Archivo del Autor: sergiobarce

“UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, DE SERGIO BARCE, PRESENTACIÓN Y FIRMA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

 

 

16 de septiembre, a las 19:00 horas

en Casa Árabe, c/ Alcalá, 62

presentación del libro de relatos

“Una puerta pintada de azul”, de Sergio Barce

Presenta:  Luisa Mora, jefa de servicio de la Biblioteca Islámica “Félix María Pareja” de la AECID.

Para asistir, se requiere inscripción previa, que podéis cumplimentar en el siguiente enlace:

https://www.casaarabe.es/eventos-arabes/show/una-puerta-pintada-de-azul

***

Y el día 17 de septiembre, a partir de las 19:00 horas

Firma de ejemplares en la Caseta nº 138 de Librería Balqis Casa Árabe

Feria del Libro de Madrid      

Más información en:

https://www.facebook.com/casarabe/photos/a.10150385120916943/10159143736076943/

 

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UNA FOTO DE PABLO MACÍAS

Sugerente foto con mi novela El libro de las palabras robadas y con la biografía de Mohamed Chukri de Rocío Rojas-Marcos, tomada por nuestro amigo común Pablo Macías, director del extraordinario documental La vida perra, que tantos galardones ha obtenido en su carrera por distintos festivales, y ahora el no menos exitoso (A)plomo.

 

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EL FINAL DE SU ESCAPADA

Esto comienza a ser un desastre. Es difícil ya que cada mes no nos traiga una mala noticia o varias malas noticias, la desaparición de alguien que ha marcado nuestra juventud o de un personaje a quien admirábamos por alguna razón. Hoy ha sido el turno de Jean-Paul Belmondo. Con él se va gran parte de nuestro amado cine francés de la <nouvelle vague>, y, de ese grupo asombroso que nos deleitó durante tantos años, ahora ya sólo quedan los restos.

Recuerdo haber descubierto a Belmondo en los cines de Larache, en el Ideal, Avenida, Coliseum y Teatro España. Películas de acción, entonces intrépidas, y films policiacos, en algunos casos con ingredientes de comedia. Jean-Paul Belmondo siempre tuvo cara de pícaro. Luego, tras abandonar Marruecos, seguí viendo sus películas en Málaga en sesiones dobles del Cayri o del Royal, y, ya en mi adolescencia, en los cine-clubs, me deleité en sus películas para el nuevo cine francés, dirigido por maestros como Godard, Resnais o Truffaut, aunque sería De Broca el que sacaría su lado más gamberro. 

Para mí, Belmondo seguirá siendo Pierrot, el loco (Pierrot, le fou), Un tal La Rocca (Un nommé La Rocca), El hombre de Río (L´homme de Rio) o Stavisky; pero, sobre todo, jamás dejará de ser Michel Poiccard, el protagonista de su film más emblemático: Al final de la escapada (À bout de souffle, 1959), ese tipo despreocupado e inconsciente que admiraba a Humphrey Bogart y que se enrollaba con la adorable Jean Seberg.

Pero hoy, con su fallecimiento, hemos contemplado en realidad el final de su escapada. 

Sergio Barce, 6 de septiembre de 2021

JEAN-PAUL BELMONDO Y JEAN SEBERG en AL FINAL DE LA ESCAPADA
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TRES MUJERES EN CABO MALABATA, ÓLEO/TABLA, 120 X 80 CM., CONSUELO HERNÁNDEZ

El óleo cuelga sobre una pared en blanco. Su autora, Consuelo Hernández, anuncia que en próximas fechas se expondrá en el Instituto Cervantes de Tánger, donde tal vez con toda lógica deba estar, a unos diez kilómetros de cabo Malabata. Observo esta hermosa pintura, y concluyo que sólo puede nacer de una artista especial y brillante. Consuelo lo es. No es un gran descubrimiento por mi parte, pero lo consigno. Y, sin dejar de admirar esta obra, imagino que esas tres mujeres inanimadas se encuentran en este preciso instante justo allí, en Malabata, en esa misma actitud que muestran en el cuadro, y también imagino que me encuentro cerca de ellas. Estoy en el lugar que ocupó la pintora para plasmarlas, tal vez tomándome un té hirviendo que sorbo ruidosamente.

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Apenas las escucho, hablan en voz baja, pero en seguida deduzco que estoy frente a tres generaciones de una misma familia. La abuela me da la espalda, su hija está sentada a la izquierda y su nieta es la joven que permanece en pie. Intuyo que el abuelo ha fallecido no hace mucho. La nieta parece la más afectada, sin levantar la cabeza, pensativa y entristecida. Su madre recuerda los días en los que su padre venía hasta ese mismo lugar para sentarse frente al mar, perder la vista y entregarse al silencio. Parece que era su rincón favorito, al que venía una vez a la semana. La nieta solía acompañarlo de pequeña. Ahora se lamenta de no haber mantenido esa tradición en los últimos tiempos. Oigo a la madre reprochárselo, preguntándose por qué habría dejado de hacerlo, como si supiera algo que la avergonzara. La abuela tercia sin éxito, y no puede evitar que la mujer le echa en cara a su nieta que la han visto últimamente en el mirador de los perezosos hablando con ese muchacho tanyaui de la serrería. La abuela suelta una risita cuando oye la respuesta: se excusa diciendo que no sabe por qué iba a verlo, que el muchacho la había enredado con palabras que ella no comprendía. Sigo observándolas. Creo que la anciana es la más sensata de las tres. Y vuelvo a escuchar su risa reprimida antes de ordenar a su hija que se calle; luego, le dice a su nieta, a la que llama mi pequeña Hanan, que todo está bien, que lo hecho, hecho está, y que el abuelo Ahmed era feliz viéndola feliz. Y que ella, cuando fue joven, también se dejó enredar por las palabras de su abuelo. Descubro unas lágrimas cayendo por las mejillas de la joven, mientras su madre mueve la cabeza de un lado a otro con resignación. Durante unos minutos, permanecen en silencio. Sin la compañía de Ahmed, el tiempo que me queda de vida ya no tiene sentido para mí, sentencia la abuela. Las tres sin moverse, como paralizadas por esa frase lapidaria. Y entonces me doy cuenta de que el día, que había amanecido con un sol resplandeciente, se ha tornado gris, el cielo raso ha perdido el celeste habitual, el mar como de plomo, incluso las tres mujeres parecen embozadas por ese mismo tono de ausencia, por la ausencia de Ahmed. Sólo la tierra rojiza mantiene su color vivo y palpitante, como si cabo Malabata se resistiera a las inclemencias de todo tipo. Es una imagen de una tristeza solemne y profunda. Imagino a Consuelo en su estudio de pintura, acercando el pincel para dar un último retoque al hiyab de la pequeña Hanan y dar un paso atrás para revisar el resultado. Ahora sí, dice.

Sergio Barce, septiembre 2021

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LA MEMORIA MARROQUÍ DE LEÓN COHEN, POR PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ

Ya anuncié que mi amigo y paisano León Cohen Mesonero había publicado nuevo libro: 100 microrrelatos. Y ahora leo un artículo de mi también amiga y poeta Paloma Fernández Gomá, a la que tanto le debemos quienes escribimos en las dos orillas. Aquí os dejo tanto el enlace a través del que podéis leer este artículo, bellamente titulado La memoria marroquí de León Cohen, como el que os llevará hasta el audio en el que se recoge la entrevista que ha ofrecido a Radio Sefarad sobre su nueva obra.

https://www.radiosefarad.com/100-microrrelatos-con-su-autor-leon-cohen-mesonero/

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