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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 10

En el primer capítulo de mi novela EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES (Aljaima – Málaga, 2000) escribí lo siguiente:

(…) …Y, sin embargo, furtiva pero impetuosamente, de golpe, esos añejos recuerdos cruzaron ante mis ojos en un torbellino de imágenes lanzadas a fuego cruzado cuando entreví, allá a lo lejos, desde la suave curva que el vehículo tomaba, a mi pueblo.

Larache, a lo lejos

Descubrí sus casas blancas salpicadas de pinceladas azules apiñándose sobre la mansa ladera que se yergue tibia sobre el Lukus, como una inmensa bandera ondeando frente al océano. El atardecer las teñía con esa coloración dorada que volví a ver en Tánger, pero que allí, en Larache, parece más áurea, más intensa, es como si el sol se mostrase aquí más indulgente que en el resto de Marruecos. Me retumbaba el corazón a cien por hora y hasta mis manos temblaban, qué confuso todo, el ayer con el presente y lo rememorado con lo olvidado, lo que se deseó y cuanto detestamos, pero emergiendo entre esa maraña se abre paso la emoción pura y simple que destila y depura y solo saca a flote lo que en algún momento nos tocó el corazón.

Nayib, el taxista que nos llevó del puerto de Tánger hasta Larache, detuvo su reluciente Mercedes de segunda mano importado de Alemania justo al centro del puente que cruza el río, pasadas las ruinas romanas de Lixus, y posó una de sus enormes manos en mi hombro.

-No iora, jáy. Demasiado tiempo sin volver…

¿Quién no ha vivido una experiencia parecida al regresar después de los años? Este album de fotografías es como un viaje de regreso, de la mano de las imágenes que cada uno de nosotros ha ido guardando. También de las que ahora hacemos cuando volvemos, o de las que hacen los que viven actualmente en Larache. Todo forma parte de la misma memoria, la que atesora el pasado y la que cultiva el futuro, es decir, el germen de la  memoria que será.

Y luego entras en Larache, y llegas a la Avenida Mohamed V…

La avenida Mohamed V estaba flanqueada no sólo por los hermosos edificios de una y dos plantas, la mayoría de ellos aún se conservan, por suerte, pintados de blanco y azul, sino por unos preciosos arriates llenos de plantas y palmeras… En esta imagen, estamos mi madre Maru Gallardo y yo, Sergio Barce, precisamente en la avenida, sería el año 1968 más o menos, y en el cochecito mi hermana Marisol.

Dirección a la Plaza de España, hoy de la Liberación, dejas a la derecha el santuario de Lalla Mennana y el Jardín de las Hespérides, y en otra época a la izquierda, tras pasar la iglesia, estaba la tienda donde trabajaba mi abuelo paterno, Manuel Barce: La Bandera Española, hoy Bazar Yebari.

Estos viejos carteles anunciando los negocios que estaban funcionando en el pueblo, me los envía Paco Selva. Y seguramente traerá recuerdos a muchos de los que los conocieron. Pero si seguimos el camino emprendido, aterrizamos finalmente en el regazo de la Plaza de España, que es a donde siempre terminamos todos al volver. Un lugar que fue espectacular:

La Plaza, la fuente, las palmeras, la arquería y los edificios del Hotel España. Café Central, Café Lixus y Hotel Cervantes, también el Casino cuando estaba en pie… Un conjunto arquitectónico único en todo Marruecos. Aquí está León Cohen con su tía Mery…

León Cohen Mesonero con su tía Mery en la Plaza de España

Yo, de pequeño, también solía ir a la Plaza a jugar, a ver los peces de colores, a correr o a montar en bicicleta. Sergio Barce en la Plaza…

Y del pasado, Paco Selva me ha hecho llegar varias fotografías, hoy cuelgo las de diferentes equipos de fútbol, la mayoría de los jugadores son difíciles de identificar, pero en la próxima entrega de fotos incluiré las que contienen a futbolistas que sí hemos conseguido reconocer, bueno, los que Paco ha identificado. Hay que recordar que su padre fue presidente del CF Las Navas y del CF Larache, y por esta razón guarda infinidad de fotos de partidos de fútbol disputados en Santa Bárbara. Estos cuatro equipos deben ser de los años 20 y 30, supongo.

Al igual que estos dos:

En las siguientes fotos que Paco me ha pasado, sí se reconocen, en la superior, a Lama, y, en la inferior, a Emilio y Facundo. Estos datos, por supuesto, son de Paco Selva, por edad él sí puede hacerlo, yo por entonces ni siquiera había nacido.

Estas otras ofrecen una curiosidad en la segunda de ellas: la visita del Valencia CF a Larache… Los grandes equipos de la liga española, jugaban en Santa Bárbara, desde el Atlético Aviación al Athletic de Bilbao…

Esta imagen me la enviaron hace mucho, y no recuerdo quién (espero que me refresquen la memoria). Los espectadores acuden en 1953 a ver un partido del Chabab (así es como me llegó la información junto a esta foto, pero, como bien dice León Cohen, debió de ser el Larache CF, ya que el Chabab apareció más tarde).

Ya que estamos en esos años pasados, que aunque no viví sí conozco por tantos relatos de mi familia y amigos, recupero esta fotografía del Taller de Agustín Barrajón, que nombro en algún relato.

Si se me permite otro paréntesis familiar, aquí están mi madre, Maru Gallardo, con mis abuelos, Manolo Gallardo, que fue policía de tráfico en Larache, y mi abuela Eduarda Martínez. Tras la independencia de Marruecos, mis abuelos se marcharon a Málaga, desde donde siempre recordaban los buenos años vividos en el barrio de la Bilbaína, y los años de Alcazarquivir, los de Villa Sanjurjo o los de Ghemis Sahel, porque vivieron en todos esos lugares… Mis padres continuaron en Larache, para mi suerte.

E inevitablemente, imágenes de los colegios, donde se reconocen la mayoría de los amigos. Esta primera es de los HH Maristas, en el curso que compartieron, de arriba abajo y de izquierda a derecha: Galice, Manolo Hernández, Abdelmeji ben Abdelkrim, Vicente Pro, Antonio Ubeda ,Joaquín  Garcia, Pepe Alberca, Pepe García Gálvez, Paco Osuna, Cristóbal Ortiz, Claudio Columé, Ramón Sánchez, Ricardo Toledo, Daniel Calbo, Jose Ponce, Julián Aixelá y Pepe Edery.

Años después, del mismo centro, otros compañeros, de mi curso, aunque yo no aparezco, como casi nunca cuando hacían estas fotos de grupo, no sé si me ponía enfermo por esas fechas o simplemente es que rehuía posar… El hecho es que nunca estoy junto a mis compañeros de los Maristas, lo que lamento. De aquí sólo logro recordar a Juan Carlos Palarea, Francisco Javier Palarea, Miguel Angel Aguilar, Pablo Serrano Morón, Lotfi Barrada, José María López Garry, Luis Velasco, Guerrero… Se agradecería ayuda para completar la foto. El primero en hacerlo ha sido Vicente Palomares para indicar que él es el que aparece en la quinta fila a la izquierda y su hermano Antonio Palomares en la cuarta, ambos con vestimenta de rayas; y en la fila quinta a la derecha, junto al macetero, Pablo Aledo. Y Juan Carlos Palarea me aclara algunos otros: Pepe Cáceres, José Gabriel Matínez y Luis Simón. Joaquín Mauriño añade que, en la primera fila a la derecha, sentado y con una mano sobre el hombro está Diego Mauriño Medero; y justo más a la derecha, un escalón más arriba (al lado del niño que está de pie) está Victoriano Mauriño Medero. La foto debe ser sobre el año 71.

En esta otra, del Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles, reconozco a las que luego serían compañeras mías de clase: Conchi Lama, Gabriela Grech, PeponaTambién Juan Carlos Palarea me indica que están su hermana Viki Palarea y Cristina Navarro. Y como bien indica Mati, la segunda de pie, de izquierda a derecha, es ella, Mati López Quesada, y  la siguiente Marina López Matres.

Hay tiendas y negocios unidos al apellido de su dueño, que son imborrables de nuestra memoria… Es el caso de Rosendo:

Como también son imborrables los amigos de la infancia, a los que hemos visto en alguna ocasión pero que siguen ahí como parte de nosotros. Eso me ocurre con Aguilar, que vivía a mitad de la calle Chinguiti, donde además su madre tenía una peluquería. Recuerdo los días en su casa haciendo espiritismo, o lo que creíamos que era espiritismo y que sólo nos hacía temblar de miedo y partirnos de risa…

Una fotografía de unos amigos: Manuel Fernández Padilla, Pablo Serrano, Juan Cuevas y Juan José Brito.

Quizá sea Miguel Alvarez una de las personas que más relaciono con mi familia y con mi niñez. Era mayor que yo, pero pasé muchos momentos a su lado, y es como de mi familia.

En esta imagen Miguel Alvarez y yo estamos con nuestras madres, en la Gaba.

La familia Alvarez vivía al lado nuestra en la última planta del edificio de Uniban. Manolo Alvarez era compañero de trabajo de mi padre. En los otros pisos de esa planta vivían Torres y Matamala. Pero antes de irnos a la avenida Mohamed V para residir en el inmueble de Uniban, mi niñez estuvo en el Balcón del Atlántico, en concreto vivíamos en este edificio que aún continúa en pie, y nuestras ventanas son las que están justamente sobre el cartel de la teleboutique:

Más anuncios del pasado, y más apellidos: Coloma, Alarcón, Revilla

Me gusta construir este album con los recuerdos pero también con el presente de la ciudad. Mis amigos de ahora son también fundamentales. Esta mañana me ha llamado Abderrahman Lanjeri para contarme que Luis Cazorla estaba por la Medina explicando a un grupo de personas dónde se desarrolla la historia que narra en su novela «La ciudad del Lucus»… Abderrahman es un luchador por conservar a Larache en pie, por defender su patrimonio. En esta imagen, lo vemos organizando al grupo que, hace unos años, hicimos una batida por la playa peligrosa para concienciar a la gente de que hay que mantenerla limpia. Fue muy divertido. Llevábamos unas camisetas azules que rezaban: TODOS SOMOS LARACHE, y en caracteres más pequeños todos los apellidos larachenses que recordábamos…

No puedo dejar de mencionar a la madre de Abderrahman, que hace un cuscús alucinante. Aquí está junto a la princesa larachense Angeles Ramírez.

Uno de los poetas de nuestra ciudad, el elegante Mustapha Bouhsina, que de tarde en tarde nos regala algún poema sobre Larache. Si alguien es sentimental, sus poesías le llegarán. Un escritor infatigable.

Y otra persona que merece la pena conocer de entre nuestros paisanos es Said Hauat, siempre disponible para cuanto hemos necesitado al realizar alguna actividad en Larache.

De Abdelmawla Ziati, autor teatral larachense, he hablado en este blog, por su inagotable esfuerzo por levantar el teatro en la ciudad, y por sus obras. En esta fotografía aparece junto a otros dos autores larachenses, a quienes tengo un gran respeto y afecto: Ahmed Demnati y Mohamed Benaboud.

De Demnati quiero colgar alguna poesía en este blog, y aunque me ha enviado poemas sueltos, aún no he conseguido ninguna traducción al castellano, pero ya llegará, y podré ponerlas en los dos idiomas.

En esta otra fotografía aparecemos varios larachenses, en una reunión informal que hicimos en Málaga, en El Pimpi. Estamos, y José Miguel Palarea me ha ayudado a completar todos los nombres: delante, Miguel Montecatine, detrás, Mercedes e Isabelita Matamala; siguen Isabel Barrales, Charo Matamala, Sole, Alfonso Ariza, Augusto Sarmiento, Sergio Barce, Juan Carlos Palarea, Jose Miguel Palarea, Juan A. Hidalgo y Pepito.

En esta otra imagen, que me ha pasado Karim, hay otro montón de paisanos y amigos y conocidos, que son fantásticos: Karim Ouhrich, Zineb Naoual, Sarita NL, Mounir Kasmi, con el que he compartido ya un montón de mesas redondas y buenos momentos, Mariam Benani, Said Allam, Isadac Fatima Zohra, Touriya Alem, Rajaa Zaidi, Igor Quezada, Abdo Didane, Khalid Didane y Morad Jah.

Joaquín García Camúñez me ha enviado esta composición fotográfica que él mismo ha hecho. Tres amigos que se reencontraron 55 años después, muchos años sin olvidarse unos de otros, que se retrataron juntos; debajo, ellos cuando eran chavales: Joaquín, Claudio Columé y Manolo Hernández Saris; y abajo cuando estudiaban juntos, y como él dice, al volver a verse decidieron ser niños de nuevo, en Larache…

Ya casi al final de mi novela «Sombras en sepia» (Pre-Textos – Valencia, 2006), el protagonista, Abel Egea, se despide de Samir cuando está a punto de marcharse de Larache.  Y dice así:

(…) Como le había prometido, Samir vino a despedirse de él. Se lo encontró a la puerta del Hotel Salam, departiendo con Abdeslam. Abel se había traído el Orion hasta la misma entrada del establecimiento y los dos le ayudaron a meter la maleta, el bolso de mano y unas bolsas con algunas compras: naranjas e higos secos, chuparquía, hierbabuena, dátiles, especias y ejemplares de «La Mañana» que le facilitó Rachid, el dueño de la Librería Al Ahram.

Abel le deslizó unos dirhams a Abdeslam, que se lo agradeció varias veces, efusivamente. Por su parte, Samir le dio un largo y sincero abrazo, besándole en las mejillas.

-¿Volverás? -le preguntó cuando se soltaban.

-Por supuesto.

No era una contestación con la que pretendiese cubrir el expediente, sino que había decidido hacerlo de nuevo. Tenía muy claro que ya no existen distancias, que, en menos de cinco o seis horas, se plantaba en Larache. Y no quería desaprovechar ese lujo.

-Me alegra oírlo. Ya sabes dónde tienes tu casa.

-Shukram, jai -respondió Abel.

-Lamento que no la encontrásemos -Samir apretó los labios, notando que algo se les evaporaba de las manos, una sensación de desencanto-. Te lo digo de verdad.

Sin decir nada, Abel se metió en el coche. Miró al frente; en nada le afectaban las palabras de Samir. Sabía, perfectamente, dónde estaba, lo que anhelaba, qué era lo que le esperaba en los próximos años. Y se sintió bien consigo mismo. Con una flema digna de un amanuense, Abel se había sacado el saquito con el tabaco y se sirvió una buena rayita de rapé. Luego, sonrió, lacónico.

-¿Sabes qué es lo que yo más lamento?

Samir negó con la cabeza. Pero al fondo de los ojos glaucos de Abel, vislumbró un lejano estremecimiento. Abel giró la llave y el motor bramó por el tubo de escape. Volvió a fijarse en el final de la Avenida Hassan II, en el perfil gigantesco de La Tulipe. El desconcertado Samir apoyó las manos en el borde de la ventanilla del coche, como si temiera que Abel acelerase y lo dejara allí.

-Dímelo -suplicó.

No le habría perdonado que se  hubiese llevado consigo la respuesta. Pero Abel le miró, con una expresión suave y relajada, que utilizó también en sus palabras, cargadas de sinceridad.

-No haber regresado antes…

Sergio Barce

LARACHE – foto de Itziar Gorostiaga

OS AGRADECERÍA A TODOS ME ENVIÁSEIS FOTOGRAFÍAS VUESTRAS PARA IR AÑADIENDO AL BLOG. PODÉIS HACERLO A MI CORREO: barceabogado@gmail.com


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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 8

El álbum crece, y crece increíblemente. Página octava, y seguimos paseando por las calles que fueron y por las que son, por el pasado y por el presente de Larache… Estamos en la Plaza de España, hoy Plaza de la Liberación, y la vemos a través de la cámara de RicardoBarceló:

Los largos paseos por la calle Chinguiti, por la plaza de España, por el Balcón… Los fines de semana siguen siendo iguales en Larache: llega el viernes y al atardecer comienza a salir la gente y las calles se abarrotan de paseantes, ahora por la avenida Hassan II, por la plaza de la Liberación, por el Balcón… Los mismos lugares, casi los mismos nombres. Una tradición que llena de voces y de vida a la ciudad. Aquí pasean Pepe Edery, Fernando Galeote y Joaquín García Camúñez por la Plaza de España.

En las siguientes fotografías se reconocen a: En la primera a Marisa Alguacil, que cuando venía a mi casa yo me quedaba prendado de sus ojos, con sus padres Luisa y Antonio y sus hermanos. En la segunta estampa: mi padre Antonio Barce con Mauricio Matamala, mi madre Maru Gallardo y Chirri. Y en la última: Nini, Emilio Morales, María y mis padres.

León Cohen me está enviando algunas fotografías increíblemente bellas, como ésta, en la que vemos a su padre Jacob Cohen en Aisa, es una imagen de un blanco y negro espectacular, casi un fotograma de cine.

Y hay montones de fotografías de amigos en fiestas, en comidas, en celebraciones. Esta no sé exactamente dónde estaría tomada, pero en ella aparecen:  Carrasco, L.Torres, Luis Vázquez, J.Torres, Paquito Osuna, Luisón y Julio Osuna.

Y en uno de los bares de Larache, compartiendo unas copas: Pepe Jurado, Pepe Rubio y Joaquin Marina. Señala Pepe Jurado que la imagen se tomó en el bar de la Unión Española <Pepe Rubio vive en Córdoba, Joaquin Marina en Pibrac (Francia) y él en Málaga>.

Mientras que en las tres siguientes fotografía vemos una comilona de trabajo en la primera, a la que asistían, entre otros: Macías, Antonio Barce, Simón, Juan Vargas, Luis González… En la segunda: Carlos Navas, Galeote, Guardia y Fuentes. Y en la tercera: Carmela Barce, Expectativo, Juan Manuel y Conchita.

Esta es una fotografía que hice con mucho cariño porque en ella retraté a tres personas que quiero mucho, tres larachenses muy especiales: Angeles Ramírez, Fatima el Bouthoury y Mohamed Sibari. Fue en el balcón de la casa de Sibari, frente al mar, junto al Mercado.

En las siguientes, otros larachenses que me parecen excepcionales: Larbi Setti, siempre peleando con su asociación tratando de hacer un buen trabajo en la ciudad.

Y Mohamed Khamouch (abajo), una persona divertidísima, fascinante, que hace proyectos alucinantes con edificios para mezquitas o que escribe sobre artes marciales o te habla de la antigua China… Un paisano al que merece la pena conocer.

Lo mismo hay que decir de Abdelkader Sbiti, comprometido con el medio ambiente, actuando siempre que hace falta por el bien y la preservación del patrimonio de Larache.

Abdelkader Sbiti

Y la suerte que tengo de conocerlos a todos. Es que hay una gente tan fabulosa en Larache…

Larache

En 1981, un paisano, Antonio Rebollo Bessieres, publica en Larache, a través de la Editorial Cremades, «Nocturno para un amanecer«, y en él hay un emocionante poema que dice así:

Larache no es mi ciudad
es un trozo de mi alma
que camina junto al mar.
Mi cantar no es un cantar
cuando le canto a Larache
porque se rompe mi voz
ante esta belleza tan grande.
Tengo celos del río Lukus
porque te abraza incesante,
y del sol, porque te mira
cuando se muere la tarde.
Y yo
¿Por qué me siento Larache ?

Mi corazón se ha perdido
y lo busco entre las calles
entre tu gente, que adoro,
y hasta en tu brisa suave.
Y yo
¿Por qué me siento Larache ?

El mar que besa tu playa
tiene miedo de rozarte
y por eso te acaricia
como si fuese tu amante.
Y yo
¿Por qué me siento Larache ?

Siempre estarás en mi mente
aunque no pueda mirarte,
yo estaré siempre contigo
porque yo
yo soy Larache.

Larache no es mi ciudad
es un trozo de mi alma
que camina junto al mar.

Es un poema sencillo, pero emocionante. Supongo que sólo los que son de aquí pueden sentir su fuerza, su magnetismo interior, porque se es de donde se es, y ser de Larache te hace vibrar con la idea de que yo, yo soy Larache, de que es un trozo de tu propio alma.

En la foto anterior,otro de los lugares imborrables de Larache: los Viveros. Y en ella se ve a tres amigos cruzarlo: Lele, Carlos y Chami.

Pero es cruzar el río Lukus lo que nos hace rememorar tantos recuerdos… Ya hay en el álbum algunas fotografías del rito de pasar a la otra banda, hoy traigo dos más. Esta primera retrata a la familia Cohen cruzando el río…

Y en esta otra es un grupo de amigos el que realiza la pequeña pero preciosa travesía de las escalinatas a la otra banda, notando la brisa, oliendo el salitre, dejándose mecer por el leve oleaje, sin perder de vista al barquero que rema con los pies desnudos, hundiendo los remos y bogando… En la barca vemos a Joaquín García Camúñez, Columé, Vicente Pro, Daniel Calbo, Joaquin de la Vega

Incluso la Feria en Larache era otro acontecimiento festivo de gran raigambre. En esta foto, vemos a las hermanas Coloma Parodi precisamente disfrutando de la Feria de Larache…

Carlos Galea también me envió hace un tiempo algunas fotografías muy interesantes. En el siguiente grupo de imágenes posan, en la primera: África y Carlos Galea en el Baile de la Unión. En la segunda, el reemplazo de los años 56 y 57 con Carlos Galea, Jurado, mi padre (Antonio Barce), Manolo Moya, Rojas, Diego y Pepe Alberca. Y en la tercera imagen, el equipo de fútbol de Banca. Esperanza Manso Osuna me señala que la chica que se encuentra en medio del equipo es Lolita Mula, que se casó con su tío Julio Osuna.

Pasan los años, y creo que en el patio del Colegio de los Maristas, asistimos a alguna representación de los alumnos, quizá alguna obra de teatro o a  la entrega de algún premio… Y ahí estamos: Sergio Barce, César, Antonio Velasco, Alfonso Santamría, Gil Benedito, señorita Tere, Caravaca… Si alguien reconoce a alguien más… Pues sí, Javi Lobo me recuerda que a la derecha de Caravaca está Manolo Escalona, cierto, y añade que cree que está él mismo, la pregunta es: ¿dónde está Javi? Y Luis Peral cree que la chica con gafas y con el abrigo claro es Angelina Luna.

Y pasamos página, hasta que llegue la siguiente, con Larache siempre de fondo…


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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 6

Uno de los lugares emblemáticos de Larache ha sido El Jardín de las Hepérides, junto al Castillo de las Cigüeñas. Hubo un tiempo en que era un espacio encantador, con Chita en una jaula y pájaros en otra, con un bar amable donde pasar buenos ratos y también con sombras en la noche, entre sus palmeras y jardines, para permitir a las parejas tener un algo de intimidad en sus paseos.

Cafetería del Jardín de las Hespérides

Hoy no es ni sombra de lo que fue. Una pésima política municipal ha ido degradando durante años este espacio público hasta convertirlo en un lugar semi abandonado, en el que los famosos leones de sus entradas se encuentran encorsetados entre tapias y rejas oxidadas, en el que los viejos cañones que defendieran el castillo andan por los suelos como chatarra, en el que el viejo árbol drago languidece en el olvido. Pero ya digo que fue un lugar esplendoroso, y hasta no hace demasiado, porque cuando me marché de Larache en 1973 seguía siendo un jardín bien cuidado. En su cafetería los larachenses de varias generaciones han pasado horas y horas de charla. En la siguiente fotografía, de espaldas Mimi Abecasis de Castiel, el capitán Pedro Gómez  “Perico” entre Elisa y Sara Fereres; a la derecha, Estrella Abecasis de Medina, y en primer plano, Pepito.

Siguiendo la sistemática de la anterior página de este album, continuamos visitando bares y cafetines de Larache. En esta fotografía, tomada en el Bar Perico, reconozco en primer plano a la izquierda a uno de los mejores amigos de mi padre, Manolo Alarcón. León Cohen reconoce a la derecha a Carmelo Rosendo. Y Carlos Nieto nos revela el nombre del grupo: Junto a Manolo Alarcón está Antonio Balaguer, le sigue Carmelo Rosendo Campanelli y el último Pepe Rodríguez. En el centro de la foto, en primer plano, se encuentra Antonio Ruiz Ortiz (del Bar Perico), a su lado, a la derecha de la foto, Carmelo Rosendo Peremarch (hay dos Carmelo(s) Rosendo(s) en la foto, eran primos) y el último por la derecha, Carlos Fernández Egea.

Y en esta barra de bar, también otros dos de los grandes amigos de mi padre (Antonio Barce), compañeros de UNIBAN, y que aparecen en el centro de la estampa: Juanito Vargas y Manolo Alvarez.  Corría el año 1957. Manolo, que siempre defendía con vehemencia a su Valencia CF, de eso sí me acuerdo, y de su sonrisa.  Mi niñez siempre asocia a  mis padres con los Alvarez, como si hubiésemos formado parte de una misma familia. Antonio Roda Jorge me indica que les acompañan en la fotografía sus tíos Nicolás y Antolín Jorge Mateos.

De Mohamed Sibari he hablado en muchas ocasiones. Es, probablemente, uno de los personajes larachenses con el que prácticamente todos hemos tenido relación, más o menos estrecha, pero es difícil que haya alguien que no le conozca. En esta fotografía estamos en la terraza del Café Central: Sergio Barce, Mohamed Sibari y Rachid Serroukh. Sibari es un autor prolífico que se inspira en la gente de Larache para escribir sus novelas cortas, y Rachid Serroukh regenta la Librería Al Ahram, en la avenida Hassan II, el lugar donde se puede encontrar los libros de los escritores larachenses. Dos amigos a los que tengo especial querencia.

Muchos han sido los homenajes que se le han tributado a Mohamed Sibari en su ciudad. Uno de los más divertidos fue el que organizamos hace unos años en la Casa de España, en el que, durante la cena, José Luis Gómez, el hijo de don Aurelio, le cantó varias canciones divertidísimas a Sibari, bajo la mirada cómplice y las risas de Guennouni, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouthoury, como prueban las imágenes…

Tras este paréntesis «sibariano», damos otro salto en el tiempo y entramos en otro bar de Larache y descubrimos a Luisón y a Luis Vázquez echándose una partida de flipper, creo.

Hay que decir que había otros lugares al aire libre que invitaban a tomarse algo… Por ejemplo, en los chiringuitos de la playa. En la siguiente fotografía Paco Rodríguez, en el centro, pasándoselo bien en el chiringuito de la Otra Banda:

Paco Rodríguez trabajaba en el Taller Automotor, de su familia, otro de los grandes amigos de mi padre. Y aquí aparece de nuevo, no sé si en la calle Chinguiti, esperando que les pongan unos pinchitos: Rafael Andrés Rus, Joaquín García Camúñez, Paco  Rodríguez y otro amigo.


Otro pequeño salto años después. Mi querido Javi Lobo, del que suelo colgar fotografías, y aún tengo varias que me ha enviado para poner en este blog, supongo que en los años 70, aquí junto a Mónica Mijares. Qué buenos años aquellos. Probablemente sea el Casino.

Y menudo grupo el siguiente… Parecen esperar sus bebidas, y vaya cara de cachondeo que tienen. Fernando Muñoz, Padilla, Caravaca y Fufo

Ya en 2004, en el Restaurante Alkhuzaima, de la avenida Mohamed V, nos reunimos muchos larachenses durante las jornadas culturales que organizó entonces Larache en el Mundo. En esta imagen de la cena, un grupo de muy buena gente larachense: Angeles Ramírez, Abderrahman Lanjeri, Larbi Setti, Said Hauat, el poeta Serrojk, el muy querido Dris Sbihi… siempre en mi memoria.

El dar saltos en el tiempo sólo tiene como objetivo despertar vuestro interés, evitar la monotonia de una serie de fotos de los mismos años, y busco con ello interrelacionar a los larachenses de todas las generaciones. Después de llegar al año 2004 vuelvo a los cincuenta, por ejemplo. En la imagen que sigue, en otro bar de Larache, Juan Miguel Columé y Eduardo Rojas con otros dos amigos.

En una revista del año 1940 aparecía el siguiente anuncio:

Y para despedir esta nueva entrega del Album de Larache y los Larachenses, un brindis desde otro local de la ciudad y que nos hacen desde el pasado Antonio Cambil, Pepe Jurado y Mustafa. Esperanza Manso me apunta que el barman es su tío Pepe Osuna,

DESDE LARACHE

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SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA BERDUGO, un relato del doctor larachense JOSÉ EDERY BENCHLUCH

 

                          Hace pocas semanas, publiqué en este blog El Kipur y las leshinas de Larache, de  mi amigo y paisano, el Dr. José Edery. Ese relato, entrañable y aleccionador, ha sido uno de los más leídos, visitados y curiseados de mi blog, y seguramente, como José Edery ya sabe que nos ha enganchado, me envía otro nuevo relato o crónica, porque es ambas cosas. Actúa, pues, con premeditación. Yo, que siento cada vez más curiosidad por la historia de Larache, por la natural mixtura de las tres culturas que allí respiramos, me siento un privilegiado, primero por ser el receptor de sus escritos, y luego por ser el transmisor de ellos a todos los que seguís estas páginas. 

                          El relato-crónica que José Edery Benchluch me ha remitido nos adentra en el mundo de las tradiciones hebreas en Larache, y especialmente en el de las sinagogas o esnogas que había en nuestra ciudad. Poco sé de todo este mundo, pero leer este texto realmente me ha fascinado. José Edery, además, le da las pinceladas precisas para llenarlo de colores: nos da una lección de su cultura y de sus tradiciones, nos explica minuciosamente cada fiesta o cada ritual, además nos hace caminar por las calles de la Medina de Larache como un consumado guía -y sin cobrarnos por ello-, y con su prodigiosa memoria, por otro lado sorprendente y admirable, nos habla de todas las familias hebreas que vivían en Larache; pero no sólo recuerda los nombres, sino que es capaz de indicarnos dónde vivían y a qué se dedicaban, con lo que ese paseo no se limita a ser una caminata por calles vacías, sino que lo transforma en algo vivo, consigue que veamos a esos personajes que habitaron la vieja ciudad de Larache. Así que, después de todo lo que llevo dicho, lo más apropiado es dejar que hagáis ese viaje de la mano de José Edery…  – Por Sergio Barce.

  

Larache en el Mundo – Antonio Mesa, José Edery & Sergio Barce, al fondo Carmen Allué, y de refilón José Luis Gómez

    SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA DE BERDUGO

 por José Edery Benchluch

   El término sinagoga proviene del latín, y este a su vez del griego sinagoge que significa “reunir o congregar”. En hebreo se dice Bet Keneset “casa (bait) o lugar de encuentro”, y también Bet Tefilá “casa de oración”. Es quizás por esta denominación por la que muchos judíos del Magreb, entre ellos los de Tetuán y Melilla, mezclan y confunden el continente (bet) con la función (tefilá) y denominan a la sinagoga tefilá que quiere decir “oración” sin añadir bet “casa” que es lo que definiría el lugar o edificio. A la de Berdugo por ejemplo la llamarían “Tefilá de Berdugo”. En Larache y Alcazarquivir la denominación más usual era esnoga, vocablo que proviene del ladino y que luego pasó a nuestro jaquetía o judeo español de Marruecos. El origen se remonta al siglo XVII cuando los sefardíes hispano portugueses, tras su expulsión de Portugal, cinco años después de España por los Reyes Católicos, denominaron, en los Países Bajos donde encontraron refugio y acogida, a su primera sinagoga construida en Amsterdam con el nombre de “Esnoga”, uno de los monumentos históricos y religioso de la ciudad digno de ser visitado. Estos judíos hispanos se hacían pasar por portugueses, de aquí su denominación de “Esnoga Portuguesa”, ya que los holandeses estaban en guerra con España y los españoles mal vistos en el país.

calle Yebiel, Larache

   Con los años nos gusta rememorar y comentar con nuestros paisanos recuerdos y vivencias de  juventud en nuestra querida e inolvidable, para la mayoría, ciudad natal marroquí. Uno de los comentarios entre correligionarios suele referirse a como eran, tanto las personas como sus respectivas esnogas habituales. La que yo frecuentaba era la de Joseph Berdugo por pertenecer a mi familia, y que estaba situada en la calle Oddi, bocacalle de la Calle Real.

   Si bajamos por la empinada Calle Real (antigua calle Marina en honor a este general que fue Alto Comisario, posteriormente calle 8 de Junio en conmemoración al desembarco español en Larache y actualmente calle 2 de Marzo) procurando no resbalar por su pronunciada pendiente, sobre todo en los frecuentes días de humedad que suele cubrir de neblina matinal principalmente la parte antigua de la ciudad, a la izquierda, tras sobrepasar la bocacalle de la Cuesta del Hamám, comenzaba la calle Oddi. Esta, más estrecha, se unía a la anterior en mitad de su trayecto para desembocar en el Barandillo (antes casi al borde del mar y actualmente separado de éste por unos jardines y una carretera de circunvalación) formando una sola callejuela, teniendo en sus cercanías al finalizar a la izquierda la mezquita de la Zauía Nasería construida en el siglo XVIII, frente al edificio del antiguo colegio español del primer Patronato Militar.

   Penetrando en la calle Oddi, a la derecha de la estrecha y también empinada callejuela, por supuesto todas peatonales por necesidad excepto la calle Real donde podrían transitar carros de mano, tras recorrer una larga fachada sin puertas, coronada por pequeños ventanucos, se situaba el primer portal, que conducía a la sinagoga de Bergugo.

    La Esnoga de Berdugo se hallaba en la planta baja de un edificio de dos plantas. A pie de calle un pequeño portal enmarcaba una gruesa puerta de madera que se abría a un largo y estrecho pasillo, oscuro y abovedado con paredes de argamasa encaladas de color ocre. Con un ensanche al principio del pasillo en cuyo lado izquierdo había un pozo sobre un río subterráneo, cuyas aguas se escuchaban y a veces se vislumbraban corriendo en las profundidades. Pozo que se utilizaba en Rosh Ashaná (Año Nuevo) para “arrojar” los habonot (pecados), y donde durante la Guerra Civil española algunos amigos de la familia arrojaron las armas que poseían ante el temor de los registros de la policía y de los militares del bando nacional. En el pasillo a la izquierda habían dos minúsculos habitáculos, donde se ubicaba la josherá (retrete) o bet  shimush alumbrado con una mortecina bombilla de 15 vatios (lo mínimo comercializado en aquella época autorizada por “Electras Marroquíes”) que servía para alumbrar un inodoro o taza a ras de suelo y un grifo adosado a la pared; y en la otra un pequeño lavabo para el ritual del Netilat Yadaim del lavamanos. La compañía de electricidad “Electras Marroquíes” de nuestras ciudades, que tan deficientes servicios públicos (el alumbrado de las fachadas con bombillas, casi siempre de mínima intensidad, para iluminar las calles corría a cargo de los propietarios o inquilinos de los inmuebles) y privados nos prestaba, era una ampliación del grupo Urquijo, de la compañía eléctrica que el Marqués de Comillas había instalado en Tánger a finales del siglo XIX.

Teba de la Snoga de Ibn Danan, similar a la de la Snoga de Berdugo de Larache

   El pasillo de la esnoga terminaba en un patio con cinco puertas. La de la derecha abría la habitación donde vivía Donna Toledano, segunda esposa tras enviudar del saddik de Larache Rebí Moshé Benchluch “Babá Hbíb”, prestigioso rabino y sanador fallecido a la edad de 106 años y enterrado en el cementerio viejo de la Cuesta de la Torre o de Rechaussen, con una lápida medio destrozada. Y en cuya habitación había una ventana que se abría directamente a la sinagoga y que la solían utilizar las mujeres como hazará (espacio separado de los hombres reservado a las mujeres). A la izquierda dos puertas eran las de dos habitaciones donde vivían con su esposa y numerosa prole el platero Señor Guagnunu, que tenía su pequeño taller en la calle Italia, frente a las tiendas de Pariente y de Emquíes, y que tenía que competir con las platerías de Jusef Tapiero, Yusef Ederhy (hermano de mi abuelo), Francisco Galeote, Marcos Hasán, Salomón Amselem (todas en la Calle Real) y Jacob Bensabat en la calle Guezarim. Guahnunu fue un  personaje admirablemente descrito por el escritor larachense León Cohén en su libro “La memoria blanqueada”, obra que tuve el honor de presentar en Madrid conjuntamente con el autor y el entonces Presidente de la Comunidad Judía, el tetuaní Jacobo Israel.  

Medina de Larache

    Las dos restantes puertas frontales pertenecían a la sinagoga. La de la derecha para entrar, y en cuyo banco de entrada a la derecha casi se tropezaba con los pies del shamah (semejante a un sacristán) Jay Daued, un magnífico meldador (lector litúrgico, y orante de memoria) oriundo de Demnate que trabajaba de camalo en el puerto. Y la puerta de la izquierda que permanecía abierta y bloqueada por un banco a modo de mejitzá (separación) para que las mujeres sentadas en sillas o de pie en el patio pudieran observar y participar en los rezos. Banco que ocupaban los meknasis Salomón Toledano (padre de las dos parejas de mellizas Esther-Mercedes y Chelo-Anita) que actuaba como administrador, saliah (oficiante) y parnás (organizador); su hermano Rebí Abraham (padre del larachense nacido alrededor del año 1918 Boris Toledano Oziel, el Presidente de la Comunidad Israelita de Casablanca, y el más anciano y veterano a nivel mundial) y Jacob Toledano (no eran familia, propietario de la Tienda “La Favorita” bajo los arcos de la Plaza España), así como los hermanos Emquíes (especias y ultramarinos en la calle Italia). Todos ellos con su numerosa prole y familiares.

   Muchas veces el ritmo de los rezos se interrumpía, debido al fuerte carácter de los protagonistas con frecuentes disputas  por motivos rituales, de programación o de lectura entre los dos paisanos Toledano que se sentaban juntos, Salomón y Jacob. Estos solían utilizar en sus disquisiciones el judeo árabe, a pesar de que llevaban décadas viviendo en Larache, forma dialectal habitual en las juderías de la zona francesa, con frases castellanas con una peculiar entonación y pronunciación. Motivo por el que en ocasiones a veces Jacob encahseado (cabreado) abandonaba la esnoga para irse a otra próxima (generalmente a la de Moryusef, donde era bien acogido pues era un buen meldador de potente voz) pero durante breves períodos de tiempo; y el regreso se solía producir con un efusivo shalom entre ambos. El saliah sibur (oficiante principal) David Gabay (que era el shohed o matarife ritual de la comunidad) más conocido por “David Elgué”, sobrenombre del saddik de su pueblo, oriundo de la ciudad de Demnate, al igual que varios de los asistentes a la esnoga, intentaba mediar en las controversias. Ante la impavidez de mi abuelo Yamín propietario de la sinagoga, hombre de apariencia serena, el más instruido en materia litúrgica y religiosa de los asistentes pues había estudiado en la yeshivá o seminario de Meknés), pero también con gran carácter. Yamín Edery Busidan era hijo de Vida (“Máma”) Busidan, que fue madre también de los conocidos rabinos Messas por su segundo matrimonio con Rebí Haím Messas; y biznieto del celebre saddik de Meknés Rebi Daued (David) Busidan o Boussidan.

   Por  las disquisiciones anteriormente relatadas entre los dos miembros de mi esnoga, que no suelen ser infrecuentes en otras sinagogas y de las que a veces también he presenciado en Madrid, casi como si fuese una “tradición”, comprenderá mejor el lector la conocida historieta del náufrago judío en una isla totalmente desierta. Que al socorrerle al cabo de varios años los rescatadores hallaron que había construido además de su casa, dos edificios más para sinagoga: uno cerca del mar y otro en la colina. Cuando asombrados le interrogaron respondió, ante lo que consideraba una incomprensión por parte de los goys: “¡Que era para cuando se pelease en una de ellas, irse a la otra¡”.    

Boda hebrea en Larache

    La esnoga de Berdugo era de forma rectangular y en la pared opuesta a la ventana de  “tía” Donna formaba como una T, en cuyo extremo derecho superior estaba empotrado a media altura un artístico y esculpido armario en referencia al “Arca de la Alianza” que servía de Hejal (para los judíos ashquenazís Aron Akodesh  o “Arca Santa”) conteniendo los Sefarim (“Rollos de la Ley”). Debajo  recuerdo que se sentaba el “ceutí” Mojluf Gabay con su familia, oriunda de Demnate. Entre los Sefarim había un Sefer Torá o “Libro de la Ley” (manuscritos en piel de cordero con unas características y condiciones especiales y enrollados en dos artísticas maderas coronadas con adornos de plata o tapujim) escrito y confeccionado en Jerusalén en memoria del larachense Simón Benamú, comerciante, viajero y explorador en el Amazonia, ofrecido por su viuda y sobrina Meriam Benchluch “Tití”. El Sefer Torá es una copia manuscrita del Pentateuco (los Cinco Libros de Moisés) en pergamino procedente de un animal casher (excepto el buey) especialmente preparada y escrita por expertos escribas (soferim) profesionales.

   También en la misma zona se ubicaba la numerosa familia Benchluch, con el conocido Practicante Yusef encabezándola. Era enfermero del Dispensario cercano al Hospital Civil y de la familia de los Guisa, de los que aprendió el habitual trato y saludo protocolario y cortesano que utilizaba con pacientes y amigos. No se despedía de nadie en la calle dándole la espalda sin antes dar tres pasos hacia atrás. Frente al hejal en el otro extremo de la T (izquierda) estaba situada la tebá (estrado y mesa a modo de púlpito de lectura de la Torá), con una ventana lateral que daba al patio para que a través de ella las mujeres pudieran contemplar al saliah sibur (oficiante principal)  y a los olim (los llamados a leer la Torá cuyos dos primeros debían ser un Cohén y un Levy)). También recuerdo a la familia Beneich, oriunda de Alcazarquivir, sentados al pie de la tebá, con el “patriarca” acompañado entre otros de sus hijos Menito, el adjunto de Don Mariano Jacquetot, y de Samuel. Vivían en el edificio del krez (calvo) Bengoa en la calle Duquesa de Guisa, donde vivían también la familia Bensimon cuya hija Marcelle se casó con el Primer Ministro de Gibraltar Sir Yoshua Hassan.

Medina de Larache

   En la hilera central de bancos que dividían longitudinalmente la esnoga se sentaba mi abuelo Yamín, propietario del edificio. Y entre otros también los miembros de la familia de Chalóm Amselem (el farmacéutico Abraham, el Dr. Amram o Armando, Jacob o Jacobi, capitán mercante, Isaac, Mair y el Dr. Jaime, único de los hermanos actualmente vivo y en California) sobre todo el día de Yom Kipur “Día del Perdón” (una semana después de terminar Rosh Ashaná u “Año Nuevo”) que es cuando les recuerdo en la sinagoga. Los niños éramos numerosos, sobre todo los días de fiestas, y cuando se nos pasaba las reprimendas de los mayores por corretear entre los bancos distrayéndoles en sus oraciones, charlábamos en voz baja. Los que más frecuentaban la esnoga eran los de clase media baja, que luego de adultos han resultado buenos meldadores. A estos, de familia muy numerosa generalmente, les caracterizaba que los trajes que “estrenaban” en las pascuas llevaban el ojal de la solapa de la chaqueta a la derecha, ya que las expertas y baratas costureras de entonces sabían perfectamente como adaptar el traje usado del padre o del hermano mayor, dándole la vuelta. Pero lo curioso, y que recuerdo siempre con relativa sorpresa, era que durante la lectura de la Torá (el momento más sagrado del oficio junto a la silenciosa oración de la Amidá) la mayoría de los hombres salían a la puerta a charlar, y nosotros aprovechábamos esa casi media hora para bajar corriendo la Calle Real hasta el puerto. La Amidá (o “Shemoná Ezré” por componerse de 18 oraciones, aunque luego se añadió una más) debe su nombre a que se reza de pié, constando de tres partes que se atribuyen cada una a Abraham, Isaac y Jacob. Se melda tres veces por día (en el shahrit de mañana, minjá de tarde y arbit de noche) de pie, en silencio y máxima concentración siendo su sublime momento el recitado de la Keduchá en voz alta que es la oración de los ángeles. 

Sinagoga Ibn Danan de Fez

  La sinagoga de Berdugo fue edificada y creada a finales del siglo XIX por el comerciante de Meknés o Mequinez radicado en Larache, Joseph Berdugo Ohana, casado con Yael (“Máma”) Benchluch, que era hijo del saddik Rebí Yudah más conocido como “Jajam Halav Hashalom” y nieto del saddik el “Malaj” Rafael Berdugo. Joseph o Yusef, que era mi bisabuelo paterno (padre de mi abuela Simha Berdugo Benchluch, esposa de Yamín) fue un emprendedor empresario, hombre de confianza del Sultán en sus negocios en el norte del país y en Europa, por cuya razón efectuaba frecuentes viajes al vecino continente, principalmente a Manchester y Londres. Estos viajes contribuyeron a que incorporase a sus hábitos “el comer en mesa alta con cuchillo y tenedor”. Hay que tener presente que hasta la llegada de los españoles y franceses a Marruecos, lo habitual era comer sentados en el suelo, en una mesa baja y con cuchara o mgerfa.  Recuerdo que a esta, los judíos de origen megorashim (expulsados de España que convivían en las ciudades del sur con los judíos toshabim u autóctonos del país) del mellah de Meknés y Fez, la denominaban kutshara al igual que muchos otros vocablos por su cultura original hispánica.

Sinagoga Ibn Danan, interior

   Lo anecdótico era que a la hora de almorzar, por novedosa curiosidad, a sus los vecinos y amigos les gustaba presenciar su forma de comer al estilo nasrani. Vivía en la primera planta de la sinagoga, que consistía en un gran espacio o galería cubierta acristalada que daba al patio de la planta baja, y de donde se abrían varias habitaciones que servían de cocina y dormitorios, efectuándose las comidas en la galería. La azotea o stah, a la que se accedía por una estrecha escalera de paredes siempre blanqueadas, era utilizada por las mujeres como lugar de tertulias al tender la ropa. Así como por los orantes hombres de la sinagoga las noches de novilunio para meldar (rezar) el Birkat Alebaná  u Oración de la Luna. Sucedía a los siete días aproximadamente de vislumbrarse la Luna Nueva o creciente visible de ésta, generalmente después de las tefilot (oraciones) del arbit (rezos de la noche) del shabat (sábado) o noche de alhad (domingo). Para nosotros los sefardíes, me comentaba mi abuelo Yamín, la oración de la Luna era más un birkat o bendición que un kidush lebaná o santificación; y que era o representaba cada principio de semana o shabuah una bienvenida a la Shejiná o “Presencia Divina”. Años antes de la independencia del país en 1956, las habitaciones sirvieron de vivienda a varias familias; y a una de ellas, como la de Azagury, al mismo tiempo también la utilizaba de fábrica  en cuyo horno elaboraba y comercializaba una deliciosa carne de membrillo.

Anita Benarroch de Ayach y Molly Benarroch de Benhayon con Juanita

   Casi siempre nuestros recuerdos desembocaban en la noche de Kipur al salir de las diferentes esnogas. Solíamos esperar en la esquina de la calle Oddi a los amigos que salían de otras sinagogas  (todas en callejuelas de la Calle Real o en el Barandillo) como las de Taregano (o de Castiel), Eljarrat, Isaac Amselem, Beniflah, Abitbol, Asayag, Moryusef, Bendayan, Salmón, Benhazan, etc, y que subían por la empinada Calle Real. Tras la Independencia de Marruecos, todas estas esnogas fueron cerrándose, quedando solamente la Sinagoga Parente, la última y única construida en la ciudad moderna. La mandó crear Estrella Beniflah, larachense residente en Barcelona en memoria de su esposo. Actualmente también inexistente en su función, estaba situada  en una bocacalle de la Cuesta del Mercado de Abastos (a mano derecha), en el primer piso en cuya planta baja vivía la familia de Jacob Beniflah. La Calle Real, al igual que todas sus bocacalles (las de la derecha ascendían en pronunciada pendiente al igual que las de la izquierda bajaban hasta desembocar en el Barandillo) estaba en tinieblas, ya que la única luz pública era la de las puertas de las casas, y al ser Kipur estaban apagadas. Solamente algunas pocas viviendas donde vivían una minoría de musulmanes y cristianos estaban encendidas. Y estos paisanos por esa perfecta convivencia y entendimiento entre las tres creencias que existió en la ciudad durante la época del Protectorado de España, conociendo las costumbres y reglas religiosas judías, solían en ocasiones sin previa petición, encender o apagar la luz de escaleras y pasillos. 

zona actual del Barandillo, vista parcial

    Atravesábamos el Zoco Chico, continuábamos por la también apagada calle Italia donde vivían numerosas familias judías. En una pequeña bocacalle a la izquierda vivía la conocida “pedigüeña” Meshoda de Coco, a la que la policía encontró muerta en su habitación y hallaron que un armario empotrado se abría a una habitación secreta llena de vasijas y viejas maletas ¡repletas de miles de monedas hazanías, francos y pesetas de cobre y níquel¡ Era el avaro fruto de muchos años de pública mendicidad, pero según los descubridores del tesoro, las monedas por su estado de podredumbre al cogerlas se deshacían en las manos. Atravesábamos la Avenida del Generalísimo (anteriormente Carretera de Alcázar, luego Reina Victoria y actualmente Mohamed V) algo más iluminada por las farolas, donde algunos se despedían (Fereres, Castiel, Medina, Matitia, etc) para remontar la calle. Los demás seguíamos por la calle Cervantes, la Travesía de la Iglesia, o bien por el Pasaje Gallego si queríamos hacer tiempo para seguir charlando y llegar lo más tarde al domicilio (el mío en esa época en el Pasaje Moreno, posteriormente denominado calle Baleares, antes de trasladarnos al chalet de Sor Ichara Moderno que compró mi padre a Moreno). Domicilios donde lo único que nos esperaba era ir a dormir en ayunas en una casa totalmente a oscuras, excepto si las velas, candil o mariposas encendidas antes del Shemá Kolí del arbit (oficio de la noche) continuaban encendidas. Al desembocar en el “Paseo” de la calle Chinguiti (antigua calle Canalejas y hoy Hassan II) las penumbras se alternaban con la mortecina luz de las bombillas de los portales de las casas de los naszranis. Casas en general de la zona cuyos casquillos de bombilla solían estar vacíos, puesto que “Yaacobito el Electricista” (algunos le llamaban “Marconi” y también el de la dolmáu oscuridad) ya se había ocupado regularmente de sustraerlas para “revenderlas” a sus propietarios con su eterna cantinela de: “Por una monedilla, unos cigarrillos, un cafetillo, la voluntad y le cantaré un cantarcillo” cuyas coplas eran siempre las mismas “!Mariloli, sin robarlas coshí una bombilla de tu caza…¡” .

Cine Ideal, en la antigua calle Canalejas, luego Chinguiti, hoy Hassan II

    Pero lo curioso era que el Paseo, que era la calle más importante, comercial y concurrida de la ciudad, también estaba esa noche poco iluminada y triste, y además con pocos paseantes y transeúntes. Se debía a que los dos cines más frecuentados de la ciudad y que se ubicaban en dicha calle Chinguiti, como eran el Cine Ideal y el Teatro España, y que daban una gran luminosidad y animación a la calle,  estaban cerrados y totalmente apagados, ya que sus propietarios eran judíos. El primero había sido adquirido por Salomón Amar a la familia Gallego y el segundo pertenecía mayoritariamente a la familia de Isaac Benasuly. El Cine Avenida en la calle Cervantes frente al Pasaje del Cine Ideal se estaba construyendo por su propietario Luís Lodra, y el Cine Coliseo María Cristina perteneciente a Agrela situado en la calle Soldado Sequera, se ubicaba lejos de las calles de tránsito habitual.

Zoco Chico de Larache – vista nocturna

   A la altura del Cine Ideal, los diversos acompañantes comenzábamos a dispersarnos en dirección a los respectivos domicilios. Los Azulay, Benayon, Toledano, Bendodo, Amar, Abergel, Belity, Bohbot, Abehsera, Trojman, etc, en dirección a las  a la Plaza de Barcelona, denominada pomposamente según constaba en una placa “Plaza del Concordato Franco-Perón”. O por bocacalles anteriores como la calle Asturias. Los Oziel, Salama, Ayach, Benarroch, Muyal, Sabah, Pariente, etc…, hacia el “campito de Castiel” (donde se instalaban los circos) en las calles a la izquierda de Chinguiti. Los Benchluch, Bendayan, Ezrien, Benquesús, Sliman, Beniluz, Moryusef, Eljarrat, Emquies, Amselem, Susana, Gabay, Saraga,  etc, en los sectores a la derecha de Chinguiti. Algunos  por la calle Cervantes continuaban por la calle Duquesa de Guisa (antigua Cónsul Zapico) y Capitán Lopera (Obadia, Bensabat, Toledano, Malka, Moryusef, Buskila, Muyal, Emergui, Oziel, Melul, etc…) hasta Soldado Sequera, calle que se prolongaba con las dos Sor Ichara (Antiguo y Moderno) al bifurcarse en la esquina de la tienda del susi.

Boda hebrea en Larache

   Otros pocos retrocedían hasta la Plaza de España (Sonego, Beneich, Susana, Cohen, Bendayan, etc…) para distribuirse por las avenidas que partían de la actual Plaza de la Liberación como eran la del General Barrera antiguo Comandante Miliar de la Plaza (luego Avenida del Nador y actual Muley Ismael), 17 de Julio (antes Primo de Rivera y actual Mohamed  Zerktouni) y  Duquesa de Guisa). Y muy pocos hasta el lejano Barrio de las Navas donde solo vivían seis familias judías (Anidjar, Caro, Amor, Bendayan, Benchluch y Benguigui). Barrio lejano en aquella época para nosotros los de “Chinguiti” y con cuyos residentes solo coincidíamos y nos veíamos en el Paseo, en los cines, fiestas, playa o en los colegios, principalmente Grupo Escolar España, Patronato Militar y en los Maristas. Casi colindante con el barrio de las Navas se ubicaba el Barrio del Nador, donde además de algunos campamentos y estamentos militares, se hallaba el mayor número y concentración de Marruecos por metro cuadrado, de lupanares, mancebías, heteras, meretrices y cortesanas, tanto  indígenas como españolas.

Barrio de Nador

   Muchos años después, en el 2007, regresé y visité algunas ciudades del ex Protectorado, invitado oficialmente por el Señor Cónsul General de España en Tetuán y Cónsul en Larache Javier Jimenez-Ugarte, para dar unas conferencias en la antigua capital del Protectorado y en mi ciudad natal, sobre su evolución histórica y tradiciones. Acompañado de mi esposa y del Director del Colegio Español “Luis Vives”, el asturiano José María Montes, visité el cementerio judío nuevo (situado junto al católico) que hallamos en un estado de deplorable abandono y destrucción (el Director al ver mi estado de ánimo se ofreció a restaurar y arreglar, benévolamente, la destruida tumba de mi abuelo Yamín, lo que efectuó en unas semanas). La búsqueda de la tumba de mi abuelo Yamín y de otros familiares se vio facilitada gracias a la labor y a la guía numerada del cementerio realizada por nuestro paisano residente en Miami Isaac Abeckjerr (Abergel). Visitamos la ciudad vieja y fui recordando y evocando toda mi juventud y los lugares que visitábamos, con mis acompañantes.

   Penetramos en la calle Oddi, llamamos a la puerta de la antigua esnoga y nos abrió una señora  musulmana de cierta edad. Le expliqué que deseaba visitar la vivienda, poniéndole en antecedentes de lo que había sido el edificio Con todo respeto y amabilidad nos acompañó y enseñó los diferentes espacios. Lo que fue sinagoga era una gran sala con madraques y mdareb (colchones) adosados a las paredes, que debía servir como dormitorio, comedor y sala de estar de la numerosa familia. Fui recordando en voz alta vivencias, donde se sentaba cada uno de los orantes y las ubicaciones de los diferentes bancos, estrados y objetos. Hasta que cargado de emoción no pude retener unos sollozos que contagiaron a la anfitriona. Al despedirme le dejé disimuladamente, para no herir su sensibilidad y no producirle hachuma o bushá (vergüenza), una cantidad de dirhams, con el pretexto que lo ofreciese a los msaken, aunque bien se observaba que esa familia eran los más necesitados.

José Edery

Mi agradecimiento a mi paisano y escritor larachense, el letrado Sergio Barce por las fotografías e imágenes  en este artículo. Para mayor información relacionada con este  artículo u otros de similar contenido, consultar o leer la obra de próxima aparición “Viajando por el Magreb Hispánico”, de José Edery. Dr. J.E.B. “Al Tebíb Harofé” – Madrid,  Octubre 2011.

Boda en Larache

 NOTA: Las fotos de las bodas hebreas en Larache las he tomado prestadas de la página de mi paisana larachense Soly Anidjar, a la que podéis entrar en:  http://solyanidjar.superforum.fr/t4110-larache-nostalgia-historias-y-fotos-de-mi-familia

 

LARACHE

 Luis María Cazorla. autor de la novela «La ciudad del Lucus», jurista larachense de reconocido prestigio, abogado del Estado, catedrático, letrado en ejercicio y novelista -me remito a lo publicado sobre él en este blog-, ha enviado el siguiente comentario al respecto:

 No me voy a referir a la estupenda entrega que Edery nos ha hecho sobre las sinagogas de Larache, a pesar de que él me lo pide. Me salen de la pluma unas letras de vuelo más alto.

Edery significa mucho para la historia reciente de Larache; es uno de los principales poseedores de su memoria histórica viva. Por cierto, ¿cuándo él y Barce darán nombre a una calle en Larache, algo tan merecido si nos atuviéramos a razones de pura justicia? Sabe todo, todo fluye en él como un manantial incontenido; te desborda: “Pepe, Pepe, más despacio” le tenía que decir cuando le sacaba datos para mi novela La ciudad del Lucus hace un par de años, y cuando se los saco ahora para Los asesinatos de Cuesta Colorada, que tengo muy adelantada en el telar.

Para La ciudad del Lucus me suministró datos muy valiosos relativos al desembarco en Larache del destacamento español encabezado por el teniente coronel de infantería de Marina, Dueñas Tomasetti, el 8 de junio de 1911, y la favorable acogida que la colonia judía dio a este trascendental hecho.

Para Los asesinatos de Cuesta Colorada me ha suministrado “jugosos” datos sobre la relación amorosa del general Fernández Silvestre con la bella judía Meriam, relación que encontró cobijo en uno de los locales de la Cuesta del Haman.

Esto es sólo un ejemplo de la enciclopédica “sabiduría larachense” de Edery copiosamente regada por un gran amor hacia Larache y sus derivaciones.

Sinagogas de Larache es un documentadísimo y muy ilustrado relato de lo que Edery atesora. Enhorabuena y gracias… ¡ah!, espero con impaciencia su Viajando por el Magreb hispano.

 Luis María Cazorla

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«RAMADÁN EN LARACHE», un relato de SERGIO BARCE

Aprovechando que el mes de Ramadán llega a su fin,

deseando que haya transcurrido con felicidad para todos mis amigos musulmanes,

escribo este pequeño relato sobre aquellos días en Larache.

 

calle Chinguiti – Avenida Hassan II

RAMADÁN EN LARACHE  

La sirena comenzó a sonar, subiendo de tono muy lentamente hasta alcanzar la nota más alta, se mantuvo unos largos segundos en ese punto, y luego, también muy despacio, se fue apagando como si ya no tuviese aire en los pulmones. Larache se quedó entonces completamente vacía.

El sol apenas se veía ya, ahogándose en el horizonte. Igual que su luz, las voces se habían marchitado, los niños habían dejado de corretear por la plaza de España, y el susi del bacalito de al lado de mi casa, el que estaba frente al jardín de las Hespérides, echó el cierre ruidosamente y se dirigió diligente a su casa, con una bolsa de papel de estraza llena de paquetes de té, hierbabuena y algo de especias. Las golondrinas inundaron el cielo, atravesando la avenida como un escuadrón de aviones. Un denso aroma a harira llenaba las callejuelas, y el silencio se imponía imperturbable, era como si una plaga hubiera acabado con los habitantes de la ciudad. 

Era en esos instantes cuando Luisito Velasco aparecía por mi casa, yo cogía mi bicicleta, una preciosa bici roja plegable que mis padres me habían comprado en el Bazar Yebari, y nos íbamos pedaleando hasta el Cine Avenida. En la rotonda, estaba Juan Carlos Palarea, que aguardaba en la puerta de su casa, y Pablo Serrano y José Gabriel Martínez, y juntos, montados en nuestras bicicletas, nos metíamos por los pasajes de la Burraquía, sólo por el placer de circular por sus arterias increíblemente solas, y dábamos la vuelta y bajábamos por la cuesta del mercado, lanzados a tumba abierta, pedaleando con todas nuestras fuerzas, porque sabíamos que nadie estaría circulando salvo nosotros.

Competíamos por ver quién llegaba primero al Consulado, pasando por el balcón del Atlántico como una exhalación. Yo notaba cómo el manillar de mi bici temblaba, pero apretaba los pedales con más intensidad, y les veía a ellos hacer lo mismo, dando gritos que retumbaban en la callada quietud del anochecer.

El mes sagrado del Ramadán nos convertía en los dueños de las calles de Larache, eran sólo para nosotros. Una gigantesca pista de carreras. El circuito se improvisaba sobre la marcha. Podíamos comenzar en la puerta de Uniban, pero otros días escogíamos la Estación de la Escañuela, donde las guaguas adormecían sin pasajeros, para subir hasta la calle Barcelona y bajar por la avenida Mohamed V, o bien en la bajada de la Torre del Judío, para descender, sin esfuerzo alguno, hasta el puerto. Nadie se interponía en nuestras carreras de bicis, todas las calles abiertas en canal como si nos engulleran al pasar a toda prisa. Sentíamos el aire en nuestros rostros, la agradable sensación de la brisa, más refrescante al ocaso, y el olor del mar.

A veces, veíamos a algún hombre, con la cabeza oculta bajo la capucha de su chilaba, que corría a última hora para llegar a su casa y romper por fin el ayuno. Pero eran pocos. La mayoría aguardaba la señal de la sirena ya en el interior de sus casas, dejándonos a nosotros solos.

Me gustaba el sonido de la sirena. Llenaba el aire de incertidumbre, presagiaba el feliz instante de nuestras correrías en bicicleta, un tiempo mágico.

plaza de España

Las familias musulmanas cumplían con el rito, mientras que los niños que no profesábamos esa religión nos adueñábamos de las calles para sentirnos libres, y correr, correr a toda prisa, como si presumiésemos que la gozosa niñez pasaría tan rápida que no nos daríamos cuenta.

Ya de noche, la ciudad comenzaba a llenarse de gente, y nosotros dejábamos de correr tan envalentonados. Llegaba Lotfi Barrada, y Hassan y Taha, y dejábamos las bicis, porque ya no se podía circular sin atropellar a alguien, y Larache se transformaba en un torbellino de luces, de cantos, de algarabía. Sudando, nos marchábamos al balcón para hablar de nuestras cosas, de las niñas del cole, de Gabriela, de Yamila, de Amina, de Matilde o de Conchi, pero sobre todo del equipo de fútbol que estábamos formando para jugar contra los de la calle Real, o bien nos poníamos a coger renacuajos con latas oxidadas o cazar alguna rana que habíamos escuchado croar. A veces, pasaba Fatima el Bouhtoury con sus amigas y nos miraba de soslayo, siempre lo hacía con aires de niña resabiada, pero había algo en su mirada que nos hacía sonreír. Creo que le gustaba ver cómo intentábamos coger a las escurridizas ranas que huían saltando en zigzag.

Llegaba muy tarde a mi casa. Mi madre ni me preguntaba dónde había estado. La puerta solía estar abierta, y entraba empujándola. Mina habría preparado harira, y me dejaba además una fuente con chuparquía, y mis dedos se impregnaban de ella mientras las engullía con ansiedad. Me iba con la fuente al salón, y me tiraba al suelo, me gustaba ver la televisión tumbado bajo la mesa, como si estuviera en una tienda de campaña, y veía el nuevo capítulo de Misión: Imposible mientras continuaba empachándome con los dulces.

Cuando me acostaba, pensaba en el día siguiente. Teníamos todo un mes para poder pedalear por las calles de Larache, solos, como si fuésemos los emperadores de Lixus; pero lo más inminente era el día de mañana, esperar otro atardecer, cuando la sirena aullara de nuevo pausadamente para dar la salida a otra de nuestras carreras, en esta ocasión tal vez desde los jardines del Balcón, quizá desde la cuesta del Aguardiente, aunque yo siempre prefería empezar en la plaza de España, seguir la recta de la avenida Hassan II, girar a la derecha, pasando por el Palacio de la Duquesa de Guisa y la Estación, llegar a los Maristas y girar a la izquierda, salir a  la avenida, alcanzar Cuatro Caminos, dar la vuelta a la rotonda y lanzarnos entonces audazmente de nuevo de regreso por Mohamed V, pasando por la puerta de Lalla Menana la Mesbahía y llegar a la meta, en el Casino. Y daba igual quién ganara. Lo único realmente importante era la sensación de que el mundo te pertenecía, de que, durante los anocheceres del mes de Ramadán, Larache era mía.

 Sergio Barce, agosto 2011

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