Archivos Mensuales: febrero 2023

CON MÁS LIBROS DE AMIGOS

Sigo colgando imágenes pertenecientes a mi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi novela El libro de las palabras robadasjunto a Larache. Poemas, de Mohamed Al Baki, y a Música andalusí, de Julio Rabadán. 

Mi libro de relatos Paseando por el zoco chico. Larachensemente, posando con Carta desde el Toubkal, de Pedro Delgado, y junto a Viajando por el Magreb Hispánico, de José Edery.

Y mi novela El laberinto de Max, junto a Miramar, de Carmen Enciso y Eloísa Navas; Yamna, de Said Jedidi, y Ras R´Mel, de Antonio Herráiz.

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» EN MADRID

El pasado viernes, 10 de febrero, presentamos en la Librería Antonio Machado, de Madrid, mi libro El mirador de los perezosos. Pilar Eusamio Zambrana tuvo la gentileza de abrirnos las puertas de esta hermosa y señera librería para poder hacerlo, y le estoy muy agradecido por su amabilidad y su exquisito trato. Entre los asistentes, muchos amigos (entre ellos, Iñaki Martínez, Luisa Mora, Alberto Gómez Font, Malika Mbarek, Gabriela Grech, Gonzalo Fernández Parrilla, Charo Sánchez, Oscar López, César Martínez, Mohamed Lemrini, Adela Manso, José Vargas, Elisa Mancebo, Suky Vergara, Arturo, Emilia, mi hijo Pablo, incluso un Club de Lectura que ha tenido el detalle de elegir mi libro para su  próximo debate y que contactarán conmigo en los próximos días…).

La presentación se inició con Consuelo Hernández, responsable del óleo que sirve de cubierta al libro, leyéndonos un texto que había preparado para la ocasión. Fue un escelente aperitivo. Luego, Mohamed El Morabet desgranó los relatos que conforman el libro. Contar con él siempre es garantía de disfrutar del momento. También abrimos una interesante y divertida charla, en la que intervinieron muchos de los asistentes, como Leonor Merino, que incluso leyó un párrafo de uno de los relatos.

En un próximo post, reproduciré el texto de Consuelo y algunos de los comentarios de Mohamed, pero hoy voy a copiar lo que ha escrito uno de los asistentes, el tangerino José Vargas, en su cuenta de facebook. Me ha parecido bellísimo y creo que es el mejor resumen que se puede ofrecer del acto:

Este viernes por la tarde, en la biblioteca Antonio Machado de Madrid, un mago del relato tangerino como Sergio Barce Gallardo, fue capaz de trasladar a los asistentes, como por arte de magia al mítico Mirador de los Perezosos. Una jornada de hamzas abiertas, de emociones concentradas y expandidas como el poema de Isaak Begoña Ortiz que hace de trampolín. Cómo saltar al agua desde el espigón de Malabata. Un paseo por la legendaria medina, que cala hondo en la mayoría de los presentes. En la memoria y en el ADN. Conducidos sin oposición, por ese viento del Estrecho que hace presencia cuando los pinceles de Consuelo Hernández nos pintan a las tres mujeres del Cabo Malabata.

Consuelo, nos desvela que las protagonistas de su cuadro, solían acudir al lugar de la escena con mucha frecuencia. Una lujosa primicia, puesto que Sergio es el testigo estelar de una foto instantánea en forma de relato, que casi se queda corto de la intensidad. Lo cierto, es que las tres mujeres sabían escoger sitio. Quien ha podido ver la medina desde aquella vista, un día luminoso, siente pellizcos en el corazón. En aquellas sillas humildes, pero democráticas (cómo incide Mohamed El Morabet) y esparcidas caprichosamente desde Malabata, a Merkala. Hasta el Cabo Espartel y más allá. Quedamos en que sillas de hierro en el Hafa, plástico en Malabata y la mirada de Sergio Barce por esos recodos, por los que los gatos tangerinos rozan el lomo.

Una brillante sucesión de relatos, narrados con un trazo impecable, equiparables a una semana deambulando por aquellas calles y respirar hondo antes de volver al inframundo. Probablemente no hay descripción más acertada del vértigo de las últimas horas en Tánger. La cara inversa del relato del hotel Rembrandt. El reencuentro, la despedida y todo entre medias. Las mujeres voluptuosas y las cervezas Flag. Chukri aprobaría el menú. Con pasteles de La Española, cigarrillos comprados en la calle y perfume de Madini. Una visión cinematográfica de Tánger, emotiva y mágica. Como los gatos que aparecen y desaparecen, los enfoques atrevidos y los caftanes remangados.

Después de que Consuelo consiguiera que me buscara restos de pintura, tras colarnos en la obra cruzando su cuadro, Mohammed El Morabet nos sacude ya desde dentro, con su humor de trazo fino y directo a la médula. Ha sido absolutamente brillante, extrayendo de Sergio Barce gran parte de la vivas emociones que esta colección de relatos sugiere. Que se les pasó algún detalle, vuelvan a leerla, pero ahora del revés. El final es el principio y el principio el final. Las buenas historias son como las canciones de un disco, que las escuchas una y otra vez cuando están bien contadas.

Genial ver a Gonzalo Fernández Parrilla, cuya mirada trasmite la paz del Café Hafa, poder decirle a Malika Embarek como me emociona escucharla leer sobre Tánger y darle cuatro besos muy seguidos a Luisa Mora. Con todos dándole a los cigarrillos, en la puerta de la librería, tras dos horas en el Mirador de los Perezosos, que transcurrieron en un suspiro.

Sigamos contando los pasos, que es como se persiguen los sueños.

Shookran. José Vargas.

 

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MOHAMED EL MORABET, SERGIO BARCE Y CONSUELO HERNÁNDEZ
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LEYENDO «NADIE SALVA A LAS ROSAS», DE YOUSSEF EL MAIMOUNI

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Leer a un amigo que escribe con tanta calidad te produce un doble efecto: el placer de la lectura y la alegría por comprobar que es un narrador de altura. Es lo que me está ocurriendo con Youssef El Maimouni.

Tras su novela Cuando los montes caminen, de la que ya hice una reseña en su momento y destaqué su buen pulso narrativo, ahora ando enfrascado en el nuevo título que también ha publicado Rocaeditorial: Nadie salva a las rosas.

Leídas las primeras páginas, le envié un whatsapp en el que le decía: “solo llevo dos capítulos, pero en esas páginas he descubierto el salto enorme que has dado hacia arriba en la calidad, pero también en la intensidad…”. Hoy, varios capítulos después, me reafirmo en esa primera impresión. Voy subrayando párrafos y frases que me parecen señas de identidad de un autor con una voz propia y distinta.

“…No es fácil ser madre de una hija triste.

La puerta se cierra. Una lágrima desciende hasta las comisuras de los labios. La sal es perjudicial para la salud…”

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“…El reflejo en el cristal del metro escupe mi pasado. Los años pasan a la velocidad del transporte público, atravesando el túnel oscuro, y observo tras la niebla mis veintisiete años…”

Me abro camino por esta historia contada a varias voces, enhebrada con meticulosidad, por esta trama dura, sin concesiones, terriblemente real. Youssef me conduce por la ciénaga de la sociedad que nos ha tocado vivir, en la que todo parece tiznado de miedo, de rencor, de sufrimiento. No sé qué me espera en la segunda parte de esta novela, pero sigo adentrándome en este amasijo de sentimientos que se amontonan en lo que no es sino el derribo de muchos tabúes.

“…Cuánta razón tenía la muy cabrona. Si se entera de que me he liado con una gaditana y una murciana, se va a poner loca de atar: <No hay nadie que no sea bisexual y las de Murcia son las más guapas de España, te lo dije>. Se reirá de mí y tendré que imaginármelas para contrarrestar sus burlas. Leí, no sé dónde, que nadie domina del todo un idioma hasta que no es capaz de hacer bromas y de usar con fluidez la ironía. Pues Rihanna habla a la perfección, mucho mejor que yo. Y nunca usa el ascensor. <Las escaleras son buenas para la salud de los glúteos>. Bajar sí que las he bajado, subirlas no lo recuerdo. Alguna madrugada de borrachera, cuando las distancias son más cortas. Sí, todo es más sencillo si se está en lo alto y se desciende poco a poco, al ritmo que una desea, pero termina por ser monótono, poco estimulante. Sí, no existe nadie que haya caído de abajo arriba. Sería más bonito, más especial. Más justo.”

Sigo leyendo la novela de Youssef El Maimouni. Hacerlo es como cimentar además nuestra amistad y gozar con las páginas que es capaz de escribir con tanta solidez. Por supuesto, no se librará de mis impresiones finales.

Sergio Barce, 5 de febrero de 2023

 

 

YOUSSEF EL MAIMOUNI Y SERGIO BARCE
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JUNTO A MÁS LIBROS DE MIS AMIGOS

Continúo colgando en mi blog imágenes pertenecientes a mi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi libro de relatos El mirador de los perezososjunto a Profundo Sur, de Juan José Téllez;  Mi avión herido, de Mario Castillo del Pino, y al lado de Un cine en el Príncipe Alfonso, de Mohamed Lahchiri. 

Mi novela Sombras en sepia, posando con El latido de Al-Magreb, de Pablo Martín Carbajal, y junto a No sé quién eres, de Miguel Torres López de Uralde.

Mis relatos de Una puerta pintada de azul, junto a Los lugares verdes, de Luis Salvago y a Meshi shughleck, de Alberto Mrteh.

Y mi libro de relatos Paseando por el zoco chico. Larachensemente, al lado de Cuentos de Larache, de Mohamed Sibari; El eco de la huida, de Hassan Tribak y Entre Tánger y Larache, de Mohamed Akalay. 

 

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