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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (10ª PARTE)

10ª entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

LARACHE plano de 1616

En abril de 1619, el nuevo Gobernador de Larache, Carrillo de Santoyo, había atacado el aduar de Rehien porque dos soldados españoles habían sido degollados por unos habitantes de ese aduar, y en ese ataque incendió las viviendas, causó más de doscientos muertos y capturó a 213 prisioneros.

Muhammad Zeguda, que se había establecido en Alcazarquivir, comenzó a hostigar Larache, y España envió una flota armada con seis galeras al mando de don Antonio de la Cueva que logró llevar hombres y víveres a la ciudad, y luego bombardeó Arcila.

En ese mismo año de 1619, el sultán Mawlay Zidan conseguiría vencer por fin a Yahia ben Abd Allah y aparecería en escena Muhammad ben Ahmad Zayani, más conocido como Al-Ayaxi, de los Beni Malik, de la región del Garb.

El sultán lo había nombrado caíd de Azemur, pero pronto se dio cuenta de su carisma y trató de asesinarlo, sin embargo, Al-Ayaxi huyó y se convirtió en un fanático islamista con un gran número de seguidores que declaró la yihab contra los infieles, y sus objetivos fueron La Mamora y Larache.

Atacó La Mamora en 1620 con un importante contingente de hombres y, aunque no la tomaron, sí causaron un gran número de víctimas entre los españoles. Y en 1621, ayudado por los moriscos de Salé y por fuerzas venidas de los Países Bajos, Al-Ayaxi volvió a atacar la misma plaza, pero los españoles aguantaron el envite y la llegada de una escuadra al mando de Contreras rompió el cerco y desbarató los planes del morabito.

FELIPE IV

FELIPE IV

En 1621 Felipe IV sube al trono a la muerte de su padre, y se encuentra un país casi en bancarrota. Esta situación afectaba, por supuesto, a las plazas de La Mamora y Larache que, según García Figueras, sobrevivieron y sobrevivirían aún por puro milagro gracias a las tropas que seguían defendiéndolas, aunque lo hiciesen con escasos medios y poca ayuda.

De hecho, Larache siguió siendo hostigada por Zeguda hasta quizá más allá de 1623.

Un soldado de Larache, Baltasar López Pardo, cuenta que en 1622  un caíd llamado Adriza, fiel al sultán Abd Allah, se instaló cerca de Larache con sus hombres y pidió ayuda a los españoles contra su común enemigo Zeguda, al que primero rechazaron y luego vencieron con un ejército compuesto por 600 soldados españoles más 300 jinetes y otros 400 infantes marroquíes, todos al mando del Gobernador don Pedro Rodríguez de Santisteban, que había regresado a su puesto de la mano del Felipe IV, pero ya como marqués de Cropani. En esta batalla, se consiguió un gran número de prisioneros de las huestes de Zeguda y un importante botín. Con ello, Zeguda acabó de ser un problema.

EL MARQUÉS DE CROPANI libro de José Marín Pinto

Pese a ello, Larache seguía con las mismas dificultades de provisiones y avituallamiento. A lo que se sumó que, en 1623, el Gobernador de la plaza, don Pedro Rodríguez de Santisteban, fue nombrado Maestre de Campo General del Reino de Portugal, siendo sustituido por el Maestre de Campo y Caballero de Santiago don Juan Jara Quemada.

Durante esa época, se fue creando un estado general de anarquía en todo Marruecos, y en Tetuán la familia Al-Naqsis comenzó a adquirir cierta relevancia. Tetuán, durante esos años, impulsó una relación fluida y constante con Inglaterra, facilitando el comercio, lo que perjudicaba a España. Sin embargo, nunca llegaron a entenderse del todo y ese comercio entre Marruecos e Inglaterra se confundía con las actuaciones de los corsarios. Holanda, por el contrario, sí supo manejar bien a los piratas a su beneficio en todo el litoral marroquí.

Felipe IV, mientras tanto, trataba de solucionar los problemas de abastecimiento y mantenimiento de las plazas marroquíes, pero no resultaba fácil. De hecho, en 1626, el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga daban informes muy negativos sobre la administración del nuevo Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada; mientras que éste se quejada al monarca de los escasos recursos con los que contaba para realizar su labor. Según don Juan Jara, los soldados españoles de la plaza de Larache llevaban ya, nada más y nada menos, que ocho años sin percibir sus sueldos.

Sin embargo, pese a estas dificultades, mientras la peste se extendía por Marruecos, causando incluso la muerte del sultán al-Malik, que había sustituido a su hermano Abd Allah tras su fallecimiento, la epidemia no alcanzó a Larache.

Lo que sí amenazó por entonces a la ciudad fue de nuevo Al-Ayaxi, que, tras su fracaso con La Mamora, centró su esfuerzo en tomar Larache. Y así, en octubre de 1626, atacó la ciudad aprovechando que muchos soldados españoles habían salido a recoger leña fuera de las murallas. Pero no contaba que, por costumbre, el resto de las tropas españolas se apostaba vigilante, y estos hombres rechazaron su ataque. La lucha fue cuerpo a cuerpo, y el Gobernador don Juan Jara sacó a sus tropas a campo abierto y diezmó al enemigo, huyendo Al-Ayaxi al verse derrotado. Como prevención por la peste, no se hicieron prisioneros y solo se tomó un gran botín en armas.

La relación entre el Veedor don Juan de Mena y el Contador don Pedro González de Vesga con el Gobernador de Larache don Juan Jara Quemada iba a peor, hasta el extremo que Juan Jara encerró en una mazmorra a González de Vesga por no abonar ciertas cantidades a personas de su confianza. En julio de 1627 González de Vesga fue puesto en libertad, quizá porque, como apunta Tomás García Figueras, el Gobernador había abusado de su poder y porque seguramente actuaba movido por intereses personales, entre ellos, no pagar impuestos de aduana para el género que compraba a los marroquíes de Larache y que luego era enviado a su casa de Cádiz o poner en peligro a varios soldados españoles a causa de sus negocios privados.

Pese a las continuas quejas, el rey Felipe IV no tomaba una resolución contra don Juan Jara. Pero hacia finales de septiembre de 1627, el Gobernador falleció, sin que se sepan las causas. Con lo que este pleito, que lo enfrentaba a los Contadores, quedó sin resolverse.

 Lo que sí es evidente es que tales disputas demuestran que la plaza de Larache, pese al espíritu de sacrificio de sus soldados, vivía de la corrupción, de la picaresca, del engaño y de traiciones e intrigas. García Figueras, no obstante, achaca esta situación no tanto a sus protagonistas como al estado de abandono que la Corona española demostraba hacia la plaza de Larache y al resto de los enclaves españoles en Marruecos, sin atender al pago de los sueldos de sus hombres ni al abastecimiento de víveres y de avituallamientos ordinarios.

Seguirá…

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LARACHE – BAB AL QASBA O PUERTA DE LA ALCAZABA

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (9ª PARTE)

9ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

castillo de san antonio

 …Larache, en 1614, parecía estar en mejor situación tras la toma por las tropas españolas del puerto de La Mamora y por las continuas promesas del nuevo sultán Abd Allah de mantener la paz con España. Por supuesto, su actitud estaba condicionada a que se le reintegraran los bienes que su padre al-Xaij había dejado depositados en manos del Gobernador portugués de Tánger, don Alfonso de Noronha, y que se suponía de gran valor. Tras varios intentos de la Corona española, se comprobó que el Gobernador, junto a Simón Pariente, habían hecho un uso indebido de esos bienes. Sin embargo, no se hallaron pruebas para que el rey Felipe III los encerrara, como era su deseo, y se optó por entregar a Abd Allah los escasos 48.970 ducados que el contador real había conseguido hallar de la tan preciada herencia del sultán al-Xaij. Tras recibir esta suma a principios de 1615, que a Abd Allah le pareció ridícula, por un lado mantuvo su promesa de paz con España, pero, a la vez, sus hombres comenzaron a efectuar pequeños ataques contra Larache.

A finales de ese año de 1614, el rey decidió destituir al Gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tras cuatro años en el cargo, porque no le gustaron algunas de sus decisiones, especialmente el que hubiese devuelto a Abd Allah los arcabuces que dejara su padre el sultán en Larache, el que usara los impuestos de aduana recaudados para pagar  con ellos a las tropas, pese a que este gesto del gobernador era lo más justo para sus hombres, y, sobre todo, el que dejara que sus soldados comerciaran con los víveres que se les entregaba, lo que fue creando un mercado negro que perjudicaba a España. Felipe III envió al contador Pérez de la Parra que emitió un informe desfavorable a la administración de don Gaspar de Valdés, y alertó de los negocios paralelos que habían proliferado en la plaza. Esto hizo que el 3 de noviembre de 1614, el Gobernador saliera de regreso a la península junto a otras personas que fueron expulsadas de Larache por, entre otras razones, alentar el tráfico ilegal de aceite, trigo y caballos.

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Como nuevo Gobernador de Larache se nombró al Maestre de Campo don Pedro Rodríguez de Santisteban con el que llegaron a la plaza 430 soldados. Sin embargo, pronto hubo de arrostrar la misma situación que la de su predecesor, es decir, escasez de medios, de tropas, de víveres y de dinero, y hubo de pagar de su pecunio personal a sus hombres.

Pedro Rodríguez de Santisteban reforzó las defensas de Larache. Fue él quien levantó el pequeño fuerte de Santiago frente al castillo de San Antonio y a la barra del río Lucus. A principios de 1617, Larache contaba para su defensa con 800 hombres, claramente insuficiente para garantizar su seguridad. Uno de los problemas con los que se enfrentaba el Gobernador eran las deserciones, que no cesaban, por lo que acabó por arcabucear a uno de sus hombres que fue canjeado a los marroquíes por un prisionero, medida que no sirvió para nada. Para más inri, lo seguidores de Abd Allah continuaban hostigando Larache, pero Pedro Rodríguez de Santisteban no podía ordenar ninguna razzia o acción de castigo por prohibición expresa de Felipe III. Sin embargo, desoyó tales órdenes en agosto de 1617, cuando tropas marroquíes atacaron a los soldados de la plaza, momento que aprovechó para devolver el golpe contra un aduar cercano con 500 de sus hombres y, aunque sus moradores huyeron antes del ataque, sí que consiguieron un botín de más de quinientas reses vacunas, y dos días después capturaron, además de más reses, a 175 prisioneros en respuesta al asesinato de dos correos españoles. Esto trajo como consecuencia un período de paz algo más prolongado, tiempo que aprovechó don Pedro Rodríguez de Santisteban para acabar en 1618 la muralla defensiva de la Marina.

Curiosamente, como relata García Figueras, Rodríguez de Santisteban solicitó un permiso de tres meses para atender asuntos privados en la península y nunca regresó a Larache. Su puesto lo ocupó el capitán Francisco Carrillo de Santoyo, un veterano de Flandes e Italia, que hubo de enfrentarse a uno de los episodios más conocidos de los acaecidos en esa época en Larache. Ocurrió en diciembre de 1618, y sucedió que el Veedor don Juan de Mena fue acuchillado en la cara, y acusó como agresor al capitán de guardia don Juan de Santisteban, sobrino del anterior gobernador, que negó los hechos. Sin embargo, Carrillo de Santoyo lo encarceló y lo mantuvo en prisión siete meses, mientras el Veedor se recuperó de las heridas. Tal demora se debió al retraso en llegar del licenciado Felipe Barreda que el rey había enviado para que dirigiera el proceso. Dado el tiempo que ya había pasado encerrado, el juez dictó una sentencia de compromiso ya que en realidad no existían pruebas de su autoría.

El nuevo Gobernador Carrillo de Santoyo también hubo de efectuar una razzia contra el aduar de Rehien en abril de 1619. Varios habitantes de este aduar habían degollado a dos soldados españoles, y el gobernador atacó Rehien con 400 soldados, con los que incendió las viviendas, causando más de doscientos muertos y capturando a 213 prisioneros.

Mientras tanto, Muhammed Zeguda, otro de los hijos del finado sultán al-Xaij, se levantó contra Abd Allah…

 Seguirá…

Salida del gobernador de Larache Carrillo de Santoyo 1619

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (8ª PARTE)

8ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

…Escribía Marcos de Guadalaja en 1611:

“…Algunos he oydo afirmar (gran lástima) de que convenía desamparar esta plaça; motivando su opinión con que era de mucho gasto y poca utilidad y provecho; pues con ella no se conseguía (conforme reglas de Estado) el intento y fin: que era quitar el puerto y receptáculo a los Corsarios, teniendo en su favor y mano, a diez y seys leguas poco menos por aquella costa, el puerto de La Mamora, a donde ellos acuden con seguridad y frecuencia”.

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En efecto, Larache había pasado de ser la más codiciada a todo lo contrario. Muchos españoles se preguntaban para qué servía la plaza, ya que el coste de su mantenimiento era muy elevado. De hecho, en el Consejo de Estado, durante varias de sus reuniones del año 1612, se oyeron voces discrepantes. Mientras que el ingeniero Juan de Médicis era partidario de abandonar Larache, otros, como el marqués de Castelrodrigo, el Comendador Mayor de León, el marqués de Velada, el duque del Infantado, el marqués de Villafranca y el duque de Alburquerque defendieron que, después de haberla deseado con tanto ahínco, abandonar Larache sería una deshonra y significaría perder reputación. También coincidían algunos de estos nobles que, si no se tomaba el puerto de La Mamora, continuar en Larache se tornaba más complicado.

Lo cierto era que Larache recibía pocos fondos para cubrir a las tropas, a los espías marroquíes que trabajaban para la corona, a los avituallamientos, al armamento y al problema acuciante de los enfermos del Hospital. El propio Gobernador de Larache, Gaspar de Valdés, escribió estas tristes líneas al rey Felipe III en 1612:

“…Es compasión ver los soldados desnudos y descalços; que esto les tiene de todo punto aburridos, y así sirven desesperadamente, comunicándose unos a otros la rraçón que les parece tienen para ello, y que si se tarda en rremediar su miseria, será posible yntentar algún medio desgraciado para perdición suya, procurando pasar a España por Verbería, pareciéndoles que es menos ynconveniente aventurarse a esto que continuar al servicio en la miseria que pasan…”

 Todo esto dio lugar a numerosas deserciones y el avituallamiento era cada vez más complicado, incluso para los propios cabileños que eran asaltados cuando trataban de llevar sus mercancías a Larache. Y mientras tanto, el sultán al-Xaij continuaba con unos pocos fieles en su campamento, a los que se les unió un judío llamado Salomón Pariente, intérprete enviado por España para servir de enlace entre el sultán y España. Por supuesto, continuaban las disputas entre el propio sultán Muhammad al-Xaij; su hijo Abd Allah, instalado en Fez; Mawlay Zidan, asentado en Marraquex y el mahdi Ahmad ben Abd Allah.

Galeones españoles luchando contra los piratas berberiscas, Cornelis Hendriksz Vroom, 1615

Galeones españoles luchando contra los piratas berberiscasCornelis Hendriksz Vroom, 1615

 

El año 1613 no fue mejor para Larache. Primero, con la falsa noticia de un intento de voladura del castillo de Nuestra Señora, que resultó ser una invención de un morisco que envió una carta al duque de Lerma con esa sospecha para crear incertidumbre. Segundo, que por descuido y falta de organización, se detectó en las cuentas del pagador de Larache, don Rodrigo Enríquez de León, un descubierto de 56.905 reales. Y tercero, por las consecuencias que provocó la muerte del sultán Muhammad al-Xaij al-Mamun, acaecida (en la versión más fiable) en septiembre de 1613 a manos del almocadén Bolif, Bulif o Golife, natural de Alcázar, que actuó en connivencia con el alcaide de Arcila. Su muerte despertó el temor en España de que el hijo de al-Xaij, Abd Allah, decidiera atacar Larache y otras plazas españolas. Pero Abd Allah anunció que deseaba la amistad con España siempre y cuando se le devolviesen los bienes de su padre depositados en Larache y en Tánger. La corona española decidió ganar tiempo.

La desesperación del gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, aumentó a finales de 1613 cuando 264 de sus hombres fueron trasladados a la península y fueron sustituidos por 280 soldados inexpertos de las compañías de don Sancho de Benavides y don Diego de Vera, precisamente cuando también llegaba la noticia de un inminente ataque de Mawlay Zidan contra Larache. Sin embargo, nada ocurrió.

La Mamora 1621

LA MAMORA en 1621

1614 marcó un cierto cambio de rumbo al ocupar España la deseada plaza de La Mamora, que significaba que se podía mantener Larache. Todo comenzó cuando Mawlay Zidan decidió ceder el puerto de La Mamora a los holandeses. En junio de 1614, el almirante Jan Evertsen llegó a su puerto con cuatro grandes navíos y aguardó a que Zidan le permitiera ocupar la ciudad, tal y como habían pactado. Sin embargo, nuevas luchas internas hicieron que Zidan no acudiese a la cita. Esto propició que don Gaspar de Valdés pusiera en aviso a Felipe III, anunciándole la presencia de Evertsen y de 16 barcos corsarios en el puerto de La Mamora. Esta amenaza alentó al monarca español y, de inmediato, hizo zarpar desde Cádiz el 1º de agosto de 1614 a la escuadra que comandaba don Luis Fajardo, marqués de los Vélez y Capitán General de la Armada del Mar Océano, que estaba compuesta de 99 barcos de diferente tipo.

Marquesado de los Vélez

Marquesado de los Vélez

Esta armada llegó a Larache el 2 de agosto, lo que propició que corriera la noticia hasta La Mamora de que esta escuadra se dirigía hacia allí. Pero el almirante Evertsen, sabiéndose en desventaja, no se enfrentó a don Luis Fajardo y negociaron. Pero no hubo acuerdo y el 5 de agosto los españoles iniciaron una maniobra de asalto compleja y difícil que acabó con el desembarco en la orilla derecha del Sebú de dos mil hombres. Tanto los piratas como los marroquíes que defendían el terreno y las naves trataron de escapar y prendieron fuego a las naves piratas, pero la rápida reacción de los españoles impidió que las llamas afectaran a la mayor parte de los barcos. El 6 de agosto, La Mamora ya estaba en manos de la corona de España. El 15 de agosto, cuatro mil marroquíes, entre infantes y jinetes, trataron de reconquistar la ciudad, pero fueron rechazados por las tropas españolas.

A partir de ahí, todos los soldados y nobles deseaban acudir a reforzar La Mamora, conquista que se celebró en España como un gran acontecimiento. En septiembre, el gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tuvo que enviar parte de sus tropas a La Mamora para asegurar la plaza, lo que debilitó su posición…

Sergio Barce, julio 2019

Seguirá…

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (7ª parte)

Séptima entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

…Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación en 1610 llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Pero causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij. Tanto que durante el año siguiente de 1611 se extendió la indignación por todo el imperio, y el santón Ahmad ben Idris alentó a la guerra santa.

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La situación hizo que el sultán al-Xaij, temeroso, solicitara una fetúa a los ulemas de Fez para legalizar la cesión de Larache a España. Pero muchos de esos ulemas se ausentaron para no ser cómplices de tal deshonra. Y, aunque consiguió su propósito, el sultán sabía que sus súbditos no le perdonaban, de modo que se instaló con su mehala entre Tánger y Larache, en la zona conocida como del Farrobo o Garrobo (zona de Yebel Hebib), de manera que, en caso de peligro, podría pedir ayuda a los españoles.

La situación se hizo caótica. García Figueras señala que, en esos momentos, existían cuatro bandos disputándose el poder: El propio sultán Muhammad al-Xaij; su hijo Abd Allah, instalado en Fez; Mawlay Zidan, asentado en Marraquex y enemigo acérrimo de Abd Allah; y, por último, los morabitos, ansiosos de poder y fanatizados, que acusaban al sultán de tener demasiado contacto con los cristianos. Para más inri, es por esta época que surge la figura de el mahdi Ahmad ben Abd Allah, más conocido como Abu Mahalli, que organizó un ejército que avanzaban de Sur a Norte; y en Salé, los moriscos extremeños de Hornachos, se declararon independientes, y Mawlay Zidan les permitió su constitución republicana a cambio de un tributo anual. Y, además de todo esto, los moriscos también se hicieron piratas con base en Salé para vengarse de los españoles atacando sus naves, y otros corsarios lo hacían desde La Mamora. Es decir, la cesión de Larache desencadenó un caos absoluto en Marruecos.

Salé

El nuevo Gobernador de Larache, Gaspar de Valdés, hubo de mejorar las defensas de la ciudad. El ingeniero Antonelli presentó su proyecto de unir las dos fortificaciones de Larache por tierra, pero se desestimó. Mientras, se construyeron en 1611 varios cuarteles para la infantería y una gran caballeriza para cien monturas, junto a almacenes, cuatro tahonas y doce caleras.

Gaspar de Valdés se quejaba a Felipe III de las dificultades económicas con las que contaba, así como la falta de víveres, pero el rey, durante los meses siguientes, cumplió su promesa y resolvió estos problemas.

Lo cierto es que la guarnición de Larache, compuesta de 700 hombres, sufría de constantes deserciones. Don Francisco de Varte Cerón escribió a Felipe III desde Sevilla una carta conminándolo a sustituir a los soldados de Larache por tropas más veteranas. Poco a poco, la guarnición pasó a contar con 1.080 infantes, con 59 oficiales, 13 artilleros al mando de un cabo; 59 jinetes, 20 marineros y 6 sanitarios.

Felipe III

Felipe III

Aunque al principio acudían los cabileños a Larache para vender sus productos a las tropas allí apostadas, con el paso de los meses se instalaron nativos hostiles alrededor de la plaza, y las emboscadas se hicieron frecuentes no solo contra los soldados españoles, atacando incluso de noche a los centinelas, sino también contra los propios cabileños que acudían a Larache a vender sus productos. Y aunque al-Xaij seguía manteniendo buenas relaciones con España, los asaltantes resultaron pertenecer al propio sultán, que, poco a poco, perdía autoridad sobre los suyos…

Seguirá…

 

 

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LARACHE, SIGLOS XVI-XVII (6ª PARTE)

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Sexta entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

Pero, tras los numerosos fracasos por ocupar la plaza de Larache, quizá por obstinación, tal vez porque el paso de los años lo hizo ya inevitable, al fin, la ciudad fue tomada por España el 20 de noviembre de 1610.

Pese a las continuas dilaciones, y bajo las nuevas intrigas de Gianettino Mortara, el sultán Al-Xaij tenía decidido, desde hacía ya un tiempo, y pese a la oposición interna, ceder Larache a España. A ello se unía la insistencia del marqués de San Germán, que enviaba misivas al sultán para concretar el acuerdo de cesión.

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Pero, cansado ya de tantas excusas, en octubre de 1610, el rey Felipe III ordenó cegar el puerto de Larache como medida de presión; orden que no llegó a ejecutarse porque, al fin, Al-Xaij decidió acudir a Alcazarquivir y cumplir con su promesa de entregar Larache. Sin embargo, el sultán hizo una inesperada parada en Tetuán, maniobra que urdieron sus alcaides con la excusa de recaudar tributos a los moriscos expulsados de España y que se habían asentado en la ciudad tetuaní. La idea era que, si recaudaban lo suficiente, el sultán cambiaría de idea. Pero el marqués de San Germán consiguió que Al-Xaij le confirmara que llegaría por fin a Larache el 10 de noviembre.

La entrega de la ciudad no la hizo el sultán en persona, que prefirió quedarse en Alcazarquivir, sino dos de sus alcaides: Muhammad al-Charni y Al-Mansur.

Al-Ifrani cuenta que:

“…desalojados los musulmanes, el Caíd Al-Charni quedó en la plaza hasta la entrada de los cristianos, suceso que tuvo lugar el 4 de Ramadán de 1019 de la Hégira. Los islamistas sintieron inmenso dolor y profunda tristeza por la pérdida de Larache”.

Mortara quedó en Alcázar en compañía del sultán, como rehén hasta que se le devolviesen a éste sus hijos, las armas y el dinero prometidos a cambio de la plaza.

Por su parte, el marqués de San Germán, salió de Gibraltar con las nueve galeras del conde de Elda y 3.000 hombres. El 20 de noviembre, tras algunas vicisitudes a causa del temporal, la flota llegó a Larache. Los alcaides Al-Charni y Al-Mansur recibieron en tierra a los Sargentos Mayores don Fernando Mejía de Gámez y don Mateo Bartox de Solchaga, que iban a ocupar los dos fuertes de Larache. Luego, el Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, tomó tierra y mandó izar el estandarte real en nombre de Felipe III. Y, de inmediato, escribe al rey en los siguientes términos, tal y como recoge García Figueras:

Yo quedo dentro de Larache con mucho gusto de que esta plaza esté por Vuestra Magestad que es mucho mexor de lo que yo crehía. Mi deseo de açertar a servir a Vuestra Magestad a sido muy bueno como lo procuraré hazer en ponerla en muy buen estado y todo lo demás que me pareçiere del servicio de Vuestra Magestad cuya catholica persona guarde Nuestro Señor como la christiandad ha menester. De Larache a 20 de noviembre de 1610. Don Juan de Mendoza”.

Castillo de Nuestra Señora de Europa - Larache

Castillo de Nuestra Señora de Europa – Larache

Al día siguiente, fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, los españoles bautizaron la fortaleza construida en tierra por el sultán Al-Mansur como Castillo de Nuestra Señora de Europa; y al existente hacia el mar, Castillo de San Antonio. Y Larache pasó a denominarse San Antonio de Alarache.

Castillo de San Antonio - Larache

Castillo de San Antonio – Larache

Para asegurar cualquier posible ataque por tierra, el marqués de San Germán ordenó construir una trinchera de 2.100 pies que unía los dos castillos, con un amplio foso, y se levantaron once casamatas que podían albergar, cada una, dos piezas de artillería. El marqués zarpó y, como gobernador de Larache, se nombró al Maestre de Campo don Gaspar de Valdés, anteriormente alcaide de Melilla, y al mando de las tropas, compuesta de 800 hombres, quedó el Sargento Mayor don Mateo Bartox. A este contingente, se unieron 70 jinetes de Tánger y Ceuta al mando del capitán don Martín de Varte Cerón, y el ingeniero Juan Bautista Antonelli fue el encargado de reforzar las defensas existentes.

Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Y el poeta don Luis de Góngora, en esta ocasión, compuso varias de sus mejores endechas.

Mientras tanto, la entrega de Larache causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij.

Seguirá…

 

 

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