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LARACHE en Jaquetía – EL DEL PITO PITARÁ, un relato de la escritora larachense SARA FERERES

En este empeño por no dejar arrumbado ese curioso idioma o dialecto conocido como jaquetía o haketía, y que escuchamos tantas veces a muchos paisanos en Larache, traigo otro  texto de Sara Fereres, maestra de su uso, un texto lleno de giros y expresiones realmente simpáticos. Sin duda, Sara es una mujer con mucho humor y sabe volcarlo en sus relatos. Y además de recuperar ese habla, recupera personajes y lugares de su añorada tierra.

Sergio Barce, septiembre 2012 

Foto: Elisa y Sara Fereres en la Hípica de Larache

El del Pito pitará

por Sara Fereres

Cuando yo estaba alhazbita,  había en Larache un judió que vivía gher de las comisiones que sacaba cuando le pedían  encargos de Tanja. Acostumbraba ir  a mercar mercancía extranjera, porque esa cibdad, era sona franca y no se pagaban impuestos. Munchas de esas cozzas no se podían mercar en Larache, porque las vendían nada más que los Indios en sus almacenes ¡La verdad…! siempre llenos de todo lo weno…, máa su costeee… ¡Era una guezzerá! El judió del cuento viajaba una belhá de bezes en el mes por la CTM, el autocar que salía de la sona francesa con destino a Tánger, pero antes, tenía que pasar por Larache. Los Tettaunis se iban a Tánger pa poder cojjer la CTM, si es que querían ir a la sona francesa, porque este trasporte no entraba a Tetuá. Todo esto que boz contoy, pasó en los tiempos de las guerras, primero la española con el quitado de Franco y la segunda, la mundial. Mismo que las guerras se habían khadeado en 1945, todos los que vivíamos en la sona española, seguimos pasando wuahlás que mejjor mi callar que mi hablar, porque en Sefarad, todo estaba quefseado, no seppais de mal… ¡Who por la quebra en que se quedó! Ya sabrís que Franco era haber del “quitado y mal’logrado se le mehee su nombre que no desseo enmentar”. Y por eso mismo, no quijeron ayudarle los americanos. Wua por eso Sefarad se mehheó en un foyo una belhá de años. ¡Wueno, wa ya me salí del cuento… perdonai”!

Un día de esos en que el judió iba a viajar, cuando estaba enfrente de la ofisina de la CTM llegó uno de sus clientes y le encargó una pluma de esas que enmentan Parker. Esas estilográficas tenían muncha demanda entre los mancebitos que se la ponían en el borsiíto del pañuelo de la jaqueta, zaamá pa darse postín con los amigos y las muchachitas. Discués, llegó una sagenáaa…  con toda la cara pintada como una mascarita debacho del pelo teñido con alheña y meneando el hondón, como las olas de la mar y le rogó al judió  hauritel-lá, que la truchera un par de medias de nilón de marca Kaiser,  que estaban de moda. Además quería un borso de plexiglas trasparente y un cinturón, iwual que´l  borso. Eso era lo más elegante en esos tiempos discués de la guerra… ¡Yahasrá!

Un ratito discués, pareció otro sagén que quería un reloj Dogma. ¡A dezir  verdad,  los ricos no desreaban esa marca… Si no eran Longines, Omega, au Cyma, no se ponían otro. ¡Los Dogmas,… gher pa los empleaditos! Wueno, a todo esto, llegó el chofer y se subió a su luwar en el coche. Los que entabía estaban en la calle y también  iban a viajar, empesaron a subersen y se sentaron y ansina mismo hizo el judió negociante. En esto, alaquí un niñito que venía coriendo coriendo, y empesó a gritar: ¡Señor, señor, espere por favor! Quijjera que mercara pa´mí… un pito. Tome señor y le meqneó un biete d´a bente pesetas. El judió le cojjó, le volteó y le miró bien y se le metió en el borsió de la joha. Entonses, se asomó por la ventana, echó una ghanzrada  a los clientes que estaban esperando la salida del autocar y disho con calma: ¡Ah judíos! ¿Sabís? ¡El del pito, ése pitará! 

¿Entenditis el cuento? El único que pagó el encargo, fue el niñito.

COZZAS DE JUDIOS (2)
GLOSARIO
JAQUETIA ESPAÑOL
Maá Más
Belhá Numeroso
Wahlá Apuro
Quebra Miseria, pobreza
Mehear Enterrar, borrar, eliminar, desaparecer
Enmentar Mencionar
Hondón Posaderas
Hauritel-lá Algo así como, “por amor a Alá (Dios)”
Desrear Valorar, apreciar
Entabía Todavía
Meqnear Entregar
Joha Caftán negro que usaban los antiguos judíos de Marruecos
Ghanzrada Mirada
SARA FERERES DE MORYUSSEF                                    NOVIEMBRE   2004
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200.000 VISITAS A ESTE BLOG

Me enorgullece deciros que las visitas o entradas a mi blog acaban de sobrepasar las 200.000.

Bonito número. Y sólo ha sido posible por las colaboraciones de todos los amigos que habéis querido participar en él. Espero que sigáis haciéndolo y que se sumen muchos más. Tenéis este lugar para colgar vuestros relatos, historias, poemas o ensayos, vuestras fotos o vuestras actividades, la publicación de un libro o recordar una anécdota. Todo nos enriquece.

Yo continuaré aportando mis novelas o mis relatos, espero que pronto algún nuevo libro que logre publicar, aunque confieso que cada vez el esfuerzo es más desalentador. En cualquier caso, trataré de que mis artículos de cine o de literatura sean lo más amenos posible y que os descubra una película o un libro que os despierte la curiosidad por verla o leerlo.

Pero como decía antes, este blog se construye más con vosotros. Esta es una casa larachense, y las casas larachenses siempre tienen las puertas abiertas a los amigos.

Sergio Barce, septiembre 2012

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EL PUERTO Y EL FONDAK ALEMÁN DE LARACHE, un relato de DRISS SAHRAOUI

Tengo la sensación, quizá la esperanza, de que, entre todos, estemos elaborando un detallado, emocionante y precioso retablo de la ciudad de Larache. Cada autor, de diferente generación, da la pincelada propia a su época, rescata los recuerdos de sus años, y unos y otros armamos esta estructura llena de pequeños sabores y personales imágenes. En esta ocasión, Driss Sahraoui vuelve a regalarnos otro de sus minuciosos paseos por las calles de la ciudad. Baja la cuesta del Aguardiente y, con las manos en los bolsillos, se detiene y nos explica la vida de cada edificio y de cada familia. Es un largo y plácido caminar que nos arrastra al puerto de nuestra ciudad, y con el olor inconfundible de la almadraba, junto a Driss, nos quedamos paralizados contemplando la descarga de los atunes, brillantes, ensangrentados, refulgiendo contra el sol que cae lentamente como si fuera el último destello de sus vidas. Quién no recuerda esos instantes al regreso de faenar de los barcos… Veo unas gaviotas planear sobre uno de ellos, y veo a un chaval, creo que es Nourdine, que me hace señales con las manos, me saluda, pero no sé si me dice hola o adiós, y una extraña congoja me atrapa el pecho. Es como si sus aspavientos me alejaran del embarcadero, como si tratara de avisarme de que todo ese espectáculo se irá perdiendo con el tiempo… Es lo que el relato de Driss me ha hecho sentir.

Sergio Barce, septiembre 2012 

Larache . foto de Puri Vázquez Mascareñas

EL PUERTO Y EL FONDAK ALEMAN

DE LARACHE

Por Driss Sahraoui

Si nos situamos frente al antiguo Garaje de la Valenciana, dando de espaldas a la Comandancia y al Castillo de las Cigüeñas, encontramos tres calles. La derecha que conduce al Jardín de las Hespérides, de la que no voy a hablar porque no entra en este tema. La de enfrente que conduce a Electras Marroquíes, y la izquierda, llamada cuesta del Alemán o de Reinschaussen, que conduce al Puerto. Esta calle empieza en el citado garaje de la Valenciana seguido de una finca agrícola que llegaba hasta el consulado alemán. En ésta vivía o formaba parte de la familia ahí residente un tal… que era profesional de la equitación, de hecho daba clases de esa disciplina en la Hípica. De estatura mediana, llevaba siempre un sombrero y calzaba  botas con polainas. Hacía con su caballo maravillas: bailar, ponerse de pie sólo con las dos patas traseras, en fin, barbaridades, al estilo torero-andaluz. Era además muy bromista, conociéndole tan bien, su nombre no me sale.

Al final de esta finca estaba el Consulado de Alemania, cuyo edificio era de dos plantas, por lo que incluía la residencia del cónsul. Este era de estatura más bien baja y uno de sus pies era postizo, pero andaba perfectamente. Conocido con el nombre de REINSCHAUSSEN era de carácter serio, además de su misión diplomática se daba al comercio, era el principal importador de harina, aceites, azucares e infinidad de mercancía. Contaba con muchos empleados y un chofer personal, entre ellos se encontraba un tal Mustafá EJNACHAR y un hebreo de estatura baja que ostentaba un cargo importante en la administración, era experto en  contabilidad. Estaba siempre riendo, le gustaba contar chistes y se llamaba AMSELEM. El cónsul contaba con un gran almacén, justo enfrente del mismo consulado, separado solo por la carretera, destinado al depósito de sus mercancías Al lado de este había una pequeña destilería de anís, propiedad de un tal ARIZA, seguida de un gran almacén  cuya actividad era  la reparación de redes de pesca. Teniendo a su continuación unas largas escaleras provenientes de la Torre y del Yebiel, que  terminaban a su izquierda con la desembocadura y final de la Calle Real. Enfrente tenia la Aduana, que todavía conservaba un gran arco, resto de lo que fue su principal puerta. 

Voy a regresar al Consulado para describir la parte izquierda de esta calle. Este tenía a su izquierda una calle estrecha y corta que conducía a la Cruz Roja y Electras Marroquíes. Cruzando esta pequeña carretera se encontraba el Colegio Israelita YUDAH LEVY. Este edificio en su tiempo ha sido construido y concebido para colegio. Era muy amplio, con jardines  y grandes espacios  para el recreo y los deportes, como el baloncesto y otros. La distribución era la adecuada y la disciplina ejemplar. Actualmente se ha convertido en colegio musulmán contando con diez aulas, la gran parte verde que poseía este establecimiento le ha sido amputada y cedida al Ministerio de Juventud y Deportes. Era uno de los mejores colegios en esos tiempos. Personalmente guardo un recuerdo del  mismo: en los años cuarenta se había organizado un encuentro en el Teatro España, que agrupaba a todas las escuelas estatales de la ciudad, con ocasión del fin del curso escolar, cuyo objeto era la distribución de los certificados de estudios, acompañados de algunos regalos a los alumnos  más sobresalientes de cada escuela. Antes de la entrega de estos certificados, cada escuela tenía que representar algo: una corta pieza teatral, exclamación de una poesía o fábula u otra cosa. Una alumna hebrea por parte de ese colegio de nombre BENDAYAN optó por cantar una canción que estaba entonces en boca de todo el mundo, en uno de sus fragmentos decía más o menos:  -No me quieras tanto, ni sufras por mí, no vale la pena que por mi cariño, te pongas así- …  Canción de la diva española Conchita Piquer, que un  año antes pasó por este mismo escenario cantando esta misma canción. El Teatro parecía venirse abajo con los aplausos de los asistentes, padres de alumnos y profesores, por la magnífica interpretación realizada por esta simpática alumna. El que suscribe asistió a este certamen, como alumno, en representación de la Escuela Hispano-Árabe. Con esta alumna ya he coincidido antes y después de este encuentro. En la fiesta o Día del Árbol íbamos todos los alumnos de todas las escuelas por la mañana a los Viveros o la Hípica para sembrar cada uno su arbolito. Íbamos provistos, cada uno, de una bolsa de papel-cartón conteniendo un bocadillo, una manzana y un plátano. Ni que decir tiene que estos encuentros entre las escuelas ha servido de algo en esa cultura larachense de entendimiento y concordia.

Hípica de Larache

Seguimos, y encontramos entonces parte de los restos de un gran arco que marcaba la puerta de la antigua Aduana. Traspasándola estamos ya en el recinto del Puerto. Aquí encontramos el célebre Bar ROYAL, o Royal Bar, regentado por un simpático hebreo, de estatura alta, algo picado de viruela, al que le gustaba hablar mucho, era muy conversador. El acceso a este lugar se hacía mediante la subida de algunos escalones, lo que hacía que el local fuese más alegre, asomándose a la gran parte del puerto porque era todo ventanas. Tenía mucha aceptación por el lugar, por el trato y por la exquisita atención reinante en el mismo. Curiosamente gran parte de la clientela no tenía relación con el puerto, pero estaba siempre ahí. En algunas fiestas como la Nochebuena o fin de año, aterrizaba aquí gente de todas partes, donde se quedaba hasta bien entrada la madrugada. Al lado había tres agencias de Seguros y aduana. El más joven de los agentes de Aduana era un tal MOÑINO, no sé si heredada de su padre. He oído a algunos llamarle <El de la Viuda>, posiblemente se trataba de su segundo apellido. Más allá había una calle estrecha y larga que conducía a  la ZAUIYA NACERIYA y se asomaba al Barandillo.

Junto al  Bar Royal se encontraba un pequeño varadero, donde se construían botes y se reparaban las pequeñas embarcaciones. Más allá se encontraba la antigua playa chica donde nos bañábamos en algún tiempo, en vez de ir a la otra banda. Más allá se encontraban los astilleros de CONRADO ZOUZA, que se han hecho muy importantes en un tiempo, fabricando barcos en serie, incluso para la otra zona de Marruecos. Al lado estaba el Embarcadero para trasladarse a la otra Banda. En la hora punta esto era un hormiguero, con un ambiente especial, era la ocasión de bromear, cantar y bailar. Al lado estaba la fábrica de hielo para abastecer a los barcos de pesca en esa materia. Era propiedad de JOAQUIN HERNANDEZ, quien tuvo un grave accidente en la misma. Una correa de transmisión le arrancó un brazo, que le han tenido que amputar. Tuvo la valentía de ir al Hospital de la Cruz Roja que estaba cerca, aguantando el brazo con la otra mano. Siguió conduciendo con una sola mano durante toda su vida. Este hombre era valiente también en los negocios. Llegó a ser el más importante exportador hacia Europa de naranjas, tomates y otros productos agrícolas. La importancia de las transacciones comerciales le obligó a abrir una representación en Alemania a cargo de su hijo. La agencia de Larache siguió atendida por su hija que también era muy activa. Había igualmente en este recinto la Lonja, el depósito de Pescadores y el bar de los hermanos SARRIÁ, estos eran varios, uno funcionario de Hacienda. Este bar era importante, de reciente construcción, y concurrido, pero no llegó a la importancia del Bar Royal.

Puerto de Larache

Ahora entramos al muelle. Este contaba con tres grandes grúas, cuya actividad era constante, descargando las mercancías provenientes de los grandes barcos mercantes, transportadas por grandes barcazas, porque los buques no podían franquear la entrada al puerto por las condiciones de la barra. Las barcazas, para entrar, tenían que estar custodiadas y supervisadas por un experto Práctico, quien les dirigía hacia la parte más fluvial y menos peligrosa de la barra. La actividad de estas grúas se multiplicaba en verano, temporada de las almadrabas, descargando atunes, a veces incluso de noche. La descarga de los atunes era un verdadero espectáculo. Ver esa cantidad de atunes que a veces sobrepasaban los cuatro metros de largo todavía coleando… En la temporada de la captura del atún se contrataba a gente especialista en esta tarea proveniente de  Barbate, Ayamonte, Isla Cristina y otros puntos de Andalucía. No sé donde ha ido a parar toda esa riqueza del mar porque, actualmente, atunes de ese calibre ya no existen.  En el puerto existían grandes almacenes para el depósito y custodia  de las mercancías descargadas, en espera de ser retiradas por sus respectivos propietarios. Estos almacenes tenían forma de grandes naves, con mucha altura y anchura. Enfrente a estos almacenes, separados por una carretera, había una gran explanada donde se depositaban cantidades enormes de bidones de aceite y otras mercancías imperecederas, que podían resistir la intemperie porque tardaban en ser despachadas. Cerca de este lugar se había construido la dirección de Aduanas y la Comandancia de Marina. Enfrente, y separada por una carretera ancha, se encontraba la Cruz Roja Española, que se componía de un hospital llevando su nombre, un Dispensario, otro que era permanente, llamado Urgencias, una Iglesia, varios departamentos, así como grandes espacios verdes y jardines bien atendidos. En los años cuarenta, me llevó mi padre a este lugar porque me habían salido unas burbujitas que me cubrían toda la cabeza, al rascar me salía como agua. Al llegar al Hospital encontré a muchos niños de mi edad y de todas las comunidades con lo mismo. La cura consistía en aplicar en la cabeza una medicina por la noche para al día siguiente amanecer sin pelo, después seguían sesiones de Rayos X que duraban algún tiempo. A una chica hebrea muy guapa no volvió a salirle el pelo para toda la vida. La pobre, por su edad, no era consiente de lo que le pasaba, jugaba y saltaba tranquilamente. Era una  verdadera lástima porque la chica era guapísima. Hay que recordar que en esos tiempos había enfermedades de este tipo por la mala nutrición. Existía el paludismo, la tuberculosis, y otras enfermedades. En esos tiempos abundaban las charcas de agua sin tratar, refugio de los mosquitos portadores de paludismo. El azúcar era de color chocolate sin terminar su proceso de fabricación y refinamiento. La manteca era de grandes bloques de tamaño exagerado, sin saber la composición de la misma ni la forma de su posterior manipulación. La harina era de cualquier forma, he visto por casualidad en la Harinera de Larache triturando grandes bloques de harina cuyos sacos han sido  rescatados del mar después de mucho tiempo de naufragio. Esto ocurrió en la época de la guerra civil española. Eran años muy duros. Pero no hay enfermedad que dure cien años…

Salimos de la Cruz Roja y hallamos, enfrente, la carretera general Larache-Tánger-Tetuán  y a su lado otra muy corta que conduce a la fábrica de conservas del Lukus y la Playa del Carmen, donde había un pequeño astillero de EMILIO MORALES para la construcción de barcos de pesca, pero no era de la importancia de los astilleros de CONRADO, ya citado.

La carretera Larache-Tánger empieza teniendo a su derecha un gran jardín y dos carreteras; una que conduce a la Comandancia y la otra, llamada cuesta del Aguardiente que terminaba en los cuatro caminos. En la parte izquierda se encontraba un recinto que albergaba a Obras Públicas, se le llamaba igualmente FOMENTO, con garajes para los camiones, otro para las grandes maquinarias y herramientas necesarias para las grandes obras, así como varios departamentos administrativos. Aquí se repartían las funciones y  las obras a realizar. La actividad era intensa, en la que destacaba un ingeniero llamado AITOR AGUIRRE, por su gran responsabilidad. En este mismo recinto estaba la Estación de Ferrocarril, que nos ofrecía una belleza de arquitectura, digna de recordar y que al igual que la de Larache todavía existe en muchos lugares como Tetuán, Alcazarquivir, Ceuta y en muchos puntos de España. Este ferrocarril hacía el trayecto de Larache-Alcazarquivir vía Auamara, no me acuerdo de la frecuencia de sus viajes pero no eran diarios. Al lado de Obras Públicas existía una pequeña fábrica de conservas llamada COCA, seguida de un gran depósito de lubrificantes perteneciente a la Compañía Atlas. Este contaba con vivienda para el responsable del depósito, llamado BARRAGAN, este era un hombre de alta estatura, tenía una hija que era fotocopia suya en lo que respecta a la estatura y fisonomía a la que gustaba hablar mucho, al igual que su madre. A partir de aquí ya solo la carretera general Larache-Tánger y la vía del ferrocarril hacia Alcazarquivir. 

Vista aérea de Larache

Si nos damos la vuelta, encontramos a nuestra izquierda las casas de los Pescadores Marroquíes y, más allá, las de los Pescadores Españoles. Seguimos, y encontramos la primera ubicación del Colegio Luis Vives, teniendo enfrente un gran jardín y una rotonda que cae justo enfrente de Obras Públicas. Seguido del Colegio encontramos el Cuartel de Veterinaria, cuyo responsable era un Teniente Coronel  cuyo hijo era de mi edad,  donde se ocupaban de lo que era la veterinaria militar. Este cuartel tenia cerca al patio la Bola de Oro que primero era fabrica de salazón y después se convirtió en viviendas. Si paramos aquí encontramos tres carreteras: derecha que conduce a Electras Marroquíes, izquierda que conduce a las casas de los Pescadores Españoles y la fábrica de curtidos, que pasó por muchas manos, el ultimo fue un tal MIRANDA, y la de enfrente donde empieza la cuesta del Aguardiente. Esta comienza, subiendo, a su izquierda con unas  pequeñas fincas agrícolas, siendo la más importante la perteneciente a una señora muy respetada, teniendo a un agricultor viviendo en la misma finca. Se llamaba Doña Ricarda y tenía tres hijas, la mayor Rosario y dos mellizas, Encarna y Amparito, las dos se casaron con militares; la primera con  un capitán intendente en el Regimiento de Artillería llamado Juan LARA, que era una buenísima persona, la segunda con un Suboficial de Aviación, la mayor ya estaba casada y vivía en España. Seguían dos fincas más, en la última se había construido un chalet propiedad de CAPACETE, director de la Compañía ATLAS de lubrificantes. Mas allá, el Patio del Aguardiente donde en la realidad había una destilería de aguardiente de la cual esta carretera tomó el nombre de Cuesta del Aguardiente. Había igualmente viviendas y terminaba ya con los Cuatro Caminos. Aquí vamos a dar media vuelta y bajar esta cuesta.

Lo primero que encontramos a nuestra izquierda es el chalet del General MEZIAN que era grande y terminaba en una calle proyectada que debía desembocar en la Avenida de España, frente a la Escuela Francesa; a su derecha quedaría, haciendo esquina, el chalet del Bajá RAISUNI, el cual se opuso a este proyecto alegando que eso era parte del cementerio de Lala Menana, levantando una tapia por donde debía haber sido su salida y terminación, y así se malogró este proyecto que estaba bien estudiado. Al lado de esta calle se encontraba una gran huerta, que colindaba con el Cuartel de la Guardia Civil, propiedad de mi padre.  Recuerdo que en nuestra huerta habían excavado una manera de zanja, forma de trincheras, pero estas eran anchas y profundas. Los que excavaban eran prisioneros de guerra vigilados por soldados. A estas zanjas había quien  decía que eran Refugios (no sé de qué), otros decían que era para enterrar a los prisioneros fusilados. No tengo constancia de esto. Esto era durante la guerra civil española y un poco después. El cuartel de la Guardia Civil era grande, contaba con un sector para la administración, otro para viviendas, así como espacios verdes. Contaba igualmente con una cuadra de cuatro caballos, una moto Sidecar y un efectivo discreto de guardias civiles. En vez en cuando, veíamos circular con la moto a un  tal  BETANCURT, era canario y vivía solo para reír y hacer bromas, olvidándose de su condición de funcionario. Algunas veces veíamos una pareja de guardias civiles montados en caballo, con esa tradicional vestimenta: uniforme, tricornio y esa bonita capa. Solían ir por el campo, atravesando el puente del Lukus, no sé hasta donde llegaría ni el propósito de ese recorrido.

LARACHE

Seguía al cuartel el Fondak Alemán, que, en un tiempo después, se convirtió en viviendas; en la fachada principal residía el Baja BENEISH después del derribo de  su casa frente a la Comandancia Y dentro vivía  una multitud de familias. Los hermanos  MOLINA, uno era futbolista en el club local, la familia PIÑUELA, la familia ESCALONA, Antonio NARVAEZ, armador de barcos de pesca, Emilio MORALES, cuya familia se componía de la señora Eulalia, el hijo Emilio y dos hermanas, la más pequeña llamada Carmencita.

Anécdota: en 1970 estuve en Agadir y frecuentaba la Casa de España de esa ciudad. Había muchos españoles, sobre todo armadores, industriales y gente del mar. El primer día, acompañado de mi hermano que residía ahí, me presentó al gerente del lugar que era de Larache. Empezamos a charlar y no hemos llegado a identificarnos, me habló del Fondak Alemán y de la familia Molina y, en ese preciso instante, entraba  la mujer a la que conocía. Me dijo: ahí está mi mujer. Ésta saltó, me dio un fuerte abrazo y no sin emoción empezamos a hablar y a recordar. Esa vez me quedé hasta muy tarde porque nos costaba separarnos. Después iba todos los días a este lugar donde también conocí a un tal VERGARA, uno de los refugiados políticos, que vino a esta ciudad para quedarse para siempre, era propietario de una fábrica de Conservas que llevaba su nombre. Nos hicimos amigos y nos veíamos todos los días. Era un gran conversador y encontraba placer en mi forma de discutir. Me acuerdo de un detalle: el ultimo día de mi estancia, llamó a su chofer quien me trajo un surtido de cajas de conserva escogido por él mismo y me  entregó tres cheques de gasolina para el viaje, sin que haya sido solicitado para ello. Ese gesto y ese detalle se me quedaron grabados en la mente durante toda la vida.

A este Fondak seguía otro del mismo nombre y capacidad. Aquí también vivían muchas familias conocidas. La ya citada Doña Ricarda y familia, EL LITRI, que era reparador de radios y magnetófonos –entonces la televisión no existía- instalado en el pasaje Goya o Gallego. El contratista de obras Antonio OCHOTECO, el guardia civil retirado TIMOTEO, que era aficionado a la caza mayor y que además poseía en el mismo barrio una expendeduría de tabacos, el Bar de ANDRES, éste era concuñado de Timoteo, la tienda de comestibles de BARRAQUERO, que luego pasó a ser de la señora EMILIA; había también una señora costurera de la que no me acuerdo el nombre a la que acudían gente de todas partes, tenia mucha fama como costurera y modista. También mi padre tenía aquí una tienda de comestibles, en el numero 10, regentada por un Susi. Una o dos veces al año, al irse este Susi a su pueblo más allá de Marrakech, me hacía cargo de la misma. No me gustaba porque lo encontraba muy esclavo. En los ratos libres cogía mis libros y repasaba o estudiaba. Un profesor jubilado que vivía en el mismo inmueble de Doña Ricarda, al pasar para ir al Casino siempre a la misma hora, entraba casi sin que yo me diera cuenta y me decía: te estás empapando. A veces aprovechaba para preguntarle algunas explicaciones. Debo decir que todos mis estudios los he hecho libres.

A la izquierda de esta tienda vivía la señora Juana, tenia tres hijos, el varón Prudencio y la más pequeña de las hermanas, de la cual  no me acuerdo del nombre, estudiaba e hizo Magisterio. Esta señora, en sus tiempos libres, vendía cupones de la lotería de la Cruz Roja.

Anécdota: una vez estaba con un grupo de cuatro personas, al pasar vino y nos ofreció esos cupones, nadie le hizo caso. A mí me dio un algo porque la vi como sintiéndose menospreciada al no hacerle caso nadie, la llamé, le compré los cupones, se puso contenta, me dio un beso y me dijo: te tenía que tocar por lo campechano que eres. Y, efectivamente, al día siguiente vino a buscarme para decirme: te ha tocado. Me acuerdo que, al ir a cobrar, me pagaron en calderilla envuelta en paquetitos. 

Vivían aquí otras muchas familias, compuestas todas de buena gente.

Aquí termina esta parte del Fondak y nos lleva a la carretera, que es una cuesta llamada primero calle el Craret y hoy calle Uxda,  que nos lleva al garaje de la Valenciana. Situándonos en este lugar, cuya construcción era  reciente y ambiciosa,  con dependencias administrativas en su primera planta, así como apartamentos destinados al alojamiento del personal. Ha sido construido sobre un terreno arcilloso y de poca resistencia. La construcción no era la adecuada para esta clase de terrenos y, sin saber porqué, se ha realizado en un tiempo record. Hoy está en situación de ruinas. 

Vamos a bajar esta cuesta para al final encontrar el Patio de la Cigüeña, que no tiene nada que ver con el castillo de las Cigüeñas junto a la Comandancia. Aquí había un árbol robusto en cuya copa había un nido permanente de una cigüeña que venía todos los años. El árbol no era muy alto, pero ella vivía en la más grata tranquilidad. En este patio había viviendas donde residía mucha gente, el futbolista FACUNDO se casó con una chica de este barrio cuya madre, viuda, era muy respetada. Al lado estaba el antiguo cementerio judío, casi abandonado a su suerte, Se han levantado muchas voces no solo de judíos sino de todos los cultos para que sea restaurado, sin resultado  alguno, también se ha escrito mucho sobre el mismo. Sara Fereres de Moryoussef ha escrito hace ya tiempo un artículo desgarrador sobre este cementerio. Sin embargo últimamente parece que se ha abierto un rayo de esperanza para la restauración de este lugar, ojalá se cumpla.

Más allá había un fondak que se convirtió en viviendas, teniendo a su lado un gran almacén que servía de depósito de sal. Damos media vuelta y vamos hacia atrás para encontrar las Electras Marroquíes; teniendo enfrente, y en la otra acera, una huerta y una fuente pública, chorreando agua a todas horas. Las Electras en sí eran de discreta y bonita construcción, a la cual se accedía mediante algunos escalones. Contaba con mucho terreno alrededor, parte de este era garaje y otra para la maquinaria, con motores de esa época para producir electricidad. En lo que concierne a la administración contaba con una distribución adecuada, donde ejercían los empleados y ejecutivos, de los que me acuerdo de un tal AMSELEM, otro que luego resultó ser el padre de nuestra querida ZURITA, a BLANCO, que curiosamente se llamaba y tenía el pelo completamente blanco -buena persona por cierto y buen corazón-, a la larga lo he visto en Tetuán en los primeros años de la independencia. Había un MANUEL ESCALONA hijo del barrio, LAMAS, el célebre futbolista, defensa del club de fútbol de Larache, el ordenanza SLAUI, con su uniforme y grandes zaragüelles, que era muy atento con los clientes para facilitarles información, cosa que le caía muy bien porque le gustaba  hablar muchísimo, y estaba igualmente nuestro amigo PESETILLA. Este era cobrador en la calle. Cuando cobraba el recibo de la luz, al ver que el cliente no le daba la propina, le decía en medio jaquetilla: Iwa dame una pesetilla. De aquí le vino el sobrenombre de PESETILLA. Era algo obeso, muy simpático y querido por todos.

A la izquierda de las Electras Marroquíes estaba el Bar El Estrecho, de  Mesod ESSAYAG, este era guardia urbano, le tocó un premio de la Lotería Nacional, se hizo representante exclusivo de la firma LARIOS de Málaga, especializada en vinos y licores, y se instaló en un local de la estrecha y corta calle Daisuri, cerrado durante muchísimo tiempo, que fue  Imprenta y Redacción del antiguo periódico <El Heraldo de Marruecos>. El Sr. Mesod fue el  que construyó el bar El Estrecho junto con un gran almacén, que le servía de depósito para sus mercancías. Este hombre de estatura mediana era un bonachón. No sé si era familia del otro conocido Essayag que tenía un molino y un negocio de cereales en esta misma calle.

DRISS SAHRAOUI

 

                                                                

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LAS LLAVES DEL CANCILLER, un relato del poeta larachense MUSTAFA BOUHSINA

Sigamos paseando por Larache de la mano de los relatos que los paisanos vamos reescribiendo con el recuerdo y la memoria, con las grabaciones que hicieron un día nuestras retinas y quedaron grabadas en el recuerdo. Hoy traigo al poeta Mustafa Bouhsina, de quien ya he colgado varios poemas, pero hoy os presento un pequeño texto en prosa.

Os sugiero dos cosas al enfrentaros a él: primero, que lo leáis despacio, y segundo que lo leáis por segunda vez, porque, os lo aseguro, es cuando uno se da cuenta de la candidez, la belleza y la profundidad de lo que nos está relatando Mustafa. Aunque es un relato sencillo y directo, con giros que a muchos os harán sonreír porque son expresiones y formas de hablar típicamente larachenses, sin embargo, pese a esa sencillez que menciono, hay un segundo sustrato en el que se esconde emoción, nostalgia y un bellísimo canto a la amistad y al respeto. Requiere ser leído sosegadamente, aprehendiendo cada frase, exprimiendo cada escena, y cuando se vuelve a leer, esa segunda lectura que recomiendo hacer necesariamente, entonces encuentras lo que Bouhsina te quiere contar…

Sergio Barce, septiembre 2012

Mustafa Bouhsina

 

LAS LLAVES DEL CANCILLER

de Mustafa Bouhsina

 
En un Domingo de invierno muy lluvioso salí de casa camino al Zoco Chico para tomar un vaso de té con hierba buena y azahar en el cafetín del Said el Kush, el paraguas que llevaba en mi mano me cubría mitad a… mitad del torrencial lo que me hizo llegar al cafetín empapado, al entrar después de cerrar mi paraguas y secar mi rostro con mi pañuelo oí una voz muy cálida que venía de una esquina, gritaba “sidi Mustafa”, con mis ojos medio mojados miré al lado de donde procedía la voz, con dificultad por el vapor que salía de las bocas de la mucha gente que llenaba el cafetín y el humo que salía de las pipas (Sebssi) de los fumadores del Kif, he conocido el que mi llamaba.
– Sidi Mohammed, cómo estás de salud, y perdone de no conocerte al mediato, ya sabes con este clima dentro del cafetín…
– No importa, por que si tú no llegaste a conocerme yo iba en tu busca porque eres muy valioso para mí, si eres el hijo de mi fiel amigo el difunto Talib Mohammed querido por toda mi familia por el buen corazón que tenia.
– Eso lo sé y no tengo duda en el respeto mutuo que enlazaba el difunto padre con tu familia. Pero dime, qué te hizo salir de casa en este mal tiempo que hace hoy.

Balcón Atlántico por Itziar Gorostiaga

– Lo mismo que te obligó a ti a salir en busca de un vaso de té del Zizua (cacharrito donde se prepara un vaso de té en un cafetín tradicional) del mahalem Sahid y dar un paseo por el Balcón Atlántico, porque el paisaje en tiempo de lluvia es de otro color que nos hace saber qué grande es la fuerza de la naturaleza, ¿no es cierto Mustafa?
– Sí, pero tú con tu avanzada edad debías de estar en casa con los tuyos hasta que se mejore el tiempo.
– Sí, tengo más de setenta años pero todavía me siento joven y bien reservado, ¿no es cierto mi amigo?
– Claro que sí, solamente bromeo contigo.
– Mira Mustafa, eso gracias a Dios y al movimiento continuo que ejercía cuando trabajaba como repartidor de bombonas de gas butano con la compañía del Atlas, no te recordabas.
– Eso lo que te deseo, estar siempre en forma como dicen los atletas, pero dime, sidi Mohammed, ¿no tienes nada del pasado que me puedas contar? Que ya sabes lo tanto que quiero saber sobre el pasado de mi Larache y de sus paisanos.
– Primero pide tu vaso de té al camarero porque Mahalem el Kush está esperando tu pedido y después veremos lo que tenemos que contarte esta tarde hasta la llegada del rezo de la caída del sol.
– Abdeslam, un vaso de té con azahar para mí y otro para sidi Mohammed.
– Gracias, aunque he tomado un café solo no puedo rechazar tu convite Sr. Mustafa.
– Mereces lo mejor por tu dignidad y aplicación, sidi Mohammed.
– Te voy a contar un caso curioso que me ocurrió a mí en persona.
– Pues adelante y no perdamos tiempo.
– ¿Recuerdas el almacén de tu abuelo el difunto sidi Ali Tmimi?
– Sí, lo recuerdo, que ahora es una ruina en el final de Hakbat Daliman (cuesta de Alemania).

Larache, foto de Itzi Gorostiaga

– Pues sí, cerca de ese almacén estaba una casa donde residía una familia famosa alemana; con esta familia trabajaba mi difunta hermana mayor Zohra. Un día, cuando yo tenía quince años, vino a la casa de mi hermana, yo vivía con ella en esta casa que formaba parte de la casa grande, la familia alemana, y estaba reservada para los criados de esa familia, digo vino un respetable señor comerciante español preguntando por mi hermana Zohra; al encontrarse con ella le dijo que unos amigos suyos le hablaron de la buena conducta que goza nuestra familia en el ámbito larachense y por eso he venido para pedirte que tu hermano Mohamed de trece años venga a residir con nosotros en nuestra casa que se encuentra en la Avenida Primo de Rivera con mi mujer, mi hija única de cinco años y Rahma la criada y yo. Mi hermana, antes de darle su afirmación, le dijo tengo que preguntar a sidi Ali. Tu abuelo este, al preguntarle, le dijo que ese señor no puedes encontrar como él en su dignidad -si quieres pregunta por él a sidi Alemrani que trabaja contigo en el servicio de la familia alemana y verás lo que te va a decir.
– Mi hermana le respondió: no hace falta sidi Ali, tu afirmación basta. En ese instante dio su visto bueno de que yo forme parte de esa familia española y al día siguiente empecé mi tarea con esta familia que consistía en los mandatos de fuera de casa que pedía la señora durante el día, y por la noche tornaba a mi casa. Día tras día pasaba el tiempo como un relámpago y cuando Pili cumplió la edad de ir al colegio yo la llevaba y la traía como se fuese mi hermanita. Esta familia se quebró en el camino de la vida con la muerte del padre de Pili y después por la muerte de la madre, Pili se quedó huérfana y sola en casa con Rahma y conmigo porque no tenía familiares en Larache; en ese tiempo Pili cumplió 18 años y yo 28, pero el padre de Pili le dejó bienes muy importantes porque ella era la única heredera de su padre y su madre, y la vida sigue. Yo me encargaba de todo de afuera y Rahma, que era una buena mujer que crió a Pili desde su nacimiento, se quedó con la tarea de casa. Pili dejó el estudio después de la muerte de su mamá y se quedó en casa. Mi hermana Zohra, al cumplir yo los treinta años, me buscó una chica con la que me casé, Pili conoció a un chico llamado Francisco, y yo sin saber nada de esta relación porque Pili no me dijo nada y muchas veces me enfrentaba con Francisco cuando lo encontraba bajo el balcón de Pili hasta que un día lo he dicho a Pili y ella me reveló el noviazgo con Francisco que duró dos años. Después se casaron y vivieron juntos en casa de Pili, yo ya no vivía con mi hermana porque he alquilado una casa en Alcazaba junto al mausoleo de sidi Abdel Karim cuando empecé a trabajar en la compañía del Atlas, pero al mismo tiempo seguía con mi tarea con Pili y Francisco que resultó buen chico, que encontró trabajo en la cancillería de España en Larache y de este modo seguía la vida de nuevo día tras día año tras año.

Mausleo de Abdel Karim

La pobre Pili y Francisco no tuvieron hijos y mis hijos eran para ella como sus hijos. Mi trabajo en el Atlas no cambió de nada mi tarea con Pili y su marido Francisco. Éste mi dijo un día que me respetaba mucho y me consideraba como un hermano de Pili y no como un criado en la casa y eso era cierto porque un día yo discutía con Pili sobre la compra de la casa y ella dijo a Francisco: tienes que tomar decisiones conmigo, y él le respondió yo no puedo entrar entre dos hermanos, quiero quedarme neutral, y lo terminó con una carcajada muy grande que en seguida lo compartimos con él yo y Pili. Pasó el tiempo como siempre y un día nombraron a Francisco canciller de España en Larache, ese día fue de alegría y fiesta para nosotros y don Francisco y Pili lo celebraron en casa con unos amigos. Ese día sentí que Sr. Francisco me quería y me respetaba mucho, por que yo le dije en broma: ahora llegó el momento de que tomaras represalias de mí por esos días antes de casarte con Pili cuando te echaba de la puerta de Pili, pero don Francisco, con una sonrisa abierta, lo terminó con unas lágrimas y me dijo: Moreno -porque él siempre me llamaba con ese nombre-, cómo piensas en estas cosas aunque de bromas si yo te considero como el mejor amigo que he tenido en mi vida y el hermano cariñoso de mi querida mujer, pues cállate Moreno y desfruta de la fiesta porque lo mereces. Pues así pasó nuestro tiempo con Pili y su marido.

En los tiempo de cacería íbamos de caza en un Land Rover que tenía don Francisco y yo como su chófer y en verano cada Domingo nos íbamos a la paya de Rass el Rmel para bañarnos y pescar con caña, que en esos tiempos era muy abundante la pesca no como hoy. El Sr. Francisco era un buen nadador porque nació en Bab el Bhar cerca del muelle, la verdad lo hemos pasado muy bien en general, sin contar las desgracias que van a venir después. Te he contado esta historia antes de narrarte el sujeto principal que coincide con el titulo de esta fábula que te voy a contar: “Las llaves del canciller”, por que sabía que te va a gustar.

foto de Javi Lobo

Mira Mustafa, un día Don Francisco y Dona Pili disidieron de pasar sus vacaciones de dos meses porque Francisco, desde que fue nombrado canciller, no tomó sus vacaciones reglamentarias por el trabajo tenso que tenía y ahora que le nombraron un ayudante decidió de tomar sus vacaciones porque ese año era el último antes de jubilarse y querían pasarlas en Granada, donde tenían familiares, y eso fue en el mes de Diciembre. Cuando me llamó don Francisco el día que iban de viaje, él subió a su coche, me dijo “mira Moreno, aquí tienes dos llaves uno de mi despacho y el otro de la caja fuerte de la cancillería”, pidiéndome que las ponga en el jarro de flores que está sobre la mesa del comedor, porque yo y Rahma quedamos con la responsabilidad de la casa durante su ausencia, y después de despedirnos de ellos en el puerto de Tánger, tornamos yo y Rahma en el Land Rover a Larache cuando ellos tomaron el barco para Málaga. Pasaron los dos meses, Pili y Francisco volvieron a casa en Larache. Al llegar, encontraron a Rahma en casa, pero yo estaba en Tetuán por asuntos del trabajo en Atlas por unos días, cuando volví a Larache fui a la casa de Pili para saludarla, le pregunté como han pasado las vacaciones en Granada y dónde está don Francisco, “pues en el comedor leyendo el periódico, mira Mohammed quiero decirte algo confidencial porque eres para mí como un hermano, desde que hemos llegado a Larache hace una semana Francisco no come ni habla conmigo como antes, me parece que Francisco ha dejado en Granada una amante suya; cuando le pregunto qué le pasa me responde: nada, solo el trabajo de nuevo, pero yo no estoy segura de lo que está diciendo”, cálmate Pili, yo conozco a don Francisco, no puede hacer eso y ahora mismo lo voy a ver y hablaré con él, enseguida fui al comedor, saludé a don Francisco, me senté a su lado y le he dicho francamente que no me gusta lo que está pasando en casa después de las vacaciones ni tu estado ni el de Pili, algo pasa y yo lo quiero saber ahora mismo. Me miró Francisco con un rostro lleno de tristeza, me dijo: mira Moreno, eres de la familia, por eso te voy a declarar, pues que sea lo más pronto posible, pues el tres de este mes -y estábamos en el día primero del mes- va a venir de España un inspector para inspeccionar la marcha de la cancillería para ver cuánto dinero hay en la caja fuerte, cuando llegamos de vacaciones a casa me enteré de que he dejado las llaves de mi despacho y de la caja fuerte en un lugar de Granada, el problema de mi despacho está resuelto porque el guarda tiene la copia de la llave pero el de la caja fuerte era única y desde ese tiempo estaba pensando cómo voy a abrir la caja fuerte que ya sabes que es muy grande, antigua y fuerte, porque era de los tiempos de los falanges. Cuando llega el inspector, él que no va a creer en mi argumento de que he perdido las llaves de la caja fuerte, y desde ese día no he dormido ni he comido bien y no quería decírselo a Pili para no molestarla conmigo, yo al oír este argumento del canciller sin controlarme empecé a reírme y el pobre Francisco se enfadó conmigo diciéndome te estoy contando mi amargura y tú estás riendo de mí, qué amargura ni ocho cuarto, la solución de tu problema la tengo yo, y bromeando con él le he dicho: tengo un amigo militar que tiene un tanque, le voy a pedir que mi haga un favor, con su tanque de noche vendrá a tu despacho, con su tanque de un cañonazo y como diana la caja fuerte que se abrirá al instante, mi miró como siempre y me dijo levántate de mi lado porque siempre estás bromeando, le calmé y le he dicho la solución la tengo, de verdad, pero con una condición, me dijo cuál, pues la de que tomes dos platos seguidos de la paella que está preparando Pili, me dijo basta ya de bromas, que no es su lugar, no estoy bromeando hablo en serio, si es en serio como hasta tres platos no solo dos, pues trato hecho. Llamamos a la pobre Pili, y le narramos todo lo que sucedió entre nosotros dos, después he dicho a Pili dónde está el jarro de flores que estaba sobre la mesa del comedor, Pili me dijo lo ha llevado Rahma a la cocina, pues por favor di a Rahma que lo traiga,  cuando lo trajo Rahma metí mi mano dentro del jarro delante de Francisco y saqué las llaves que buscaba el canciller; si pusieron los dos muy alegres y nos abrazábamos los tres entre nosotros porque el problema que tenía el canciller ya está resuelto. ¿Has visto como vivíamos nosotros los larachenses marroquíes y españoles sidi Mustafa?
– Pues muy bien lo que he oído de ti esta tarde sidi Mohammed, quiero al final preguntarte dónde está ahora esa familia tan amable.
– Pues cuando el canciller se jubiló quedaron un cierto tiempo en Larache, después se trasladaron obligados para siempre a Granada porque ahí tenían sus bienes; dejaron su Larache con lágrimas que llenaban sus ojos porque los dos han nacido y se criaron en Larache. Vivieron una época muy corta en Granada, mi hermana Pili con lágrimas en sus ojos murió la primera por pena de dejar su ciudad natal Larache, y después por corto tiempo la alcanzó Francisco, su marido, que Dios lo tenga en su gloria con todos los de mi Larache.
– Pues muchísimas gracia sidi Mohammed por contarme esa historia tan bonita de una familia Larachense muy cariñosa.
– Pues nos vamos a la Mezquita de las Luces “Jamah Al Anwar” para el rezo de la caída del sol (Almaghreb) sidi Mustafa.

Mezquita Al Amwar

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FELIZ ROSH HASHANAH

A TODOS MIS AMIGOS Y PAISANOS

HEBREOS,  OS DESEO UN

FELIZ ROSH HASHANAH

¡FELIZ AÑO 

5773

y  UEN MAZZAL!

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