Archivo de la etiqueta: Larache a través de los textos

ESCRIBIENDO DE LARACHE 2

Aquí os dejo una segunda entrega con la imagen de varios libros con Larache de protagonista que pueblan mi biblioteca. Junto a mi novela Una sirena se ahogó en Larache, tenéis títulos y autores como Larache a través de  los textos, de María Dolores López Enamorado; Te devuelvo la memoria, de Cristina Martínez Martín; Entonces y después, de Alicia González Díaz; Locura, de Mohamed Albaki; Ciegas esperanzas, de Alejandro Gándara; Aixa, el cielo de Pandora, de Mohamed Bouissef Rekab y El eco de la huida, de Hassan Tribak.

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ESCRIBIENDO DE LARACHE

Aquí os dejo la imagen de varios libros con Larache de protagonista que habitan en mi biblioteca. Alrededor de mi libro de relatos Una puerta pintada de azul, tenéis títulos y autores como Larache a través de  los textos, de María Dolores López Enamorado; Entre Tánger y Larache, de Mohamed Akalay; Larache, crónica nostálgica, de Sara Fereres de Moryoussef; Entre dos aguas, de León Cohen Mesonero; Voces de Larache, de Mohamed Laabi; La ciudad del Lucus, de Luis María Cazorla; El árbol del acantilado, de Carlos Tessainer; y De Larache al cielo, de Mohamed Sibari.

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LARACHE VISTA POR… EL MORO VIZCAÍNO

JOSE MARIA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

JOSÉ MARÍA DE MURGA, EL MORO VIZCAÍNO

En su libro Larache a través de los textos (Junta de Andalucía – Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2004), Lola López Enamorado recoge, entre los distintos textos, el relato del moro vizcaíno José María de Murga y Mugártegui (Bilbao, 1827 – Cádiz, 1876), redactado en el siglo XIX. De Murga fue un viajero, militar y escritor español que participó en la Guerra de Crimea como agregado de la comisión española. Había estudiado árabe en París, y en Madrid se doctoró en cirugía menor. Abandonó el ejército tras no poder participar en la Guerra de África, y en el año 1863 emprendió su primer viaje a Marruecos que hizo vestido con chilaba y con la compañía de un asno, haciéndose pasar por renegado bajo el nombre de Hach Mohamed el Bagdady. En Marruecos trabajó como curandero, exorcista, sacamuelas, partero e incluso de buhonero. En ese viaje recorrió Tánger, Tetuán, Larache, Alcazarquivir, Mequinez, Fez, Salé, Rabat y Fedala, y luego regresó a España. Fruto de esta experiencia es la obra titulada Recuerdos marroquíes del Moro vizcaíno, publicada en Bilbao en 1868, por la Imprenta de Miguel de Larumbe. Un compendio de impresiones, historia, observaciones etnográficas, radiografía social y reflexiones producto de sus vivencias. Encargó doscientos ejemplares y se los regaló a sus amigos de un lado y otro del Estrecho.

(También hay una publicación más actual de la obra en Miraguano Ediciones)

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga miraguano ediciones

En 1870 fue nombrado diputado general del Señorío de Vizcaya, y aunque realizó un segundo viaje a Marruecos, hubo de cancelarlo al poco tiempo de partir, y ya nunca pudo regresar, pese a sus deseos por hacerlo.

Estos datos los aporta tanto Lola López Enamorado, como Federico Verástegui, estudioso de la figura del arabista vasco, y que se puede hallar en el Blog de Roge:

https://blogs.eitb.eus/rogeblasco/2009/09/30/federico-verastegui-recuerda-a-jose-maria-de-murga-%E2%80%9Cel-moro-vizcaino%E2%80%9D/

RECUERDOS MARROQUÍES de José María de Murga

Lola López Enamorado seleccionó un largo extracto de ese relato del moro vizcaíno, del que extraigo únicamente los primeros párrafos:

“…Un encuentro sangriento junto al río de los Judíos (inmediaciones de Tánger) y en el que, aunque vencedor, salió con vida (el rey portugués don Sebastián), merced a su valor desesperado y temerario, no hizo sino afirmarle en su idea de empeñarse en empresas de más cuenta y, apenas puesto el pie en sus Estados, empezóse a ocupar de los preparativos para ella. Con ánimo tan dispuesto no le fue muy difícil dar oídos a las promesas del destronado Cherif ni a este el asegurarle que, apenas desembarcados, el país se sublevaría en masa a nombre suyo y que recibiría, en cambio de su ayuda, muy grandes y ventajosos territorios. Uno de tantos, y que no lo era poco en aquel tiempo, y aun muchos años después, era el puerto de El Araich (Larache) próximo a la boca del Estrecho y verdadero nido de piratas, donde no sólo se abrigaban los africanos sino también los turcos, según se convinieron con el usurpador Abd-el-Melec al darle ayuda.

(…) Obligado se vio don Sebastián a comprender que sus fuerzas no bastaban y abatido y caviloso acudió a su tío el Rey de España, hermano de su madre doña Juana, en demanda de auxilios y de ayuda. Entabláronse las negociaciones por medio del Embajador don Pedro de Alcanora, al que se envió a pedir a Felipe II la mano de su hija Isabel Clara Eugenia. Diole largas en cuanto al matrimonio y le prometió soldados y galeras en número bastante para hacerse dueño del puerto de Larache el que, según expresión del Rey de España, valía él solo todo el África…”

LARACHE A TRAVÉS DE LOS TEXTOS

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LARACHE VISTA POR… AMIN AL-RIHÁNI

Desde Plinio el Viejo, han sido numerosos los escritores, viajeros y científicos que han considerado a Larache como el lugar en el que la mitología griega ubicaba el Jardín de las Hespérides. Yo también lo ubico en Larache, porque qué mejor lugar que el jardín de las flores (Al araish) para situar el jardín propiedad de la diosa Hera en el que nacían las manzanas de oro…

Amín Al-Riháni (1876-1940), intelectual, pensador, escritor libanés, también situó en Larache el mítico jardín de las Hespérides. Este autor de numerosos libros y ensayos, viajero incansable y uno de los padres del nacionalismo árabe, así lo describe en el libro que escribió tras su viaje a Marruecos en el año 1939.

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AMÍN AL-RIHÁNI

Es importante destacar su concepción de la unidad del nacionalismo árabe vista como conjunto, como un lazo que unía a toda la población árabe, y como ideólogo cristiano (era cristiano maronita) subrayaba en esa idea la importancia crucial de Mahoma y del Islam como elementos esenciales de esa misma identidad árabe que él defendía.

Volviendo al libro que escribió sobre Marruecos, titulado Marruecos: viaje por la zona del protectorado español (Al-Magrin al-Aqsá. Rihla fi mintaqat al-himàya al-isbàniya), Al-Riháni, además de exponer en él el origen de la ciudad de Larache y de aportar datos sobre su reciente historia como parte del protectorado español, hace un detallado recorrido por la Medina de Larache partiendo del Zoco Chico, una derscripción que, como decía más arriba, se corresponde con la de la ciudad del año 1939. Es como si Amín Al-Riháni hubiese paseado con una cámara tomavistas y hubiera filmado los lugares por los que pasaba.

Durante su recorrido, además de percatarse del mal estado de conservación en general de la ciudad, lo que más llamó su atención (y que aún hoy en día sigue haciéndolo a los turistas y visitantes de Larache) es que, en las calles de su Medina, apareciesen lápidas en las que se narraba la historia de los personajes que le dan nombre, en árabe y en español. Y al-Rihani, lo cuenta así:

“…El Zoco Chico, con sus tiendas, arcos y puertas, es el más amplio que he visto en la zona. Para sus negocios cuenta con dos bendiciones: en un extremo, el centro religioso, y en el otro, la mezquita. Y en verano cuenta aún con otra mayor, pues al lado de la mezquita hay una hermosa marquesina, que es como un teatro, un salón cerrado con tres muros, cuya zona baja, muros y suelo, está recubierta de azulejos de brillantes colores. Su sola vista solaza a los visitantes.

Allá detrás, los tejados de la ciudad vieja, la puerta abierta a calles y callejones, con casas de las que únicamente se ve un muro con su puerta respectiva. ¡Cuán grande la curiosidad del extraño por estas callejuelas…!

(…) En las calles, sin embargo, por las esquinas, hay algo nuevo, único en su género. En las calles se revela la Historia, la historia de los árabes famosos, a quien desee aprenderla. Tomémosla de las calles de Larache, pues:

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La calle de al-Mu´tamid b. ´Abbâd, con la noticia de su derrota y muerte en Agmât, y su legendario relato, está en la lápida que se encuentra debajo de su nombre.

Y la de Avicena, el famoso médico islámico Abû-´Ali al-Husayn Ibn ´Abd Allâh Ibn Sina, nacido el 370 de la Hégira (980 C.) y fallecido el 427 H. (1037 C.). La lápida está traducida al español.

Aquí, la plaza de Muley Ismâ´il, con una lápida en la que se lee: <Muley al-Mahdî Ibn Muley Ismâ´il Ibn Muley Muhammad I, Jalifa de la zona de Protectorado de España en Marruecos, de 1331 a 1342 (2 de abril de 1913 a 25 de octubre de 1923)>, lo cual está luego traducido al español.

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En la plaza del Soldado Desconocido está el Alcázar Nuevo, que tiene forma marroquí, y que se alza sobre un resto de muralla antigua, de época saadí. En el muro, junto a la puerta, una lápida dice: <En esta plaza y en este edificio se encontraba el Cuartel de la Policía Xerifiana, Compañía núm.6; luego lo estuvo la Policía Indígena, y después las Intervenciones bélicas, siendo óptima base de la hermandad de Marruecos y España sobre unos presupuestos elevados, al amparo de su Alteza el Jalifa Muley al-Hasan y del Generalísimo Franco, el Victorioso, amigo sincero de los musulmanes, 1325-1357/1907-1938>.

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Original procedimiento para aprender la Historia. Apréndela mientras andas, por los zocos de esta ciudad, pero guárdate de adquirirla en las ciudades de nuestro Oriente árabe.

(…) Después del recorrido por la Larache antigua, con ayuda de uno de los niños del mercado, éste me guió a la escuela de recitación del Corán, semejante a las demás escuelas coránicas de Marruecos; un redil de inocentes que masticaban la palabra Alláh ¡mientras, replegada la larga barba sobre su pecho, el profesor dormitaba! Tras este espectáculo, volví a la plaza pública, donde me encontré con el Pachá de la ciudad, Jálib b. Ahmad al-Raysûni, que nos había brindado su hospitalidad el día de nuestra llegada, y que se alegró de que yo recorriera solo la ciudad. Me preguntó si había visitado la escuela pública femenina, la fábrica de alfombras y el edificio de la Asociación Benéfica Islámica. Mi respuesta fueron tres noes, por lo que me preguntó si deseaba visitarlas, ya que entonces me acompañaría. Vayamos, pues, dije…”

Curiosa y detallista narración la de este periodista, analista, viajero y escritor que falleció en su ciudad natal de Freike, en Líbano, a causa de un accidente de bicicleta.

La profesora Mª Dolores López Enamorado, recogió su descripción, más amplia, en su libro Larache a través de los textos.

Sergio Barce, octubre 2016

 

 

 

 

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“EJERCICIO DE ARTILLERÍA”, UN RELATO DE ROBERTO ARLT

Roberto Arlt es un escritor y periodista argentino (1900-1942), que estuvo adscrito en los años veinte del pasado siglo al movimiento progresista y didáctico Grupo de Boedo, fuertemente influenciado por las ideas estéticas y morales de Dostoievski, y, aunque no fue reconocida su valía como gran escritor hasta años después de su fallecimiento, Arlt está considerado como uno de los padres de la novela moderna argentina.

Roberto Arlt es el autor de un relato escrito durante un viaje que hizo por España y Marruecos titulado Ejercicio de artillería, que se recoge en su libro de cuentos Aguafuertes españoles (1936). Según escribe el propio Roberto Arlt, Ejercicio de artillería debió de titularse en realidad Historia de Muza y los siete tenientes españoles, y, según el autor, es una historia que escuchó en el Zoco Chico de Larache…

Qué curioso. Roberto Arlt, al que se considera como uno de los maestros de Julio Cortázar, escribió una historia nacida en las calles de Larache.

La profesora Mª Dolores López Enamorado, lo recoge en su libro Larache a través de los textos. El cuento completo, dice así:

 

ROBERTO ARLT

ROBERTO ARLT

Ejercicio de artillería

de Roberto Arlt

Esta historia debía llamarse no “Ejercicio de artillería”, sino “Historia de Muza y los siete tenientes españoles”, y yo, personalmente, la escuché en el mismo zoco de Larache, junto a la puerta de Kasba, del lado donde terminan las encaladas arcadas que ocupan los mercaderes de Garb; y contaba esta historia un “zelje” que venía de Ouazan, mucho más abajo de Fez, donde ya pueden cazarse los corpulentos elefantes; y aunque, como digo, dicho “zelje” era de Ouazan, parecía muy interiorizado de los sucesos de Larache.

Este “zelje”, es decir, este poeta ambulante, era un barbianazo manco, manco en hazañas de guerras, decía él; yo supongo que manco porque por ladrón le habrían cortado la mano en algún mercado. Se ataviaba con una chilaba gris, tan andrajosa, que hasta llegaba a inspirarles piedad a las miserables campesinas del aduar de Mhas Has. Le cubría la cabeza un rojo turbante (vaya a saber Alá dónde robado), y debía tener un hambre de siete mil diablos, porque cuando me vio aparecer con mis zapatos de suela de caucho y el aparato fotográfico colgando de la mano, me hizo una reverencia como jamás la habría recibido el Alto Comisionado de España en el protectorado; y en un español magníficamente estropeado, me propuso, en las barbas de todos aquellos truhanes que, sentados en cuclillas, le miraban hablar:

-Gran señor: ninguno de estos andrajosos merece escucharme. Dame una moneda de plata y te contaré una historia digna de tus educadas orejas, que no son estas orejas de asnos.

Y con su brazo mutilado señalaba las orejas sucias de los campesinos Yo esperaba que todos los tomates podridos que allí fermentaban por el suelo se estrellarían contra la cabeza del “zelje” de Ouazan; pero los andrajosos, que formaban un círculo en torno de él, se limitaron a reírse con gruesas carcajadas y a injuriarle alegremente en su lengua nativa; y entonces yo, sentándome en el mismo ruedo que formaban los hombres de la tribu de El-Tulat, le arrojé una moneda de plata, y el manco insigne descalzo y hediondo a leche agria, comenzó su relato, que yo pondré en asequible castellano.

En Larache, un camino asfaltado separa el cementerio judío del cementerio musulmán. El cementerio judío parece una cantera de tallados mármoles, y todos los días de la semana podréis encontrar allí mujeres desesperadas y hombres barbudos con la cabeza cubierta de ceniza, que lloran la cólera de Jehová sobre sus muertos.

El cementerio musulmán es alegre, en cambio, como un carmen; los naranjos crecen entre sus tumbas, y mujeres embozadas hasta los ojos, escoltadas por gigantescas negras, van a sentarse en un canto de la sepultura de sus muertos y mueven las manos mientras, compungidas, lloran a moco tendido.

El teniente Herminio Benegas venía a pasearse allí. Un inexperto observador hubiera supuesto que el teniente Benegas, al mirar el cementerio de la izquierda, quería conquistar a alguna bonita judía, o que, al mirar el cementerio de la derecha, pretendía enamorar a alguna musulmana emboscada en el misterio blanco de su manto. Pero no era así.

LARACHE - VISTA DESDE LA PLAYA

 

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