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ESCRIBIENDO DE TÁNGER

Aquí os dejo la imagen de varios libros con Tánger de protagonista que habitan en mi biblioteca. Desde mis novelas La emperatriz de Tánger y Malabata, hasta Un cierto Tánger, de Fernando Castillo, pasando por El año que viene en Tánger, de Ramón Buenaventura; El pan a secas, de Mohamed Chukri; La ciudad de la mentira, de Iñaki Martínez; Tangerina, de Javier Valenzuela; Bowles y yo, de Rodrigo Rey Rosa; Partir, de Tahar Ben Jelloun o Tánger, segunda patria, de Rocío Rojas-Marcos.

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MIS LIBROS EN LA LIBRAIRIE DES COLONNES, DE TÁNGER

Mi querido amigo Moncef Bouali me envía esta foto del día de hoy, once de abril, del escaparate de la Librairie des Colonnes, de Tánger. Ha tenido la deferencia de poner mis tres últimos libros: La emperatriz de Tánger, Malabata y Una puerta pintada de azul, junto a los libros de Tahar Ben Jelloun, Leila Slimani, María Dueñas o Jane y Paul Bowles. Todo un lujo, un privilegio.

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Fue mi hermano Luisito Velasco quien hizo de “distribuidor”  y llevó los ejemplares tanto a Tánger, a la Librairie des Colonnes, como a la Librería Al-Ahram, en Larache. Así que quienes me preguntabais desde Marruecos dónde conseguir los libros, ya los tenéis en estas librerías.

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MARRUECOS Y CINCO NOVELAS IMPRESCINDIBLES

   Hoy me voy a limitar a recomendar cinco libros de obligada lectura, todos ellos relacionados con Marruecos, todos escritos por autores de origen marroquí. Novelas excepcionales, devastadoras y de gran calidad estilística y narrativa. Obras que no son nada complacientes.

Junto a cada título, os dejo el enlace de la reseña que les hice en su momento a cada uno de estos títulos.

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Tiempo de errores (Zaman al-ajta) de Mohamed Chukri. Editada por Cabaret Voltaire, con traducción del árabe de Karima Hajjaj y Malika Embarek.

https://sergiobarce.blog/2011/03/08/otros-libros-otros-autores-tiempo-de-errores-zaman-al-akhtaa-1992-de-mohamed-chukri/

https://sergiobarce.blog/2010/12/21/larache-visto-por-mohamed-chukri-en-tiempo-de-errores/

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El pasado simple (Le passé simple) de Dris Chraibi. Publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción del francés de Leonor Merino e Inmaculada Jiménez Morell.

https://sergiobarce.blog/2019/05/21/el-pasado-simple-le-passe-simple-1954-una-novela-de-dris-chraibi/

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Sufrían por la luz (Cette aveuglante absence de lumiére), de Tahar Ben Jelloun. Editada por RBA, con traducción del francés de Manuel Serrat Crespo.

https://sergiobarce.blog/tag/sufrian-por-la-luz/

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El último patriarca (L´ultim patriarca) de Najat el Hachmi. Publicado por Planeta, con traducción del catalán por Rosa María Pratts.

https://sergiobarce.blog/2015/08/24/el-ultimo-patriarca-lultim-patriarca-2008-una-novela-de-najat-el-hachmi/

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Los caballos de Dios (Les Étoiles de Sidi Moumen) de Mahi Binebine. Editado por Alfaguara, con traducción del francés de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.

https://sergiobarce.blog/2016/06/13/los-caballos-de-dios-les-etoiles-de-sidi-moumen-una-novela-de-mahi-binebine/

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“LA LETRA Y LA CIUDAD: SU TRAMA EN TÁNGER”, UN LIBRO DE RANDA JEBROUNI

La letra y la ciudad su trama en Tánger - portada

Acaba de salir el nuevo volumen de la colección Ensayos Saharianos, que publica Ediciones Alhulia: el libro de la profesora Randa Jebrouni La letra y la ciudad: su trama en Tánger. Un profundo estudio sobre la literatura que ha nacido al abrigo de esta ciudad como inspiración, como argumento, como excusa o como decorado.

Acudí al Instituto Cervantes de Tánger a la presentación de su primera versión, coordinada por Rocío Rojas-Marcos, pero se trataba de una edición muy limitada y los asistentes, con Javier Rioyo y la propia Rocío Rojas-Marcos a la cabeza, insistimos en que el libro merecía mayor difusión. De ahí la importancia de que la editorial Alhulia, bajo la dirección de José María Lizundia, haya tenido el acierto de publicarlo en España.

Mi amistad con Randa Jebrouni viene ya de largo, siempre intentando colaborar juntos en alguna actividad y, la verdad, por una u otra circunstancia, siempre ha ocurrido algo para ir posponiéndolo. Pero quizá este libro nos permita que, al presentarlo en Málaga, podamos por fin hacerlo.

En La letra y la ciudad: su trama en Tánger, la profesora Jebrouni repasa las obras más emblemáticas de la literatura tangerina, desde Ángel Vázquez a las páginas de Mohamed Chukri y a las del maestro Ramón Buenaventura, pero arrancando desde los primeros viajeros, como Domingo Badía, hasta llegar a los libros de Paul Bowles y Juan Goytisolo. Dedica capítulos a la literatura que nace bajo la sombra de la generación beat y hace un análisis de Tánger en la literatura española actual. Pero he de agradecerle que, cuando aborda la novela negra, junto a las novelas Tangerina, de Javier Valenzuela, Sueños de Tánger, de Jon Arretxe, y La Aljamía y La clave de Sol, ambas de Javier Roca, haya elegido uno de los títulos de mi trilogía tangerina: El libro de las palabras robadas, al que dedica varias páginas. Escribe Randa Jebrouni, entre otras cosas, lo siguiente acerca de mi obra:

“…en esta novela (El libro de las palabras robadas), la ciudad es un lugar de contrabando, y en este caso, de un valioso libro, que contiene lo prohibido y, por consiguiente, debe estar protegido. Tánger y Dalila, ciudad y mujer son las encargadas de guardar este libro secreto; Dalila es una mujer extremadamente bella, como la ciudad:

<Era una mujer magnífica, en todos los sentidos. Y durante estos años he visto crecer a Sara, y, mientras era niña florecía, Tánger se marchitaba. Cuando Dalila murió, la ciudad se hizo más triste, y eso es verdad… Así es la vida, Elio, una sucesión de pequeños acontecimientos que llenan nuestro vacío…>

La ciudad está en estrecha relación con el resplandor de Dalila, personaje muerto, que revive en el recuerdo de Elio y que es recordada como tantos otros acontecimientos que ocurren en la vida de una persona. Aunque se marchitaba cuando la hija de Dalila crecía, como si Sara se alimentara de la belleza de la ciudad, simboliza el sueño inalcanzable o la mujer idealizada e imposible, la integridad ética, y Tánger se convierte en la guardiana final del códice porque siendo el paraíso anhelado de los protagonistas, ha de ser también el último refugio contra el mal. Elio vuelve a Tánger al final de una etapa de vacío y aturdimiento para vivir en paz con Sara.

<Lo que iba a ser un viaje relámpago se convirtió en toda una experiencia vital. Fue una vida irrepetible, idílica, bohemia. El Café Hafa se convirtió en el mejor lugar para ver la puesta de sol, siempre con un té humeante en la mesa y algo de kif. Se trataba únicamente de estar juntos en aquella casa y sumergirse en otro libro que revivía a través del códice. Fueron decenas de exquisiteces, de obras maestras.>

El hecho de no quedarse en Málaga es sinónimo de una atracción por la ciudad del Estrecho y el preciado códice. No se presentan lugares de encuentro, salvo la avenida principal: el bulevar, la casa de Marshan de Dalila Beniflah: <preguntó entonces a dónde debía levarlo, y el joven le indicó la dirección, en el barrio del Marshan. Por supuesto, la casa de la señorita Beniflah, respondió con cierta suficiencia. Condujo en silencio, Tánger se metía por los cinco sentidos, y el joven recién llegado aspiraba la esencia de la ciudad intuyendo que era un lugar del que iba a tardar en marcharse…>.”

Siempre es reconfortante leer las interpretaciones que se hacen de los propios textos, y estos párrafos que he elegido dicen mucho de la profundidad del estudio que ha llevado a cabo Randa Jebrouni.

Su libro indaga en otras obras y otros autores (además de los ya mencionados antes), y en distintos aspectos de la literatura “tangerina” y en corrientes e influencias: Sonia García Soubriet, Jane Bowles, Juan Vega, el Teatro Cervantes como lugar de memoria literaria, Jesús Carazo, Rey Rosa, José Luis Barranco… Y un capítulo muy interesante, y en cierta medida olvidado en general al abordar esta temática, la de la propia literatura marroquí en torno a Tánger. Aquí, de nuevo, Chukri, junto a la obra de Tahar Ben Jellou, Mustafá El Ouriaghli, Abdeluoahed Stitou, Abdelghani Saifi, Abdellatif Idrissi, Mohamed Larbi Mechtat o Badia Hadj Nasser, lo que nos da una aproximación muy interesante de la actual narrativa marroquí que tiene a Tánger como referencia y que nos aporta títulos sumamente interesantes.

El libro se cierra con la relación entre Tánger y el cine, con lo que Randa Jebrouni nos conduce de esta manera por otro de los medios de expresión artístico que tienen a la ciudad como inspiración.

Y es que Tánger seguirá aportando nuevas obras en todos los campos creativos, porque es la ciudad de los milagros.

Sergio Barce, agosto 2020

SB Y RJ

SERGIO BARCE Y RANDA JEBROUNI

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LA SEDUCCIÓN DEL MIRLO BLANCO (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) de MOHAMED CHUKRI

LA SEDUCCION DEL MIRLO BLANCO portada

Acostumbrado a los relatos y novelas de Chukri, o a sus libros dedicados a Jean Genet y a Paul Bowles, a su narrativa corrosiva y nerviosa, embarcarse en la lectura de La seducción del mirlo blanco (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) supone un ejercicio diametralmente diferente. Se trata de un ensayo sobre la literatura, sobre el arte de escribir y narrar y sobre el oficio de escritor. Y todo desde el punto de vista de Chukri, lo que quiere decir que hay partes muy sustanciosas y otras en las que sus pensamientos divagan sin un orden concreto, el orden de su cabeza hiperactiva.

“…Hay ideas que escapan de las palabras y palabras que se derrumban antes de recibir el impacto de los pensamientos que las llenan de contenido. Situaciones y actos que desaparecen antes de que podamos apresarlos e incluirlos en la redoma de las esencias de las palabras…”

Lo que más sorprende del libro de Mohamed Chukri es que, siendo un analfabeto que aprendió a leer con veinte años ya cumplidos, y comenzó a estudiar en Larache poco después para sacarse la primaria, su conocimiento de la literatura universal y de los autores y sus obras es profundo y diverso, y eso es admirable. Se sumerge en este ensayo en obras como El extranjero, de Albert Camus, haciendo un estudio comparativo de las motivaciones del protagonista de su propio relato Violencia en la playa con el Meursault de Camus; entra en Crimen y castigo, de Dostoiewski; y enlaza obras de Sartre, Shakespeare, Naguib Mahfuz, Cervantes, Beaudelaire y André Gide para hablarnos del compromiso de la literatura con los más débiles, y del fracaso y de la supervivencia del escritor. Y no disimula su admiración por la narrativa de otro autor marroquí: Mohamed Zafzaf. Es sin duda, un análisis que puede resultar a veces un tanto disperso, pero ahí está el trazo nervioso y febril de Chukri deseoso de saltar de una idea a otra.

“…El mundo se nos escapa constantemente, y el arte intenta apresar esa huida. Cuando, por medio de la creación, recuperamos ese mundo esquivo, no lo convertimos en una imagen enmarcada que nos quedamos a modo de recuerdo. Su materia se modifica como cualquier metal que se funde para darle una nueva forma, más adaptada a nuestra época presente y futura. Este Zoco Chico, esas gentes que están ahora en la plaza, activas algunas de ellas como hormigas, otras quietas como tortugas inmóviles hasta que las presas estén a su alcance, y todas las cosas que nos rodean… pertenecen a nuestro mundo, que no es lo que era y deviene en lo que no es. Por lo tanto, nuestro mundo es lo que escapó, escapa y escapará de nosotros. Allí hay un joven ante mí, relajado, fumando y soñando, y de pronto ha entrado una muchacha bonita. Se mueve, se activa, él sonríe, ella sonríe, él le ofrece una silla, aparta a un lado sus libros y papeles, ella acepta el interés que le demuestra, él tira su colilla, ya no sueña, llama dos veces al camarero, está ahora ante un proyecto… quizá alcance con ella parte de su sueño, su sueño total o nada en absoluto.”

Las páginas que dedica a la literatura y autores árabes en general (Mahfuz, Darwix, Ahmad Shawqi, Al-Rafii, Quddus, Kamel Mahdi… ) es profusa, y no escatima sus dardos y su intento por torcer el brazo a un tipo de literatura anclada en el pasado y que necesita un revulsivo, porque Chukri siempre es revolucionario. Confieso que esta parte del libro me ha resultado más complicada porque gran parte de estos autores no están traducidos al castellano, y por tanto desconozco sus obras. Pero sí que llama poderosamente la atención su crítica feroz, la más dura de su libro, al escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, al que acusa directamente de mercenario de las letras, dentro de ese grupo de autores que escriben por encargo sea lo que sea, y que describe con estas perlas: “…El ejemplo arquetípico de lo anterior (artistas que crean por encargo), que en el fondo y solo exagerando puede calificarse de literatura, es la escritura de Tahar Ben Jelloun: a la carta”. Y añade: “…Este tipo de literatura que escriben Tahar Ben Jelloun y otros como él llega a ser propio de guardería infantil. Es una escritura que juega con los sentimientos de los lectores más pobres intelectualmente…”. En fin, subyace en su manera de hablar de este autor un rencor, un desaire, un enfrentamiento personal evidente.

Obra por tanto fuera del marco narrativo habitual de Chukri para sumergirse en sus pensamientos teóricos sobre literatura, política y filosofía, y su concepción del oficio de escritor.

La cuidada traducción de este ensayo es obra de mi admirada Malika Embarek López y de Ana María Debbane Sabbagh.

La seducción del mirlo blanco (Gawayat a-sbubrur al-abyad: nusus tacbribati maa al-qiraa wa al-kitaba, 1997) acaba de ser publicada por Cabaret Voltaire en una elegante edición, como es habitual en esta editorial.

Sergio Barce, mayo 2020

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