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“UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE”, NOVELA DE SERGIO BARCE

Para quienes aún no hayáis leído mi novela Una sirena se ahogó en Larache, aquí tenéis el primer capítulo completo. Con esta obra, quedé finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012.

La portada es una hermosa estampa de las calles de la medina de Larache, fotografía de Itziar Gorostiaga.

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

“Tami es un niño de cuerpo frágil pero despabilado, de ojos hambrientos, que padece una enfermedad que le perfora los bronquios y los pulmones. La humedad de la Medina no le sienta demasiado bien, pero él es feliz en sus callejones. Le gusta jugar al fútbol en la playa y corretear por las callejuelas del barrio de la Alcazaba y bajar corriendo con sus amigos por la calle Real hasta el puerto; y le embrujan los cuentos de su abuelo. Son suficientes razones para que no pueda imaginar la vida en otro lugar.

   Ya es de noche. Se ha tumbado en su jubón, en el cuarto que comparte con su hermano mayor Ahmed, que duerme en la otra estera de esparto. Hace calor. La calima es densa esa noche de agosto. Se escucha música en toda la ciudad y algarabía por las calles, pese a que son más de las tres de la mañana. Es raro que Ahmed no ande por ahí, tras alguna de esas chicas que han regresado a Larache desde Holanda o España de vacaciones.

   El cuarto está en el tercer piso de la casa, junto a la habitación del abuelo. En la planta baja, una pequeña cocina y el salón, en el que sobrevive el viejo televisor Telefunken. Un pequeño habitáculo, que sirve de almacén, un retrete con una ducha y el dormitorio de sus padres se reparten la segunda planta. En la azotea, hay un cajón de madera que atesora algunas herramientas del abuelo de cuando ejercía de mecánico en el Taller de Barrajón, y también la mesa pequeña en la que ahora trabaja. A sus pies amontona piezas desechadas de aparatos electrodomésticos, fusibles, cables, una batería. Es ahí arriba donde el viejo se pasa las horas muertas durante el verano.

   Toda la casa de la familia de Tami, no obstante, no sobrepasa en total los cincuenta metros cuadrados. Cada una de las habitaciones es angosta y, salvo su cuarto y el de sus padres, las demás carecen de ventana alguna. La mejor de las dos que hay, sin duda, es la suya, situada en lo más alto de la casa, justo encima de donde él duerme; una idea de su madre que siempre ha pensado que sería lo más beneficioso para el niño. Desde su atalaya particular, Tami puede ver algunas otras terrazas, un trozo imperfecto de la desembocadura del Lucus, el espigón, el minarete de la mezquita desde la que le llega la voz del almuédano, y la inmensidad del cielo, en el que descubre cada noche una nueva estrella. Le ha puesto nombre a alguna. La que más brilla es Nur-al-Din, la más lejana Ibn Battuta.

   Tami no quiere dormirse. Vigila a Ahmed, que respira plácidamente mientras sueña. Sabe que tiene un plan con sus amigos Jamal y Taha, que los tres quieren salir volando, escapar. Los escuchó hablar en el espigón, apasionados, mientras fumaban sentados en las rocas.

   -En cuanto el jefe nos avise, bajamos al acantilado. Nos esperarán sobre las cuatro. Dice que iremos con otros chicos de Ksar-el-Kebir y unos senegaleses que se han escondido en la Medina. Ya veremos…

   –Incha Al´láh.

   Tami se abalanzó sobre Ahmed, trabándose de su cuello. Lo hizo sin pensarlo, igual que si se hubiera recolgado de su madre, aunque sabe que su hermano detesta que se le acerque siquiera y menos si están los amigos delante. No es extraño, pues, que lo tirara al suelo, zancadilleándole, alentado por Jamal que fue quien realmente se había dado cuenta de que Tami había oído algo de sus planes futuros.

   -¿Me llevaréis con vosotros, Ahmed?

   -¿Cuántas veces te he dicho que no nos espíes?

   El niño se levantó, pero Ahmed dio un paso empujándolo y Tami reculó, dando traspiés, aunque consiguió mantenerse erguido. Hubo un instante de pausa, en el que se estudiaron de manera harto diferente: Tami, deseoso de que su hermano le contara sus planes; Ahmed, por el contrario, no se reprimió a la hora de mostrarle su abierto rechazo, como si fuera un intruso que estorbara, y trató de golpearlo en el rostro con la mano abierta. El niño fue ágil y echó el cuerpo atrás evitando el guantazo. Se quedó un segundo con el corazón encogido, pero enseguida se removió, separándose de su hermano igual que si una víbora fuese a atacarle.

   -¡Se lo diré a padre!

   Ahmed, más enfurecido, se descalzó una de las sandalias y comenzó a perseguirlo por el espigón. El grito le había salido del alma.

   Tami sorteaba a los bañistas que caminaban en ambas direcciones, y su hermano mayor trataba de darle alcance con la sandalia derecha en la mano. Aunque Ahmed usaba todas sus energías, la agilidad de Tami le hacía parecer más rápido, era como una gacela que, por instinto, saltara por encima de todos los obstáculos.

   -¡Verás como te coja! –Gritó Ahmed cuando ya se dio cuenta de la inutilidad del esfuerzo.

   Y en ese instante, Razine Larbi se interpuso en su camino y él se quedó parado, con la sandalia en alto, con la respiración entrecortada. Sidi Razine Larbi lo miraba con paciencia, con cierta indulgencia en el porte, pero con la severidad necesaria como para que Ahmed comprendiera que continuar con su persecución sólo le traería problemas. Bajó entonces el brazo, dejando caer la sandalia, que se calzó con disimulo.

   -¿Qué haces, Ahmed? ¿Vas a pegar a tu hermano pequeño? –Razine frunció el cejo. Sus ojos pequeños lo miraban con una intensidad escrutadora-. ¿No aprendiste nada de lo que te enseñé en el orfanato o es que quieres volver allí?

   -Lo siento, sidi.

   -Más te vale.

   Razine Larbi, vestido con una candora celeste, le dio la espalda y entró en su casa de la playa, pensativo, mientras se acariciaba la barba. Confuso, Ahmed miró a la multitud que se movía por el espigón y por la orilla de la otra banda, pero ya no había rastro de su hermano que habría subido en alguna barca para cruzar el río.

   Regresó sobre sus pasos y vislumbró a Sidi Razine tras una ventana. Mohammed, su padre, lo había internado en el Orfanato Musulmán de Larache para que, al menos, estudiara algo. Muchas familias sin recursos lo hacían. Ahmed, sin embargo, no aprovechó más que lo justo para salir cuanto antes del centro. El único buen recuerdo que conservaba de aquel lugar era ese hombre, al que siempre respetó, y al que ahora veía moverse dentro de su casa.

   A Tami se le van cerrando los ojos, pero se esfuerza por mantenerse alerta observando con fijación el cuerpo de Ahmed, el movimiento rítmico del pecho, el suave eco de la respiración. Intuye que está despierto y que finge dormir y, por esa razón, ha de continuar con su vigilia.

   Oye la música del edificio de al lado, donde celebran la boda de Yasmin y Omar. Ya llevan dos noches de fiesta. No les han invitado pese a que el padre de Yasmin compra habitualmente en el puesto del padre de Tami y le llama hermano. Ha escuchado a su madre hablar del asunto mientras cenaba. Se ha sentido despechada por ese feo detalle de sus vecinos. Mohammed, el padre de Tami, sin embargo, le ha quitado hierro al asunto, pues, en el fondo, se alegra del hecho ya que eso le evita el regalo inexcusable.

   -Mujer, se han olvidado por la cantidad de familia que tiene el novio –añadió Mohammed-. Seguro que ha sido un despiste y luego nos pedirán disculpas. Las bodas son muy complicadas, Rachida, ya lo sabes…

   El abuelo asentía a tales asertos mascando palabras entre dientes que Rachida iba interpretando como una salva de improperios dedicada a los vecinos. Su padre nunca se ha llevado bien con Omar. Sentado a la mesa, junto a Tami, El Hach se entretenía rompiendo nueces con sus enormes manos encallecidas, apretándolas unas contra las otras, hasta que crujían, cediendo a la presión, sin añadir una coma a lo que estaba diciendo su yerno. Le lagrimeaba un ojo y se lo secaba de vez en cuando con un pañuelo arrugado, siempre con el mismo gesto repetido.

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AÑORANZA

Tiempos raros, tiempos sinuosos estos que vivimos. Revisaba unas fotografías para colgar en alguna parte, y, de pronto, me entró la añoranza por esos días en los que, con absoluta libertad, presentaba  mis libros, firmaba ejemplares y me rodeaban los lectores, los amigos, la gente más querida, para compartir unos momentos de alegría y de celebración. Todo parece pertenecer a otra vida que he vivido en paralelo o en otra dimensión. No quiero esta otra que me impide los abrazos y que me prohíbe pasar el brazo por encima de un hombro o posar una mano en una cintura mientras saboreamos un buen vino tras el evento. Sí, añoranza pura y dura.

BARNA 2019 1

BARCELONA  2019

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BARNA Abdelmalek Rghioui, Abdelkader Maghnaz, Hanane, Farah Bensalah, Fatima Zahra el Harrak, Fatima Amrani, Bouchra y Mohamed detrás

BARCELONA 2019

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CÓRDOBA 2015

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MADRID FERIA DEL LIBRO 2013

MADRID 2013

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MALAGA 2014

MALAGA 2014 2

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TANGER 2017 2

TÁNGER 2017

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MALAGA 2015 29

MALAGA 2015

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VALENCIA 2017

VALENCIA 2017 4

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CASABLANCA 2020

Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

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MALAGA 2013 ASISTENTES

MALAGA 2013

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MADRID 2019

MADRID 2019 2

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MIS NOVELAS

Estas son mis armas de novelista.

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malabata-cubierta-frontal

(Ediciones del Genal – Málaga, 2019)

ISBN – 978-84-17974-00-8

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EL LABERINTO DE MAX

(Mitad Doble Ediciones & Ediciones del Genal –Málaga, 2018)

ISBN – 978-84-17186-54-8

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La emperatriz de Tánger

(Ediciones del Genal – Málaga, 2015)

ISBN – 978-84-16021-46-8

Finalista del XVII Premio de Novela

“Vargas Llosa” 2012

&

Finalista del XXII Premio de la Crítica

de Andalucía de Novela 2016

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El libro de las palabras robadas -

(Ediciones del Genal – Málaga, 2016)

ISBN – 978-84-16871-01-8 

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UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

(Círculo Rojo – Sevilla, 2011)

Novela Finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012

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SOMBRAS EN SEPIA

(Ed. Pre-Textos – Valencia, 2006)

Primer Premio de Novela

Tres Culturas de Murcia 2006

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EN LA CALLE CHORFA

Mi novela Una sirena se ahogó en Larache (Finalista del XVIII Premio de la Crítica de Andalucía en 2012) “hallada” en un horno tradicional de la calle Chorfa, en Larache.

uUNA SIRENA en el Horno de la calle Der Chorfa

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LEYENDO LARACHE

Tres de mis libros. Los tres ambientados en Larache.

Una sirena se ahogó en Larache (Círculo Rojo, 2011), novela Finalista del XVIII Premio Andalucía de la Crítica 2012; Sombras en sepia (Editorial Pre-Textos, 2006), galardonada con el Premio de Novela Tres Culturas de Murcia, y Paseando por el zoco chico. Larachensemente (Ediciones del Genal, 2015).

Aprovecho para anunciaros que ya tengo listo el nuevo libro de relatos ambientado en Larache. Sí, vuelvo una vez más. Iré informando…

dav

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