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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 13

Es bastante difícil continuar este álbum, y me refiero al texto que trato que acompañe a las imágenes, porque fotos sigo recibiendo de muchos amigos, pero no repetirse en las palabras resulta complicado. Lo último que desearía es aburrir a quien se asoma a estas páginas.

Rio Lukus, y, al fondo, LARACHE – foto de Javi Lobo

Por eso, en esta ocasión, creo que me refugiaré de alguna forma en los textos de varios autores de los que, aunque les dedico artículos individuales, pueden servir para “ilustrar” lo descrito por las fotografías.

No es la primera vez que uso la imagen de un cuadro para abrir el álbum de fotos –ya estamos en su página 13, y creciendo-. En esta ocasión es un cuadro del pintor larachense Hakim el Harrak. Gracias a él, me rindo a la majestuosidad del Castillo Laqbíbat o de San Antonio o de Al Nasr, que todos estos nombres ha tenido.

Parece increíble que este majestuoso castillo del siglo XVI fuera mandado erigir por el Sultán Ahmad al-Mansúr al-Dahabi tras la batalla de los Tres Reyes, y digo que parece increíble que sea un monumento de tal historia y que se haya dejado caer en el olvido… Sin embargo, el pincel de Hakim el Harrak le ha devuelto la vida, y los colores de su paleta lo han restaurado para nuestra imaginación.

Escribía Ali Bey (Domingo Badía) en 1805: “A un extremo de la ciudad, en la embocadura del río, hay un castillo que me dijeron fue construido por Muley Yezid (Nota: Se trata de una edificación más antigua que el reinado de Muley Yezid /1790-1792/. Este sultán visitó cuatro veces Larache durante su reinado, según relata ad-Du´ayyif, pero que no señala que se dedicara en esas breves etapas de visita a la construcción o reparación de las fortalezas. Este castillo, llamado de San Antonio por los españoles, es más antiguo que el de la parte de tierra o de las Cigüeñas). La fortaleza cuadrada está guarnecida por varias pequeñas culebrinas. Defienden la embocadura del puerto dos baterías colocadas al sur y otra batería o castillo por el mismo lado con cañones y mortero, situada a trescientos cincuenta toesas de distancia…”

Cuánta historia tiene Larache…  Cuántas vidas vividas en sus calles… Creo que la siguiente foto es de una simbología ejemplar: en la terraza del Café Central vemos a Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem, tres viejos amigos, un cristiano, un musulmán y un hebreo, tres amigos de toda la vida, tres larachenses que simbolizan lo que siempre hemos transmitido a los que no son de nuestro pueblo.

Alfonso Santamaría me ha enviado un buen puñado de imágenes, hoy colgaré alguna de ellas, como ésta, en la que aparecen Alfonso, Emilio y Elena Santamaría.

También de Paco Selva traigo hoy bastantes fotos y carteles. En esos viejos anuncios también nos reencontramos con la historia de la ciudad…

Creo que una de las cosas que mejor se recuerdan en una vida, son las celebraciones, las fiestas, la algarabía, los instantes de felicidad. En Larache hemos vivido tantos buenos momentos, familiares, personales o entre amigos, que eso es lo que más une en la memoria. Por eso, quizá sea un buen instante para llenar nuestras vidas de celebraciones… Así que nos vamos de bodas. En la imagen siguiente, asistimos a la de Mohamed, empleado de la compañía del Lukus, y en la foto están celebrándolo Aquilino, Sentamans, Emilio y Alfonso Santamaría, Bautista, el propio Mohamed, Narai, Julio el cubano, X y la esposa de Aquilino.

También acudimos al enlace de la hermana de Rafael de Cárdenas, y allí vemos, en la foto de abajo, al hermano de Castaño, Joaquín García, Ochoa y Rafael de Cárdenas.

Y de ahí nos vamos a celebrar el cumpleaños de la nieta de Cristóbal,  el de la Colonial:

La fiesta no decae, y damos salto en el tiempo, como siempre hacemos gracias a este álbum anárquico al que une en decenios la ciudad de Larache y los larachenses, y de los años sesenta y setenta aparecen estampas como las siguientes: Fiesta de Carnavales en el Colegio Nuestra Señora de los Ángeles, de la que Mati López Quesada guarda un par de imágenes curiosas…

Los disfraces ya nos dan una idea de la época…

Paco Selva es de los que más imágenes conservan de las celebraciones y parrandas. Estas dos son de la llegada de los Reyes Magos en 1962, y espero vuestra ayuda para reconocer a quienes aparecen en ellas… Primeras respuestas: Dice Clarisa que en esta primera foto de Reyes, agachada a la derecha, ve a Pepi Pereira, y arriba, entre los dos Reyes, cree que la chica rubia es MªCarmen Morcillo y la que está a su lado Africa Fernandez.

En 1963 volvieron Sus Majestades para repartir sueños… En las dos fotos que siguen: en la primer, los tres reyes son Paco Selva, Cuqui Andrade y Lucio Dámaso; en la segunda, los mismos reyes muy bien acompañados de tres bellas larachenses…

Fiesta de Reyes del año 63 que se prolongó bastante, según atestiguan las siguientes fotos…

Aunque quizá sea el Fin de Año la que hace que la alegría se desborde siempre anhelando la llegada de un tiempo mejor… Como en esta imagen, en la que aparece mi madre -segunda a la derecha-, la primera a su lado es Nena, pero no conozco al resto del grupo. Eso sí, se lo pasaron en grande.

Chicas larachenses divirtiéndose siempre vamos a encontrar en nuestros álbumes familiares. En la siguiente, de nuevo mi madre, Maru Gallardo (tercera por la derecha) con un grupo de amigas tomándose un vinito… Algunas ya muestran síntomas de estar algo chispas… Espero que reconozcáis a alguien para poder ponerles nombres.

Muchos años después, en 2005, durante el Festival de Guitarra y Música, celebramos un emotivo homenaje al músico larachense Tomás Chacopino, que aparece en esta imagen acompañado por Ahmed el Guennouni y por mí, Sergio Barce.

Y en esta otra, también celebramos un encuentro lleno de buena camaradería y calidez. Creo reconocer en la foto a los que nos reunimos en Larache creo que en 2004: en primer término Mohamed Akalay, y con él Abderrahman Lanjeri, Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, el cónsul José Ramón Remacha, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouhtoury, Ramón López Tuñas, Miguel Ángel, Gonzalo, Sergio Barce, Maria Luisa Diéguez y Mohamed Lahchiri.

Curiosa  la vida… En la fotografía anterior, está mi amigo Mohamed Akalay, y Alfonso Santamaría me ha remitido otra en la que, varios años antes, él acompaña a Akalay junto a su hermano Emilio, que perdimos hace muy poco tiempo, y cuya memoria guardamos con afecto.

A principios del siglo XX, Luis Antonio de Vega escribe: “La primera ciudad marrueca donde fijé mi residencia durante los dos lustros que residí en África fue Larache. Es tal vez por esto y porque en su recinto aprendí a conocer y amar a Marruecos por lo que mis mayores simpatías las reservo para la ciudad, que es proa de navío en la quilla del viejo Castillo de San Antonio, quilla metida en el mar.

Allí pasé un año, primero en la calle Real, luego en el callejón de Hamed Ben Tzami, donde los tejeringueros moros amasaban cada mañana la pasta de los aceitosos churros que serían adorno suculento en el collar que formaba un junco verde; la calle de Hamed Ben Tzami, en el barrio primoroso de la Marina, con la terraza situada frente a la barra que forma el Lükus en su desembocadura y en la que hasta en los días dulces y en las dulces tardes se revolvían las aguas en amasijos de olas turbias”.


 

Y algunos nombres de empresas y negocios que siguen en el recuerdo… Urrestarazu, Baeza…

O Bensimón, Morales o Caballero…  El Banco Hispano Americano en Larache…

 

Una joya de fotografía es la que me ha hecho llegar Juan M Fernández Gallardo, con quien me unen lazos familiares por la rama Gallardo, y se trata de este grupo del Colegio Santa Isabel, del curso 1947-1948:

Si fantástica es la estampa anterior, la siguiente me parece de una belleza plástica extraordinaria. Se trata de la pesca del atún, y quien habla de Larache habla de la almadraba y de sus atunes. Reconozco que me atrae mucho la fotografía en blanco y negro, pero es que en concreto esta foto parece sacada de una película neorrealista, como un fotograma de un largometraje filmado por Vittorio de Sica o Roberto Rossellini… En ella aparecen Julián Aixelá Ballester, Joaquín Garcia Camuñez, Guegue, Vicente Pro y Claudio Columé.

De 1967 es la foto de la Primera Comunión del siguiente grupo de larachenses: Mari Nieves Rebollo, Martín Romo, Alfonso Santamaría, Mula, José María López Garry, Pedro Bono, Miguel Ángel Ramírez Cano, Venancio, Agapito y Bono.

Un paréntesis deportivo… Menuda paliza le dio el Betis al Larache: 8 a 0. Desconozco si hubo revancha…

En esta otra imagen, quizá uno de los mejores amigos de mi padre: Alfonso “Ponchi” Ariza, con Mercedes, su mujer. Dos larachenses hasta el tuétano.

Como larachense hasta la médula es Abdellah Charafi, siempre una sonrisa, siempre entrañable.

Aprovechando que estoy ahora colgando las fotos de paisanos y amigos, traigo también a este rincón del álbum a dos larachenses a los que les profeso un afecto especial: Joana Márquez y a Luis María Cazorla, con quienes compartí un inolvidable acto en Madrid. Por cierto, que Luis Cazorla presentará en Larache el próximo 14 de Mayo su novela “La ciudad del Lucus” en el Colegio Luis Vives.

Y para cerrar esta página 13 del álbum de Larache, dos fotos más y un poema.

La primera de las fotografías pertenece a la película “Balcón Atlántico” del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak.

El poema pertenece al escritor larachense Hassan Tribak, que escribe en su libro El eco de la huída:

 

Mi ciudad de Larache.

Un ciego que camina cada noche,

Un pájaro que pone su nido

Entre los dedos de un mendigo

Y entre dedo y dedo

Hay una voz que grita y pide perdón

Pero rechaza su castigo.

Mi ciudad ignora

Su mar con sus olas trajineras,

Sus años y años llora y llora

En la estéril zona de los engaños.

Así voy a morir;

No voy a decir

Más que mi Larache

Vive en su perpetua

Noche.

Y la última imagen es esta simpática foto tomada en la otra banda, en la que están Otra banda Pepe García, Gálvez, Antonio Salles, Diego Ramos Guegue y Munik.

Escribe Carlos Tessainer en su novela Los pájaros del cielo: “Como en un pueblo forzosamente abandonado por sus habitantes y luego anegado por las aguas de un embalse… vivimos en un mundo que ya no existe -nuestro pueblo, nuestro lugar- y que, sin embargo, siempre nos deleitamos en revivir en las conversaciones…” 

Pero Larache sigue ahí, y los larachenses también. El álbum de fotos trata de que ningún larachense abandone su pueblo ni que termine anegado por las aguas de un embalse, sino que perdure en nosotros, porque quién puede hacer desaparecer un sentimiento…

Sergio Barce, abril 2012

 

 

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LARACHE vista por… MUSTAPHA EL BOUTHOURY y por ABDELGHANI EL AMRANI

Escarbaba entre mis papeles. y me he encontrado con varias de las revistas que “Larache en el mundo” publicó hace unos años, sus Gacetas. Y entre ellas, he redescubierto dos pequeños artículos de dos amigos, de dos paisanos, y me han hecho revivir esos años, no tan lejanos aún. Al leerlos ahora, aunque sean del año 2005 y 2006, respectivamente, es decir, se escribieron no hace más de seis o siete años, su valor testimonial sigue siendo actual, pero algunas de las descripciones que se hacen de lugares o edificios de Larache, parecen mucho más lejanas, como si el tiempo hubiera volado excesivamente rápido. Pero traigo estos artículos de Mustapha el Bouthoury y de Abdelghani el Amrani porque me encantaron en su momento, porque me siguen gustando como están escritos -desde las tripas- y porque lo que escriben los amigos aumentan de valor con el tiempo. Y porque merecen ser releídos por sus paisanos.

Sergio Barce, marzo 2012

Larache

LA PENÚLTIMA VISITA A LARACHE

por Mustapha el Bouthoury

(publicado en La Gaceta Informativa de Larache nº 2

editada por Larache en el  Mundo, julio 2005)

   La verdad es que tendría que hablar de mi última visita a Larache puesto que todavía no he efectuado ninguna más, pero prefiero usar ese término porque no puedo evitar pensar que habrá muy pronto una nueva visita. Esto es que las llamadas de mi tierra nunca cesan. Tampoco hace falta ningún motivo especial para transformar los casi 80 kilómetros que me separan físicamente de ella en un agradable paseo. Además, en Larache, afortunadamente y a pesar de los pesares, sigue habiendo cosas bonitas.

Larache – Leones del Jardín de las Hespérides

Pero a parte de todo lo anteriormente citado, esta vez me llamó mi amigo Laabi anunciándome que estaba en Larache. Quedamos por la mañana del día siguiente en nuestro “café del té”. Y qué mejor que citarnos en ese rincón de nuestra querida ciudad estando los dos trabajando en Tánger. La verdad es que pensándolo bien, más bonito sería citarnos un día en Larache todos los hijos y amigos de Larache. También podrían ser siete días y volver a celebrar la Semana de Larache. ¿Quién, al asistir a la Semana de Larache, no disfrutó con ese mosaico de actividades culturales, y esos fuegos artificiales que le ponían el broche de oro, transformando el cielo de la última noche en una serie de obras de arte a base de luces y colores?

Al levantarme por la mañana, cogí la nacional bajo los suaves rayos de un sol radiante y me encontré con una carretera casi tan despejada como el cielo azul. Esto aumentaba considerablemente el poder disfrutar de los paisajes que alternaban el verde de los bosques de alcornoques, pinares y eucaliptos, frondosos en muchos tramos del recorrido, y el azul del mar cuando se interrumpía el bosque. En una de esas interrupciones, a escasos kilómetros de Larache, se ofrece al viajero una vista panorámica de la ciudad, antes de encontrarse con las ruinas de la ciudad antigua de Lixus.

Larache – Castillo Laqbíbat o de San Antonio

Luego viene el encuentro obligado y agradable, con esa enorme serpiente azul que da no sólo nombre a toda una región sino que también le lleva vida, en su movimiento sinuoso y gracioso hasta encontrarse con el mar. De este encuentro, entre el río Lukus y el Atlántico, sigue siendo testigo lo que queda del castillo Laqbíbat o de San Antonio. Un castillo que defendió a la ciudad a partir del siglo XIII hasta ser ocupado en 1911 y transformado en hospital militar por disposición del general Silvestre. Un esquinazo, tan injusto como incomprensible, ha hecho que ahora esté muy mal herido, por lo que no deja de ser un lunar en un paseo marítimo mejorable. Esperemos que la empresa que se hace cargo de convertirlo en hotel, respetando a la estructura exterior, actúe antes de que el lunar se convierta en un solar, y que las autoridades competentes le brinden todas las facilidades para no alargar aún más una triste lista de monumentos que ya sólo existen en fotografías o en nuestras memorias, y que desgraciadamente los más pequeños nunca podrán conocer por ellos mismos.

A la imagen triste del castillo, le siguió la de ese imponente balcón sobre el Atlántico, con esa preciosa panorámica que ofrecen sus 36 metros de altura sobre el nivel del mar. Luego cogí el primero de los ocho accesos a “la sartén”, como afectuosamente nos gustaba llamarla mi quinta y yo. Es la actual Plaza de la Liberación y el lugar de peregrinación cotidiano de los Larachenses. Sus cafés, con el Central como decano, siguen siendo un lugar privilegiado de encuentro, reencuentro o reuniones. En uno de ellos, famoso por sus tés, había quedado con mi amigo, y justo enfrente de él encontré un sitio para aparcar. Ahí estaba precisamente, puntual como siempre, junto a otro hijo de Larache, pintor y autor de los retratos que figuran en el libro recién publicado por Laabi. Otro autor más que ha sido inspirado por esta ciudad, como lo han sido Sergio Barce, Si Mohamed Sibari, Si Mohamed Akalay, Si Dris Diuri, Si Mohamed Choukri, Trina  Mercader, León Cohen y Jean Genet, entre otros. Este último ha sido, según su voluntad, enterrado en Larache como muchos otros, y es lo que me gustaría que pasara con mi cuerpo cuando llegue mi hora.

Sergio Barce & Mustapha el Bouthoury

Pero, de momento, mi única e inmediata preocupación consistía en sentarme frente a la plaza y disfrutar del sabor de ese buen té que sirven en ese café, en compañía de un querido amigo y de su acompañante, al que sólo conocía a través de sus obras artísticas. Después de los saludos y de las presentaciones, tomé sitio. Al sentarme, mis ojos ignoraron todas las personas que cruzaban por donde bueno les parecía y los coches a que estos sorteaban, y mi mirada se fijó en la última arcada de la derecha. Inmediatamente, mi mente inició un viaje en el tiempo. Me vi de niño, surgir de debajo de esa arcada, viniendo de mi casa en la calle Escala, y dirigirme hacia el centro de la plaza, ocupado por una fuente con unos preciosos pequeños azulejos ricamente decorados. Subí los peldaños que tenía en frente y me senté al borde para ver nadar unos preciosos pececillos rojos. No paraban de dar vueltas alrededor de un obelisco plantado justo en medio de la fuente. Unos bonitos recuerdos que desfilaban en mi mente como una película. Pero de repente, una silueta vino a formar una cortina ante mis ojos por lo cerca que se había puesto. Era un chico que, durante unos segundos y con una voz que no hacía honor a su estatura, nos ametralló por turno a mis acompañantes y a mí, con la misma pregunta:

– ¿Tsiri? ¿Tsiri? ¿Tsiri?…

Se trataba probablemente de otro limpiabotas de circunstancias, que formaba parte de alguna oleada más en busca de otros horizontes. Me recordó otro chico de la misma edad, muy correcto, que sacándole brillo a mis zapatos, me había revelado sus intenciones de cruzar el charco. Hace tiempo que no lo veo, y a veces me pregunto si logró llegar a su fin. No tuve tiempo de reaccionar porque el chico, en su posición, dificultaba la salida del camarero hacia la terraza para ponerle los tés a mis acompañantes.

A haíed a sahbi -le dijo el camarero al chico con una voz seca y con tono de recriminación.

El chico lo fulminó con la mirada, y balbució algo para sus adentros al mismo tiempo que se desplazaba hacia la mesa que estaba casi pegada a una columna. Lo seguí con la mirada, y una vez ahí reprodujo la misma escena desde su principio: el índice de la mano izquierda apuntando hacia abajo, la mano derecha agarrando una pequeña caja, un diminuto taburete debajo del brazo derecho, y la ráfaga a la cual tuvimos derecho nosotros también.

Larache – Plaza de la Liberación o de España, en enero de 2010

Al despejarse la vista hacia el centro de la plaza, pude entrever la nueva fuente que, con un simple plumazo, había usurpado el sitio de la anterior, llevándose por delante a ciertos azulejos que habían efectuado el viaje de Triana a Larache para hablarnos del Quijote. No sé por qué se reemplazó la fuente original por “eso” que está ahí, en mitad de la plaza y en estado continuo de deshidratación total. Así parece más bien un simple O.P.N.I. (Objeto Pegado No Identificado). Pero ¿no cabía una restauración si motivo había?

En Granada siguió la Alhambra en pie después de la Reconquista, y no se le dio esquinazo. Ahora, en verano, hay que esperar hasta una semana para poder entrar al castillo árabe. Y buena parte de los ingresos se destinan a conservar su resplandor. Bien es cierto que en Larache no tenemos castillos del renombre del de la Alhambra, pero son castillos nuestros y forman parte de nuestra historia, por lo que tienen su importancia. ¿O es que en Larache sobra la expresión “patrimonio cultural de la ciudad”?

Nada sería más justo y urgente que una buena toma de conciencia para preservar todo lo que sigue siendo original y distintivo de nuestra ciudad. Es un objetivo de nuestra asociación “Larache en el Mundo”, pero necesitamos conjugar todos los esfuerzos y ser solidarios en nombre de nuestro denominador común llamado LARACHE.

Puerto de Larache

SENTIRSE ORGULLOSO DE HABER NACIDO EN LARACHE 

por Abdelghani El Amrani

(publicado en La Gaceta Informativa de Larache nº 3

editada por Larache en el  Mundo, febrero 2006)

   Cuando un hombre conoce los sucesos de las generaciones pasadas, parece que ha vivido desde el comienzo de los siglos. Y si, además, recordamos un proverbio ya clásico que decía que “las ciudades cambian más aprisa que el corazón de los hombres” me viene a la memoria el pregón de la semana de Larache de 1971 del 13 al 22 de agosto, pregón que presidía mi difunto padre con otros miembros del comité organizador de dicha semana.

   En él se decia: «Pues bien, reflexionando un poco sobre esta idea, observamos que en nuestra querida ciudad hay algo que permanece constante, inmutable a través del tiempo, algo consustancial con Lixus: sus riquezas naturales -ciudad del mar, ciudad de la naranja-, su emplazamiento privilegiado; es ese tesoro respetuosamiente venerable que son sus Ruinas del Lixus -“nada es tan bello como las ruinas de una cosa bella”-, es la galanura y hospitalidad proverbial de los Larachenses… y algo que cambia tan aprisa como reza el pensamiento inicial: Nos enfrenta al binomio filosófico: lo constante y lo mudable, lo permanente y lo perfectible, lo que nos cimienta en nuestra valía y lo que nos hace laborar más y más por nuestra ciudad.

Larache

   Larache, playa y pino, simpatía y trabajo, estás en fiestas. Son las fiestas que premian tu labor, ya que, con tu esfuerzo, tu ciudad crece, se desarrolla, adquiere capitalidad. Y tú, forastero que nos visitas estos dias, no hagas bueno por una vez, por una sola vez, un antiguo proverbio árabe que dice: “Dios premia las visitas cortas”, porque  ¡Larache Está En Fiestas!»

  Es de bien nacido el honrar y recordar: Mi padre Gali Merini, Hadj Yebari, Chemelal Mimoun, Kadiri Abdelhak, Daudi Abdellatif, Julián Aixelá, Modesto Pavón, Juan Paz, Damon Mohamed, Pepe Osuna, Isaac Ayaach, Mohamed Haouari, Ricardo Rios, José Gomendio, Shit Hassan, Bouhayachi Dehraoui, Lahbidi Idriss, Hadj Ben Sallah, Bendayan, Muñoz, etc… Judíos, cristianos y musulmanes, unidos en pro y a favor de algo tan hermoso como es el amor a la amistad, la convivencia y el respeto, todo ello basado en nuestra ancestral valía como personas, unidos por un destino común: Larache.

   Nada hay más dificil que rehacer la historia, en estos tiempos de confusion y prejuicios. Nos empujan a la ignorancia, al desconocimiento y al desafecto de nuestra generación hacia aquellas  gentes que son ya polvos de los siglos. Por eso, y por mi condicion de Larachense, felicito toda iniciativa y labor emprendida por TODOS Ustedes y en especial a mi amigo Ahmed y sus colaboradores. Soy testigo de sus inicios. ¡Debes creerme, su iniciativa está llena de amor y de esperanza para un futuro mejor, pero que necesita de ayuda y colaboracion ! Si no, Larache está perdida. Basta ver lo que están haciendo con ella. ¿estoy equivocado? Hacen falta más hechos que dichos. Por la memoria de nuestros antepasados y por el futuro de nuestras generaciones. Don Aurelio fue mi maestro, su hija es amiga intima de mi madre, Touria. Ahmed y su familia son mi familia. Deseo que mis hijos estén orgullosos de la ciudad que vió nacer a su padre. Que el faro de Larache nos ilumine y guie nuestros pasos. Deseo que la concordia entre los seres humanos sea una realidad y que el orgullo de ser de Larache sea nuestra fuerza y esperanza para lo mejor de este mundo. Un abrazo para todos desde mi corazón.

Larache

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 6

Uno de los lugares emblemáticos de Larache ha sido El Jardín de las Hepérides, junto al Castillo de las Cigüeñas. Hubo un tiempo en que era un espacio encantador, con Chita en una jaula y pájaros en otra, con un bar amable donde pasar buenos ratos y también con sombras en la noche, entre sus palmeras y jardines, para permitir a las parejas tener un algo de intimidad en sus paseos.

Cafetería del Jardín de las Hespérides

Hoy no es ni sombra de lo que fue. Una pésima política municipal ha ido degradando durante años este espacio público hasta convertirlo en un lugar semi abandonado, en el que los famosos leones de sus entradas se encuentran encorsetados entre tapias y rejas oxidadas, en el que los viejos cañones que defendieran el castillo andan por los suelos como chatarra, en el que el viejo árbol drago languidece en el olvido. Pero ya digo que fue un lugar esplendoroso, y hasta no hace demasiado, porque cuando me marché de Larache en 1973 seguía siendo un jardín bien cuidado. En su cafetería los larachenses de varias generaciones han pasado horas y horas de charla. En la siguiente fotografía, de espaldas Mimi Abecasis de Castiel, el capitán Pedro Gómez  “Perico” entre Elisa y Sara Fereres; a la derecha, Estrella Abecasis de Medina, y en primer plano, Pepito.

Siguiendo la sistemática de la anterior página de este album, continuamos visitando bares y cafetines de Larache. En esta fotografía, tomada en el Bar Perico, reconozco en primer plano a la izquierda a uno de los mejores amigos de mi padre, Manolo Alarcón. León Cohen reconoce a la derecha a Carmelo Rosendo. Y Carlos Nieto nos revela el nombre del grupo: Junto a Manolo Alarcón está Antonio Balaguer, le sigue Carmelo Rosendo Campanelli y el último Pepe Rodríguez. En el centro de la foto, en primer plano, se encuentra Antonio Ruiz Ortiz (del Bar Perico), a su lado, a la derecha de la foto, Carmelo Rosendo Peremarch (hay dos Carmelo(s) Rosendo(s) en la foto, eran primos) y el último por la derecha, Carlos Fernández Egea.

Y en esta barra de bar, también otros dos de los grandes amigos de mi padre (Antonio Barce), compañeros de UNIBAN, y que aparecen en el centro de la estampa: Juanito Vargas y Manolo Alvarez.  Corría el año 1957. Manolo, que siempre defendía con vehemencia a su Valencia CF, de eso sí me acuerdo, y de su sonrisa.  Mi niñez siempre asocia a  mis padres con los Alvarez, como si hubiésemos formado parte de una misma familia. Antonio Roda Jorge me indica que les acompañan en la fotografía sus tíos Nicolás y Antolín Jorge Mateos.

De Mohamed Sibari he hablado en muchas ocasiones. Es, probablemente, uno de los personajes larachenses con el que prácticamente todos hemos tenido relación, más o menos estrecha, pero es difícil que haya alguien que no le conozca. En esta fotografía estamos en la terraza del Café Central: Sergio Barce, Mohamed Sibari y Rachid Serroukh. Sibari es un autor prolífico que se inspira en la gente de Larache para escribir sus novelas cortas, y Rachid Serroukh regenta la Librería Al Ahram, en la avenida Hassan II, el lugar donde se puede encontrar los libros de los escritores larachenses. Dos amigos a los que tengo especial querencia.

Muchos han sido los homenajes que se le han tributado a Mohamed Sibari en su ciudad. Uno de los más divertidos fue el que organizamos hace unos años en la Casa de España, en el que, durante la cena, José Luis Gómez, el hijo de don Aurelio, le cantó varias canciones divertidísimas a Sibari, bajo la mirada cómplice y las risas de Guennouni, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouthoury, como prueban las imágenes…

Tras este paréntesis “sibariano”, damos otro salto en el tiempo y entramos en otro bar de Larache y descubrimos a Luisón y a Luis Vázquez echándose una partida de flipper, creo.

Hay que decir que había otros lugares al aire libre que invitaban a tomarse algo… Por ejemplo, en los chiringuitos de la playa. En la siguiente fotografía Paco Rodríguez, en el centro, pasándoselo bien en el chiringuito de la Otra Banda:

Paco Rodríguez trabajaba en el Taller Automotor, de su familia, otro de los grandes amigos de mi padre. Y aquí aparece de nuevo, no sé si en la calle Chinguiti, esperando que les pongan unos pinchitos: Rafael Andrés Rus, Joaquín García Camúñez, Paco  Rodríguez y otro amigo.


Otro pequeño salto años después. Mi querido Javi Lobo, del que suelo colgar fotografías, y aún tengo varias que me ha enviado para poner en este blog, supongo que en los años 70, aquí junto a Mónica Mijares. Qué buenos años aquellos. Probablemente sea el Casino.

Y menudo grupo el siguiente… Parecen esperar sus bebidas, y vaya cara de cachondeo que tienen. Fernando Muñoz, Padilla, Caravaca y Fufo

Ya en 2004, en el Restaurante Alkhuzaima, de la avenida Mohamed V, nos reunimos muchos larachenses durante las jornadas culturales que organizó entonces Larache en el Mundo. En esta imagen de la cena, un grupo de muy buena gente larachense: Angeles Ramírez, Abderrahman Lanjeri, Larbi Setti, Said Hauat, el poeta Serrojk, el muy querido Dris Sbihi… siempre en mi memoria.

El dar saltos en el tiempo sólo tiene como objetivo despertar vuestro interés, evitar la monotonia de una serie de fotos de los mismos años, y busco con ello interrelacionar a los larachenses de todas las generaciones. Después de llegar al año 2004 vuelvo a los cincuenta, por ejemplo. En la imagen que sigue, en otro bar de Larache, Juan Miguel Columé y Eduardo Rojas con otros dos amigos.

En una revista del año 1940 aparecía el siguiente anuncio:

Y para despedir esta nueva entrega del Album de Larache y los Larachenses, un brindis desde otro local de la ciudad y que nos hacen desde el pasado Antonio Cambil, Pepe Jurado y Mustafa. Esperanza Manso me apunta que el barman es su tío Pepe Osuna,

DESDE LARACHE

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