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FOTOS – «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», DE SERGIO BARCE

Mi nuevo libro El mirador de los perezosos (Edificiones del Genal, 2022), comienza a dar sus primeros pasos. Acudí a la convocatoria de autores organizada ayer en la Casa Fuerte de Bezmiliana, en el Rincón de la Victoria, donde tuve la fortuna de conocer por fin a la profesora Sonsoles Vázquez, nacida en Alcazarquivir, una enamorada de mis libros. También he recibido algunas instantáneas de la cubierta del libro enviadas por amigos y lectores que ya lo han adquirido. Os dejo aquí algunas de las fotos.

La semana que viene, presentación del libro en la Tercera Plana de Librería Proteo, en Málaga, miércoles 28 de septiembre, a las 19.00 horas, de la mano de Miguel Ángel Moreta-Lara y, como maestro de ceremonias, Héctor Márquez.

 

FOTO DE ROXY TRECEÑO
CON SONSOLES VÁZQUEZ FLORIDO
CON HÉCTOR MÁRQUEZ Y MARIÁNGELES TARIFA
FOTO DE NURIA RICO
CON JESÚS OTAOLA
CON MOISÉS AMSELEM
ROXY Y EL MIRADOR
FOTO DE EMILIO ANDRADE con casi todos mis títulos
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MÁLAGA, 28 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», DE SERGIO BARCE

Como adelanto, y para que anotéis en la agenda, el miércoles 28 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Tercera Planta de la Librería Proteo de Málaga, se presentará mi libro de relatos El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal). Estaré acompañado del escritor, poeta, ensayista y hombre de mundo Miguel Ángel Moreta-Lara.

 

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 3 – ALGO DE CINE Y ALGO DE NARRATIVA

Tras la jornada diaria de trabajo, que comienzo en el despacho a las ocho de la mañana, interrumpo sobre las dos y media o las tres menos cuarto para comer y acabo alrededor de las siete de la tarde (si es que no tengo que asistir a alguna reunión), puedo por fin dedicarme a escribir. Lo hago cada día, aunque el cansancio haga mella. Es adictivo. Creando, me encapsulo y me aíslo, evadiéndome de la rutina. Los fines de semana son aún más gratificantes, porque es cuando puedo dedicar a mis relatos o mis novelas el tiempo que merecen.

Continúo con el nuevo libro de relatos ambientados en Tánger, apenas falta un cuento más y un repaso final para darlo por concluido y enviarlo a la editorial para montar las primeras galeradas. Tengo el título del libro, que obviamente no puedo desvelar, pero creo que es precioso. Y acabo de confirmar cuál será la portada (se publicará de nuevo en tapa dura, como Una puerta pintada de azul), que es obra de una artista de primera fila, así que promete ser una edición excepcional. Espero que el texto esté a la altura.

Mi hijo Pablo me llamó el pasado viernes. Cuenta otra vez conmigo para su nuevo proyecto, una idea que le rondaba por la cabeza acerca de su generación. Me la ha lanzado para que comience a darle vueltas, para que le escriba las primeras ideas que se me ocurran. Ya le he devuelto alguna sugerencia e incluso una posible escena final que le ha parecido muy atractiva. Enseguida la ha anotado para desarrollarla y discutirla a su tiempo. También el guion de una de mis novelas avanza a buen ritmo. Los proyectos se amontonan, pero no se quedan en un cajón aguardando un milagro. Si Pablo y yo hemos aprendido algo, y esto nos lo transmitió Pablo Cantos, es que solo la constancia nos llevará a buen puerto.

Ayer vi una de las películas candidatas a los Goya de este año: Las leyes de la frontera, adaptación de la novela de Javier Cercas, que ha dirigido Daniel Monzón. Es una muy sugerente revisión del cine quinqui de los años setenta y ochenta, cuando el Torete, el Vaquilla y el resto de los “perros callejeros” inundaban las pantallas de nuestros cines. Pero el film de Monzón tiene mejor factura y, a mí al menos me ha ocurrido, se ve con cierto cariño. Aquellos años de los tirones, de los yonquis, de la España cutre de la que todos deseábamos salir. Me gusta su mirada, quizá porque tiene la suerte de partir de un excelente texto. Sin embargo, podría pasar por un guion original para la pantalla. Buena ambientación, excelente música (los Chunguitos, las Grecas y demás, por supuesto, como debe ser) y actores que hacen creíbles sus personajes.

También acabé los Diarios de Chirbes, que me enganchó desde la primera página, y Contar las cuarenta, el volumen incalificable de Miguel Ángel Moreta-Lara, que no imagina que será un personaje en uno de los relatos de mi nuevo libro tangerino. Lo mismo, si lee este artículo, se entera. Es la suya una obra curiosa, llena de pequeños fogonazos (poemas, artículos, viajes, relatos…) que, a veces, te llegan muy dentro, como algunos de los textos que el autor agrupa bajo los capítulos de Leyenda, otros en Cuentos y también en Porfía. De todos estos, me resuena aún los titulados La biblioteca del preso Arturito, Apunte para la pequeña historia del señor Gonçales y ese maravilloso homenaje que es Los pequeños exilios en Mexico. Merecen su lectura para luego reflexionar sobre todo lo que nos ha narrado. He subrayado mucho en este libro.

Ando ahora con James Joyce, adentrándome en su biografía. Un tipo complicado, aunque con esto no descubro nada si pensamos en su Ulises (Ulysses).

Acabo de tener una idea para ese guion aún no escrito para la película que pergeña mi hijo Pablo, así que dejo esto que ahora relato y me pongo a esbozarlo.

Sergio Barce, 7 de enero de 2022

 

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 2 – CONTAR LAS CUARENTA, CON MORETA-LARA. EN EL HAMMAM, CON KILITO

En noviembre pasado, paseé por Tánger con Marta Cerezales Laforet, Rocío Rojas-Marcos y Miguel Ángel Moreta-Lara, ahí es nada (en uno de los cuentos que formarán parte de mi nuevo libro relato algún detalle de ese deambular). Hacía frío, pero el sol asomaba con cierta holgura y los perros y los gatos habían ocupado las zonas de las aceras donde más calentaba. A veces parecíamos extraños que nunca hubiesen vivido o estado en Marruecos, quizá porque los cuatro tratamos de embebernos de cuanto allí nos rodea. Fue un rato agradable, lleno de silencios, en especial cuando entramos en el cementerio judío, que nos sobrecogió por muchas cosas. Caminar por Tánger es viajar en el tiempo.

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Tras leerme sus poemas de su Dietario salvaje (que me ha deparado más de una sonrisa), ando con el otro libro que me regaló Miguel al despedirnos: Contar las cuarenta. Es incalificable, pero estoy aprendiendo muchísimas cosas con él. Hay notas de viajes, relatos, meditaciones (por así llamarlas) o más bien reflexiones, recuerdos, fogonazos de inspiración y textos nacidos porque sí. Me ha sorprendido conocer el destino de Miguel Hernández Torralbo, el dueño de un local mítico de Málaga: <El cantor de jazz>, por el que casi todos recalamos en nuestra juventud. Tal y como lo cuenta Miguel Ángel, lo cierto es que hay historias que son pura devastación.

Pero lo que me trae hoy aquí es que, Contar las cuarenta, publicado por El Desvelo Ediciones, me ha recordado un texto que leí hace tiempo de Abdelffatah Kilito. Cuando lo menciona en sus páginas, algo se ha encendido en mi cabeza, lo he buscado y he vuelto a leerlo. Se titula Una temporada en el hammam, y, como bien dice Miguel Ángel Moreta-Lara (que junto a Ahmed Ararou lo tradujeron del francés), es “un texto absolutamente perfecto”.

Extraigo un pequeño párrafo del relato:

“…El hamam es un descenso al otro mundo. No se sube al hamam, se baja; es difícil imaginar un hamam encaramado. Tan pronto como empujas la puerta para penetrar en la primera sala, hay que bajar un peldaño, por lo menos un peldaño. El hamam es un lugar crónico, situado en las profundidades de la tierra, en las entrañas subterráneas; como inframundo, es oscuro, sin estrellas ni sol, lejos del día y de la noche, fuera del calendario y de la cronología. El sol no tiene acceso a ese mundo de los muertos, a esa morada de las sombras de formas indecisas, que sólo reflejan de manera imperfecta las formas del mundo superior, del mundo bañado por el sol. El hamam es un espejo empañado, en cuya superficie se proyectan vagas siluetas, apariciones inciertas. Uno se transmuta en su propia sombra desde el instante en que baja a esta catacumba, fosa ahogada por un vapor espeso y sofocante…”

Sigo leyendo a Miguel Ángel a cuentagotas, para que no se acaben sus historias. Y, entre medio, se cuela alguna novela o algún diario. Esas cosas que hacemos los lectores impenitentes, que no dejamos de abrir los libros que tenemos a mano mientras miramos de soslayo los otros volúmenes que también nos esperan en una esquina del escritorio.

Sergio Barce, 25 de enero de 2022

 

ABDELFFATAH KILITO
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