Archivo de la etiqueta: José Antonio Garriga Vela

ASÍ FUE EL ENCUENTRO CON EL GRUPO CAPITEL

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El lirismo sobrio y detallista de José Antonio Garriga Vela y el pulso ágil de verdadera poesía en acción mezclada con tinte de novela negra de Sergio Barce. Dos malagueños que llegaron siendo aun niños adolescentes provenientes uno de Barcelona y otro de Larache que nos han inundado con una riqueza de matices y un diálogo dinámico, les une la amistad personal y el amor a la literatura y al cine. “Territorios de ficción” titulamos el encuentro. Una tarde apasionante e inolvidable.

Víctor M. Pérez Benítez

Coordinador de actividades de Capitel.

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Este 14 de diciembre estuve en el Taller del pintor larachense Paco Selva donde tuvo lugar el encuentro que el Grupo Capitel había organizado. Se trataba de que el novelista José A. Garriga Vela y yo  nos adentrásemos en “nuestros” territorios de ficción. Como bien explica Víctor Pérez, fue un encuentro distendido en el que abordamos infinidad de temas. Estuvimos más de una hora y media que se nos hizo a todos corta en una tertulia amena y divertida con este grupo tan activo de artistas que desarrollan una actividad incansable. Por eso hay que apoyarlos siempre.

Al final, Jose Garriga leyó un fragmento de su libro El anorak de Picasso y yo hice lo propio con otro de El laberinto de Max. Y para rematar la faena, se nos hizo entrega de un regalo: una escultura para Jose y un dibujo para mí, obras de Paco Selva. El dibujo me pareció entrañable porque es una reproducción del Mercado, al que siempre hemos llamado Plaza, de Larache. Lo pasamos francamente bien y nos dejó un dulce sabor. 

Sergio Barce, diciembre 2018

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14 DE DICIEMBRE – MÁLAGA – ENCUENTRO CON LOS ESCRITORES SERGIO BARCE & JOSÉ A. GARRIGA VELA

Os invito a la última actividad del GRUPO CAPITEL de 2018. Es muy especial y será el Viernes 14 de diciembre a las ocho de la tarde, en el Estudio Taller del pintor Paco Selva, sito en calle Escultor Marín Higuero nº 8, Echeverría del Palo, Málaga.

Sergio Barce 

&

José Antonio Garriga Vela

 “Territorios de ficción

A ambos les une un espacio de encuentro: la amistad. Los dos llegaron a la misma tierra: Málaga, y lo hicieron en ambos casos de forma temprana y distante, Sergio Barce vino del Sur, de Larache, José Antonio Garriga llegó desde el Norte, de Barcelona. Los dos aman la literatura y han desplegado una carrera literaria ya dilatada y reconocida por sus lectores, entre los que me encuentro. Me fascina la manera sobria y lírica con que José Antonio se acerca a sus personajes, el pulso narrativo de Sergio.

JOSE GARRIGA VELA foto Elcultural

JOSE GARRIGA VELA (Foto Elcultural)

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SB

SERGIO BARCE

Ahora tenemos la oportunidad de tenerlos frente a frente, establecerán un diálogo libre, abierto, sobre el tema que quieran, hemos titulado el encuentro “Territorios de ficción” para abrazar bien lo geográfico o lo emotivo, los territorios por donde han surcado las historias que narran, los senderos, las emociones recorridas para finalmente transmitirlas a los lectores a través de sus novelas.

Tenemos pues la suerte de vivir la magia de la literatura en una conversación que seguro nos hará vivir y convivir más y mejor. Al fin y al cabo ese es el objetivo. Gracias a los dos por hacer posible el encuentro.

Víctor M. Pérez Benítez

Coordinador de actividades de Capitel.

ESTUDIO TALLER SELVA

Estudio Taller del pintor larachense PACO SELVA

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE “PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE” EN LA LIBRERÍA PROTEO-PROMETEO DE MÁLAGA

Charla previa entre escritores: Sergio Barce, Mario Castillo (de espaldas) y José Garriga Vela

Charla previa entre escritores: Sergio Barce, Mario Castillo (de espaldas) y José Garriga Vela

El pasado viernes, se presentó en la Librería Proteo-Prometeo de Málaga mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Jam Ediciones /GB, Valencia) de la mano de José A. Garriga Vela, un privilegio del que tengo que alardear por partida doble: porque es uno de mis escritores de cabecera, y porque es un amigo con el que, como él mismo dice, me une una complicidad especial.
José A. Garriga leyó un texto, larachensemente, al ritmo de sus palabras. Siendo sincero, me fascinó lo que había escrito para la ocasión: un relato, que es su relato para hablar de mis relatos. Me pareció maravilloso.

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Y vi la reacción en el rostro de los asistentes, cautivados desde el primer momento por su manera de leerlo.

Para quienes no tuvieron la suerte de escuchar a Jose, ha tenido el detalle de enviarme su intervención, y la acompaño a esta breve crónica para que podáis disfrutarla y descubrir lo que él supo ver en mis cuentos.
Luego, hubo un simpático coloquio, y salimos agradecidos por la masiva asistencia y por el trato tan cercano y atento del personal de Proteo-Prometeo.

Sergio Barce 

Las fotos que se acompañan a esta breve nota, son obra, claro, de mi amigo y fotógrafo excepcional José Luis Gutiérrez. Del que os facilito su página:

http://www.jlgfotografo.com/

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PASEANDO POR EL ZOCO CHICO LARACHENSEMENTE

El verano de 1980 conocí Larache, desde entonces he vuelto varias veces. Sin embargo me han quedado grabados dos viajes: el primero hace alrededor de diez años, el segundo hace tan sólo unos días, y en ambas ocasiones la compañía de Sergio me ha guiado por la ciudad visible y la invisible. Esta tarde voy a leer algunas de las anotaciones que he ido escribiendo en el cuaderno de mi último viaje a Larache, que comenzó el 22 de septiembre y está finalizando ahora. Aquí están anotadas esas imágenes, experiencias y sensaciones que se producen en los viajes y que sólo mencionarlas nos hacen revivir el pasado. En realidad los viajes no acaban hasta que se olvidan y esto es muy difícil que ocurra.
El cuaderno de viaje empieza así: “Esta mañana he vuelto a sentir el mar como si lo estuviera viendo por primera vez. Sergio me acercó una caracola al oído y dijo: “¿Lo oyes?, ¿cómo se puede encarcelar la belleza en una jaula tan diminuta? No hay nada más grande que el océano. Es tan inmenso que hay mares en su interior”. Íbamos los dos paseando por la playa bajo la luz de Larache. Sus palabras, igual que el paisaje que se extendía ante nosotros, poseían un efecto hipnótico. Yo escuchaba en silencio. Luego, escrutando la línea del horizonte, añadió: “¿De qué tonalidad son los amigos?, ¿qué tipo de cámara sería capaz de captar ese arco iris invisible que ahoga los grises tristes y amargos?”. Al oírlo, recordé a los amigos presentes y los que ya no están. Pensé que a mí también me encantaría poseer esa cámara capaz de borrar la desgracia.

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA durante su intervención

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA durante su intervención

Después de estos días puedo confesar que conozco más profundamente Larache y mucho mejor a Sergio, un amigo al que apenas veo y con el que guardo esa extraña complicidad que alcanzamos con determinadas ciudades y algunas personas. Nos une el cine, la literatura, los paseos por el zoco chico y por los rincones secretos que se ocultan en los pliegues del cerebro. Sergio Barce pertenece a ese tipo de escritores capaces de encerrar un mundo en una frase, igual que encierra el mar en la jaula mágica de una caracola. Me he sentido un privilegiado al pasear con él por Larache, andar y desandar hasta encontrarnos con los recuerdos, la fantasía, los seres queridos presentes y los queridos ausentes; toda la fuerza del sedimento que van dejando los sueños. Sergio ha tocado mi fibra sensible: el pasado que vuelve. Los fantasmas que regresan para instalarse felices en el castillo imborrable de la memoria. La memoria, la única capaz de expulsar la muerte.
Hablo de la complicidad que me une a Sergio, detalles ínfimos que me estremece recordar, como el silbido de su padre al llegar por la tarde a casa que es el mismo silbido de mi padre al volver del trabajo por las tardes. Y los gusanos de seda que su madre le llevaba en una caja de cartón con hojas de morera son los mismos que traía mi madre. Recuerdos de seda que vencen el olvido. Sergio iba al cine Ideal de Larache y yo al cine Emporio de Barcelona. Larache, Barcelona, Málaga, qué más da, cuando se apaga la luz en la salas de cine los dos estamos en el mismo lugar de la película. Los lugares de la memoria y la fantasía que mencionaba antes. “¡Cuántas películas habrás visto!”, le preguntó alguien una vez al hombre del carrillo con chucherías y frutos secos que se instalaba todas las tardes delante del cine Ideal. Y el hombre del carrillo dice Sergio que se quedó pensando un buen rato, hasta que respondió en silencio: “El cine que conozco lo he visto a través de los ojos de los niños”. Quizá así contemplamos nosotros las películas del pasado, a través de los ojos del niño que fuimos y que nunca nos abandona.

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta
Estos días he paseado con Sergio por la niñez y adolescencia. Sus amigos de entonces son ahora también mis amigos y durante el mes sagrado del Ramadán nos convertimos en los dueños de las calles de Larache. Esos amigos que Sergio tuvo que abandonar en 1973 para viajar a Málaga, igual que yo había hecho cuatro años antes con mis amigos de Barcelona. Dos viajeros a contracorriente. Málaga se convirtió en el destino de ambos y en Málaga a Sergio lo apodaron el Moro y a mí el Polaco; dos extranjeros en casa. Desde la perspectiva que aporta la distancia y el paso del tiempo, Sergio observa la silueta del otro continente, tan cercano y lejano a la vez. Piensa en los muertos que viven bajo el agua, los emigrantes que cruzan el Estrecho con la esperanza y la ilusión de encontrar una vida mejor. Lo que Sergio llama: “Ese anzuelo indigno que ha creado Dios”. No hacen falta más palabras.
Esta tarde, antes de reunirme aquí con vosotros, me he sentado a beber un té mientras disfrutaba releyendo un cuento maravilloso, todo con calma, sin prisas, larachensemente, como los paseos que estoy dando con Sergio Barce por el territorio de su imaginación. Larachensemente puede ser el inicio de una novela. Y hay detalles en los cuentos y en los paseos que he caminado y leído y releído estos días que muestran detalles que hacen de Marruecos, como dice Sergio, “un lugar digno, decente e irrepetible”, detalles como los de Yebari, el vendedor de libros, un auténtico Larachense, incapaz de quedarse con el dinero de los libros que vende de Sergio. “El autor es el dueño de la obra”, dice Yebari, y al instante añade: “¿Quién lo ha escrito, hombre? Para mí es un placer poder venderlo”. Hay aquí encerrados tantos paseos maravillosos, como el titulado Ellos vuelven a Larache, un cuento incontable que sólo Sergio consigue expresar en palabras. Y las distintas lenguas, razas, religiones, que conviven en Larache. Y la tumba de Jean Genet mirando al corazón del océano, los mares dentro del mar misterioso. Y el taller de bicicletas de Yasim con el póster de Eddy Merckx subiendo por la pared del local mientras Yasim y todos nosotros marchamos en el pelotón perseguidor. Y el edificio de la Unión Bancaria Hispano Marroquí. Y los hogares de la familia. Los amigos, tantos amigos, tantos personajes de novela, tantas y tantas historias.
Y ahora para terminar, como diría el señor Beniflah, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen disfrutar larachensemente este magnífico y conmovedor paseo por el zoco chico, que pasen. Al otro lado les espera Sergio Barce, asomado al balcón del Atlántico desde donde se divisa la curvatura del mundo.

José Antonio Garriga Vela

MÁS IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN:

Firmando a Marichu

Firmando a Marichu

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Firmando a Ana María Cuevas. Detrás Marina López, José Luis Pérez Fuillerat...

Firmando a Ana María Cuevas. Detrás Marina López, José Luis Pérez Fuillerat…

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José A. Garriga y el maestro Linares

José A. Garriga y el maestro Linares

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Sergio Barce y José Garriga

Sergio Barce y José Garriga

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Firmando a Julia Sousa y Antonio Herráiz, y detrás Santiago Souviron, Jesús Ortega, Claudia Santos...

Firmando a Julia Sousa y Antonio Herráiz, y detrás Santiago Souviron, Jesús Ortega, Claudia Santos…

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MÁLAGA – 17 OCTUBRE – PRESENTACIÓN DE “PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE” DE SERGIO BARCE

Os comunico que el día 17 de Octubre se presenta en Málaga mi nuevo libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Jam Ediciones – G.BiblioCafé).
Para mí es un inmenso orgullo que la presentación corra a cargo de uno de los mejores escritores de los últimos años: José Antonio Garriga Vela.
Espero vuestra asistencia.

LIBRERIA PROTEO

LIBRERIA PROTEO

Viernes, 17 de Octubre
a las 19:30

en

Librería Proteo-Prometeo
c/ Puerta de Buenaventura, 6 – Málaga

José Antonio Garriga Vela

presenta el libro de relatos

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO
LARACHENSEMENTE

de Sergio Barce

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

José Antonio Garriga Vela (Barcelona, 1954). Escritor y articulista de larga trayectoria, es autor de obras de teatro como Aquellas añoradas sirenas roncas y despeinadas, premio Miguel Romero Esteo, o Formas de la huida, Premio Enrique Llovet; de libros de relatos como El vigilante del salón recreativo o El anorak de Picasso, entre otros, y de varias novelas que le han supuesto el reconocimiento de la crítica y del público: Muntaner, 38, con la que obtuvo el Premio Jaén de Novela; El vendedor de rosas, Los que no están (Premio Alfonso García Ramos), así como Pacífico, editada por Anagrama como la anterior, y que fue galardonada con el Premio Dulce Chacón a la mejor novela publicada en lengua española en 2008, y finalmente El cuarto de las estrellas, Premio Café Gijón 2013.

JOSE ANTONIO GARRIGA VELA (foto Hoyesarte)

JOSE ANTONIO GARRIGA VELA (foto Hoyesarte)

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“EL CUARTO DE LAS ESTRELLAS”, UNA NOVELA DE JOSE ANTONIO GARRIGA VELA

José Antonio Garriga Vela sigue sorprendiéndome con sus novelas, convertido sin duda en uno de los grandes narradores españoles de los últimos años. Después de sus anteriores obras, en 2008 llegó esa maravilla que es Pacífico (Anagrama), novela con la que consiguió el Premio Dulce Chacón, ese precioso libro de relatos que tituló El anorak de Picasso (Candaya, 2010), y el pasado año, con su última novela El cuarto de las estrellas (Siruela), obtuvo el Premio Café Gijón 2013.

EL CUATO DE LAS ESTRELLAS

(…) Teresa conducía el coche. Me miró de soslayo sin decir nada. No quiso interrumpir mis pensamientos. Le agradezco esa complicidad que no necesita palabras. La mayoría de las personas no soportan el silencio, se sienten incómodos sin hablar y entonces hablan demasiado. Al llegar a La Araña aparcó delante del estanco y permaneció sentada. Me dijo que de pequeña se tumbaba en el porche de la casa de sus padres y se dedicaba a mirar el firmamento. La luz de las estrellas era el hilo del tiempo. Me explicó que la luz que emite una estrella tarda en llegar a nosotros alrededor de cien años. El rayo de luz hace táctil ese hilo que nos une con el pasado. Una estrella puede morir, pero su luz permanece el tiempo que tarda en llegar a la Tierra.
Al oírla, me convierto en el funambulista que pasea sobre el hilo del tiempo. Me traslado cien años atrás y luego regreso de nuevo al presente. Voy, vuelvo y me detengo, igual que hizo Philippe Petit entre los sesenta metros que separaban las Torres Gemelas. Me atrae desandar los caminos. (…)

El cuarto de las estrellas es una novela escrita en espiral.
José Antonio Garriga, que escribe con la apariencia de lo fácil, urde una curiosa trama en la que mezcla cosas tan dispares y aparentemente lejanas como la aventura del funambulista Philippe Petit cuando cruzó ilegalmente las Torres Gemelas de Nueva York (protagonista de ese memorable documental titulado Man on wire, del que escribí en su momento un pequeño artículo), la del padre del protagonista narrador al que un premio de lotería cambiará por completo, y su vida en La Araña, ese lugar extraño pero tan unido a la pequeña historia de Málaga, donde se levanta la cementera Goliat, convertida en ese monstruo que acecha a los habitantes de la zona, y donde también descubriremos, junto a Luis Cisneros o al Comunista, a su madre y a su amante, un topo que no puede escapar de su escondite, y a esa mujer que aparece de tarde en tarde con su coche fúnebre para alegrar a algunos hombres, y, además de todo esto, el narrador acaba de sufrir un accidente que le ha hecho perder temporalmente la memoria…
En este libro, todos guardan secretos que irán desvelándose de una manera sugerente y casi poética, y todos viven rodeados de un halo de misterio, de silencios y de complicidades, en esa espiral narrativa que mencionaba antes, pues cada pequeño capítulo avanza y retrocede y nos hace girar sobre los mismos acontecimientos hasta que se van abriendo los visillos de las ventanas que nos dejan descubrir ese mundo hasta ahora oculto.

José Antonio Garriga Vela - foto C. Moret - diario sur.es

José Antonio Garriga Vela – foto C. Moret – diario sur.es

Reconozco a José Antonio Garriga en su permanente vaivén entre la vida y la muerte, en ese juego con el que siempre parece disfrutar cuando escribe y en el que emplea fantasmas familiares para desnudar a sus protagonistas, los vivos son como muertos que deambulan por ese débil cable que han de cruzar en vida, y los muertos son como vivos que se resisten a abandonar este mundo.
Philippe Petit cruza una vez más, de la mano de Garriga Vela, el espacio que separaba las Torres Gemelas aquel 7 de agosto de 1974, y fue como si el padre del protagonista se quedara suspendido en el aire. Un acontecimiento que sirve para jugar a la vida y a la muerte, para construir una historia fascinante y mágica.
La virtud de José Antonio Garriga Vela, además de esa narrativa envolvente que te va atrapando en su tupida red, y que hace que no puedas dejar su novela, es la de crear personajes inolvidables. Incluso los secundarios cobran un protagonismo singular. En esta novela en concreto quizá sea el personaje de Teresa el que más me ha conmovido. Y me atrevo a aventurar que es un hermoso e íntimo homenaje de José Antonio.
Conocer personalmente a José Antonio Garriga Vela es todo un lujo. Lo admiro, profundamente. Y tras leer El cuarto de las estrellas, lo admiro aún más.
Sergio Barce, abril 2014

(…)
Hubo un tiempo en el que mi padre no fue solo el hombre gris que pasaba diez horas al día encorvado sobre la mesa cubierta de papeles y de polvo de la oficina de la Fábrica de Cementos Goliat, sino también el héroe que se transformaba al llegar a casa. Un domingo que estábamos desayunando en el patio trasero oímos un gran alboroto en la calle. Mi madre se asomó para ver lo qué ocurría y una vecina le comunicó que la fábrica estaba ardiendo. Mi padre se levantó de la silla, escupió polvo sobre el arriate de flores mustias y con el tono imperturbable de los aventureros del lejano Oeste dijo secamente:
-Voy a apagar el fuego.
Yo tenía entonces cinco años y era incapaz de descubrir las mentiras de mi padre. Unas horas después estaba de vuelta y no acertaba a introducir la llave en la cerradura. Al fin consiguió abrir con dificultad la puerta de la calle y traspasar el umbral del recibidor dando traspiés como un cowboy herido. Lo recuerdo sofocado, sudoroso y con los ojos irritados, aunque sin desprender olor a humo. Tampoco tenía ninguna magulladura. No distinguí la más mínima secuela del incendio en la cara ni en la ropa de mi padre. Sin embargo, parecía abatido. Al verme sacó fuerzas de flaqueza, irguió el cuerpo y echó el cuerpo hacia atrás como si pretendiera disparar el último tiro antes de caer al suelo.
-Ya he apagado el fuego.
Mi madre estaba acostumbrada a sus proezas etílicas y no le hizo caso. Además, la misma vecina que nos informó del incendio anunció poco después que se trataba de un simulacro de emergencia que se estaba realizando en la fábrica y que los empleados administrativos estaban exentos de participar en el ejercicio. Después de almorzar, mi padre se echó la siesta y yo me acosté encima de él. Tuve la sensación de hallarme tendido sobre una montaña que respiraba, que dormía profundamente, que rugía como el gigante Goliat. (…)

José Antonio Garriga Vela y Sergio Barce, en Larache

José Antonio Garriga Vela y Sergio Barce, en Larache

 

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