercera corriente que se nombra menos: la de los jariyíes. Esta vía defendía que cualquier musulmán digno y justo podía ser nombrado califa, sin tener en cuenta su origen, su raza e incluso que fuera esclavo negro, siempre y cuando, claro, perteneciese a la comunidad de creyentes. Y son quienes me interesan, porque esta corriente se desarrolló en Marruecos.

Tanto los chiíes en la antigua Persia como los jariyíes en Marruecos fueron dos de las diversas manifestaciones o ramas descontentas del islam primigenio y, por tanto, heterodoxas. Y fueron los bereberes de Marruecos los que se inclinaron en mayor medida hacia esa corriente jariyí, curiosa por defender la elección del califa por los propios creyentes y no impuesto por un orden sucesorio o por el poder. 

Su origen lo explica así María Rosa de Madariaga:

“El jariyismo surgió cuando el califa Alí, yerno del Profeta, aceptó someterse al arbitraje de los hombres en una batalla frente a su rival Moawiya, y un grupo de combatientes prefirió abandonar la batalla antes que sancionar con su presencia una decisión que correspondía a Dios y no a los hombres. Muchos de los partidarios de Alí dejaron después Kufa, donde acampaba el ejército, para unirse a los que habían abandonado primero el campo de batalla. A estos se les pasó a conocer con el nombre de jariyíes o jariyitas (literalmente “los salientes” o “los que salen”), que en este contexto significa los “disidentes”, “heréticos” o “separatistas”. En esta corriente del islam, puritana, austera e igualitaria, las reivindicaciones sociales se expresaron en forma de creencia religiosa. Frente al islam ortodoxo de los invasores árabes, los bereberes encontraron en el jariyismo una manera de afirmar su identidad y de manifestar su oposición.”

Fue precisamente un jariyí llamado Abd al-Rahman Ibn Mulyam quien asesinó a Alí en el año 661.

Su rigor en lo que al cumplimiento de los preceptos del islam se refiere tiene como contrapunto una gran tolerancia hacia las otras religiones.

SIYILMASA 1

SIYILMASA

Fueron los jariyíes los que en Marruecos, en el siglo VIII, encabezaron la sublevación contra el califa cuando se decretó la subida de impuestos, y, al mando de Maisara, se hicieron con el control de Tánger. Poco a poco, los jariyíes continuaron su expansión e infligieron una serie de derrotas a los ejércitos de los distintos califas de la época, hasta que fueron vencidos por el gobernador de Egipto que los doblegó cuando intentaban conquistar Kairuán. Esto dio lugar a que los jariyíes se dividiesen en diferentes reinos: el de Tahert, otro en Siyilmasa y el que se denominó “el reino de los oasis de palmeras del desierto”.

Y varias tribus, que habían seguido en su momento a Maisara en su revuelta contra el poder del califa, encontraron en Salih a su nuevo líder. Curioso personaje el de Salih que se proclamó profeta de los bereberes y redactó un Corán en su lengua con variaciones en su ritual. 

Cuando los almorávides se apoderaron de Siyilmasa, arrasaron sus lugares de placer y, algo llamativo, también destruyeron todos los instrumentos musicales. 

Dentro del jariyismo surgieron distintas tendencias, unas más radicales que otras, y hoy en día los jariyíes que quedan pertenecen a la secta de los ibadíes y se reparten por Omán, Zanzíbar y por algunas pequeñas zonas del Magreb. 

Sergio Barce, mayo 2020 

SIYILMASA

SIYILMASA

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (10ª PARTE)

10ª entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

LARACHE plano de 1616

En abril de 1619, el nuevo Gobernador de Larache, Carrillo de Santoyo, había atacado el aduar de Rehien porque dos soldados españoles habían sido degollados por unos habitantes de ese aduar, y en ese ataque incendió las viviendas, causó más de doscientos muertos y capturó a 213 prisioneros.

Muhammad Zeguda, que se había establecido en Alcazarquivir, comenzó a hostigar Larache, y España envió una flota armada con seis galeras al mando de don Antonio de la Cueva que logró llevar hombres y víveres a la ciudad, y luego bombardeó Arcila.

En ese mismo año de 1619, el sultán Mawlay Zidan conseguiría vencer por fin a Yahia ben Abd Allah y aparecería en escena Muhammad ben Ahmad Zayani, más conocido como Al-Ayaxi, de los Beni Malik, de la región del Garb.

El sultán lo había nombrado caíd de Azemur, pero pronto se dio cuenta de su carisma y trató de asesinarlo, sin embargo, Al-Ayaxi huyó y se convirtió en un fanático islamista con un gran número de seguidores que declaró la yihab contra los infieles, y sus objetivos fueron La Mamora y Larache.

Atacó La Mamora en 1620 con un importante contingente de hombres y, aunque no la tomaron, sí causaron un gran número de víctimas entre los españoles. Y en 1621, ayudado por los moriscos de Salé y por fuerzas venidas de los Países Bajos, Al-Ayaxi volvió a atacar la misma plaza, pero los españoles aguantaron el envite y la llegada de una escuadra al mando de Contreras rompió el cerco y desbarató los planes del morabito.

FELIPE IV

FELIPE IV

En 1621 Felipe IV sube al trono a la muerte de su padre, y se encuentra un país casi en bancarrota. Esta situación afectaba, por supuesto, a las plazas de La Mamora y Larache que, según García Figueras, sobrevivieron y sobrevivirían aún por puro milagro gracias a las tropas que seguían defendiéndolas, aunque lo hiciesen con escasos medios y poca ayuda.

De hecho, Larache siguió siendo hostigada por Zeguda hasta quizá más allá de 1623.

Un soldado de Larache, Baltasar López Pardo, cuenta que en 1622  un caíd llamado Adriza, fiel al sultán Abd Allah, se instaló cerca de Larache con sus hombres y pidió ayuda a los españoles contra su común enemigo Zeguda, al que primero rechazaron y luego vencieron con un ejército compuesto por 600 soldados españoles más 300 jinetes y otros 400 infantes marroquíes, todos al mando del Gobernador don Pedro Rodríguez de Santisteban, que había regresado a su puesto de la mano del Felipe IV, pero ya como marqués de Cropani. En esta batalla, se consiguió un gran número de prisioneros de las huestes de Zeguda y un importante botín. Con ello, Zeguda acabó de ser un problema.

EL MARQUÉS DE CROPANI libro de José Marín Pinto

Pese a ello, Larache seguía con las mismas dificultades de provisiones y avituallamiento. A lo que se sumó que, en 1623, el Gobernador de la plaza, don Pedro Rodríguez de Santisteban, fue nombrado Maestre de Campo General del Reino de Portugal, siendo sustituido por el Maestre de Campo y Caballero de Santiago don Juan Jara Quemada.

Durante esa época, se fue creando un estado general de anarquía en todo Marruecos, y en Tetuán la familia Al-Naqsis comenzó a adquirir cierta relevancia. Tetuán, durante esos años, impulsó una relación fluida y constante con Inglaterra, facilitando el comercio, lo que perjudicaba a España. Sin embargo, nunca llegaron a entenderse del todo y ese comercio entre Marruecos e Inglaterra se confundía con las actuaciones de los corsarios. Holanda, por el contrario, sí supo manejar bien a los piratas a su beneficio en todo el litoral marroquí.

Felipe IV, mientras tanto, trataba de solucionar los problemas de abastecimiento y mantenimiento de las plazas marroquíes, pero no resultaba fácil. De hecho, en 1626, el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga daban informes muy negativos sobre la administración del nuevo Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada; mientras que éste se quejada al monarca de los escasos recursos con los que contaba para realizar su labor. Según don Juan Jara, los soldados españoles de la plaza de Larache llevaban ya, nada más y nada menos, que ocho años sin percibir sus sueldos.

Sin embargo, pese a estas dificultades, mientras la peste se extendía por Marruecos, causando incluso la muerte del sultán al-Malik, que había sustituido a su hermano Abd Allah tras su fallecimiento, la epidemia no alcanzó a Larache.

Lo que sí amenazó por entonces a la ciudad fue de nuevo Al-Ayaxi, que, tras su fracaso con La Mamora, centró su esfuerzo en tomar Larache. Y así, en octubre de 1626, atacó la ciudad aprovechando que muchos soldados españoles habían salido a recoger leña fuera de las murallas. Pero no contaba que, por costumbre, el resto de las tropas españolas se apostaba vigilante, y estos hombres rechazaron su ataque. La lucha fue cuerpo a cuerpo, y el Gobernador don Juan Jara sacó a sus tropas a campo abierto y diezmó al enemigo, huyendo Al-Ayaxi al verse derrotado. Como prevención por la peste, no se hicieron prisioneros y solo se tomó un gran botín en armas.

La relación entre el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga con el Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada iba a peor, hasta el extremo que Juan Jara encerró en una mazmorra a González de Vesga por no abonar ciertas cantidades a personas de su confianza. En julio de 1627 González de Vesga fue puesto en libertad, quizá porque, como apunta Tomás García Figueras, el Gobernador había abusado de su poder y porque seguramente actuaba movido por intereses personales, entre ellos, no pagar impuestos de aduana para el género que compraba a los marroquíes de Larache y que luego era enviado a su casa de Cádiz o poner en peligro a varios soldados españoles a causa de sus negocios privados.

Pese a las continuas quejas, el rey Felipe IV no tomaba una resolución contra don Juan Jara. Pero hacia finales de septiembre de 1627, el Gobernador falleció, sin que se sepan las causas. Con lo que este pleito, que lo enfrentaba a los Contadores, quedó sin resolverse.

 Lo que sí es evidente es que tales disputas demuestran que la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas. García Figueras, no obstante, achaca esta situación no tanto a sus protagonistas como al estado de abandono que la Corona española demostraba hacia la plaza de Larache y al resto de los enclaves españoles en Marruecos, sin atender al pago de los sueldos de sus hombres ni al abastecimiento de víveres y de avituallamientos ordinarios.

Seguirá…

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LARACHE – BAB AL QASBA O PUERTA DE LA ALCAZABA

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“LA CIRCUNCISIÓN EN EL JUDAÍSMO” (Y SUS ANÉCDOTAS EN LARACHE) POR EL TEBÍB HAROFÉ JOSÉ EDERY BENCHLUCH

Casablanca - Marruecos - escena de fiesta de circuncisión

Os traigo un artículo sobre la circuncisión en el judaísmo y su práctica en Larache que me ha enviado mi muy querido y admirado Pepe Edery, y que, como siempre, nos da una lección impresionante de Historia, medicina y tradición, todo ello, también como es habitual en él, salpicado de anécdotas curiosas y divertidas.  Creo que lo vais a disfrutar.      

LA CIRCUNCISIÓN  EN EL JUDAÍSMO

                           Por el Doctor José Edery Benchluch “Al Tebíb Harofé”

Generalmente cuando se habla de circuncisión se piensa automáticamente que este acto litúrgico-quirúrgico de extirpar el prepucio es exclusivo en el pueblo judío; y algunos instruidos lo atribuyen también en el musulmán. Lapsus cultural que nunca ha sucedido en mi región natal del Lukus ni entre los habitantes de las tres religiones de la ciudad costera atlántica de Larache, en especial durante el Protectorado de España en Marruecos. La circuncisión (del latín circum alrededor y cisio cortar) denominada en hebreo Milá (circuncisión) o Berit Milá (Pacto de la Circuncisión) consiste en cortar una parte o la totalidad del prepucio del pene que recubre al glande dejando a este al descubierto. Con una consiguiente y muy ligera merma en su sensibilidad coeundi como órgano copulador, pero que tiene la ventaja de profilaxis de muchas enfermedades venéreas, de transmisión sexual y micóticas (hongos), así como en retardar una eyaculación precoz.

Durante mi extensa etapa profesional urológica, he circuncidado a decenas de gentiles entre niños, adolescentes y adultos; y muchos de estos últimos en conversiones en clínicas. Aunque una mayoría en determinada festividad religiosa islámica como era el Aid el Mulud (conmemoración del nacimiento de Mahoma) a centenares de infantes públicamente en colaboración con enfermeros y barberos especializados (Iajjam) musulmanes; ya que en el Marruecos islámico para circuncidar litúrgicamente a un mahometano había que estar circuncidado. Y lo hacía mejor que aquel conocido mohel (circuncidador religioso) de Larache de mi infancia, el señor Moshé B. que vivía en un bajo de la calle Duquesa de Guisa y que dejaba a una gran mayoría de niños judíos larachenses con la secuela de orinar de lado o hacia abajo verticalmente. Se reconocían unos a otros cuando orinando públicamente contra una pared o árboles, lo que era habitual durante nuestros juegos infantiles, salía el chorro anormal. Sucedido de la expresión que fue típica en Larache <<¡ A ti te ha cortado la shosha (hecho la milá o circuncisión) rebí Moshé” ¡>>.

Pero la verdad es que siempre tuve dificultad en mostrar ser “lyudi” en la zona ex francesa de Marruecos pues la mayoría de los pacientes y de las autoridades musulmanas me tenían por un “ispanioli nasrani” (“español cristiano”, de nasrani o “nazareno” en referencia a Jesús). Hay que tener presente que, aunque en el Islam la circuncisión no es una obligación señalada en el Corán, sí lo es por tradición reflejada en varios hadits y en la sunna (dichos y hechos del Profeta recogidos por sus compañeros o ashab). Y a un musulmán magrebí solo le puede practicar la circuncisión una persona que esté circuncidada ritualmente.

Teba de la Snoga de Ibn Danan, similar a la de la Snoga de Berdugo de Larache

En los adultos y en un beneficio solo coeundi para la pareja, aprovechando un resto del prepucio, solía yo formar en el dorso de pene tras su corona un pequeño muñón que se endurecía al cicatrizar; y que durante el acto con el prepucio y la corona aumentaría el contacto y estímulo del residual embrionario pene clitoridiano femenino. Lo que mis compañeros dieron por denominar como “espolón de castigo” en plan jocoso; pero que tan buenos y excitantes momentos habrá proporcionado a la pareja con “mi obra”.

¿Halash, Pourquo, Lama, Why o el Porqué se efectúa la circuncisión?

Y nos preguntan o nos preguntamos también ¿Cuál fue su origen en el pueblo hebreo?

Cuando comentamos o buscamos el porqué de la circuncisión en el pueblo judío solemos recurrir o recordar el pasaje bíblico de la Torá (Ley) en el Tanaj (Biblia) en el libro de Berechit o Génesis en 17-10 y 12 en la Perashá semanal de Lej Leja cuando El Dió le dijo a Abraham: << “(en el 10) Este es Mi Pacto que vosotros guardareis tú y tu simiente después de ti: todo varón de vosotros será circuncidado”.<<( y en el 12) “Al cumplir el octavo día todo varón de vosotros será circuncidado durante todas vuestras generaciones: todo el que nazca en tu casa o el extranjero que sea comprado con vuestro dinero”.>> .

¿Pero porqué un acto cruento y doloroso como señal del Pacto y no otros incruentos y más sencillos como, por ejemplo, una Tebilá o purificación por inmersión? ¿O es que en su región y en la época de Abraham existía ya la costumbre de la circuncisión? Recurriendo a la historia, y haber sido Premio Nacional de Catecismo en mayo/junio 1952 (PP Astete y Vilariño) representando al Colegio de los HH. Maristas de Larache durante el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona promovido por el Papa Pio XII. Voy a exponeros mis tesis y conclusiones con todo el respeto y adhesión a mis creencias religiosas mosaicas. Ya que hay que pensar que El Creador en ocasiones utiliza su obra o se vale de la naturaleza o del ser humano para realizar sus milagros, prodigios o actos. Y en “El Pacto” no es ilógico o descartable que utilizase una tradición o prácticas existentes en la región. En la misma línea que encontramos en el Vayikrá o Levítico la permisión de poder comer de las cuatro especies de insectos jagab, entre ellas nuestra sabrosa langosta shistocerca gregaria. Una delicia de nuestra infancia en Larache (y en Marruecos) durante el Protectorado durante las plagas periódicas subsahariasnas que invadían el país, quizás por ser tradicional su ingesta en su dieta en las regiones en la zona afroasiática; frente a la prohibición total de comer insectos.  

En la región de Mesopotamia donde nació en 1813 en Ur de Caldea y vivió el Patriarca Abraham (falleció en 1638 a los 175 años de edad), se practicaba de forma generalizada la circuncisión. Inicialmente a los esclavos y cautivos como signo diferenciador y posteriormente de forma ritual; tanto en la época de Hammurabi como en la de su coetáneo Abraham. Ya desde tiempos anteriores se practicaba la circuncisión en toda la zona “con desiertos” del Oriente Próximo, lo que cabe decir que se practicaba en todos los países y territorios que se denominaba como “El Creciente Fértil”. Testimonios históricos señalan su práctica en el año 2500 a.EC en pueblos semitas de Arabia que emigraron a Mesopotamia, como los amorreos que con Hammurabi crearon la Dinastía Amorrita en 1.792 a.EC cuando Abraham, uno de ellos probablemente, tenía unos 25 años. Pueblo amorreo que se instalaron en Caldea tanto en la región de Asiria al norte como en la de Babilonia en el sur; y que posteriormente fue enemigo acérrimo de Israel.

Durante el reinado de Nabucodonosor II, unos 1000 años después de Abraham, al tomar por dos veces la ciudad de Jerusalén, los israelitas del Reino sureño de Yehudá (Judá) fueron deportados a Babilonia donde al ser más numerosos los de la tribu de Yehudá serán llamados desde entonces a todos con el nombre de “judíos”. Fue en este forzado exilio de algo más de 50 años (de 587 a 521) donde nacieron los conceptos de “Sinagoga” (recinto comunitario y lugar de culto) y “Rabino” (pastor y juez) como complemento y casi sucedáneo del destruido Templo Bet Hamikdash y su sacerdocio. Pero sobre todo se generalizó la circuncisión practicada también por otros pueblos de la región, que adquirió una importancia capital como signo distintivo que sellaba la Alianza entre El Dió de Abraham y su pueblo.

circuncision

En las regiones a lo largo del río Nilo como Egipto, Nubia (la Kush bíblica) y Etiopía, desde centenares de años antes de los israelitas en tierras del Bajo Egipto, ya se practicaba la circuncisión entre sus pueblos. Abraham había viajado varias veces al Bajo Egipto con sus caravanas, partiendo de Beer Sheva como centro logístico, atravesando el Sinaí y conociendo en estas regiones sus prácticas y tradiciones. Y lo mismo sucedió a sus descendientes hebreos durante su migración desde Canaán durante los siglos XIV y XIII a.EC hasta su salida con Moisés. La circuncisión ya es nombrada en Egipto por Herodoto en el siglo V a. EC. Aunque en un bajorrelieve en la tumba de Ankhamahor en Saqqara (Egipto) durante la Sexta Dinastía en 2.300 a.EC (siglo 24) se observa la escena mas antigua de una circuncisión en un adulto. Circuncisiones tradicionales arraigadas desde siglos en estos países, lo que se ha traducido que en las comunidades cristianas de las Iglesias Copta en Egipto y la Ortodoxa de Etiopía, entre otras africanas, esté institucionalizada la circuncisión entre sus fieles, aunque también por influencias y herencia mosaicas.

Y aquí se presenta otro halash: ¿Por qué los cristianos rechazan la circuncisión y/o ser circuncidados litúrgicamente? Recuerdo que, hasta la década de los cincuenta en los calendarios con las festividades y en los libros litúrgicos cristianos, figuraba el 1º de Enero como “Festividad de la Circuncisión del Señor”. Y a partir de esas fechas tanto católicos como luteranos y ortodoxos han hecho desaparecer dicha nominación como festividad. Hasta el año 50 de la EC los neófitos cristianos eran o estaban circuncidados ya que la circuncisión era una condición para seguir la doctrina de Jesús apoyada enteramente por su hermano Santiago a partir del año 33 EC, sobre todo en Jerusalén. Pero a partir del Concilio de Jerusalén y su “Decreto Apostólico” se inhabilita entre los judeocristianos y gentiles como obligación la circuncisión. Sobre todo, con la propaganda negativa de Saulo de Tarso (S. Pablo) apoyado por Bernabé entre los gentiles y sobre todo los griegos (que despreciaban la circuncisión y a los circuncisos) para obtener la simpatía y adhesión de estos. Y en contra de la línea de Santiago que dirigía la Iglesia en Jerusalén y al que había faltado a sus promesas de cambio de conducta. Pero esto es otro interesante y polémico capítulo que escribiré sobre el ex judío fariseo de condición romana nacido en Tarso y de discrepancia con las enseñanzas de Jesús que dijo:“No penséis que he venido a abrogar la Ley y los Profetas. Os digo que antes pasaran el cielo y la tierra, que falte una yota (Yud) o tilde de la ley hasta que todo se cumpla”(Mateo 5,17).

¿Pero porqué todos estos pueblos de regiones desérticas realizaban desde siglos la ablación del prepucio o circuncisión? Independientemente del aspecto tradicional, religioso o de dependencia entre dueño y esclavo, siervo o prisionero, existía una aplicación práctica y profiláctica en dicho acto quirúrgico de una seudo mutilación. Aplicación relacionada con el clima y vestimenta, y de la arena de los desiertos.

El clima, la vestimenta y los desiertos de las regiones arábicas, cananeas, mesopotámicas, egipcias y nubias desde tiempos y siglos anteriores a Abraham habían incidido indirectamente en la realización de circuncisiones. El clima tórrido de estas zonas había obligado secularmente a sus gentes a llevar una vestimenta particularmente ligera, que, aunque en los lejanos siglos al principio se confeccionaba con pieles, sucesivamente se fueron utilizando ropas mas ligeras térmicamente con lana y lino, y las clases pudientes con seda. Pero desde la más lejana antigüedad no se utilizaban prendas para cubrir o proteger los órganos genitales masculinos (y puede que también los femeninos) hasta la época romana, muchos siglos después en que, como ropa interior masculina, se comenzó a utilizar una especie de pañal denominado subligaculum.

En los imperios mesopotámicos lo más usual era utilizar como prenda de vestir el caunace o pérside desde antes del año 3.000 a.EC que era una prenda unisex que se usaba en forma de falda hasta las rodillas o tobillos dependiendo de la clase social. Las altas llevaban debajo una túnica hasta los pies llamada candy, y todos desnudos debajo de la falda. En el Egipto y Nubia de los faraones el pueblo solía llevar taparrabos solo por delante y detrás; y, a lo más, por encima una faldilla llamada shenti atada con un cinturón de cuero.

Estos tipos de vestimenta desde tiempo inmemoriales no solo no impedían, sino que facilitaban el contacto con las arenillas de los desiertos tan expandidos en todos estos países y que las caravanas y el nomadismo atravesaban periódicamente o vivían en ellos. Arena que con, tanta facilidad de vestimenta, se introducía entre el glande y el prepucio del pene produciendo irritaciones o infecciones. Lo que desde tiempos inmemoriales combatieron practicando en todos estos países la circuncisión, incluso en tiempos de Abraham y de los hebreos en Egipto. Amparada la arcaica intervención muchas veces en pretextos legales, tradicionales, costumbristas o teológicos. Obviamente en países europeos (como Grecia) u orientales al no existir estas características de terreno y clima no existía el problema. Y la circuncisión no se practicaba y hasta se aborrecía y/o criminalizaba, como sucedió en nuestra historia bíblica con el rey sirio Antíoco Epífanes en su lucha con los macabeos, o con el emperador romano Adriano en la guerra judeo-romana.

ANTIGUAS TIJERAS PARA LA CIRCUNCISIÓN MARRUECOS

Antiguas tijeras para la circuncisión utilizadas en Marruecos

Algunos me preguntaréis para embolicarme o shenfearme: ¿Y cómo en países No desérticos como algunos Subsaharianos, o Hispanoamericanos como en el Imperio Azteca, se practicaba la circuncisión desde hacía siglos? Efectivamente sabemos que Cristóbal Colón y otros colonizadores españoles trajeron a España indios circuncidados. Pero es que, además de las connotaciones teológicas y tradicionales de cada uno de estos países, la razón fundamental es similar a la de las arenas del desierto de los países descritos. Pero en lugar de arena, el incordio para estos penes africanos e iberoamericanos es la humedad en estos países que produce y favorece en el reservorio entre glande y prepucio un espacio ideal húmedo para el desarrollo de gérmenes, principalmente hongos, con las consiguientes infecciones. Por lo que se dieron cuenta que la mejor profilaxis era suprimir con la circuncisión el reservorio. Lo mismo que suelen hacer por parecidas razones médicas o profilácticas varios países anglosajones, principalmente el Reino Unido (impulsado por la Realeza, aunque la princesa Diana se negó a que se efectuase en sus hijos, habiendo descendido su práctica nacional actual de un 6% a un 2%) y EEUU de América. En este último país se efectúan anualmente mas de un millón de circuncisiones profilácticas no litúrgicas, de las que un 60% fueron en recién nacidos. 

Y termino en un breve epílogo intentando razonar los halash de mi artículo. Pienso que, si nuestro Patriarca y luego el legislador mosaico tenían que aplicar un pacto entre El Dió y el Pueblo Elegido, nada más sencillo y práctico como un acto o práctica tradicional y útil en las regiones desérticas con contenido religioso y/o profiláctico como ya existía en muchos de los pueblos donde moraban tanto los seguidores de Abraham como los de Moisés. La circuncisión reunía por tres razones las características idóneas de un instrumento para un pacto o señal entre dos partes: ya que era habitual en el paí, marcado con sangre como se hacía ancestralmente para indicar seriedad, hermandad o sumisión (el amo con un esclavo o prisionero) y, sobre todo, por ser una señal perenne, imborrable, no visible aparentemente y sin dejar secuelas.

En Málaga. En reclusión domiciliaria por el keter(corona)virus- Al Tebíb José Edery Benchluch. 2020.

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SERGIO BARCE, JOSE EDERY y ADNAN MECHBAL

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“AISHA QANDISHA, EL MITO”, POR AZIZ AMAHJOUR

Siendo niño, cómo corríamos por las calles de Larache cuando alguien gritaba “¡que viene la Aisha Qandisha!”. Ni mirábamos atrás. Salías dándote patadas en el culo antes de que ella pudiera atraparte. “¡Bismi Lláhi arrahmáni arrahím!” gritaba alguno, que tampoco se detenía para comprobar que Aisha ya no nos seguía. Qué miedo daba su simple nombre.

La Aisha Qandisha, (que a veces se escribe como Aisha Kandisha) de la que se decía que era la más hermosa de las mujeres, pero que sus pies eran de cabra o de camello, y que si te atrapaba en sus redes morías o te volvías loco, es un personaje fascinante. Es parte de mi infancia, y aparece en algunos de mis relatos, y también en algún otro de mi nuevo libro de cuentos que espero tener ya listo para dentro de unas semanas. Incha Al´láh.

Aisha Kandiha

Mi apreciado amigo, el profesor Aziz Amahjour, escribió un artículo muy interesante y aleccionador sobre Aisha Qandisha para una conferencia pronunciada en la Facultad de Lengua y Literatura de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo de Morelia (Michoacán – México) en 2012, titulado “Literatura oral de Marruecos. En torno al personaje de Aisha Qandisha: ¿una lejana hermana de la Llorona?“.

De este artículo reproduzco a continuación un fragmento:

“AISHA, EL MITO

Como mito, el tema hunde sus raíces en la época preislámica. Concretamente se le sitúa en la época de presencia fenicia en Marruecos (en torno al año 1000 a.C.). A Aisha se la relaciona con la diosa fenicia del amor Astarté, versión de la diosa babilónica Ishtár, gran símbolo de la fertilidad. De hecho, Aisha Qandisha aparece o vive donde hay agua, como ya hemos referido. Kedechas (de donde se supone que proviene su apellido o calificativo, según esta interpretación) son las santas de los templos cananeos donde se practicaba el sexo sagrado. Y a su marido Hammu Kayu (ya que, según se cree, Aisha también tiene marido) se le identifica con el marido de Astarté: Hamon. Curiosa correspondencia, por cierto, a nivel lingüístico, entre los dos nombres, como se puede observar.

Bien por importación, bien por identificación (o sea, tanto si fue introducida por los fenicios como porque ya existía como deidad femenina local), Aisha como mito, muy relacionado con el agua (ríos, estanques, prados, etc) es un claro símbolo de la fertilidad. Y al igual que las diosas orientales de los templos del amor sagrado, Aisha se vale de sus perfectas proporciones por una causa sagrada: luchar por su tierra y vengar la muerte de los suyos según la leyenda que sigue viva en el imaginario popular marroquí. Aunque, a decir verdad, Aisha lo es más -es más viva- como personaje que impone e infunde miedo; un miedo muy especial, fundido con una especie de respeto que raya en la misma devoción.

Aisha, como los auténticos dioses, sigue viva; de hecho el significado de su nombre lo indica: Aisha, <la viviente>. Aisha Qeddisa, según sentencia el profesor Chimenti, <decaída de su dignidad de diosa, habiendo perdido su nombre de Istar y no brillando ya entre los astros, no ha conservado otra cosa que su nombre de viviente y el respeto del pueblo, respeto del que participa con una infinidad de genios>.

Sea una reminiscencia de la diosa Astarté, un personaje legendario (la <Condesa> que luchó contra los portugueses) que el imaginario marroquí trató y trata de eternizar, o un espíritu maléfico, demonio o genio que infunde miedo y habita el inconsciente de muchos marroquíes, Aisha sigue siendo una diosa a juzgar por el respeto que impone y por sus atribuciones y su singular belleza.

El personaje de Aisha Qandisha guarda muchas similitudes con otros personajes del folclor universal, como las damas blancas del folclore europeo, las xtabay mayas, y, sobre todo, con el famoso personaje mexicano-azteca de la Llorona“.

Aziz Amahjour es Doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Coordinador del Departamento de Estudios Hispánicos de la Facultad Multidisciplinar de Nador. Es especialista en Literatura Oral en el Mediterráneo e Hispanoamérica. Y, además, una gran persona. 

Sergio Barce, abril 2020

AZIZ AMAHJOUR

AZIZ AMAHJOUR

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Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

CASABLANCA – Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

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LARACHE VISTA POR… EL MORO VIZCAÍNO

JOSE MARIA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

JOSÉ MARÍA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

En su libro Larache a través de los textos (Junta de Andalucía – Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2004), Lola López Enamorado recoge, entre los distintos textos, el relato del moro vizcaíno José María de Murga y Mugártegui (Bilbao, 1827 – Cádiz, 1876), redactado en el siglo XIX. De Murga fue un viajero, militar y escritor español que participó en la Guerra de Crimea como agregado de la comisión española. Había estudiado árabe en París, y en Madrid se doctoró en cirugía menor. Abandonó el ejército tras no poder participar en la Guerra de África, y en el año 1863 emprendió su primer viaje a Marruecos que hizo vestido con chilaba y con la compañía de un asno, haciéndose pasar por renegado bajo el nombre de Hach Mohamed el Bagdady. En Marruecos trabajó como curandero, exorcista, sacamuelas, partero e incluso de buhonero. En ese viaje recorrió Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Mequinez, Fez, Salé, Rabat y Fedala, y luego regresó a España. Fruto de esta experiencia es la obra titulada Recuerdos marroquíes del Moro vizcaíno, publicada en Bilbao en 1868, por la Imprenta de Miguel de Larumbe. Un compendio de impresiones, historia, observaciones etnográficas, radiografía social y reflexiones producto de sus vivencias. Encargó doscientos ejemplares y se los regaló a sus amigos de un lado y otro del Estrecho.

(También hay una publicación más actual de la obra en Miraguano Ediciones)

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga miraguano ediciones

En 1870 fue nombrado diputado general del Señorío de Vizcaya, y aunque realizó un segundo viaje a Marruecos, hubo de cancelarlo al poco tiempo de partir, y ya nunca pudo regresar, pese a sus deseos por hacerlo.

Estos datos los aporta tanto Lola López Enamorado, como Federico Verástegui, estudioso de la figura del arabista vasco, y que se puede hallar en el Blog de Roge:

https://blogs.eitb.eus/rogeblasco/2009/09/30/federico-verastegui-recuerda-a-jose-maria-de-murga-%E2%80%9Cel-moro-vizcaino%E2%80%9D/

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga

Lola López Enamorado seleccionó un largo extracto de ese relato del moro vizcaíno, del que extraigo únicamente los primeros párrafos:

“…Un encuentro sangriento junto al río de los Judíos (inmediaciones de Tánger) y en el que, aunque vencedor, salió con vida (el rey portugués don Sebastián), merced a su valor desesperado y temerario, no hizo sino afirmarle en su idea de empeñarse en empresas de más cuenta y, apenas puesto el pie en sus Estados, empezóse a ocupar de los preparativos para ella. Con ánimo tan dispuesto no le fue muy difícil dar oídos a las promesas del destronado Cherif ni a este el asegurarle que, apenas desembarcados, el país se sublevaría en masa a nombre suyo y que recibiría, en cambio de su ayuda, muy grandes y ventajosos territorios. Uno de tantos, y que no lo era poco en aquel tiempo, y aun muchos años después, era el puerto de El Araich (Larache) próximo a la boca del Estrecho y verdadero nido de piratas, donde no sólo se abrigaban los africanos sino también los turcos, según se convinieron con el usurpador Abd-el-Melec al darle ayuda.

(…) Obligado se vio don Sebastián a comprender que sus fuerzas no bastaban y abatido y caviloso acudió a su tío el Rey de España, hermano de su madre doña Juana, en demanda de auxilios y de ayuda. Entabláronse las negociaciones por medio del Embajador don Pedro de Alcanora, al que se envió a pedir a Felipe II la mano de su hija Isabel Clara Eugenia. Diole largas en cuanto al matrimonio y le prometió soldados y galeras en número bastante para hacerse dueño del puerto de Larache el que, según expresión del Rey de España, valía él solo todo el África…”

LARACHE A TRAVÉS DE LOS TEXTOS

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