ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» EN MADRID

El pasado viernes, 10 de febrero, presentamos en la Librería Antonio Machado, de Madrid, mi libro El mirador de los perezosos. Pilar Eusamio Zambrana tuvo la gentileza de abrirnos las puertas de esta hermosa y señera librería para poder hacerlo, y le estoy muy agradecido por su amabilidad y su exquisito trato. Entre los asistentes, muchos amigos (entre ellos, Iñaki Martínez, Luisa Mora, Alberto Gómez Font, Malika Mbarek, Gabriela Grech, Gonzalo Fernández Parrilla, Charo Sánchez, Oscar López, César Martínez, Mohamed Lemrini, Adela Manso, José Vargas, Elisa Mancebo, Suky Vergara, Arturo, Emilia, mi hijo Pablo, incluso un Club de Lectura que ha tenido el detalle de elegir mi libro para su  próximo debate y que contactarán conmigo en los próximos días…).

La presentación se inició con Consuelo Hernández, responsable del óleo que sirve de cubierta al libro, leyéndonos un texto que había preparado para la ocasión. Fue un escelente aperitivo. Luego, Mohamed El Morabet desgranó los relatos que conforman el libro. Contar con él siempre es garantía de disfrutar del momento. También abrimos una interesante y divertida charla, en la que intervinieron muchos de los asistentes, como Leonor Merino, que incluso leyó un párrafo de uno de los relatos.

En un próximo post, reproduciré el texto de Consuelo y algunos de los comentarios de Mohamed, pero hoy voy a copiar lo que ha escrito uno de los asistentes, el tangerino José Vargas, en su cuenta de facebook. Me ha parecido bellísimo y creo que es el mejor resumen que se puede ofrecer del acto:

Este viernes por la tarde, en la biblioteca Antonio Machado de Madrid, un mago del relato tangerino como Sergio Barce Gallardo, fue capaz de trasladar a los asistentes, como por arte de magia al mítico Mirador de los Perezosos. Una jornada de hamzas abiertas, de emociones concentradas y expandidas como el poema de Isaak Begoña Ortiz que hace de trampolín. Cómo saltar al agua desde el espigón de Malabata. Un paseo por la legendaria medina, que cala hondo en la mayoría de los presentes. En la memoria y en el ADN. Conducidos sin oposición, por ese viento del Estrecho que hace presencia cuando los pinceles de Consuelo Hernández nos pintan a las tres mujeres del Cabo Malabata.

Consuelo, nos desvela que las protagonistas de su cuadro, solían acudir al lugar de la escena con mucha frecuencia. Una lujosa primicia, puesto que Sergio es el testigo estelar de una foto instantánea en forma de relato, que casi se queda corto de la intensidad. Lo cierto, es que las tres mujeres sabían escoger sitio. Quien ha podido ver la medina desde aquella vista, un día luminoso, siente pellizcos en el corazón. En aquellas sillas humildes, pero democráticas (cómo incide Mohamed El Morabet) y esparcidas caprichosamente desde Malabata, a Merkala. Hasta el Cabo Espartel y más allá. Quedamos en que sillas de hierro en el Hafa, plástico en Malabata y la mirada de Sergio Barce por esos recodos, por los que los gatos tangerinos rozan el lomo.

Una brillante sucesión de relatos, narrados con un trazo impecable, equiparables a una semana deambulando por aquellas calles y respirar hondo antes de volver al inframundo. Probablemente no hay descripción más acertada del vértigo de las últimas horas en Tánger. La cara inversa del relato del hotel Rembrandt. El reencuentro, la despedida y todo entre medias. Las mujeres voluptuosas y las cervezas Flag. Chukri aprobaría el menú. Con pasteles de La Española, cigarrillos comprados en la calle y perfume de Madini. Una visión cinematográfica de Tánger, emotiva y mágica. Como los gatos que aparecen y desaparecen, los enfoques atrevidos y los caftanes remangados.

Después de que Consuelo consiguiera que me buscara restos de pintura, tras colarnos en la obra cruzando su cuadro, Mohammed El Morabet nos sacude ya desde dentro, con su humor de trazo fino y directo a la médula. Ha sido absolutamente brillante, extrayendo de Sergio Barce gran parte de la vivas emociones que esta colección de relatos sugiere. Que se les pasó algún detalle, vuelvan a leerla, pero ahora del revés. El final es el principio y el principio el final. Las buenas historias son como las canciones de un disco, que las escuchas una y otra vez cuando están bien contadas.

Genial ver a Gonzalo Fernández Parrilla, cuya mirada trasmite la paz del Café Hafa, poder decirle a Malika Embarek como me emociona escucharla leer sobre Tánger y darle cuatro besos muy seguidos a Luisa Mora. Con todos dándole a los cigarrillos, en la puerta de la librería, tras dos horas en el Mirador de los Perezosos, que transcurrieron en un suspiro.

Sigamos contando los pasos, que es como se persiguen los sueños.

Shookran. José Vargas.

 

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MOHAMED EL MORABET, SERGIO BARCE Y CONSUELO HERNÁNDEZ
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LEYENDO «NADIE SALVA A LAS ROSAS», DE YOUSSEF EL MAIMOUNI

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Leer a un amigo que escribe con tanta calidad te produce un doble efecto: el placer de la lectura y la alegría por comprobar que es un narrador de altura. Es lo que me está ocurriendo con Youssef El Maimouni.

Tras su novela Cuando los montes caminen, de la que ya hice una reseña en su momento y destaqué su buen pulso narrativo, ahora ando enfrascado en el nuevo título que también ha publicado Rocaeditorial: Nadie salva a las rosas.

Leídas las primeras páginas, le envié un whatsapp en el que le decía: “solo llevo dos capítulos, pero en esas páginas he descubierto el salto enorme que has dado hacia arriba en la calidad, pero también en la intensidad…”. Hoy, varios capítulos después, me reafirmo en esa primera impresión. Voy subrayando párrafos y frases que me parecen señas de identidad de un autor con una voz propia y distinta.

“…No es fácil ser madre de una hija triste.

La puerta se cierra. Una lágrima desciende hasta las comisuras de los labios. La sal es perjudicial para la salud…”

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“…El reflejo en el cristal del metro escupe mi pasado. Los años pasan a la velocidad del transporte público, atravesando el túnel oscuro, y observo tras la niebla mis veintisiete años…”

Me abro camino por esta historia contada a varias voces, enhebrada con meticulosidad, por esta trama dura, sin concesiones, terriblemente real. Youssef me conduce por la ciénaga de la sociedad que nos ha tocado vivir, en la que todo parece tiznado de miedo, de rencor, de sufrimiento. No sé qué me espera en la segunda parte de esta novela, pero sigo adentrándome en este amasijo de sentimientos que se amontonan en lo que no es sino el derribo de muchos tabúes.

“…Cuánta razón tenía la muy cabrona. Si se entera de que me he liado con una gaditana y una murciana, se va a poner loca de atar: <No hay nadie que no sea bisexual y las de Murcia son las más guapas de España, te lo dije>. Se reirá de mí y tendré que imaginármelas para contrarrestar sus burlas. Leí, no sé dónde, que nadie domina del todo un idioma hasta que no es capaz de hacer bromas y de usar con fluidez la ironía. Pues Rihanna habla a la perfección, mucho mejor que yo. Y nunca usa el ascensor. <Las escaleras son buenas para la salud de los glúteos>. Bajar sí que las he bajado, subirlas no lo recuerdo. Alguna madrugada de borrachera, cuando las distancias son más cortas. Sí, todo es más sencillo si se está en lo alto y se desciende poco a poco, al ritmo que una desea, pero termina por ser monótono, poco estimulante. Sí, no existe nadie que haya caído de abajo arriba. Sería más bonito, más especial. Más justo.”

Sigo leyendo la novela de Youssef El Maimouni. Hacerlo es como cimentar además nuestra amistad y gozar con las páginas que es capaz de escribir con tanta solidez. Por supuesto, no se librará de mis impresiones finales.

Sergio Barce, 5 de febrero de 2023

 

 

YOUSSEF EL MAIMOUNI Y SERGIO BARCE
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JUNTO A MÁS LIBROS DE MIS AMIGOS

Continúo colgando en mi blog imágenes pertenecientes a mi biblioteca en las que alguna de mis obras acompaña a los títulos de buenos y queridos amigos escritores.

Hoy: mi libro de relatos El mirador de los perezososjunto a Profundo Sur, de Juan José Téllez;  Mi avión herido, de Mario Castillo del Pino, y al lado de Un cine en el Príncipe Alfonso, de Mohamed Lahchiri. 

Mi novela Sombras en sepia, posando con El latido de Al-Magreb, de Pablo Martín Carbajal, y junto a No sé quién eres, de Miguel Torres López de Uralde.

Mis relatos de Una puerta pintada de azul, junto a Los lugares verdes, de Luis Salvago y a Meshi shughleck, de Alberto Mrteh.

Y mi libro de relatos Paseando por el zoco chico. Larachensemente, al lado de Cuentos de Larache, de Mohamed Sibari; El eco de la huida, de Hassan Tribak y Entre Tánger y Larache, de Mohamed Akalay. 

 

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«AL SUR DE TÁNGER. UN VIAJE A LAS CULTURAS DE MARRUECOS», DE GONZALO FERNÁNDEZ PARRILLA

Acabo de recorrer Marruecos de Norte a Sur de la mano de Gonzalo Fernández Parrilla a través de las páginas de su libro Al sur de Tánger. Un viaje a las culturas de Marruecos. Al cerrarlo, he pensado que me habría gustado leerlo en un autobús o en un tren, cruzando el país, levantando la vista de tarde en tarde para ver el paisaje, o bien sentado en cualquier terraza, acompañado de un té con yerbabuena, quizá en la del Café de París, en Tánger, o tal vez frente al Balcón del Atlántico, en Larache. Oler ese aire salado y dulce, limpio y húmedo, viejo y nuevo, degustando cada capítulo. Aunque en realidad este libro te transporta a Marruecos desde las primeras líneas y todo eso que he escrito antes te lo imaginas mientras lo lees.

“…La primera noche que pasé en África no tuvo demasiado glamur. Fue en el camping de Ceuta. Recuerdo especialmente el paisaje sonoro: se oían voces y ladridos que me sonaban diferentes, como si vinieran de la jungla, pero que no eran más que voces humanas y perros. Y tal vez la voz de algún almuédano llamando a la oración. Era mi imaginación excitada por estar en África, por el primer viaje a Marruecos. Por supuesto que la familia árabe de Familias de 7 países, beduina con aires orientales de Las mil y una noches, había marcado mi imaginario.

-Ten cuidado con los moros -me dijeron familiares y amigos.

Sobraba la advertencia. Los moros y los negros habían estado siempre presentes en las conversaciones familiares. Un miedo atávico e indómito circulaba por mis venas junto con los glóbulos rojos y blancos.

Cuando, tras regresar de aquel primer viaje, anuncié que iba a estudiar árabe, fue como si me hubiera pasado a las filas del enemigo…”

Es un libro de pocas dimensiones, pero enorme de contenido. De apenas 163 páginas, parece guardar toda una enciclopedia. La concisión no está reñida en este caso con la intensidad. Entrar en este libro es saber mucho más de Marruecos, como si nos impartieran una lección magistral en medio de la plaza Xemaá-El-Fná/ Jemaa el-Fna. Gonzalo Fernández desbroza cada aspecto del país: desde su reciente historia hasta sus entresijos políticos, sus costumbres más ancestrales, la pléyade de artistas consagrados y las nuevas generaciones, la situación de la mujer, la religión, la gastronomía, los paisajes, la economía, el arte, el cine o la literatura (aportando un sinfín de títulos que he ido anotando en una lista imposible, salvo que decida quebrar, porque entre los libros que aconseja Moreta-Lara, los títulos que rescata Gómez Font y ahora los que desgrana Fernández Parrilla, se necesita un crédito para hacerse con todos ellos).

Leer este libro es descubrir el profundo conocimiento que posee Gonzalo de Marruecos, de sus gentes, de su idioma, de sus costumbres y de sus creadores. Sabe condimentar este tayín en el que sus especias son la música gnawa o yebalí, canciones de Umm Kulzum y del grupo Nass El Ghiwane o algún grupo rapero de los que menciona, como Zanka Flow; la salpimienta las esparce con las novelas que comenta, escritas por autores consagrados, Chukri y Laabi a la cabeza, escritoras rompedoras, desde la Mernissi a Najat El Hachmi y hasta las creadoras de novelas gráficas; y también pone algo de color con los pintores que analiza con la atención del estudiante. Gonzalo se empapa de todo lo que rezuma Marruecos y sabe cómo transmitirlo en una especie de transfusión de vivencias, experiencias y descubrimientos asombrosos.

No ahorra tampoco sus críticas, con cierta ironía, ni la denuncia a situaciones que pesan sobre el país, como los años de plomo o el problema de la emigración ilegal. Habla de artesanía con la misma propiedad con la que nos adentra en los misterios de la traducción, de la variedad lingüística del país, del resurgir amazigh, de los conflictos entre españoles y marroquíes, del profundo afecto entre marroquíes y españoles.

Hay páginas en las que me he reconocido o en las que he reconocido las situaciones que relata (porque también hay párrafos que son pequeños cuentos).

“…Leyendo un libro francés sobre Marruecos encontré una curiosa errata. Se referían a uno de mis amigos escritores como Abdelkafir. Esta combinación de palabras es imposible. Abd se suele combinar con muchos de los 99 nombres de Dios, como Abderrahman o Abdelkrim…, pero kafir no es un nombre de Dios, es de hecho el nombre con el que se alude a los infieles o descreídos (mécréant, que dicen en francés), a los paganos, y de donde, por cierto, deriva el español cafre. Por tanto, la combinación imposible, ya que no puede ser un atributo de Dios. Otra jugarreta del destino y de las letras, que a mi amigo Abdel le hizo mucha gracia, claro.

Contrastan estas costumbres con la de algunos españoles que vivieron en Marruecos, la de llamar a las trabajadoras domésticas, cocineras o mujeres de la limpieza como Fátima.

-Mi Fátima -decían, con orgullo de propietario, como si no conocieran el nombre de la persona que trabaja con ellos.”

Todo escrito con una delicadeza y agilidad que anima a avanzar, a no dejar el libro, porque sientes los latidos de todo un país. Es un plano humano que Gonzalo abre para enseñarnos el territorio de los sueños.

Habla de teatro, de arquitectura, de sexo, de los fotógrafos marroquíes que se abren paso, de personajes de la Historia reciente del país, del Rey, de las medinas, del kifi, del Jardín de las Hespérides y de las películas prohibidas, de los judíos marroquíes, incluso del origen y significado de los nombres y hasta de fútbol. Incluso en esto he aprendido cosas que yo desconocía. No hay tema que haya quedado fuera de este pequeño tesoro que es esta obra de Gonzalo Fernández Parrilla. Es de esos libros que uno consultará una y otra vez, que releerá con gusto. Una delicia, un delicatessen.

Al sur de Tánger. Un viaje a las culturas de Marruecos, ha sido publicado por La línea del Horizonte Ediciones.

Sergio Barce, 1 de febrero de 2023

 

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