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PALABRAS DE JOSÉ SARRIA SOBRE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» EN LA ENTREGA DEL PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA

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El pasado jueves, en el impresionante marco del Palacio de Carlos V, en la Alhambra, Granada, se entregaron los XXIX Premios Andalucía de la Crítica. Tras la lectura de cada una de las actas de cada uno de los premios por parte de María Rosal Nadales, un miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios leía una semblanza o defensa de las obras galardonadas en las distintas categorías. Manuel Gahete lo hizo sobre Soñar en bicicletas, ganadora del Premio de Poesía, de Ángeles Mora; Francisco Morales, sobre La familia, ganadora del Premio de Novela, de Sara Mesa; y José Sarria, sobre mi libro El mirador de los perezosos, ganador del Premio de Relatos. Tras estas intervenciones, Ángeles, Sara y yo, improvisamos o leímos unas palabras para agradecer el premio. He de confesar que ha sido una suerte conocer personalmente tanto a Ángeles Mora como a Sara Mesa.

Y he de confesar igualmente que las palabras que dedicó José Sarria a mi libro me llegaron muy hondo. Su semblanza me pareció de una gran belleza y sinceridad, además de entrañables y afectuosas, y por eso le di y le vuelvo a dar las gracias.

De manera que, además del reportaje fotográfico, aquí reproduzco tanto las palabras de José Sarria como mi propia intervención, para quienes deseen leerlas.

Sergio Barce, octubre 2023 

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«La historia se ha encargado de legitimar los estados y sus fronteras. Pero, existe un territorio que une a las mujeres y a los hombres mucho más allá de las delimitaciones políticas o naturales.

Esta región que trasciende a la geografía o al derecho internacional es el denominado continente sentimental, aquel en el que se encuentran, entrecruzan e hibridan culturas, lenguas o creencias. Es lo que ocurre en la demarcación de esa frontera imaginaria que inicia el recorrido en Andalucía para navegar, a través del Estrecho de Gibraltar, hasta alcanzar la región septentrional africana: emplazamiento de historias comunes, amalgamado por lo bereber, lo hispanovisigodo, lo árabe, lo sefardí y lo andalusí. En ese espacio singular, diría yo, casi mágico, que es el norte de Marruecos se produce el encuentro continuo de religiones, de creencias, de lenguas, de culturas, alcanzándose una hibridación, un mestizaje, que ofrece al escritor un marco novelesco de incomparable valor que muchos autores han sabido llevar a sus obras.

Tánger conserva el hálito de las lenguas (francés, español, dariya o haquetía), que supo poner banda sonora a la vida cotidiana de la antigua ciudad internacional, aquella que tuvo que ser la Casablanca de Humprey Bogart si la gente de Hollywood hubieran aprendido algo de geografía. En sus antiguos cafetines y teterías deambulaban Moisés Garzón Serfaty, Ahmed Daoudi, Ahmed Mohamed Mgara o Mohamed Lachiri, con sus primeros escritos en español bajo el brazo. La decadencia del Teatro Cervantes aún recuerda el día que recaló entre sus bambalinas la compañía de Juanito Valderrama y su plaza de toros fue testigo de algunas de las faenas que encumbraron a El Cordobés a lo más alto del reinado taurino, mucho antes de que fuera reconvertida, la plaza, en campo de hacinamiento para quienes, llegados de los lugares subsaharianos intentaron, un día, alcanzar el Dorado del norte.

Ese magma inconmensurable de lugares, personajes, historias y sentimientos, ha sido el material creativo que han sabido emplear, magistralmente, autores como Tahar Ben Jelloum, Mohamed Chukri, símbolo de resiliencia a partir de su emblemática novela El pan a secas, anfitrión de la Tánger internacional que supo recibir a la pléyade de artistas y escritores de la generación beat como Paul Bowles y su esposa Jane, Tenessee Williams o William Burroughs que erigieron a Tánger, en sus noches de desenfreno existencialista, como oasis de lo imposible.

Todos ellos, unos y otros, desde Ángel Vázquez, allá por los años  60/70 con su novela La vida perra de Juanita Narboni, hasta los más recientes, Leon Cohen Mesonero, Rafael de Cózar, Ramón Buenaventura, Antonio Lozano, Pilar Quirosa o Lorenzo Silva, han pretendido, han intentado, describir un tiempo en tránsito, anudar una época, unas personas, sus esperanzas, sus anhelos, sus frustraciones, en un marco tan inestable, tan movedizo, como es el de las fronteras y los espacios compartidos.

Y es ahí, en ese marco referencial de LA FRONTERA, donde aparece y se incardina toda la obra de nuestro autor, de nuestro cuentista y novelista, Sergio Barce, el español que nació en el año 1961 en Larache, el pied-noir (al igual que Albert Camus en Argelia) y que a los quince años abandona Marruecos junto a su familia, después de tres generaciones de estancia continua en el país alauí, para llegar a convertirse en el “moro” (tal y como lo bautiza “El Pichi”, hermano marista de su primer colegio malagueño).

Esta “expulsión” del Jardín de las Hespérides, va a significar para el escritor la imperiosa necesidad de volver a reconstituir su mundo, de volver a restablecer el orden perdido, hasta convertirse en el máximo representante de la NARRATIVA MEMORÍSTICA del periodo del Protectorado español y su posterior edad: relatos del recuerdo de una época que se resiste a desaparecer, relatos de la frontera de la épica cotidiana, vistos desde el asombro, desde la imaginación encendida del nesrani que fue para los vecinos del Jardín de las Hespérides.

El mirador de los perezosos es una hialina tesela dentro de ese gran mosaico que ha ido semillando nuestro autor desde su iniciático Jardín de las Hespérides (del año 2000) hasta Una puerta pintada de azul (del año 2020).

Barce ha establecido, a través de su obra, un mundo mitológico, en el triángulo áureo de las ciudades de Tánger, Tetuán y Larache, donde el encuentro continuo de culturas fluye y se desarrolla en la cotidianidad que surge en y desde universos distintos, pero imbricados en lo consuetudinario y que conforma el magma narrativo barciano que ahora se expande con esta nueva entrega que discurre, magistralmente contada y vivida, en el dédalo de calles, plazas y cafetines que conforman la ciudad Tánger, sus espacios decadentes o idílicos de la otrora ciudad internacional (“Sabes que Tánger es la ciudad de las quimeras? En ninguna otra ciudad del mundo encontrarás tantas ilusiones perdidas” – afirma el hombre que se detiene, junto al protagonista, en la barandilla del nuevo puerto deportivo); o en el suelo de la habitación 409 del hotel Rembrandt, donde Delio Bláquez intenta recordar quién es; o en los doscientos treinta y ocho pasos que separan la casa de la exuberante Amina de la babuchería del protagonista del relato “Dar Niaba”; o en el café Hafa, una pequeña Ítaca flotando entre el Mediterráneo y el Atlántico, lugar donde los narguiles embriagan el extravío; o en el Boulevard Pasteur, donde te cruzas con mujeres cuyas pestañas “aletean como las alas de una mariposa”, arteria donde se ubica el Café París cerca del Mirador de los perezosos (relato homónimo al libro) donde tiene su pequeño universo de venta ambulante el viejo Abdelkrim, quien, alcanzada casi la ancianidad, evoca el cuerpo de Ghizlane que olía a locura y en el que encontró “un refugio y un campo de batalla, un hogar y un abismo” o en el taller de Joao Fragoso, pintor venido de Oporto para quien posa Saloua, cuyos labios afrutados siguen oliendo a jazmín y miel, una diosa de cuarenta y ocho años que se ofrece a un artista incapaz de pintarla tal y como él anhela.

Escribía Jaroslav Seifert que “recordar es la única manera de detener el tiempo”. Sergio ha detenido no solo el tiempo, sino el naufragio, bajo una magistral narrativa memorística, elevando un texto épico, heroico y solidario. Nos abre esta mágica “puerta azul” y nos invita a pasar y a pasear, rescatando a todos aquellos que conformaron su infancia y su adolescencia para reinstaurar, con su palabra, un nuevo Elíseo, donde caminan y transitan invulnerables, inmarcesibles y eternos.

“Y ahora -siguiendo la hospitalaria invitación del señor Beniflah, uno de los personajes de su libro Paseando por el Zoco Chico-, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen comer, que pasen”.

El mirador de los perezosos es el mundo que Sergio Barce ha creado para todos: su legado, una página más del testamento que ha construido a lo largo de casi veinticinco prodigiosos años y que nos entrega como testimonio de resistencia “a través de los ojos del niño que fue”, tal y como le enseñó hace tiempo Brital, el vendedor de chucherías.

Alcanzada la madurez creativa, Sergio Barce toma asiento en alguna de las sillas vacías del Café Central de Larache, escucha las bromas de Sibari, de Akalay o su padre Antonio, y sonríe satisfecho. Saborea un té con flores de azahar, mientras suena de fondo, diferente, angelical, el “color vibrante de la voz suave y nunca destemplada” de Haviva y vuelve a sonreír porque sabe que ha cumplido su misión: mantener vivo el recuerdo y la imagen de quienes habitan, ya por siempre, en la que fue y será “ciudad de las quimeras.

José Sarria«

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«Escribió Cervantes en el Quijote que “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”. Como no me considero un ingrato, ni pretendo ofender a Dios, en especial hoy, lo primero es agradecer a los miembros del jurado que hayan considerado “El mirador de los perezosos” merecedor del galardón en la categoría de libro de relatos. Y felicitar, tanto a quienes quedaron finalistas en la misma categoría, como a Sara Mesa, ganadora en la categoría de novela, y a Ángeles Mora, en la de poesía.

Confieso que, al recibir la noticia del premio, no sentí que la felicidad se me desparramara por los poros, sino una especie de incredulidad, tal vez porque no esperaba lograrlo. Pero con el paso de los días, y hoy, tan cerca del lugar donde residió el poeta Ibn Al Jatib, al que se conoció como Du Al-Mitataýn, “el de las dos muertes”, me siento reconfortado y orgulloso, que no recompensado. En especial, orgulloso de haber llegado hasta aquí a través de una pequeña editorial malagueña, que es Ediciones del Genal, que ha mimado mi libro. La recompensa, sin embargo, es otra cosa.

Escribió el maestro Richard Ford que “escribir es un acto que elijo hacer para ser útil en el mundo. Y me da mucho placer ser útil a otras personas a las que no conozco”.

Suscribo sus palabras. Porque para mí, dar placer al lector es mi recompensa.

Una joven me contó que su madre era ciega, que ella le leía una y otra vez el libro que me había pedido que le dedicara. Y luego me desveló que, mientras se lo leía, conmovidas por la historia, lloraban juntas. ¿Hay mayor recompensa para un escritor que ésta? Creo que no.

Bryce Echenique dijo que “el cuento es una especie de ajedrez que tiene que terminar con un jaque mate”. No sé si eso debe ser así, pero si sé que mis cuentos no son el resultado del azar, sino de mucha constancia y de muchas horas dedicadas a lograr su perfección. Aunque todos sean imperfectos.

Escribir es una necesidad para mí. No concibo la vida sin hacerlo. Mi mundo ya lo conocen bien quienes me han leído: Larache y Tánger. Tardé años en descubrir que era allí donde me aguardaban las historias que debía contar. Era mi niñez en Marruecos la que había cimentado al hombre que soy. Y sólo al regresar allí se me reveló esa realidad. Ese es mi Macondo. Mi refugio personal y literario.

Llegar hasta hoy, que no sé si es un punto de inflexión o sólo un mero accidente, se debe en gran medida a dos personas: al dramaturgo Miguel Romero Esteo, que me enseñó a narrar y me descubrió a los autores de los que más he aprendido, y al cineasta Pablo Cantos, que siempre creyó en mí. Los dos me animaron a no cejar en el empeño, a seguir tecleando. Los dos han desaparecido. Pero siguen vivos en mi memoria. A ellos les dedico este premio.

En su libro “La enfermedad de escribir”, Charles Bukowski dice que “no hay nada más mágico y hermoso que ver las palabras cobrando vida en la página en blanco”. Me parece incontestable. Porque es cierto que es mágico y hermoso ver crecer la historia que relatas, acabarla para dar placer a alguien que te lee, pero al que no conoces, y también darle jaque mate con tu cuento, es decir, dejarlo con la miel en los labios cuando llega al punto final.

Para acabar, querría añadir dos cosas más: la primera, agradecer especialmente a Remedios Sánchez, como presidenta de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, y a su junta directiva, todo el esfuerzo y el trabajo que vienen desarrollando en estos últimos años, y el trato tan cercano que siempre nos dispensa.

La segunda y última es que, siendo como soy un escritor marxista, no me resisto a dejar de mencionar al gran filósofo que fue Groucho Marx, cuando dijo: “Desde el momento en que cogí su libro, me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.” Lo que yo espero es que nunca me digan algo así.

Sergio Barce«

   

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LAS LLAMAS NO PODRÁN CON LA LIBRERÍA PROTEO DE MÁLAGA

Abderrahman El Fathi, Ahmed El Gamoun, Ahmed Mgara, Ahmed Oubali, Alberto Gómez Font, Alfredo Taján, Alice Wagner, Alicia Acosta, Alicia Muñoz Alabau, Ana Añón, Antonio Abad, Antonio Bravo Nieto, Antonio Fontana, Antonio García Velasco, Antonio Herráiz, Antonio Lozano, Antonio J. Quesada, Aurora Gámez, Aziz Amahjour, Bernabé López García, Carlos Salazar Fraile, Carlos Tessainer, Carmen Enciso, Cecilia Molinero, Cristián Ricci, Cristina Martínez Martín, David Rocha, Eloísa Navas, Emilia Luna, Encarna León, Enrique Baena, Enrique Lomas, Farid Othman Bentria Ramos, Felicidad Batista, Fernando Castillo, Fernando de Ágreda, Fernando Tresviernes, Francisco Morales, Francisco Muñoz Soler, Francisco Ruiz Noguera, Francisco Selva, Fuensanta Niñirola, Guillermo Busutil, Herminia Luque, Hipólito Esteban Soler, Inmaculada García Haro, Iñaki Martínez, Javier Lacomba, Javier Otazu, Javier Rioyo, Javier Valenzuela, Jes Lavado, José A. Garriga Vela, José Mª Lizundia, José F. Martín Caparrós, José L. Gómez Barceló, José L. Ibáñez Salas, José L. Pérez Fuillerat, José L. Rosas, José A. Santano, José Sarria, Juan Clemente Sánchez, Juan Gavilán, Juan Goytisolo, Juan José Téllez, Juan Pablo Caja, Julio Rabadán, Laila Karrouch, León Cohen Mesonero, Leonor Merino, Lorenzo Silva, Luis María Cazorla, Luis Leante, Luis Salvago, Manuel Gahete, Marceliano Galiano, Marcos Ana, María Sangüesa, Mario Castillo del Pino, Miguel Romero Esteo, Mohamed Abrighach, Mohamed Akalay, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Chakor, Mohamed El Morabet, Mohamed Lahchiri, Mohamed Sibari, Miguel Sáenz, Miguel Torres López de Uralde, Miguel Angel Moreta Lara, Montserrat Claros, Mustafa Busfeha, Pablo Aranda, Pablo Macías, Pablo Martín Carbajal, Paloma Fernández Gomá, Patrick Tuite Briales, Paula Carbonell, Pedro Delgado, Pedro Munar, Pedro Pujante, Pepe Ponce, Presina Pereiro, Rafael Ballesteros, Ramón Buenaventura, Randa Jebrouni, Remedios Sánchez García, Roberto Novella, Rocío Rojas-Marcos, Sahida Hamido, Said El Kadaoui, Saljo Bellver, Salvador López Becerra, Santos Moreno, Sergio del Molino, Sonia García Soubriet, Susana Gisbert, Tahar ben Jelloun, Tomás Ramírez, Víctor Morales Lezcano, Víctor Pérez, Yolanda Aldón y Zoubida Boughaba Maleem.

Todos estos autores podéis encontrarlos en la página web de la Librería Proteo, de Málaga, que, como ya sabéis ha sufrido un grave incendio.

Librería Proteo necesita nuestra ayuda. Con todos estos autores que he mencionado me une algo, vínculos afectivos y de amistad en unos casos o eventos compartidos en otros. Por eso destaco sus nombres. Y para ayudar a la Librería Proteo, que tanto significa para Málaga y para nuestras vidas, que es además la sede de Ediciones del Genal, con quien he venido publicando mis últimos títulos, os pido que compréis al menos un libro de cualquier de estos escritores, el que más os guste o al que queráis descubrir por primera vez, y que la compra la hagáis a través de la web de Librería Proteo, que os indico:

https://www.libreriaproteo.com/

Entre todos, la librería Proteo de Málaga va a renacer, y entre todos vamos a ayudarles a que vuelva a señorear como ha hecho en estos cincuenta años. Durante la dictadura fue el lugar donde poder hallar los libros prohibidos y censurados, el refugio de quienes buscábamos aire puro. Tenemos que reencontrarnos de nuevo entre sus estanterías, abriendo los libros que se exponen, oliendo las páginas recién editadas, hallando nuevas aventuras en las que embarcarnos… 

Sergio Barce, mayo 2021

 

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DOS POEMAS DE MANUEL GAHETE

Manuel Gahete, al que admiro y respeto, entre otras razones porque es un hombre generoso, educado y cercano, y porque, en varias ocasiones, al presentar mis novelas, con su sola intervención las hizo mucho mejores. Manuel Gahete, además, posee algo que envidio: un timbre de voz que ya hubiese querido para mí, con el que, estoy seguro, habría logrado encandilar y hechizar a alguna bella dama. Pero no, la voz es suya y la frustración mía. 

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Manuel Gahete también es un gran escritor, un extraordinario poeta. Y esta es la excusa para traerlo aquí y leer en alto (aunque no sea con el timbre de su voz) dos de sus poemas, que forman parte de su libro El fuego en la ceniza, con el que obtuvo el I Premio de Poesía Fernando de Herrera, libro en el que me escribió una bellísima dedicatoria: “Para Sergio Barce, siempre incendiado por la emoción poética. Con mi cariño y admiración”. Lo mismo digo, Manuel: releeré estos poemas con mucho cariño y rendida admiración. Agradecido de tu amistad.

Sergio Barce, febrero 2021

Códex

 

Cuando me haya de morir

pon en mi cuerpo de tierra

un beso de cera gris

y préndelo con tu fuego

para que quede de mí

la ceniza de tu aliento

cuando me haya de morir.

***

La llamada

 

Fulge tu amor aún como una espada,

sílex de soledad, rayo de hierro,

última estrella tú en el desierto,

cítara de piedad alquitarada.

Fulge un amor aún. A tu llamada

vibra mi corazón desde su encierro,

lábil como el papel a ti me aferro,

ángel de lluvia vuelto de la nada.

Fulge tu amor aún: en el asombro,

en el fatal fragor de mi destino,

templas el tenso pulso de mi brazo.

Fulge tu amor aún cuando te nombro.

cuando mis pasos buscan tu camino,

siempre estás tú llamándome al abrazo.

Manuel Gahete

MANUEL GAHETE, SERGIO BARCE Y ANTONIO MORENO AYORA
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LA FRONTERA LÍQUIDA Y MEHDI MESMOUDI

El libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí, editado y coordinado por José Sarria y Manuel Gahete, y publicado por Tirant Humanidades (Valencia, 2019), se recogen todas las ponencias y estudios presentados en el Congreso celebrado en Córdoba en el mes de noviembre de 2019, en el que tuve la fortuna de participar. Continúo ofreciendo extractos de cada uno de los artículos recogidos en este volumen.

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El tercero que os traigo es la ponencia del profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (México) Mehdi Mesmoudi, texto con el que arranca el volumen, y que tituló La literatura marroquí en lengua española desde la transhispanidad literaria, del que extraigo los siguientes párrafos: 

“…Hablar de este Marruecos en lengua española ya es un acontecimiento en la crítica. Me refiero, por un lado, a un cuerpo social, intelectual, cultural y político que se encarga de pensar y discutir las cuestiones relacionadas con el mundo hispánico; y, por otro, a un imaginario de creencias, mitos, hábitos y costumbres que dan cuenta de este vínculo y traza en el aire <una comunidad del espíritu y de la sangre, del verbo encarnado> (Nicol, 1998 -1961-) y hace visible un ethos común. Al referirme a ambas nociones de este <cuerpo>, señalo un lugar desde donde se articula y se despliega esta serie de relatos de distinta índole que pretende sumarse al mundo de lengua española y su geodiscursividad; es decir, una sensibilidad particular asociada a dicha lengua, sus registros socio-semánticos y sus múltiples referencias geohistóricas, culturales y políticas.

Este Marruecos en lengua española es producto de tres fenómenos intelectuales, culturales y políticos que se pueden enumerar a continuación. El primero alude a la extensísima literatura en lengua española -y agregaría, europea y estadounidense- cuyo escenario es Marruecos; es decir, la producción literaria orientalista y africanista. El segundo se refiere al hispanismo en su vertiente diplomática durante las dos últimas décadas de la etapa protectoral y, en su vertiente académica, en el contexto del desarrollo de los departamentos de lengua y literatura en los ochenta y la consolidación de la investigación en los noventa. El tercero apunta a la literatura marroquí en lengua española que tiene lugar por allá de los años sesenta y se ha sofisticado en los ochenta. Estos tres discursos han forjado en el imaginario tanto intelectual como cultural una región atípica que es el Marruecos hispánico o de lengua española, ligado a su idiosincrasia, sus usos y costumbres, hábitos y prácticas, sus formas abigarradas de estar en el mundo…”

Continuará con los siguientes ponentes.

Sergio Barce, enero 2021

MEHDI MESMOUDI
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LA FRONTERA LÍQUIDA Y REMEDIOS SÁNCHEZ

 

El libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí, editado y coordinado por José Sarria y Manuel Gahete, y publicado por Tirant Humanidades (Valencia, 2019), se recogen todas las ponencias y estudios presentados en el Congreso celebrado en Córdoba en el mes de noviembre de 2019, en el que tuve la fortuna de participar. Sigo ofreciendo extractos de cada uno de los artículos recogidos en este volumen.

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El segundo que os traigo es la ponencia de Remedios Sánchez, muy interesante y necesaria en estos días, que tituló Aquellas revistas de los cincuenta: Al-Motamid y Trina Mercader como adalid de la convivencia cultural hispanomarroquí, del que extraigo los siguientes párrafos:

“…bajo esas premisas de convivencia forzada (el Protectorado español en Marruecos), ¿qué sucede con la cultura? Escribe Trina Mercader, residente en ese momento en Larache, algo que refleja muy bien la realidad histórico-social y cultural de ese momento:

<Larache poseía, en lo cultural, un ambiente oficial mantenido por las Autoridades españolas, en lo que fue Protectorado español. Una serie de actos como conciertos, conferencias, exposiciones, que iban destinados a la intelectualidad española, a los que asistía algún marroquí joven. Estos actos estaban impulsados por la mecánica proteccionista, ensalzando la superioridad del país protector sobre el país protegido. La cultura española, venía a decir, es superior a la cultura marroquí, siempre silenciada. Esta situación artificial, producto del comportamiento político, daba lugar a un desprecio mutuo, que por mutuo nos equilibraba.>

Al-Motamid se funda como herramienta para favorecer el diálogo intercultural, desde la conciencia de un nutrido grupo de escritores, liderados por Trina Mercader, de que <la cultura viva de Marruecos existía. Bastó que alguien la convocara sin otros intereses que los estrictamente culturales, para que hiciese acto de presencia>. Al-Motamid, que se publica desde su fundación de manera bilingüe (español y árabe), concita el interés de los escritores jóvenes de ambas lenguas que iniciaban su carrera, tal y como ha estudiado Fernández Hoyos.

Ya desde el mismo nombre de la revista, tomándolo del último rey abadí de la taifa de Sevilla, amante de la poesía, género al que se dedicó activamente, resulta una declaración de intenciones y pretende propiciar sinergias porque, como escribe la propia Mercader, la publicación <aparece bajo la advocación de Al-Motamid, como homenaje al pueblo hermano, con impulso de sincera cordialidad…>

(…) Al equipo de la revista donde Trina ejerce como directora se suman, desde el número ocho, autores melillenses como Jacinto López Gorgé (el responsable de la otra publicación imprescindible de semejante perfil, Ketama, suplemento de la revista de investigación Tamuda, publicada entre 1953 y 1959), Pío Gómez Nisa, Eladis Sos o Juan Guerrero Zamora. Por la parte árabe, los primeros traductores son Driss Diuri (como figura esencial en la primera etapa), Abdel Malik Nader y Ahmed Tadlaui. Conforme avanza Al-Motamid (a partir del sexto número, en 1947, se amplían las traducciones de autores que escriben en lengua árabe); se incorporan, bien de manera habitual, bien de forma esporádica, Nayib Abu Malham, Ibn Azzuz Haquim, Muhammad al Arabi al Jattabi, Mohammed Ailzani, Muhammad Sabbag o Amina al-Loh para la traducción del árabe.

Son años duros los primeros de la publicación, pero con mucha ilusión por parte del equipo encabezado por nuestra escritora; en él se da cabida a voces que se inician y a poetas consagrados en ambas lenguas para mutuo conocimiento; entre los árabes, Abdelkader El Mokkadam, traducido por Driss Diuri; Mohammad Al-Boanani, Ibrahim al-Ilgui, Abdallah Guennun, Idris El Ya´i, Mijail Naima, Bulus Salama, la palestina Fadwa Tuqan, el chileno de origen sirio Benedicto Chuaqui, el tunecino Abulqasim al-Shabbi o el egipcio Ali Mahmud Taha. Por la parte española, encontramos la firma de Carmen Conde, Vicente Aleixandre (fascinado por el trabajo de Trina para sacar adelante la revista), Rafael Alberti, Pablo Neruda, Luis López Anglada, Miguel Fernández, José Hierro, Leopoldo de Luis, Leopoldo Panero, Rafael Laffón, la propia Trina Mercader, Jacinto López Gorgé con sus acercamientos -traducidos al árabe- a la realidad de la poesía española, etcétera (se trata de una extensa nómina de colaboradores); o los grandes arabistas del momento: Emilio García Gómez, Pedro Martínez Montávez, Soledad Gibert, José María Casciaro, Fernando de la Granja y Enrique Perpiñá, Es decir, una nómina verdaderamente significativa que revela la magnitud del trabajo llevado a cabo por la alicantina.

(…) …eso era lo que buscaba: un equilibrio cultural , conocer la cultura del otro desde el respeto mutuo y el amor compartido por la literatura…”

Continuará con los siguientes ponentes.

Sergio Barce, diciembre 2020

 

REMEDIOS SÁNCHEZ
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