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PALABRA ENCENDIDA

Hace muy pocas fechas, el poeta José Sarria daba su discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba con un ferviente alegato por la Literatura Hispanomagrebí, que tanto apoyo necesita. A León Cohen y a mí nos ha llenado de orgullo (y así lo hemos comentado) que Pepe Sarria nos haya incluido  en esta lista de autores (con la mayoría de ellos me une una larga amistad de años) que usamos al español como “palabra encendida”. Ya me llamó una vez autor transterrado, así que otra razón más para seguir escribiendo y alimentando este ir y venir de experiencias y vivencias compartidas.

Sergio Barce, febrero 2019

LA PALABRA ENCENDIDA
Breve análisis de la Literatura Hispanomagrebí
Por José Sarria 
Discurso de entrada a la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

“Pensar que escritores como los sefardíes Isaac Laredo, Moisés Garzón Serfaty o León Cohen Mesonero, los españoles Alberto España, Ángel Vázquez, Antonio Lozano, Rafael de Cózar, Pilar Quirosa o Sergio Barce o los marroquíes Mohamed Chakor, Mohamed Sibari o Abdellah Djbiluo son simples autores de una u otra orilla que se expresan en español es no alcanzar a entender la dimensión de lo que viene ocurriendo en los países vecinos con respecto al desarrollo de una nueva corriente creacional: la que denominamos como Literatura Hispanomagrebí”

JOSE SARRIA

“La Literatura Hispanomagrebí se conforma, pues por un abigarrado conjunto de autores magrebíes que incursionan en el territorio creativo/mental a través de la lengua del otro (Mohamed Chakor, Abderrahman el Fathi, Mohamed Sibari, Aziz Tazi, Mohamed Lahchiri, Larbi El Harti o Mohamed Bouissef Rekab), de autores españoles/sefardíes de la frontera que han magrebizado sus obras (Moisés Garzón Serfaty, Sergio Barce, Leon Cohen Mesonero o Mustapha Busfeha García) y de autores magrebíes de segundas generaciones (Najat El Hachmi, Zuer el Bakali, Leila Karrouch, Farid Othman-Bentria Ramos o Said el Kadaoui) que no solo escriben en español sino, incluso, en otras lenguas del Estado español, contribuyendo, todos ellos, al establecimiento de un crisol multicultural que tiene al español como “palabra encendida”.”

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“DE LA OTRA BANDA AL RINCONCILLO”, UN RELATO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Mi paisano y amigo León Cohen me envía este relato para que podamos disfrutar tanto de su historia como de su estilo inconfundible. De nuevo viajamos a Larache y nos damos un emotivo paseo por la otra banda, y luego León nos lleva hasta el Rinconcillo, ya en Algeciras, donde se instaló tras abandonar Marruecos. Como bien subtitula León, “un paseo por las dos orillas” de Larache y de Algeciras, sus dos ciudades. Pero un paseo también por las emociones. Porque todos hemos vivido algo muy parecido y podemos identificarnos con lo que León Cohen nos describe en este corto pero intenso relato.

Sergio Barce, enero 2019

La otra banda de Larache

La otra banda de Larache

De la otra Banda al Rinconcillo

 Paseo por las dos orillas

Desde la Plaza de España me dirigí al Balcón del Atlántico, y tomé la cuesta que me llevaba al Barandillo muy cerca ya del puerto pesquero. La verdad sea dicha, el camino hacia el Barandillo ha mejorado mucho desde entonces y resulta placentero recorrerlo. Allí, como siempre, como estancados en el tiempo seguían los barqueros dispuestos a transportar al primer llegado para llevarlo hasta la Otra Banda. Le dije al joven, que quería la barca para mí solo, y que por favor me llevara sin prisa. Me senté en la popa y sentí en mi cuerpo el suave balanceo de la barca sobre el agua sincronizado con las brazadas del remero, ese subir y bajar al ritmo de las olas, que provocaba en mí sensaciones conocidas que me retrotraían a tiempos remotos hundidos en mi memoria, y sin embargo nunca olvidadas. Transportado al ritmo de los movimientos de los remos, como tratando de vencer y hacer recular al tiempo transcurrido, me puse a soñar y a rememorar mi infancia, en un viaje que siempre me pareció sin retorno. Por fin desembarqué, primero en el río Lukus en el que en tantas ocasiones me bañé, y a cuatro pasos, la Otra Banda, la playa de mi infancia. La de las Escalerillas y la de los Bloques. En aquellos bloques aprendí a sumergirme y a contemplar la belleza y el misterio del fondo marino. Desde los Bloques caminé hasta el Espigón a cuyo pie, a la derecha, se extendía y permanecía inmutable la Playa Peligrosa. Bajé desde la barra a la playa y pude sentir bajo mis pies la suavidad de su incomparable arena blanca. Y ahí estaba el mar en toda su dimensión, su bravura y su majestuosidad. Y comencé a caminar  por su interminable orilla,  como esperando encontrarme al final con algún camino o puerta que me llevara a mi pasado. Pues el tiempo pasado o perdido, solo puede volver a reencontrarse en nuestra imaginación hecha de recuerdos. En esta ocasión mi pretensión era recorrer el imaginario trayecto que separaba a la Otra Banda de Larache del  Rinconcillo, la playa de Algeciras, que se convertiría con el paso del tiempo en la playa de casi toda mi vida. Era algo así como atravesar el tiempo que me llevaba desde mi infancia a la adolescencia y primera juventud. Seguí por mi camino soñado sobre la arena de la playa larachense, y el sueño me condujo hasta alcanzar y desembarcar en la Playa del Rinconcillo: Mi otra playa, mi otra orilla, llena de tantos recuerdos y momentos cercanos a la felicidad plena. Como mi admirado Camus, mi patria es el mar y soy hijo del sol. Llegado al Rinconcillo, tuve que de dirigirme a mi nuevo lugar de residencia en sentido contrario al que inicié en Larache, esta vez desde la playa hasta la ciudad. Así fui aprendiendo a cambiar con el tiempo unos nombres por otros: la Plaza de España por la Plaza Alta, la calle Chinguiti por la Calle Ancha, el Cine Ideal por el Almanzor, y el Chabab y Santa Barbara por el Algeciras y su estadio el Mirador. Y así fui construyendo un nuevo y desconocido presente sobre un pasado entrañable. Sobre la primera capa de mi vida en Larache, la más profunda, se sobreponía como en una cebolla, una segunda e inolvidable capa como lo fue mi estancia en Tánger, que en mi sueño me salté adrede para llegar directamente a la tercera capa algecireña, que sería en definitiva la más espesa y la más larga, y cuya superficie era la que permanecería siempre a la vista, porque a la postre sería mi presente continuo.  De la misma manera que durante el transcurso de la vida, la pubertad se sobrepone a la infancia y la edad adulta a la primera hasta llegar a la vejez. Como otros muchos larachenses, me esperaban dos adaptaciones, una la de la edad a la que todos estábamos destinados  y otra añadida, la de mi nueva casa y mi nueva orilla a las que llegué algo perdido y desorientado, imagino que casi como todos.

Llegado a la playa de Algeciras, decidí despertar y no alargar el sueño. Quise que mi paseo por el pasado fuera corto y empezara en la Otra Banda y acabara en el Rinconcillo, las dos playas de mi vida donde fui tan feliz. Quise que ambas fueran las protagonistas de este recuerdo. Situadas  en dos orillas cercanas y en cierto modo hermanas, por su historia y por su presente. Una más atlántica, otra más mediterránea como Larache y Algeciras, que en distintas etapas de su historia unieron sus caminos y en otras los alejaron. Larachense de nacimiento e infancia y algecireño por destino, siempre me consideraré en deuda con estos dos pueblos milenarios donde tuve la suerte de vivir y de ser. Dos pueblos marineros, bendecidos por la naturaleza, que guardan similitudes, como las de ser hijos del mar, del sol y de la luz y donde la alegría de vivir se palpa por doquier, ya sea en sus calles, sus playas o sus fiestas.   

León Cohen

Enero 2019

El Rinconcillo

Playa El Rinconcillo, Algeciras

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“EL ESCRITOR”, POR LEÓN COHEN MESONERO

Hay regalos curiosos que te llegan de manera inesperada. Hace días, tal vez ya semanas, mi amigo y paisano larachense el escritor León Cohen Mesonero me envió un texto para que lo publicara en este blog. Me decía en su correo que me lo mandaba como “su pequeño regalo de Navidad”. Es el segundo regalo que me hace, el primero y más importante es el de su amistad; y este segundo lo hace para compartirlo conmigo y con todos los que os aventuráis a leer estos posts. 

Se trata de un primer capítulo de un libro que León está preparando. Y he de decir que me ha hecho reflexionar mucho. Quienes escribimos nos vemos muy bien reflejados en lo que detalla y he acabado por sentirme cómplice y partícipe de sus certeras y bien cuidadas palabras.

Sergio Barce, diciembre 2018

 

                                                                   “¿Qué más puedo decir? Digo que sí

                                                                A la vida, al camino recorrido

                                                                       y a la verdad impresa en el oído.”

                                                         Blas de Otero

El escritor

Le pedían que fuera valiente y se lanzara a escribir una novela. Nunca había hecho el menor caso a esa amigable solicitud y creía tener razones de peso. Para él, escribir una novela suponía apartarse de su gente más próxima y dedicar su tiempo, ese elemento tan precioso como irrepetible, a la escritura o lo que es igual, a sí mismo. No es posible escribir una novela en un tiempo prudente, sin apartarse del mundo. Él se conformaba con ser un escritor ocasional, cuya labor no le robaba más tiempo que el imprescindible. Ya había superado como escritor lo que llamaba la prueba de la memoria, que todo escritor que se precie debe abordar en algún momento de su periplo vital. Se había adentrado y escrudiñado su infancia y adolescencia en Marruecos, país por el que sentía un cariño incondicional y al que consideraba su casa natal.

Calle Barcelona. Leın, David, el hijo del maestro y Stika

Calle Barcelona. Leın, David, el hijo del maestro y Stika

En su largo viaje por su memoria sentimental, había rescatado imágenes y detalles perdidos de su primera infancia. Había bajado y transitado por los primeros años de su vida y había recreado gran parte de lo que aquellos dejaron en él, recuperando la memoria entrañable de familiares, profesores, amigos y conocidos. ¡Cuán difícil es librarse de los cabos que nos atan a nuestro pasado! Había puesto todo su empeño y su cariño en relatar aquella época de su vida. No todo el mundo se hubiera atrevido a un viaje introspectivo de ese tipo. Era como vivir de nuevo desde una perspectiva diferente. Eligió el relato corto como medio, porque consideraba este género literario como el más directo, preciso y empático. Solo el relato o el cuento permiten transmitir con palabras, lo que un recuerdo o una imagen del pasado significaron para el escritor y hacerlo de una manera sencilla y rápida. Estos relatos eran algo parecido a cortometrajes donde destacaban los sentimientos de un niño que aprendía a querer, a admirar y a dejarse sorprender por la vida. Cualquiera de ellos podía ser visto como un poema o un tributo a aquel tiempo perdido más que como un ejercicio nostálgico. Recorrido el trayecto y saldada la deuda con ese pasado, ahora le apetecía abordar temas distintos y bajo otras formas literarias. 

la memoria blanqueada

Le gustaba escribir entre paréntesis de tiempo o de vida. Escribía por necesidad. Eran aquellos momentos en los que se alejaba de la realidad para contar historias, pero también para acercarse a sí mismo. Y en ocasiones como estas, se preguntaba si él era el que parecía, el que la gente veía o era el que escribía, el que pesaba cada palabra y medía cada pensamiento, el que inventaba historias que podían conmover a otros. Se preguntaba cuál de los dos era la persona y cuál la máscara. Y cuando afirmaba que escribía entre paréntesis, era ciertamente porque le concedía muy poco tiempo a la escritura frente a otras actividades u otros descansos en su vida. Escribir para él era entre otras cosas, un tiempo de introspección, pero también era su tiempo. Su vida estaba plagada de pequeños entreactos que le habían ayudado a ser quien quería ser, sin nada más ni nada menos. El posible lector siempre podría adivinarle detrás de las pequeñas historias que contaba, como también por su manera de hacerlo. Quizás escribir fuera en definitiva un ejercicio de vida donde se mezclaban paradójicamente dosis de egocentrismo y narcisismo con alícuotas de altruismo y de empatía. Escribir era para él, una expresión innegable de alteridad. Le vino entonces a la mente el verso de Blas de Otero: “Porque escribir es viento fugitivo y publicar columna arrinconada… digo vivir, vivir como si nada hubiera de quedar de lo que escribo”

Portada libro 2

El escritor reflexionaba sobre temas eternos como el irremisible paso del tiempo. Constataba que había llegado para él, sin avisar demasiado, un tiempo que ya no le pertenecía. Ya solo le quedaba clavarle las uñas y aferrarse al presente, porque para él, el futuro ya era mañana. El final acechaba a la vuelta de la esquina. Vivir como si no hubiera mañana, era además una manera de resistir y sobre todo de disfrutar. Hasta aquí, su manera de luchar contra el paso del tiempo había sido recrear su pasado y el de aquellos que lo compartieron con él, en un intento de su mente de vivir dos veces y así crear la ficción de una vida más larga. Como si hubiera pretendido revivir a los que ya no estaban para contarlo. Era su opción como escritor, entre otras muchas. Para él representaba algo así como reunirse con sus muertos y darles y darse una nueva oportunidad. También era su modo de agradecer haberlos conocido y querido. Siempre llevaba con él algún gesto, una sonrisa, una voz familiar, una mirada tierna, el calor de una presencia; pues como decía Tahar Ben Jelloun: “Se puede olvidar un rostro, pero en modo alguno se puede borrar de la memoria el calor de una emoción, la suavidad de un gesto, el sonido de una voz tierna”.

La labor del que escribe no es una línea recta y continua, sino más bien un recorrido lleno de obstáculos, de altos en el trayecto, de silencios y de idas y venidas sin fin y sin objeto. Reflexionó sobre los caminos inesperados a los que las palabras podían conducir al escritor cada vez que este se sumergía en los misterios de la escritura. El escritor ha de adentrarse y expresarse sobre conceptos eternos: el amor, la pasión, la decrepitud, el paso del tiempo, la amistad, la belleza, la vejez, la juventud, la envidia, el odio, la compasión, la lealtad, la fidelidad, la duda, la justicia, el reparto de la riqueza,  la admiración, la familia, la relatividad de los conceptos, la enfermedad, la muerte de los otros, la mentira, el respeto, el cariño, la humildad, la soledad… Pero el escritor trabaja  y maneja palabras, que moldea y combina a su antojo y que le sirven para expresar conceptos o sentimientos que todo lector ha de entender y sentir, aunque sea necesariamente en diferido. El escritor busca siempre la complicidad del lector, porque sin un lector cómplice con quien compartir y dialogar, la literatura quedaría reducida a un ejercicio de estilo, inútil y estéril.

León Cohen Mesonero

Portada ENTRE DOS AGUAS

 

 

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MÁLAGA- SÁBADO 28 DE ABRIL – FERIA DEL LIBRO – EL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN FIRMARÁ EJEMPLARES DE SU NUEVO LIBRO

Este sábado, a partir de las 12.30 h., el escritor larachense León Cohen Mesonero, firmará ejemplares de su nuevo libro Tributo a dos ciudades: Tánger y Larache, en la caseta de la editorial Círculo Rojo.

Aprovecho para adjuntar el enlace de Radio Sefarad en el que podéis escuchar la entrevista que se le ha realizado a León Cohen con ocasión de la salida de su libro.

http://www.radiosefarad.com/tributo-a-dos-ciudades-larache-y-tanger-con-su-autor-leon-cohen/

Tributo

 

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ALGECIRAS – 25 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DE “TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE RELATOS DE LEÓN COHEN

El próximo 25 de abril
En el Centro Documental “José Luis Cano” de Algeciras
A las 19:30 horas

Presentación del libro

“TRIBUTO A DOS CIUDADES:

LARACHE Y TÁNGER”

de LEÓN COHEN MESONERO

Organizan la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) en Andalucía-Delegación Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Algeciras.

Tributo

 

 

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