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MIS LIBROS EN EL STAND DEL INSTITUTO CERVANTES, EN EL SIEL DE CASABLANCA

Ver en el SIEL de Casablanca, en el stand del Instituto Cervantes, todos mis libros ha sido alentador, y es verdad que te hace ilusión y te da hasta un leve y disimulado subidón. Pero, sobre todo, me hizo pensar que ya llevo una larga carrera de fondo, y que el tiempo pasa sin darnos cuenta, arrollándolo todo a su paso. Sin embargo, también reconforta que tus páginas, todas esas que se esconden en el interior de esos volúmenes, sirvan para alimentar la fantasía de algún lector o para hacerle pasar un buen rato, e incluso hasta para llegar a emocionarlo. Saber que te leen es la mejor recompensa.

Allí estaban expuestas mis novelas En el jardín de las Hespérides (Aljaima – Málaga, 2000), Sombras en sepia (Pre-Textos – Valencia, 2006), Una sirena se ahogó en Larache (Círculo Rojo – Sevilla, 2011), La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015), El libro de las palabras robadas (Ediciones del Genal – Málaga, 2016), y Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019), y mis libros de relatos Últimas noticias de Larache (Aljaima – Málaga, 2004) y Paseando por el zoco chico (Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Mi más profundo agradecimiento a Maribel Méndez y a María Jesús García González.

Sergio Barce, febrero 2020 

LIBROS DE SERGIO BARCE EN SIEL CASABLANCA 2020

 

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE “MALABATA”, DE SERGIO BARCE, EN EL SIEL DE CASABLANCA

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Este pasado miércoles, mi gran amigo el poeta José Sarria tuvo la gentileza de presentar mi novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019) en el SIEL de Casablanca, invitados por el Instituto Cervantes de Casablanca. Como siempre, fue un placer y una suerte que José Sarria se adentrara en las páginas de uno de mis libros porque los descuartiza hasta sacarle todo el jugo. Lo volvió a hacer, y sacó lo mejor que hay entre sus páginas. Muy agradecido a Jose, que ya lo sabe.

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He de dar igualmente las gracias a la directora del Instituto Cervantes de Casablanca, María Jesús García González por su calidez y sus atenciones, y por haber contado conmigo en estas jornadas. También a Maribel Méndez (como ya dejó expresado Aziz Amahjour) que siga siendo la argamasa que nos une en esta tarea de mantener vivo el contacto entre hispanistas y escritores españoles y marroquíes. Y una suerte haber conocido a Laura Gutiérrez y a Hanane el Houdaigui. 

Muy emocionante ver en el stand del IC en el SIEL todos mis libros expuestos al público.

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Por supuesto, lo pasé fenomenal compartiendo mesa de debate (y algunas cervezas) con Sergio del Molino, Rocío Rojas-Marcos, Mohamed Abrighach, Farid Othman-Bentria Ramos y Mohamed el Morabet (con el que ya parece que tengo una especie de conexión itinerante que espero se repita). Y muy feliz también de compartir momentos muy divertidos y de interesantes conversaciones, además de los antes mencionados, con Mustafa Akalay, Aziz Amahjour, Maribel Méndez, Khadija Karzazi, Ahmed el Gamoun, Raquel Landeros y Paula Carbonell (que para mí ha sido un descubrimiento luminoso). Especial, como siempre, reencontrarme con Alberto Mrteh, Boujemaa El Abkari y Ahmed Benremdane. Y además mi “sobrina” Zahraa Jbari también me acompañó en la presentación de mi novela.

En fin, que estos días han sido una gozada.

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Farid Othman-Bentria Ramos, Sergio Barce, Mohamed Abrighach, Sergio del Molino y Mohamed el Morabet

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Mª Jesús García González, Sergio Barce y José Sarria

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Alberto Mrteh y Sergio Barce

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Zahraa Jbari y Sergio Barce

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José Sarria, Mohamed el Morabet y Sergio Barce

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Maribel Méndez, Sergio Barce, Sergio del Molino, Rocío Rojas-Marcos, Mohamed el Morabet, Mustafa Akalay Nasser y su hijo

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Sergio Barce, Mustafa Akalay, Mohamed el Morabet y Farid Othman-Bentria Ramos

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Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

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DE “MALABATA” A OTROS MUNDOS

Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019), mi última novela, está resultando ser un caladero de buenas sensaciones que, además, no han cesado aún. Quedan las presentaciones del libro en Sevilla, Casablanca, Tetuán y Tánger, así como la presencia en la Feria del Libro de Málaga para firmar ejemplares, que son los lugares ya confirmados para 2020.

Por supuesto, ya ando escribiendo otra novela y queda muy poco para poner el punto final. Escribir es mi pasión.

Pero tengo otro manuscrito en reserva ya acabado desde hace un tiempo, y que algunos buenos amigos han leído. Sobre esta última contaré algo inaudito: desde que Núria, mi agente, comenzó a enviarla, las editoriales no cejan en su empeño por hacerse con los derechos. Nos han propuesto acuerdos muy ventajosos y contratos suculentos, pero hace semanas que decidí dejar que las cosas discurrieran al azar, que las editoriales, alguna muy potente, sigan peleándose por hacerse con mi libro. Mi agente me adelantó ayer noche que la oferta de una de estas compañías editoriales, con sede en Barcelona para más señas, llegaría a primera hora de la mañana de hoy y que duplicaría la propuesta de la que parecía más sólida (la de Madrid en este caso). Lamentablemente me he quedado con las ganas de saber cuánto ofrecía la editora catalana porque, cuando llegó su correo a mi bandeja de entrada, como cada mañana a las siete en punto sonó el despertador. Joder, por apenas unos segundos.

Sergio Barce, enero 2019

Foto de María Ortega

La foto es de María Ortega Ayllón

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ASÍ HA SIDO LA PRESENTACIÓN DE “MALABATA” EN BARCELONA

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http://www.barrallibre.cat/

   Ayer sábado, presenté mi novela Malabata (Ediciones del Genal – Málaga, 2019) en Barcelona, en concreto, en la Libreria Barra/Llibre, de la mano de Juan Pablo Caja.

No sé, vamos de racha. Si en las anteriores presentaciones en Torremolinos y Ceuta, tuvimos éxito, en Barcelona fue de la misma manera excepcional. Primero, porque Juan Pablo Caja, de nuevo, me lo puso fácil para que nuestra charla sobre la novela y sobre mis otros libros y la literatura en general resultase amena y llena de anécdotas, que los temas surgieran sobre la marcha; y, segundo, porque de nuevo estuve arropado de un montón de amigos y curiosos. A vuelo pluma, me acuerdo de José Miguel Feria y sus padres, Miguell y Concha, Fatima Zahra El Harrak, Francisco Antúnez y su mujer Hortensia, Abdelmalek Rghioui, Yousra Khairoun, Abdelmalek Moras, José Mª Fernández Gallardo, Farah Lagouit, Hanane, Joana Márquez, Fatima Amrani, Juan Gabriel López Guix y Soles, Bouchra y Mohamed, todos ellos originarios de Larache, Ksar el Kebir, Casablnaca, Tánger, Tetuán… es decir, una nutrida representación de paisanos, además de mi agente literaria Núria Ostáriz y Pera, y el doctor Samaranch y otros amigos y familiares que acompañaban a los ya nombrados. Y seguro que olvido algún nombre.

El coloquio fue divertido y a la vez emocionante, pero en general nos reímos mucho y los responsables de Barra/Llibre quedaron muy satisfechos de la presentación y de las ventas de ejemplares.

Próximas citas en Madrid, 14 de diciembre, y Valencia (casi confirmado) el 16 de diciembre.

Aquí tenéis la galería fotográfica del acto (aunque sé que hay más imágenes que ya iré añadiendo)

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Sergio Barce y Juan Pablo Caja

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Con Esteban y Pedro, de Llibreria Barra/Llibre

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN EN TORREMOLINOS DE “MALABATA”, NOVELA DE SERGIO BARCE

En el anterior post os mostraba en imágenes cómo fue la presentación de mi novela Malabata en la Librería Pérgamo, de Torremolinos. Hoy me permito ofreceros el texto completo de la intervención del escritor Mario Castillo del Pino en esta presentación. Pero antes, me toca hablar de Mario.

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Sergio Barce y Mario Castillo del Pino

Mario Castillo del Pino. Licenciado en Filología Inglesa, ha sido profesor durante treinta años, actividad que ha compaginado con sus dos grandes pasiones: escribir y pilotar aviones. Como narrador, ha obtenido diversos premios como el Juan José Relosillas de Relatos, el Premio de Narrativa Feria del Libro de Almería por su novela La imagen del silencio, y el Premio de Novela UNED María Zambrano con Mi avión herido.

Además de todo esto, es una buena persona y mejor amigo. Y como una de sus características es la generosidad, accedió a presentar Malabata con las siguientes palabras (lástima que aquí no pueda transmitiros sus chascarrillos, bromas y comentarios que surgieron en el acto a vuelo pluma, pero no todo podemos transcribirlo al pie de la letra):

MALABATA: UNA NOVELA DE FRONTERAS.

    Antes de nada, quisiera comenzar con un par de agradecimientos. Ambos van dirigidos inevitablemente a la misma persona: Sergio Barce, protagonista hoy de este encuentro literario. En primer lugar agradecerte el honor y la confianza de permitirme presentar públicamente tu nueva novela Malabata. En segundo lugar, y sobre todo, darte las gracias en nombre de todos nosotros, tus lectores incondicionales, por ofrecernos a lo largo de años y cientos de páginas inspiradoras un universo único que nos ha atrapado para siempre.

Permíteme que haga una breve retrospectiva. No te preocupes, aquí hemos venido a hablar de tu libro, lo sé. Pero es importante que sepas cómo llegué y con qué espíritu inicié la lectura de Malabata.

Ha llovido ya bastante desde que recibí igual honor, parece que no aprendes. En el año 2004 tuve el privilegio de presentar tu libro de cuentos Últimas noticias de Larache. Permítanme incluir aquí una nota al margen y destacar que uno de los relatos incluidos en ese volumen, El nadador, ha sido magistralmente llevado al cine por Pablo Barce, cortometraje que está cosechando premios y visionados en los mejores certámenes internacionales de todo el mundo. Les deseamos la mejor de las suertes para los Premios Goya 2020 para el que ha sido preseleccionado. Estaremos atentos. Así que suerte.           

Como te decía, cuando comenté públicamente hace ya quince años ese magnífico e intimista libro de relatos, descubrí al verdadero Barce que venía asomando, casi oculto, en todas tus obras anteriores desde aquella primera novela, En el Jardín de las Hespérides. Un universo personal que terminó eclosionando definitivamente en Una Sirena se ahogó en Larache, una de las mejores obras que he leído en la última década. Creo sinceramente que con La Sirena, a pesar de su éxito, nunca se hizo verdadera justicia. Hablamos en aquella ocasión, recuerdas, de la dicotomía de los mundos abandonados en la infancia, reconstruidos desde los escombros de la memoria y revisitados, una y mil veces, para hilvanar un refugio cálido y acogedor desde donde oponer resistencia a la aridez de una vida adulta, desprovista de los mitos bellos e inquietantes de los primeros años y los lugares que nos habitan.

Cuando lei La Sirena por primera vez, dos pensamientos se instalaron en mí: una certeza y un miedo. El primer pensamiento fue la seguridad de que te sería difícil plasmar con mayor precisión e inspiración la infancia perdida. Creo sinceramente que esas maravillosas páginas tuyas, ya nuestras desde entonces, suponen el epítome de algo que se venía cociendo a fuego lento en tu más oculta intimidad. Obra magistral y definitiva. Creo que Una Sirena se ahogó en Larache representa un delicado Grand Finale, ese redoble último tras el que encuentras al fin la paz. El segundo pensamiento, sin embargo, no fue tan reconfortante. Una extraña desazón, quizá inquietud, casi miedo. Temí que sintieses la necesidad de seguir perfilando los mitos de la infancia. El Larache perdido. El exilio de la propia identidad. Estaba seguro que podrías seguir haciéndolo con la misma maestría y ternura, Sergio es Sergio y no puedes ocultarse de tí mismo. Pero temí que te enrocaras. Que no supieses encontrar la salida. Como lector me mantuve expectante y no me defraudaste. Vaya golpe de timón. Triple salto mortal y sin red.

Desde que publicaste en 2011 La Sirena, cuatro novelas tuyas han visto la luz. El libro de las Palabras Robadas, La Emperatriz de Tánger, Malabata y El Laberinto de Max. Esta novela corta que cito en último lugar la colaste intercalada entre La Emperatriz y Malabata. La verdad es que fue una sorpresa para todos. Fue increible ver cómo nos llevaste de la mano con tanta concisión y belleza a través de sus escasas cien páginas. Una joyita. Es el primer Barce “adulto” que no reniega ni oculta unos sentimientos vistos desde la atalaya de los años que ya se nos van acumulando: la relación con el padre, el amor, la muerte… Pero dejemos eso para otro día. Si apartamos El Laberinto de Max a un lado, rara avis, por excepcional, nos quedan tres novelas que has dado en llamar la trilogía de Tánger.

Hoy nos has congregado alrededor de Malabata, la obra que cierra dicha trilogía. Una novela magnífica, con tramas y subtramas bien entretejidas, personajes profundos y confusos en busca de una redención.

Ya sabes que te admiro como escritor. Siempre he envidiado la frescura, la naturalidad, la autenticidad de tus diálogos. Siempre he admirado tu capacidad de trabajo, tu esforzado amor por las palabras. Pero de todas las virtudes que tienes como escritor hay una que es sobresaliente, una habilidad que pocos consiguen: crear universos propios. La mayoría de los que alguna vez hemos aspirado a escribir textos coherentes e inspiradores hemos fracasadado estrepitosamente cuando nos hemos enfrentado a la creación de mundos personales, identificables, únicos. Muy pocos autores lo consiguen. No todos estamos dotados para crear macondos, paises de las maravillas, mundos perdidos. Tú lo hiciste una vez con el Larache de tu infancia, que ni es ya tuyo, ni te pertenece. Creaste un mundo de ficción a partir de tus recuerdos pero la criatura adquirió vida propia y sus luces, sus calles, sus personajes tomaron su propio camino y te abandonaron. Hay un lugar en el mapa que se llama Larache, pero ya no es tu Larache, ni nuestro tampoco. Es una mera coincidencia toponímica. El Larache de tus obras se ha conformado como un mundo paralelo, un universo ficcional completo y complejo.

Pero… cuando menos lo esperaba, lo has vuelto a hacer. El Tánger de tus últimas obras, especialmente en La Emperatriz y ahora con Malabata, ahondas en un mundo que nunca existió más allá de las coincidencias de los propios nombres, los nombres propios, los lugares o las personas. En esta ocasión no has recurrido a los más ocultos recuerdos de la infancia -aquello fue una necesidad, no un recurso-, aunque sé que visitaste con frecuencia los despojos de la Tánger internacional veinte años después del “esplendor” de los años de posguerra. Para modelar el Tánger de tu Malabata has recurrido a otra de las grandes inspiraciones de tu vida. El cine. Consciente o inconscientemente en el Tánger de esta novela confluyen la Casablanca de Bogart, la Viena del Tercer Hombre o el distópico Los Angeles de Blade Runner. Mientras escribía estas líneas he querido imaginar tu cara de estupefacción. Quizá no estés de acuerdo pero ya da igual. No tienes más remedio que dejarme terminar. Y repito. Esos mundos confluyen en tu Tánger, no digo que los hayas replicado.

El título de esta intervención, Malabata: una novela de fronteras, ya nos da alguna pista. Me explico mejor. Para que un universo ficcional sea coherente consigo mismo debe contener unos códigos propios. El Tánger de Malabata cumple con creces con dichas exigencias. A pesar de las fechas, tu Tánger es atemporal. A pesar de los topónimos, tu Tánger es un lugar sin espacio concreto. A pesar de las víctimas y verdugos, asesinos y asesinados, tu Tánger es un mundo amoral en la que ni las víctimas son inocentes ni los verdugos culpables. En el Tánger de Malabata ser una cosa o la otra es fruto de la casualidad, la ocasión, el destino. Este Tánger que nos presentas, en definitiva, es un mundo de fronteras. Un mundo fronterizo espacial y moralmente.

En cuanto a lo primero, el Tánger de posguerra que describes, histórico, he de admitir, se encuentra en los arrabales de una Europa rota; es la cloaca de aguas turbias en la que confluyeron los más variopintos personajes, unos como medio de escape y otros como punto de destino. Todos, a fin de cuentas, huyendo de oscuros pasados. Todos ocultos tras identidades falsas o falsas máscaras.  Esta Tánger babélica, multilingue, contiene a la vez el recuerdo exótico de un esplendor colonial y el espejo desvirtuado de la metrópoli.

En cuanto a lo segundo, las lindes son aun más ambiguas. Nada es lo que parece, nadie es quien aparenta ser. Todos ocultan y todos conspiran. En estos remotos espacios de una moral bastarda, todo vale para sobrevivir, sacar la cabeza del agua putrefacta y respirar a arcadas. (p.68)

Este es el Tánger de Malabata, tan cinematográfico, tan propio de tí. De los desheredados, desarraigados, inocentes e ingenuos a la vez, del Larache de tu infancia, nos abandonas en ese limbo confuso de líneas desdibujadas. Cómo he gozado viendo a tus personajes moverse como sonámbulos, caminando el filo de la espada. Personajes condenados que solo son capaces de escapar de sí mismos, de redimirse mediante el amor. El último de los refugios posibles. La única esperanza. (p.273)

Quizá Malabata cierre el universo que has creado en torno a la ciudad de Tánger, no lo sé. Le daría la bienvenida con mucho placer a futuras historias en un universo que me ha abducido, llevado entre sus luces y sus sombras.

Pero de algo sí estoy seguro. Ya nunca volveré a inquietarme sobre futuras obras tuyas. Has demostrado a lo largo de tu carrera ser lo suficientemente camaleónico, versatil y auténtico, como para esperar con seguridad que lo que esté por venir no dejará de sorprendernos. Esperamos con ilusión que nos ofrezcas otros mundos a los que entregarnos. Gracias.

Mario Castillo del Pino – 25 de octubre de 2019

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