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LEYENDO «NADIE SALVA A LAS ROSAS», DE YOUSSEF EL MAIMOUNI

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Leer a un amigo que escribe con tanta calidad te produce un doble efecto: el placer de la lectura y la alegría por comprobar que es un narrador de altura. Es lo que me está ocurriendo con Youssef El Maimouni.

Tras su novela Cuando los montes caminen, de la que ya hice una reseña en su momento y destaqué su buen pulso narrativo, ahora ando enfrascado en el nuevo título que también ha publicado Rocaeditorial: Nadie salva a las rosas.

Leídas las primeras páginas, le envié un whatsapp en el que le decía: “solo llevo dos capítulos, pero en esas páginas he descubierto el salto enorme que has dado hacia arriba en la calidad, pero también en la intensidad…”. Hoy, varios capítulos después, me reafirmo en esa primera impresión. Voy subrayando párrafos y frases que me parecen señas de identidad de un autor con una voz propia y distinta.

“…No es fácil ser madre de una hija triste.

La puerta se cierra. Una lágrima desciende hasta las comisuras de los labios. La sal es perjudicial para la salud…”

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“…El reflejo en el cristal del metro escupe mi pasado. Los años pasan a la velocidad del transporte público, atravesando el túnel oscuro, y observo tras la niebla mis veintisiete años…”

Me abro camino por esta historia contada a varias voces, enhebrada con meticulosidad, por esta trama dura, sin concesiones, terriblemente real. Youssef me conduce por la ciénaga de la sociedad que nos ha tocado vivir, en la que todo parece tiznado de miedo, de rencor, de sufrimiento. No sé qué me espera en la segunda parte de esta novela, pero sigo adentrándome en este amasijo de sentimientos que se amontonan en lo que no es sino el derribo de muchos tabúes.

“…Cuánta razón tenía la muy cabrona. Si se entera de que me he liado con una gaditana y una murciana, se va a poner loca de atar: <No hay nadie que no sea bisexual y las de Murcia son las más guapas de España, te lo dije>. Se reirá de mí y tendré que imaginármelas para contrarrestar sus burlas. Leí, no sé dónde, que nadie domina del todo un idioma hasta que no es capaz de hacer bromas y de usar con fluidez la ironía. Pues Rihanna habla a la perfección, mucho mejor que yo. Y nunca usa el ascensor. <Las escaleras son buenas para la salud de los glúteos>. Bajar sí que las he bajado, subirlas no lo recuerdo. Alguna madrugada de borrachera, cuando las distancias son más cortas. Sí, todo es más sencillo si se está en lo alto y se desciende poco a poco, al ritmo que una desea, pero termina por ser monótono, poco estimulante. Sí, no existe nadie que haya caído de abajo arriba. Sería más bonito, más especial. Más justo.”

Sigo leyendo la novela de Youssef El Maimouni. Hacerlo es como cimentar además nuestra amistad y gozar con las páginas que es capaz de escribir con tanta solidez. Por supuesto, no se librará de mis impresiones finales.

Sergio Barce, 5 de febrero de 2023

 

 

YOUSSEF EL MAIMOUNI Y SERGIO BARCE
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COMPARTIENDO ESPACIO CON LOS AMIGOS

Sigo colgando en mi blog imágenes pertenecientes a lmi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi novela Sombras en sepia (Pre-Textos), junto a La sociedad Transatlántica, de Alfredo Taján;  Horas muertas, de José A. Garriga Vela, y al lado de Los espejos que se miran, de Felicidad Batista. 

Mi libro de relatos Una puerta pintada de azul, posando con Nadie salva a las rosasde Youssef El Maimouni; Quebdani, de Antonio Abad, y junto a Del silencio, de Sergi Bellver.

Y mi novela El laberinto de Max, junto a Aixa, el cielo de Pandora, de Mohamed Bouissef Rekab; Cádiz y la otra orilla, a sorbos de a-mar y versos, de Yolanda Aldón, y junto a Relatos de vinilo, cinta magnética y celuloide, de Juan Pablo Caja.

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL» EN LA LIBRERÍA FAHRENHEIT 451, DE BARCELONA

El pasado viernes, 11 de febrero, el escritor Youssef El Maimouni, presentó mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal) en la preciosa Librería Fahrenheit 451 de Barcelona.

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Estos actos siempre me provocan una cierta inquietud. ¿Asistirá alguien? ¿Saldrá todo bien? Ahora, volvía a recorrer 985 kilómetros para este nuevo encuentro, y, aunque ya había estado en Vilafranca del Penedés en 2016 y en Barcelona en 2019, con la fortuna de cara en ambas ocasiones, nunca se sabe qué puede ocurrir. Pero todo ha vuelto a resultar mejor de lo esperado.

El lugar elegido me lo había sugerido Youssef El Maimouni, y acertó. La Librería Fahrenheit 451 está ubicada en el Carrer de la Sal, en el local que antes fuera de la mítica Librería Negra y Criminal, con lo que el reto parece aún mayor. Pero Fahrenheit 451 tiene como ventaja que está en manos de dos libreros excepcionales, Sergio Lledó, malagueño, vinculado al mundo de las editoriales desde hace años, y Azra Ibrahimovic, a producciones escénicas, eventos y festivales. Ellos llevan además una librería ambulante, que es la que les condujo hasta ese local, ya vacío, en plena pandemia, y se lanzaron a esta aventura. Han construido un lugar muy sugerente y atractivo, y, en cuanto entré, me cautivó. La cercanía de Sergio Lledó me hizo pensar que cosecharíamos un pequeño triunfo. Me había acercado a mediodía para ver el local y conocernos en persona. Charlamos un buen rato y, para mi sorpresa, sacó una botella de Cartojal (más malagueño imposible) y nos bebimos dos vasos que, con el estómago vacío, me inyectó de inmediato una euforia inesperada. La cosa comenzaba bien.

Ya, por la tarde, llegó la hora de la verdad. Y comenzaron a llegar los asistentes, algunos conocidos y otros que me daban la sorpresa de nuestro primer encuentro. Había algunos larachenses, claro. Al acomodarse los asistentes, nos dimos cuenta de que habíamos hecho pleno, lleno al completo, y eso me alegró más por Sergio y Azra que por mí. Entonces me relajé.

Youssef y yo nos sentamos en el sofá instalado para la ocasión frente a una mesa baja en la que Sergio Lledó había construido un mosaico azul con varios ejemplares de mi libro. Frente a nosotros, el público que nos arropaba, entre ellos algunos buenos amigos. Trataré de mencionar a la mayoría de ellos (me dejo fuera algunos nombres, como siempre, porque es imposible controlarlo todo): Itzea Goikolea, Juan Gabriel López Guix, María Josefa Menéndez Zambrano, Hortensia y Paco Antúnez, los hermanos Fernández Gallardo (Maribel, José María y Emilio), Pilar Alguacil, Juan A. Alguacil y Sara Ruiz, Alberto Fuentes (que asistió en busca de las huellas larachenses de su abuelo), María Ulldemoins, Joana Márquez, Harmut Nagel, Naïma el Orfa, José Miguel Feria (que tampoco falla y me dio la sorpresa de un libro de Morricone), Gloria Clavera (mujer de Youssef) y Mina (su hija, preciosa), y también Ismail, Juan Pablo Caja (a mi amigo Juan Pablo lo he indultado este año, liberándole de la presentación que ya me hizo en las dos anteriores ocasiones, creo que en el fondo lo agradeció), y la escritora Laila Karrouch, que se desplazó desde Toulouse (cosas así, te hacen pensar que esto de narrar merece la pena) y eso me enorgulleció por la amistad y afecto que nos profesamos. En fin, no podíamos estar mejor acompaños.

Mi querido amigo Youssef El Maimouni, autor de la excelente novela Cuando los montes caminen (Roca Editorial), hizo muy fácil el diálogo que mantuvimos para hablar de mi libro. Lo convirtió en un agradable paseo por cada uno de los relatos que integran Una puerta pintada de azul, y durante ese deambular hablamos de los personajes, unos reales, como Mohamed Sibari y su relación con mi familia) y otros ficticios, como Ahmed que, junto a mi madre, son los protagonistas del cuento que cierra el volumen; recorrimos las calles de Larache, donde se ambientan todos estos cuentos, y varios asistentes se sumaron al diálogo enriqueciendo el encuentro. Hablamos también de la convivencia de las tres culturas en Marruecos, cómo nos ha marcado este país, sus gentes, del amor que le profesamos. De las contradicciones culturales y de los descubrimientos literarios. Hubo momentos intensos y muchos otros divertidos, y el tiempo se nos escapó sin darnos cuenta. El ambiente en la librería se había cargado de electricidad. Youssef nos condujo hasta el final como un perfecto cicerone.

Mereció la pena recorrer esos 985 kilómetros de carretera que distan de Málaga a Barcelona (aunque los hiciese en avión). Había recompensa.

Sergio Barce, febrero 2022

La galería de imágenes del acto comienza con dos fotografías muy ilustrativas. En la primera, estoy junto a mi paisana Naïma el Orfa y es fiel reflejo del ambiente que gozamos en la librería. En la segunda, junto a mis amigos los escritores Youssef El Maimonui y Laila Karrouch. La risa espontánea de Naïma y la sonrisa de Laila iluminan esta pequeña crónica mejor que cualquiera de mis palabras.

 

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