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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 10

En el primer capítulo de mi novela EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES (Aljaima – Málaga, 2000) escribí lo siguiente:

(…) …Y, sin embargo, furtiva pero impetuosamente, de golpe, esos añejos recuerdos cruzaron ante mis ojos en un torbellino de imágenes lanzadas a fuego cruzado cuando entreví, allá a lo lejos, desde la suave curva que el vehículo tomaba, a mi pueblo.

Larache, a lo lejos

Descubrí sus casas blancas salpicadas de pinceladas azules apiñándose sobre la mansa ladera que se yergue tibia sobre el Lukus, como una inmensa bandera ondeando frente al océano. El atardecer las teñía con esa coloración dorada que volví a ver en Tánger, pero que allí, en Larache, parece más áurea, más intensa, es como si el sol se mostrase aquí más indulgente que en el resto de Marruecos. Me retumbaba el corazón a cien por hora y hasta mis manos temblaban, qué confuso todo, el ayer con el presente y lo rememorado con lo olvidado, lo que se deseó y cuanto detestamos, pero emergiendo entre esa maraña se abre paso la emoción pura y simple que destila y depura y solo saca a flote lo que en algún momento nos tocó el corazón.

Nayib, el taxista que nos llevó del puerto de Tánger hasta Larache, detuvo su reluciente Mercedes de segunda mano importado de Alemania justo al centro del puente que cruza el río, pasadas las ruinas romanas de Lixus, y posó una de sus enormes manos en mi hombro.

-No iora, jáy. Demasiado tiempo sin volver…

¿Quién no ha vivido una experiencia parecida al regresar después de los años? Este album de fotografías es como un viaje de regreso, de la mano de las imágenes que cada uno de nosotros ha ido guardando. También de las que ahora hacemos cuando volvemos, o de las que hacen los que viven actualmente en Larache. Todo forma parte de la misma memoria, la que atesora el pasado y la que cultiva el futuro, es decir, el germen de la  memoria que será.

Y luego entras en Larache, y llegas a la Avenida Mohamed V…

La avenida Mohamed V estaba flanqueada no sólo por los hermosos edificios de una y dos plantas, la mayoría de ellos aún se conservan, por suerte, pintados de blanco y azul, sino por unos preciosos arriates llenos de plantas y palmeras… En esta imagen, estamos mi madre Maru Gallardo y yo, Sergio Barce, precisamente en la avenida, sería el año 1968 más o menos, y en el cochecito mi hermana Marisol.

Dirección a la Plaza de España, hoy de la Liberación, dejas a la derecha el santuario de Lalla Mennana y el Jardín de las Hespérides, y en otra época a la izquierda, tras pasar la iglesia, estaba la tienda donde trabajaba mi abuelo paterno, Manuel Barce: La Bandera Española, hoy Bazar Yebari.

Estos viejos carteles anunciando los negocios que estaban funcionando en el pueblo, me los envía Paco Selva. Y seguramente traerá recuerdos a muchos de los que los conocieron. Pero si seguimos el camino emprendido, aterrizamos finalmente en el regazo de la Plaza de España, que es a donde siempre terminamos todos al volver. Un lugar que fue espectacular:

La Plaza, la fuente, las palmeras, la arquería y los edificios del Hotel España. Café Central, Café Lixus y Hotel Cervantes, también el Casino cuando estaba en pie… Un conjunto arquitectónico único en todo Marruecos. Aquí está León Cohen con su tía Mery…

León Cohen Mesonero con su tía Mery en la Plaza de España

Yo, de pequeño, también solía ir a la Plaza a jugar, a ver los peces de colores, a correr o a montar en bicicleta. Sergio Barce en la Plaza…

Y del pasado, Paco Selva me ha hecho llegar varias fotografías, hoy cuelgo las de diferentes equipos de fútbol, la mayoría de los jugadores son difíciles de identificar, pero en la próxima entrega de fotos incluiré las que contienen a futbolistas que sí hemos conseguido reconocer, bueno, los que Paco ha identificado. Hay que recordar que su padre fue presidente del CF Las Navas y del CF Larache, y por esta razón guarda infinidad de fotos de partidos de fútbol disputados en Santa Bárbara. Estos cuatro equipos deben ser de los años 20 y 30, supongo.

Al igual que estos dos:

En las siguientes fotos que Paco me ha pasado, sí se reconocen, en la superior, a Lama, y, en la inferior, a Emilio y Facundo. Estos datos, por supuesto, son de Paco Selva, por edad él sí puede hacerlo, yo por entonces ni siquiera había nacido.

Estas otras ofrecen una curiosidad en la segunda de ellas: la visita del Valencia CF a Larache… Los grandes equipos de la liga española, jugaban en Santa Bárbara, desde el Atlético Aviación al Athletic de Bilbao…

Esta imagen me la enviaron hace mucho, y no recuerdo quién (espero que me refresquen la memoria). Los espectadores acuden en 1953 a ver un partido del Chabab (así es como me llegó la información junto a esta foto, pero, como bien dice León Cohen, debió de ser el Larache CF, ya que el Chabab apareció más tarde).

Ya que estamos en esos años pasados, que aunque no viví sí conozco por tantos relatos de mi familia y amigos, recupero esta fotografía del Taller de Agustín Barrajón, que nombro en algún relato.

Si se me permite otro paréntesis familiar, aquí están mi madre, Maru Gallardo, con mis abuelos, Manolo Gallardo, que fue policía de tráfico en Larache, y mi abuela Eduarda Martínez. Tras la independencia de Marruecos, mis abuelos se marcharon a Málaga, desde donde siempre recordaban los buenos años vividos en el barrio de la Bilbaína, y los años de Alcazarquivir, los de Villa Sanjurjo o los de Ghemis Sahel, porque vivieron en todos esos lugares… Mis padres continuaron en Larache, para mi suerte.

E inevitablemente, imágenes de los colegios, donde se reconocen la mayoría de los amigos. Esta primera es de los HH Maristas, en el curso que compartieron, de arriba abajo y de izquierda a derecha: Galice, Manolo Hernández, Abdelmeji ben Abdelkrim, Vicente Pro, Antonio Ubeda ,Joaquín  Garcia, Pepe Alberca, Pepe García Gálvez, Paco Osuna, Cristóbal Ortiz, Claudio Columé, Ramón Sánchez, Ricardo Toledo, Daniel Calbo, Jose Ponce, Julián Aixelá y Pepe Edery.

Años después, del mismo centro, otros compañeros, de mi curso, aunque yo no aparezco, como casi nunca cuando hacían estas fotos de grupo, no sé si me ponía enfermo por esas fechas o simplemente es que rehuía posar… El hecho es que nunca estoy junto a mis compañeros de los Maristas, lo que lamento. De aquí sólo logro recordar a Juan Carlos Palarea, Francisco Javier Palarea, Miguel Angel Aguilar, Pablo Serrano Morón, Lotfi Barrada, José María López Garry, Luis Velasco, Guerrero… Se agradecería ayuda para completar la foto. El primero en hacerlo ha sido Vicente Palomares para indicar que él es el que aparece en la quinta fila a la izquierda y su hermano Antonio Palomares en la cuarta, ambos con vestimenta de rayas; y en la fila quinta a la derecha, junto al macetero, Pablo Aledo. Y Juan Carlos Palarea me aclara algunos otros: Pepe Cáceres, José Gabriel Matínez y Luis Simón. Joaquín Mauriño añade que, en la primera fila a la derecha, sentado y con una mano sobre el hombro está Diego Mauriño Medero; y justo más a la derecha, un escalón más arriba (al lado del niño que está de pie) está Victoriano Mauriño Medero. La foto debe ser sobre el año 71.

En esta otra, del Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles, reconozco a las que luego serían compañeras mías de clase: Conchi Lama, Gabriela Grech, PeponaTambién Juan Carlos Palarea me indica que están su hermana Viki Palarea y Cristina Navarro. Y como bien indica Mati, la segunda de pie, de izquierda a derecha, es ella, Mati López Quesada, y  la siguiente Marina López Matres.

Hay tiendas y negocios unidos al apellido de su dueño, que son imborrables de nuestra memoria… Es el caso de Rosendo:

Como también son imborrables los amigos de la infancia, a los que hemos visto en alguna ocasión pero que siguen ahí como parte de nosotros. Eso me ocurre con Aguilar, que vivía a mitad de la calle Chinguiti, donde además su madre tenía una peluquería. Recuerdo los días en su casa haciendo espiritismo, o lo que creíamos que era espiritismo y que sólo nos hacía temblar de miedo y partirnos de risa…

Una fotografía de unos amigos: Manuel Fernández Padilla, Pablo Serrano, Juan Cuevas y Juan José Brito.

Quizá sea Miguel Alvarez una de las personas que más relaciono con mi familia y con mi niñez. Era mayor que yo, pero pasé muchos momentos a su lado, y es como de mi familia.

En esta imagen Miguel Alvarez y yo estamos con nuestras madres, en la Gaba.

La familia Alvarez vivía al lado nuestra en la última planta del edificio de Uniban. Manolo Alvarez era compañero de trabajo de mi padre. En los otros pisos de esa planta vivían Torres y Matamala. Pero antes de irnos a la avenida Mohamed V para residir en el inmueble de Uniban, mi niñez estuvo en el Balcón del Atlántico, en concreto vivíamos en este edificio que aún continúa en pie, y nuestras ventanas son las que están justamente sobre el cartel de la teleboutique:

Más anuncios del pasado, y más apellidos: Coloma, Alarcón, Revilla

Me gusta construir este album con los recuerdos pero también con el presente de la ciudad. Mis amigos de ahora son también fundamentales. Esta mañana me ha llamado Abderrahman Lanjeri para contarme que Luis Cazorla estaba por la Medina explicando a un grupo de personas dónde se desarrolla la historia que narra en su novela “La ciudad del Lucus”… Abderrahman es un luchador por conservar a Larache en pie, por defender su patrimonio. En esta imagen, lo vemos organizando al grupo que, hace unos años, hicimos una batida por la playa peligrosa para concienciar a la gente de que hay que mantenerla limpia. Fue muy divertido. Llevábamos unas camisetas azules que rezaban: TODOS SOMOS LARACHE, y en caracteres más pequeños todos los apellidos larachenses que recordábamos…

No puedo dejar de mencionar a la madre de Abderrahman, que hace un cuscús alucinante. Aquí está junto a la princesa larachense Angeles Ramírez.

Uno de los poetas de nuestra ciudad, el elegante Mustapha Bouhsina, que de tarde en tarde nos regala algún poema sobre Larache. Si alguien es sentimental, sus poesías le llegarán. Un escritor infatigable.

Y otra persona que merece la pena conocer de entre nuestros paisanos es Said Hauat, siempre disponible para cuanto hemos necesitado al realizar alguna actividad en Larache.

De Abdelmawla Ziati, autor teatral larachense, he hablado en este blog, por su inagotable esfuerzo por levantar el teatro en la ciudad, y por sus obras. En esta fotografía aparece junto a otros dos autores larachenses, a quienes tengo un gran respeto y afecto: Ahmed Demnati y Mohamed Benaboud.

De Demnati quiero colgar alguna poesía en este blog, y aunque me ha enviado poemas sueltos, aún no he conseguido ninguna traducción al castellano, pero ya llegará, y podré ponerlas en los dos idiomas.

En esta otra fotografía aparecemos varios larachenses, en una reunión informal que hicimos en Málaga, en El Pimpi. Estamos, y José Miguel Palarea me ha ayudado a completar todos los nombres: delante, Miguel Montecatine, detrás, Mercedes e Isabelita Matamala; siguen Isabel Barrales, Charo Matamala, Sole, Alfonso Ariza, Augusto Sarmiento, Sergio Barce, Juan Carlos Palarea, Jose Miguel Palarea, Juan A. Hidalgo y Pepito.

En esta otra imagen, que me ha pasado Karim, hay otro montón de paisanos y amigos y conocidos, que son fantásticos: Karim Ouhrich, Zineb Naoual, Sarita NL, Mounir Kasmi, con el que he compartido ya un montón de mesas redondas y buenos momentos, Mariam Benani, Said Allam, Isadac Fatima Zohra, Touriya Alem, Rajaa Zaidi, Igor Quezada, Abdo Didane, Khalid Didane y Morad Jah.

Joaquín García Camúñez me ha enviado esta composición fotográfica que él mismo ha hecho. Tres amigos que se reencontraron 55 años después, muchos años sin olvidarse unos de otros, que se retrataron juntos; debajo, ellos cuando eran chavales: Joaquín, Claudio Columé y Manolo Hernández Saris; y abajo cuando estudiaban juntos, y como él dice, al volver a verse decidieron ser niños de nuevo, en Larache…

Ya casi al final de mi novela “Sombras en sepia” (Pre-Textos – Valencia, 2006), el protagonista, Abel Egea, se despide de Samir cuando está a punto de marcharse de Larache.  Y dice así:

(…) Como le había prometido, Samir vino a despedirse de él. Se lo encontró a la puerta del Hotel Salam, departiendo con Abdeslam. Abel se había traído el Orion hasta la misma entrada del establecimiento y los dos le ayudaron a meter la maleta, el bolso de mano y unas bolsas con algunas compras: naranjas e higos secos, chuparquía, hierbabuena, dátiles, especias y ejemplares de “La Mañana” que le facilitó Rachid, el dueño de la Librería Al Ahram.

Abel le deslizó unos dirhams a Abdeslam, que se lo agradeció varias veces, efusivamente. Por su parte, Samir le dio un largo y sincero abrazo, besándole en las mejillas.

-¿Volverás? -le preguntó cuando se soltaban.

-Por supuesto.

No era una contestación con la que pretendiese cubrir el expediente, sino que había decidido hacerlo de nuevo. Tenía muy claro que ya no existen distancias, que, en menos de cinco o seis horas, se plantaba en Larache. Y no quería desaprovechar ese lujo.

-Me alegra oírlo. Ya sabes dónde tienes tu casa.

-Shukram, jai -respondió Abel.

-Lamento que no la encontrásemos -Samir apretó los labios, notando que algo se les evaporaba de las manos, una sensación de desencanto-. Te lo digo de verdad.

Sin decir nada, Abel se metió en el coche. Miró al frente; en nada le afectaban las palabras de Samir. Sabía, perfectamente, dónde estaba, lo que anhelaba, qué era lo que le esperaba en los próximos años. Y se sintió bien consigo mismo. Con una flema digna de un amanuense, Abel se había sacado el saquito con el tabaco y se sirvió una buena rayita de rapé. Luego, sonrió, lacónico.

-¿Sabes qué es lo que yo más lamento?

Samir negó con la cabeza. Pero al fondo de los ojos glaucos de Abel, vislumbró un lejano estremecimiento. Abel giró la llave y el motor bramó por el tubo de escape. Volvió a fijarse en el final de la Avenida Hassan II, en el perfil gigantesco de La Tulipe. El desconcertado Samir apoyó las manos en el borde de la ventanilla del coche, como si temiera que Abel acelerase y lo dejara allí.

-Dímelo -suplicó.

No le habría perdonado que se  hubiese llevado consigo la respuesta. Pero Abel le miró, con una expresión suave y relajada, que utilizó también en sus palabras, cargadas de sinceridad.

-No haber regresado antes…

Sergio Barce

LARACHE – foto de Itziar Gorostiaga

OS AGRADECERÍA A TODOS ME ENVIÁSEIS FOTOGRAFÍAS VUESTRAS PARA IR AÑADIENDO AL BLOG. PODÉIS HACERLO A MI CORREO: barceabogado@gmail.com


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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 3

Tercera página de este peculiar album de fotografías de Larache. Y aunque es de fotos, hoy enseño el pueblo desde el pincel del pintor larachense Manuel Balaguer, del que tenéis amplia información en el blog. Un paisaje en el que explota de forma natural el color vivo y deslumbrante de las aguas del río Lukus, recobrado por la mirada penetrante y atenta de Manu Balaguer, tras la que sin duda se esconden las añoranas de su pueblo…

Mi abuelo paterno, Manuel Barce, trabajó en la tienda de La Bandera Española. El local se encontraba situado donde hoy, y desde hace muchos años, se ubica el Bazar Yebari, ese lugar al que acuden todos los larachenses cada vez que regresan a la ciudad. Creo que fue hace no más de dos años, cuando El Hachmi Yebari decidió darle un buen repaso al bazar…

 Aquí está El Hachmi Yebari contando dinero, como siempre, en el Bazar. El Hachmi es una parte fundamental de mi infancia, y lo consideramos como alguien más de la familia. Cuando empezó esa obra, como digo, al picar la fachada del bazar fueron resurgiendo del pasado las palabras que anunciaban La Bandera Española, como si se hubiesen mantenido ocultas durante todo este tiempo. La imagen resulta curiosa, y en cierta forma hermosa, especialmente para nosotros.

Mi abuelo siempre trabajó en ese local, y luego estarían a su lado mi tío Pepete y la que sería su mujer, mi tía Maruja. En la siguiente imagen, estoy yo, Sergio Barce, junto a mi amigo Manolo Martín, el que creo el pintor “de brocha gorda” que se llamaba Messod, si no es así espero que me corrijan, y mi abuelo Manuel Barce.

Si El Hachmi Yebari es parte de mi infancia, también lo es Mohamed Sibari. El padre de Sibari era compañero de mi abuelo materno Manuel Gallardo, en el cuerpo de la Policía de Tráfico, y, de pequeño, Sibari siempre estaba en la casa de mis abuelos. Luego, fue quien hizo de <carabina> para mis padres cuando comenzaron a salir. Sibari es parte de la historia de Larache, no hay dudas sobre esto. En la siguiente fotografía estamos los tres juntos: Yebari, Sibari y yo.

 En Larache hay personas que se han convertido en auténticos personajes sin los que la ciudad no sería la misma. Ya digo que tanto Yebari como Sibari son de los más queridos, pero no hay que olvidar a otros. Es el caso de Dris Sbaihi. Dris, fotógrafo, guardó en su cámara los retratos de las últimas generaciones de larachenses, y también lo hizo con la propia ciudad de Larache. Dris Sbaihi es una de las personas más bondadosas, entrañables y queridas que he tenido el privilegio de conocer. Siempre sonreía. ¿Hay alguien en Larache que no lo recuerde de esa manera? Caminando con sus andares desgarbados, distraído, con la cámara colgada del hombro, siempre vestido con un traje impecable, con corbata, la camisa blanca, y cuando te veía parecia despertar de sus elucubraciones, y entonces sus blanquísimos dientes asomaban en esa sonrisa imborrable que te daba la bienvenida o que parecía declararte una vez más su amistad. Murió atropellado por un vehículo de la manera más absurda, y el destino nos robó a un amigo y a una buena persona. Sólo guardo de él una fotografía que le hice cuando estuvimos de visita en Alcazarquivir, estaba junto a Mohamed Laabi.

Recuerdo que estábamos hambrientos, y Sbaihi me dijo al oído: Sergio, ven conmigo, nos vamos a comer unos pinchitos… Y me llevó a un estrecho callejón, pidió dos cocacolas, pinchitos y unas tortas de pan. Fueron los mejores pinchitos que he comido en mi vida, con Dris Sbaihi, el fotógrafo, un buen hombre con un corazón que no le cabía en el pecho. Y ahora que le veo en esa imagen congelada, no puedo evitar la emoción.

Fadela Tadlaoui es otra larachense que merece ser citada. Una mujer de carácter, con una voz deliciosa. En una de las jornadas celebradas en Larache, en la casa de Mohamed Mrabet, en el barrio de la Alkazaba, quienes estaban allí insistieron para que cantara, y cuando Fadela  lo hizo, todos  nos pusimos a batir palmas entusiasmados.

Fadela Tadlaoui

  Luego, volvería a hacerlo en las Jornadas que Larache en el Mundo organizó en Madrid, y allí lo hizo acompañada por el laúd de otro amigo larachense, Abdelhay el Haddad. La simpatía de Fadela es desbordante, una gran mujer.

Y si volvemos por un rato al Balcón del Atlántico, nos encontramos con alguna que otra estampa del ayer… 

En esta imagen, tomada junto al viejo Casino, están: Francisco Javier Palarea, Luis Simón, Hassan, Jose María López Garry, Rebollo y Antonio Bertomeu. Ya se ve que han pasado los años, sólo hay que ver las campanas que gastábamos en los pantalones… Por suerte, con algunos de ellos, sigo aún en contacto, cosas de Larache, que nos ha hecho valorar tanto el sentido de la amistad, y que nos obliga a no soltar las amarras que nos siguen atando unos a otros. Y también por suerte, seguimos estrechando lazos con larachenses de ahora, en la siguiente imagen, asomada al Balcón, está Wydad, dulce, paciente y educada; su familia siempre nos ha abierto su casa, especialmente a mi madre que no se despega de la suya cuando está de visita en la ciudad.

 De entre los personajes larachenses que más arriba mencionaba, y que todos llevamos grabados en la memoria, está también Ahmed Argal. Menudo, nervioso, con su fez en la cabeza, se acerca emocionado y te coge del brazo y comienza a recordar sus tiempos trabajando para Revilla, en la carnicería, y se emociona quizá pensando en su juventud, en los buenos años, y su añoranza te llega a lo más profundo. Cordial, servicial, un hombre modesto pero entrañable y muy querido. En esta imagen, joven,  cogiendo de la mano a Mari Carmen Revilla, su ojito derecho.

En fin, otro pequeño viaje por las estampas de Larache, espero que fructífera o, al menos, entrañable.

Sergio Barce, enero 2012

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