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“LOS JUDÍOS DE MELILLA”, POR JOSÉ EDERY BENCHLUCH

 Siempre es un placer publicar en mi blog los artículos del Tabib Harofé larachense José Edery. Me ha parecido de gran interés cultural e histórico este artículo en concreto sobre los judíos de Melilla, que reproduzco a renglón seguido.

LOS JUDÍOS DE MELILLA:

ORIGEN y EVOLUCIÓN DE SU POBLACIÓN

Por el Dr. José Edery Benchluch

Como complemento instructivo a un artículo que escribí en el Hospital de El Escorial hace algunas décadas en relación al Reino Judío de Taza y sus habitantes judíos de Taza, Debdou, Guercif y Taourirt; me interesaba “la Melilla Judía”, su origen y su evolución demográfica hebrea en los últimos siglos. Los datos que me proporcionaban, para la gran mayoría desconocidos o ignorados, sus actuales habitantes u oriundos correligionarios en la Península, eran pocos e imprecisos. Ya no disponía de la magnífica Biblioteca del Casino Israelita de Tetuán, una de las más completas que ha habido sobre judaísmo y donde me he pasado tardes enteras tomando notas, entre otras, sobre la historia magrebí de mis correligionarios. Apuntes que me permitieron no solo preparar mi tesis universitaria en Historia de la Medicina referente a la “Medicina Judía en la Edad Media”; sino también escribir muchos años después un extenso artículo (del que este es un resumen) extractado de mi obra en preparación sobre “El Reino Judío de Taza-Debdou”. Así como varios capítulos de mis obras “Viajando por el Magreb Hispánico” y “Viajando por el Magreb” (que con sus 600 páginas y fotografías, a 17 euros, todavía se pueden solicitar en la “Casa del Libro” en Málaga, en Sevilla o en Madrid). Lástima que la gran mayoría de obras judaicas de la Biblioteca del Casino Israelita tetuaní efectuasen una “desconocida Aliá” por medio de desconocidas personas “transportistas” y a destinos también desconocidos, ignorados o particulares. Recuerdo entre ellas con amplia información de los judíos de Melilla: la Enciclopedia Británica, las obras de Laredo, las de Salafranca Ortega, las de los autores argelinos Shloush o de Bergé, etc…

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BARRIO HEBRERO en Melilla

Desde la expulsión de los judíos de España y Portugal y especialmente desde la desaparición de la aljama malagueña, la población judía de Melilla desapareció, bien por expulsión, bien por conversión al cristianismo o bien por migración a las vecinas ciudades y regiones musulmanas de Marruecos y Argelia. Principalmente en Marruecos en la región del Rif integrándose una parte entre sus correligionarios rifeños de las tribus judías de los Beni Rhiata así como en las ciudades fronterizas. Y por miedo a invasiones hispano portuguesas y al largo brazo de la melhoca y preta Inquisición, en poblaciones más alejadas como Taza, Berkane, Debdou, Fes o Meknés, o en las argelinas de Tlemcen u Orán. Aunque en estas por poco tiempo ya que España ocupó estas zonas del Oranesado durante tres siglos desde Felipe II y Carlos V.

En el oeste de Marruecos no se refugiaron excepto en Salé y en Tetuán. Ya que ciudades como Ceuta en 1415, o en 1471 Tánger y Arcila (en esta permanecieron hasta finales del año 1600) habían sido conquistadas por la “muy cristiana” Portugal, excepto Larache (esta lo estuvo por España de 1610 a 1689) y Alcazarquivir que sufrían el constante acoso portugués. Pero sí llegaron los judíos melillenses a Tetuán (a pesar de la peligrosa cercanía de la cristiana y portuguesa ciudad de Ceuta) fundada por moriscos granadinos en 1484 y a la que también llegaron expulsados por los Reyes Católicos muchos judeo andaluces en 1492. Muchos judíos oriundos de Melilla, gracias a su conocimiento del Mediterráneo y de las artes de navegar se fueron trasladando desde la primera década de 1600 a la “Republica de Salé-Rabat” o “de Hornachuelos”, que con labor de corso y piratería en el Atlántico y Mediterráneo fue creada por moriscos procedentes de la ciudad extremeña de Hornachos que habían sido expulsados de España por Felipe III, el mismo que dijo “Que solamente Larache valía por todo el África”.

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SINAGOGA de Melilla

La población judía de Melilla era inexistente a principios del siglo XIX por razones obvias tras la antedicha expulsión y prohibición por el Edicto de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón de 1492. Mientras que al terminar el siglo XIX eran ya alrededor de unas 600 personas residentes en Melilla. Al comenzar el siglo XX, en el año 1905 llegaron cientos de refugiados judíos procedentes de Taza que se instalaron al pie del denominado “Horcas Coloradas”, en tiendas del ejército español, y sería el embrión del “Barrio Hebreo de Melilla”. Año en que la población judía ascendió a más de 1.500 personas, por lo que se puede calcular aproximadamente la cantidad de refugiados originados por las persecuciones y matanzas de judíos por El Rhogui en la región de Taza.

En años posteriores además de la gran huida de Taza tras la destrucción de su mellah, desde las diferentes regiones rifeñas y ciudades del ex “Reino de Taza-Debdou”, como Debdou, Guercif, Taourirt, Msoun y hasta de Berkane y Oujda, fueron emigrando judíos de origen meghorashim (“expulsados”) o sefarditas mayoritariamente, y toshabim (autóctonos que eran generalmente árabe o bereber parlantes) hasta alcanzar la cifra en Melilla al terminar la Primera Guerra Mundial de unos 3.550 “hebreos”. Un adjetivo calificativo más que un vocablo como se les denominó a los judíos, para evitar lo que consideraban peyorativo, durante la República en España y en el Protectorado Español de Marruecos, a semejanza del término “Israelite” que utilizaron los franceses. Por lo que pienso que hay que agradecer a los dirigentes de algunas de nuestras comunidades, como la de Madrid, que cambiasen en su designación el término “Israelita” por el de más autenticidad de: “Comunidad Judía de…”.

Pero mi sorpresa, y la del lector probablemente, fue conocer quiénes fueron los primeros judíos que se instalaron en Melilla desde que se les autorizó oficialmente. Los primeros “repobladores” por vecindad, evolución histórica y relaciones comerciales deberían haber sido rifeños o de las ciudades cercanas o de las que pertenecieron al “Reino Judío de Taza-Debdou”.

¡Pues no fue así! ¡Los primeros judíos de Melilla procedían de Tetuán! Ciudad distante a más de 500 kilómetros de carreteras y pistas montañosas atravesando el Rif; o todavía más distante dando un mayor rodeo al sur por Taza. O por vía marítima con un vapor que esporádicamente hacía el trayecto Tánger-Orán y viceversa con escala (no siempre) en Río Martín y en Melilla. Pero sobre todo hay que pensar y recordar que no había carreteras en el concepto actual, y que los caminos y rutas, además del peligro de seguridad y bandidaje, apenas eran carrozables.

En el año 1869 se van instalando ya con mayor tranquilidad y libertad los judíos en Melilla, con la promulgación de la Constitución Española de 1869, en que se permite en España la libertad de culto, de residencia a los judíos y sobre todo para ellos el poder ser al mismo tiempo judío y español. Pero antes se van produciendo instalaciones y/o salidas temporales dependiendo de la promulgación de anteriores Constituciones. Se les abrieron las esperanzas y algunas puertas con la Primera Constitución Española de José Napoleón en 1808. Y sobre todo con la Segunda, la de Cádiz denominada “La Pepa” en 1812, en que se abolió la Inquisición aunque relativamente. Se les cayó el mazal de nuevo a los muestros a los pocos años con el retorno de la monarquía borbónica absolutista de Fernando VII y el restablecimiento parcial de la melhoca y preta Inquisición (esta fue suprimida definitivamente de hecho y derecho en 1834 por la Regente María Cristina).

Con las “Constituciones Isabelinas” de 1837 y de 1845 en que no se prohibían expresamente otras religiones, ya había comenzado una tímida llegada de judíos a Melilla. Acentuándose con la ya señalada Constitución de 1869 que les da una definitiva tranquilidad para migrar e instalarse en la antigua metrópolis portuaria fenicia, bereber y romana de Rusadir. Las siguientes Constituciones de 1876, la republicana de 1931 y la actual de 1976 ratifican la libertad de cultos y su ejercicio público o privado; excepto que fue algo más restrictiva desde 1939 durante el periodo franquista. Ya que a través del “Fuero de los Españoles” ya no autorizaba, sobre todo en la Península, los cultos y ceremonias religiosas públicas de otras religiones fuera de la católica, y con dificultad a veces también las privadas o en determinados recintos o instituciones.

Aunque ya en el siglo XVII se señala la existencia de un judío “residente en prisión o en el juzgado” llamado Moisés Melul. Y durante el “Sitio de Melilla” entre los años 1774 y 1775 por las tropas moras del Sultán Sidi Mohamed, algunos de los pocos judíos supervivientes que el Sultán colocaba desarmados avanzando delante de su tropa y que eran los primeros en ser abatidos por los defensores cristianos de Melilla, pudieron refugiarse y ser acogidos en la ciudad desconociéndose su existencia o suerte posterior.

En el año 1874, cinco años después de la promulgación de la “buena” Constitución de 1869, en el Censo de la ciudad melillense se señala la existencia de 29 judíos residentes. De los cuales 23 varones y 5 hembras, pero especificando que 27 proceden de Tetuán; y 2 varones proceden de Orán y de Gibraltar. Tres años antes, en 1871, un judío residente en Melilla, también procedente de Tetuán y llamado Abraham Aserraf es el primero en obtener la ciudadanía española. Y en el año 1904 se produce la gran repoblación de judíos en Melilla procedentes de la ciudad de Taza a consecuencia de las persecuciones y matanzas que se produjo en la destrucción total de su mellah y juderías de la región por El Rhogui y sus huestes tribales guerreras.

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Y para terminar y no ser pezgo como en las ketubot habituales de mis artículos, hay que resaltar que, sobre el origen primigenio de los judíos tetuaníes en la población mosaica de Melilla, tres de las cuatro grandes personalidades que ha tenido la ciudad nacieron y procedían de Tetuán. Como fueron D. Samuel Salama Hachuel, el profesor D. Isaac Ben David Levy y D. Yamín Benarroch Benzaquen conocidos no solo por los melillenses sino por diferentes kehilas de Marruecos y España. Ya que Rebí Abraham Cohen Dayan asesinado por dos correligionarios en 1920 era natural y procedía de Debdou.

Alrededor del año 1870 se puede cifrar la llegada a Melilla de las tres personalidades judías citadas procedentes de Tetuán. Época lógica tras la emigración producida entre la población judía tetuaní por las represalias de las autoridades magrebíes tras la ocupación de la ciudad de 1859 a 1860 por las tropas españolas de Prim y de O´Donnell. Generales que habían ganado esta “Guerra de África” tras sus victorias en las batallas de Castillejos, Tetuán y Wad Ras (con los cañones conquistados en esta última se fundieron los Leones del Congreso de los Diputados en Madrid). Represalias y persecuciones de las autoridades marroquíes tetuaníes por la lógica colaboración, confraternización y apoyo que prestaron la mayoría de los judíos de Tetuán a las tropas y civiles ocupantes en la ciudad. Ocupación que fue de gran impacto cultural en esos años y en años y siglo posterior entre una población sefardí que hablaba casi la misma lengua que el ocupante temporal, español, cristiano y extranjero.

Una de las conclusiones o Hal Hassú es que aunque los primeros pobladores judíos de Melilla provenían de Tetuán, ejercieron poca influencia cultural entre sus futuros moradores; y menos en tradiciones y supersticiones ya que los tetuaníes “casi” carecían de estas segundas; excepto su legado tradicional y habitual de no mencionar sus riquezas, dineros ni ganancias para que no se les haineara. En cambio, las siguientes oleadas migratorias, con un menor nivel cultural que los judíos de la región de Yebala, y que procedían de regiones bereberes y árabe-bereber como las del Rif, las llanuras de Taza y Debdou o los poblados de las laderas septentrionales del Atlas Medio aportaron a los judíos de Melilla gran parte de su cultura y tradiciones ancestrales judeo bereberes. En la que predominaban las supersticiones relacionadas con “el mal de ojo”; el temor a las maldiciones sobre todo provenientes de rabinos; la creencia en yenun maléficos o buenos; o una acentuada devoción a sadikim locales o tenidos como tales, asociada a un determinado marabutismo, Improntas culturales que vemos reflejadas en la actualidad en muchas personas o familias melillenses tanto en su urbe natal como en otras ciudades.

Y ya wa dezeo que no se me cahseen mis javerim de Melilia; que El Dio les jade, asín como a todos los shudiós del holam. Y ojalá veamos y mireis con sajá, simjá y vida larga un shalom para siempre en Tierras de Israel.

Se kadeó esta estitua meguilá y supeteis con este baydaber las nacencias, tzamarás y guajlás de los shudiós shloh, yeblis y españolis, ansina enfueran megorashinim o toshabinim, que levantaron el mazal y la ferza de antes y de agüera de medina Melilia.

En Málaga y para mis correligionarios y amigos. Noviembre de 2016

El Dr. José Edery Benchluch “Al Tebíb Harofé”, desde la Maestranza y el Calafa

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Sinagoga Or Zaruah / Yamin Benarroch (Melilla)

 

 

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LARACHE y la ASIGNATURA DE TERAPEÚTICA FÍSICA, un relato del Doctor JOSÉ EDERY BENCHLUCH

El escritor larachense Dr. José Edery

    José Edery, después de publicar su libro “Viajando por el Magreb Hispánico”, parece que se aburría un tanto y se ha puesto a escribir de nuevo, supongo que le ha entrado el “mono” de la narrativa, y, como suele hacer, tiene la deferencia de enviarme su último relato, un retazo de sus recuerdos de estudiante, para colgarlo en mi blog para deleite de todos. Es un relato muy divertido, la verdad, en el que Larache se convierte involuntariamente en la protagonista de la anécdota.

Sergio Barce, febrero 2012

    LARACHE Y ASIGNATURA DE TERAPÉUTICA FÍSICA

En los exámenes orales universitarios existe la creencia constatada de que cuando el alumno permanece largo tiempo en la sala a puerta cerrada examinándose o delante del tribunal en sesión pública, es señal inequívoca que va aprobar e incluso sacar buena nota. Si por el contrario el tiempo es corto y breve lo más probable es que suspenda o regrese en septiembre.

Yo cursaba el tercer curso de medicina, que en realidad era el cuarto si contábamos tras el Preuniversitario, el curso Preparatorio común a las carreras de ciencias con biología, matemáticas, física y química. En dicho curso las materias eran la Farmacología con  el “Manual de Velázquez” dada por el emblemático “Don Emilio” Muñoz, el catedrático más elegante y dandy de España; la Patología General enseñada por el Profesor de la Higuera alias “El Breva”, la Fisiología Especial por el Prof. Rafael Mora (hermano del Catedrático de Histología Abelardo) y la Terapéutica Física que impartía el catedrático Ignacio García Valdecasas “El Chispa”, oriundo de la granadina región de Riofrío (Loja) uno de los mayores criaderos actuales de esturión y caviar beluga de Europa. (ver  “Viajando por el Magreb Hispánico”).

El sobrenombre de “El Chispa” tenía su lógica ya que entonces la asignatura trataba principalmente de aparatos terapéuticos eléctricos (Rayos X, Onda Corta, corrientes galvánicas etc.) y sus fundamentos. Una asignatura con pocas patologías, árida y poco atrayente, y sobre todo basada en la Física. Materia esta que había impartido en Preparatorio en Granada el duro catedrático “Don Justo” Mañas, a causa de cuyos exámenes los alumnos se iban a otras facultades para poder aprobar ya de por sí un difícil curso selectivo.

Don Ignacio García Valdecasas era un hombre alto, de aspecto serio, de tez bronceada por el campo, con un andar como cansino y algo encorvado que daba la sensación de una persona rural más que de un profesor universitario. Aunque ello encubría una gran humanidad, profundos conocimientos profesiones y una amplia cultura. Pero su verdadera afición era sus tierras y olivares en Riofrío. Durante mi etapa ministerial conocí a dos de sus hijos: un destacado letrado en Jaén y un prestigioso diplomático y Embajador, con el que establecí una estrecha amistad y recordando siempre en nuestras conversaciones  a su padre.

Medina de Larache

La clase de Terapéutica Física comenzaba a las nueve de la mañana, por lo que “era obvio” que yo no asistía nunca por mi incompatibilidad fisiológica, a lo largo de mi vida universitaria y luego profesional, de levantarme “tan temprano”. Llegó en el mes de junio  el correspondiente examen final de la asignatura, de la que al no llevarla preparada pensaba dejarla para septiembre. Fue entonces cuando nuestro compañero de curso ¿Gerardo? Cánovas, murciano que residía en el Colegio Mayor Isabel la Católica, sobresaliente estudiante  y persona de una gran religiosidad practicante (“desapareció “de la facultad a partir de dicho curso) como la mayoría de los compañeros de entonces, me convenció para presentarme al examen. Era medianamente alto y fuerte con una constitución semejante a la de Alfredo Segura Sánchez.

Me atiborré de comprimidos de Preludín (otros solían tomar Simpatina o Centramina) durante una semana con casi un continuo insomnio y una hiperactividad mental; y un jueves por la tarde tras esperar unas dos horas me llegó mi turno oral para examinarme. A Cánovas por lógica alfabética le correspondió antes, y al terminar el examen, que duró apenas diez minutos, con mucha desilusión me dijo que le habían dejado para septiembre (nunca más supe ni supimos de él). Por su resultado me iba a retirar del examen pero me convenció para que me presentase cuando me llamaran, y a pesar de su decepción y tristeza se quedó acompañándome.

El lugar del examen era una gran sala con hileras de grandes bancos de madera separados por un ancho pasillo central. Y al fondo a la derecha un estrado con una mesa, a bastante distancia de la primera fila (por lo que no se podía apenas escuchar al profesor ni al examinado) donde se enfrentaban catedrático y alumno.

Don Ignacio alzó la cabeza y con voz fuerte, pero con unas facciones que mostraban gran extrañeza casi gritó: ¡¡José Edery Benchluch¡¡ (Aquí se le trabó un poco la lengua con el segundo apellido). Acudí a la mesa deprisa, pero con paso mesurado posiblemente por la hiperactividad, seguridad y optimismo que me producía el Preludín.

Me dijo de inmediato: <Yo a Vd. no le conozco ni le he visto nunca en mis clases, pues le recordaría, sobre todo por sus apellidos >. Por lo que casi me iba a retirar dando por asegurado el suspenso. Pero por efecto milagroso de la droga le respondí con voz firme pero respetuosa:

<Discúlpeme Don Ignacio, pero es que a las nueve de la mañana tengo que asistir todos los días a la sinagoga para mis rezos.>

<Por favor, repítame lo que ha dicho, por si lo he entendido mal.>

<Si Señor. Como soy judío y practicante, mi deber religioso es participar con mis correligionarios a los rezos en la sinagoga de la calle Arandas, por la Plaza de la Universidad.>

Muy respetuoso hacia los demás por su formación humana y social y sus firmes creencias religiosas, aunque fueran diferentes, su semblante cambió por uno más agradable e interesado.  En la España de esos tiempos, aunque existía una grandísima ignorancia (y en la actual), pero no incultura, sobre personas y ortodoxia de las otras religiones, existía un gran respeto religioso en el trato personal entre ellas.

Intercambiamos preguntas y respuestas. Curiosamente conocía mi ciudad natal, Larache, donde tenía amigos, entre ellos la familia Gomendio, propietarios del Lukus, la mayor empresa y terrenos agrícolas del Protectorado; y un amigo colega, el doctor Rogelio Consuegra así como de otras personas y hechos que no recuerdo. ¡Han transcurrido 56 años¡ Hablamos durante cerca de tres cuartos de hora de ellos, de mi ciudad, de religión, etc. Todo ello ante la expectación y casi admiración de mis compañeros, como supe más tarde, pues suponían que estaba realizando un brillantísimo examen por el tiempo que transcurría. Si hubieran conocido la temática que intercambiaban el examinante y examinador, no se lo habrían creído.

En un momento dado miró su reloj, y casi sorprendido por el largo tiempo transcurrido, interrumpió la conversación y me hizo sacar dos papeletas con temas del examen (normalmente era una cada vez). Me preguntó que cuál prefería y cómo había preparado la asignatura. Fui correcto y le respondí que regular. Y apenas llevaba dos minutos exponiendo el tema que había escogido, me paró y con gran sorpresa por mi parte me dijo, con un tono cariñoso:

<Creo Señor Edery que no voy poder darle un sobresaliente como probablemente se merece; debido a su no asistencia a las clases a lo que doy gran importancia. ¿Qué le parece un notable?.> A lo que le respondí muy serio simulando contrariedad y educadamente:

< Lo que Vd, decida Don Ignacio. Muchas gracias.>

Y regresé al banco donde me esperaba con una cara de sorpresa que nunca se me olvidará mi querido compañero Cánovas. Y de paso observaba las miradas de admiración, asombro, respeto, o todo junto en una sola expresión, de los compañeros que esperaban su turno de examen, ante mi “larga exposición” en tiempo y temática entre profesor y alumno. Y que no podían escuchar ni nunca sospecharían, por la distancia existente entre ellos y la mesa del examinador.

Tengo que aclarar que en Granada nunca asistí a una ceremonia en una sinagoga, ya que desde 1492, no existen ni se realizó ninguna apertura nueva, incluso hasta el día de hoy. Ni de la inventada por mi, puesto que la única ubicación de un templo era un oratorio casi clandestino de confesión baptista al que asistí con un amigo, situado cerca de la Facultad de Derecho en la calle Arandas. Y la colonia judía en la ciudad entonces estaba compuesta únicamente por la familia Godman, propietaria de la academia de lenguas extranjeras “Mangol” en la calle Reyes Católicos. Y por nueve estudiantes universitarios (entre ellos los larachenses, futuros médicos, Esther Amselem y Alejandro Abehsera) procedentes del entonces Protectorado de España en Marruecos, de Ceuta y de Melilla. Y que para un acto colectivo religioso judío es obligatorio la presencia de un mínimo de diez hombres adultos (minián).

 Dr. José Edery Benchluch .

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SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA BERDUGO, un relato del doctor larachense JOSÉ EDERY BENCHLUCH

 

                          Hace pocas semanas, publiqué en este blog El Kipur y las leshinas de Larache, de  mi amigo y paisano, el Dr. José Edery. Ese relato, entrañable y aleccionador, ha sido uno de los más leídos, visitados y curiseados de mi blog, y seguramente, como José Edery ya sabe que nos ha enganchado, me envía otro nuevo relato o crónica, porque es ambas cosas. Actúa, pues, con premeditación. Yo, que siento cada vez más curiosidad por la historia de Larache, por la natural mixtura de las tres culturas que allí respiramos, me siento un privilegiado, primero por ser el receptor de sus escritos, y luego por ser el transmisor de ellos a todos los que seguís estas páginas. 

                          El relato-crónica que José Edery Benchluch me ha remitido nos adentra en el mundo de las tradiciones hebreas en Larache, y especialmente en el de las sinagogas o esnogas que había en nuestra ciudad. Poco sé de todo este mundo, pero leer este texto realmente me ha fascinado. José Edery, además, le da las pinceladas precisas para llenarlo de colores: nos da una lección de su cultura y de sus tradiciones, nos explica minuciosamente cada fiesta o cada ritual, además nos hace caminar por las calles de la Medina de Larache como un consumado guía -y sin cobrarnos por ello-, y con su prodigiosa memoria, por otro lado sorprendente y admirable, nos habla de todas las familias hebreas que vivían en Larache; pero no sólo recuerda los nombres, sino que es capaz de indicarnos dónde vivían y a qué se dedicaban, con lo que ese paseo no se limita a ser una caminata por calles vacías, sino que lo transforma en algo vivo, consigue que veamos a esos personajes que habitaron la vieja ciudad de Larache. Así que, después de todo lo que llevo dicho, lo más apropiado es dejar que hagáis ese viaje de la mano de José Edery…  – Por Sergio Barce.

  

Larache en el Mundo – Antonio Mesa, José Edery & Sergio Barce, al fondo Carmen Allué, y de refilón José Luis Gómez

    SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA DE BERDUGO

 por José Edery Benchluch

   El término sinagoga proviene del latín, y este a su vez del griego sinagoge que significa “reunir o congregar”. En hebreo se dice Bet Keneset “casa (bait) o lugar de encuentro”, y también Bet Tefilá “casa de oración”. Es quizás por esta denominación por la que muchos judíos del Magreb, entre ellos los de Tetuán y Melilla, mezclan y confunden el continente (bet) con la función (tefilá) y denominan a la sinagoga tefilá que quiere decir “oración” sin añadir bet “casa” que es lo que definiría el lugar o edificio. A la de Berdugo por ejemplo la llamarían “Tefilá de Berdugo”. En Larache y Alcazarquivir la denominación más usual era esnoga, vocablo que proviene del ladino y que luego pasó a nuestro jaquetía o judeo español de Marruecos. El origen se remonta al siglo XVII cuando los sefardíes hispano portugueses, tras su expulsión de Portugal, cinco años después de España por los Reyes Católicos, denominaron, en los Países Bajos donde encontraron refugio y acogida, a su primera sinagoga construida en Amsterdam con el nombre de “Esnoga”, uno de los monumentos históricos y religioso de la ciudad digno de ser visitado. Estos judíos hispanos se hacían pasar por portugueses, de aquí su denominación de “Esnoga Portuguesa”, ya que los holandeses estaban en guerra con España y los españoles mal vistos en el país.

calle Yebiel, Larache

   Con los años nos gusta rememorar y comentar con nuestros paisanos recuerdos y vivencias de  juventud en nuestra querida e inolvidable, para la mayoría, ciudad natal marroquí. Uno de los comentarios entre correligionarios suele referirse a como eran, tanto las personas como sus respectivas esnogas habituales. La que yo frecuentaba era la de Joseph Berdugo por pertenecer a mi familia, y que estaba situada en la calle Oddi, bocacalle de la Calle Real.

   Si bajamos por la empinada Calle Real (antigua calle Marina en honor a este general que fue Alto Comisario, posteriormente calle 8 de Junio en conmemoración al desembarco español en Larache y actualmente calle 2 de Marzo) procurando no resbalar por su pronunciada pendiente, sobre todo en los frecuentes días de humedad que suele cubrir de neblina matinal principalmente la parte antigua de la ciudad, a la izquierda, tras sobrepasar la bocacalle de la Cuesta del Hamám, comenzaba la calle Oddi. Esta, más estrecha, se unía a la anterior en mitad de su trayecto para desembocar en el Barandillo (antes casi al borde del mar y actualmente separado de éste por unos jardines y una carretera de circunvalación) formando una sola callejuela, teniendo en sus cercanías al finalizar a la izquierda la mezquita de la Zauía Nasería construida en el siglo XVIII, frente al edificio del antiguo colegio español del primer Patronato Militar.

   Penetrando en la calle Oddi, a la derecha de la estrecha y también empinada callejuela, por supuesto todas peatonales por necesidad excepto la calle Real donde podrían transitar carros de mano, tras recorrer una larga fachada sin puertas, coronada por pequeños ventanucos, se situaba el primer portal, que conducía a la sinagoga de Bergugo.

    La Esnoga de Berdugo se hallaba en la planta baja de un edificio de dos plantas. A pie de calle un pequeño portal enmarcaba una gruesa puerta de madera que se abría a un largo y estrecho pasillo, oscuro y abovedado con paredes de argamasa encaladas de color ocre. Con un ensanche al principio del pasillo en cuyo lado izquierdo había un pozo sobre un río subterráneo, cuyas aguas se escuchaban y a veces se vislumbraban corriendo en las profundidades. Pozo que se utilizaba en Rosh Ashaná (Año Nuevo) para “arrojar” los habonot (pecados), y donde durante la Guerra Civil española algunos amigos de la familia arrojaron las armas que poseían ante el temor de los registros de la policía y de los militares del bando nacional. En el pasillo a la izquierda habían dos minúsculos habitáculos, donde se ubicaba la josherá (retrete) o bet  shimush alumbrado con una mortecina bombilla de 15 vatios (lo mínimo comercializado en aquella época autorizada por “Electras Marroquíes”) que servía para alumbrar un inodoro o taza a ras de suelo y un grifo adosado a la pared; y en la otra un pequeño lavabo para el ritual del Netilat Yadaim del lavamanos. La compañía de electricidad “Electras Marroquíes” de nuestras ciudades, que tan deficientes servicios públicos (el alumbrado de las fachadas con bombillas, casi siempre de mínima intensidad, para iluminar las calles corría a cargo de los propietarios o inquilinos de los inmuebles) y privados nos prestaba, era una ampliación del grupo Urquijo, de la compañía eléctrica que el Marqués de Comillas había instalado en Tánger a finales del siglo XIX.

Teba de la Snoga de Ibn Danan, similar a la de la Snoga de Berdugo de Larache

   El pasillo de la esnoga terminaba en un patio con cinco puertas. La de la derecha abría la habitación donde vivía Donna Toledano, segunda esposa tras enviudar del saddik de Larache Rebí Moshé Benchluch “Babá Hbíb”, prestigioso rabino y sanador fallecido a la edad de 106 años y enterrado en el cementerio viejo de la Cuesta de la Torre o de Rechaussen, con una lápida medio destrozada. Y en cuya habitación había una ventana que se abría directamente a la sinagoga y que la solían utilizar las mujeres como hazará (espacio separado de los hombres reservado a las mujeres). A la izquierda dos puertas eran las de dos habitaciones donde vivían con su esposa y numerosa prole el platero Señor Guagnunu, que tenía su pequeño taller en la calle Italia, frente a las tiendas de Pariente y de Emquíes, y que tenía que competir con las platerías de Jusef Tapiero, Yusef Ederhy (hermano de mi abuelo), Francisco Galeote, Marcos Hasán, Salomón Amselem (todas en la Calle Real) y Jacob Bensabat en la calle Guezarim. Guahnunu fue un  personaje admirablemente descrito por el escritor larachense León Cohén en su libro “La memoria blanqueada”, obra que tuve el honor de presentar en Madrid conjuntamente con el autor y el entonces Presidente de la Comunidad Judía, el tetuaní Jacobo Israel.  

Medina de Larache

    Las dos restantes puertas frontales pertenecían a la sinagoga. La de la derecha para entrar, y en cuyo banco de entrada a la derecha casi se tropezaba con los pies del shamah (semejante a un sacristán) Jay Daued, un magnífico meldador (lector litúrgico, y orante de memoria) oriundo de Demnate que trabajaba de camalo en el puerto. Y la puerta de la izquierda que permanecía abierta y bloqueada por un banco a modo de mejitzá (separación) para que las mujeres sentadas en sillas o de pie en el patio pudieran observar y participar en los rezos. Banco que ocupaban los meknasis Salomón Toledano (padre de las dos parejas de mellizas Esther-Mercedes y Chelo-Anita) que actuaba como administrador, saliah (oficiante) y parnás (organizador); su hermano Rebí Abraham (padre del larachense nacido alrededor del año 1918 Boris Toledano Oziel, el Presidente de la Comunidad Israelita de Casablanca, y el más anciano y veterano a nivel mundial) y Jacob Toledano (no eran familia, propietario de la Tienda “La Favorita” bajo los arcos de la Plaza España), así como los hermanos Emquíes (especias y ultramarinos en la calle Italia). Todos ellos con su numerosa prole y familiares.

   Muchas veces el ritmo de los rezos se interrumpía, debido al fuerte carácter de los protagonistas con frecuentes disputas  por motivos rituales, de programación o de lectura entre los dos paisanos Toledano que se sentaban juntos, Salomón y Jacob. Estos solían utilizar en sus disquisiciones el judeo árabe, a pesar de que llevaban décadas viviendo en Larache, forma dialectal habitual en las juderías de la zona francesa, con frases castellanas con una peculiar entonación y pronunciación. Motivo por el que en ocasiones a veces Jacob encahseado (cabreado) abandonaba la esnoga para irse a otra próxima (generalmente a la de Moryusef, donde era bien acogido pues era un buen meldador de potente voz) pero durante breves períodos de tiempo; y el regreso se solía producir con un efusivo shalom entre ambos. El saliah sibur (oficiante principal) David Gabay (que era el shohed o matarife ritual de la comunidad) más conocido por “David Elgué”, sobrenombre del saddik de su pueblo, oriundo de la ciudad de Demnate, al igual que varios de los asistentes a la esnoga, intentaba mediar en las controversias. Ante la impavidez de mi abuelo Yamín propietario de la sinagoga, hombre de apariencia serena, el más instruido en materia litúrgica y religiosa de los asistentes pues había estudiado en la yeshivá o seminario de Meknés), pero también con gran carácter. Yamín Edery Busidan era hijo de Vida (“Máma”) Busidan, que fue madre también de los conocidos rabinos Messas por su segundo matrimonio con Rebí Haím Messas; y biznieto del celebre saddik de Meknés Rebi Daued (David) Busidan o Boussidan.

   Por  las disquisiciones anteriormente relatadas entre los dos miembros de mi esnoga, que no suelen ser infrecuentes en otras sinagogas y de las que a veces también he presenciado en Madrid, casi como si fuese una “tradición”, comprenderá mejor el lector la conocida historieta del náufrago judío en una isla totalmente desierta. Que al socorrerle al cabo de varios años los rescatadores hallaron que había construido además de su casa, dos edificios más para sinagoga: uno cerca del mar y otro en la colina. Cuando asombrados le interrogaron respondió, ante lo que consideraba una incomprensión por parte de los goys: “¡Que era para cuando se pelease en una de ellas, irse a la otra¡”.    

Boda hebrea en Larache

    La esnoga de Berdugo era de forma rectangular y en la pared opuesta a la ventana de  “tía” Donna formaba como una T, en cuyo extremo derecho superior estaba empotrado a media altura un artístico y esculpido armario en referencia al “Arca de la Alianza” que servía de Hejal (para los judíos ashquenazís Aron Akodesh  o “Arca Santa”) conteniendo los Sefarim (“Rollos de la Ley”). Debajo  recuerdo que se sentaba el “ceutí” Mojluf Gabay con su familia, oriunda de Demnate. Entre los Sefarim había un Sefer Torá o “Libro de la Ley” (manuscritos en piel de cordero con unas características y condiciones especiales y enrollados en dos artísticas maderas coronadas con adornos de plata o tapujim) escrito y confeccionado en Jerusalén en memoria del larachense Simón Benamú, comerciante, viajero y explorador en el Amazonia, ofrecido por su viuda y sobrina Meriam Benchluch “Tití”. El Sefer Torá es una copia manuscrita del Pentateuco (los Cinco Libros de Moisés) en pergamino procedente de un animal casher (excepto el buey) especialmente preparada y escrita por expertos escribas (soferim) profesionales.

   También en la misma zona se ubicaba la numerosa familia Benchluch, con el conocido Practicante Yusef encabezándola. Era enfermero del Dispensario cercano al Hospital Civil y de la familia de los Guisa, de los que aprendió el habitual trato y saludo protocolario y cortesano que utilizaba con pacientes y amigos. No se despedía de nadie en la calle dándole la espalda sin antes dar tres pasos hacia atrás. Frente al hejal en el otro extremo de la T (izquierda) estaba situada la tebá (estrado y mesa a modo de púlpito de lectura de la Torá), con una ventana lateral que daba al patio para que a través de ella las mujeres pudieran contemplar al saliah sibur (oficiante principal)  y a los olim (los llamados a leer la Torá cuyos dos primeros debían ser un Cohén y un Levy)). También recuerdo a la familia Beneich, oriunda de Alcazarquivir, sentados al pie de la tebá, con el “patriarca” acompañado entre otros de sus hijos Menito, el adjunto de Don Mariano Jacquetot, y de Samuel. Vivían en el edificio del krez (calvo) Bengoa en la calle Duquesa de Guisa, donde vivían también la familia Bensimon cuya hija Marcelle se casó con el Primer Ministro de Gibraltar Sir Yoshua Hassan.

Medina de Larache

   En la hilera central de bancos que dividían longitudinalmente la esnoga se sentaba mi abuelo Yamín, propietario del edificio. Y entre otros también los miembros de la familia de Chalóm Amselem (el farmacéutico Abraham, el Dr. Amram o Armando, Jacob o Jacobi, capitán mercante, Isaac, Mair y el Dr. Jaime, único de los hermanos actualmente vivo y en California) sobre todo el día de Yom Kipur “Día del Perdón” (una semana después de terminar Rosh Ashaná u “Año Nuevo”) que es cuando les recuerdo en la sinagoga. Los niños éramos numerosos, sobre todo los días de fiestas, y cuando se nos pasaba las reprimendas de los mayores por corretear entre los bancos distrayéndoles en sus oraciones, charlábamos en voz baja. Los que más frecuentaban la esnoga eran los de clase media baja, que luego de adultos han resultado buenos meldadores. A estos, de familia muy numerosa generalmente, les caracterizaba que los trajes que “estrenaban” en las pascuas llevaban el ojal de la solapa de la chaqueta a la derecha, ya que las expertas y baratas costureras de entonces sabían perfectamente como adaptar el traje usado del padre o del hermano mayor, dándole la vuelta. Pero lo curioso, y que recuerdo siempre con relativa sorpresa, era que durante la lectura de la Torá (el momento más sagrado del oficio junto a la silenciosa oración de la Amidá) la mayoría de los hombres salían a la puerta a charlar, y nosotros aprovechábamos esa casi media hora para bajar corriendo la Calle Real hasta el puerto. La Amidá (o “Shemoná Ezré” por componerse de 18 oraciones, aunque luego se añadió una más) debe su nombre a que se reza de pié, constando de tres partes que se atribuyen cada una a Abraham, Isaac y Jacob. Se melda tres veces por día (en el shahrit de mañana, minjá de tarde y arbit de noche) de pie, en silencio y máxima concentración siendo su sublime momento el recitado de la Keduchá en voz alta que es la oración de los ángeles. 

Sinagoga Ibn Danan de Fez

  La sinagoga de Berdugo fue edificada y creada a finales del siglo XIX por el comerciante de Meknés o Mequinez radicado en Larache, Joseph Berdugo Ohana, casado con Yael (“Máma”) Benchluch, que era hijo del saddik Rebí Yudah más conocido como “Jajam Halav Hashalom” y nieto del saddik el “Malaj” Rafael Berdugo. Joseph o Yusef, que era mi bisabuelo paterno (padre de mi abuela Simha Berdugo Benchluch, esposa de Yamín) fue un emprendedor empresario, hombre de confianza del Sultán en sus negocios en el norte del país y en Europa, por cuya razón efectuaba frecuentes viajes al vecino continente, principalmente a Manchester y Londres. Estos viajes contribuyeron a que incorporase a sus hábitos “el comer en mesa alta con cuchillo y tenedor”. Hay que tener presente que hasta la llegada de los españoles y franceses a Marruecos, lo habitual era comer sentados en el suelo, en una mesa baja y con cuchara o mgerfa.  Recuerdo que a esta, los judíos de origen megorashim (expulsados de España que convivían en las ciudades del sur con los judíos toshabim u autóctonos del país) del mellah de Meknés y Fez, la denominaban kutshara al igual que muchos otros vocablos por su cultura original hispánica.

Sinagoga Ibn Danan, interior

   Lo anecdótico era que a la hora de almorzar, por novedosa curiosidad, a sus los vecinos y amigos les gustaba presenciar su forma de comer al estilo nasrani. Vivía en la primera planta de la sinagoga, que consistía en un gran espacio o galería cubierta acristalada que daba al patio de la planta baja, y de donde se abrían varias habitaciones que servían de cocina y dormitorios, efectuándose las comidas en la galería. La azotea o stah, a la que se accedía por una estrecha escalera de paredes siempre blanqueadas, era utilizada por las mujeres como lugar de tertulias al tender la ropa. Así como por los orantes hombres de la sinagoga las noches de novilunio para meldar (rezar) el Birkat Alebaná  u Oración de la Luna. Sucedía a los siete días aproximadamente de vislumbrarse la Luna Nueva o creciente visible de ésta, generalmente después de las tefilot (oraciones) del arbit (rezos de la noche) del shabat (sábado) o noche de alhad (domingo). Para nosotros los sefardíes, me comentaba mi abuelo Yamín, la oración de la Luna era más un birkat o bendición que un kidush lebaná o santificación; y que era o representaba cada principio de semana o shabuah una bienvenida a la Shejiná o “Presencia Divina”. Años antes de la independencia del país en 1956, las habitaciones sirvieron de vivienda a varias familias; y a una de ellas, como la de Azagury, al mismo tiempo también la utilizaba de fábrica  en cuyo horno elaboraba y comercializaba una deliciosa carne de membrillo.

Anita Benarroch de Ayach y Molly Benarroch de Benhayon con Juanita

   Casi siempre nuestros recuerdos desembocaban en la noche de Kipur al salir de las diferentes esnogas. Solíamos esperar en la esquina de la calle Oddi a los amigos que salían de otras sinagogas  (todas en callejuelas de la Calle Real o en el Barandillo) como las de Taregano (o de Castiel), Eljarrat, Isaac Amselem, Beniflah, Abitbol, Asayag, Moryusef, Bendayan, Salmón, Benhazan, etc, y que subían por la empinada Calle Real. Tras la Independencia de Marruecos, todas estas esnogas fueron cerrándose, quedando solamente la Sinagoga Parente, la última y única construida en la ciudad moderna. La mandó crear Estrella Beniflah, larachense residente en Barcelona en memoria de su esposo. Actualmente también inexistente en su función, estaba situada  en una bocacalle de la Cuesta del Mercado de Abastos (a mano derecha), en el primer piso en cuya planta baja vivía la familia de Jacob Beniflah. La Calle Real, al igual que todas sus bocacalles (las de la derecha ascendían en pronunciada pendiente al igual que las de la izquierda bajaban hasta desembocar en el Barandillo) estaba en tinieblas, ya que la única luz pública era la de las puertas de las casas, y al ser Kipur estaban apagadas. Solamente algunas pocas viviendas donde vivían una minoría de musulmanes y cristianos estaban encendidas. Y estos paisanos por esa perfecta convivencia y entendimiento entre las tres creencias que existió en la ciudad durante la época del Protectorado de España, conociendo las costumbres y reglas religiosas judías, solían en ocasiones sin previa petición, encender o apagar la luz de escaleras y pasillos. 

zona actual del Barandillo, vista parcial

    Atravesábamos el Zoco Chico, continuábamos por la también apagada calle Italia donde vivían numerosas familias judías. En una pequeña bocacalle a la izquierda vivía la conocida “pedigüeña” Meshoda de Coco, a la que la policía encontró muerta en su habitación y hallaron que un armario empotrado se abría a una habitación secreta llena de vasijas y viejas maletas ¡repletas de miles de monedas hazanías, francos y pesetas de cobre y níquel¡ Era el avaro fruto de muchos años de pública mendicidad, pero según los descubridores del tesoro, las monedas por su estado de podredumbre al cogerlas se deshacían en las manos. Atravesábamos la Avenida del Generalísimo (anteriormente Carretera de Alcázar, luego Reina Victoria y actualmente Mohamed V) algo más iluminada por las farolas, donde algunos se despedían (Fereres, Castiel, Medina, Matitia, etc) para remontar la calle. Los demás seguíamos por la calle Cervantes, la Travesía de la Iglesia, o bien por el Pasaje Gallego si queríamos hacer tiempo para seguir charlando y llegar lo más tarde al domicilio (el mío en esa época en el Pasaje Moreno, posteriormente denominado calle Baleares, antes de trasladarnos al chalet de Sor Ichara Moderno que compró mi padre a Moreno). Domicilios donde lo único que nos esperaba era ir a dormir en ayunas en una casa totalmente a oscuras, excepto si las velas, candil o mariposas encendidas antes del Shemá Kolí del arbit (oficio de la noche) continuaban encendidas. Al desembocar en el “Paseo” de la calle Chinguiti (antigua calle Canalejas y hoy Hassan II) las penumbras se alternaban con la mortecina luz de las bombillas de los portales de las casas de los naszranis. Casas en general de la zona cuyos casquillos de bombilla solían estar vacíos, puesto que “Yaacobito el Electricista” (algunos le llamaban “Marconi” y también el de la dolmáu oscuridad) ya se había ocupado regularmente de sustraerlas para “revenderlas” a sus propietarios con su eterna cantinela de: “Por una monedilla, unos cigarrillos, un cafetillo, la voluntad y le cantaré un cantarcillo” cuyas coplas eran siempre las mismas “!Mariloli, sin robarlas coshí una bombilla de tu caza…¡” .

Cine Ideal, en la antigua calle Canalejas, luego Chinguiti, hoy Hassan II

    Pero lo curioso era que el Paseo, que era la calle más importante, comercial y concurrida de la ciudad, también estaba esa noche poco iluminada y triste, y además con pocos paseantes y transeúntes. Se debía a que los dos cines más frecuentados de la ciudad y que se ubicaban en dicha calle Chinguiti, como eran el Cine Ideal y el Teatro España, y que daban una gran luminosidad y animación a la calle,  estaban cerrados y totalmente apagados, ya que sus propietarios eran judíos. El primero había sido adquirido por Salomón Amar a la familia Gallego y el segundo pertenecía mayoritariamente a la familia de Isaac Benasuly. El Cine Avenida en la calle Cervantes frente al Pasaje del Cine Ideal se estaba construyendo por su propietario Luís Lodra, y el Cine Coliseo María Cristina perteneciente a Agrela situado en la calle Soldado Sequera, se ubicaba lejos de las calles de tránsito habitual.

Zoco Chico de Larache – vista nocturna

   A la altura del Cine Ideal, los diversos acompañantes comenzábamos a dispersarnos en dirección a los respectivos domicilios. Los Azulay, Benayon, Toledano, Bendodo, Amar, Abergel, Belity, Bohbot, Abehsera, Trojman, etc, en dirección a las  a la Plaza de Barcelona, denominada pomposamente según constaba en una placa “Plaza del Concordato Franco-Perón”. O por bocacalles anteriores como la calle Asturias. Los Oziel, Salama, Ayach, Benarroch, Muyal, Sabah, Pariente, etc…, hacia el “campito de Castiel” (donde se instalaban los circos) en las calles a la izquierda de Chinguiti. Los Benchluch, Bendayan, Ezrien, Benquesús, Sliman, Beniluz, Moryusef, Eljarrat, Emquies, Amselem, Susana, Gabay, Saraga,  etc, en los sectores a la derecha de Chinguiti. Algunos  por la calle Cervantes continuaban por la calle Duquesa de Guisa (antigua Cónsul Zapico) y Capitán Lopera (Obadia, Bensabat, Toledano, Malka, Moryusef, Buskila, Muyal, Emergui, Oziel, Melul, etc…) hasta Soldado Sequera, calle que se prolongaba con las dos Sor Ichara (Antiguo y Moderno) al bifurcarse en la esquina de la tienda del susi.

Boda hebrea en Larache

   Otros pocos retrocedían hasta la Plaza de España (Sonego, Beneich, Susana, Cohen, Bendayan, etc…) para distribuirse por las avenidas que partían de la actual Plaza de la Liberación como eran la del General Barrera antiguo Comandante Miliar de la Plaza (luego Avenida del Nador y actual Muley Ismael), 17 de Julio (antes Primo de Rivera y actual Mohamed  Zerktouni) y  Duquesa de Guisa). Y muy pocos hasta el lejano Barrio de las Navas donde solo vivían seis familias judías (Anidjar, Caro, Amor, Bendayan, Benchluch y Benguigui). Barrio lejano en aquella época para nosotros los de “Chinguiti” y con cuyos residentes solo coincidíamos y nos veíamos en el Paseo, en los cines, fiestas, playa o en los colegios, principalmente Grupo Escolar España, Patronato Militar y en los Maristas. Casi colindante con el barrio de las Navas se ubicaba el Barrio del Nador, donde además de algunos campamentos y estamentos militares, se hallaba el mayor número y concentración de Marruecos por metro cuadrado, de lupanares, mancebías, heteras, meretrices y cortesanas, tanto  indígenas como españolas.

Barrio de Nador

   Muchos años después, en el 2007, regresé y visité algunas ciudades del ex Protectorado, invitado oficialmente por el Señor Cónsul General de España en Tetuán y Cónsul en Larache Javier Jimenez-Ugarte, para dar unas conferencias en la antigua capital del Protectorado y en mi ciudad natal, sobre su evolución histórica y tradiciones. Acompañado de mi esposa y del Director del Colegio Español “Luis Vives”, el asturiano José María Montes, visité el cementerio judío nuevo (situado junto al católico) que hallamos en un estado de deplorable abandono y destrucción (el Director al ver mi estado de ánimo se ofreció a restaurar y arreglar, benévolamente, la destruida tumba de mi abuelo Yamín, lo que efectuó en unas semanas). La búsqueda de la tumba de mi abuelo Yamín y de otros familiares se vio facilitada gracias a la labor y a la guía numerada del cementerio realizada por nuestro paisano residente en Miami Isaac Abeckjerr (Abergel). Visitamos la ciudad vieja y fui recordando y evocando toda mi juventud y los lugares que visitábamos, con mis acompañantes.

   Penetramos en la calle Oddi, llamamos a la puerta de la antigua esnoga y nos abrió una señora  musulmana de cierta edad. Le expliqué que deseaba visitar la vivienda, poniéndole en antecedentes de lo que había sido el edificio Con todo respeto y amabilidad nos acompañó y enseñó los diferentes espacios. Lo que fue sinagoga era una gran sala con madraques y mdareb (colchones) adosados a las paredes, que debía servir como dormitorio, comedor y sala de estar de la numerosa familia. Fui recordando en voz alta vivencias, donde se sentaba cada uno de los orantes y las ubicaciones de los diferentes bancos, estrados y objetos. Hasta que cargado de emoción no pude retener unos sollozos que contagiaron a la anfitriona. Al despedirme le dejé disimuladamente, para no herir su sensibilidad y no producirle hachuma o bushá (vergüenza), una cantidad de dirhams, con el pretexto que lo ofreciese a los msaken, aunque bien se observaba que esa familia eran los más necesitados.

José Edery

Mi agradecimiento a mi paisano y escritor larachense, el letrado Sergio Barce por las fotografías e imágenes  en este artículo. Para mayor información relacionada con este  artículo u otros de similar contenido, consultar o leer la obra de próxima aparición “Viajando por el Magreb Hispánico”, de José Edery. Dr. J.E.B. “Al Tebíb Harofé” – Madrid,  Octubre 2011.

Boda en Larache

 NOTA: Las fotos de las bodas hebreas en Larache las he tomado prestadas de la página de mi paisana larachense Soly Anidjar, a la que podéis entrar en:  http://solyanidjar.superforum.fr/t4110-larache-nostalgia-historias-y-fotos-de-mi-familia

 

LARACHE

 Luis María Cazorla. autor de la novela “La ciudad del Lucus”, jurista larachense de reconocido prestigio, abogado del Estado, catedrático, letrado en ejercicio y novelista -me remito a lo publicado sobre él en este blog-, ha enviado el siguiente comentario al respecto:

 No me voy a referir a la estupenda entrega que Edery nos ha hecho sobre las sinagogas de Larache, a pesar de que él me lo pide. Me salen de la pluma unas letras de vuelo más alto.

Edery significa mucho para la historia reciente de Larache; es uno de los principales poseedores de su memoria histórica viva. Por cierto, ¿cuándo él y Barce darán nombre a una calle en Larache, algo tan merecido si nos atuviéramos a razones de pura justicia? Sabe todo, todo fluye en él como un manantial incontenido; te desborda: “Pepe, Pepe, más despacio” le tenía que decir cuando le sacaba datos para mi novela La ciudad del Lucus hace un par de años, y cuando se los saco ahora para Los asesinatos de Cuesta Colorada, que tengo muy adelantada en el telar.

Para La ciudad del Lucus me suministró datos muy valiosos relativos al desembarco en Larache del destacamento español encabezado por el teniente coronel de infantería de Marina, Dueñas Tomasetti, el 8 de junio de 1911, y la favorable acogida que la colonia judía dio a este trascendental hecho.

Para Los asesinatos de Cuesta Colorada me ha suministrado “jugosos” datos sobre la relación amorosa del general Fernández Silvestre con la bella judía Meriam, relación que encontró cobijo en uno de los locales de la Cuesta del Haman.

Esto es sólo un ejemplo de la enciclopédica “sabiduría larachense” de Edery copiosamente regada por un gran amor hacia Larache y sus derivaciones.

Sinagogas de Larache es un documentadísimo y muy ilustrado relato de lo que Edery atesora. Enhorabuena y gracias… ¡ah!, espero con impaciencia su Viajando por el Magreb hispano.

 Luis María Cazorla

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