Viene bien recordar, de tarde en tarde, la labor de los artistas de Larache, ya sean escritores, pintores, escultores o cineastas… Sirva hoy esta primera relación de algunas de nuestras portadas de nuestros libros, algunas de nuestras esculturas, algunas de nuestras pinturas o los carteles de nuestras películas. Sin duda, hay mucho que mostrar…
Merecidamente, se está celebrando en el Colegio Luis Vives de Larache, un Congreso en honor a Mohamed Sibari. Se ha programado en dos jornadas, que hoy concluyen, y seguramente será otro éxito que impulsan dos de las asociaciones culturales más vivas y activas: LARACHE EN EL MUNDO y XENIA.
Desde aquí mi apoyo, mi aliento y mi afecto y cariño a Mohamed Sibari, y a todos los que han hecho posible este congreso. Sólo espero que Ange, como presidenta de Xenia, o que Mounir, en nombre de Larache en el Mundo, nos envíen una crónica detallada de las jornadas para, aunque desde lejos, podamos compartirlas.
León Cohen me remite un pequeño relato escrito en 1997, y una fotografía suya, estrechamente relacionada con lo que cuenta, en la que aparece junto a su padre y a su hermano en la Hípica de Larache, en el año 1952. Es un texto breve, que describe sólo un pequeño instante, una sensación, un sentimiento, y lo hace tan precisa y elegantemente que se transforma en un cuento breve delicioso. Creo que incluso los escritos en los que reflejamos nuestras vivencias personales e íntimas tienen cabida aquí, especialmente cuando provienen de algo vivido en esa hermosa tierra que es Larache. Así que espero que también disfrutéis de lo que sentía aquel niño mientras caminaba por la calle de la Duquesa de Guisa…
Sergio Barce,
Noviembre de 2012
Recuerdo
de León Cohen
Es verano. Son cerca de las cinco de la tarde, la hora de Lorca. El sol lo inunda todo. Yo camino por la calle de la duquesa de Guisa. Es Larache y no tengo más de siete años. Estamos a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado. Voy muy arreglado. Mi madre me ha hecho un conjunto veraniego de color blanco, compuesto de una blusa y un pantalón corto, en el que destacan dos raquetas de tenis bordadas con hilos de colores sobre el bolsillo izquierdo de la blusa. Yo las miro de reojo mientras camino y las acaricio suavemente. Estoy contento. Voy de estreno, huelo a colonia y me dirijo a casa de mi amigo Carlitos, hijo de un policía armada que vive junto a la tienda de ultramarinos La Colonial. Vengo de la Calle Barcelona, que es donde vivo y que está bastante lejos de donde me encuentro. Me miro caminar. Me observo. Siento que estoy vivo y que voy vestido de señorito. El sol cae con toda su luz sobre el asfalto. Decir Larache y Julio, es como invitar al diablo. Es como decir infierno. Por vez primera, miro mi sombra desplazarse y tomo conciencia del instante, lo retrato y lo fijo para siempre en mi memoria. Hoy transcurridos casi cincuenta años, reconstruyo el momento. Recuerdo sobre todo la impunidad del sol y mi coquetería plasmada en las dos raquetas de mi blusa.