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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 14

   Abramos esta nueva página del álbum con versos… Como inspirados por el mismo sentimiento, junto a los textos de Sara Fereres y de Driss Sahraoui que colgué hace días, el poeta larachense Mustapha Bouhsina escribió en 2011 este poema, titulado <Bajo luz de luna>:

Salió la luna para nosotros
en cielo reflejado entre dos ríos
su luz tan blanca nos llevó a los dos
a un mundo de gratos bellos sueños
hemos vivido en tiempos pasados
Larache cuna de enamorados
nos abrazaba con sus amparos
nos cuidaba de los envidiosos
amargados de inocentes besos
en labios estaban escondidos
vigilados con nuestros suspiros
jardines nos servían de paraísos
flores se riegan de amores puros
rosas rojas y jazmines blancos
el trinar de los pájaros sueltos
sobre verde arboleda de álamos
fuente con brillantes focos altos
con arte y esmero bien forjados
se ven desde el agua levantados
losas con postales en los fondos
leones de bronce están pintados
de bocas chorros de agua lanzados
¡bello amor! con paisajes hermosos
de mi Larache fueron tomados
con la magia de los sueños traídos
aunque ya no son más que recuerdos
de un tiempo que hemos vivido juntos
en la mente quedaron plasmados.

Mustapha Bouhsina

Una vez asentados en territorio larachense, vaguemos por su paisaje humano. Y hagámoslo esta vez, en la medida de lo posible, de manera cronológica. Comenzamos con una foto del Grupo Escolar que data, nada más y nada menos, que de 1925… Ya ha llovido.

Y sigamos con las imágenes que me ha hecho llegar Mercedes Dembo. La primera es una foto del año 1935, en la que aparecen de izquierda a derecha: Isaac Amselem <padre de mi querido amigo Carlos>, David Edery, <padre de mi admirado y entrañable Pepe Edery> e Isaac Barcesat, padre de la bella Mercedes.

Estas imágenes pertenecen a mi abuelo materno, Manuel Gallardo. En la primera, él es el primer motorista que sale de la sede de la Alta Comisaría. Foto tomada en 1943. Mi abuelo fue compañero, entre otros, del padre de Mohamed Sibari. Fue un enamorado de su tierra, le encantaba perderse por los aduares y así aprendió a hablar un árabe perfecto. En las siguientes, aparece en la boda de mi tío Lolo con Carmela, junto a mi abuelo paterno, que se está tomando una cerveza a su lado, Manuel Barce, una institución en el comercio <La Bandera Española>, y en la última lo vemos con sus compañeros de cuerpo en la sede de Larache, él es el primero  por la izquierda.

Esta otra foto la envía Maribel Salas. Me explica lo siguiente: «..es antigua, de antes del 46 año en que yo nací.
Los tíos de Carlos, María Antonia Tomasich y Gonzalo Baeza eran muy amigos de mis padres y los padres de Carlos también.
En la foto que te he puesto, mirando de dcha a izq. están mi tío Pedro García Méndez ( Dtor. Del Banco de España, siguiente su esposa mi tía Isabel Salas, la tía de Carlos María Antonia Tomassich, mi madre Pura Cadenas, la siguiente creo que era otra tía de Carlos,la siguiente no la recuerdo,la última creo que era Mari la mujer de Jiménez Pascual, buen jinete y después del palo creo que es Mijares, a los otros no los conozco.
Pensé que le puede gustar a Carlos verla

foto Maribel Salas

Foto de la Rondalla: de arriba abajo, chofer, Chacopino, Maricarmen, Carlota, Julia, Rosi, Magdalena, Yoya, Cózar, Benigno, Luis, Arriado, Charo, Eduardo, Aistonico, Tomasito…

Otra foto entrañable para su protagonista femenina, y supongo que para su familia: el día de la boda de Sara Fereres con Saadia Moryoussef.

Algo de fútbol. Mi padre fue un excelente jugador, y participó tanto en los equipos del Barrio de las Navas como en el de “bancarios”, por ser empleado de Uniban. Aquí le vemos en este segundo equipo, que estaba formado por: de izquierda a derecha en pie: X, Alberca, Guerrita, Luque, Amado, Mellado, Moreno, Galea, López Gambero, X, y agachados X, Peral y mi padre Antonio Barce.

Este niño es el hermano de Ange, sí, Cristóbal Ramírez. Sigo pensando que las fotografías en blanco y negro o sepias tienen un encanto especial…

Otra foto entrañable de familia. La de Manuela Fernández Medero, de cumpleaños. Observad la tarta. ¿A que recordáis esa clase de tarta?

En las dos siguientes, enviadas  por Mercedes Dembo, vemos en 1965, en la Casa de España de Larache, de izquierda a derecha, a Manu Balaguer, Estrella Dembo <hermana de Mercedes ya fallecida>, Esther Bendayan, Luis, Mercedes Dembo y Gómez, el hijo de Don Aurelio.

Y en esta otra, en la misma ocasión, a Esther Bendayan, Luis, Mercedes Dembo y Julio.

Y ya que nos hemos colado en el Casino, por qué no colarnos también en las elecciones a las Misses de la Casa de España. Esto lo agradecemos los hombres, claro. En esta foto, la elección no sé de qué año es, pero creo que en la imagen aparece Cecilia Molinero. Efectivamente es Cecilia junto a Angelita, así lo confirma Cristina Galbis, que me aclara además que le ha dado un vuelco el corazón al ver en la foto a su padre, el Dr. José Galbis Flores.

Alfonso Santamaría me hizo llegar la siguiente: se trata de una foto tomada en la Casa de España de Casablanca. Como me cuenta Alfonso, se trata de la elección de las Misses Casas de España de Marruecos, no sé de qué año, pero la ganadora fue una larachense: Angelita López Cobos, que, como señalaba Alfonso, aparece radiante de felicidad, acompañada aquí por los padres de Alfonso: Emilio y Elena.

Otra del Casino, ahora en una de las fiestas de disfraces, en carnavales, en pleno la familia Palarea. Cuántas veces me fui a casa de Juan Carlos y José Miguel… Qué entrañable se vuelve todo.

Lo he hecho ya en varias ocasiones, pero nunca me resisto a intercalar algún cuadro del pintor larachense Rachid Sebti, por simple admiración a su obra. Este cuadro se llama <Au soleil>.

Luis Antonio de Vega Rubio escribió:

<Otras, desde la terraza, en lugar de dirigir las pupilas a la bahía donde se unificaban las aguas, las fijaba en lo alto, y la mirada acariciaba, azotea por azotea, cuantas divisaban de la ciudad y con mimo de voz que se me hacía miel de líricas colmenas, decía:

-¡Ay, Larache! ¿Quién, al pasar, pudo decirte que no eras maravillosa? ¿Quién te pudo posponer a tus hermanas?>

Esta otra fotografía me la envió Alfonso Santamaría, y en ella vemos al señor Luna, de la <Panadería Luna>, del Chinguiti alto, el padre de Alfonso, Emilio Santamaría González, Juanita Cobos, madre de los López Cobos, la madre de Alfonso, Elena Fuentes García, la señora Recober, su hija Mari Carmen, y el padre de los López Cobos, José María López Mira. Seguro que a Jose María y Angelita les encanta verlos en esta estampa.

Una fotografía de Fran, que seguramente le traerá muy buenos recuerdos –al resto, el solo hecho de ver esos árboles, nos transporta en el tiempo-. Fue tomada en la Gabba, y aparecen: Fran Morales, Pedro Berruezos, Agustín Morales, Rita Gadea, Mari Carmen Morales, Bibi García, Toñi García y Toñi Gadea.

En los Maristas, una imagen sorprendente: Jose Mari López Garry recitando frente a los hermanos que parecen presidir un tribunal de la inquisición… Y Juan escribe para decirme que el chaval que le está <apuntando> la poesía a Jose Mari es él, o sea, Juan Yankovich.

Bastantes años después, en Málaga, coincidimos con ocasión de la presentación de mi novela Julio Zambrano, Sergio Barce y el mismo Jose Mari López Garry que declamaba en la estampa anterior… Los años han volado.

Ya que hemos mencionado a los HH Maristas, la siguiente imagen es sencillamente una reliquia, porque ahí vemos cómo en los colegios de Larache estudiábamos todos juntos cualquiera fuera nuestra creencia o religión. Ahí van:

Gracias a Fran Morales y a Carlos Tessainer, hemos recompuesto la totalidad de los nombre de este grupo de larachenses que estudiaron en los HH Maristas.  Confieso que envidio la memoria de ambos. De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha:

Primera fila: Mojluf SABAH BENDAYÁN, más conocido por todos como <Fufo>, Emilio SANTAMARÍA, Agustín SOUZA, Juan Manuel VÍLCHEZ MÁRQUEZ, José Luis RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ y Antonio VARGAS FERNÁNDEZ, es decir, <Ñoño>.

Segunda fila: Enrique VICENTE ASCASO, José Luis CABAL, Miguel Ängel PÉREZ, nieto de <el cartagenero>, Manuel DOMÍNGUEZ HERNÁNDEZ <nieto de Joaquín HERNÁNDEZ>, Salvador BERTOMEU <Dorín> y  Javi LOBO

Tercera fila: Amina AMIAR, Aurora AGUILAR, María Teresa GARCÍA ROBLEDO, Pili ANAYA y el Hermano Martín ROBLEDO al que conocíamos por <el Chichimeca>.

Cuarta fila: Mari Carmen MARTÍN SUÁREZ, que trágicamente falleció en un accidente de tráfico en la carretera Larache-Tánger, Amina CHAKIR, FARIDA, que hoy ejerce como médico en Larache, María Cruz ROSENDO, Luisa GÓMEZ-MAS y Aurora CUEVAS.

Y aquí otro de esos amigos que andan entre bambalinas, de esos que sabes que están siempre cerca aunque viva a miles de kilómetros: Javi Lobo. Aquí está con Ñoño, en los 70, supongo. A Ñoño lo recuerdo siempre con esa misma sonrisa. Y a su padre porque fue compañero del mío en Uniban.

Puede que del 71, más o menos, estamos en el salón de casa: Marisol, Sergio y Mónica Barce Gallardo. Una imagen que me parece ahora tan lejana…

Otra foto espectacular, y lo digo por la composición del blanco y negro y quienes posan. Ese coche, la matrícula asomando, las luces, los tonos grises, esos amigos radiantes… Vemos a Eduardo Espinosa, Mari Carmen, Eloisa, Cabal y Manolo Alvarez.

Después de muchos años, he de reconocer que me alegro de que muchos amigos de entonces hayan reaparecido. Estaban siempre ahí sin saberlo. Eso me ha ocurrido con Emilio Gallego. En esta foto, aparece con sus hermanos, de izquierda a derecha: Emilio, Alfonso y Enrique. Cuántas tardes de cine, en el Ideal…

Aquí aparecen dos de las personas que más quiero: Marina López Matres y mi hermano Luisito Velasco Sánchez. En la primera foto, Marina está con un grupo en el que la acompañan Cherifa, Carmen, Sor Flora, Laila y Viky Palarea, junto a Juan Carlos Palarea y Luis. Y abajo, bailando, los dos: Marina y Luisito.

Ya más reciente, en el interior del Castillo de las Cigüeñas, con mi querido amigo Rachid Serroukh y sus hijas.

Una curiosidad: Esta mujer es Isabel de Orleáns, Duquesa de Guisa. Un título de la realeza íntimamente ligado a Larache.

Siguiendo con el tema, aquí vemos a S. A. R. la princesa Claude d’Orléans que nació en Larache en 1943. Se casó en terceras nupcias en 2006 con el señor Enrico Gandolfi, y está divorciada de S. A. R. el príncipe Amadeo de Saboya, duque de Aosta y también de Arnaldo La Cagnina. Ya digo, sólo como apunte anecdótico.

Qué bonita era la sala del Cine Avenida, que aguanta como el último titán de los cines que hubo en la ciudad. Salas en las que si rebobinaran, nos mostrarían miles de recuerdos apelmazados en sus películas de sueños.

Abdelhay el Haddad es otro amigo, al que, además de compartir con él actos y encuentros con Larache como telón de fondo, me encontré hace tiempo en un aeropuerto y, como aguardábamos pacientemente, estuvimos hablando de Larache todo el tiempo, y la espera se nos hizo cortísima. Un músico excelente del que ya hablaré en otra ocasión. En esta foto, por su gesto, se diría que piensa en algo que le trae buenos recuerdos.

Uno de los mejores recuerdos que guardo de mis regresos a Larache, son las actividades que he tenido la suerte de protagonizar en el Colegio Luis Vives. En esta foto, estoy con varios de los alumnos después de haber estado con ellos hablando de una de mis novelas. Son tan curiosos, te hacen unas preguntas tan llenas de sentido y tan directas, que a veces me ataban un nudo en la garganta.

La que fuera directora del Luis Vives, Luisa Diéguez, es una de las personas más increíbles que he conocido, por su tesón, por su sinceridad, por si labor. Cuando llegó a Larache, sobre el 2000, creo, el colegio era una autentica ruina, estaba incluso a punto de ser cerrado, pero ella se propuso revitalizarlo y, contra viento y marea, lo consiguió. Yo la conocí presentando en Larache mi primer libro, y desde entonces ella me abrió las puertas del centro para cualquier actividad que se me ocurriera. Creo que se merece algo más que estas pocas palabras, así que pensaré en algo. Aquí estoy junto a ella, en una de las ocasiones en las que nos íbamos a comer y charlábamos largamente. Parece en la foto que estemos flotando sobre Larache…

Espero que vuestra indulgencia me permita dos cosas. La primera, colgar esta foto con mi hijo Sergio, paseando por el Balcón del Atlántico. Podéis ver que las nuevas generaciones nos dejan muy bajitos… En fin, mi hijo es una de las personas más nobles y extraordinarias que conozco (junto a mi otro hijo Pablo). ¿Me traiciona el amor de padre?

Y es que el futuro son ellos. Después de tan breve paréntesis, digamos que también Larache depende de sus jóvenes, en ellos está su destino. Por eso, no está de más traer algunas fotos de Itziar Gorostiaga tomadas de los larachenses más jóvenes.

Fue tomada en unas jornadas que se organizó en la Medina y en la que se pintaron sus calles de azul y blanco… Y los niños de la Medina se lo pasaron estupendamente ayudando.

También se efectuó un taller al aire libre en la propia Medina y los chavales hicieron dibujos que ellos creaban con el material que se les había conseguido para esa jornada. Sus caras de felicidad, que tan bien captó Itzi, queda reflejada en la siguiente estampa:

El reportaje que hizo Itzi Gorostiaga fue increíble, fantástico, imágenes rebosantes de vida y de luz.

Y aunque no pertenece a esos días, en esta otra imagen otra escena entrañable de nuestra Larache: el hijo de Abdellah Charafi con su abuelo.

En esta imagen, candorosa y feliz, Javier López, un hombre de trato exquisito y amabilidad extrema, padre de Lola López Enamorado, en la Medina, rodeado de la chiquillería larachense… Preciosa foto.

En el relato que colgué de Driss Sahraoui dedicado a la Plaza de España, Driss, acertadamente, terminaba diciendo que sólo cabía tener esperanza en las nuevas generaciones de larachenses para la preciosa ciudad que fue Larache renazca de sus cenizas… Así que, para cerrar, qué mejor que felicitarnos por la llegada de dos nuevos larachenses que, gracias a sus padres, que tanto aman Larache, reciban esa semilla que tanto anhela Driss. En la primera, Abdellilah Lamrani con su hijo en brazos, un niño precioso.

Como también lo es Sami, el hijo recién nacido de Abderrahman Lanjeri, y que nos mira con asombro desde su candidez. Qué mejor forma de poner punto y aparte.

Aunque no podía dejar de colgar esta pequeña joya de Itziar Gorostiaga hecha en la Medina de Larache… y en la que una paisana, parece que se despide de nostros…

Sergio Barce, junio 2012

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En LARACHE – este domingo 27 de mayo y el sábado 2 de Junio, nuevas actividades de LARACHE EN EL MUNDO

Nuestra Asociación Cultural LARACHE EN EL MUNDO, junto a otras asociaciones y entidades, os anuncia las dos próximas actividades que se desarrollarán en Larache:

Este domingo

día 27 de mayo

Iª Carrera Regional Ciclista en Larache

Y el próximo sábado, 2 de junio

en el Cine Avenida de Larache

os invitamos al show ibero-marroquí de música jazz y fusión andalusí

y música Gnawa

A destacar que nuestro paisano larachense el músico Jamal Nouman actuará junto al resto de artistas cuyos nombres tenéis en el cartel anunciador…

Hay que felicitarse por tener a Abderrahman Lanjeri como Presidente de Larache en el Mundo en Marruecos, motor y alma de la asociación, pues el poder actuar desde la propia ciudad nos facilita y amplía las posibilidades de participar en un mayor número de eventos y actividades culturales locales.

Sergio Barce

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Así fue la presentacion en LARACHE de la novela LA CIUDAD DEL LUCUS del escritor larachense LUIS MARÍA CAZORLA

      El lunes pasado, 14 de mayo, presenté en el Colegio Luis Vives de Larache el libro de mi amigo y paisano Luis Cazorla Prieto, LA CIUDAD DEL LUCUS, y de ambos, del autor y de la novela, he hablado ya en varias ocasiones, de Luis siempre con afecto y con la inevitable admiración que su labor como jurista y escritor me merecen: toda.

Luis María Cazorla y Sergio Barce  (Foto de Itziar Gorostiaga)

      Por la mañana, Luis y yo nos citamos en el hall del Hotel España en el que nos alojábamos gracias a la generosidad y buen hacer de Abdelilah Ennour, Presidente del Centro Marroquí de Estudios Hispánicos, organizador del evento. Habíamos decidido dar un paseo por la Medina, y así lo hicimos bajo un calor tórrido. Sin embargo, la temperatura que notábamos no era la ambiental, sino la que se fue instalando en nuestras entrañas, la nacida de la admiración que nos causaba recorrer de nuevo nuestras calles y las calles de nuestros abuelos y de nuestros padres: la calle Real, la cuesta del Hamán, pasamos por la Mezquita Misbahiyya y por el Mausoleo de Abd-el-Krim Al-Bacuri, pintado de marrón, coqueto ahora gracias a la actuación en el barrio de los propios vecinos que han hecho de esta parte de la Medina una de las mejor conservadas, cuidadas y limpias; y mientras bajábamos me decía Luis que era impresionante pensar que en menos de cincuenta metros, en la calle 2 de marzo, estuviesen la Iglesia de San José, una sinagoga y una mezquita, y que eso era un ejemplo admirable que nos enorgullece, y es verdad; proseguimos hacia el Barandillo, a la Mezquita Zagüia Nasría, recién pintada, que parecía una novia, luego los restos de las murallas de la vieja Alcazaba,  o la propia calle Alcazaba, la mezquita Anwar, la plaza del Majzén, la antigua Comandancia hoy Casa de la Cultura, la Torre del Judío, el mirador desde el que observamos el serpenteante y vivo Lucus, el Castillo de las Cigüeñas, el santuario de Lalla Mennana, el Jardín  de las Hespérides, y caminando buscamos el lugar donde se ubicó un día el Colegio Santa Isabel y luego pasamos por la puerta del Cine Avenida, el último testigo de los numerosos cines que había en Larache, y también por lo poco que ya queda del Palacio de la Duquesa de Guisa, pasto de los tiburones, que es un fantasma de lo que fue, un fantasma tan escuálido que apenas parece posible que un día ese edificio nos causara admiración, y por la Burraquía, y bajamos hasta la casa que levantó el abuelo de Luis, José María Cazorla, en 1928, y en el que hoy hay un despacho de arquitectos, pero que, para nuestro asombro y decepción, especialmente para Luis por motivos obvios, estaban terminando de pintar con unos horribles tonos rosa, que lo han convertido en una especie de tarta de merengue empalagosa, y pasamos por el antiguo almacén de su familia, y Luis me lo explicaba todo con un juvenil entusiasmo, cada detalle, cada recuerdo, y vimos la casa de Trina Mercader cayéndose decepcionada y solitaria, y ese inmueble que, tras el café Lixus, en la calle Mulay Ismail, languidece, pese a su belleza arquitectónico y estética, esperando morir a causa de la desidia de su dueño, decidido a que caiga y se convierta en polvo; como el viejo Castillo Laqbíbat, tan abandonado como desangrado, y regreso al hotel, pasando por la Plaza de España que parece, al menos algo positivo, haber recuperado un poco de vida porque la han blanqueado, la han adecentado y han arreglado sus jardines, y la verdad es que lucía exultante la puerta de la Medina, casi una joya…

Plaza de la Liberación (Plaza de España) mayo 2012

   Ya en el hotel,  se nos incorporó a nuestro paseo Carmen, la esposa de Luis, y proseguimos ahora en coche, con numerosas paradas. Pasamos por toda la Avenida Mohamed V –parece increíble que sigan aún en pie y muy bien conservados los viejos inmuebles que hay a la izquierda cuando vas en dirección a Cuatro Caminos, y ojalá continúen ahí-. Nos encontramos un enorme cartel anunciando la presentación del libro en el Jardín de las Hespérides y nos hicimos allí unas fotos:

Luis Cazorla y su mujer Carmen

El cartel estaba hecho con mucho esmero y detalle. No sé si al final Luis consiguió que se lo diesen de recuerdo.

Carmen, Luis Cazorla y Sergio Barce escoltados por el cartel de LA CIUDAD DEL LUCUS en el Jardín de las Hespérides

Fuimos al Estadio de Santa Bárbara, cuyas viejas taquillas nos parecieron reducidas por el tiempo, como si fuesen de miniatura, llegamos hasta lo poco que ya queda de la Gaba, y regresamos para visitar el cementerio cristiano, y nos quedamos admirando una vez más la armoniosa existencia de los tres cementerios existentes en la zona: el cristiano, el hebreo y el musulmán, como la manifestación más solemne de la convivencia que hemos experimentado en cada una de nuestras vidas larachenses; vimos la deteriorada fachada del Hostal Flora y de la decadente existencia de los antiguos cuarteles de Artillería, de Caballería, de Auto Radio y nos aventuramos a entrar en el de Telecomunicaciones, convertido en una especie de barraca donde viven varias familias muy modestas.

Luis Cazorla y Sergio Barce y detrás la entrada al viejo cuartel de Telecomunicaciones, una joya arquitectónica

Sentimos verdadera pena al ver el estado de la fachada tan hermosa del viejo inmueble, rico en detalles, y nos preguntamos otra vez, por enésima vez, por qué se ha deja caer todo lo que es Historia de Larache…

Luis y Carmen con Telecomunicaciones tras ellos

   El interior es un asombroso paisaje de arquitectura militar en proceso de desaparición, pese a su valor artístico e histórico. Una pena.

Interior de Telecomunicaciones

Pasamos por el viejo barrio de la Bilbaína y por parte de los nuevos barrios del extrarradio, salimos por el barrio de las Navas, fuimos al viejo Faro y estuvimos contemplando el paisaje asombroso que ofrece Larache desde aquel lugar, y salimos luego al Mercado Central, otra joya excepcional, y pasamos por el puerto, todo recién asfaltado, que le da ahora una sensación de luminosidad y limpieza que se echaba en falta, subimos por la cuesta del Aguardiente, y caminamos de nuevo por el Jardín de las Hespérides, ahora con Carmen, de nuevo a la plaza del Majzén, donde la Casa de la Cultura (antigua Comandancia) también se ha recuperado con una reciente transfusión de pintura…

Casa de la Cultura – Comandancia – mayo 2012

Y junto a la Torre del Judío, el cañón restaurado por la Asociación Alkhazaba…

Y pasamos por la puerta de la Alcazaba y paseamos por el Zoco Chico, y allí nos quedamos admirando el conjunto de los soportales, pintadas de celeste sus columnas, con la Mezquita Mayor presidiéndolo todo, y nos detuvimos un buen rato en el bazar de Abdeslam, oyendo los ruidos del zoco, comprando algunos regalos y disfrutando de ese momento de placidez, y se nos pasó la mañana casi como un suspiro, inundados por Larache…

   Nos habíamos recorrido en unas horas tanta historia común, tal cantidad de entrañables recuerdos, tal cúmulo de sensaciones que es difícil de expresarlo, pero espero que, con estas líneas, podáis sentir una pizca del placer que supuso compartir este hermoso paseo. De lo que sí estoy seguro es de que Carmen, al terminar nuestro recorrido, se enamoró un poco más de la ciudad en la que nació su marido. Luis y yo disfrutamos cada paso que dimos, y en lo que sí coincidimos es en reafirmar nuestra convicción de que Larache encierra uno de los patrimonios más rico y bello, pero también más maltratado, de todo el Norte de Marruecos. Y pese a tanta herida, a tanto  deterioro, qué hermosa es su alma…

Sergio Barce, mayo 2012 

El Lucus desde el mirador del Majzén

 

 Para quienes deseen ver alguna imagen de la presentación de la novela podéis acceder al vídeo de nuestro paisano Aziz Bouhdoud, pinchando en: 

     http://www.youtube.com/watch?v=70xhvpCjWE8


 A continuación reproduzco mi intervención al presentar la novela de Luis, una vez que tomaron la palabra la directora del Colegio Luis Vives, Rosa Alises, el Cónsul de España en Tetuán, D. Carlos Díaz Valcárcel, el Presidente del Consejo de la Provincia de Larache, D.Abdelilah Hssissen, el Presidente del Centro Marroquí de Estudios Hispánicos, D.Abdelilah Ennour, y el propio autor, Luis María Cazorla.

Sergio Barce, El Presidente del Consejo Regional Sr.Hsissen, el Cónsul de España en Tetuán D.Carlos Díaz, Luis María Cazorla, el Presidente del CMEH D.Abdelilah Ennour, y la directora del Luis Vives, Dª Rosa Alises  (Foto de Itziar Gorostiaga)

 

“Cuando leí el libro por primera vez LA CIUDAD DEL LUCUS era el borrador de la novela que Luis me hizo llegar antes de publicarla, y fue un privilegio poder hacerlo, una deferencia y una prueba de confianza por su parte.

     Hoy voy a confesar que sentí envidia. Envidia por no haberme dado cuenta antes que Luis del potencial que encerraba esta parte de nuestra historia, con Larache como uno de los protagonistas principales. Sin embargo, también me di cuenta que si yo u otro autor hubiese acometido esta empresa no habría llegado a la altura de su libro. Así que mejor que hubiese ocurrido así. Porque estamos ante una obra literaria e histórica de primer orden, profusamente documentada, para relatarnos cada detalle de lo ocurrido entre 1904 y 1912 en Marruecos, en concreto en las ciudades de Larache, Tetuán, Tánger, Arcila y Alcazarquivir. Al hilo de los avatares de un inmigrante que huye de la crisis económica que sufre Novelda, Alicante, a finales del siglo XIX y se establece como comerciante en Larache, desfilan por sus páginas toda una serie de personajes, en su mayoría reales, y que son parte de la Historia: el rey Alfonso XIII, los sultanes Abd el Aziz o Muley Hafid, el Cherif El Raisuni o el Teniente Coronel Silvestre, el presidente de Gobierno Canalejas, el cónsul español en Larache Zugasti, los lugartenientes de Raisuni, Ben Stitu,  Ben Gazuli y Ben Gazzara, el Duque de Guisa… Y luego, sorprendentemente, esos otros personajes menos conocidos pero que también existieron y protagonizaron estos hechos históricos, algunos de ellos tan curiosos como Hugo Engerer, agente secreto español en Alcazarquivir, o Abd el Kader, sargento de la policía indígena que era inseparable de Silvestre, o el alfaquí Abd es Salam o Mojtar Ben Jarari, mokademin de la policía indígena de Larache, como Abbas Ben Zeineb, caíd del tabor de la policía indígena en Larache, o incluso Leandro Campos, dueño del Bar El Murciano, también de Larache…

Es decir, que lo ha estudiado todo tan detalladamente que incluso Hicham, el dueño del ferrane (horno de pan) que describe en su libro, también existió.

Esto dota a su novela de un valor histórico incalculable, y además de los personajes mencionados y otros muchos más, también los acontecimientos que suceden, ya sean las disputas políticas como las diplomáticas o militares, incluso las reuniones, las conferencias o las decisiones que se adoptan están documentadas, sacadas de archivos, obtenidas de historiadores y de estudiosos a los que Luis ha consultado en cada momento, y para completar todo ello aún más, si es que eso fuera necesario, Luis Cazorla visitó personalmente cada uno de los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos históricos para poder describirlos con autenticidad y rigor, desde Sidi el Yamani a Telata de Reisana pasando por Alcazarquivir, Asilah, Tánger y, por supuesto, Larache.

   Más aún, las calles, las tiendas, los comercios, los pequeños negocios de la época, tanto los de Tánger como los de Larache o Alcazarquivir, son descritos con exactitud.

   Si uno presta atención a lo que nos narra, salta a la vista que ha tratado de que con la descripción de los lugares y del ambiente, el lector se vea físicamente en el Marruecos de principios del siglo pasado, y con su narrativa logra que estemos en medio de la muchedumbre que esperaba en Tánger la llegada del káiser Guillermo II o que seamos testigos de la reunión celebrada entre Zugasti y El Raisuni en su Palacio de Asilah…

   Con una narrativa muy accesible y fácil de leer, Luis nos sumerge en las intrigas que se sucedieron entre las diferentes potencias europeas por hacerse con el control de Maruecos en el pasado siglo. Y es brillante especialmente cuando novela los avatares por los que atraviesa el enfrentamiento que se produjo entre España y Francia por hacerse con el control de la situación. En ese sentido, su novela se hace absolutamente galdosiana, y tiene sus raíces en la gran literatura española centrada en la historia común de España y Marruecos, estoy hablando de “Aita Tettauen” de Pérez Galdós, de “La forja de un rebelde” de Barea o de “Imán” de Sénder. Y es que su novela está a la par de estas grandes obras histórico-literarias.

Cuatro larachenses: El Hachmi Yebari, Luis María Cazorla, Abderrahman Lanjeri y Sergio Barce –  LARACHE EN EL MUNDO estuvo presente  (Foto de Itziar Gorostiaga)

   Una de las partes más sabrosas del libro, y que Luis debió disfrutar al narrarla, es cuando detalla los prolegómenos del primer encuentro físico entre el teniente coronel Fernández Silvestre y el Cherif El Raisuni. El primero un militar arrojado que se movía por un impulso irrefrenable, y el segundo, Raisuni, astuto pero igualmente firme en sus decisiones.

El Raisuni

El choque entre ambos se intuye a cada página, se sabe inevitable, pero es fascinante contemplar a través de la novela de Luis Cazorla cómo se movían uno y otro, cómo jugaban sus cartas y cómo trataban de ganar la partida para sus respectivos intereses. La descripción de ese encuentro es como contemplar a dos púgiles que bailaran en el cuadrilátero para tantearse y descubrir los puntos débiles de su rival…

Fernández Silvestre

   Además de ello, hay un sesudo estudio de la política exterior española con respecto a Marruecos. Frente a la torpeza que demostraron los políticos y algunos militares de la época, Luis construye tres personajes con los que trata de desnudar los errores cometidos por aquéllos, tres personajes que trata con verdadero mimo: José Luis Ninet, el comerciante protagonista de la trama que nos sirve de hilo conductor, del que luego hablaré, el capitán Ovilo, que representa a esa clase de militar más prudente en contraposición al impulsivo Silvestre, y el cónsul español en Larache, Zugasti, al que es evidente que Luis profesa una especial admiración por la labor que desarrolló en nuestro pueblo y por su prudencia. Creo que ellos representan en su novela lo que España debió de hacer en su momento.

    Por tanto, es una obra fundamental para los que sienten interés y curiosidad por conocer esa parte de la historia de Marruecos que desembocó en la creación del Protectorado y que llamará la atención de los estudiosos de ese período, pero que también hará disfrutar a los amantes de las novelas históricas. Viaje en el tiempo, viaje a un pasado romántico, a un pasado de aventura absoluta.

   Pero también un viaje de regreso al Larache de los antepasados más cercanos de Luis María Cazorla.

  Dicho esto, pasemos página, y digamos que hoy estamos en Larache. Digamos de nuevo que Luis Cazorla Prieto nació en Larache y que su padre era también larachense. Y digamos que quien les habla es larachense hijo de padre larachense. Si además Larache es una parte importante de la novela, parece inevitable que hable de una de las protagonistas de su novela: su pueblo natal. Y para hacerlo creo que hemos de partir de una leyenda y de una fecha inscritas en la fachada de un edificio que sigue aún en pie cerca del Mercado Central de Larache:   J.Mº C. 1928.

   La leyenda son las iniciales del nombre del abuelo Luis, José María Cazorla, que levantó ese viejo inmueble, y el número 1928, es el año en el que lo construyó. En ese mismo edificio estudió y tuvo su despacho de abogado su padre, Luis Cazorla Navarro.

   Y parto de este detalle porque, mientras leía la novela, tuve la sensación, quizá errónea, quizá aventurada, de que el protagonista de la historia, Jose Luis Ninet, es una especie de personaje creado por Luis partiendo de su abuelo y de su padre. Es sólo una intuición, pero estoy convencido de que en el fondo rinde un pequeño homenaje a ellos a través de Ninet. O quizá lo sea de manera inconsciente y yo lo haya descubierto sin que Luis lo hubiera pensado siquiera.

   Cuando Luis Cazorla desciende a lo más sencillo de la trama, la vida cotidiana de sus personajes, o cuando estos se mueven por las calles de Larache, su pluma se detiene, queda suspendida en el aire, y entonces se demora para saborear los recuerdos de su pasado. Eso es el subconsciente y eso es lo inevitable.

   Así lo hace cuando Fernández Silvestre desembarca en Larache y Luis nos pinta la barra del Lucus, el puerto, las callejuelas… O cuando nos describe el cambio urbanístico que se va produciendo en Larache con el ensanche y la llegada de nuevos inmigrantes…

   La familia de Luis tenía un almacén de vinos y de otros productos, y cuando en la novela describe el local propiedad de José Luis Ninet supongo que, aunque lo sitúa en otro lugar de la ciudad, en realidad describe el local de su abuelo…

    “La algarabía colosal de ruidos, olores y puntos de venta de toda clase de productos –ropa, especias, clavos, alfombras, comestibles y un sinfín de utensilios mezclados en extraña armonía- causaba una honda impresión en los sentidos por muy a menudo que se frecuentara el Zoco Chico de Larache. Allí, en el extremo cercano a Bab-el-Barra o Puerta de Afuera, límite exterior urbano, tenía su sede uno de los establecimientos comerciales más importantes de la ciudad. Casa Ninet se anunciaba por medio de un llamativo cartel azul añil con su leyenda en español seguida de la árabe en formato más pequeño. En aquel animado espacio irregular cuajado de todo tipo de tiendas y bacalitos, el negocio de Jose Luis Ninet ocupaba varios de los locales asomados a los armoniosos arcos simétricos sostenidos por sobrias columnas dóricas que jalonaban aquel centro neurálgico de la ciudad. Sólo el comercio de André de Laroche, cabeza de la colonia francesa, aventajaba al español en arcos ocupados, no así en la pulcritud del encalado que éstos lucían.

José Luis Ninet, alicantino de Novelda, de menguada estatura, complexión robusta, finos modos y metido en años, regentaba aquel próspero establecimiento en el que se podía adquirir casi de todo.”  (Pág. 22-23)

Zoco Chico de Larache

Y cuando entramos en el ferrane de Hicham, Luis Cazorla en realidad anda regresando a su pasado para describirnos un horno que seguramente contempló en su niñez, o que forma parte de la niñez de su abuelo o de la niñez de su padre, porque sólo alguien que lo ha vivido lo puede describir de esta manera:

“Absorto por el panorama que ofrecía a sus ojos curiosos, Cantéliz acabó topándose en el lado izquierdo del Zoco Chico con la Mezquita Naziria y, frente a ella, con el callejón donde estaban situados los principales hornos de la ciudad. Un suave olor agradable le anunció su proximidad con varios metros de antelación.

Aunque el callejón era corto, la homogeneidad de las casas que lo delimitaban y el enjambre de personas que por allí pululaban le dificultó dar a la primera con el horno de Hicham. En pocos metros se agolpaban indígenas vestidos con amplios seruales, cuya parte trasera se descolgaba hasta las pantorrillas, y con una especie de chaleco o bedaia, descolorido por el uso, a través del cual se podían apreciar fuertes torsos y poderosos brazos embadurnados de restos de harina; mujeres recubiertas con enormes caftanes y holgados jaiques; hombres coronados por xambrinos o sombreros de paja coloreada, que hacían olvidar el resto de su vestimenta; algún que otro transeúnte vestido de negro desde los zapatos hasta el sombrero de ala corta y, por fin, varios individuos vestidos a la europea con traje de tonos claros que se fundía con el colorido que prevalecía en aquel entorno.” (Pág. 64-65)

Comandancia de Larache

Pero es la pequeña escena en la que Jose Luis Ninet, abrumado por los violentos acontecimientos que acababan de producirse en Casablanca, decide das un paseo por Larache para despejarse, cuando Luis se deja llevar realmente por algo de nostalgia y por mucho de los propios recuerdos o los de su abuelo o quizá los de su padre. E incluso se adivina un deseo porque Larache salga de su ostracismo, que se le escapa del subconsciente. Y lo escribe así:

“Tras despedir a Zugasti, Ninet decidió salir a dar un paseo. Necesitaba respirar, estirar las piernas. Lo que menos le apetecía en esos momentos era encerrarse en su oficina o subir a casa. Atravesó a paso lento y meditativo la vieja plaza de armas del siglo XVII donde se asentaba el Zoco Chico. Se dirigió hacia Bab el-Barra o Puerta de Afuera de la medina. La franqueó entre los dos fuertes baluartes que la flanqueaban y pasó por debajo del revellín que, poderoso y desafiante, la defendía. Tomó el camino hacia la playa del embarcadero, en la que las últimas luces del día se desvanecían ante el empuje irresistible de la noche. No pudo ir lejos porque la rampante oscuridad se lo impidió, no era recomendable adentrarse por esos lugares de noche y sin protección.

Iba ya de regreso cuando, ayudado por la última luz, repasó en el volumen de tres edificaciones en obras que emergían en la gran explanada que se extendía ante la puerta de la medina. <Para eso sí que está sirviendo lo de Algeciras>, musitó. <La autorización general concedida por el sultán para que los extranjeros puedan comprar y edificar en un radio de diez kilómetros de los ocho puertos abiertos al comercio parece que, al menos en Larache, está empezando a dar sus frutos>, reflexionó según traspasaba la Puerta de Afuera.”  (Pag. 230-231)

Larache

Pero quizá sea otro detalle más sencillo y simpático el que demuestre sus hondas raíces larachenses, un detalle que sólo alguien de aquí no puede evitar referirlo: en medio de toda esta trama histórica, en medio de esta novela en la que hay información documentada en cada una de sus páginas, en una escena en la que caminan juntos el padre Alvarez, Ninet y Sintal por las callejas de la medina, Luis Cazorla desliza súbitamente una pincelada de su propia niñez, sin duda de la niñez de su abuelo y de la niñez de su padre, también sin duda de la niñez de todos los larachenses, y es la presencia súbita e inesperada de la Aixa Candixa…

“Declinaba la tarde cuando el griterío de una nutrida chiquillería que venía de la playa del acantilado atrajo su atención. Iban gritando con estruendo: <¡Aissa Kandisha!>, mientras volvían la cabeza hacia el océano Atlántico. <¡Bah, cosa de niños! Huyen de la bruja Aissa Kandisha, que sale del mar cuando se va la luz del día para comerse a todos los niños que puede>, explicó Ali Sintal en su pulcro castellano.” (Pag. 354)

Y es que, si no me equivoco, tras el entrañable personaje de Jose Luis Ninet se esconden tres protagonistas: el propio Luis, su abuelo y su padre. Y todo este largo viaje entre la historia y la aventura que Luis María Cazorla ha construido en su novela no es sino el viaje de regreso hasta un vetusto edificio que se mantiene en pie en la ciudad de Larache, un edificio en cuya fachada reza una leyenda que dice: J.Mª.C 1928, y en cuyo interior, si abriésemos su puerta con prudencia, descubriríamos que aún sigue viva la memoria de una familia, la memoria de la familia Cazorla, los Cazorla de Larache.

Sergio Barce, mayo 2012

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LARACHE – El pasado 22 de abril fue el DIA DEL BALCÓN ATLÁNTICO

El pasado domingo, 22 de abril, se celebró el Día del Balcón Atlántico, que organizaron Larache en el Mundo y Xenia, con la colaboración de otras asociaciones, organismos y empresas y negocios de la ciudad, Ecodel, Bazar Yebari, etc, etc…

Fue una jornada llena de color, de alegría, de música, de cante, de arte, de Balcón Atlántico.

Este mosaico de fotos las he tomado del muro de Hanaa Nejjar

Os aseguro que fue una jornada fantástica, en la que el presidente de Larache en el Mundo en Marruecos, Abderrahman Lanjeri, hizo un trabajo titánico, llevando el peso más importante, sabiendo cómo coordinar a todos los participantes y colaboradores, y demostrándonos que es un líder nato, por eso debe seguir haciendo todo lo que está haciendo por la defensa del patrimonio de Larache. Y Angeles Ramírez, como presidenta de Xenia, también demostró su saber hacer, siempre al lado de Abderrahman como apoyo incondicional.

Munir Kasmi, Ange Ramírez y Abderrahman Lanjeri en plena entrega de premios

Los protagonistas de la jornada, como veréis en las fotos que hice, fueron los niños, que se lo pasaron muy bien, haciendo sus sencillos, simpáticos y candorosos dibujos del Balcón Atlántico.

El Balcón Atlántico se reivindicaba en este acto como parte importantísima del patrimonio histórico y cultural de Larache, un lugar simbólico para todos los larachenses. Así lo manifestamos todos los que tuvimos la oportunidad de tomar la palabra para explicar qué significa este rincón de Larache para nosotros.

Abderrahman y Soltani hablando de sus recuerdos del Balcón

Fue emocionante poder hablar del lugar que forma parte de la vida de uno. Lo hice mirando de reojo a la que fue mi casa, y de verdad que esto te hace vibrar.

larachenses: el pintor Hakim el Harrak,el cineasta Mohamed Chrif Tribak y Sergio Barce (obsérvese mi sonrisa, que se me escapa cuando estoy en Larache)

El grupo de apoyo con el que contó Abderrahman fue fantástico, y tanto Hanaa Nejjar como Sihan Sarroukh, como Qoqsya Soltani o Munir Kasmi, y el resto del grupo, estuvieron en todo.

Sihan y Hanaa, dos joyas larachenses

Rachid Sarroukh instaló un buen expositor de libros de Larache, como las fotografías de varios artistas larachenses y la artesanía y cerámica que se exponía, las imágenes de Houssam Kelai

 Y luego la proyección al anochecer en el propio Balcón del ya “mítico” cortometraje de Mohamed Chrif TribakBalcón Atlántico” fue como presenciar una especie de ensoñación mientras se proyectaba contra el cielo oscuro de la noche larachense…

 También la música de un grupo Gnawa y del grupo Reyes Lixus resonando hasta después incluso de que cesara la actuación, igual que un eco de ilusión…

Pero ya digo que fueron los niños los que protagonizaron esta inolvidable jornada en Larache, que disfruté cada segundo…

¡Qué bien me sentí en medio de tantos amigos! Siempre feliz al ver a Hanan Yakoubi, o reencontrarme de nuevo con Luisito Velasco que es como volver a casa, abrazar una vez más a El Hachmi Yebari, y hasta Mustapha Lamiri hizo cientos de kilómetros para estar allí. Y parecía que Larache renacía en algún momento…

Luisito Velasco y su mujer Fefi

Estos actos culturales son los que le dan vida a la ciudad, los que pueden hacer despertar a los jóvenes y sembrar en los pequeños la semilla de que merece la pena defender el patrimonio de su pueblo, porque eso les enriquecerá como personas y les hará más libres.

Reparto de premios a los niños participantes

Otro acierto fue instalar los paneles con los datos históricos de muchos de los monumentos que encierra Larache.

Y que la gente leyera y conociera su propia Historia.

Abderrahman Lanjeri terminó agotado, eso lo sé, y aunque hay momentos de desfallecimiento, sólo espero que siga en la brecha porque está llevando a cabo un trabajo que merece ser reconocido. Habrá desilusiones, habrá momentos difíciles, pero todos, yo al menos, estaremos detrás de Abderrahman como presidente de Larache en el Mundo en Marruecos. Y Ange seguro que suscribe lo que digo.

Sergio Barce, abril 2012

Y durante la jornada se blanqueó la balaustrada, como otra actividad más de concienciación

 

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 13

Es bastante difícil continuar este álbum, y me refiero al texto que trato que acompañe a las imágenes, porque fotos sigo recibiendo de muchos amigos, pero no repetirse en las palabras resulta complicado. Lo último que desearía es aburrir a quien se asoma a estas páginas.

Rio Lukus, y, al fondo, LARACHE – foto de Javi Lobo

Por eso, en esta ocasión, creo que me refugiaré de alguna forma en los textos de varios autores de los que, aunque les dedico artículos individuales, pueden servir para “ilustrar” lo descrito por las fotografías.

No es la primera vez que uso la imagen de un cuadro para abrir el álbum de fotos –ya estamos en su página 13, y creciendo-. En esta ocasión es un cuadro del pintor larachense Hakim el Harrak. Gracias a él, me rindo a la majestuosidad del Castillo Laqbíbat o de San Antonio o de Al Nasr, que todos estos nombres ha tenido.

Parece increíble que este majestuoso castillo del siglo XVI fuera mandado erigir por el Sultán Ahmad al-Mansúr al-Dahabi tras la batalla de los Tres Reyes, y digo que parece increíble que sea un monumento de tal historia y que se haya dejado caer en el olvido… Sin embargo, el pincel de Hakim el Harrak le ha devuelto la vida, y los colores de su paleta lo han restaurado para nuestra imaginación.

Escribía Ali Bey (Domingo Badía) en 1805: “A un extremo de la ciudad, en la embocadura del río, hay un castillo que me dijeron fue construido por Muley Yezid (Nota: Se trata de una edificación más antigua que el reinado de Muley Yezid /1790-1792/. Este sultán visitó cuatro veces Larache durante su reinado, según relata ad-Du´ayyif, pero que no señala que se dedicara en esas breves etapas de visita a la construcción o reparación de las fortalezas. Este castillo, llamado de San Antonio por los españoles, es más antiguo que el de la parte de tierra o de las Cigüeñas). La fortaleza cuadrada está guarnecida por varias pequeñas culebrinas. Defienden la embocadura del puerto dos baterías colocadas al sur y otra batería o castillo por el mismo lado con cañones y mortero, situada a trescientos cincuenta toesas de distancia…”

Cuánta historia tiene Larache…  Cuántas vidas vividas en sus calles… Creo que la siguiente foto es de una simbología ejemplar: en la terraza del Café Central vemos a Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem, tres viejos amigos, un cristiano, un musulmán y un hebreo, tres amigos de toda la vida, tres larachenses que simbolizan lo que siempre hemos transmitido a los que no son de nuestro pueblo.

Alfonso Santamaría me ha enviado un buen puñado de imágenes, hoy colgaré alguna de ellas, como ésta, en la que aparecen Alfonso, Emilio y Elena Santamaría.

También de Paco Selva traigo hoy bastantes fotos y carteles. En esos viejos anuncios también nos reencontramos con la historia de la ciudad…

Creo que una de las cosas que mejor se recuerdan en una vida, son las celebraciones, las fiestas, la algarabía, los instantes de felicidad. En Larache hemos vivido tantos buenos momentos, familiares, personales o entre amigos, que eso es lo que más une en la memoria. Por eso, quizá sea un buen instante para llenar nuestras vidas de celebraciones… Así que nos vamos de bodas. En la imagen siguiente, asistimos a la de Mohamed, empleado de la compañía del Lukus, y en la foto están celebrándolo Aquilino, Sentamans, Emilio y Alfonso Santamaría, Bautista, el propio Mohamed, Narai, Julio el cubano, X y la esposa de Aquilino.

También acudimos al enlace de la hermana de Rafael de Cárdenas, y allí vemos, en la foto de abajo, al hermano de Castaño, Joaquín García, Ochoa y Rafael de Cárdenas.

Y de ahí nos vamos a celebrar el cumpleaños de la nieta de Cristóbal,  el de la Colonial:

La fiesta no decae, y damos salto en el tiempo, como siempre hacemos gracias a este álbum anárquico al que une en decenios la ciudad de Larache y los larachenses, y de los años sesenta y setenta aparecen estampas como las siguientes: Fiesta de Carnavales en el Colegio Nuestra Señora de los Ángeles, de la que Mati López Quesada guarda un par de imágenes curiosas…

Los disfraces ya nos dan una idea de la época…

Paco Selva es de los que más imágenes conservan de las celebraciones y parrandas. Estas dos son de la llegada de los Reyes Magos en 1962, y espero vuestra ayuda para reconocer a quienes aparecen en ellas… Primeras respuestas: Dice Clarisa que en esta primera foto de Reyes, agachada a la derecha, ve a Pepi Pereira, y arriba, entre los dos Reyes, cree que la chica rubia es MªCarmen Morcillo y la que está a su lado Africa Fernandez.

En 1963 volvieron Sus Majestades para repartir sueños… En las dos fotos que siguen: en la primer, los tres reyes son Paco Selva, Cuqui Andrade y Lucio Dámaso; en la segunda, los mismos reyes muy bien acompañados de tres bellas larachenses…

Fiesta de Reyes del año 63 que se prolongó bastante, según atestiguan las siguientes fotos…

Aunque quizá sea el Fin de Año la que hace que la alegría se desborde siempre anhelando la llegada de un tiempo mejor… Como en esta imagen, en la que aparece mi madre -segunda a la derecha-, la primera a su lado es Nena, pero no conozco al resto del grupo. Eso sí, se lo pasaron en grande.

Chicas larachenses divirtiéndose siempre vamos a encontrar en nuestros álbumes familiares. En la siguiente, de nuevo mi madre, Maru Gallardo (tercera por la derecha) con un grupo de amigas tomándose un vinito… Algunas ya muestran síntomas de estar algo chispas… Espero que reconozcáis a alguien para poder ponerles nombres.

Muchos años después, en 2005, durante el Festival de Guitarra y Música, celebramos un emotivo homenaje al músico larachense Tomás Chacopino, que aparece en esta imagen acompañado por Ahmed el Guennouni y por mí, Sergio Barce.

Y en esta otra, también celebramos un encuentro lleno de buena camaradería y calidez. Creo reconocer en la foto a los que nos reunimos en Larache creo que en 2004: en primer término Mohamed Akalay, y con él Abderrahman Lanjeri, Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, el cónsul José Ramón Remacha, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouhtoury, Ramón López Tuñas, Miguel Ángel, Gonzalo, Sergio Barce, Maria Luisa Diéguez y Mohamed Lahchiri.

Curiosa  la vida… En la fotografía anterior, está mi amigo Mohamed Akalay, y Alfonso Santamaría me ha remitido otra en la que, varios años antes, él acompaña a Akalay junto a su hermano Emilio, que perdimos hace muy poco tiempo, y cuya memoria guardamos con afecto.

A principios del siglo XX, Luis Antonio de Vega escribe: “La primera ciudad marrueca donde fijé mi residencia durante los dos lustros que residí en África fue Larache. Es tal vez por esto y porque en su recinto aprendí a conocer y amar a Marruecos por lo que mis mayores simpatías las reservo para la ciudad, que es proa de navío en la quilla del viejo Castillo de San Antonio, quilla metida en el mar.

Allí pasé un año, primero en la calle Real, luego en el callejón de Hamed Ben Tzami, donde los tejeringueros moros amasaban cada mañana la pasta de los aceitosos churros que serían adorno suculento en el collar que formaba un junco verde; la calle de Hamed Ben Tzami, en el barrio primoroso de la Marina, con la terraza situada frente a la barra que forma el Lükus en su desembocadura y en la que hasta en los días dulces y en las dulces tardes se revolvían las aguas en amasijos de olas turbias”.


 

Y algunos nombres de empresas y negocios que siguen en el recuerdo… Urrestarazu, Baeza…

O Bensimón, Morales o Caballero…  El Banco Hispano Americano en Larache…

 

Una joya de fotografía es la que me ha hecho llegar Juan M Fernández Gallardo, con quien me unen lazos familiares por la rama Gallardo, y se trata de este grupo del Colegio Santa Isabel, del curso 1947-1948:

Si fantástica es la estampa anterior, la siguiente me parece de una belleza plástica extraordinaria. Se trata de la pesca del atún, y quien habla de Larache habla de la almadraba y de sus atunes. Reconozco que me atrae mucho la fotografía en blanco y negro, pero es que en concreto esta foto parece sacada de una película neorrealista, como un fotograma de un largometraje filmado por Vittorio de Sica o Roberto Rossellini… En ella aparecen Julián Aixelá Ballester, Joaquín Garcia Camuñez, Guegue, Vicente Pro y Claudio Columé.

De 1967 es la foto de la Primera Comunión del siguiente grupo de larachenses: Mari Nieves Rebollo, Martín Romo, Alfonso Santamaría, Mula, José María López Garry, Pedro Bono, Miguel Ángel Ramírez Cano, Venancio, Agapito y Bono.

Un paréntesis deportivo… Menuda paliza le dio el Betis al Larache: 8 a 0. Desconozco si hubo revancha…

En esta otra imagen, quizá uno de los mejores amigos de mi padre: Alfonso “Ponchi” Ariza, con Mercedes, su mujer. Dos larachenses hasta el tuétano.

Como larachense hasta la médula es Abdellah Charafi, siempre una sonrisa, siempre entrañable.

Aprovechando que estoy ahora colgando las fotos de paisanos y amigos, traigo también a este rincón del álbum a dos larachenses a los que les profeso un afecto especial: Joana Márquez y a Luis María Cazorla, con quienes compartí un inolvidable acto en Madrid. Por cierto, que Luis Cazorla presentará en Larache el próximo 14 de Mayo su novela «La ciudad del Lucus» en el Colegio Luis Vives.

Y para cerrar esta página 13 del álbum de Larache, dos fotos más y un poema.

La primera de las fotografías pertenece a la película “Balcón Atlántico” del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak.

El poema pertenece al escritor larachense Hassan Tribak, que escribe en su libro El eco de la huída:

 

Mi ciudad de Larache.

Un ciego que camina cada noche,

Un pájaro que pone su nido

Entre los dedos de un mendigo

Y entre dedo y dedo

Hay una voz que grita y pide perdón

Pero rechaza su castigo.

Mi ciudad ignora

Su mar con sus olas trajineras,

Sus años y años llora y llora

En la estéril zona de los engaños.

Así voy a morir;

No voy a decir

Más que mi Larache

Vive en su perpetua

Noche.

Y la última imagen es esta simpática foto tomada en la otra banda, en la que están Otra banda Pepe García, Gálvez, Antonio Salles, Diego Ramos Guegue y Munik.

Escribe Carlos Tessainer en su novela Los pájaros del cielo: “Como en un pueblo forzosamente abandonado por sus habitantes y luego anegado por las aguas de un embalse… vivimos en un mundo que ya no existe -nuestro pueblo, nuestro lugar- y que, sin embargo, siempre nos deleitamos en revivir en las conversaciones…” 

Pero Larache sigue ahí, y los larachenses también. El álbum de fotos trata de que ningún larachense abandone su pueblo ni que termine anegado por las aguas de un embalse, sino que perdure en nosotros, porque quién puede hacer desaparecer un sentimiento…

Sergio Barce, abril 2012

 

 

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