Archivo de la etiqueta: Mohamed Bouissef Rekab

RETRATO LITERARIO DEL ESCRITOR LARACHENSE DRIS DIURI

En 1996 se publicó “Literatura marroquí en lengua castellana”, escrito por Sergio Macías y mi entrañable y admirado Mohamed Chakor. En este volumen, publicado en la Colección Reencuentro, de Ediciones Magalia (Madrid, 1996), Macías y Chakor recopilan lo mejor de la literatura marroquí escrita en castellano.

LITERATURA MARROQUÍ EN LENGUA CASTELLANA

Estructurado en décadas, cada período recoge a los autores marroquíes más destacados que eligieron el idioma de Cervantes para crear sus obras. Y así nos llevan desde los años cuarenta hasta 1996, en un acertado y muy cuidadoso trabajo de selección.

MOHAMED CHAKOR

En el libro desfilan la vida y la obra de los siguientes autores:

Años 40 y 50:  Abderrahim Yebbur Uddi, Mohammad Ibn Azzouz Hakim, Dris Diuri, Abdel-latif Jstib, Mohammad Temsamani y Moisés Garzón Serfaty.

De la década de los 60: Abdelkader Uariachi; Mohamed Mamoun Taha, el propio Mohamed Chakor, Abderrahman Cherif-Chergui, Dris M. Mehdati y Mohamed Laarbi Messari.

De los años 70: Aziza Bennani, Simón Levy, Abdellah Djbilou, Malika Embarek López, Mohammed Amrani, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, Ahmed Sabir, Said Jedidi, Fadel Al Ach-hab y Hossein Bouzineb.

Y de las décadas de los 80 y 90: Oumama Aouad, Houssein Bouzalmate Mohamed, Chukri el-Bakri, Laila Bel Ghali, Laarbi el Harti, Samira Abdelaziz Brigüech, Mohamed El Kihel e Inés Calvo, Ahmed Mgara, Jalil Tribak, Mohamed Maimoni, Abderrahman el Bakkali, Ali Mohamed Laarbi y Ahmed Daoudi.

Mohamed Sibari

Mohamed Sibari

Amén de ellos, se incorpora al volumen una serie de artículos firmados por Juan Goytisolo, Antonio Gala, Jacinto López Gorgé, Manuel Ruiz Lagos, Sergio Macías, Aurora Cuevas Cervero, Mohamed el Kihel, Ahmed Daoudi, María Luisa Lajara y Luis F. Bernabé Pons.

Mohamed Mamoun Taha "Momata"

Mohamed Mamoun Taha «Momata»

Varios de los autores seleccionados son larachenses: Dris Diuri, Mohamed Mamoun Taha o Mohamed Sibari, otros tienen alguna relación con Larache, y varios me son muy queridos.

De los autores que forman parte de la década de los años cuarenta, destaca entre otros el larachense Dris Diuri, tan admirado por el profesor Fernando de Ágreda. Y es éste precisamente el fragmento que transcribo de este estupendo manual y que analiza con detalle la obra del poeta del amor.

Sergio Barce, abril 2013

DRIS DIURI

Dris Diuri nació en Larache, en 1925. Cursó sus estudios en la zona norte de Marruecos, en la época del Protectorado español. Llegó a ser el mejor alumno en dicha región, y muy aventajado en el idioma castellano. Fue un intelectual que se preocupó por estrechar los lazos fraternales entre Marruecos y España. Dejó constancia de ello como escritor, periodista y conferenciante.

DRIS DIURI

DRIS DIURI

Colaboró brillantemente en varias revistas españolas y marroquíes. Desempeñó la función de canciller en el Consulado de Marruecos en Barcelona. Sigue leyendo

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

300.000 VISITAS A ESTE BLOG

PARECE INCREÍBLE, PERO LAS VISITAS A ESTE BLOG SIGUEN CRECIENDO.

HOY HAN SOBREPASADO LA CIFRA DE

 300.000

UN NÚMERO NADA DESDEÑABLE

En Larache, Sergio Barce con Laabi, Jose Luis Gómez, Akalay, Sibari, Bouissef y Said Jedidi

En Larache, Sergio Barce con Laabi, Jose Luis Gómez, Akalay, Sibari, Bouissef y Said Jedidi

Muy pronto en este blog:

LAS PRÓXIMAS PRESENTACIONES DE LOS LIBROS DE AUTORES LARACHENSES

Y DE OTROS AUTORES CERCANOS A MÍ

UNA NUEVA PÁGINA DEL ALBUM DE FOTOS DE LARACHE Y SUS GENTES

MÁS CINE Y LITERATURA

RELATOS Y CRÓNICAS

EN POCO TIEMPO, LA PUBLICACIÓN DE MI NUEVA NOVELA

INCHA AL´LÁH

LARACHE

LARACHE

Etiquetado , , , , , ,

LARACHE – ALBUM DE FOTOS 13

Es bastante difícil continuar este álbum, y me refiero al texto que trato que acompañe a las imágenes, porque fotos sigo recibiendo de muchos amigos, pero no repetirse en las palabras resulta complicado. Lo último que desearía es aburrir a quien se asoma a estas páginas.

Rio Lukus, y, al fondo, LARACHE – foto de Javi Lobo

Por eso, en esta ocasión, creo que me refugiaré de alguna forma en los textos de varios autores de los que, aunque les dedico artículos individuales, pueden servir para “ilustrar” lo descrito por las fotografías.

No es la primera vez que uso la imagen de un cuadro para abrir el álbum de fotos –ya estamos en su página 13, y creciendo-. En esta ocasión es un cuadro del pintor larachense Hakim el Harrak. Gracias a él, me rindo a la majestuosidad del Castillo Laqbíbat o de San Antonio o de Al Nasr, que todos estos nombres ha tenido.

Parece increíble que este majestuoso castillo del siglo XVI fuera mandado erigir por el Sultán Ahmad al-Mansúr al-Dahabi tras la batalla de los Tres Reyes, y digo que parece increíble que sea un monumento de tal historia y que se haya dejado caer en el olvido… Sin embargo, el pincel de Hakim el Harrak le ha devuelto la vida, y los colores de su paleta lo han restaurado para nuestra imaginación.

Escribía Ali Bey (Domingo Badía) en 1805: “A un extremo de la ciudad, en la embocadura del río, hay un castillo que me dijeron fue construido por Muley Yezid (Nota: Se trata de una edificación más antigua que el reinado de Muley Yezid /1790-1792/. Este sultán visitó cuatro veces Larache durante su reinado, según relata ad-Du´ayyif, pero que no señala que se dedicara en esas breves etapas de visita a la construcción o reparación de las fortalezas. Este castillo, llamado de San Antonio por los españoles, es más antiguo que el de la parte de tierra o de las Cigüeñas). La fortaleza cuadrada está guarnecida por varias pequeñas culebrinas. Defienden la embocadura del puerto dos baterías colocadas al sur y otra batería o castillo por el mismo lado con cañones y mortero, situada a trescientos cincuenta toesas de distancia…”

Cuánta historia tiene Larache…  Cuántas vidas vividas en sus calles… Creo que la siguiente foto es de una simbología ejemplar: en la terraza del Café Central vemos a Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem, tres viejos amigos, un cristiano, un musulmán y un hebreo, tres amigos de toda la vida, tres larachenses que simbolizan lo que siempre hemos transmitido a los que no son de nuestro pueblo.

Alfonso Santamaría me ha enviado un buen puñado de imágenes, hoy colgaré alguna de ellas, como ésta, en la que aparecen Alfonso, Emilio y Elena Santamaría.

También de Paco Selva traigo hoy bastantes fotos y carteles. En esos viejos anuncios también nos reencontramos con la historia de la ciudad…

Creo que una de las cosas que mejor se recuerdan en una vida, son las celebraciones, las fiestas, la algarabía, los instantes de felicidad. En Larache hemos vivido tantos buenos momentos, familiares, personales o entre amigos, que eso es lo que más une en la memoria. Por eso, quizá sea un buen instante para llenar nuestras vidas de celebraciones… Así que nos vamos de bodas. En la imagen siguiente, asistimos a la de Mohamed, empleado de la compañía del Lukus, y en la foto están celebrándolo Aquilino, Sentamans, Emilio y Alfonso Santamaría, Bautista, el propio Mohamed, Narai, Julio el cubano, X y la esposa de Aquilino.

También acudimos al enlace de la hermana de Rafael de Cárdenas, y allí vemos, en la foto de abajo, al hermano de Castaño, Joaquín García, Ochoa y Rafael de Cárdenas.

Y de ahí nos vamos a celebrar el cumpleaños de la nieta de Cristóbal,  el de la Colonial:

La fiesta no decae, y damos salto en el tiempo, como siempre hacemos gracias a este álbum anárquico al que une en decenios la ciudad de Larache y los larachenses, y de los años sesenta y setenta aparecen estampas como las siguientes: Fiesta de Carnavales en el Colegio Nuestra Señora de los Ángeles, de la que Mati López Quesada guarda un par de imágenes curiosas…

Los disfraces ya nos dan una idea de la época…

Paco Selva es de los que más imágenes conservan de las celebraciones y parrandas. Estas dos son de la llegada de los Reyes Magos en 1962, y espero vuestra ayuda para reconocer a quienes aparecen en ellas… Primeras respuestas: Dice Clarisa que en esta primera foto de Reyes, agachada a la derecha, ve a Pepi Pereira, y arriba, entre los dos Reyes, cree que la chica rubia es MªCarmen Morcillo y la que está a su lado Africa Fernandez.

En 1963 volvieron Sus Majestades para repartir sueños… En las dos fotos que siguen: en la primer, los tres reyes son Paco Selva, Cuqui Andrade y Lucio Dámaso; en la segunda, los mismos reyes muy bien acompañados de tres bellas larachenses…

Fiesta de Reyes del año 63 que se prolongó bastante, según atestiguan las siguientes fotos…

Aunque quizá sea el Fin de Año la que hace que la alegría se desborde siempre anhelando la llegada de un tiempo mejor… Como en esta imagen, en la que aparece mi madre -segunda a la derecha-, la primera a su lado es Nena, pero no conozco al resto del grupo. Eso sí, se lo pasaron en grande.

Chicas larachenses divirtiéndose siempre vamos a encontrar en nuestros álbumes familiares. En la siguiente, de nuevo mi madre, Maru Gallardo (tercera por la derecha) con un grupo de amigas tomándose un vinito… Algunas ya muestran síntomas de estar algo chispas… Espero que reconozcáis a alguien para poder ponerles nombres.

Muchos años después, en 2005, durante el Festival de Guitarra y Música, celebramos un emotivo homenaje al músico larachense Tomás Chacopino, que aparece en esta imagen acompañado por Ahmed el Guennouni y por mí, Sergio Barce.

Y en esta otra, también celebramos un encuentro lleno de buena camaradería y calidez. Creo reconocer en la foto a los que nos reunimos en Larache creo que en 2004: en primer término Mohamed Akalay, y con él Abderrahman Lanjeri, Bouissef Rekab, Mohamed Sibari, el cónsul José Ramón Remacha, Mohamed Laabi, Mustapha el Bouhtoury, Ramón López Tuñas, Miguel Ángel, Gonzalo, Sergio Barce, Maria Luisa Diéguez y Mohamed Lahchiri.

Curiosa  la vida… En la fotografía anterior, está mi amigo Mohamed Akalay, y Alfonso Santamaría me ha remitido otra en la que, varios años antes, él acompaña a Akalay junto a su hermano Emilio, que perdimos hace muy poco tiempo, y cuya memoria guardamos con afecto.

A principios del siglo XX, Luis Antonio de Vega escribe: “La primera ciudad marrueca donde fijé mi residencia durante los dos lustros que residí en África fue Larache. Es tal vez por esto y porque en su recinto aprendí a conocer y amar a Marruecos por lo que mis mayores simpatías las reservo para la ciudad, que es proa de navío en la quilla del viejo Castillo de San Antonio, quilla metida en el mar.

Allí pasé un año, primero en la calle Real, luego en el callejón de Hamed Ben Tzami, donde los tejeringueros moros amasaban cada mañana la pasta de los aceitosos churros que serían adorno suculento en el collar que formaba un junco verde; la calle de Hamed Ben Tzami, en el barrio primoroso de la Marina, con la terraza situada frente a la barra que forma el Lükus en su desembocadura y en la que hasta en los días dulces y en las dulces tardes se revolvían las aguas en amasijos de olas turbias”.


 

Y algunos nombres de empresas y negocios que siguen en el recuerdo… Urrestarazu, Baeza…

O Bensimón, Morales o Caballero…  El Banco Hispano Americano en Larache…

 

Una joya de fotografía es la que me ha hecho llegar Juan M Fernández Gallardo, con quien me unen lazos familiares por la rama Gallardo, y se trata de este grupo del Colegio Santa Isabel, del curso 1947-1948:

Si fantástica es la estampa anterior, la siguiente me parece de una belleza plástica extraordinaria. Se trata de la pesca del atún, y quien habla de Larache habla de la almadraba y de sus atunes. Reconozco que me atrae mucho la fotografía en blanco y negro, pero es que en concreto esta foto parece sacada de una película neorrealista, como un fotograma de un largometraje filmado por Vittorio de Sica o Roberto Rossellini… En ella aparecen Julián Aixelá Ballester, Joaquín Garcia Camuñez, Guegue, Vicente Pro y Claudio Columé.

De 1967 es la foto de la Primera Comunión del siguiente grupo de larachenses: Mari Nieves Rebollo, Martín Romo, Alfonso Santamaría, Mula, José María López Garry, Pedro Bono, Miguel Ángel Ramírez Cano, Venancio, Agapito y Bono.

Un paréntesis deportivo… Menuda paliza le dio el Betis al Larache: 8 a 0. Desconozco si hubo revancha…

En esta otra imagen, quizá uno de los mejores amigos de mi padre: Alfonso “Ponchi” Ariza, con Mercedes, su mujer. Dos larachenses hasta el tuétano.

Como larachense hasta la médula es Abdellah Charafi, siempre una sonrisa, siempre entrañable.

Aprovechando que estoy ahora colgando las fotos de paisanos y amigos, traigo también a este rincón del álbum a dos larachenses a los que les profeso un afecto especial: Joana Márquez y a Luis María Cazorla, con quienes compartí un inolvidable acto en Madrid. Por cierto, que Luis Cazorla presentará en Larache el próximo 14 de Mayo su novela «La ciudad del Lucus» en el Colegio Luis Vives.

Y para cerrar esta página 13 del álbum de Larache, dos fotos más y un poema.

La primera de las fotografías pertenece a la película “Balcón Atlántico” del realizador larachense Mohamed Chrif Tribak.

El poema pertenece al escritor larachense Hassan Tribak, que escribe en su libro El eco de la huída:

 

Mi ciudad de Larache.

Un ciego que camina cada noche,

Un pájaro que pone su nido

Entre los dedos de un mendigo

Y entre dedo y dedo

Hay una voz que grita y pide perdón

Pero rechaza su castigo.

Mi ciudad ignora

Su mar con sus olas trajineras,

Sus años y años llora y llora

En la estéril zona de los engaños.

Así voy a morir;

No voy a decir

Más que mi Larache

Vive en su perpetua

Noche.

Y la última imagen es esta simpática foto tomada en la otra banda, en la que están Otra banda Pepe García, Gálvez, Antonio Salles, Diego Ramos Guegue y Munik.

Escribe Carlos Tessainer en su novela Los pájaros del cielo: “Como en un pueblo forzosamente abandonado por sus habitantes y luego anegado por las aguas de un embalse… vivimos en un mundo que ya no existe -nuestro pueblo, nuestro lugar- y que, sin embargo, siempre nos deleitamos en revivir en las conversaciones…” 

Pero Larache sigue ahí, y los larachenses también. El álbum de fotos trata de que ningún larachense abandone su pueblo ni que termine anegado por las aguas de un embalse, sino que perdure en nosotros, porque quién puede hacer desaparecer un sentimiento…

Sergio Barce, abril 2012

 

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

LARACHE vista por… MOHAMED BOUISSEF REKAB

Mohamed Bouissef Rekab, al que conocí en Tánger hace bastantes años, es un escritor marroquí con un verbo barroco cuando habla, exagerado, por ascendencia andaluza, y de una simpatía desbordante. Cuando escribe, por el contrario, esa misma pasión la vuelca de una forma diferente, con un lenguaje crudo, descarnado y poco artificioso. Es capaz de embarcarse en historias realmente duras, que me hacen recordar a veces a Mohamed Chukri, como en la que, según mi opinión, es su mejor novela: “Aixa, el cielo de Pandora” (Quórum Editores – Cádiz, 2007).

“En una acera, alejada de todo el tumulto, iba Aicha despacio, mirando para todos lados, esperando que alguien la abordada para ir a “vivir” un momento de alegría; mas su deseo moría muy cerca de su cuerpo desmoronado. (…) Como de costumbre, iba descalza, los dedos liberados –hacía años- de la asfixia de los zapatos; las plantas de los pies hacían de suelas –por tenerlas duras como una roca, no sentía las chinitas que iba pisando. (…) La cara la llevaba muy embadurnada, pintarrajeada de colores rojizos, obtenidos con carmines desconocidos; espolvoreada, con talcos baratos, por ambos lados hasta las pequeñas orejas en las que llevaba unos pendientes de bisutería; las pestañas y las cejas con alcohol, negrísimas. El pelo, que antaño fuera castaño, ahora lo llevaba rojizo con alheña; henna que compraba en un bacalito del Zoco Chico para cubrirse las canas; en esas tienduchas, los viejos vendedores de hierbas, ya la conocían bien. Falsa pelirroja. La boca pequeñita y desdentada, como chupada hacia dentro. Un solo diente en toda la boca.

No quería saber lo que esa gente pretendía obtener con esos chillidos, ella esperaba que sus “clientes” le hicieran propuestas para dirigirse al Balcón del Atlántico y acercarse a su escondite; la falda de tablas se le levantaba con la brisa que soplaba y ella ni se preocupaba de impedir que se le vieran los muslos, flacos y ya arrugados…”

En “Aixa, el cielo de Pandora”, Bouissef nos cuenta la vida de una prostituta muy conocida en Larache, Aichaa Rahmuniyya, con la que muchos chicos se iniciaron en el sexo. Ambientada en su mayor parte entre la época del Protectorado y los primeros años tras la independencia de Marruecos, aunque nostálgica, la novela es dura, nada complaciente, y nos va desgranando la vida llena de sinsabores de esta mujer que, sin embargo, hasta su vejez siempre trató de conservar su orgullo y su dignidad.

Bouissef rodeado de los escritores Lahchiri, Sibari y Akalay, en el Colegio Luis Vives de Larache

La narración es sencilla, logra que las descripciones de los personajes y de sus peripecias sean siempre creíbles, entiendes sus reacciones porque te ha dado la información precisa para que éstas tengan sentido. También logra recuperar aquel ambiente en el que las tres religiones convivían en la ciudad de una manera natural con pequeñas pinceladas de la vida diaria. La mirada de los niños, en este caso, le sirve para “filmar” los hechos de una manera candorosa, desprovista de punto de vista, pero sin ocultar que Bouissef añora ese tiempo de tolerancia.

Tomamos la Puerta de la Medina y al entrar al Zoco Chico doblamos a la izquierda, nos metimos por el barrio de el-Guebibat. Al llegar junto a un vendedor de sfench (buñuelos), mi amigo me invitó a merendar… (…) Teníamos enfrente el mausoleo de Sidi Mohamed Cherif. Cosa curiosa, lo veneraban judíos y musulmanes. En ese preciso momento pasaron dos judías y una musulmana cerca de donde estábamos y entraron en el pequeño recinto del mausoleo (conocíamos a las judías por su atuendo y su pañuelo negro –que también usaban como rebozo con una de sus manos-; llevaban indumentaria occidental y hablaban en español, era un español raro, pero español; a las musulmanas las reconocíamos por su inconfundible chilaba o porque llevaban haike; rara la musulmana que fuera vestida a la usanza europea).

-¿Qué le pedirán a Sidi Mohamed Cherif? –Dije señalando a las tres mujeres.

-Las judías no sé lo que podrán pedirle, pero las musulmanas seguramente le pedirán que les dé marido, trabajo, que el marido o el hijo salga de la cárcel, que nunca enfermen y cosas así… ¿Por qué no vendrán también las nesranías? Porque si Sidi Mohamed Cherif es bueno con musulmanes y judíos, también lo tendrá que ser con los cristianos. Vamos, digo yo…

En ese momento salían del mausoleo unas mujeres judías. Iban charlando entre ellas, con una mano tapándose la cara con el inconfundible pañuelo negro que les cubría la cabeza.

-Rabbi Galili no nos defraudará. Él nos ayudará para que nuestro mazzan sea bueno…

-Sí, hermana; Rabbi Galili no nos puede olvidar…

Sus voces apenas nos llegaban, pues el rebozo las apaciguaba.

-¿Quién será Rabbi Galili? Porque aquí está enterrado Sidi Mohamed Cherif…

-¡Oye, es verdad! No entiendo nada…

Nos lavamos las manos –que chorreaban aceite- y la boca con el grifo público que había cerca y decidimos bajar la pendiente…”

Bouissef en el Zoco Chico de Larache

Mohamed Bouissef Rekab conoce bien Larache, y a muchos larachenses. Eso se palpa en el libro, se nota en sus descripciones, en la manera afectiva y cercana con la que construye a los personajes, como digo, muchos de ellos reales. También demuestra Bouissef, a través del narrador de la historia, su humanidad, especialmente en la forma como el protagonista va desvelando y descubriendo la otra vida de Aicha.

Niños y niñas eran hijos de militares y policías españoles y musulmanes o de comerciantes españoles, musulmanes y judíos –los judíos no eran del barrio, pero se acercaban a jugar con los demás chiquillos-; también había algunas familias pobres que nadie sabía de dónde procedían, a este último colectivo pertenecían Aicha y su madre –los cristianos y los musulmanes vivían en barriadas diferentes, una frente a la otra-. Los niños se ponían a jugar en la calle que se había formado entre ambas barriadas, que los unía. Los judíos, en general, tenían sus casas por la calle Real, donde está la judería; por esa parte había viviendo además de los judíos, musulmanes y cristianos; y de ahí, muchos niños hebreos se iban hasta los otros barrios para jugar con sus compañeros de escuela, fueran cristianos o musulmanes.

(…) Aicha estaba prendada de Claudio… (…) Las niñas musulmanas le echaban en cara esa peculiaridad. No se podía querer a un nesrani, aunque jugara con niñas nesranías. Dios prohíbe que se toque un infiel; así que si te quieres enamorar, vete con un meslem; <déjaselo a Isabel, ella es nesranía como él> (…) ¿por qué ella no podía salir con Claudio? ¿Qué tenía que ver la religión con los sentimientos? ¿Por qué los chicos musulmanes podían besar y abrazar a las nesranías y a las libudías y ella, chica musulmana, no podía ser abrazada y besada por un nesrani o un libudi? No encontraba ninguna respuesta…”

Hay pequeños detalles de la vida cotidiana que enriquecen esta magnífica novela. La sinceridad de Mohamed Bouissef al abordar la religión, el sexo, las dificultades en las relaciones interculturales –especialmente las religiosas-, la política o la visión del otro desde diferentes prismas, es loable. Bouissef afronta la vida abiertamente, y no se amilana al exponer su punto de vista sobre cuestiones espinosas ante las que otros se autocensurarían.

Cruzamos el río Lukus en barca de pago… (…) Nos fuimos por ahí a corretear y a mirar a las niñas españolas y judías, que eran las que se ponían bañador; no dejábamos de mirarles los muslos y los brazos a las chicas que se bañaban y a memorizar imaginaciones e imágenes para cuando estuviéramos solos; las musulmanas se quedaban con su ropa a contemplar, a sudar y a odiar profundamente a los hombres que se refrescaban, y a decirse entre ellas que si las nesranías y las libudías se bañaban y no pasaba nada malo, ¿a qué era debido que sus maridos, hermanos o padres les prohibieran hacerlo? Algunas se metían en el agua, desafiando esas prohibiciones, generalmente con una combinación transparente, y cuando salían estaban más apetitosas que las mujeres de los bañadores…”

Pero el acierto de Bouissef es que engarza los hechos reales que van aconteciendo en Marruecos durante la época en la que se desarrolla esta novela con las vidas cotidianas de los protagonistas, especialmente del narrador que es quien cuenta, a través de sus propios recuerdos y de lo que ha oído de otros, no sólo la trágica existencia de Aicha desde su niñez hasta su muerte sino también la de él mismo y de quienes les rodean. Es también, pues, un gran fresco humano con un trasfondo histórico siempre ambientado en Larache.

“En el Café Central nos dejaban sentarnos aunque no consumiéramos nada; el dueño, Pepe, era amigo de todos y dejaba que los jovencitos se sentaran; ¡siempre que no arméis jaleo y molestéis a los clientes! –solía decirnos-. Nos gustaba sentarnos ahí para oír a los mayores hablar de los acontecimientos que estaba viviendo el país. Los nombres de Abdeljalak Torres, de Al-lal Farsi, de Al-lal Benabdel-lah, de Mohamed V, junto a muchos otros, eran los que más se oían mencionar. Uno de los contertulios hablaba siempre de un larachense, de un tal Abdesamad Kenfaui, que había sido nombrado director del primer grupo teatral profesional del Marruecos independiente. Nosotros no conocíamos a ninguno de los mencionados, pero a fuerza de ser nombrados delante de nosotros, nos familiarizamos con ellos…

(…) También hablaban de un personaje que sí conocíamos de oídas desde hacía mucho tiempo; se trataba de Sliman Laraichi; otro gran hombre de Larache. Trabajó en la resistencia contra los franceses junto a  Mohamed Zerktuni; nosotros no lo habíamos visto nunca, pero sí lo conocíamos porque todo el mundo hablaba de él como de un héroe que lo había dado todo por la independencia.

(…) Los contertulios del Café Central no se atrevían a mencionar los graves incidentes que estaba viviendo la ciudad, por temor a que entre la gente hubiera algún policía camuflado.

-No recuerdo que la policía española haya matado a gente en Larache… ¿No crees que hubiera sido mejor que los españoles siguieran con nosotros?

-No sé. Es algo que no me he planteado. Nuestros vecinos son españoles y nos sentimos bien con ellos. Pero creo que se van a ir casi todos a España. Dicen que no tienen nada que haber aquí.

-¡Ya verás como todo va a cambiar cuando no tengamos vecinos españoles! ¡Seguro que los echaremos de  menos!”

Una novela amarga, sin duda, muy real, muy sincera, descarnada, pero en la que siempre se atisba un aire de calidez y de ternura; y es una novela que mantiene el pulso durante toda la narración. Francamente me parece uno de los retratos más impresionantes que he leído de una mujer que, para sobrevivir, ha de prostituirse y someterse a las peores vejaciones. Y también es una historia muy emocionante.

Además de nuestros encuentros en Tánger, en Larache y en Fuengirola, guardo con especial cariño el día que me llamó para que yo presentara su novela en Málaga. Fue un halago, y un placer hacerlo para un amigo. Recuerdo que lo hicimos en la Librería Proteo, y que luego pasamos un rato agradable lleno de risas y buen vino.

El ejemplar que guardo de su novela contiene las palabras que me escribió en la dedicatoria y que ahora, con el tiempo, están llenas de nostalgia. Dicen: “Málaga, 13-12-2007. A Sergio Barce con todo mi afecto. Es, seguro, el mejor lector que puede tener mi Aixa”. Como decía al principio, Mohamed Bouissef es muy exagerado.

“Aicha empezó a soñar con el momento en que le anunciaron que algo podía brillar en su horizonte; su vida se estrellaba entre riscos desconocidos –y ella lo desconocía- y abría el camino a las cenizas de sus ansias y de sus pensamientos”

Sergio Barce, marzo 2011

 Mohamed Bouissef Rekab, nació en Tetuán, Marruecos, en 1948. Como otros escritores marroquíes como Mohamed Akalay, Abderrahman El Fathi, Said Jedidi, Mohamed Lahchiri o Mohamed Sibari, escribe en lengua castellana, siendo uno de los miembros fundadores de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española. Licenciado en Filología Hispánica, se doctoró en la Universidad Autónoma de Madrid; ha sido profesor en el Instituto Mulay Yusef de Rabat, redactor y presentador en la televisión marroquí, y también profesor de español en el Instituto Cervantes de Tetuán, en la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd de Tánger y Catedrático del Departamento de Hispánicas de la Facultad de Letras y CC. HH. de la Universidad de Tetuán. Desde 2006 es profesor de Literatura Española en la UNED (Centro Asociado de Ceuta).

Ha publicado, además de artículos y estudios en diferentes publicaciones científicas, varias novelas como “El vidente” (1994), “Desmesura” (1995), “Inquebrantables” (1996), “El Dédalo de Abd-el-Krim”, “Los bien nacidos” (1998) o “La señora” (2006).

Etiquetado , , , , ,