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LARACHE, VISTA POR TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

No hace mucho, compré un ejemplar del libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII, de Tomás García Figueras y Carlos Rodríguez Joulia Saint-Cyr, editado en 1973 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.

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Es un documento excepcional de 499 páginas dedicadas a Larache, y una fuente singular de datos y hechos históricos. El primer capítulo, titulado <Al-Araish en la Historia> es ya todo un resumen denso e interesante de los hechos que acontecieron en Larache en esa época entre los siglos XV y XVII, y que viene muy bien para complementar los artículos que estamos colgando en este blog sobre la fortaleza de <La Graciosa>, las conquistas y reconquistas de españoles y portugueses, y los continuos ataques y razias que tuvieron a Larache como objetivo.

Y por este motivo traigo aquí ese primer capítulo del libro…

Sergio Barce, junio 2014 

LARACHE:

DATOS PARA SU HISTORIA EN EL SIGLO XVII

AL-ARAISH EN LA HISTORIA

A tres kilómetros de la fenicia y más tarde romana Lixus, sobre la suave pendiente de una colina de crestas pedregosas que avanza en punta hacia el Atlántico, se levanta la ciudad de Larache, plaza destinada a jugar un importante papel en la historia de España y de Marruecos.
Sus orígenes son confusos. Parece ser que fue fundada por la tribu de los Banu Arus quienes le dieron el nombre de Al-Araish, emparrado o jardín de flores, en razón de los numerosos viñedos que la poblaban. La leyenda ha situado en estos parajes el famoso Jardín de las Hespérides, fundamentándose lógicamente en su privilegiada situación. Dominando la orilla izquierda de la desembocadura del río Lucus, sobre un terreno excepcionalmente fértil, al que por entonces rodeaban espesos bosques de alcornoques, encinas, robles, acebuches y lentiscos, su flora rivalizaba en riqueza con su fauna. Junto a la abundancia de cereales, viñedos y chumberas sobresalían los productos de su huerta: naranjos, limoneros y granados. Por sus tierras se multiplicaban las liebres, los conejos, perdices y palomas torcaces, chochas y codornices, mientras que las aguas del Lucus eran ricas en róbalos, lisas, pargos y lenguados, destacando especialmente las anguilas de sus pantanos.
La primera referencia que sobre Al-Araish nos proporcionan las fuentes árabes data del 828. A raíz de la muerte de Idris II el nuevo sultán Muhammad b. El-Idris repartió las diferentes regiones del Imperio entre sus hermanos, adjudicando al llamado Yahya el gobierno de las ciudades de Bosra, Arcila, Larache y de los territorios que se extendían hasta el Uarga.

LARACHE
Durante seis siglos la historia de Al-Araish permaneció en el anonimato salvo alguna breve referencia, tal como la noticia de una incursión cristiana contra la ciudad en 1270. Los atacantes, al parecer andaluces, «en el mes de Moharren del 668 de la Hégira, entraron en la ciudad de Larache, mataron hombres, robaron mujeres y bienes, prendieron fuego a la plaza y volvieron a embarcarse en las naves con rumbo a su país».
Sobre este género de incursiones contra Larache comenzamos a tener noticias frecuentes desde los comienzos del siglo XV, partiendo las mismas del litoral andaluz o bien siendo protagonizadas por los portugueses.
En relación con las expediciones de iniciativa española, Jiménez de la Espada, al transcribirnos un manuscrito anónimo de finales del XV, comenta las constantes correrías de los andaluces al litoral africano, tanto por la parte de levante como por la de poniente. En este sentido nos da noticias de varios capitanes: Juan de Pinar, Bartolomé Verdugo y Juan de Sevilla, residentes en Jerez y Puerto de Santa María. «Estos –nos dice- han salteado y saben todos los ardiles desde Alarache hasta Mar Pequeña».

PEDRO DE ESTOPIÑÁN

PEDRO DE ESTOPIÑÁN

Cita el manuscrito especialmente a un tal Francisco de Estopiñán, vecino de Cádiz, como muy ducho en las correrías norteafricanas, personaje perteneciente a una estirpe que iba a hacerse famosa con Pedro de Estopiñán, conquistador de Melilla en 1497 y con Bartolomé de Estopiñán quien, según veremos más adelante, sería protagonista de una desgraciada razia contra Larache en 1546. Jiménez de la Espada nos habla también de otra expedición de este género, concretamente en 1471, organizada por Pedro de Vera el conquistador de la Gran Canaria. Parece ser que el saqueo de Larache reportó al audaz capitán un gran botín, tanto en géneros como en cautivos.
Fue, no obstante, Portugal quien por su política de conquista en el litoral occidental africano estaba destinado por este tiempo a jugar un papel primordial en relación con la ciudad del Lucus. En 1471, dos años después de la conquista de Ceuta, se organizó una expedición marítima desde dicha plaza contra Larache. Varios capitanes, entre los que figuraba D. Diego Vasques de Portocarreiro, con cierto número de bergantines, fustas y galeotas, cayeron por sorpresa sobre Larache en el mes de julio del citado año, vencieron la resistencia que les ofrecían sus muros, saqueáronla a placer y, finalmente, emprendieron el regreso a Ceuta, no sin antes poner fuego a la ciudad.
La vecindad de los portugueses debió tener atemorizados a los habitantes de Larache, especialmente desde 1471 en que la proximidad se hizo aún mayor con la conquista de Tánger y Arcila por aquéllos. La ciudad del Lucus entró prácticamente en la zona de influencia lusitana, por lo que no es extraño que Larache se despoblara ante el temor de sus habitantes de correr la misma suerte que las dos plazas arriba citadas.

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No obstante, por incomprensible actitud de los portugueses, esta conquista no llegó a producirse. Lo extraño del hecho se hace aún más evidente cuando en 1489 Juan II de Portugal levanta la fortaleza de La Graciosa, a unos quince kilómetros de Larache sobre la orilla derecha del Lucus, sin parar mientes en las ventajas que para su propósito de amenazar a Alcazarquivir le hubiera reportado la posición privilegiada de Al-Araish. Sobre todo teniendo en cuenta que, por entonces y según apuntábamos más arriba, la plaza estaba abandonada. Confirma esta circunstancia el hecho de que las primeras embarcaciones que fueron a La Graciosa no hallaron la menor resistencia.
Para la ocupación del lugar donde iba a levantarse la nueva posesión lusitana Juan II envió una pequeña avanzadilla con propósitos exploratorios entre fines de febrero y principios de marzo del ya citado año de 1489 la que inició los trabajos de fortificación en el lugar elegido. Posteriormente, durante el mes de junio, arribó el resto de la expedición. El entonces sultán de Fez, Muhammad al-Xaij, temeroso de la peligrosa penetración portuguesa, puso inmediato sitio a la fortaleza y construyó una estacada aguas abajo del Lucus, con el fin de impedir cualquier socorro por parte de los navíos lusitanos. La situación se hizo extremadamente difícil para los conquistadores, hasta el punto de que en septiembre del mismo año, Juan II y Muhammad al-Xaij llegaron a un acuerdo por el que se establecía la evacuación de La Graciosa siempre que no fuera hostilizada la operación por las fuerzas marroquíes.

JUAN II DE PORTUGAL

JUAN II DE PORTUGAL

El episodio de La Graciosa debió influir sobremanera en el destino de Larache. A raíz del abandono de la posición portuguesa, los marroquíes apreciaron en su justa medida el valor militar de la ciudad del Lucus y lo poblaron y muraron, tornándose el padrastro de Arcila. Efectivamente, Mawlay al-Nasir, familiar del rey de Fez, se encargó de amurallar y pertrechar su recinto en 1491, que todavía subsisten, así como edificar un castillo en la boca del río.
En los comienzos del siglo XVI León el Africano nos describe así la situación de la ciudad de Larache:
Lharais es una ciudad edificada por los antiguos africanos sobre el mar Océano, a la entrada del río Lucus, sobre el cuál está asomada una parte de ella y la otra sobre el Océano. Todas sus partes están bien pobladas, tanto que los moros tuvieron a Arcila bajo su señorío con Tánger. Pero después que estas dos ciudades fueron subyugadas por los cristianos, quedó desierta por espacio de veinte años, después, bajo un hijo del rey de Fez que es el presente, deliberó poblarla y fortificarla, lo que hizo, siendo siempre bien guardada a causa de que los habitantes son en continuo temor de los portugueses, y tiene un puerto muy difícil de tomar a quien quiera entrar en la boca del río. Este hizo aún edificar una fortaleza en la cual queda de ordinario un capitán con doscientos arcabuceros y trescientos caballos ligeros. En el recinto de la ciudad hay grandes praderas y lagunas donde se pescan angulas en cantidad y se encuentra caza; más allá del río hay grandes bosques con leones y otros muchos animales. Los habitantes de esta ciudad tienen una antigua costumbre de hacer carbón que envían por mar a Arcila y Tánger…”

LEÓN EL AFRICANO

LEÓN EL AFRICANO

A lo largo del siglo XVI esta sencilla estampa, primitivamente industriosa, que nos ofrece León el Africano sobre los pobladores de Larache va a evolucionar sensiblemente. La que en los viejos tiempos pudo ser una modesta factoría está llamada a convertirse en un centro comercial importante. Distanciado de la ciudad de Fez en 133 kilómetros, le convertía en su puerto natural. Por otra parte, el hallarse situado casi en la confluencia del Atlántico y el Mediterráneo proporcionaba a Larache un valor estratégico que iba a hacerse evidente en los siglos posteriores, valor que no lograban desvirtuar las condiciones bastantes deficientes de su puerto. La poca profundidad y lo angosto de su barra hacían muy dificultoso la entrada de barcos, especialmente en la bajamar, a menos que aquéllos fueran de poco calado. A los inconvenientes del río y de la barra, había que sumar la agitación constante del mar por aquellos parajes. No obstante, una vez vencidas las dificultades de acceso, el puerto ofrecía un refugio seguro. Cualidad ésta que iba a aprovechar eficazmente en su favor otro de los factores que habrían de influir en el porvenir de Larache: la piratería.
La presencia de los corsarios turcos y berberiscos en el Atlántico comienza a manifestarse desde los comienzos del siglo XVI, débilmente primero para alcanzar desde mediados de este siglo una importancia decisiva. En 1505 Fernando el Católico expidió una Cédula, fechada en Segovia el 10 de junio y dirigida al Corregidor de Jerez de la Frontera, con el objeto de que éste se pusiera de acuerdo con el asistente de Sevilla, Conde de Cifuentes, y organizasen conjuntamente una flota destinada a castigar las naves islámicas que infestaban no sólo el Mediterráneo sino el Atlántico. La Cédula dice así:
Sabido he que en la mar de Poniente entre estos puertos del Andalucía e las Canarias e el Cabo Agüer e las partes de Safi, e Azemur, e Salé, andan ciertos navíos de turcos e de moros que han fecho e facen mucho daño e cada día se fornesce e acrecienta más aquella armada de manera que si con el tiempo, Dios mediante, e con su ayuda, aquello se pudiese remediar sería mucho bien para la contratación de aquellas partes e escusarse an muchos dannos que si no se remedian a causa desto se podrán recibir…”

Ataque corsario (de la web www.galeon.com)

Ataque corsario (de la web http://www.galeon.com)

Larache por esta época comenzaba a convertirse en un refugio eventual de corsarios, completando así la eficacia que para la piratería suponían las importantes bases de La Mamora y Rabat-Salé. La existencia de este incipiente foco tan próximo a la portuguesa Arcila, llevó a don Juan de Meneses, su gobernador, a organizar una expedición de castigo contra Larache en el mes de julio de 1504. La acción iba dirigida concretamente contra una flotilla proveniente de Tetuán, compuesta por una galera y cinco galeotas, que se hallaban en aquella fecha acogidas al puerto del Lucus. Al mando de seis galeras Juan de Meneses atacó al enemigo, no sin encontrar seria resistencia desde el baluarte que protegía el acceso a Larache, y consiguió incendiar la galera tetuaní así como apoderarse de las restantes galeotas. No obstante, las dificultades que ofrecía la barra del puerto a la hora de la retirada dieron lugar a que algunas de las embarcaciones portuguesas hubieran de ser abandonadas después de prenderles fuego sus tripulantes.
El año 1517 señaló para Larache un acontecimiento trascendente. La flota de Barbarroja cruzó el Estrecho y arribó a la costa occidental de Marruecos. Las naves otomanas entraron en el puerto de Larache. Comentando el hecho, David López en su Historia de Arcila expresa lo siguiente: «Desde entonces Larache creció en poder y fue otro Tetuán o Vélez».

Otra fecha importante para la historia de Larache en el siglo que nos ocupa es la de 1546. En dicho año los gaditanos intentaron saquear la ciudad del Lucus, cosa que llevaron a efecto aunque el final de la operación degeneró en auténtica catástrofe para la expedición andaluza. Los historiadores difieren en relación con el número de navíos que tomaron parte en la empresa. No obstante parece ser que éstos alcanzaron el número de 18, a cuyo bordo iban 600 hombres al mando del capitán Bartolomé de Estopiñán. Vencidas las dificultades de entrada en la ciudad gracias al elemento sorpresa, ya que la operación tuvo lugar con las primeras luces del alba, las huestes gaditanas saquearon a placer la villa. Entretenidos al parecer en el acopio de botín, descuidaron su vigilancia dando lugar a una violenta reacción marroquí que acabó con los asaltantes. La matanza de cristianos fue casi completa, figurando entre las víctimas el propio Estopiñán. Muy pocos fueron los que pudieron abordar las naves y regresar a Cádiz, maltrechos y derrotados.
Indudablemente el puerto de Larache a la par que refugio de piratas, fue también importante centro comercial, según apuntábamos anteriormente, y esta importancia iba a hacerse patente a lo largo de todo el siglo XVI. De antiguo la ciudad del Lucus había sostenido relaciones muy diversas, en parte con Portugal, alternadas con los momentos de fricción, pero, sobre todo, fueron los genoveses los principales iniciadores de este género de actividades en Larache.
Los genoveses debieron acudir a Larache muy pronto. En el siglo XII genoveses y pisanos mantuvieron un comercio considerable con Marruecos; sus relaciones se efectuaban principalmente por Ceuta, donde los genoveses tenían contadores importantes y un cónsul general cuya autoridad se ejercía sobre los agentes instalados en Andalucía y en el resto de Berbería. Los venecianos, rivales y enemigos de los genoveses, visitaban Tánger.

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A fines del siglo XV y principios del XVI, los negocios genoveses parecen concentrarse en algunas ciudades de la costa Atlántica, tales como Salé, Arcila y Larache, aunque ya desde 1438 había en Fez comerciantes y banqueros de dicha nacionalidad.
En 1532 un genovés, llamado Tomás Sumerga, era dueño de una pesquería en Larache y traficaba con Fez. Duarte Pacheco Pereira da el nombre de Castillo de los Genoveses  a un fortín situado junto a la desembocadura del Lucus.
Consta también que entre los moradores de Larache existía un núcleo judío cuya principal actividad era la de servir como intermediarios en los tratos comerciales sostenidos por los marroquíes con las naves extranjeras que arribaban al puerto.
También Andalucía sostuvo un tráfico marítimo regular con Larache. Gibraltar por un lado y, sobre todo, Cádiz, mantuvieron con aquél constantes intercambios comerciales, aunque predominando la exportación de los productos españoles sobre el género importado. En 1554 un factor portugués, Sebastián de Vargas, escribía a Juan III de Portugal dándole cuenta de la gran afluencia de embarcaciones gaditanas que llegaban al puerto de Larache, prefiriéndole al de Arcila, hasta el punto de que la ciudad del Lucus había llegado a monopolizar el abastecimiento de Fez. Efectivamente, Cádiz por esta época se había convertido en un importante centro de contratación, tanto de mercaderías europeas como mogrebíes. Horozco nos dice a este respecto: «El mayor trato que de España se tiene en Berbería es en esta ciudad de Cádiz, de adonde salen cada año hasta veinte navíos que en diferentes tiempos van a los reinos de Fez y de Marruecos«.

Hemos de pensar que el tráfico que las naves andaluzas sostenían con Larache debería ser, en cuanto a la índole de las mercancías, muy similar al que en líneas generales se verificaba comúnmente entre España y Marruecos salvo aquellos productos propios de la región del Lucus que pudieran interesar concretamente a los gaditanos. Por entonces el comercio hispano en Berbería se basaba principalmente en la exportación de paños de Castilla, bonetes y zencillos de grana fabricados en Toledo y Córdoba, lencería de la India, Flandes y Francia, azafrán, cochinilla y también trigo y cebada en los años en que la cosecha lo permitía. A cambio se traía a la Península cera (en grandes cantidades) y cueros. Junto a estos dos productos, los más solicitados, figuraba también la importación de azúcar, almendras, alcaparras, añil, dátiles, goma arábiga, miel y sebo. Es lógico que la fértil vega del Lucus, así como su copiosa ganadería, hicieran de Larache una excelente proveedora.

Juntamente con el tráfico estrictamente comercial y abierto a todas las nacionalidades, el litoral occidental de Berbería era testigo de otro, más o menos descarado, en el que el material entrante estaba compuesto por armas o municiones o bien por los metales necesarios para su fabricación. Rivalizaban en este menester Holanda e Inglaterra especialmente, aunque también Francia ejercía en ocasiones el contrabando. Es decir, aquellos países que buscaban, sin reparar en medios, reducir en lo posible el potencial hispánico aunque tal actitud implicara una contraproducente ayuda al Islam, rival máximo de la cristiandad por entonces.
La costa occidental marroquí se había convertido por todo ello en una latente amenaza para las dos naciones más interesadas en la lucha contra el mundo islámico, Portugal y España. La primera de ellas iba a intentar en 1578 una audaz y mal llevada penetración en Marruecos por iniciativa de su rey Don Sebastián. La batalla del Mejazen, de cuyas consecuencias nos ocuparemos más adelante, es sobradamente conocida para extendernos aquí en pormenores.
Por el lado español Felipe II tenía puestas de antiguo sus miradas en el litoral atlántico de Marruecos, estudiando las posibilidades de conseguir en el mismo alguna base similar a las que, hasta la posterior anexión de Portugal, únicamente poseía en la costa mediterránea. Y su atención se dirigió precisamente hacia Larache por considerar que su estratégica situación servía perfectamente a sus intenciones. Los motivos que justificaban sus proyectos así como las gestiones que en tal sentido realizó el monarca español merecen por su importancia capítulo aparte.

TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

TOMÁS GARCÍA FIGUERAS

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«LIXUS, UN PATRIMONIO HISTÓRICO», POR EL LARACHENSE ABDELLATIF LALAMI

Las viejas ruinas de Lixus, situadas en la colina de Shumis. Un paisaje indisoluble a Larache. Mi paisano y amigo Abdellatif Lalami, me remite este artículo que publicó en el suplemento del diario <L´opinion> de Casablanca, el 10 de noviembre de 1992. Un artículo que nos recuerda la importancia de estos restos arqueológicos que, con el tiempo, han sido expoliados y dejados en el más absoluto abandono. Una lástima, teniendo en cuenta la importancia de este yacimiento arqueológico. Pero así son las cosas en Larache. De ahí que el texto de Abdellatif Lalami no pierda nada de actualidad.

Sergio Barce, marzo 2014

Lixus - mosaico del dios Okyanus

Lixus – mosaico del dios Okyanus

Lixus,

un patrimonio histórico auténtico

por Abdellatif Lalami

Conservar nuestros vestigios debe ser una de las prioridades fundamentales no sólo de la ciudadanía sino también de las autoridades competentes, función pues que ha de ser sostenida entre ambos para valorizar a nuestros ancestros, poniendo así de relieve un pasado rico en acontecimientos y monumentos históricos que no son sino el reflejo concreto de nuestra identidad. El ejemplo más evidente de lo que trato de exponer lo tenemos en Lixus. Sigue leyendo

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 15

Pasan los años, tan aprisa, tan urgentes, que es como si la vida se escapara por entre los dedos, igual que el agua que intentamos atrapar con las manos. Pasan los años, y Larache queda ahí, detenida en ese instante que cada uno elegimos, o quizá es el momento el que nos escoge a nosotros. A veces ocurre que ese momento fue capturado curiosamente por una cámara de fotos, encarcelado para la posteridad. Supongo que este gran album que voy colgando en este escaparate virtual contiene muchos de los eternos instantes que forman parte de nuestras vidas, y es gozoso leer luego los comentarios de asombro, de alegría, de inesperado regocijo cuando alguien se encuentra en una imagen o descubre la de su padre o la de su madre o la de alguien muy querido. Es una extraña sensación la de ver una fotografía cuya existencia desconocíamos, como si apareciese de pronto algo que había estado oculto, por muy sencilla que sea la estampa. Por eso comienza esta página 15 del album con una vieja foto de mi abuela Salud, la madre de mi padre. Jamás la había visto hasta hace unos días, cuando comenté que estaba escribiendo un relato sobre ella. No sé de dónde ha sacado mi padre esta pequeña joya, pero es realmente deliciosa:

Mi abuela Mª Salud Cabeza Aranda

Otra fotografía extraordinaria es la que me hizo llegar Antonio Lozano, en la que vemos este camión con el logo de la compañía Lukus. La sola presencia de ese nombre hace recordar a muchos larachenses…

Y dicho esto, movámonos por el mapa humano de Larache. Primero, algo de niños. La siguiente foto me la envió alguien que formó parte de mi infancia, y yo de la suya, José Miguel Feria, y ahora, tantos años después, internet ha hecho que nos reencontremos. José Miguel aparece junto a su hermano Jesús, era el año 68 ó 69.

José Miguel y Jesús Feria

Y en la maravillosa época de nuestra infancia en Larache, la llegada de los Reyes Magos era algo increible, un momento mágico e irrepetible. En la siguiente fotografía mis hermanas Mónica y Marisol, aún desorientadas después de que mis padres las despertaran porque Sus Majestades acababan de llegar para entregarles sus regalos. Los Reyes estaban «interpretados» por Antonio Rebollo a la izquierda y Jose Luis Ruiz Castro a la derecha (datos facilitados por la inagotable fuente de información Carlos Tessainer-Eduardo Espinosa).

Mónica y Marisol Barce

Unos años antes, en la Plaza de España, Cecilia Molinero paseaba de la mano de su madre. Ocurre como con el Balcón del Atlántico o con el Jardín de las Hespérides, que es raro que no tengamos todos alguna foto en esos lugares emblemáticos de Larache…

Cecilia Molinero y su madre

Colegio de los Maristas, curso 1952-1953. Aquí necesito ayuda de quienes sean capaces de reconocer a los alumnos… Como señala Antonio Lozano, él está situado en la tercera fila de abajo a arriba, siendo el tercero de  izquierda a  derecha. Y Carlos Nieto reconoce en la segunda fila a Otero, 6° y Arciniega 8° por la izquierda. En la tercera fila a Guido Tessainer, 4° por la izquierda. Y en la cuarta fila 2° por la izquierda a Juan Triviño.

Maristas Larache – Curso 1952 a 1953

Otro grupo de estudiantes, en este caso, las alumnas del Colegio Nuestra Señora de los Ángeles, donde estudié el último año que permanecí en Larache… Aquí aparecen: Marta López Matres, que mira a la cámara con mucho descaro, Pili Blanco, Sor Mercedes, el Padre Félix, con el que fui monaguillo, Mati Lopez Quesada, Titi Luna, Maite Bertomeu, Maricarmen Anaya, Irene del Rio, Rosa, Rosa Marí Recio, Maria Jesus Villacorta, Gelen Navarro, Puri Sancha, Ana Maria Cuevas, Conchita Serrano, Mina Amiar, Isabelina Vinuesa… 

Del año 1971, es esta otra fotografía con algunas de las alumnas que veíamos antes, pero ahora acompañadas por varios chicos, y aquí se reconocen a Hayat Bouatiaoui, Miguel Angel Ramirez, Angelines Luna, Conchita Serrano, Marta López Matres, Jose Antonio Gil, Fernando Muñoz, Maria Jesus Villacorta, Maite Bertoméu, Antonio Cabezos, Alejandra Gomendio, Abdelghani Merini, Kristy Nita, Manuel Escalona, Alfonso Santamaría, Puri Sancha, Antonio Velasco, Vicky Fernández Moraga, Aurelio Belmonte, Mustapha Soyer y Noureddine Zobair. Jose Miguel Palarea me aclara que esta foto es del grupo de su curso en la fuentecilla de los HH. Maristas; es una fotografía que pertenece a su colección,  y que compartió a través de Facebook con sus amigos de Larache. Es del curso 1971-72, de 3º de bachiller. José Miguel está en medio, justo detrás de Maite Bertoméu.

Las dos anteriores imágenes están tomadas de la página de Marta López. Recuerdo que ella y su hermana Marina venían con sus padres a mis casa y que Manolo, su padre, siempre me ponía colorado diciéndome que cuál de las dos me gustaba más. Yo tendría once años, quizá, pero tengo grabada esa sensación de no saber dónde meterme. La siguiente foto la comparten nuestros padres con el resto del equipo de fútbol en el que jugaban, formado, de izquierda a derecha, arriba, por Ramírez, Torres, Luis Mellado, Antonio Barce, Jose Luis Amado, X, Luque y Antonio Ares, y agachados, Antonio Peral, Antonio Alberca, Moreno (de Fotografías El Minuto) y Manolo López Gambero.

Aprovecho que ha aparecido mi padre, para añadir otra de grupo con sus compañeros de trabajo de Uniban y algunos amigos más. En la imagen, de izquierda a derecha: Fracisco Ruiz Lagomasini, Antonio Garre, José Luis Vázquez, Mauricio Matamala, Rafael Subizza, Germán Núñez Mendoza, Antonio Barce, Marina Rodríguez, Antonio Alberca, Vicente Chapaprieta, Domingo Vales Leandro, Luis Lladó y, oculto, Jose Luis Amado.

Y como en la anterior no aparece Manolo López Gambero, que solía estar en estas fotos de grupo con mi padre, añado otra en la que se le ve muy entusiasmado bailando con su mujer, Martita. De las otras parejas no recuerdo sus nombres. Claro, es Marta quien lo aclara: <El matrimonio que baila junto a mis padres son Antonia Mascareñas y Roque Vazquez, amigos y vecinos (Padres de Emilia,Puri, Toñi y Roque Jesús).

Manolo López Gambero y Marta Matres

En la fotografía que cuelgo a continuación, que no sé cómo me ha llegado, sólo he reconocido claramente a otro compañero de trabajo de Uniban de mi padre, se llamaba Dukali, es el primero que aparece a la izquierda sentado en segunda fila, de piel morena. Era un hombre serio, siempre bien trajeado, el rostro huesudo y perfilado, y cuando sonreía destacaba su dentadura blanquísima. Un día se marchó a Libia, enardecido por sus ideales, y ya no supimos más de él.

Hace unos años, en uno de mis viajes a Larache, me encontré a una mujer, no sé qué le pregunté, pero una cosa llevó a la otra, y cuando le dije que era el hijo de Antonio Barce, se puso a llorar, ella era la mujer de Dukali y me dijo que había fallecido hacía un tiempo. Me invitó a su casa, hizo el té y me ofreció pastas y dulces, en fin, la hospitalidad larachense que todos conocemos, y estuvimos charlando de Dukali un buen rato, mientras ella me enseñaba fotografías de él.

¿Y si nos vamos ahora al Teatro? En Larache se hacían representaciones tanto en el Casino como en el Teatro España, el Teatro Coliseo o María Cristina, en los centros escolares, en el Teatro Romano de Lixus, y en los últimos años en el Castillo de las Cigüeñas, en el Luis Vives, en el Cine Avenida, en la Casa de la Cultura… En fin, que siempre ha tenido una gran actividad teatral. Botones de muestra tenemos bastantes. La primera foto corresponde a una obra «de romanos» que se representó en el Teatro Cine Avenida, con, entre otros, Vicente Serna -es el que está sobre el pedestal- pero desconozco quiénes forman el resto del reparto. Es increíble la memoria de algunos amigos, pero lo cierto es que Carlos Nieto ha reconocido quizá al más difícil, por su postura, en la foto, precisamente al luchador que está de espaldas, y es Pepe Jurado.

A Larache acudieron a actuar en su Teatro España artistas de la talla de Antonio Machín, Estrellita Castro… Pero hoy andamos con nuestro teatro amateur. La siguiente pertenece a una obra de teatro en la que actúan Juanito Moreno y Luis Mellado, corría el año 1955…

Juanito Moreno y Luis Mellado

Para los actos que se organizaban, ya fuesen obras de teatro o actuaciones musicales, también contaba Larache con buenos presentadores, como los que aparecen en la fotografía que podéis ver a continuación, donde los maestros de ceremonia fueron Maria Carmen Columé y Requena.

Esta otra obra, se representó en el Colegio de los Maristas, y actuaban, pese a lo difícil que resulta recnocerlos por sus «espectaculares» maquillaje y vestuario, Javier Lobo y Archi Ford.

Ya más reciente, en el Día de Larache en Sevilla, que organizamos en 2008, Larache en el Mundo contó con las actuaciones de la malograda Fadela Tadlaoui, y Abdelhay el Haddad, Amin Chentouf y las chicas de la Asociación Chrif Idriss

Fadela Tadlaoui, Abdelhay el Haddad, Amin Chentouf y las chicas de la Asociación Chrif Idriss

  En ese mismo encuentro, los niños larachenses que forman parte de la Asociación Cultural Chrif Idrissi hicieron un trabajo fantástico, con una actuación llena de emociones.

Y aquí vemos a nuestro paisano Morad Jah ensayando la última obra que representa, y que, según las noticias que llegan, se ha revelado como un gran actor.

Morad Jah

El teatro en Larache está tomando una gran relevancia en los últimos años, de ahí que la prensa se haga eco de los últimos festivales celebrados en la ciudad, como el Festival Lixa.

El pasado mes de Julio, como decía, se celebró en el Teatro Cine Avenida, el Festival de Teatro LIXA, del que Mounir Kasmi hizo un detallado y ardiente artículo que ha circulado por toda la red. La siguiente imagen también pertenece a este festival larachense, donde los actores más jóvenes tuvieron especial éxito… Como bien me indica Abdeslam Kelai, el hombre que vemos entregando las flores a la niña vestida de traje tradicional de yebala, es el gran dramaturgo, escritor y actor maroquí Abdelhak Zerouali.

Tras este pequeño repaso a nuestro teatro amateur en Larache, demos un pequeño salto atrás, buceando en algunas otras imágenes de nuestros paisanos. 

Ya que abría este álbum con una imagen antigua de mi abuela Salud, ahora incluyo el de la abuela de Ange, María Pérez, otra estampa realmente fantástica.

María Pérez

Curiosa foto de grupo: los profesores del Colegio Yudah Levi de Larache. Desconozco el año en que fue tomada esta instantánea, muestra más de la pluralidad de nuestro pueblo.

Nueva foto de grupo, en este caso, del Colegio de los Maristas, perteneciente al Curso 1960-1961, y se agradecería que si reconocéis a alguien lo hagáis saber… Cristñobal Ramírez no ha tardado ni cinco minutos en aportar todos los nombres, qué envidia de memoria (desde arriba y de izda a dcha): Guevara, Caballero, Pepe Martinez, Molina, Luis Pavón, Perico Vasallo, Fernando Espinosa, Paco Muñoz, Cecilio, Fernando Montero, Ramirez, Otaduy García, Pepito, Fernando Sarria, Avilés ,Pepe Osuna, Aragonés, Sostres ,Manuel Saja, Mike, Jeromin Cabezas, Ramón, Rebollo, Chete, Alfredo Moreno, Paco Baeza, Berenguer y Gómez Uría.

Ahora viene otro de esos equipos de fútbol de Larache llenos de nombres conocidos y muy queridos para mí. De izquierda a derecha, arriba: X, X, Miguel Alvarez, Jose Mª Gil, X, Julián Aixelá, X, Mesod Obadía, Manolo Alvarez, X, Redouan Riahi El eterno aprendiz, Juan Cuevas, Emilio Pérez, Moussa Rezouk, Manolo Alvarez, Mohamed Bourba, Hassan Ghailani, J Aixelá y  Eduardo Espinosa.

Y para terminar esta página número 15 del album de Larache, lo hago en recuerdo de mi primo Manuel Abad, y con todo mi cariño a su hermano Antonio, que es cmo si fuera también mi hermano. Aquí le vemos en su querida Larache, en su playa, y junto a sus amigos (de izquierda a derecha): Manuel Abad Romero, Pedro Olmos Martinez, Ricardo De Juana, Miguel Angel Matamala, Alfonso Ariza, Enrique Osuna, Pedro Barranco, X  y Manuel González Mendoza.

Espero que este pequeño paseo por entre tantos amigos y conocidos, haya sido entretenido. La próxima entrega, más.

Sergio Barce, octubre 2012

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LARACHE vista por… LEÓN COHEN

Del libro de cuentos de León Cohen Mesonero, «La memoria blanqueada«, (Año 2006. Editorial: Hebraica de Ediciones, Madrid) pertenece el siguiente relato que habla de Larache, su ciudad natal, y en el que recrea la memoria de los años 50 y principios de los 60.

El relato se titula sencillamente «LARACHE«, y dice así:

Larache, tierra de angulas, turmas y sábalos, pequeño puerto pesquero situado en la desembocadura del río Lukus, sobre un acantilado donde rompen las olas inmensas del Atlántico. Fenicia, romana, árabe, española (1610-1691), portuguesa y a partir de 1911 española de nuevo. A la antigua Lixus la formaban a principios del siglo XX, la Calle Real, sus aledaños y una pequeña medina que lindaba con la mencionada calle. Además del río, del mar y del sol, espléndidos. Una vez escribí:

“Larache, pueblo milenario, nacido entre arena y olas, donde río, mar y tierra concertaron sus nupcias estivales mientras Hércules era amamantado justo arriba, en la colina, junto al jardín de las Hespérides. Ningún hijo de aquel pueblo podrá nunca olvidar -incluso después de haber perdido la memoria- aquellos atardeceres del mes de Julio, cuando la brisa que subía desde el Atlántico sellaba una especie de pacto tácito entre sol y mar, trayendo consigo la vida a unas calles desiertas por el implacable sol del mediodía.”

El Larache de los años cincuenta, el de mi infancia, era un pueblo que pasados los años se me antoja peculiar, por su ambiente, por sus personajes.

LEÓN COHEN

Topográficamente, viniendo desde Tánger o desde Alcazarquivir, siempre se llegaba  a Cuatro Caminos y desde dicho cruce se entraba en Larache por la Avenida de las Palmeras, del Generalísimo o de Mohamed V según la época. Algunos de los lugares y edificios más emblemáticos a lo largo de su recorrido eran la casa del Raisuni, la Escuela Francesa de la Mission Universitaire et Culturelle Française. Luego un poco más abajo se hallaba el cementerio de Lalla Mennana, el Jardín de las Hespérides, la escuela de la Alianza Israelita, el  Comisariado y enfrente la Iglesia y al final  la Plaza de España.

Santuario de Lalla Mennana

La Plaza de España era un espacio amplio, con forma entre circular y ovalada, centro neurálgico de la ciudad que por aquel entonces podía tener cincuenta mil habitantes.

Estaba rodeada la plaza por una carretera y al margen de ésta edificios de estilo colonial, casi todos ellos separados por calles que hacían de la plaza una especie de centro distribuidor, desde el cual se podía tener acceso a cualquier punto de la ciudad. La Plaza de España estaba rodeada por una carretera flanqueada por un paseo jalonado por multitud de comercios de toda índole. Sobre la acera del paseo, unos soportales formados por arcos de estilo árabe,   además de decorar, hacían de puertas abiertas del paseo. Debajo de los arcos, uno podía disfrutar de sombra en pleno verano y resguardarse de la lluvia inoportuna en invierno. Además, allí estaban los Almacenes «Pulido», Pepe el Indio, la Farmacia Amselem, y la Zapatería Bata, entre otros. Enfrente de «Pulido», en la margen izquierda de la avenida del Generalísimo, la gente podía disfrutar de las terrazas de los bares Perico y Canaletas. Pero sobre todo, en mi memoria perdura el edificio cuya fachada se soportaba sobre aquellos arcos. Era como un laberinto formado por pasillos interminables, llenos de recodos, que mis amigos y yo recorríamos periódicamente, entrando por uno de sus numerosos portales y saliendo cada vez por uno distinto. Hermoso recuerdo de aquellos recorridos misteriosos que nuestra imaginación infantil poblaba de sucesos y fantasmas improbables y que más tarde, en varias ocasiones, he vuelto a recrear  en sueños.

La calle «Chinguiti», una de las arterias que desembocaba en la Plaza de España (si no me equivoco eran siete) era el paseo nocturno, donde la gente deambulaba sin ningún otro propósito que el de recorrerla cuantas veces fueran necesarias.

calle Chinguiti – Hassan II

Saludos, sonrisas, miradas cómplices, aquel bullicio poblado por las personas que se paseaban, solas o en grupo, sin objeto o con el único objeto de mostrarse, de buscarse, de encontrarse ¿Quién sabe? Difícil olvidar su topografía y sus topónimos.

A la derecha, viniendo de la Plaza de España: el Hotel España, el Teatro España, el Yunque, la sastrería del Chato, la marquetería de Bohbot, la tienda de «Pesetilla», el Cine Ideal (donde reinaban Clark Gable, Gary Cooper y Burt Lancaster entre otros ídolos de mi infancia), el bar Matías (donde todo Larache acudía los domingos por la noche para ver, apuntados en un pequeño panel,  los resultados de la jornada futbolística), la papelería de Damián (donde se cambiaban las novelas de Corín Tellado y los cuentos del Capitán Trueno),  finalmente, la Colonial, la tienda de ultramarinos de Gía en la que Carmelo con su bata gris era el dependiente .

Girándose y volviendo por la acera contraria: el bar La Marquesina, la mercería La Zamorana, una tienda de discos, el Bar Tropical, el patio de la Iglesia, la pastelería Montecatine, el almacén de Dolón (esas sandalias enormes que llevaba en verano y la sahariana celeste también enorme), la pastelería Ayuso, la imprenta Cremades (aquel hombre regordete con bigote y con una cojera sobresaliente), la Peluquería de Tomás, el Bar Cocodrilo, la tienda de ultramarinos de Antonio Español y por fin, el Bar Central, lugar de encuentro de todo el pueblo, entre ambos,  la calle de los limpiabotas, de Rosendo y de Casa Ros.

BAR LA MARQUESINA

Los domingos por la mañana, los niños más o menos «bien», nos encontrábamos en la Sociedad Española, uno de los casinos del pueblo, los otros dos eran el Casino Militar y el Casino Israelita. En la biblioteca, nos pasábamos las horas leyendo «Hazañas Bélicas», «El Capitán Trueno», «Roberto Alcázar y Pedrín», «El Guerrero del Antifaz» y tebeos de todo tipo, algunos de cuyos personajes siguen anclados en nuestra memoria, así: Carpanta, las Hermanas Gilda, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape… A mediodía, los militares y las militaras vestidos con sus mejores ropas, ellos con los guantes blancos y el fajín, ellas con la peineta, cruzaban la Plaza de España, para acercarse a la Iglesia que se encontraba frente al Comisariado Español, entre el Banco Exterior y el Central, en la avenida de Francisco Franco, originariamente la avenida de Las Palmeras. Por la tarde (“l’aprés midi”)  el cine, antes de entrar la visita obligada al carrillo de Driss para abastecernos de cacahuetes y caramelos, yo probaba únicamente los de coco. Por la  noche,  unos cuantos paseos por la calle Chinguiti.

El periódico del pueblo  «El Chivato», estaba dirigido por un personaje singular, cuyo recuerdo borroso se hunde en las aguas profundas de mi primera infancia. El Abate Busoni era un hombre pequeño, vestido de oscuro, cuyo rasgo más destacado era una boina negra, amplia, casi una chapela, que nunca le abandonaba. Por el cargo, es de suponer que fuera un adicto al Régimen y que aquel diario por él comandado, se dedicara a loar al Caudillo y sus obras, además de traer los ecos de la sociedad larachense.

No puedo dejar de mencionar «El Balcón del Atlántico» esa ventana abierta al mar, donde parecían desembocar de manera natural las calles principales de la ciudad y a la que sus habitantes no podían evitar asomarse por lo menos una vez al día, como buscando salir y evadirse hacia el espacio infinito y el horizonte lejano que les ofrecía el mar majestuoso.

Desde el año 1909, como venida del cielo, residía en Larache por razones difíciles de explicar (aunque es sabido que una ley de la República Francesa de 1886 envío al exilio a la familia real), la princesa de la Casa de Orleáns, Isabelle Marie, Laure, Mercedes, Ferdinande,  Duquesa de Guisa, madre del Conde de París, heredero al trono que dejó vacante Luis XVIII, el último rey y el último Luis de Francia. Algunos larachenses pueden todavía recordarla bajando de su Chevrolet negro -con chofer- los domingos a primera hora para ir a misa. Moriría en la misma Larache en el año 1961.

La Duquesa de Guisa

En aquella Larache franquista, la miseria estaba en cualquier rincón, y la duquesa practicaba la caridad con los pobres, labor ésta que seguramente tranquilizaba su conciencia y le permitía estar a bien con su Dios. Cuentan que su marido, Juan III de Orleáns, Duque de Guisa, murió en un duelo por un asunto de faldas en 1940. El hecho cierto es que sus restos reposaban en el viejo cementerio junto a la playa del Matadero. Su hijo el Conde de Paris se dejó ver más de una vez por el pueblo y sus nietas cabalgaban frecuentemente desde su palacete hasta el hipódromo (la Hípica) situado cerca de los Viveros. 

Otro personaje relevante, al menos por el apellido, uno de los hermanos Rotschild, al que por cierto nunca nadie vio ni conoció. Se le atribuía la fundación de la compañía Lukus en 1926, dedicada a la explotación y comercialización de agrios. Más tarde sería adquirida por uno de sus ingenieros, de apellido Gomendio, quien con la mencionada duquesa serían el todo de la burguesía y la aristocracia del pueblo. Hace muy poco he sabido que Joan Crawford fue accionista de dicha compañía.

El Raisuni era el «baja», una especie de alcalde impuesto por los españoles para reconducir conductas «indebidas» de los marroquíes. Aquel hombre, gordo inmenso, era un personaje temido que se dedicaba con mayor intensidad de la necesaria a imponer su ley marcial a través de sus guardias, dos esclavos negros de dos metros, que maltrataban hasta la muerte en ocasiones, a todo pobre indígena que violara su ley. El baja era además el padre de mi compañero «Jali» en el colegio Francés que estaba justo enfrente de su casa.

Avenida Mohamed V

“Era con seguridad la primavera del año 1956, eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Mlle Vermury estaba terminando de impartir la última clase de la semana, era Viernes. Llamaron a la puerta. Por la puerta entreabierta pude observar como uno de los guardaespaldas del «Raisuni» conversaba con nuestra profesora. Siempre recordaré su expresión de persona acostumbrada a obedecer. Era un hombre negro, muy alto, que siempre llevaba una jilaba o chilaba inmaculada, entre blanca y parda, de ese color amarillo que no acaba de ser blanco. Tenía aquel gigante un porte erguido y hasta distinguido a pesar de su presumible humildad. Desde muy pequeño, aquel hombre y su compañero de gran parecido físico con él, me inspiraban temor y admiración. Los mayores contaban historias de palizas de muerte propinadas por estos esbirros del Raisuni a pequeños delincuentes y borrachos. Mademoiselle Vermury entró de nuevo en clase y se dirigió en voz baja a nuestro compañero Jali, segundos después éste se marchó con el hombre negro. Dicen que se llamaba Rabah. Aquel día, quiero recordar que salimos antes y nos recomendaron que nos fuésemos directamente a nuestras casas. Del resto del transcurso de aquella tarde, no atino a asegurar si fue vivido o contado. Enfrente del cementerio de Lalla Mennana. Situado a medio camino en la avenida de las Palmeras, justo en la esquina de una bocacalle que une a ésta última con la calle Chinguiti, fueron quemados vivos los dos guardaespaldas por una pequeña horda enfurecida. El caíd de una kábila cercana a Larache fue colgado de un árbol en pleno centro de la Plaza de España, seguramente por haber sido colaborador de los españoles y para que sirviera de ejemplo. Era la Independencia. Pocos días después, mis amigos y yo pudimos visitar los restos de la casa del baja y constatar las huellas de la batalla. Todavía recuerdo el olor a quemado.”

Mr. John era el profesor de Inglés. Vivía con sus dos metros de altura en la Plaza de España. Todas las mañanas se dirigía con su bastón y una especie de sombrero tirolés al Bar Selva donde desayunaba. Mi padre solía decir que era un nazi disfrazado de inglés. Sin embargo, desde la distancia y la perspectiva de los años pasados, su porte elegante y su estilo refinado eran demasiado ingleses como para ser confundido con la tosquedad alemana. Era un hombre solitario y misterioso. Cuando acompañaba a mi prima a clase, Mr John sentado tras su bonita mesa de estudio, me obsequiaba con un caramelo. Nunca he olvidado esa extraña sensación de placer que me producía verle manejar el tarro de cristal desde donde extraía los caramelos con una parsimonia indescriptible, bajo la tenue luz de una lámpara de mesa. Siempre me pareció un mago metido en faena. Una mañana de la década de los sesenta, ya  anciano,  apareció muerto en su cama.

Rafael, “Machaco” (Pinocho, el Chaleco), así apodado porque le gustaba el anís, era un judío pobre, dicen que culto. Contaban que se había atrevido a escribir una misiva al Alto Comisario para que le arreglaran algún elemento doméstico y que recibió respuesta. Caminaba siempre ataviado con un sombrero y la colilla prendida en los labios. Usaba gafas de múltiples dioptrías. Pedía con disimulo tabaco y algún dinero para ir tirando. Por supuesto que recibía la ayuda de la Comunidad Judía.

Aunque un poco tartamudo, era  buen conversador, con gran sentido del humor  y un gran contador de anécdotas y de chistes. Había conseguido forjarse una pequeña leyenda y no defraudaba. Desapareció en una de las emigraciones hacía Israel, donde supongo que acabó sus días dominado por la nostalgia de su pueblo y por lo inhóspito y desconocido de aquel país nuevo y duro. La comunidad israelita estaba constituida por un entramado social relativamente complejo, donde predominaba la clase baja de aquella época: mecánicos, pescadores, cargadores, tenderos, empleados de banca etc… gente en suma que ganaban apenas para comer y medio vestir. Destacaban por su escaso número algunos profesionales como farmacéuticos, maestros y hombres de negocios. Hay que subrayar  que la clase social israelita no se distinguía mucho de la española.

Cine Avenida de Larache

No he de olvidar mencionar los cuatro cines de Larache: el Ideal, el Teatro España, el Coliseo María Cristina y el Avenida que pertenecían a personas diferentes como eran los señores Benasuli, Amarito y Gallego, no recuerdo si simultanea o sucesivamente.

La Escañuela, la Valenciana, el Pasaje Gallego, Pentodo, Ulzurrum, Bensason el sastre, Salomito el electricista, Pariente el boxeador, Don Carlos (Chalomico el cra), los taxistas: el Gafas, el Parra, el Trompeta, Timimi. Joaquín Hernández (el manco), Rubén el chofer, el fotógrafo Benguigui, Facundo, Bozambo.

Antonio Español y Carmelo Rosendo, los practicantes Saja y Benchluch, los Maristas, el Patronato, la Escuela Francesa y la Alianza Israelita, Federico y la Portuguesa, el cambista Amar, los chatarreros David Trojman y Belliti, el recepcionista del Hotel España, al que mi madre apodaba con cierta sorna no exenta de cariño “el poeta” Serfaty. Todos estos nombres  y muchos más a los que mi ingrata memoria no hace justicia, conforman el recuerdo de un pueblo y de una infancia sorprendente y entrañable a los que con este pequeño relato he tratado de rendir homenaje.

León Cohen, 2001

 

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EQUIPO DE FÚTBOL LOS MACABEOS, DE LARACHE

León Cohen me envía este artículo aparecido en la web de eSefarad sobre el equipo de fútbol Los Macabeos de Larache, y que complementa la información sobre los equipos de fútbol que comencé en el anterior sobre el Larache C.F.

 Los Macabeos, equipo judío de fútbol de Larache 1920-1930

En Agosto de 1987, después de haber emprendido unas investigaciones preliminares sobre el tema del deporte en el Norte de Marruecos, me dirigí al Señor Yehia Aaron Edery, correligionario de Larache en donde residía en la antigua comandancia, hoy día ciudadano Israelí.

Agradezco al Señor Edery, aficionado al fútbol desde su tierna infancia, por haberme proporcionado ricos detalles sobre el deporte en Larache en general y sobre el judío en particular.

Igualmente al Doctor Arthur Hanak que estableció y amplió los “Maccabi World Archives” en Ramat Gan, los cuales permitió consultar libremente.

Por fin a la Profesora Sarah Leibovici q.e.p.d. que tanto ha hecho para la continuación de mis estudios sobre las ciudades de Alcazarquivir y Larache, así como a la Señora Levyne, ex-Directora de los ”Archives et Bibliothèque de l’A.I.U.’ en París y el actual Director el Señor Kupferminc.

Por la composición de la melodía al Señor Micha Fenlendler.

(…) En Marruecos otro factor importantísimo que catalizó el desarrollo y el establecimiento de clubs deportivos fue sin duda la llegada de los ejércitos Franceses y Españoles y la Internacionalización de la ciudad de Tánger, trayendo con ellos los mejores preparadores, que iban a dotar al Deporte de Marruecos de un ímpetu jamás alcanzado. A nivel de fútbol, en las ciudades de Marrakech, Alcazarquivir, Larache, la “iniciativa” adelanta a las asociaciones oficiales como los equipos de “Maguen David” e “Ideal” en Alcazarquivir y los “Macabeos” y la “J.I.D.” (Juventud Israelita Deportiva) en Larache.

escudo de la Juventud Israelita Deportiva de Larache

Los Macabeos jamás jugaron contra equipos judíos de la zona de Protectorado Francés en Marruecos en los años 1920-1930. En Larache se podía ver a un joven aficionado Judío jugar contra otro joven Musulmán en las arenas de la playa, o a un grupo ocasional judío contra un grupo musulmán, hecho que atraía la atención de los bañistas.

Al principio empezaron los jóvenes judíos a organizarse en equipos de barrio y así se podía ver que una calle jugaba contra la otra, como la calle Real contra la calle Chinguiti. El resultado de estas primeras actividades juveniles no se hizo esperar. La nueva etapa llevó a la fundación de un primer equipo local cuyo nombre recuerda tanto la gloria de la Historia Judia: “Los Macabeos”.

Unos cincuenta niños de 12 a 13 años de edad formaron este equipo. Por falta de medios y para poder tomar las primeras decisiones, recibieron los organizadores un local con la ayuda de la Comunidad (lo que llamaríamos hoy día un club) en la “azara” de la sinagoga de ben Hassan de Amselem. Entrenadores y jueces se reunían cada uno a su turno. Copa al comienzo no se jugaba, sino que se contentaban con traer un vaso de cristal (de “Kiduch” como lo llamaban) que traían de sus propias casas. El transporte de estos admirables futuros futbolistas medio profesionales (de ellos recordemos a Elias Fereres, Alberto Fereres, Bensabat, Sonego y otros), se solucionaba alquilando un camión que era sufragado con la aportación de dos pesetas cada uno. No siempre la suerte les sonrió. En Arcila siempre tuvieron problemas visto que el campo llamado Cuya Ruida pertenecía al ejército y se encontraba justo al lado del gran campamento militar. Muchas veces los militares les robaban la pelota, decepcionando así muy profundamente a los jóvenes que no tenían otro remedio que volver a sus casas sin haber concluido el partido.

En general jugaban siempre contra los equipos de Arcilah y Alcazarquivir. Por falta de estructura se disolvió el equipo en 1930 para dar paso al J.J.D. (Juventud Judía Deportiva), medio profesionales, uno entre los varios equipos de fútbol que representaron con mucho honor a Larache: La Santa Barbara (equipo militar), la Radio Militar, la F.T.F.D. (pertenecía al grupo de Maristas), el Príncipe de Asturias, el Lukus, el Teja De Riali (equipo musulmán), el Lixus.

A pesar de que los jóvenes Macabeos abandonaran el terreno, dejaron el mejor recuerdo para las nuevas generaciones, enriqueciendo el folklor Judío con la institución de un himno. Según los datos que he podido reunir podría ser que este fuese el único himno deportivo judío de la zona de protectorado español en Marruecos.

Se ha formado en Larache un equipo
Que el Macabeo se ha de llamar
Porque tiene un buen portero
La defensa no tiene rival
Los tres medios son muy superiores
La delantera es …
Cuando toca l apelota sin … la puerta
Y colocan el gol
La Victoria fue nostra porque asi se esperaba
Y el Ideal de Alquazar
Del campo de pena lloraban
Viban los Macabeos.

 Bibliografía:

1. L Gueron, L’Education physique dans nos écoles, Revue des Ecoles de l’A.I.U., n° 5, avril-juin 1902, pp. 353-359.
2. Maccabi World Archives : S. Skira, Le sport juif au Maroc, Conférence dans le cadre du Séminaire International sur le Sport Juif, Institut Wingate, Israël 1981.
3. Interview con el Sr. David Aaron Edery, Natanya 1987.

Fuente: Los Muestros #17 por David Isaac Beneish

 

http://www.esefarad.com/?p=13290

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