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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN TORREMOLINOS DE “MALABATA”, NOVELA DE SERGIO BARCE

En el anterior post os mostraba en imágenes cómo fue la presentación de mi novela Malabata en la Librería Pérgamo, de Torremolinos. Hoy me permito ofreceros el texto completo de la intervención del escritor Mario Castillo del Pino en esta presentación. Pero antes, me toca hablar de Mario.

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Sergio Barce y Mario Castillo del Pino

Mario Castillo del Pino. Licenciado en Filología Inglesa, ha sido profesor durante treinta años, actividad que ha compaginado con sus dos grandes pasiones: escribir y pilotar aviones. Como narrador, ha obtenido diversos premios como el Juan José Relosillas de Relatos, el Premio de Narrativa Feria del Libro de Almería por su novela La imagen del silencio, y el Premio de Novela UNED María Zambrano con Mi avión herido.

Además de todo esto, es una buena persona y mejor amigo. Y como una de sus características es la generosidad, accedió a presentar Malabata con las siguientes palabras (lástima que aquí no pueda transmitiros sus chascarrillos, bromas y comentarios que surgieron en el acto a vuelo pluma, pero no todo podemos transcribirlo al pie de la letra):

MALABATA: UNA NOVELA DE FRONTERAS.

    Antes de nada, quisiera comenzar con un par de agradecimientos. Ambos van dirigidos inevitablemente a la misma persona: Sergio Barce, protagonista hoy de este encuentro literario. En primer lugar agradecerte el honor y la confianza de permitirme presentar públicamente tu nueva novela Malabata. En segundo lugar, y sobre todo, darte las gracias en nombre de todos nosotros, tus lectores incondicionales, por ofrecernos a lo largo de años y cientos de páginas inspiradoras un universo único que nos ha atrapado para siempre.

Permíteme que haga una breve retrospectiva. No te preocupes, aquí hemos venido a hablar de tu libro, lo sé. Pero es importante que sepas cómo llegué y con qué espíritu inicié la lectura de Malabata.

Ha llovido ya bastante desde que recibí igual honor, parece que no aprendes. En el año 2004 tuve el privilegio de presentar tu libro de cuentos Últimas noticias de Larache. Permítanme incluir aquí una nota al margen y destacar que uno de los relatos incluidos en ese volumen, El nadador, ha sido magistralmente llevado al cine por Pablo Barce, cortometraje que está cosechando premios y visionados en los mejores certámenes internacionales de todo el mundo. Les deseamos la mejor de las suertes para los Premios Goya 2020 para el que ha sido preseleccionado. Estaremos atentos. Así que suerte.           

Como te decía, cuando comenté públicamente hace ya quince años ese magnífico e intimista libro de relatos, descubrí al verdadero Barce que venía asomando, casi oculto, en todas tus obras anteriores desde aquella primera novela, En el Jardín de las Hespérides. Un universo personal que terminó eclosionando definitivamente en Una Sirena se ahogó en Larache, una de las mejores obras que he leído en la última década. Creo sinceramente que con La Sirena, a pesar de su éxito, nunca se hizo verdadera justicia. Hablamos en aquella ocasión, recuerdas, de la dicotomía de los mundos abandonados en la infancia, reconstruidos desde los escombros de la memoria y revisitados, una y mil veces, para hilvanar un refugio cálido y acogedor desde donde oponer resistencia a la aridez de una vida adulta, desprovista de los mitos bellos e inquietantes de los primeros años y los lugares que nos habitan.

Cuando lei La Sirena por primera vez, dos pensamientos se instalaron en mí: una certeza y un miedo. El primer pensamiento fue la seguridad de que te sería difícil plasmar con mayor precisión e inspiración la infancia perdida. Creo sinceramente que esas maravillosas páginas tuyas, ya nuestras desde entonces, suponen el epítome de algo que se venía cociendo a fuego lento en tu más oculta intimidad. Obra magistral y definitiva. Creo que Una Sirena se ahogó en Larache representa un delicado Grand Finale, ese redoble último tras el que encuentras al fin la paz. El segundo pensamiento, sin embargo, no fue tan reconfortante. Una extraña desazón, quizá inquietud, casi miedo. Temí que sintieses la necesidad de seguir perfilando los mitos de la infancia. El Larache perdido. El exilio de la propia identidad. Estaba seguro que podrías seguir haciéndolo con la misma maestría y ternura, Sergio es Sergio y no puedes ocultarse de tí mismo. Pero temí que te enrocaras. Que no supieses encontrar la salida. Como lector me mantuve expectante y no me defraudaste. Vaya golpe de timón. Triple salto mortal y sin red.

Desde que publicaste en 2011 La Sirena, cuatro novelas tuyas han visto la luz. El libro de las Palabras Robadas, La Emperatriz de Tánger, Malabata y El Laberinto de Max. Esta novela corta que cito en último lugar la colaste intercalada entre La Emperatriz y Malabata. La verdad es que fue una sorpresa para todos. Fue increible ver cómo nos llevaste de la mano con tanta concisión y belleza a través de sus escasas cien páginas. Una joyita. Es el primer Barce “adulto” que no reniega ni oculta unos sentimientos vistos desde la atalaya de los años que ya se nos van acumulando: la relación con el padre, el amor, la muerte… Pero dejemos eso para otro día. Si apartamos El Laberinto de Max a un lado, rara avis, por excepcional, nos quedan tres novelas que has dado en llamar la trilogía de Tánger.

Hoy nos has congregado alrededor de Malabata, la obra que cierra dicha trilogía. Una novela magnífica, con tramas y subtramas bien entretejidas, personajes profundos y confusos en busca de una redención.

Ya sabes que te admiro como escritor. Siempre he envidiado la frescura, la naturalidad, la autenticidad de tus diálogos. Siempre he admirado tu capacidad de trabajo, tu esforzado amor por las palabras. Pero de todas las virtudes que tienes como escritor hay una que es sobresaliente, una habilidad que pocos consiguen: crear universos propios. La mayoría de los que alguna vez hemos aspirado a escribir textos coherentes e inspiradores hemos fracasadado estrepitosamente cuando nos hemos enfrentado a la creación de mundos personales, identificables, únicos. Muy pocos autores lo consiguen. No todos estamos dotados para crear macondos, paises de las maravillas, mundos perdidos. Tú lo hiciste una vez con el Larache de tu infancia, que ni es ya tuyo, ni te pertenece. Creaste un mundo de ficción a partir de tus recuerdos pero la criatura adquirió vida propia y sus luces, sus calles, sus personajes tomaron su propio camino y te abandonaron. Hay un lugar en el mapa que se llama Larache, pero ya no es tu Larache, ni nuestro tampoco. Es una mera coincidencia toponímica. El Larache de tus obras se ha conformado como un mundo paralelo, un universo ficcional completo y complejo.

Pero… cuando menos lo esperaba, lo has vuelto a hacer. El Tánger de tus últimas obras, especialmente en La Emperatriz y ahora con Malabata, ahondas en un mundo que nunca existió más allá de las coincidencias de los propios nombres, los nombres propios, los lugares o las personas. En esta ocasión no has recurrido a los más ocultos recuerdos de la infancia -aquello fue una necesidad, no un recurso-, aunque sé que visitaste con frecuencia los despojos de la Tánger internacional veinte años después del “esplendor” de los años de posguerra. Para modelar el Tánger de tu Malabata has recurrido a otra de las grandes inspiraciones de tu vida. El cine. Consciente o inconscientemente en el Tánger de esta novela confluyen la Casablanca de Bogart, la Viena del Tercer Hombre o el distópico Los Angeles de Blade Runner. Mientras escribía estas líneas he querido imaginar tu cara de estupefacción. Quizá no estés de acuerdo pero ya da igual. No tienes más remedio que dejarme terminar. Y repito. Esos mundos confluyen en tu Tánger, no digo que los hayas replicado.

El título de esta intervención, Malabata: una novela de fronteras, ya nos da alguna pista. Me explico mejor. Para que un universo ficcional sea coherente consigo mismo debe contener unos códigos propios. El Tánger de Malabata cumple con creces con dichas exigencias. A pesar de las fechas, tu Tánger es atemporal. A pesar de los topónimos, tu Tánger es un lugar sin espacio concreto. A pesar de las víctimas y verdugos, asesinos y asesinados, tu Tánger es un mundo amoral en la que ni las víctimas son inocentes ni los verdugos culpables. En el Tánger de Malabata ser una cosa o la otra es fruto de la casualidad, la ocasión, el destino. Este Tánger que nos presentas, en definitiva, es un mundo de fronteras. Un mundo fronterizo espacial y moralmente.

En cuanto a lo primero, el Tánger de posguerra que describes, histórico, he de admitir, se encuentra en los arrabales de una Europa rota; es la cloaca de aguas turbias en la que confluyeron los más variopintos personajes, unos como medio de escape y otros como punto de destino. Todos, a fin de cuentas, huyendo de oscuros pasados. Todos ocultos tras identidades falsas o falsas máscaras.  Esta Tánger babélica, multilingue, contiene a la vez el recuerdo exótico de un esplendor colonial y el espejo desvirtuado de la metrópoli.

En cuanto a lo segundo, las lindes son aun más ambiguas. Nada es lo que parece, nadie es quien aparenta ser. Todos ocultan y todos conspiran. En estos remotos espacios de una moral bastarda, todo vale para sobrevivir, sacar la cabeza del agua putrefacta y respirar a arcadas. (p.68)

Este es el Tánger de Malabata, tan cinematográfico, tan propio de tí. De los desheredados, desarraigados, inocentes e ingenuos a la vez, del Larache de tu infancia, nos abandonas en ese limbo confuso de líneas desdibujadas. Cómo he gozado viendo a tus personajes moverse como sonámbulos, caminando el filo de la espada. Personajes condenados que solo son capaces de escapar de sí mismos, de redimirse mediante el amor. El último de los refugios posibles. La única esperanza. (p.273)

Quizá Malabata cierre el universo que has creado en torno a la ciudad de Tánger, no lo sé. Le daría la bienvenida con mucho placer a futuras historias en un universo que me ha abducido, llevado entre sus luces y sus sombras.

Pero de algo sí estoy seguro. Ya nunca volveré a inquietarme sobre futuras obras tuyas. Has demostrado a lo largo de tu carrera ser lo suficientemente camaleónico, versatil y auténtico, como para esperar con seguridad que lo que esté por venir no dejará de sorprendernos. Esperamos con ilusión que nos ofrezcas otros mundos a los que entregarnos. Gracias.

Mario Castillo del Pino – 25 de octubre de 2019

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RESEÑA DEL POETA JOSÉ SARRIA SOBRE LA NOVELA CORTA “EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE

El poeta José Sarria ha tenido la deferencia de dedicar su tiempo a desgranar mi novela corta El laberinto de Max, y, tras leer sus palabras, solo puedo darle las gracias profundamente, porque han hecho que me sienta muy orgulloso de esta narración que escribí para el deleite de todos vosotros.

Aquí os dejo su reseña, que se acaba de publicar en la página web de la ACE (Asociación Colegial de Escritores de España):

http://www.aceandalucia.org/index.php?id=noticia0&tx_ttnews%5Btt_news%5D=29829&cHash=4b5c3f67846f949e6786262cfafc89c7

También se publicará en Luz Cultural.

 

EL LABERINTO DE MAX

de Sergio Barce

por José Sarria

 (Ediciones del Genal y Mitad Doble, Málaga, 2018)

Existe en todo artista una manera de observar, de contemplar el mundo, diferente al resto de personas. Todo creador, es un pequeño dios, omnipotente y todopoderoso, cuya mirada es fecunda y prolífica, para convertir lo contingente en necesario, en la línea de pensamiento de Tabarovsky. 

“El laberinto de Max”, del novelista Sergio Barce, es eso, precisamente, una fértil Arcadia que se alza en un limitado espacio escénico, como es la librería de Max Bazlen, uno de los protagonistas esenciales de este excepcional relato corto. Un paraíso que Max  había concebido “como un pequeño laberinto que impidiera a los clientes salir enseguida”. Clientes que se convertirán en los actores secundarios de la trama, como Carlos que busca los primeros libretos publicados de Cavafis o Úrsula, la compradora compulsiva que, periódicamente, entra en la librería para adquirir el mismo ejemplar de “Madame Bovary”, de Flaubert.

Todo ello, conforma el magma, el conjunto de elementos con los que elevar una afectiva reflexión sobre las relaciones paternofiliales; en este caso, entre Max y su hijo Ricardo, además de un emotivo homenaje a la literatura y a sus artífices: los escritores.

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A Sergio Barce le alienta y le estimula el hecho en sí mismo de contar, de narrar, de erigirse en constructor de una historia: imaginar, crear su empíreo, su propio universo. Ajeno a la mera descripción de la experiencia del mundo conocido, el verdadero escritor, concibe desde el lenguaje e inaugura un mundo nuevo. Y esta es la evocación que se percibe al adentrarse en el exuberante y fascinante universo bazleniano que Barce ha establecido desde la terraza de la emoción. La emoción es, quizá, la parte esencial de este delicado relato que incursiona en el corazón del lector de manera fundante. Allí se encuentra un germinativo homenaje a los libros, basamento de nuestra cultura y construcción social, tal y como nos enseñó Voltaire: “Todo el mundo conocido, con excepción de las naciones salvajes, es gobernado por los libros”. En ese laberinto, que es la librería de Max, Barce eleva un bastión áureo, con el nombre de muchos de aquellos creadores literarios que han contribuido a constituirnos como especie: Vargas Llosa, Lorca, Withman, Eduardo Mendoza, Kerouac, Rulfo, Paul Auster, Machado, Vila-Matas, Gómez de la Serna, Bukowski, Vallejo, Bolaños, Lope o García Márquez, entre una ingente pléyade de escritores que supieron, de manera extraordinaria, “enfrentarse y contemplar el mundo, para reinterpretarlo de nuevo merced a su palabra …/… Y así, gracias al conjuro casi mágico de ese verbo fundante o al prodigio plástico y rítmico de la palabra y la metáfora restablecer, o acrecentarle, al mundo su hermosura —aunque sea solo a nivel verbal—, rehabilitarle su primigenia y herida doncellez, pensando en la soñada plenitud mítica virginal”, según ha señalado, acertadamente, el profesor Carlos Clementson.

Dos de los grandes protagonistas del relato, el propietario de la librería, Max Bazlen y su hijo, Ricardo, se han convertido en dos extraños, ya que mantienen antiguas cuentas pendientes que han hecho que Ricardo no haya visto a su padre desde hace algo más de quince años. Un “estúpido bofetón –que Max dio a Ricardo- cuando se negó a leer La isla del tesoro”, la única novela que Ricardo ha leído en casi cuarenta años, y el accidente automovilístico que acabó con la vida de su madre, cuya muerte el hijo ha atribuido durante todo este tiempo a Max, son las causas del desencuentro.

“El laberinto de Max” es, también, un canto vital sobre la compasión y la restauración, un gallardete que simboliza la esperanza que a todos nos asiste para volver a reconstruir nuestra propia existencia, a pesar de los errores, de las caídas o de las oportunidades perdidas. Sergio Barce ha sabido acampar, en medio de una sociedad convulsa, individualista y egocentrista y contemplar el mundo con otros ojos, volver a examinar y descubrir las cosas frente a las que la mayoría pasa de largo sin darse cuenta y hablarnos de valores tan necesarios y esenciales como el perdón, la reconciliación o la generosidad y que hacen que Ricardo, un infortunado periférico, perdido en su propio laberinto de alcohol, desempleo y fracaso sentimental, pueda descubrir, desde otra mirada, a un padre al que no reconoce (“No sé ya quién es Max …/… Es como si el tiempo perdido me cayera de golpe, sepultándome”) y que le ofrece la oportunidad, no ya solo de regentar la librería, sino de obtener su propia salvación, de reconciliarse consigo mismo al abrir ese mundo mágico que existe en el desván del negocio donde, con la lectura de aquel maravilloso tesoro que se encuentra en los libros, puede llegar a fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro.

Lili, una joven encantadora que camina “como paseaban las mujeres en otro tiempo”, es la tercera gran protagonista del texto y se eleva como un ónfalos, piedra angular del relato. Fiel asistente de Max, Lili, se transformará en la utópica esperanza de Ricardo, en el más preciado de los bienes que Max le pudo legar, tras su fallecimiento. Junto a ella, “la vida se ha convertido en un fascinante misterio”, dirá Ricardo, mientras roza, con sus labios, el lunar en forma de pez de su cuello, a pesar de saber que el cáncer terminará, en breve, con la vida de esta hermosa mujer que se mueve igual que una gata y que le ha entregado la posibilidad de creer en él mismo y de vivir el presente con la eternidad que habita en cada instante, en cada abrazo, en cada sonrisa.

Bajo una imaginación fundante, Sergio Barce nos ofrece una narración sencilla, pero intensamente profunda, original, mágica, proverbial y luminosa, para instalarnos, desde la reflexión, frente al reconocimiento de la propia esencia y desde ahí pronunciar legítimamente lo sublime, ajeno al calco y la huella, donde, por una ley de lo inversamente proporcional: “cuanto más bajo es el tono, tanto más alto es el efecto”, tal y como nos ha enseñado el poeta italiano Paolo Ruffilli.

Barce, ha pretendido, y lo ha conseguido pródigamente, contar, relatar, describir, narrar; es decir, establecer un lugar en donde sea lo que no es. En definitiva, concebir verdadera literatura y desde ella hablar de su amor por los libros, los escritores, las librerías y los libreros y frente a “un mundo actual, donde todas las ideas de felicidad acaban en una tienda”, tal y como ha dicho el filósofo Zygmunt Bauman, rescatar de entre los escombros de la actual civilización valores tan intensamente humanos como perdón, reconciliación y reparación, todo ello hilvanado bajo la luminosa y frutal imaginación de un portentoso narrador, como es Sergio Barce y que se nos descubre, en esta nueva entrega, singular, brillante, original y excepcionalmente renovado.

Jose Sarria

José Sarria

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EN LA FERIA DEL LIBRO DE MÁLAGA

Dos jornadas estupendas en la Feria del Libro de Málaga 2019.

El sábado, presentación de  la novela Un solar abandonado, de Mohamed El Morabet. Un encuentro muy interesante, primero por la magnífica presentación que hizo del libro José Sarria, brillante como siempre, y por las explicaciones que nos dio Mohamed El Morabet, aleccionadoras para todos. Al comienzo del acto nos dio dos noticias, una buena y otra mala. La buena era que los ejemplares de su novela se habían agotado poco antes del comienzo del acto, la mala era que no había posibilidad de conseguir un ejemplar para quienes estábamos en la carpa para que el autor pudiera firmarlos. Pero lo cierto es que nos alegró a todos saber que su libro funciona y que volaba de las casetas de la feria. Deseando leer ya esa historia de un viaje de regreso de Madrid a Alhucemas. Prometo un detallado comentario de Un solar abandonado, en cuanto salga la segunda edición (esta misma semana).

Y el domingo, nos reunimos en la caseta de la Librería Proteo-Prometeo la mayoría de los autores que formamos parte del grupo de “manguteros”, o sea, los que tenemos la fortuna de haber sido  llamados por Mitad Doble Ediciones y Ediciones del Genal para su colección de novelas cortas Manguta de Libros. Allí estuvimos Jes Lavado, Eloísa Navas, Herminia Luque, Presina Pereiro y yo. Y lo pasamos francamente bien, charlando de las elecciones, hablando de nuestros libros y firmando ejemplares.

Sergio Barce 

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Mohamed El Morabet y José Sarria (foto de la página de la Feria del Libro)

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Sergio Barce, Abdellatif Bouziane, Mohamed El Morabet y José Sarria

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Herminia Luque, Sergio Barce, Eloísa Navas, Presina Pereiro y Jes Lavado

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Nunca faltan los larachenses: Sergio Barce con Juan Picazo

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Herminia Luque firmando a otro narrador: José Luis Rosas

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Sergio Barce y José Luis Rosas

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MÁLAGA – 28 DE ABRIL – FERIA DEL LIBRO – SERGIO BARCE FIRMARÁ EJEMPLARES DE SU NOVELA CORTA “EL LABERINTO DE MAX”

Dentro de las actividades de la 49 Feria del Libro de Málaga, en la Plaza de la Merced, a partir de las 12:30 de este domingo 23 de Abril, estaré, junto a otros compañeros “manguteros”, firmando ejemplares de mi novela El laberinto de Max (Mitad Doble – Ediciones del Genal).

Podéis acercaros antes o después de votar, y si no votáis entonces no tendréis excusa alguna para faltar a este encuentro.

Manguta de Libros en la Feria del Libro de Málaga

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ASÍ FUE EL ENCUENTRO CON EL GRUPO CAPITEL

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El lirismo sobrio y detallista de José Antonio Garriga Vela y el pulso ágil de verdadera poesía en acción mezclada con tinte de novela negra de Sergio Barce. Dos malagueños que llegaron siendo aun niños adolescentes provenientes uno de Barcelona y otro de Larache que nos han inundado con una riqueza de matices y un diálogo dinámico, les une la amistad personal y el amor a la literatura y al cine. “Territorios de ficción” titulamos el encuentro. Una tarde apasionante e inolvidable.

Víctor M. Pérez Benítez

Coordinador de actividades de Capitel.

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Este 14 de diciembre estuve en el Taller del pintor larachense Paco Selva donde tuvo lugar el encuentro que el Grupo Capitel había organizado. Se trataba de que el novelista José A. Garriga Vela y yo  nos adentrásemos en “nuestros” territorios de ficción. Como bien explica Víctor Pérez, fue un encuentro distendido en el que abordamos infinidad de temas. Estuvimos más de una hora y media que se nos hizo a todos corta en una tertulia amena y divertida con este grupo tan activo de artistas que desarrollan una actividad incansable. Por eso hay que apoyarlos siempre.

Al final, Jose Garriga leyó un fragmento de su libro El anorak de Picasso y yo hice lo propio con otro de El laberinto de Max. Y para rematar la faena, se nos hizo entrega de un regalo: una escultura para Jose y un dibujo para mí, obras de Paco Selva. El dibujo me pareció entrañable porque es una reproducción del Mercado, al que siempre hemos llamado Plaza, de Larache. Lo pasamos francamente bien y nos dejó un dulce sabor. 

Sergio Barce, diciembre 2018

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