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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (9ª PARTE)

9ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

castillo de san antonio

 …Larache, en 1614, parecía estar en mejor situación tras la toma por las tropas españolas del puerto de La Mamora y por las continuas promesas del nuevo sultán Abd Allah de mantener la paz con España. Por supuesto, su actitud estaba condicionada a que se le reintegraran los bienes que su padre al-Xaij había dejado depositados en manos del Gobernador portugués de Tánger, don Alfonso de Noronha, y que se suponía de gran valor. Tras varios intentos de la Corona española, se comprobó que el Gobernador, junto a Simón Pariente, habían hecho un uso indebido de esos bienes. Sin embargo, no se hallaron pruebas para que el rey Felipe III los encerrara, como era su deseo, y se optó por entregar a Abd Allah los escasos 48.970 ducados que el contador real había conseguido hallar de la tan preciada herencia del sultán al-Xaij. Tras recibir esta suma a principios de 1615, que a Abd Allah le pareció ridícula, por un lado mantuvo su promesa de paz con España, pero, a la vez, sus hombres comenzaron a efectuar pequeños ataques contra Larache.

A finales de ese año de 1614, el rey decidió destituir al Gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tras cuatro años en el cargo, porque no le gustaron algunas de sus decisiones, especialmente el que hubiese devuelto a Abd Allah los arcabuces que dejara su padre el sultán en Larache, el que usara los impuestos de aduana recaudados para pagar  con ellos a las tropas, pese a que este gesto del gobernador era lo más justo para sus hombres, y, sobre todo, el que dejara que sus soldados comerciaran con los víveres que se les entregaba, lo que fue creando un mercado negro que perjudicaba a España. Felipe III envió al contador Pérez de la Parra que emitió un informe desfavorable a la administración de don Gaspar de Valdés, y alertó de los negocios paralelos que habían proliferado en la plaza. Esto hizo que el 3 de noviembre de 1614, el Gobernador saliera de regreso a la península junto a otras personas que fueron expulsadas de Larache por, entre otras razones, alentar el tráfico ilegal de aceite, trigo y caballos.

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Como nuevo Gobernador de Larache se nombró al Maestre de Campo don Pedro Rodríguez de Santisteban con el que llegaron a la plaza 430 soldados. Sin embargo, pronto hubo de arrostrar la misma situación que la de su predecesor, es decir, escasez de medios, de tropas, de víveres y de dinero, y hubo de pagar de su pecunio personal a sus hombres.

Pedro Rodríguez de Santisteban reforzó las defensas de Larache. Fue él quien levantó el pequeño fuerte de Santiago frente al castillo de San Antonio y a la barra del río Lucus. A principios de 1617, Larache contaba para su defensa con 800 hombres, claramente insuficiente para garantizar su seguridad. Uno de los problemas con los que se enfrentaba el Gobernador eran las deserciones, que no cesaban, por lo que acabó por arcabucear a uno de sus hombres que fue canjeado a los marroquíes por un prisionero, medida que no sirvió para nada. Para más inri, lo seguidores de Abd Allah continuaban hostigando Larache, pero Pedro Rodríguez de Santisteban no podía ordenar ninguna razzia o acción de castigo por prohibición expresa de Felipe III. Sin embargo, desoyó tales órdenes en agosto de 1617, cuando tropas marroquíes atacaron a los soldados de la plaza, momento que aprovechó para devolver el golpe contra un aduar cercano con 500 de sus hombres y, aunque sus moradores huyeron antes del ataque, sí que consiguieron un botín de más de quinientas reses vacunas, y dos días después capturaron, además de más reses, a 175 prisioneros en respuesta al asesinato de dos correos españoles. Esto trajo como consecuencia un período de paz algo más prolongado, tiempo que aprovechó don Pedro Rodríguez de Santisteban para acabar en 1618 la muralla defensiva de la Marina.

Curiosamente, como relata García Figueras, Rodríguez de Santisteban solicitó un permiso de tres meses para atender asuntos privados en la península y nunca regresó a Larache. Su puesto lo ocupó el capitán Francisco Carrillo de Santoyo, un veterano de Flandes e Italia, que hubo de enfrentarse a uno de los episodios más conocidos de los acaecidos en esa época en Larache. Ocurrió en diciembre de 1618, y sucedió que el Veedor don Juan de Mena fue acuchillado en la cara, y acusó como agresor al capitán de guardia don Juan de Santisteban, sobrino del anterior gobernador, que negó los hechos. Sin embargo, Carrillo de Santoyo lo encarceló y lo mantuvo en prisión siete meses, mientras el Veedor se recuperó de las heridas. Tal demora se debió al retraso en llegar del licenciado Felipe Barreda que el rey había enviado para que dirigiera el proceso. Dado el tiempo que ya había pasado encerrado, el juez dictó una sentencia de compromiso ya que en realidad no existían pruebas de su autoría.

El nuevo Gobernador Carrillo de Santoyo también hubo de efectuar una razzia contra el aduar de Rehien en abril de 1619. Varios habitantes de este aduar habían degollado a dos soldados españoles, y el gobernador atacó Rehien con 400 soldados, con los que incendió las viviendas, causando más de doscientos muertos y capturando a 213 prisioneros.

Mientras tanto, Muhammed Zeguda, otro de los hijos del finado sultán al-Xaij, se levantó contra Abd Allah…

 Seguirá…

Salida del gobernador de Larache Carrillo de Santoyo 1619

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (8ª PARTE)

8ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

…Escribía Marcos de Guadalaja en 1611:

“…Algunos he oydo afirmar (gran lástima) de que convenía desamparar esta plaça; motivando su opinión con que era de mucho gasto y poca utilidad y provecho; pues con ella no se conseguía (conforme reglas de Estado) el intento y fin: que era quitar el puerto y receptáculo a los Corsarios, teniendo en su favor y mano, a diez y seys leguas poco menos por aquella costa, el puerto de La Mamora, a donde ellos acuden con seguridad y frecuencia”.

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En efecto, Larache había pasado de ser la más codiciada a todo lo contrario. Muchos españoles se preguntaban para qué servía la plaza, ya que el coste de su mantenimiento era muy elevado. De hecho, en el Consejo de Estado, durante varias de sus reuniones del año 1612, se oyeron voces discrepantes. Mientras que el ingeniero Juan de Médicis era partidario de abandonar Larache, otros, como el marqués de Castelrodrigo, el Comendador Mayor de León, el marqués de Velada, el duque del Infantado, el marqués de Villafranca y el duque de Alburquerque defendieron que, después de haberla deseado con tanto ahínco, abandonar Larache sería una deshonra y significaría perder reputación. También coincidían algunos de estos nobles que, si no se tomaba el puerto de La Mamora, continuar en Larache se tornaba más complicado.

Lo cierto era que Larache recibía pocos fondos para cubrir a las tropas, a los espías marroquíes que trabajaban para la corona, a los avituallamientos, al armamento y al problema acuciante de los enfermos del Hospital. El propio Gobernador de Larache, Gaspar de Valdés, escribió estas tristes líneas al rey Felipe III en 1612:

“…Es compasión ver los soldados desnudos y descalços; que esto les tiene de todo punto aburridos, y así sirven desesperadamente, comunicándose unos a otros la rraçón que les parece tienen para ello, y que si se tarda en rremediar su miseria, será posible yntentar algún medio desgraciado para perdición suya, procurando pasar a España por Verbería, pareciéndoles que es menos ynconveniente aventurarse a esto que continuar al servicio en la miseria que pasan…”

 Todo esto dio lugar a numerosas deserciones y el avituallamiento era cada vez más complicado, incluso para los propios cabileños que eran asaltados cuando trataban de llevar sus mercancías a Larache. Y mientras tanto, el sultán al-Xaij continuaba con unos pocos fieles en su campamento, a los que se les unió un judío llamado Salomón Pariente, intérprete enviado por España para servir de enlace entre el sultán y España. Por supuesto, continuaban las disputas entre el propio sultán Muhammad al-Xaij; su hijo Abd Allah, instalado en Fez; Mawlay Zidan, asentado en Marraquex y el mahdi Ahmad ben Abd Allah.

Galeones españoles luchando contra los piratas berberiscas, Cornelis Hendriksz Vroom, 1615

Galeones españoles luchando contra los piratas berberiscasCornelis Hendriksz Vroom, 1615

 

El año 1613 no fue mejor para Larache. Primero, con la falsa noticia de un intento de voladura del castillo de Nuestra Señora, que resultó ser una invención de un morisco que envió una carta al duque de Lerma con esa sospecha para crear incertidumbre. Segundo, que por descuido y falta de organización, se detectó en las cuentas del pagador de Larache, don Rodrigo Enríquez de León, un descubierto de 56.905 reales. Y tercero, por las consecuencias que provocó la muerte del sultán Muhammad al-Xaij al-Mamun, acaecida (en la versión más fiable) en septiembre de 1613 a manos del almocadén Bolif, Bulif o Golife, natural de Alcázar, que actuó en connivencia con el alcaide de Arcila. Su muerte despertó el temor en España de que el hijo de al-Xaij, Abd Allah, decidiera atacar Larache y otras plazas españolas. Pero Abd Allah anunció que deseaba la amistad con España siempre y cuando se le devolviesen los bienes de su padre depositados en Larache y en Tánger. La corona española decidió ganar tiempo.

La desesperación del gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, aumentó a finales de 1613 cuando 264 de sus hombres fueron trasladados a la península y fueron sustituidos por 280 soldados inexpertos de las compañías de don Sancho de Benavides y don Diego de Vera, precisamente cuando también llegaba la noticia de un inminente ataque de Mawlay Zidan contra Larache. Sin embargo, nada ocurrió.

La Mamora 1621

LA MAMORA en 1621

1614 marcó un cierto cambio de rumbo al ocupar España la deseada plaza de La Mamora, que significaba que se podía mantener Larache. Todo comenzó cuando Mawlay Zidan decidió ceder el puerto de La Mamora a los holandeses. En junio de 1614, el almirante Jan Evertsen llegó a su puerto con cuatro grandes navíos y aguardó a que Zidan le permitiera ocupar la ciudad, tal y como habían pactado. Sin embargo, nuevas luchas internas hicieron que Zidan no acudiese a la cita. Esto propició que don Gaspar de Valdés pusiera en aviso a Felipe III, anunciándole la presencia de Evertsen y de 16 barcos corsarios en el puerto de La Mamora. Esta amenaza alentó al monarca español y, de inmediato, hizo zarpar desde Cádiz el 1º de agosto de 1614 a la escuadra que comandaba don Luis Fajardo, marqués de los Vélez y Capitán General de la Armada del Mar Océano, que estaba compuesta de 99 barcos de diferente tipo.

Marquesado de los Vélez

Marquesado de los Vélez

Esta armada llegó a Larache el 2 de agosto, lo que propició que corriera la noticia hasta La Mamora de que esta escuadra se dirigía hacia allí. Pero el almirante Evertsen, sabiéndose en desventaja, no se enfrentó a don Luis Fajardo y negociaron. Pero no hubo acuerdo y el 5 de agosto los españoles iniciaron una maniobra de asalto compleja y difícil que acabó con el desembarco en la orilla derecha del Sebú de dos mil hombres. Tanto los piratas como los marroquíes que defendían el terreno y las naves trataron de escapar y prendieron fuego a las naves piratas, pero la rápida reacción de los españoles impidió que las llamas afectaran a la mayor parte de los barcos. El 6 de agosto, La Mamora ya estaba en manos de la corona de España. El 15 de agosto, cuatro mil marroquíes, entre infantes y jinetes, trataron de reconquistar la ciudad, pero fueron rechazados por las tropas españolas.

A partir de ahí, todos los soldados y nobles deseaban acudir a reforzar La Mamora, conquista que se celebró en España como un gran acontecimiento. En septiembre, el gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tuvo que enviar parte de sus tropas a La Mamora para asegurar la plaza, lo que debilitó su posición…

Sergio Barce, julio 2019

Seguirá…

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (7ª parte)

Séptima entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

…Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación en 1610 llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Pero causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij. Tanto que durante el año siguiente de 1611 se extendió la indignación por todo el imperio, y el santón Ahmad ben Idris alentó a la guerra santa.

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La situación hizo que el sultán al-Xaij, temeroso, solicitara una fetúa a los ulemas de Fez para legalizar la cesión de Larache a España. Pero muchos de esos ulemas se ausentaron para no ser cómplices de tal deshonra. Y, aunque consiguió su propósito, el sultán sabía que sus súbditos no le perdonaban, de modo que se instaló con su mehala entre Tánger y Larache, en la zona conocida como del Farrobo o Garrobo (zona de Yebel Hebib), de manera que, en caso de peligro, podría pedir ayuda a los españoles.

La situación se hizo caótica. García Figueras señala que, en esos momentos, existían cuatro bandos disputándose el poder: El propio sultán Muhammad al-Xaij; su hijo Abd Allah, instalado en Fez; Mawlay Zidan, asentado en Marraquex y enemigo acérrimo de Abd Allah; y, por último, los morabitos, ansiosos de poder y fanatizados, que acusaban al sultán de tener demasiado contacto con los cristianos. Para más inri, es por esta época que surge la figura de el mahdi Ahmad ben Abd Allah, más conocido como Abu Mahalli, que organizó un ejército que avanzaban de Sur a Norte; y en Salé, los moriscos extremeños de Hornachos, se declararon independientes, y Mawlay Zidan les permitió su constitución republicana a cambio de un tributo anual. Y, además de todo esto, los moriscos también se hicieron piratas con base en Salé para vengarse de los españoles atacando sus naves, y otros corsarios lo hacían desde La Mamora. Es decir, la cesión de Larache desencadenó un caos absoluto en Marruecos.

Salé

El nuevo Gobernador de Larache, Gaspar de Valdés, hubo de mejorar las defensas de la ciudad. El ingeniero Antonelli presentó su proyecto de unir las dos fortificaciones de Larache por tierra, pero se desestimó. Mientras, se construyeron en 1611 varios cuarteles para la infantería y una gran caballeriza para cien monturas, junto a almacenes, cuatro tahonas y doce caleras.

Gaspar de Valdés se quejaba a Felipe III de las dificultades económicas con las que contaba, así como la falta de víveres, pero el rey, durante los meses siguientes, cumplió su promesa y resolvió estos problemas.

Lo cierto es que la guarnición de Larache, compuesta de 700 hombres, sufría de constantes deserciones. Don Francisco de Varte Cerón escribió a Felipe III desde Sevilla una carta conminándolo a sustituir a los soldados de Larache por tropas más veteranas. Poco a poco, la guarnición pasó a contar con 1.080 infantes, con 59 oficiales, 13 artilleros al mando de un cabo; 59 jinetes, 20 marineros y 6 sanitarios.

Felipe III

Felipe III

Aunque al principio acudían los cabileños a Larache para vender sus productos a las tropas allí apostadas, con el paso de los meses se instalaron nativos hostiles alrededor de la plaza, y las emboscadas se hicieron frecuentes no solo contra los soldados españoles, atacando incluso de noche a los centinelas, sino también contra los propios cabileños que acudían a Larache a vender sus productos. Y aunque al-Xaij seguía manteniendo buenas relaciones con España, los asaltantes resultaron pertenecer al propio sultán, que, poco a poco, perdía autoridad sobre los suyos…

Seguirá…

 

 

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LARACHE, SIGLOS XVI-XVII (6ª PARTE)

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Sexta entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

Pero, tras los numerosos fracasos por ocupar la plaza de Larache, quizá por obstinación, tal vez porque el paso de los años lo hizo ya inevitable, al fin, la ciudad fue tomada por España el 20 de noviembre de 1610.

Pese a las continuas dilaciones, y bajo las nuevas intrigas de Gianettino Mortara, el sultán Al-Xaij tenía decidido, desde hacía ya un tiempo, y pese a la oposición interna, ceder Larache a España. A ello se unía la insistencia del marqués de San Germán, que enviaba misivas al sultán para concretar el acuerdo de cesión.

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Pero, cansado ya de tantas excusas, en octubre de 1610, el rey Felipe III ordenó cegar el puerto de Larache como medida de presión; orden que no llegó a ejecutarse porque, al fin, Al-Xaij decidió acudir a Alcazarquivir y cumplir con su promesa de entregar Larache. Sin embargo, el sultán hizo una inesperada parada en Tetuán, maniobra que urdieron sus alcaides con la excusa de recaudar tributos a los moriscos expulsados de España y que se habían asentado en la ciudad tetuaní. La idea era que, si recaudaban lo suficiente, el sultán cambiaría de idea. Pero el marqués de San Germán consiguió que Al-Xaij le confirmara que llegaría por fin a Larache el 10 de noviembre.

La entrega de la ciudad no la hizo el sultán en persona, que prefirió quedarse en Alcazarquivir, sino dos de sus alcaides: Muhammad al-Charni y Al-Mansur.

Al-Ifrani cuenta que:

“…desalojados los musulmanes, el Caíd Al-Charni quedó en la plaza hasta la entrada de los cristianos, suceso que tuvo lugar el 4 de Ramadán de 1019 de la Hégira. Los islamistas sintieron inmenso dolor y profunda tristeza por la pérdida de Larache”.

Mortara quedó en Alcázar en compañía del sultán, como rehén hasta que se le devolviesen a éste sus hijos, las armas y el dinero prometidos a cambio de la plaza.

Por su parte, el marqués de San Germán, salió de Gibraltar con las nueve galeras del conde de Elda y 3.000 hombres. El 20 de noviembre, tras algunas vicisitudes a causa del temporal, la flota llegó a Larache. Los alcaides Al-Charni y Al-Mansur recibieron en tierra a los Sargentos Mayores don Fernando Mejía de Gámez y don Mateo Bartox de Solchaga, que iban a ocupar los dos fuertes de Larache. Luego, el Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, tomó tierra y mandó izar el estandarte real en nombre de Felipe III. Y, de inmediato, escribe al rey en los siguientes términos, tal y como recoge García Figueras:

Yo quedo dentro de Larache con mucho gusto de que esta plaza esté por Vuestra Magestad que es mucho mexor de lo que yo crehía. Mi deseo de açertar a servir a Vuestra Magestad a sido muy bueno como lo procuraré hazer en ponerla en muy buen estado y todo lo demás que me pareçiere del servicio de Vuestra Magestad cuya catholica persona guarde Nuestro Señor como la christiandad ha menester. De Larache a 20 de noviembre de 1610. Don Juan de Mendoza”.

Castillo de Nuestra Señora de Europa - Larache

Castillo de Nuestra Señora de Europa – Larache

Al día siguiente, fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, los españoles bautizaron la fortaleza construida en tierra por el sultán Al-Mansur como Castillo de Nuestra Señora de Europa; y al existente hacia el mar, Castillo de San Antonio. Y Larache pasó a denominarse San Antonio de Alarache.

Castillo de San Antonio - Larache

Castillo de San Antonio – Larache

Para asegurar cualquier posible ataque por tierra, el marqués de San Germán ordenó construir una trinchera de 2.100 pies que unía los dos castillos, con un amplio foso, y se levantaron once casamatas que podían albergar, cada una, dos piezas de artillería. El marqués zarpó y, como gobernador de Larache, se nombró al Maestre de Campo don Gaspar de Valdés, anteriormente alcaide de Melilla, y al mando de las tropas, compuesta de 800 hombres, quedó el Sargento Mayor don Mateo Bartox. A este contingente, se unieron 70 jinetes de Tánger y Ceuta al mando del capitán don Martín de Varte Cerón, y el ingeniero Juan Bautista Antonelli fue el encargado de reforzar las defensas existentes.

Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Y el poeta don Luis de Góngora, en esta ocasión, compuso varias de sus mejores endechas.

Mientras tanto, la entrega de Larache causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij.

Seguirá…

 

 

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LARACHE, SIGLOS XVI- XVII (5ª Parte)

Quinta entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

El estrepitoso fracaso en 1608 de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en el intento por tomar Larache con el uso de la fuerza, se debió, especialmente, a sus dudas y al temor de que existiesen tropas del sultán aguardando la invasión. Pero lo cierto es que Larache estaba entonces desprotegida y don Álvaro desperdició la coyuntura.

Antes, el sultán al-Xaij había intentado enviar casi 4.000 hombres para defender la plaza, pero el representante de Felipe III, Giannettino Mortara, lo disuadió. Esto llenó de ira al monarca marroquí, que se sintió engañado, y mandó encerrar al italiano. Con argucias, Mortara logró sin embargo volver a convencerlo, con ayuda del duque de Medinasidonia, de que en realidad las tropas españolas habían llegado hasta Larache persiguiendo a un corsario holandés. Sin embargo, Mortara, para evitar ser ejecutado, hubo de efectuar numerosos sobornos y pagos.

Pero Larache no dejaba de ser una pieza de gran valor estratégico, y España lo sabía. Desde Carlos I se había convertido en una ciudad casi obsesiva para los reyes españoles. Tras el fiasco del marqués de Santa Cruz, el recién nombrado Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, también empezó a interesarse por Larache, y así se lo transmitió a Felipe III. Pero sus planes, fueron aplazados.

Sin embargo, algo cambió el día 4 de marzo de 1609. Ese día, el sultán Muhammad al-Xaij huyó desde el puerto de Larache junto a su familia con destino a Portugal. Había sido derrotado en Bu Regreg por Mawlay Zidán.

BU REGREG

Felipe III, tras descubrirse una conspiración que pretendía utilizar al depuesto sultán al-Xaij para tomar Larache para la corona francesa, hizo que al depuesto rey de Fez lo trasladasen a Carmona, a fin de controlarlo. Aprovechando que al-Xaij estaba bajo la custodia de España y de que su hijo, Abd Allah, había conseguido derrotar a Mawlay Zidán, Mortara comenzó a intrigar y, gracias a sus gestiones, consiguió que se firmase un tratado en septiembre de 1609 por el que Muhammad al-Xaij cedía por fin Larache a España a cambio de que se le permitiera volver a Marruecos, se le enviasen 6.000 arcabuces y 200.000 ducados. Todo ello, claro está, bajo ciertas condiciones que el italiano consiguió que aceptara Felipe III, entre ellas, que el propio Giannettino Mortara fuese nombrado Gobernador de Larache en cuanto la plaza pasara a manos de los españoles.

Al-Xaij dejaba a sus hijos en España como garantía de que cumpliría con el tratado, y parte del pago de los 200.000 ducados se aplazaba igualmente hasta el instante en que Larache pasara a estar bajo dominio real de España.

Todas estas negociaciones se fueron dilatando, y no se materializaban de manera efectiva. Y, entonces, se produjo la expulsión de España de los moriscos. Hecho relevante que influyó en lo que ocurriría posteriormente. Y es que, aparecían en el horizonte los siguientes problemas: el primero, que se necesitaban todos los navíos disponibles para trasladar a los moriscos a Marruecos; el segundo, que no era posible tomar Larache al mismo tiempo que se llevaba a cabo la expulsión; y, tercero, que el alcaide de Larache era precisamente un morisco granadino. Es decir, todo estaba en contra de la operación. Felipe III dio orden de dejar en suspenso la ocupación de Larache, y al-Xaij permaneció retenido en España.

FELIPE III

Pero lo cierto es que Larache seguía siendo la perla codiciada. Y, aunque todo parecía contradecir los deseos del monarca español, el marqués de San Germán continuaba por su lado estudiando cómo hacerse con la ciudad. Y así, envió a Juan Bautista Reales para que le informara de la situación de Larache en ese momento. En 1610, todo parecía de nuevo cambiar a favor de las pretensiones españolas, y Larache volvió a estar en el blanco de las intrigas y maniobras palaciegas…

Y así se planificó que se enviaría a al-Xaij de regreso a Marruecos a través del puerto de Vélez de la Gomera, para que, desde allí, ordenase con engaños a las fuerzas que defendían la plaza de Larache a que fuesen hasta Alcázar donde los compensaría por su fidelidad. Desguarnecida así la ciudad, las galeras españolas entrarían en el puerto de Larache y se ocuparían las dos fortalezas, todo ello con la complicidad del alcaide. Toda esta operación arrancó el día 20 de febrero de 1610.

PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA

En efecto, la escuadra de Portugal condujo a Muhammad al-Xaij que desembarcó en Vélez de la Gomera, donde aguardaría hasta que llegara el dinero prometido. Lo cierto es que tal hecho no se materializaba, y los nobles que acudieron a visitar al sultán mostraron su desagrado ante la idea de que Larache fuera a ser cedida a los cristianos.

Pasados varios meses de larga espera, Muhammad el-Xaij decidió cumplir con el tratado y entregar Larache. De manera que, finalmente, el dispositivo se puso en marcha. La flota para su ocupación la formaban las galeras de Portugal, al mando del conde de Elda, junto a navíos de la Escuadra de Cantabria, al mando de don Antonio de Oquendo, que transportaban nueve Compañías de Lombardía y tres de Sicilia, las Compañías de la Guarda de los Galeones de la Plata, el Tercio de don Jerónimo Agustín y la Compañía del capitán Juan de Alarcón. A bordo, también estaban los hijos del sultán que servían de garantía. Las naves y las tropas salieron del puerto de Gibraltar y llegaron a Larache el día 14 de junio de 1610.

La idea del marqués de San Germán era la de tomar pacíficamente la plaza de Larache, pues así se había pactado. Pero los españoles fueron recibos con cañonazos. Y es que los cabileños, al enterarse de que se aproximaba la escuadra, acudieron en defensa de la ciudad.

Inicialmente, se ordenó el desembarco de 300 hombres cerca del castillo de los Genoveses; desembarco dificultado por el mal estado de la mar y la inesperada resistencia con la que se encontraron. Tras varias horas, las tropas debieron retirarse. De nuevo, España fracasaba en su febril anhelo por conquistar Larache, la deseada. Tal desastre dio lugar, tal y como cuenta García Figueras, a que comenzaran a circular coplas satíricas y burlescas por lo acaecido, siendo la más famosa la compuesta por Luis de Góngora, que, inspirándose en esta batalla, escribió el soneto titulado A un príncipe de España viniendo de la conquista de Alarache:

-¿De dó, sobrino Juan, con pedorretas?

-Señora tía, de Cagalarache.

-Sobrino, ¿y cuántos fuisteis a Alfarache?

-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? –Tomamoslo de veras.

-¿Desembarcasteis, Juan? -Tarde piache;

que al dar un Santiago de azuauche

dio la playa más moros que veneras.

-¿Luego, es de moros? -Sí, señora tía,

mucha algazara pero poca ropa.

-¿Hizieron de los perros mucho daño?

-No, que en ladrando con su artillería

a todos nos dio cámaras de popa.

-Salud sería para todo el año.

LUIS DE GÓNGORA

En fin, que lo que más me sorprende de cuanto nos relata Tomás García Figueras en su libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII es comprobar la cantidad de medios empleados por España, en barcos y hombres, para hacerse con Larache, y que, en todas las ocasiones relatadas hasta ahora, siempre fracasara de una manera tan ridícula. 

Sergio Barce, septiembre 2017

 

 

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