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BARCELONA, 11 DE FEBRERO – PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL»

El viernes, 11 de febrero, a partir de las 19:00 horas, nos veremos en Barcelona, en la Librería Fahrenheit 451, para presentar mi libro de relatos larachenses Una puerta pintada de azul.

La presentación correrá a cargo de mi amigo el escritor Youssef el Maimouni (nacido en Ksar el Kebir), autor de la novela Cuando los montes caminen. Todo un privilegio. 

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 2 – CONTAR LAS CUARENTA, CON MORETA-LARA. EN EL HAMMAM, CON KILITO

En noviembre pasado, paseé por Tánger con Marta Cerezales Laforet, Rocío Rojas-Marcos y Miguel Ángel Moreta-Lara, ahí es nada (en uno de los cuentos que formarán parte de mi nuevo libro relato algún detalle de ese deambular). Hacía frío, pero el sol asomaba con cierta holgura y los perros y los gatos habían ocupado las zonas de las aceras donde más calentaba. A veces parecíamos extraños que nunca hubiesen vivido o estado en Marruecos, quizá porque los cuatro tratamos de embebernos de cuanto allí nos rodea. Fue un rato agradable, lleno de silencios, en especial cuando entramos en el cementerio judío, que nos sobrecogió por muchas cosas. Caminar por Tánger es viajar en el tiempo.

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Tras leerme sus poemas de su Dietario salvaje (que me ha deparado más de una sonrisa), ando con el otro libro que me regaló Miguel al despedirnos: Contar las cuarenta. Es incalificable, pero estoy aprendiendo muchísimas cosas con él. Hay notas de viajes, relatos, meditaciones (por así llamarlas) o más bien reflexiones, recuerdos, fogonazos de inspiración y textos nacidos porque sí. Me ha sorprendido conocer el destino de Miguel Hernández Torralbo, el dueño de un local mítico de Málaga: <El cantor de jazz>, por el que casi todos recalamos en nuestra juventud. Tal y como lo cuenta Miguel Ángel, lo cierto es que hay historias que son pura devastación.

Pero lo que me trae hoy aquí es que, Contar las cuarenta, publicado por El Desvelo Ediciones, me ha recordado un texto que leí hace tiempo de Abdelffatah Kilito. Cuando lo menciona en sus páginas, algo se ha encendido en mi cabeza, lo he buscado y he vuelto a leerlo. Se titula Una temporada en el hammam, y, como bien dice Miguel Ángel Moreta-Lara (que junto a Ahmed Ararou lo tradujeron del francés), es “un texto absolutamente perfecto”.

Extraigo un pequeño párrafo del relato:

“…El hamam es un descenso al otro mundo. No se sube al hamam, se baja; es difícil imaginar un hamam encaramado. Tan pronto como empujas la puerta para penetrar en la primera sala, hay que bajar un peldaño, por lo menos un peldaño. El hamam es un lugar crónico, situado en las profundidades de la tierra, en las entrañas subterráneas; como inframundo, es oscuro, sin estrellas ni sol, lejos del día y de la noche, fuera del calendario y de la cronología. El sol no tiene acceso a ese mundo de los muertos, a esa morada de las sombras de formas indecisas, que sólo reflejan de manera imperfecta las formas del mundo superior, del mundo bañado por el sol. El hamam es un espejo empañado, en cuya superficie se proyectan vagas siluetas, apariciones inciertas. Uno se transmuta en su propia sombra desde el instante en que baja a esta catacumba, fosa ahogada por un vapor espeso y sofocante…”

Sigo leyendo a Miguel Ángel a cuentagotas, para que no se acaben sus historias. Y, entre medio, se cuela alguna novela o algún diario. Esas cosas que hacemos los lectores impenitentes, que no dejamos de abrir los libros que tenemos a mano mientras miramos de soslayo los otros volúmenes que también nos esperan en una esquina del escritorio.

Sergio Barce, 25 de enero de 2022

 

ABDELFFATAH KILITO
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FOTOS DE CINE – 24

La foto pertenece a un momento del rodaje de la película En un lugar solitario (In a lonely place, 1950). En ella vemos al director, Nicholas Ray, junto a los protagonistas de la cinta: Gloria Grahame y Humphrey Bogart, que atienden con suma atención sus explicaciones.

Es una de las obras maestras del cine americano, y no admito discusión. La reviso a veces por el solo placer de volver a escuchar sus diálogos, las frases lapidarias que lanza Dixon Steele, el personaje que interpreta Bogart en, quizá, uno de sus papeles más redondos. Y Gloria Grahame, como siempre, irradiando una sensualidad volcánica, una actriz que siempre me ha parecido excepcional. (A propósito de la Grahame, hay una cinta que recrea sus últimos años en Inglaterra, bastante curiosa, titulada Las estrellas de cine no mueren en Liverpool – Film stars don´t lie in Liverpool, 2017), cuando mantuvo una apasionada relación con un joven mucho más joven que ella.

El guion de En un lugar solitario es de Andrew Solt. Y Burnett Guffey es el responsable de su maravillosa fotografía en blanco y negro. La dirección de Nicholas Ray es sobria, pero soberbia.

La frase más famosa del film que pronuncia Bogart probablemente sea la siguiente:

«Nací cuando ella me besó, morí el día que me abandonó, y viví el tiempo que me amó» 

Sergio Barce, enero 2022

 

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA Nº 1 – RAFAEL CHIRBES VERSUS PÉREZ-REVERTE

Pongo punto final al quinto relato del nuevo libro que preparo. Historias ambientadas en Tánger. Cuentos que pretendo que sean diferentes a los de Una puerta pintada de azul, quizá porque Tánger es muy distinta a Larache o porque los sentimientos sean dispares. Larache me conmueve y me abraza, Tánger me desborda y me seduce. No sé qué resultará del experimento, pero hay párrafos en estos nuevos textos que, al revisarlos, me parecen más que decentes.

También acabo esta mañana la lectura de los Diarios, de Rafael Chirbes. Tan distintos, pero, a la vez, tan humanos como los de Stefan Zweig. Dos libros en los que he subrayado y anotado infinidad de frases, ideas o comentarios. Pero los dos me confirman que nunca seré un gran escritor. A lo sumo, un narrador que cuenta historias aceptables. Lejos de estos autores que lo conocen todo, que lo han leído todo y a todos, que dominan las técnicas con la facilidad de quien vierte el interior de un azucarillo en el café.

Es probable que nunca haya sabido leer. Es cierto que lo hago compulsivamente, pero sin ton ni son. Pasan los días, y, como confiesa Chirbes (aunque creo que él miente), yo también olvido lo que leo. Eso me causa cierto desasosiego. Pienso en un libro que leí hace tiempo y sí, recuerdo que me gustó, lo abro, releo los párrafos que tengo subrayados con lápiz, pero no me acuerdo de nada, sólo de ese regusto dulzón de haberlo saboreado entonces.

Cuando Pérez-Reverte publicó Cabo Trafalgar, con Alfaguara, allá por el 2004, fui de los que compraron la novela. Comencé a leerla, pero, a medida que pasaban las páginas, me daba cuenta de que me irritaba y llegó un punto de exasperación y la lancé contra la pared, literalmente. Cabreado con la novela y con Pérez-Reverte. Y algo parecido me ocurrió con su novela “tangerina” Eva, también para olvidar. Cabo Trafalgar me pareció una gran estafa. Y, desde entonces, cuando me he acordado de ese título, he llegado a pensar que, quizá, el tiempo de su lectura me pilló en baja forma o en un mal momento. Pero, para mi regocijo y tranquilidad, me he encontrado al final de sus diarios con un acerado análisis de Rafael Chirbes que coincide conmigo. Al principio pensé que le dedicaría unas líneas, como a otros muchos libros que menciona, pero no, se nota que, en este caso, también él se fue calentando y, en varios párrafos, lo destroza. No es para menos. Respiro aliviado. Quizá no sea un lector metódico, pero al menos distingo lo bueno de lo malo. Que conste que, entre la variada y desigual producción literaria de Pérez-Reverte, hay alguna cosa que me gusta, como su Alatriste.

Leo en los Diarios de Chirbes (NB: un libro de obligada lectura, a mi modesto parecer)

“Cada día me cuesta más escribir y me gusta menos lo que escribo. Sin embargo, los amigos están convencidos de que, cuando escribo, tengo una gran seguridad en mí mismo y, sobre todo, facilidad. No sé de dónde han sacado esa idea. (pag.153)”

Al contrario que a él, cada día me cuesta menos escribir. Lo hago al atardecer y los fines de semana. Me siento frente al ordenador con más energía e ilusión que antes, las ideas me fluyen, me siento liviano, sin corsés, libre, aunque sé que nada de lo que escribo les interesa a las grandes editoriales. Mis dos últimas novelas sin publicar siguen dando tumbos de una a otra, como dos borrachos que se apoyasen hombro con hombro para no caer al suelo tratando desesperados de dar con un bar abierto. Sin embargo, tengo una pequeña legión de lectores que me siguen con una fidelidad pretoriana, y no puedo defraudarles. Por ellos, sólo por ellos, me esfuerzo por armar un nuevo libro que sea mejor que el anterior.

Se me escapa el tiempo. Odio mi trabajo, que me limita las horas para escribir. Si viviera de mis libros (estoy a punto de soltar una carcajada al pensar en los derechos de autor que he cobrado este año) sería el hombre más feliz del mundo. Me dejaría atar voluntariamente a mi escritorio y a mi ordenador sólo para crear historias.

Narrar se ha convertido en mi refugio frente a este mundo mediocre y hortera, en el que la educación pasó  a mejor vida, y que nos está tocando vivir. Tampoco veo mucha televisión, de la que escapo gracias a las películas y a las series. Las plataformas me ofrecen todo el catálogo del mundo y reviso títulos de cine clásico, pero sin dejar de ver todo lo nuevo que surge a diestra y siniestra. Y no dejo de acudir a las salas, pese a la mascarilla incómoda y a la frialdad de las máquinas expendedoras de entradas (¿querrán alejarnos de las salas de cine a base de deshumanizar el rito que siempre ha supuesto hacer cola, comprar tu entrada en la taquilla a alguien que te habla, te aconseja y te sonríe al otro lado, y, al acabar la proyección, comentar la cinta con tu acompañante con un buen vino y unas tapitas por delante?).

El sexto relato ya lo tengo en mente, desde hace días. Lo he rumiado mientras acababa el anterior. Este nuevo libro tangerino quiero mimarlo, que llame la atención. Espero que lo sea por su calidad. Y también deseo introducir dos colaboraciones que anhelo. Me ilusiona este proyecto.

Pero, en cuanto acabe con él (se publique o no), me pongo con otra novela que me espera y que también se está modelando en un rincón apartado de mi cerebro.

Me falta tiempo para todo. Y ya comienzo a ser mayor.

Sergio Barce – 22 de enero de 2022

 

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BARCELONA, 11 DE FEBRERO – PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL»

Si todo va bien, el próximo 11 de Febrero, a las 19:00 horas, presentaremos en Barcelona, en la Librería Fahrenheit 451, Carrer de la Sal 5, mi libro de relatos «Una puerta pintada de azul«. Para anotar en agenda.

En los próximos días iré dando más detalles.

 

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