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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 10

En el primer capítulo de mi novela EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES (Aljaima – Málaga, 2000) escribí lo siguiente:

(…) …Y, sin embargo, furtiva pero impetuosamente, de golpe, esos añejos recuerdos cruzaron ante mis ojos en un torbellino de imágenes lanzadas a fuego cruzado cuando entreví, allá a lo lejos, desde la suave curva que el vehículo tomaba, a mi pueblo.

Larache, a lo lejos

Descubrí sus casas blancas salpicadas de pinceladas azules apiñándose sobre la mansa ladera que se yergue tibia sobre el Lukus, como una inmensa bandera ondeando frente al océano. El atardecer las teñía con esa coloración dorada que volví a ver en Tánger, pero que allí, en Larache, parece más áurea, más intensa, es como si el sol se mostrase aquí más indulgente que en el resto de Marruecos. Me retumbaba el corazón a cien por hora y hasta mis manos temblaban, qué confuso todo, el ayer con el presente y lo rememorado con lo olvidado, lo que se deseó y cuanto detestamos, pero emergiendo entre esa maraña se abre paso la emoción pura y simple que destila y depura y solo saca a flote lo que en algún momento nos tocó el corazón.

Nayib, el taxista que nos llevó del puerto de Tánger hasta Larache, detuvo su reluciente Mercedes de segunda mano importado de Alemania justo al centro del puente que cruza el río, pasadas las ruinas romanas de Lixus, y posó una de sus enormes manos en mi hombro.

-No iora, jáy. Demasiado tiempo sin volver…

¿Quién no ha vivido una experiencia parecida al regresar después de los años? Este album de fotografías es como un viaje de regreso, de la mano de las imágenes que cada uno de nosotros ha ido guardando. También de las que ahora hacemos cuando volvemos, o de las que hacen los que viven actualmente en Larache. Todo forma parte de la misma memoria, la que atesora el pasado y la que cultiva el futuro, es decir, el germen de la  memoria que será.

Y luego entras en Larache, y llegas a la Avenida Mohamed V…

La avenida Mohamed V estaba flanqueada no sólo por los hermosos edificios de una y dos plantas, la mayoría de ellos aún se conservan, por suerte, pintados de blanco y azul, sino por unos preciosos arriates llenos de plantas y palmeras… En esta imagen, estamos mi madre Maru Gallardo y yo, Sergio Barce, precisamente en la avenida, sería el año 1968 más o menos, y en el cochecito mi hermana Marisol.

Dirección a la Plaza de España, hoy de la Liberación, dejas a la derecha el santuario de Lalla Mennana y el Jardín de las Hespérides, y en otra época a la izquierda, tras pasar la iglesia, estaba la tienda donde trabajaba mi abuelo paterno, Manuel Barce: La Bandera Española, hoy Bazar Yebari.

Estos viejos carteles anunciando los negocios que estaban funcionando en el pueblo, me los envía Paco Selva. Y seguramente traerá recuerdos a muchos de los que los conocieron. Pero si seguimos el camino emprendido, aterrizamos finalmente en el regazo de la Plaza de España, que es a donde siempre terminamos todos al volver. Un lugar que fue espectacular:

La Plaza, la fuente, las palmeras, la arquería y los edificios del Hotel España. Café Central, Café Lixus y Hotel Cervantes, también el Casino cuando estaba en pie… Un conjunto arquitectónico único en todo Marruecos. Aquí está León Cohen con su tía Mery…

León Cohen Mesonero con su tía Mery en la Plaza de España

Yo, de pequeño, también solía ir a la Plaza a jugar, a ver los peces de colores, a correr o a montar en bicicleta. Sergio Barce en la Plaza…

Y del pasado, Paco Selva me ha hecho llegar varias fotografías, hoy cuelgo las de diferentes equipos de fútbol, la mayoría de los jugadores son difíciles de identificar, pero en la próxima entrega de fotos incluiré las que contienen a futbolistas que sí hemos conseguido reconocer, bueno, los que Paco ha identificado. Hay que recordar que su padre fue presidente del CF Las Navas y del CF Larache, y por esta razón guarda infinidad de fotos de partidos de fútbol disputados en Santa Bárbara. Estos cuatro equipos deben ser de los años 20 y 30, supongo.

Al igual que estos dos:

En las siguientes fotos que Paco me ha pasado, sí se reconocen, en la superior, a Lama, y, en la inferior, a Emilio y Facundo. Estos datos, por supuesto, son de Paco Selva, por edad él sí puede hacerlo, yo por entonces ni siquiera había nacido.

Estas otras ofrecen una curiosidad en la segunda de ellas: la visita del Valencia CF a Larache… Los grandes equipos de la liga española, jugaban en Santa Bárbara, desde el Atlético Aviación al Athletic de Bilbao…

Esta imagen me la enviaron hace mucho, y no recuerdo quién (espero que me refresquen la memoria). Los espectadores acuden en 1953 a ver un partido del Chabab (así es como me llegó la información junto a esta foto, pero, como bien dice León Cohen, debió de ser el Larache CF, ya que el Chabab apareció más tarde).

Ya que estamos en esos años pasados, que aunque no viví sí conozco por tantos relatos de mi familia y amigos, recupero esta fotografía del Taller de Agustín Barrajón, que nombro en algún relato.

Si se me permite otro paréntesis familiar, aquí están mi madre, Maru Gallardo, con mis abuelos, Manolo Gallardo, que fue policía de tráfico en Larache, y mi abuela Eduarda Martínez. Tras la independencia de Marruecos, mis abuelos se marcharon a Málaga, desde donde siempre recordaban los buenos años vividos en el barrio de la Bilbaína, y los años de Alcazarquivir, los de Villa Sanjurjo o los de Ghemis Sahel, porque vivieron en todos esos lugares… Mis padres continuaron en Larache, para mi suerte.

E inevitablemente, imágenes de los colegios, donde se reconocen la mayoría de los amigos. Esta primera es de los HH Maristas, en el curso que compartieron, de arriba abajo y de izquierda a derecha: Galice, Manolo Hernández, Abdelmeji ben Abdelkrim, Vicente Pro, Antonio Ubeda ,Joaquín  Garcia, Pepe Alberca, Pepe García Gálvez, Paco Osuna, Cristóbal Ortiz, Claudio Columé, Ramón Sánchez, Ricardo Toledo, Daniel Calbo, Jose Ponce, Julián Aixelá y Pepe Edery.

Años después, del mismo centro, otros compañeros, de mi curso, aunque yo no aparezco, como casi nunca cuando hacían estas fotos de grupo, no sé si me ponía enfermo por esas fechas o simplemente es que rehuía posar… El hecho es que nunca estoy junto a mis compañeros de los Maristas, lo que lamento. De aquí sólo logro recordar a Juan Carlos Palarea, Francisco Javier Palarea, Miguel Angel Aguilar, Pablo Serrano Morón, Lotfi Barrada, José María López Garry, Luis Velasco, Guerrero… Se agradecería ayuda para completar la foto. El primero en hacerlo ha sido Vicente Palomares para indicar que él es el que aparece en la quinta fila a la izquierda y su hermano Antonio Palomares en la cuarta, ambos con vestimenta de rayas; y en la fila quinta a la derecha, junto al macetero, Pablo Aledo. Y Juan Carlos Palarea me aclara algunos otros: Pepe Cáceres, José Gabriel Matínez y Luis Simón. Joaquín Mauriño añade que, en la primera fila a la derecha, sentado y con una mano sobre el hombro está Diego Mauriño Medero; y justo más a la derecha, un escalón más arriba (al lado del niño que está de pie) está Victoriano Mauriño Medero. La foto debe ser sobre el año 71.

En esta otra, del Colegio de Nuestra Señora de los Ángeles, reconozco a las que luego serían compañeras mías de clase: Conchi Lama, Gabriela Grech, PeponaTambién Juan Carlos Palarea me indica que están su hermana Viki Palarea y Cristina Navarro. Y como bien indica Mati, la segunda de pie, de izquierda a derecha, es ella, Mati López Quesada, y  la siguiente Marina López Matres.

Hay tiendas y negocios unidos al apellido de su dueño, que son imborrables de nuestra memoria… Es el caso de Rosendo:

Como también son imborrables los amigos de la infancia, a los que hemos visto en alguna ocasión pero que siguen ahí como parte de nosotros. Eso me ocurre con Aguilar, que vivía a mitad de la calle Chinguiti, donde además su madre tenía una peluquería. Recuerdo los días en su casa haciendo espiritismo, o lo que creíamos que era espiritismo y que sólo nos hacía temblar de miedo y partirnos de risa…

Una fotografía de unos amigos: Manuel Fernández Padilla, Pablo Serrano, Juan Cuevas y Juan José Brito.

Quizá sea Miguel Alvarez una de las personas que más relaciono con mi familia y con mi niñez. Era mayor que yo, pero pasé muchos momentos a su lado, y es como de mi familia.

En esta imagen Miguel Alvarez y yo estamos con nuestras madres, en la Gaba.

La familia Alvarez vivía al lado nuestra en la última planta del edificio de Uniban. Manolo Alvarez era compañero de trabajo de mi padre. En los otros pisos de esa planta vivían Torres y Matamala. Pero antes de irnos a la avenida Mohamed V para residir en el inmueble de Uniban, mi niñez estuvo en el Balcón del Atlántico, en concreto vivíamos en este edificio que aún continúa en pie, y nuestras ventanas son las que están justamente sobre el cartel de la teleboutique:

Más anuncios del pasado, y más apellidos: Coloma, Alarcón, Revilla

Me gusta construir este album con los recuerdos pero también con el presente de la ciudad. Mis amigos de ahora son también fundamentales. Esta mañana me ha llamado Abderrahman Lanjeri para contarme que Luis Cazorla estaba por la Medina explicando a un grupo de personas dónde se desarrolla la historia que narra en su novela “La ciudad del Lucus”… Abderrahman es un luchador por conservar a Larache en pie, por defender su patrimonio. En esta imagen, lo vemos organizando al grupo que, hace unos años, hicimos una batida por la playa peligrosa para concienciar a la gente de que hay que mantenerla limpia. Fue muy divertido. Llevábamos unas camisetas azules que rezaban: TODOS SOMOS LARACHE, y en caracteres más pequeños todos los apellidos larachenses que recordábamos…

No puedo dejar de mencionar a la madre de Abderrahman, que hace un cuscús alucinante. Aquí está junto a la princesa larachense Angeles Ramírez.

Uno de los poetas de nuestra ciudad, el elegante Mustapha Bouhsina, que de tarde en tarde nos regala algún poema sobre Larache. Si alguien es sentimental, sus poesías le llegarán. Un escritor infatigable.

Y otra persona que merece la pena conocer de entre nuestros paisanos es Said Hauat, siempre disponible para cuanto hemos necesitado al realizar alguna actividad en Larache.

De Abdelmawla Ziati, autor teatral larachense, he hablado en este blog, por su inagotable esfuerzo por levantar el teatro en la ciudad, y por sus obras. En esta fotografía aparece junto a otros dos autores larachenses, a quienes tengo un gran respeto y afecto: Ahmed Demnati y Mohamed Benaboud.

De Demnati quiero colgar alguna poesía en este blog, y aunque me ha enviado poemas sueltos, aún no he conseguido ninguna traducción al castellano, pero ya llegará, y podré ponerlas en los dos idiomas.

En esta otra fotografía aparecemos varios larachenses, en una reunión informal que hicimos en Málaga, en El Pimpi. Estamos, y José Miguel Palarea me ha ayudado a completar todos los nombres: delante, Miguel Montecatine, detrás, Mercedes e Isabelita Matamala; siguen Isabel Barrales, Charo Matamala, Sole, Alfonso Ariza, Augusto Sarmiento, Sergio Barce, Juan Carlos Palarea, Jose Miguel Palarea, Juan A. Hidalgo y Pepito.

En esta otra imagen, que me ha pasado Karim, hay otro montón de paisanos y amigos y conocidos, que son fantásticos: Karim Ouhrich, Zineb Naoual, Sarita NL, Mounir Kasmi, con el que he compartido ya un montón de mesas redondas y buenos momentos, Mariam Benani, Said Allam, Isadac Fatima Zohra, Touriya Alem, Rajaa Zaidi, Igor Quezada, Abdo Didane, Khalid Didane y Morad Jah.

Joaquín García Camúñez me ha enviado esta composición fotográfica que él mismo ha hecho. Tres amigos que se reencontraron 55 años después, muchos años sin olvidarse unos de otros, que se retrataron juntos; debajo, ellos cuando eran chavales: Joaquín, Claudio Columé y Manolo Hernández Saris; y abajo cuando estudiaban juntos, y como él dice, al volver a verse decidieron ser niños de nuevo, en Larache…

Ya casi al final de mi novela “Sombras en sepia” (Pre-Textos – Valencia, 2006), el protagonista, Abel Egea, se despide de Samir cuando está a punto de marcharse de Larache.  Y dice así:

(…) Como le había prometido, Samir vino a despedirse de él. Se lo encontró a la puerta del Hotel Salam, departiendo con Abdeslam. Abel se había traído el Orion hasta la misma entrada del establecimiento y los dos le ayudaron a meter la maleta, el bolso de mano y unas bolsas con algunas compras: naranjas e higos secos, chuparquía, hierbabuena, dátiles, especias y ejemplares de “La Mañana” que le facilitó Rachid, el dueño de la Librería Al Ahram.

Abel le deslizó unos dirhams a Abdeslam, que se lo agradeció varias veces, efusivamente. Por su parte, Samir le dio un largo y sincero abrazo, besándole en las mejillas.

-¿Volverás? -le preguntó cuando se soltaban.

-Por supuesto.

No era una contestación con la que pretendiese cubrir el expediente, sino que había decidido hacerlo de nuevo. Tenía muy claro que ya no existen distancias, que, en menos de cinco o seis horas, se plantaba en Larache. Y no quería desaprovechar ese lujo.

-Me alegra oírlo. Ya sabes dónde tienes tu casa.

-Shukram, jai -respondió Abel.

-Lamento que no la encontrásemos -Samir apretó los labios, notando que algo se les evaporaba de las manos, una sensación de desencanto-. Te lo digo de verdad.

Sin decir nada, Abel se metió en el coche. Miró al frente; en nada le afectaban las palabras de Samir. Sabía, perfectamente, dónde estaba, lo que anhelaba, qué era lo que le esperaba en los próximos años. Y se sintió bien consigo mismo. Con una flema digna de un amanuense, Abel se había sacado el saquito con el tabaco y se sirvió una buena rayita de rapé. Luego, sonrió, lacónico.

-¿Sabes qué es lo que yo más lamento?

Samir negó con la cabeza. Pero al fondo de los ojos glaucos de Abel, vislumbró un lejano estremecimiento. Abel giró la llave y el motor bramó por el tubo de escape. Volvió a fijarse en el final de la Avenida Hassan II, en el perfil gigantesco de La Tulipe. El desconcertado Samir apoyó las manos en el borde de la ventanilla del coche, como si temiera que Abel acelerase y lo dejara allí.

-Dímelo -suplicó.

No le habría perdonado que se  hubiese llevado consigo la respuesta. Pero Abel le miró, con una expresión suave y relajada, que utilizó también en sus palabras, cargadas de sinceridad.

-No haber regresado antes…

Sergio Barce

LARACHE – foto de Itziar Gorostiaga

OS AGRADECERÍA A TODOS ME ENVIÁSEIS FOTOGRAFÍAS VUESTRAS PARA IR AÑADIENDO AL BLOG. PODÉIS HACERLO A MI CORREO: barceabogado@gmail.com


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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 5

Larache siempre ha sido un lugar vivo, dinámico, lleno de lugares donde encontrarse: la plaza de la Liberación, antes de España, el Balcón del Atlántico, el Zoco Chico, La Hípica, Santa Bárbara, los Viveros, la Gaba, la otra banda… Y luego sus cafetines, bares, restaurantes, casinos… Se me ha ocurrido hacer un pequeño recorrido por esos locales, muchos de ellos yo no llegué a conocerlos, y tendré que repartir en varias entregas las imágenes para poder mostrarlas todas. Aquí van algunas. Para empezar, unos amigos a la puerta del mítico Bar Selva.

Abajo, Ernesto Coloma y Manoli Parodi de tapeo por uno de los bares de Larache… Mª José Coloma aclara que sus padres están en el Bar de la Hípica, y que esta imagen se tomó durante la boda de Gladis Ford.Unos amigos, Cristóbal Ramírez y Guillermo, y también Manuel López Herrera, entre ellos, echándose una partida de billar, del que mi padre era tan aficionado. Siempre me cuenta lo bien que lo pasaba con sus amigos jugando al billar, supongo que añorando los tiempos de juventud.

Ange Ramírez me mandó hace mucho esta fotografía de Victoriano Gutiérrez con unos amigos compartiendo un trago. Están en El Pozo del Café Central. Al fondo, Paquito Osuna Nieto; con gafas, Rosell, y a su lado Juan Paz “el canario”. Y a la derecha, Ceballos, el portero de fútbol.

Este creo que era el famoso Bar Cocodrilo.

Cualquiera de los bares de Larache traerá recuerdos a muchos. Aquí están Cabrera, Pilar, Pepe Jurado, Pepe Rubio…

Y el Bar La Marquesina, donde están, apoyado en la barra, Rosendo Zabala, y al lado su amigo y empleado Selam. Indica Antonio Recober que junto a Juan Fajardo, está Juan Soriano. 

Una imagen de Berros, Alba, Sebastián, Guillermo… Lamento no poder decir el nombre de todos los que aparecen en las fotografías, pero supongo que poco a poco podremos ir completándolas con los mensajes que podías enviarme cuando reconozcáis a alguien. Y así es como Pablo Serrano me aclara que quien tiene la mano sobre el hombro es su tio Juan, hermano de su padre, de la fundicion de Fajardo.

Una imagen del Hostal, que ha venido regentando Mula. Me acuerdo que una noche desperté sacudido por un temblor que movía mi cama de un extremo a otro de la habitación. Era un terremoto. Vivíamos entonces en el Balcón del Atlántico, y mis padres entraron en el cuarto y nos llevaron en volandas hasta el coche. La gente trataba de salir de Larache cuanto antes. Abajo estaba Marina, y José Miguel y Mari Carmen, y nos marchamos al Hostal a pasar la noche, a la espera de que la sacudida no se repitiera causando alguna desgracia. Siendo un niño, aquello fue una pequeña aventura, emocionante, y una buena excusa para luego jugar en el Hostal con el resto de los niños que, junto a sus familias, también se habían marchado allí y a la Gaba tratando de encontrar un lugar más seguro…

En esta otra foto, en otro de los locales larachenses: Forqué, Carlos, Paquito, Miguel, Carlos, Rafael, Yanko…  De las 3 personas sin identificar, Ana María Antón me indica que su padre es el que está a la izquierda de la foto, se llamaba José Antón Gutierrez, nació en 1933 en Larache y trabajó durante años en la gasolinera BP. Falleció en el 2005 llevando Larache siempre en su corazón.

Otro bar famoso de aquella época: el Bar Mauri. Carlos Nieto identifica en esta estampa al niño, que es Miguel Alvarez García, a la izquierda su tío Barroso, que tenía una barbería en la calle Chinguiti, y a la derecha a su padre, aunque no recuerda su nombre.

Y dando un pequño gran salto en el tiempo, nos metemos en el Restaurante Alkhuzaima, en la avenida Mohamed V, donde nos reunimos en 2004. Ahí está León Cohen Mesonero y esposa, que disfrutó ese viaje de regreso a su calle Barcelona.

Supongo que recordando a su padre a cada paso que dio por la ciudad. El padre de León, Jacob Cohen, fue un gran tirador al plato, qué buen ambiente festivo se vivía en el Balcón del Atlántico cada vez que se celebraba un campeonato, y él  ganó varios trofeos…

Y qué decir del Café Central, lugar neurálgico, imprescindible de Larache, situado en el edificio que domina la Plaza de la Liberación, y que todos los larachenses, de varias generaciones, han tomado siempre de punto de referencia o de reunión, y que ahora ha sido restaurado. En esta imagen, tomada hace unos años, Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem sentados en su terraza.

Pero en cualquier cafetín o cafetería bajo los arcos de la Plaza es un lugar magnífico para compartir un buen té con los amigos de siempre. Aquí estamos Abderrahman Lanjeri, Sergio Barce y Luisito Velasco. Y ahora veo la fotografía y me entran ganas de irme para allá.

En fin, Larache y sus rincones, sus bares, sus cafetines, sus restaurantes… Volveremos a dar otro paseo por ellos, desde la distancia del tiempo, y quizá nos sentemos en la terraza del Café Lixus, donde Jean Genet acudió tantas veces para refugirse en él con sus amigos, donde muchos larachenses pasaron y pasan momentos especiales, personales, intransferibles.      Sergio Barce, enero 2012

CAFE LIXUS

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Sale CARTAS Y CORTOS del escritor larachense LEON COHEN MESONERO

<Te escribo desde la distancia y desde el tiempo. Hay un tiempo para el silencio, un tiempo para el amor, un tiempo para el recuerdo, un tiempo para contar las verdades y otro para ajustar las cuentas pendientes>

(Extracto de <Carta a mi prima>)

El pasado 23 de abril, os anunciaba que estaba a punto de salir el nuevo libro del escritor larachense León Cohen MesoneroCartas y cortos” (Hebraica ediciones, 2011).

Pues bien, ya tenemos el libro en la calle hace unos días. Se trata de una colección de pequeños textos, como ya anuncia el propio título cartas y otros escritos, que repasan, de manera directa unas veces e indirecta otras, la vida y el pensamiento de su autor. En el anuncio que hacía en su momento sobre este libro, reproduje una de las cartas, “Carta a mis tías”, llena de nostalgia y de cariño hacia sus familiares. En el libro encontramos misivas muy personales, como la mencionada, la dirigida a su prima (devastadora y triste), a su nieto Alejandro (preciosa), las que escribe a varios de sus amigos, y también otras a personajes como el actor José Luis López Vázquez e incluso a algún desconocido. A veces, incluso, León Cohen se “disfraza” para escribir en nombre de otros, como en “Carta a una amiga americana” en la que es Lafifa Guernati quien escribe para describir la vida de una mujer musulmana.

 <Carta a Alejandro:

Querido Alejandro: Esta mañana cuando te he llevado al cole, me he emocionado como aquel primer día en que mi abuela Luna me llevó a la escuela francesa de Larache, hace ahora cincuenta años. Verte a ti y a tus compañeros tan diminutos, tan indefensos e inocentes, tan dispuestos, tan obedientes y risueños, quizás nerviosos, ¿qué o en qué pensarían y cuál sería su estado anímico? Mi querido nieto, han pasado tantos años desde que a mí me sucediera otro tanto en un mundo en blanco y negro, no estoy seguro sabes, pero en aquella época los primeros días de colegio eran más grises y tristes que hoy día. ¿Sería que el tiempo se acompasaba con la oscura cotidianeidad? Mlle. Beniluz, la maestra y el pequeño Mustafa mi primer amigo en el cole y también años después, han vuelto de nuevo desde un rincón profundo de mi memoria. Cuánto tiempo, no sé si pensar que siento nostalgia, creo que no, pero no he podido evitar sentir el mismo nudo en el corazón y las lágrimas como entonces han brotado, aunque de forma diferente por supuesto, quizás pensando desde el otro extremo, desde el mío de abuelo, en tu desamparo frente a lo extraño. Antaño me sentí abandonado y solo ante el peligro por vez primera. Quizás también recordando a mi abuela, recreando aquel día tan importante para mí, tan importante para ti hoy, he podido sentir todo tu cariño cuando me has apretado con tu manita, cuando me has mirado, me has transmitido tu ternura, he podido sentir incluso la impotencia de no poder comunicarme contigo para que me contaras tus emociones y sentimientos. Ha sido en fin, una mañana especialmente emotiva para un abuelo como yo, contemplando a su nieto como ese pequeño ser indefenso y tierno que era esta mañana. Un abuelo y un nieto difícilmente llegan a acercarse generacionalmente por la insalvable distancia que los separa. Tú siempre serás un niño para mí, lo mismo que yo un viejo para ti. Mañana te escribiré una carta contándote cosas que leerás cuando seas mayor o cuando yo ya no esté para mirarte desde la ternura que me inspiras.>

Luego, en los “cortos” la multiplicidad de los temas abordados son variados, desde la visión desilusionada por Tánger hasta reflexiones sobre qué quedará cuando el propio autor ya no exista; y sus homenajes a Ernest Lluch, a Alberti, pero también a Marrakech y a su pueblo: Larache, especialmente a Larache…

Bar Selva

<(…) El espíritu de mi pueblo son sus bares: El Central, el Selva, el Cocodrilo, el Mauri, el Cuatro Caminos, el Marquesina…

El espíritu de mi pueblo son sus topónimos: el Hotel España, La Zamorana, Claudio Berjón, Panadería Alarios, Garaje Mártinez, Garaje Recober, Librería Damián, las tiendas de Ultramarinos de Antonio Español y de Carmelo Rosendo, Almacenes Pulido, Farmacia Amselem, Zapatería Bata, Imprenta Cremades, Ferretería el Yunque, Pastelería Ayuso, Mi Sastre, La Bandera Española, Casa Martínez, Farmacia Albarracin, Cine Ideal, Cine Coliseo, Cine Avenida, Casa Ros, el glorioso Chabab (Facundo, Buchaib, Said, Riahi, Montero, Emilín), Zapatería Companys, El Chivato, Emquíes, Kassem. La Compañía Lukus, la Fábrica de Harina, Las Navas, Cuatro Caminos, La Cuesta del Aguardiente, La Escañuela, La Guagua…

El espíritu de aquel pueblo es mucho más, es aquello que nos habita y nos acompaña a todos los que un día fuimos parte de él. Es aquello que una mañana al despertar o una tarde cualquiera al doblar una esquina, resurge y renace en todos y cada uno de los que al abandonarlo, nos llevamos un trozo pequeño del alma de aquel pueblo.>      

(Extracto de <El espíritu de mi pueblo>)

Bar La Marquesina

En fin, un libro entretenido, fácil de leer, con múltiples aspectos y variedad de temas que León Cohen aborda con serenidad, con un estilo conciso y bien armado para lo que pretende, y si se quiere ir leyendo poco a poco, a sorbos, es un libro ideal para ello.

Sergio Barce, junio 2011


León Cohen Mesonero

 PARA RECIBIR MÁS INFORMACIÓN:

Prof. Dr. León Cohen Mesonero
Catedrático de Universidad – Dpto Ingeniería Química y Tecnologías de Alimentos
Universidad de Cádiz
Avda Ramón Puyol s/n
11202 Algeciras
e-mail : leon.cohen@uca.es

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