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BIOGRAFÍA DE «JAN MORRIS», POR ALBERTO OLMOS

La editorial Zut viene publicando una colección llamada Vidas térmicas, biografías concentradas en apenas 100 páginas sobre personajes realmente interesantes. Ya escribí de la magnífica biografía escrita por Rocío Rojas-Marcos acerca del gran Mohamed Chukri, con el añadido de haber tenido la suerte de acompañarla en su presentación en Málaga.

Ahora, acabo de leer otro de los títulos de estas Vidas térmicas, el dedicado a la vida de Jan Morris, que rubrica el escritor y periodista Alberto Olmos. De nuevo me encuentro con un texto interesantísimo y bien armado, que hace de la lectura un pequeño placer. El personaje elegido, además, es singular: James Morris es Jan Morris. James fue el único periodista que acompañó a la primera expedición que coronó el Everest en 1953 y, junto a este acontecimiento, cubrió otros eventos históricos que lo convirtieron en un afamado reportero freelance. Pero en 1972, viaja a Casablanca y, clandestinamente, jugándose la vida, cambia de sexo. A partir de ahí, su vida es otra.

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“…Jan Morris tiene a su vez mucho que decir sobre las diferencias entre ser hombre y ser mujer, pero casi ninguna de sus aportaciones guarda relación con la sexualidad. Ya vimos que Morris no era una persona esclavizada por la pasión erótica, ni siquiera se le nota en ningún momento muy concernido por ella. Siendo hombre o siendo mujer, ni los hombres ni las mujeres le vuelven loco.

Su inmersión completa en la feminidad empezó en aquella clínica de Casablanca. Morris considera que pasó 35 años como hombre, diez a media distancia entre ambos sexos y el resto de su vida (que serían 49 años) <como yo misma>. En ningún momento Jan Morris se siente parte de un grupo o colectivo, sean <los transexuales> o <las mujeres>. Desde luego nunca se sintió parte de <los hombres>. Durante toda su vida gozó, gracias a su singular hiperestesia, de una visión de sí misma cercana a cierta soberanía identitaria, un yo mítico y determinante que, desde una genuina vanidad, se consideraba distinto a cualquier otro sobre la faz de la Tierra…”

No hay morbo alguno en esta biografía, trazada con gran concisión y en la que es evidente que Alberto Olmos, atrapado por este sorprendente personaje, nos contagia su curiosidad por desentrañar quién se escondía tras James Morris y quién tras Jan Morris. Con su narrativa, nos conduce por una vida de 94 años en las que la misma persona fue marido, padre de cinco hijos, soldado y reportero, pero también mujer, compañera de la que antes fuera su esposa, historiadora y novelista. No se puede tener una existencia más fascinante y diferente.

“…Morris consideraba que el género orientaba de alguna manera al otro género, el literario, de modo que como hombre lo natural, según su concepción, era escribir reportajes y, como mujer, novelas. En realidad, Morris solo escribió dos novelas, a partir de los años ochenta, pero el cambio de sexo le parecía determinante hasta para la elección de expresión literaria; le parecía determinante para todo…”

Interesante seguir sus huellas y su concepción de la vida y de la literatura a través de los ojos de Alberto Olmos.

Jan Morris ha sido publicada por Zut Ediciones, en octubre de 2021.

Sergio Barce, diciembre 2021

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MOHAMED EL MORABET, GANADOR DEL PREMIO MÁLAGA DE NOVELA

Mi querido amigo el escritor Mohamed El Morabet ha sido galardonado con el Premio Málaga de Novela con la obra Desierto mar, que será publicada por Galaxia Gutenberg. Feliz porque haya recaído en alguien que aprecio tanto.

Mas información en el siguiente enlace:

https://www.diariosur.es/culturas/libros/mohamed-morabet-premio-malaga-novela-20211213134914-nt.html

Con Mohamed el Morabet en la pasada Feria del Libro de Madrid, en septiembre, cuando intentábamos buscar un sitio donde tomar la última copa

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REVISTA «AL-MOTAMID» (VERSO Y PROSA) Nº 11

De entre los documentos antiguos que colecciono de Marruecos, y de Larache en particular, aquí os escaneo el número 11 completo de la revista Al-Motamid (Verso y prosa), editada en Larache, en enero de 1948, cuando la directora era la poeta Trina Mercader, y donde aparece una pequeña dedicatoria suya, muy irónica, de puño y letra. Creo que hará las delicias de poetas y escritores, y de más de un estudioso de la literatura de la época. 

Sergio Barce, diciembre 2021

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«HORAS MUERTAS», UNA NOVELA DE JOSÉ A. GARRIGA VELA

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Galaxia Gutenberg ha publicado Horas muertas, la última novela de José Antonio Garriga Vela, uno de los autores que siempre menciono cuando me preguntan por alguna referencia de narrativa española actual. Fascinado siempre con sus historias y artículos, especialmente con Pacífico, que siempre recomiendo como novela modelo y de historia casi perfecta, me he sumergido ahora en esta nueva obra que, particularmente, me ha parecido una rara avis en su producción narrativa. Con evidentes puntos de conexión con otras de sus novelas, en especial con Muntaner, 38, a la que nos traslada cada vez que aparece el padre del narrador, también hay un salto al vacío y un arriesgadísimo ejercicio de estilo. La narrativa de Garriga Vela se reconoce desde los primeros párrafos (un arranque de novela fascinante y ejemplar), pero ha optado por un juego de espejos casi surrealistas a veces y eso requiere de una lectura atenta y concentrada, una complicidad con el lector que debe dejarse arrastrar por sus cambios temporales y espaciales.

Como decía, su primera página ya es un alarde de escritura cuidada y pulida:

«Me cruzo con Krauel por una  calle de Dublín siete años después de su muerte. Lleva una gabardina con el cuello levantado y anda cabizbajo sin fijarse en nada. Al oír su nombre levanta la mirada sin reconocerme, como si los fantasmas no tuviéramos memoria. Lo observo caminar despacio calle arriba con el cansancio del bañista que alcanza la orilla tras vencer la resaca y el vago deseo de dejarse arrastrar por la corriente. Quizá la pesada carga del olvido lo haya convertido en un hombre solitario que se obstina en buscar algo que hace tiempo perdió para siempre. El primer impulso es seguir sus pasos, pero me contengo. No quiero resucitar al amigo que desea permanecer muerto. Al afirmar que no me reconoce lo digo con la ingenua intención de justificar su conducta. No me siento ofendido por el hecho de que pase de largo, cuando existe complicidad entre dos personas no es necesario dar explicaciones ni siquiera en los momentos más delicados. Hay quien resuelve los problemas durmiendo, se acuesta y al día siguiente lo contempla todo de manera distinta. Krauel lleva más de siete años dormido y no está dispuesto a permitir que nadie le obligue a despertar de repente. La mañana que Sofía llamó por teléfono para comunicarme la noticia de su muerte intuí que el suicidio era un señuelo que él mismo había tramado para que lo dejáramos tranquilo…»  

La historia de unos guionistas de series televisivas que, en su día a día, mezclan sus historias inventadas con las de sus propias vidas y con las vidas de quienes han transitado en sus pasados. Y escribe:

«Me atrevería a decir que casi todo el mundo lleva una doble vida para no morir del todo»

Esta escueta frase en la página 71 es todo un resumen de esta novela a contracorriente, compleja sin duda, armada con varias <matrioskas> conectadas como vasos comunicantes y que se van abriendo una a una en cada uno de los pubs irlandeses en los que ubica cada uno de los capítulos, un acierto en su red de mentiras y verdades. Porque en eso consiste esta novela, en mezclar verdades y mentiras, personajes reales y ficticios, en historias que ocurrieron en el pasado y que se desarrollan en el presente junto a otras que solo existen en la imaginación de los protagonistas mientras afrontan sus vidas y las de sus creaciones televisivas. Guiños constantes al cine clásico y a James Joyce y a su Ulises y a Dublín. Hay mucha cerveza en sus páginas, y mucha literatura. Narrada al son de una música que bien pudiera haber compuesto Tom Waits, parece escrita en la barra del The Brazen Head con una pinta delante que nunca se acabara. Garriga Vela construye un mundo único, irreal, caótico a veces, hipnótico siempre. Ya sabemos que usa un viejo metrónomo para encadenar sus palabras, para atarnos a sus frases amansadas y pensadas al milímetro. Pero en esta ocasión, además, jugándosela contra todo pronóstico, aunque con un as guardado en la manga.

Sergio Barce, diciembre 2021

  

JOSE ANTONIO GARRIGA VELA & SERGIO BARCE
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