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“PIZZICATO” CON MIGUEL ROMERO ESTEO

El pasado 23 de septiembre acudí al Rectorado de la Universidad de Málaga donde comenzaba un ciclo dedicado a la memoria y obra del dramaturgo Miguel Romero Esteo, organizado por la propia Universidad y la Asociación que lleva su nombre, que ese día estaba dedicado a “La música en la obra de Miguel Romero Esteo”.

Fue una suerte ir, porque disfruté enormemente al encontrarme allí con dos amigos, mi profesor de filosofía Juan Gavilán, y el poeta Salvador López Becerra, y los tres recordamos anécdotas de nuestros años con Miguel o de sus frases inolvidables y de su actitud ante la vida y el teatro. Y también disfruté con la interpretación de los temas musicales que ejecutó el Cuarteto de Cuerda de la Orquesta Málaga Camareta, con la soprano Lourdes Martín-Leiva y con los arreglos, adaptación y dirección musical de Luis María Pacetti. La actuación fue divertida, como no podía ser de otra manera tratándose de partituras ideadas por Miguel Romero, pero también de gran calidad. Nos sorprendieron muy agradablemente y cantamos todos como si estuviésemos en una taberna tomando jarras de cerveza. Literal.

Miguel Romero Esteo

Miguel Romero Esteo

Después del acto volvieron los recuerdos, como me ocurrió cuando me llegó la noticia, hace ya un año, de su muerte. Miguel Romero Esteo, una de las personas más generosas que he conocido, que fue Premio Nacional de Literatura Dramática, Premio del Consejo de Europa por su obra magna Tartessos o Premio Andalucía de Teatro, dedicaba parte de su tiempo a enseñarnos a escribir a un grupo de muchachos y muchachas universitarios, como él nos llamaba. Con él aprendí a narrar con cierta decencia, y fue él quien me editó, en sus Papeles del Calafate, un par de mis relatos. También me descubrió a autores que yo no conocía y me abrió a un mundo narrativo distinto e innovador.

Y esa misma noche del pasado lunes busqué en mi biblioteca el ejemplar de su pieza de teatro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos (Cátedra – Madrid, 1978), que compré en la Librería Proteo en 1982 por trescientas pesetas, y releí una vez más su pequeña autobiografía que sirve de presentación del autor antes de su obra teatral. Y no dejé de sonreír mientras leía, sonreía por sus anécdotas y por su peculiar forma de construir las frases, únicas e inimitables. Y he pensado que no estaría mal traer un fragmento para compartirlo con vosotros.

Sergio Barce

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Sergio Barce, Juan Gavilán y Salvador López Becerra

Fragmento de su Introducción al curriculum vitae y al agua de rosas, de su libro Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos:

“Los años de la postguerra.

Liamos los bártulos otra vez, y nos volvimos al pueblo. En el pueblo se habían quedado las gentes de orden y las gentes de bien. Y las gentes de orden y las gentes de bien se habían saqueado una por una sistemáticamente todas las casas. Y no unas cuantas casas de ricachos caciques como es lo que los milicianos habían hecho. En el pueblo, muchas gentes de orden y gentes de bien se han pasado los muchos años de la postguerra yéndose a Córdoba a venderles muebles y cosas del botín a los anticuarios, y de eso han venido viviendo tan ricamente. Hasta las monjas y los frailes habían coparticipado caritativamente en esa cosa del saqueo sistemático y el botín. Todo el pueblo estaba minuciosamente saqueado, y las gentes de orden y las gentes de bien decían que ellas no habían sido, que habían sido los moros. De nuestra casa se habían llevado como botín hasta los clavos de las paredes. Así que otra vez a dormir en el suelo, y qué hacer y qué no hacer. De las monjas se trajo mi madre tan sólo el santo cristo, y les dejó no sé qué óleos que valían mucho y que las indinas de las monjas no querían soltar. Visto que entre saqueo y fusilados el pueblo era una tumba, encomendándose piadosamente al santo cristo mi madre lió los bártulos, y nos fuimos a Málaga.

(…)

Al llegar ya con la primavera las primeras calores, nos bañábamos de matute y en pelota los chiquillos en la playa de El Morlaco. Luego, en una hoguera en mitad de la playa, nos asábamos mejillones, lapas y cañaiyas. Y sardinas que nos daban cuando a los pescadores les ayudábamos a tirar del copo. A las lapas había que sacarles una cosa verde -puede que la bilis, o algo así- antes de comérnoslas. En cuanto que me veía llegar bien tostado del sol y con olor a mar, mi madre me investigaba las cejas para ver si tenían salitre. Y si tenían salitre, es que me había bañado en cueros vivos, y me breaba mi madre los cueros con la zapatilla. Así que luego de bañarnos de matute, los chiquillos íbamos a una fuente y allí nos quitábamos de cara y piernas y brazos el salitre a base de agua dulce. Entonces el mar estaba siempre lleno de barcos de vela. De blancos veleros en mitad de las aguas por bajo del sol. De los cartuchos de caza -que había traído mi padre cuando apareció por Navidad- lo que más me gustaba era cogerles a puñados los pistones, y poner luego un rosario de pistones en la vía del tranvía. Y luego, al pasar el tranvía, los pistones explotaban igual que un tiroteo, y se paraba el tranvía, y se bajaban los tranviarios a ver si era la caja de transmisiones que se les había reventado, o era el maquis de las montañas. Otra cosa que mucho me gustaba era fabricar cometas con cañas, engrudo y papel de periódicos. Luego se nos quedó vacío el piso bajo, y allí en la habitación de fondo organizábamos un escenario, y en la habitación de por delante se sentaban las chiquillas hermanas de mis amigos, y hacía de boca del escenario la puerta entre ambas habitaciones. Con colchas y sábanas y espadas hechas a base del tallo de las hojas de palmera, improvisábamos espectáculos para las chiquillas y los niños chicos. Había un hilo argumental que siempre era a base de barco, capitán pirata al abordaje, y luego un fantasma ensabanado. El barco lo hacíamos con sillas, y encima una sábana grande. La verdad es que la cosa terminaba siempre como happening, o terminaba en un combate de esgrima. O terminaba con el fantasmón de la sábana poniéndole un tenedor en el cogote al pirata, y matándoselo a base de tenedor allí en mitad del suelo. Y es que si utilizábamos cuchillo, mi madre luego me organizaba una reprimenda de aúpa, y nos echaba rápido a la calle en cuanto nos veía en plan de teatro en las habitaciones vacías…”

Miguel Romero Esteo

Pizzicato irrisorio... portada

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LARACHE Y SALVADOR LÓPEZ BECERRA EN SU LIBRO “LA BARAKA Y OTROS TEXTOS MARRUECOS”

El Centro Cultural Generación del 27 junto a la Diputación de Málaga editó hace unos meses La baraka y otros textos marruecos (febrero, 2018), de Salvador López Becerra, un libro voluminoso en el que se ha recopilado prácticamente la totalidad de la producción literaria de uno de los poetas más reconocidos de nuestras letras, y donde también se recogen algunos textos inéditos. 

LA BARAKA

Ya he hablado otras veces de sus versos, tan fascinantes y tan pasionales. Y de su profundo enraizamiento con Marruecos, relación de amor-odio que “entizna” toda su obra.

Salvador López Becerra ha incluido en esta antología colosal una serie de textos escritos cuando pasada o residía o vivía en alguna ciudad o pueblo de Marruecos. Los tituló Raï (Reflexiones, retratos, esbozos, diarios y otros apuntes sobre/desde Marruecos) (1985-2017) y dentro de estos encontramos los calificados como Inéditos, entre los que hay varios pasajes dedicados a Larache. Y como si fuese una especie de anzuelo para entrar en sus páginas me permito reproducir algunos de esos pequeños esbozos que Salvador ha dedicado a mi pueblo.

Solo me queda, además del goce por leer estas reflexiones y sus poemas, el orgullo de que Salvador contara conmigo (al igual que ha hecho con otros amigos escritores) para que leyera el borrador inicial de esta antología suya y le diera mi humilde opinión. Ojalá le aportara algo que le mereciera la pena.

Sergio Barce, enero 2019

 

Es curioso: antes, los apuntes que escribía en Larache hablaban de un futuro o un sueño mentirosamente perdido, hoy el presente de nuevo se me escapó: esta vez volviendo al pasado. Definitivamente: en Larache no hay maneras de estar en presente, creo que el nombre real de esta ciudad es Pasado. ¡Oh, pobre tierra desabrigada de sí; de su memoria, de la mía utópica y la de tantos que a pesar de todo siguen amándola en los recuerdos, sólo en los recuerdos!

***

(Larache, 6 enero 2008)

He pasado por la puerta de la casa portuguesa del viejo Jarduchi. Recuerdo, como a un entrañable perfume, a este veterano fumador de kif que nunca se hastió de ser funcionario español pésimamente recompensado. ¿Qué mayor compensación, me decía, que tener barriga y pies calientes cuando el resto va descalzo y los más comían un mendrugo con raspas de sardinas? Jarduchi era extrañamente grato, por eso vivió muchos años.

***

(Larache, 6 enero 2008)

(Comentario de un viejo larachense)

Desde que esto no es esto, a mí no me gusta esto.

Foto de Giovanni Parillo

LARACHE – foto de Giovanni Parillo

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“LALLA”, EL VERSO SUELTO DEL POETA SALVADOR LÓPEZ BECERRA

Le preguntaba el pasado sábado a Salvador López Becerra quién es Lalla, esa mujer que protagoniza tantos poemas en sus libros. La encontré en Kilim (Agencia de Cooperación de la Junta de Andalucía, 2005), había vuelto a aparecer en el borrador que Salvador me ha dejado leer del volumen que publicará en breve, y la reencuentro en el libro que me regaló ese mismo día: Cuadernos del Atlas (El Aguacero Libros, 1996).

No es una mujer en concreto, me explica, sino una ensoñación, una mujer marroquí que sólo existe en mi imaginación, en mi deseo, una fantasía. Le digo que es una pena que Lalla no exista porque, sinceramente, había caído en sus redes.

Lalla no es una mujer cualquiera, ni una metáfora en el tiempo perdido sobre las arenas del desierto y la mar. Lalla es el Amor completo.  

SLB

"Instant de reve", obra del pintor larachense Rachid Sebti

“Instant de reve”, obra del pintor larachense Rachid Sebti

La poesía de Salvador López Becerra juega con la armonía de lo que físico y tangible, y las sensaciones y los sentimientos. El lenguaje se engarza entre adjetivos inverosímiles y descripciones cromáticas, en versos de maestro. El arte se transforma en música, y Lalla siempre como inspiración. 

Lalla es el cansancio y su ausencia.

La agilidad del sueño.

Púa herida en mi rosal.

SLB

Escuchaba el otro día a Salvador López Becerra hablar de Lalla, de esa mujer que no existe, y maldije que fuera así, que fuera imposible conocerla. Hay cosas que sólo la literatura, la poesía en este caso, es capaz de crear. Lalla es como un verso suelto de Salvador, el más bello verso. Y se me ocurrió decirle que recopilara todos los poemas escritos a Lalla y los editara como un libro independiente. Tal vez fui muy audaz al decírselo. Y creo que, tal y como Salvador me argumentó, están bien como están, entre otros poemas, como escondidos o agazapados, apareciendo por sorpresa para mostrar de nuevo a Lalla, igual que un deseo imposible. Así nunca nos saciaremos de ella.

Sergio Barce, marzo 2017

Lalla, el Sahara quisiera ser inmenso para caber en tus inabarcables ojos.

SLB

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Lalla es el cuerpo para un amor de arena.

El aliento profundísimo de la luz y el desgarro.

Un lugar sagrado con sus milenios y derrotas.

Mi estrategia.

SLB

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Sobre la arena, hincada en sus entrañas, huérfana de

malicia, la luna cabalga como un tuareg imitando la

danza de los ojos de Lalla.

SLB

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SALVADOR LÓPEZ BECERRA

SALVADOR LÓPEZ BECERRA

 

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“CHOUKRI, UN HOMBRE SINCERO”, DE DRISS DEIBACK

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PARA VER EL TRÁILER DE ESTE DOCUMENTAL, ENTRA EN EL SIGUIENTE ENLACE:

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El pasado día 29, se estrenó en el Festival de Cine de Málaga, el documental de Driss Deiback “Choukri, un hombre sincero“. Un film que, como pudimos comprobar, impactó a los espectadores que no conocían la figura del escritor marroquí y que, curiosamente, provocó que en pocas horas se agotaran en las librerías malagueñas los ejemplares de sus libros. Buena señal de que el documental logró su objetivo.

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CHOUKRI, UN HOMBRE SINCERO

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