
“…No es fácil ser madre de una hija triste.
La puerta se cierra. Una lágrima desciende hasta las comisuras de los labios. La sal es perjudicial para la salud…”
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“…El reflejo en el cristal del metro escupe mi pasado. Los años pasan a la velocidad del transporte público, atravesando el túnel oscuro, y observo tras la niebla mis veintisiete años…”
“…Cuánta razón tenía la muy cabrona. Si se entera de que me he liado con una gaditana y una murciana, se va a poner loca de atar: <No hay nadie que no sea bisexual y las de Murcia son las más guapas de España, te lo dije>. Se reirá de mí y tendré que imaginármelas para contrarrestar sus burlas. Leí, no sé dónde, que nadie domina del todo un idioma hasta que no es capaz de hacer bromas y de usar con fluidez la ironía. Pues Rihanna habla a la perfección, mucho mejor que yo. Y nunca usa el ascensor. <Las escaleras son buenas para la salud de los glúteos>. Bajar sí que las he bajado, subirlas no lo recuerdo. Alguna madrugada de borrachera, cuando las distancias son más cortas. Sí, todo es más sencillo si se está en lo alto y se desciende poco a poco, al ritmo que una desea, pero termina por ser monótono, poco estimulante. Sí, no existe nadie que haya caído de abajo arriba. Sería más bonito, más especial. Más justo.”
“…La primera noche que pasé en África no tuvo demasiado glamur. Fue en el camping de Ceuta. Recuerdo especialmente el paisaje sonoro: se oían voces y ladridos que me sonaban diferentes, como si vinieran de la jungla, pero que no eran más que voces humanas y perros. Y tal vez la voz de algún almuédano llamando a la oración. Era mi imaginación excitada por estar en África, por el primer viaje a Marruecos. Por supuesto que la familia árabe de Familias de 7 países, beduina con aires orientales de Las mil y una noches, había marcado mi imaginario.
-Ten cuidado con los moros -me dijeron familiares y amigos.
Sobraba la advertencia. Los moros y los negros habían estado siempre presentes en las conversaciones familiares. Un miedo atávico e indómito circulaba por mis venas junto con los glóbulos rojos y blancos.
Cuando, tras regresar de aquel primer viaje, anuncié que iba a estudiar árabe, fue como si me hubiera pasado a las filas del enemigo…”
“…Leyendo un libro francés sobre Marruecos encontré una curiosa errata. Se referían a uno de mis amigos escritores como Abdelkafir. Esta combinación de palabras es imposible. Abd se suele combinar con muchos de los 99 nombres de Dios, como Abderrahman o Abdelkrim…, pero kafir no es un nombre de Dios, es de hecho el nombre con el que se alude a los infieles o descreídos (mécréant, que dicen en francés), a los paganos, y de donde, por cierto, deriva el español cafre. Por tanto, la combinación imposible, ya que no puede ser un atributo de Dios. Otra jugarreta del destino y de las letras, que a mi amigo Abdel le hizo mucha gracia, claro.
Contrastan estas costumbres con la de algunos españoles que vivieron en Marruecos, la de llamar a las trabajadoras domésticas, cocineras o mujeres de la limpieza como Fátima.
-Mi Fátima -decían, con orgullo de propietario, como si no conocieran el nombre de la persona que trabaja con ellos.”