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EL ZOCO CHICO, un relato del escritor larachense CARLOS GALEA

A la izquierda, (mi padre) Antonio Barce junto a Carlos Galea, y entre otros, sentados, Juan Urda, Manolo Galea, Fernando Anidja…

Un nuevo texto descriptivo de Larache. En esta ocasión se trata de un relato de Carlos Galea. Carlos nació en Larache en 1935 y ha publicado “La casta militar africanista” (Instituto Alicantino de Cultura Gil Albert, 2003) y con el mismo Instituto edita en 2010 el libro “Recetas de la cocina norteafricana”, estando pendiente de salir “Recetas de la cocina sefardita”. Algunas de estas recetas que Carlos Galea ha recopilado las ofreceré próximamente.

De su libro aun inédito “Relatos de un niño de la guerra” procede el texto del Zoco Chico, un cuadro de este lugar de Larache tal y como Carlos Galea lo vivió y lo recuerda. Es un relato detallista, de documental, a través del que vemos cada rincón del Zoco y, sobre todo, sus brillantes colores y sus inolvidables olores. Personalmente, al leerlo, cuando llegué a “…los pinchitos de carne picada o en trocitos, aliñados con especias y cilantro verde, asados a la parrilla con carbón vegetal, y servidos dentro de un cuarto de torta de pan de trigo”, lo confieso, de pronto estaba de nuevo en Larache saboreándolo, podía olerlo perfectamente y podía rememorar con exactitud el sabor de la torta, el sabor de la carne, el olor penetrante que le acompaña, lo tenia entre mis manos y podía darle un bocado… Inolvidable, como tantas otras pequeñas cosas. El Zoco Chico de Larache…

Sergio Barce, septiembre 2012

Zoco Chico – foto de Itziar Gorostiaga

 EL ZOCO CHICO

 Por Carlos Galea

Siguiendo la descripción de Larache, me voy a referir en este capítulo a su lugar más peculiar: el Zoco Chico.

Está situado dentro de la que antes de la llegada de los españoles fue la ciudad árabe amurallada, la Medina. Su imagen muy pintoresca ayudará al lector a situarse en el ambiente y conocer más fácilmente el contenido de algunos de mis relatos.

Se entra en el Zoco Chico por una puerta monumental de arquitectura hispano-árabe, que se abre por la Plaza de España.

Se atraviesa en primer lugar una calle estrecha repleta de una muchedumbre abigarrada. Mujeres cubiertas con amplios mantos blancos, y velos que cubren toda la cara, dejándoles visibles sólo los ojos, o con chilabas de corte y colores modernos, algunas también veladas.

Campesinas de las cabilas de las montañas cercanas, vestidas con faldas de lana tejidas artesanalmente por ellas mismas, a rayas blancas y rojas, amplios sombreros de paja adornados con borlones azules, polainas de cuero marrón protegiéndoles las pantorrillas, babuchas de badana amarilla como calzado, y con la cara al descubierto. Son mujeres bereberes, pueblo autóctono anterior a la invasión de los árabes, de finas facciones, tez blanca y pelo negro lacio y brillante.

foto de Javi Lobo

Hombres de esta misma etnia ataviados con chilabas de burda lana que les llegan justo debajo de las rodillas, y turbantes blancos, muchos de los cuales con tupidos bordados amarillos. Llevan el dinero y sus otros objetos de valor en grandes carteras de cuero repujado con flecos, sujetas con una correa cruzada sobre el pecho. Algunos van armados de un puñal curvo, la gumía, dentro de una funda de plata labrada sujeta con un grueso cordón que les cuelga desde el hombro, en sentido opuesto a la cartera. Más que un arma, este puñal es un adorno.

Hombres de la ciudad con chilabas de lana gruesa o de tela más fina, tocados con turbantes, gorros de fieltro rojo, bonetes blancos o de colores.

Los más numerosos vestidos a la usanza europea, y en menor número mujeres del mismo modo, aunque muchas de ellas con pañuelos de diversos colores cubriéndoles los cabellos, respetando el rito musulmán.

Aunque ya muy escasos, se ven ancianos judíos con levita, faja y bonete, y los más jóvenes de esta confesión vestidos a la europea, cubiertas sus cabezas con boinas negras y sombreros clásicos de fieltro. Las mujeres hebreas van con vestidos de corte europeo y sin ningún tocado, excepto las ancianas en las que aún perdura el pañuelo de flecos tapándoles el cabello.

Y muchos españoles y españolas de todas las edades, mezclados con esta muchedumbre.

Una vez pasada la calle de entrada, hay que andar a empujones por el estrecho pasillo dejado entre los puestos de golosinas instalados a ambos lados, y finalmente se desemboca en un amplio recinto que se prolonga hasta el gran portal de la Alcazaba, antigua ciudadela fortificada.

A cada lado unas arquerías, y bajo éstas numerosos pequeños comercios ocupan cada uno la anchura de una puerta.

Sobre un lado del mostrador de madera que cubre toda la entrada de la tienda, está sentado el vendedor con las piernas cruzadas bajo el trasero. Sin necesidad de desplazarse, el comerciante tiene a mano todos sus artículos.

Las tiendecitas se suceden sin guardar ningún orden en la oferta, es precisamente la principal característica del comercio oriental. El comprador se pasea sin tener idea de lo que se va a encontrar, y es para él un placer ir descubriendo los objetos interesantes.

El otro placer es el regateo. Ningún artículo tiene indicado su precio, el comprador lo pregunta y el vendedor le dice una cantidad siempre muy por encima de la que piensa aceptar finalmente. Se inicia el tira y afloja hasta llegar a un acuerdo. Muchas veces el comprador da un último precio, el vendedor no lo acepta y deja que el comprador se marche. Pero cuando éste ha andado una corta distancia el vendedor lo llama a voces y le dice que por tratarse de su persona va a hacer el sacrificio de vendérselo a tan bajo precio aunque pierde dinero en la operación.

Este ritual parecerá absurdo a un europeo, pero es el alma y la salsa de los mercados árabes, donde la gente no tiene ninguna prisa y hace de la compra un entretenimiento. Si el comprador no obtiene una rebaja substancial se queda con la sensación de haber sido engañado, aunque muchas veces es lo que ocurre, pues los comerciantes son muy astutos y emplean métodos de simulación dignos de actores consumados de teatro dramático.

En estas hileras de tiendas encontramos zapatos, correas, cojines de cuero repujado, y babuchas. Jarrones de cobre o latón cincelados, teteras de falsa plata, cafeteras, soplillos ricamente adornados, velas, quinqués, cerillas y mecheros. Té, café, azúcar en pilones, especias a granel, frutos secos. Queso fresco sobre una hoja de palmito, manteca rancia en potes de barro, leche fermentada vendida en vasos sacada de una tinaja con un cazo. Tortillas de harina de garbanzo en porciones, buñuelos de viento. Pinchitos de carne picada o en trocitos, aliñados con especias y cilantro verde, asados a la parrilla con carbón vegetal, y servidos dentro de un cuarto de torta de pan de trigo. Mejillones cocidos, sin cáscara y al peso. Tortitas de sémola porosa, pasteles de almendra y miel, dulces de masa frita bañados en miel parecidos a los pestiños. Habas secas cocidas, aderezadas con sal y comino molido mezclados.

-¡Yabán kulubán! –vocea un vendedor ambulante.

Pasea por el Zoco un pastoso caramelo blanco fundido alrededor de una gruesa caña de bambú. Los vende por pequeñas porciones, que corta y despega con una navaja. Le persiguen numerosas moscas, y las va espantando continuamente con un pañuelo de dudosa limpieza.

Fuera de las arquerías, sobre una de las aceras que bordean la calzada central de adoquines de granito muy irregulares, se instalan vendedores ambulantes de objetos usados. Ofrecen vasos y platos, cafeteras doradas o plateadas, vestidos, cazadoras de cuero, viejos cuadros y muebles antiguos, llaves, cadenas, cerrojos, candados, camas con los cabezales de bronce o latón recuperadas sin duda de las familias judías que han abandonado el país para irse a Israel, y otros muchos objetos que sería muy largo enumerar.

En la otra acera, sobre pequeñas mesas de madera muy bajas, cubiertas con manteles blancos, mujeres sentadas en el suelo ofrecen tortas de pan de trigo recién salidas del horno, como denuncia el agradable olor que impregna el ambiente e invita a comprarlas.

foto de Itziar Gorostiaga

Los labriegos venidos de las cabilas cercanas exponen a  la venta sus productos, traídos a lomo de sus borricos. Los colocan apilados en el suelo, y pregonan a gritos su gran calidad. Encontramos naranjas muy ácidas y de piel fina, membrillos, pepinos, calabacines, calabazas, cebollas rojas y blancas, tomates, alcachofas de la huerta, alcauciles (alcachofas salvajes con púas), habas, guisantes, grandes melones y sandías de secano, lechugas, coles, coliflores, zanahorias, nabos, rábanos, perejil verde, cilantro verde, tomillo, romero, hierbabuena y otras hierbas aromáticas.

Estos productos vegetales tienen unos sabores muy acentuados, están cultivados con abonos naturales, los únicos utilizados por los campesinos. No conocen los cultivos bajo toldos que tanto desvirtúan la calidad.

También ofrecen frutas salvajes recogidas en los campos, como son la palmicha (dátil del palmito), moras, zarzamoras, madroños, todos ellos en cestitas de caña, palmitos deshojados hasta la parte tierna y comestible, higos chumbos pelados en el momento de su venta, higos y brevas frescas. No faltan los níscalos y otras setas de los bosques de pinos de los Viveros y de la Ghedira.

Los pollos y los conejos los venden en vivo, y, siguiendo el rito musulmán, los sacrifican antes de entregarlos al comprador cortándoles la yugular y dejándolos dar saltos en el suelo hasta que se desangran.

Hay un estrecho callejón sin salida a la derecha de la calle de entrada al Zoco Chico, con sombra y frescor, en el cual los pescadores de caña profesionales exponen a últimas horas de la tarde sus capturas de toda la jornada, iniciada al amanecer.

Ofrecen una gran variedad de pescados muy frescos, abundantes en las playas arenosas y rocosas del litoral larachense. Grandes ejemplares de doradas, lubinas (llamadas también robalos o róbalos), sargos, corvinas, verrugatos, zalemas, lisas, congrios, murenas y sábalos. Este último pez, de la familia del arenque, que sólo se pesca en los estuarios como el del río Lukus, es muy apreciado por los judíos y musulmanes de Larache. Es prácticamente desconocido por los españoles que no lo aprecian por sus muchas espinas, sin conocer su gusto exquisito.

También se pueden comprar centollos, bogavantes y nécoras abundantes en las playas próximas a precios muy bajos, pues el consumo de estos crustáceos está prohibido por sus religiones a los musulmanes y los hebreos.

La angula (alevín de la anguila) abunda en este maná que es el río Lukus. Según he leído, sus huevos son expulsados por las hembras adultas en el Mar de los Sargazos y conducidos durante miles de kilómetros a través del Océano Atlántico por la corriente del Golfo hasta las costas del Norte de África y Sur de Europa. En las desembocaduras de los ríos importantes, en este caso la del Lukus, se produce la eclosión de los huevos, el nacimiento de la angula, en el choque de las aguas dulces de las riadas con las corrientes marinas.

Río Lukus – foto de Itziar Gorostiaga

El derecho de pesca de este apreciado producto del mar, que alcanza fuera de Marruecos muy altos precios, es motivo de adjudicación administrativa por el organismo de Aguas y Bosques del Ministerio de Agricultura marroquí, mediante subasta pública. Los adjudicatarios de esta subasta exportan las angulas a todo el mundo, bien en vivo, como es el caso de Japón, o precocidas en cajitas de madera.

Sin embargo, pescadores furtivos, a altas horas de la noche, suelen extraer algunos kilos en los recovecos del río. Como no las pueden exponer a la venta, las ofrecen en voz baja a los compradores de pescado y, una vez acordada la compra, las traen discretamente de donde las tienen guardadas metidas en una bolsa de plástico. Están vivas y llenas de baba, y hay que matarlas antes de cocinarlas con tabaco o sal, además de lavarlas con mucho agua.

Su precio está a años luz del de las angulas del río Nervión, y por ello son muchos los españoles de Ceuta, Tetuán y otras ciudades próximas que vienen los fines de semana a Larache para consumirla en los diferentes bares, principalmente el Bar Central, de Pepe Osuna.

Cae el día, el sol se oculta en el horizonte, el cielo se enciende de nubes rosas que reflejan sus últimos rayos. Se oye el canto del almuecín llamando al rezo desde el minarete de la mezquita.

Los vendedores ambulantes y los campesinos recogen sus mercancías, y poco a poco el Zoco Chico se adormece hasta las primeras horas del día siguiente para volver a comenzar su febril actividad.

CARLOS GALEA

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MALAK, un film del realizador larachense ABDESLAM KELAI

Algo que me permite mi blog es dar noticias o hablar de mis amigos con absoluta libertad, puedo hacerlo cuando lo desee y como lo desee, y de ABDESLAM KELAI, ando siempre buscando alguna novedad para informar de ella. Ya lo hice con un artículo sobre su cortometraje HAPPY DAY. y ahora traigo simplemente un pequeño detalle sobre su largometraje MALAK y de su productora MOUTON ROUGE FILMS. No sé, es como si necesitara hacer partícipes a todos de que Kelai sigue en la brecha, rodando incansablemente, y con proyectos en cartera. 

Como en todo lo que filma, Abdeslam Kelai se inclina por los temas sociales y humanos, y MALAK no es ajena a esta visión comprometida que distingue su obra.

La sinopsis de la película es la siguiente: Malak, una joven de 17 años de edad, descubre que está embarazada. Abandonada por el padre de su hijo tendrá que enfrentarse a un entorno que maltrata y marginaliza a los que están en la condición de madre soltera.
Un hermoso retrato de una mujer joven, y el de una sociedad que nunca ha sido tierna con las mujeres.

Ficha técnica:

Director: Abdeslam Kelai
Guión: Abdeslam Kelai
Mohamed El Mouncif El Kadiri
Director de fotografia: Ivan Blanco Oms
Sonido: Patrick F. Méndez
Música: Bernhard Elsner
Montaje: Roman Sotola
Duracion: 97 min

Intérpretes: Chaimae Ben Acha  –  Saadia Ladib  –  Omar Lotfi  –  Mohamed Majd  –  FatihaOuatili  –  Najat El Wafi  –  Nisrine Erradi  –  Mohamed Choubi  –  Mariam Ajeddou  –  Fadwa Taleb  –  Amin Ismail.

Más información e imágenes de este largometraje en:

http://www.moutonrougefilms.com/presentacion.html

En cuanto a su productora, que aventura futuros excelentes proyectos, en su web dice:

Mouton Rouge Films es una productora cinematográfica y audiovisual fundada en 2008 por el guionista, productor y director Abdeslam Kelai. El objetivo de la creación de Mouton Rouge Films es generar un nuevo espacio dedicado a la producción de largometrajes y cortometrajes de ficción y documentales creativos para cine, televisión y otros soportes audiovisuales.

Desde Mouton Rouge Films acompañamos las distintas etapas de los proyectos cinematográficos y audiovisuales. Un equipo permanente de administración, producción y de ligistica es uno de los puntos fuertes de nuestra empresa y tenemos la capacidad de encarar cada proyecto con un equipo técnico y artístico marroquí o extranjero de gran rendimiento, creativo y comprometido para el buen funcionamiento de nuestro trabajo.

Así que sólo cabe esperar nuevos cortos y largometrajes de Abdeslam Kelai que llenen las pantallas de cine.

Sergio Barce, septiembre 2012

ABDESLAM KELAI

 VER MI ARTÍCULO SOBRE SU CORTOMETRAJE «HAPPY DAY» TAMBIÉN EN ESTE BLOG

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LA CALLE REAL, un relato del escritor larachense LEÓN COHEN

En el estupendo libro de relatos de León Cohen Mesonero “La memoria blanqueada” (Editorial Hebraica – Madrid, 2006) hay un relato sobre la calle Real en el que León despliega todo sus sentimientos hacia ese lugar tan pintoresco y especial de Larache, esa calle siempre llena de vida que todos, de pequeños, recorrimos corriendo como locos cuando bajábamos al embarcadero.

Una calle tan emblemática como llena de anécdotas, historias y recuerdos. Creo que este pequeño relato es un buen botón de muestra. Y otra pincelada más de este cuadro que estamos escribiendo entre todos sobre el Larache que cada uno de nosotros guarda en su alma, desde Driss Sahraoui a Carlos Tessainer, de Mohamed Sibari a Sara Fereres, de mis relatos a los del propio León Cohen… Pero vayámonos con él a su calle Real.

Sergio Barce, septiembre 2012

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 La Calle Real

 En mi última visita a Larache, no pude, como era mi intención, recorrer la Calle Real. He esperado largo tiempo hasta que ella misma me ha visitado para que la recree. Hela aquí una buena mañana de invierno. Con esta calle me sucede algo inusual: todos mis recuerdos se remontan a cuando tenía menos de diez años. Sobre la Calle Real llueve, han llovido siglos.

Es una calle empinada, que majestuosa, se acerca hasta la villa nueva. Es una calle humilde que desciende hasta el mismo puerto, cercano a las viviendas más pobres. Es por lo tanto una calle que sabe cómo acercar los dos mundos. Es una calle de concordia y convivencia.

En ella habitan una gran mayoría de judíos de origen español, los mismos que, seducidos por los agentes sionistas ya empiezan a emigrar y que en muy pocos años la abandonarán, para instalarse en un país ajeno en la distancia  y en la cultura. Muchos se arrepentirán toda su vida.

También son muchos los musulmanes y los españoles que conviven con los judíos. La mayoría de los españoles no sefarditas, es decir, cristianos, son pescadores de Barbate y de la Higuerita (Isla Cristina).

Viniendo desde la Calle Italia, a la derecha, una bodega profunda y oscura, que quedó fijada en mi retina, por una historia que solía contar mi padre sobre un legionario que por una apuesta se bebió una botella de coñac y cayó fulminado. Ese incidente contado tantas veces por mi padre hace parte de mi educación sentimental, fue para mí una lección práctica de las nefastas  consecuencias de beber alcohol.

Bajando unos metros, la tienda de un fassi (de Fez), a donde solíamos comprar los trompos y las bolas de colores. Era un tipo tranquilo, más bien antipático y que pronunciaba la r con dificultad, a la manera francesa. 

Enfrente, el churrero, que preparaba los mejores buñuelos de la historia. ¿Cómo olvidar su sabor y su textura inconfundibles al disolverse en la boca con un buche de té moruno? Yo disfrutaba como el enano que era, llevándolos bien ensartados en una hebra de palma hasta la casa de mi abuela Luna. Todavía puedo sentir en mi mano el calor que desprendían.

Más abajo del churrero, una escalerilla que llevaba hasta el Barandillo, y adjunta al flanco derecho de la escalera la casa de Cohen, apodado «el avión», un tipo que no paraba de trabajar para que sus numerosas hijas crecieran sin necesidades. Debajo de la casa del “avión”, la sastrería de Bensason, un tipo singular.

Aquí terminaba la primera cuesta, y a partir de ese punto, la pendiente se dulcificaba un poco, convirtiéndose la calle por unos metros, en más transitable. En ese descansillo, dicho en argot ciclista, quiero recordar alguna zapatería y una peluquería, además del lugar de reunión y descanso de los «camalos» judíos, entre los que destacaría a Jaidaued. Según he podido saber más tarde, la mayoría de estos cargadores venían, como mi abuelo, de Debdou. Eran hombres de una fuerza poco usual. 

Luego la calle volvía a recuperar su pendiente hasta llegar a la casa del mecánico dentista León Oziel, padre de muchos hijos, los dos más pequeños amigos míos, y que enviudó de Messody, su mujer, antes de emigrar a lo que entonces se llamaba Palestina. Era un tipo alto, erguido y con mascota, azul o negra según el caso. 

Desde la casa del mencionado dentista, partían dos bifurcaciones, una justo enfrente, que también quiero creer que desembocaba en el Barandillo, a la altura del Hammam, la otra era la callejuela que conducía hasta la sinagoga a la que asistía con mi padre únicamente una vez al año, el día del Kippur.

No fueron demasiados los años en los que la visité, pero las visitas fueron intensas, todo el día allí encerrados sin comer y sin beber, oyendo unos rezos y unos cánticos de los que no entendía nada pero cuyas entonaciones no he de olvidar nunca. A mediodía salíamos a tomar el aire y recuerdo cómo los amigos de mi padre gastaban constantemente bromas sobre lo buenas que estaban a esa hora unas gambitas a la plancha o un platito de sardinas y qué decir de unos frojaldres (hojaldres) con té moruno, esa su manera de hacer más pasajero el día más largo, además de ser una expresión inequívoca del humor judeo-marroco-español (permítaseme la palabrota). Al llegar el atardecer, salíamos en grupitos, yo todavía, un mojoncín asombrado, y bajábamos hasta casi el final de la calle,  donde desde un arco se podía divisar el «advenimiento» de la esperada primera estrella, ahí se acababa por fin el martirio. No puedo olvidar la alegría de Monsieur Berros, que en tiempos fue maestro de mi padre, un hombre aquel, naturalmente afable y bromista. Era más bien bajito, enjuto y siempre vestido con una traje marrón adobado en la cabeza por una mascota tan bien acoplada que formaban una pareja inseparable. Se desplazaba con agilidad y velocidad inusuales y torcía el pie izquierdo de modo que este  parecía aspirar a zancadillear al derecho.

Antes de llegar al final de la calle, en la margen derecha se hallaba la casa de Reina «la asría», porque era de Alcazarquivír, donde residió como huésped el comandante Franco, entonces Franquito, en los años veinte.  Ella hablaba de él con cariño. 

Del resto de la Calle Real, apenas quedaban unos metros hasta la desembocadura en el Bar Royal (creo que le decían Royal Bar). Era pues un bar real para una calle del mismo nombre. En fin, qué pena que todo lo demás se haya perdido en mi memoria.

León Cohen, 15-01-2004

León Cohen


                                                                      

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Del 20 al 22 de Septiembre: En el Dolmen de M´ZORA de LARACHE – ENCUENTRO DEL EQUINOCCIO DE M´ZORA

A finales de 2009, Emilio se embarcó en una aventura: celebrar el equinoccio junto al dolmen de M´Zora, cerca de Larache. Lo que en principio sólo fue una vaga sugerencia que me lanzó para reunirnos con algunos amigos, Emilio, entusiasmado con esa idea inicial, lo convirtió poco a poco en un acontecimiento creativo y levantó un encuentro entre artistas de diversos campos junto a Charley Case, que también ideaba algo por esa zona. Proyecto en el que contó con la ayuda de Anne-Judith Van Look, la escultora que dirige la “Galería Aplanos” de Assilah, y el hijo de Emilio, Guillermo.

Ahora llega la Cuarta Edición del Equinoccio de M´Zora. Emilio Gallego regresa a Larache, a crear en un espacio mágico, a redefinir el arte desde la perspectiva de diversos artistas. Poco apoco, su proyecto se va consolidando, y cada año aumenta la asistencia y la repercusión.

Equinoccio de Otoño 2012

Cuarta edición de los Encuentros de M’ZORA
Círculo de piedra M’Zora
entre Asilah y Larache / Marruecos
una noche de creación musical y poética
¡Bienvenidos!

Para más información póngase en contacto con:

Aziz Amrani et www.aplanosgallery.com

PROGRAMA 2012

Jueves 20

Taller de Cerámica con Aziz Amrani / Mohamed Harrak / Emilio Gallego y Youssef El Yedidi

Taller de Música Gnawa con Kawtar Sadik

Velada musical

Viernes 21

Taller de Cerámica

Estudio de Música Electrónica con Michy Mano

Taller de Reciclaje con Youssef El Yedidi y Bennani Kenza

Velada musical

Sábado 22

Taller de Cocina con Anouar Hantout

En colectivo: caravana nómada de artistas

Presentación de la película M’zora 2010/11 por Bouchra Moutaharik y Charley Case

http://encuentromzora.blogspot.com.es/
http://sineangulo.blogspot.com/
http://www.youtube.com/watch?v=e4jVOcPdRrk&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=12ni-_s_q78

Charley Case y Emilio Gallego (M’zora 09)

Emilio Gallego, nació en Larache en 1960. Inició sus estudios artísticos en Madrid en el taller del pintor Juan Moreno y el escultor Luis Rodríguez, realizó talleres de Arte Actual con Antonio Saura y Darío Villalba, y asistió al estudio de arte contemporáneo de Manolo Arjona. Además de asistir a talleres en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ha sido copista del Museo del Prado.

Es autor, entre otras obras, del proyecto “La Espiral Totémica”, formada por 22 esculturas diseminadas en diez municipios del interior valenciano (tanto en la propia naturaleza como en los municipios) en los que habla de equilibrio con la naturaleza, de integración con la comunidad y de desarrollo sostenible (la espiral). Así como el proyecto “Claro de Luces” en la Universidad de Valencia y que se inspira en las formas de un observatorio astronómico situado en los altos del Rectorado; este es un galardón que concede la Universidad a la gente que colabora con ella en algo o a gente que quiere distinguir de manera sencilla, es decir, no con la parafernalia y los honores que suponen la concesión de la Medalla de Oro o el Doctorado Honoris Causa.

Escultura de Emilio Gallego

Sé que Emilio tiene otro proyecto que le ronda desde hace tiempo para hacer en Larache, unas esculturas que le dan vueltas en la cabeza y que definen perfectamente el espíritu de los larachenses, pero este bello proyecto depende de decisiones que escapan a la voluntad de Emilio aunque sé que pocas cosas le harían tan feliz como este trabajo. Pero seguramente lo veremos un día, Emilio, no lo dudes,.

Sergio Barce, septiembre 2012

Para conocer más la obra de Emilio Gallego y su currículum:

www.emiliogallego.es

www.escultoremiliogallego.blogspot.com

 https://cid-85f84c472e87799f.office.live.com/view.aspx/Referente%20a%20tus%20esculturas/CURRICULUM%20completo.doc?Bsrc=Docmail&Bpub=SDX.Docs&wa=wsignin1.0

Gabriela Grech, Sergio Barce & Emilio Gallego en Larache

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EL CINE ALBÉNIZ DE MÁLAGA – Cine con mayúsculas

Quien me conoce, sabe que el cine me apasiona, que soy un “fanático” que es capaz de ver una buena película infinidad de veces, porque siempre descubro algo nuevo en ella. Desde que comencé a ir al cine en Larache, desde muy pequeño, ya fuera en el Teatro España, en el Ideal, Avenida o Coliseo, creo que he ido casi todos los fines de semana a ver una película, es un rito del que me resiste a desprenderme, un placer al que no quiero renunciar. Luego, en Málaga, me aficioné a las sesiones dobles del Cayri y del Royal, y en verano a sus terrazas, a las que me llevaba mi abuelo con unos bocadillos de chocolate Dolca que tomábamos entre peli y peli; más tarde, la academia Kaplan, al Cine club Universitario, todos los cines del centro: jamás olvidaré el comienzo de “El exorcista” en el Astoria; el Andalucía, el Avenida, el Málaga Cinema, Coliseum, Echegaray, Cervantes, el Atlántida, Zaila, París… Luego llegaría el Palacio del Cine, Victoria… Y tras el cierre de muchos de ellos, las nuevas salas de los centros comerciales, pero ya con otro sabor…

He dejado a propósito el Cine Albéniz de Málaga porque es el propósito de este comentario. Sigue siendo un pequeño y entrañable cine del centro de Málaga, bien cuidado, que ahora depende del Ayuntamiento, y que, por un milagro, se ha convertido en el centro de atención de los amantes del cine. Su programación es selecta, buen cine que no llega a los circuitos comerciales habituales, para desgracia de muchos. Y los jueves, cine clásico. Por ahí ando yo.

Y por eso esta noche veré en una de sus pantallas, seguramente en la sala 3, “Toro salvaje” (Raging Bull, 1980) de Martin Scorsese con un Robert de Niro en la cima de su carrera. Es de esas películas que mencionaba antes, de las que ya he visto más de cuatro veces, pero a la que no puedo resistirme a visionar una vez más en pantalla grande, en versión original y en 35 mm, es decir, con algún salto en el metraje, como en los buenos tiempos… Eso le da un sabor añejo añadido a buen vino.

 

Henry Fonda – Pasión de los fuertes

La pasada semana vi “Pasión de los fuertes” (My Darling Clementine, 1946) de John Ford, con un inconmensurable Henry Fonda, película en la que un diálogo inolvidable hizo reír a todos:

-Mac, ¿nunca has estado enamorado?
-No, he sido camarero toda mi vida.

 

Marilyn en Con faldas y a lo loco

La anterior semana vi “Con faldas ya lo loco” (Some like it hot, 1959) de Billy Wilder, y ver a Marlilyn Monroe en pantalla grande, en fin, sin comentarios. Redescubres a Jack Lemmon y te das cuenta de que era genial. Al encenderse las luces, la sala prorrumpió en una largo aplauso, como si se estrenara ese día…

Y la otra semana anterior vimos “Pat Garrett & Billy the Kid” (1973) de Sam Peckinpah, con música de Bob Dylan… Sé que estoy poniendo los dientes largos a muchos cinéfilos, pero es lo que hay…

 

En fin, lo que quiero decir con todo esto es que es una gozaba volver a saborear el mejor cine de siempre en pantalla grande y sin alardes técnicos, y que todo esto se debe a unos locos del cine: al director de la filmoteca del Cine Albéniz Juan Antonio Vigar, al programador Juan Luis Artacho, al operador de cabina Fernando Ramírez, y también al resto del equipo del cine: Javier Gilsanz, Mercedes Lopera, Elisa Belda, Belén Linares, Irene Palacios… Chapeau! Por el trabajo que desarrollan.

Por cierto, cada vez que voy la sala está prácticamente llena, se ve la película en silencio y todos nos quedamos sentados hasta que terminan de pasar en pantalla todos los títulos de crédito… Algo impensable en las salas comerciales en las que la gente no respeta a los demás, donde muchos creen estar en el salón de su casa y comentan la película con la boca llena de palomitas y hablan o contestan sus móviles, donde al finalizar la película, cuando aún no han encendido las luces, ya te están apremiando para que te levantes y muevas el culo… Por eso, me quedo mejor en el Cine Albéniz a disfrutar de cine de verdad.

Sergio Barce, septiembre 2012

 

Y gracias a este éxito la programación se ha ampliado para los próximos meses con los siguientes títulos:

EVA AL DESNUDO (All about Eve, 1950) de Joseph L. Mankiewicz

TERCIOPELO AZUL (Blue Velvet, 1986) de David Lynch

LA NOCHE DEL CAZADOR (The night of the hunter, 1955) de Charles Laughton

ANNIE HALL (1977) de Woody Allen

DOCTOR ZHIVAGO (1965) de David Lean

TÚ Y YO (An affair to remember, 1957) de Leo McCarey

EL SÉPTIMO SELLO (Det sjunde inseglet, 1957) de Ingmar Bergman

El séptimo sello

NINOTCHKA (1939) de Ernst Lubitsch

REBELDE SIN CAUSA (Rebel witouth a cause, 1955) de Nicholas Ray

TIEMPOS MODERNOS (Modern times, 1936) de Charles Chaplin

EL PLANETA DE LOS SIMIOS (Planet of the apes, 1968) de Franklin J. Schaffner

LOS 400 GOLPES (Les 400 coups, 1959) de François Truffaut

CIUDADANO KANE (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles

EL APARTAMENTO (The apartment, 1960) de Billy Wilder

 Más información en:

http://www.cinealbeniz.com/

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