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«EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», SEGÚN EL ESCRITOR DAVID ROCHA

Cuando una reseña o un comentario sobre uno de mis libros es obra de otro escritor, siempre me produce un gran respeto y si, además, como es el caso, es tan positiva, la satisfacción es doble. Esto ha escrito en Instagram el novelista David Rocha acerca de El mirador de los perezosos:

 

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VALENCIA – 14 DE DICIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

 

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Una vez más estaré en Valencia para presentar mi nuevo libro El mirador de los perezosos. Un lugar que siempre me ha traído suerte. Al menos, ya tengo la garantía de que la presentación será exquisita, porque. por tercera vez, me acompañarán Susi Bonilla y Mauro Guillén. Y a nuestro lado, BiblioCafé con José Luis Rodríguez. Será el 14 de diciembre, a las 19:00 horas, en el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia, un lugar excepcional en el que nos veremos gracias a Carlos Salazar. El encuentro promete buenos instantes y, a través de mis relatos, pasearemos juntos por Tánger.

 

SUSI BONILLA, SERGIO BARCE Y MAURO GUILLÉN

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FRAGMENTO DE «ZOCO CHICO», DE MOHAMED CHUKRI

“Me compro un reloj. A veces, mi cuerpo parece nuevo, como este reloj. He tardado veinte minutos desde el Zoco Chico hasta el bulevar Mohamed V. Una mujer bajita y embarazada me adelanta apresuradamente. Luego, un hombre y una mujer, que caminan también deprisa y hablando muy alto. Él es barrigudo y ella culona. Un anciano me tiende la mano derecha:

-¡Una limosna por Dios, hijo!

Le doy una moneda. En la mano izquierda sostiene un pañuelo rojo moteado de blanco y negro. Tiene los ojos enrojecidos y enfermos. La enfermedad de sus ojos se refleja en los míos. Unas punzadas y lágrimas me turban la vista. Preferiría morir antes que acabar como este viejo. Dos hombres, uno vestido con chilaba y el otro con camisa y pantalón, caminan muy juntos, cogidos de la mano. ¿Será por solidaridad? ¿Por confraternidad religiosa? ¿O son unos campesinos que temen extraviarse en la ciudad? ¡Quién sabe! Dos jóvenes se besan. Caminan con pasos inciertos. Ella lo abraza, se recuesta en su hombro, lo acaricia con las manos. No existen más que ellos dos. Llaman la atención de la gente. A ratos, se paran y se abrazan. Sonríen. La chica parece más convencida, más apasionada.

Han pasado diez minutos desde que llegué al Bulevar. Contengo la respiración para sentir la asfixia del tiempo. Mi tórax es como el parche de un tambor, con la piel tensada mientras pasan los segundos y se pierden, como esas partículas de polvo flotando en los rayos de luz que penetran en una habitación sombría a través de algún resquicio. Es imposible atrapar y detener el tiempo, como si fuera un juego de niños, del mismo modo que el hombre retiene sus excrementos o el ruido de sus tripas. El tiempo existe. Me atraviesa, y absorbe mi cuerpo, lleno de órganos cuyas inmundicias me repugnan, cuyas formas me intimidan. Sienta o no el tiempo, ello no influye en su transcurrir. No recuerdo cuándo empecé a pensar en el tiempo por primera vez. Cierto día oí a dos hermanos, uno de tres años y el otro de cinco, hablar entre ellos. El menor preguntó:

-¿Cuándo iremos a Tánger?

Su hermano le contestó:

-Cuando durmamos y nos despertemos. Durmamos y nos despertemos. Luego, iremos a Tánger.

Quizá yo también de niño entendía el tiempo de esa manera. Tengo un recuerdo nítido de ello.

Con miedo, pregunté en la oscuridad:

-Madre, ¿cuándo callarán esos gritos y ladridos?

-Duerme, y desaparecerán los gritos y los ladridos. Duérmete. No tengas miedo, estamos contigo.

Entendí de las palabras de mi madre que el sueño mata el miedo. El miedo existe si se piensa en él. La voz de mi madre bastó para defenderme de los gritos y de lo ladridos en la noche, y hasta los hizo callar…

Magnífico fragmento perteneciente al libro Zoco Chico (Editorial Cabaret Voltaire, edición de 2016) del gran Mohamed Chukri, con traducción del árabe de Karima Hajjaj y Malika Embarek López.

Sergio Barce, 27 de noviembre de 2022

 

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UNOS PÁRRAFOS DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», DE SERGIO BARCE

Mi nuevo libro El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal, 2022), se compone de diez relatos, cada uno de ellos bajo el título de un lugar emblemático de la ciudad: 9 DE ABRIL, BOULEVARD PASTEUR, AVENUE JOSAFAT, CABO MALABATA, HAFA, HOTEL REMBRANDT, DAR NIABA, BEIT HAHAYIM, EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS y CALLE SIAGHINS. Es como un largo paseo atemporal por Tánger.

Aquí os dejo un fragmento del relato AVENUE JOSAFAT: 

AVENUE JOSAFAT 

Después de cuarenta años no es fácil regresar, pero llega un instante en el que un cabo invisible tira de nosotros y nos arrastra al pasado en busca de un destello. Y aunque uno se reconoce en el espejo cada mañana, siempre hay una nueva arruga, una cana incipiente más, y mirar por encima del hombro solo causa desaliento. Ya casi nada es como fue, e incluso si las cosas van bien en nuestro pequeño entorno dejar la juventud atrás no es trago de buen gusto. 

Las calles de Tánger parecen otras, tan modernas, tan limpias, tan vigiladas. Hay nuevos edificios, barrios enteros que han deformado el plano urbanístico, que han hecho de la ciudad una metrópolis inabarcable, extendiéndose a derecha e izquierda de la bahía, por los cuatro puntos cardinales, salvo el imposible mar, multiplicándose igual que las cabezas de la Hidra de Lerna que, al ser cercenadas, se duplicaban. Ni siquiera Hércules, que, tras dar muerte al monstruo, lleva siglos escondido en su gruta tangerina, logra librarse de su presencia. A Carlos, ahora, le ocurre lo mismo. Desde su llegada al aeropuerto Ibn Battuta parece un borracho que bebiera sin mesura, atolondrado por lo que creía olvidado, absolutamente entregado a los recuerdos de una infancia lejana y de una adolescencia perdida. Un borracho que muere de sed porque sabe que los años dorados se han oxidado en un cuartucho maloliente. 

Deja el equipaje en el suelo al entrar en la habitación del Continental que sus padres ocuparon su último día en Tánger. La ha reservado exprofeso. Segunda planta, sobre el puerto. Se queda parado en medio, la luz filtrándose por la ventana como una lengua de lava blanca y resplandeciente, proyectándose sobre la cama de matrimonio que Carlos observa con una inusual ternura. Sabe que sus padres trataron de conciliar el sueño en otro colchón y quizá en otra cama esa última noche, pero era esta misma habitación. Su madre se acostó vestida, sin cambiarse, porque carecía de fuerzas para quitarse el abrigo e incluso se dejó puestas las medias y los zapatos de tacón. Su padre, por el contrario, se puso el pijama sin pensarlo, como hubiese hecho un autómata, y se tumbó sobre la colcha, sin deshacer, pegando su cuerpo a la espalda de ella. La abrazó y no cambiaron de postura hasta que amaneció. Carlos conocía estos detalles porque su madre se lo contó años más tarde. Y él, con dieciséis años, en la habitación de al lado, oyéndolos llorar, escuchando cómo se les desgarraba aún más el alma; solo, pensando en Haviva, sin haber podido decirle siquiera adiós, odiando al mundo. Un espectro que se le aparece a menudo en la duermevela, su único remordimiento. 

Ahora baja las escaleras y se reencuentra de pronto con aquellos años barnizados por el paso del tiempo, las mismas calles cubiertas de esta pátina de ausencia con la que prometió levantar un muro infranqueable. Jamás volvería. Como tampoco lo harían sus padres. Y ahora que su madre ha muerto, el juramento que hicieron queda anulado. Por eso regresa, como para confirmar que todo quedó sepultado para la eternidad. Sabe que ha de cauterizar sus dos grandes heridas, que si no lo hace ahora ya no habrá otra oportunidad. 

No le es difícil ratificar que su ciudad queda oculta tras el doblez de los años transcurridos, porque apenas quedan algunos negocios del viejo Tánger. El Café de París sigue manteniendo cierta apostura, aunque hay un algo deslucido en sus mesas y en sus clientes, como si anhelasen mantener el orgullo perdido sin conseguirlo del todo. Baja por el boulevard y sube a la derecha. Cuando llega a la puerta de Madame Porte, ve que no es más que otro local de McDonald´s el que lo recibe y entonces, asqueado, mira para otro lado. Había osado creer que volvería a sentarse donde lo hacían sus padres cada domingo, aquel rito familiar lleno de candor y dulce rutina, pero le acaban de amputar esa ilusión que albergaba por homenajearlos. Son muchos lustros desde que embarcaran rumbo a España y se da cuenta de que, lo que ahora pretende, es una mera ilusión, y que lo esencial de sus vidas eran esos detalles insignificantes. Nada de himnos ni de banderas, nada de patrias ilusorias. 

Camina muy lentamente demorando su destino. Ha dado tal rodeo que pasan casi tres horas antes de llegar. Teme una nueva decepción y por eso este paseo en espiral que no acababa nunca. Y, sin embargo, cuando al fin pisa la calle Josafat nota por vez primera el peso de la emoción, como si ese sentimiento se hubiera agazapado en las sombras durante estos casi cuatro decenios y ahora se convirtiesen en cuarenta quilos de silencio y de traición…

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«EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» Y MARÍA BACALL

Un nuevo comentario, que es un pequeño análisis, de mi libro El mirador de los perezosos, que, hasta el momento, parece concitar una cierta unanimidad. Las palabras de una lectora tan voraz como María Bacall me han llegado hondo. María ha escrito lo siguiente, que comparto con vosotros:

<Tánger me encanta, me atrae, me impresiona. No su leyenda, sino el Tánger actual. Eso lo sabe todo el que me conoce. Al ver que Sergio Barce había publicado un libro llamado “El mirador de los perezosos“ pensé: mira, como para mí, quizás también para él sea un lugar mágico.

Estos relatos en Tánger son tristes, son básicamente pesimistas. “El país que considerábamos nuestro iba dejando de serlo.“ El narrador describe cómo el Majzén arrinconaba a los antiguos colonizadores. “El desarraigo comienza así y da igual la nacionalidad. Sólo es igual el silencio.“ Sí, he sentido ese desarraigo en otros sitios y me identifico con esas palabras. Me veo reflejada. Como cuando llegas al café de Madame Porte, ya un McDonald´s. Y piensas en lo que has vivido allí, en tus conversaciones, en tus amigos. Tus amigos…

Ese desgarro al ver que tus amigos se van, también tan familiar: “Y Carlos embarcó despojado de alma… se marchó con el chergui y nadie sabe a dónde.

Yo creo que con tanto cambio no es raro que el protagonista de uno de los relatos se olvide incluso de quién es, en el Hotel Rembrandt, como en la película Recuerda: “Cuando todo está fuera de su sitio y ya nada es lo que era , ¿cómo saber quién eres tú?

Asimismo, la historia que sucede en la calle Shiagins, esa calle en la cual todo puede suceder, como en Xanadú, es desesperanzadora. Y, cuando aparece un pensamiento positivo: “Cada estancia en Tánger revitaliza el alma.” Piensa el lector: ¡exacto ! Al poco viene su contrapartida: “¿Quién asegura que no es la última vez?» Yo también siento miedo cuando vuelvo a la península desde Tánger de no poder volver nunca más. Finalmente, da igual. Puestos a tener que morir, yo también elijo Tánger para hacerlo. Al fin, morir en Tánger es, como dice el autor, verdaderamente literario y, tal vez, el sitio más adecuado para hacerlo.>     

MARÍA BACALL (06-11-2022)

 

Foto de Emilio Andrade
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