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HABLANDO / ESCRIBIENDO DE CINE

Hablar (mejor sería decir escribir) de cine para desconectar por un momento. Escapar del ruido que nos aturde estos días, estos meses, que ya son años interminables. Buscar asilo en la fantasía de las imágenes en movimiento.

Para eso, podría dedicarme a loar alguna de mis películas favoritas o recuperar alguna figura olvidada, pero prefiero ahora repasar los últimos títulos que he visto (obviando, por supuesto, las que no merezcan ser citadas) y que recomendaría a cualquiera.

Vuelvo a ver algunos que merecen ser revisitados. Ese placer íntimo por descubrir los detalles que no se apreciaron en anteriores proyecciones, relamerse con esas escenas que son nuestras favoritas, que nos conmovieron o nos excitaron en su momento. Mucho cine clásico, por supuesto, aunque lo de clásico ya es una etiqueta tan manoseada que no sé muy bien si abarca una época determinada o se va extiendo en el tiempo a medida que cumplimos años. Supongo que es lo segundo.

Pues, de ese cine “clásico”, por una u otra razón, he visto una vez más esa hermosa pero perturbadora cinta que es El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley, 1947) de Edmund Goulding, con un ambiguo Tyrone Power como protagonista, que nos adentra en ese circo envuelto en una especie de irrealidad, lleno de oscuros rincones y secretos inconfesables, un inclemente retrato del alma humana en descomposición.

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También esa cinta de Wim Wenders, tan fascinante como magnética, que ya descubriera en su momento en un cine club, El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987), que te deja suspendido en el aire igual que sus ángeles protagonistas. Y, junto a ésta, otras obras maestras que se resisten al paso del tiempo, más aún, creo que siguen siendo muy actuales tanto en los temas que abordan como en sus producciones artísticas. Hablo en concreto de El gran carnaval (Ace in the hole, 1951) de Billy Wilder, film descarnado que muestra a una sociedad ávida de noticias trágicas y de la ambición desmedida por la fama y el dinero (¿algo ha cambiado desde ese lejano 1951 al actual 2022? Rotundamente no), con un Kirk Douglas inconmensurable; y hablo de La semilla del diablo (Rosemary´s baby) de Roman Polanski, tan inquietante como entonces, llena de matices y de un ambiente insano que pocos realizadores han logrado como el polaco.

Me refugié en las imágenes de París, Texas (1984), de nuevo de Wenders, que se acompaña de la música de Ry Cooder, para deleitarme otra vez con la interpretación de Harry Dean Stanton; e hice lo mismo con La última sesión (The past picture show, 1971) de Peter Bogdanovich, para homenajearlo tras su muerte, deliciosa cinta llena de una ternura y pesimismo, pero que no deja de conmover.  

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Otra película por la que no pasa el tiempo es El hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz) de John Frankenheimer, con un inolvidable Burt Lancaster. Magnífico retrato del efecto negativo del sistema penitenciario americano de la época que, me temo, podría rodarse en nuestros días. Y una cinta fresca y diferente, por su manera de estar rodada, por su ritmo, por su vitalidad, y que es otro clásico de los sesenta: Amores con un extraño (Love with the proper stranger, 1963) de Robert Mulligan. Pasados los años, me doy cuenta de que Natalie Wood era una actriz soberbia, como lo fue Anne Bancroft, de la que también he vuelto a ver Siempre estoy sola (The pumpkin eater, 1964) de Jack Clayton, film en el que la Bancroft muestra una vulnerabilidad pocas veces retratada en el cine.

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Los juicios de Oscar Wilde (The trials of Oscar Wilde, 1960) de Ken Hughes, es otra de esas cintas que merecen la pena ser recuperadas, por la interpretación de Peter Finch y por recordar el calvario por el que hubo de pasar un genio como Oscar Wilde por culpa de la mentalidad puritana y castrante de la época que le tocó vivir.

He de decir que las películas de esos años son más libres que muchas de las que se ruedan en la actualidad, pero también ocurre que, a veces, hay detalles, situaciones o diálogos que ahora nos chocan, cuando antes pasaban desapercibidas. Me ocurrió hace unos días viendo de nuevo La última noche de Boris Grushenko (Love and death) de Woody Allen, película con la que me reí en su momento y con la que he vuelto a desternillarme ahora. Woody es Woody, y, como decía, sí hay algún que otro chiste que, me temo, hoy no pasaría la censura de la sociedad represora y políticamente correcta en la que vivimos.

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Me zampé en una sentada de fin de semana la trilogía de El padrino (The Godfather I, II y III, 1972-1974 y 1990) de Francis Ford Coppola. La enésima vez que lo hago (cosa de frikis), la enésima vez que las disfruto, en especial las dos primeras partes, imperecederas.

Junto a los clásicos, he visto cine más reciente o que no había tenido la oportunidad de hacerlo, y que he de mencionar. Antes de que se iniciara esta ruin guerra de Putin, visioné Masacre: ven y mira (Idi I smotri, 1985) película rusa de Elen Klimov, que muestra la dureza y la crueldad de la guerra, y que, irónicamente, ahora vuelve a reproducirse muy cerca de donde se desarrolla esta historia desoladora. Una denuncia del dolor que causa una guerra rodada por un ruso. Ya digo, no deja de ser irónico en estas fechas.

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Otras cintas más recientes y muy recomendables son Sidney (Hard Eight, Sidney, 1996) de Paul Thomas Anderson,  El poder del perro (The power of the dog, 2021) de Jane Campion, Jinetes de la justicia (Reftaerdighedens ryttere, 2020) de Anders Thomas Jensen, la impresionante y dura cinta islandesa Déjame caer (Lof mér aô falla, 2018) de Baldvin Zophoniasson; Hierve (Boiling point, 2021) de Philip Barantini, esta última ya merece la pena solo por ver actuar a Stephen Graham. Otra buena cinta es una pequeña producción titulada Wind river (2017) de Taylor Sheridan. Grata sorpresa.

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Pero hay dos cintas que me han impresionado. La primera ha sido Fue la mano de Dios (È stata la mano di Dio, 2021) de Paolo Sorretino, película maravillosa, preciosista, humana y, como es habitual en Sorrentino, casi genial. De esas historias con las que uno se reconcilia con el mundo, con las que es fácil enamorarse del cine. Espero que se lleve el Óscar a la mejor cinta en lengua no inglesa de este año.

La segunda es Redención (Tyrannosaur, 2011) de Paddy Considine. Un film sin concesiones ni medias tintas sobre el maltrato a la mujer. Te corta el aliento. Sus intérpretes, claro, hacen que la cinta sea aún mejor, porque Olivia Colman, esa actriz que se come la pantalla en cuanto aparece, y Peter Mullan lo bordan.

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De las cintas españolas, destaco El olvido que seremos (2021) de Fernando Trueba, que llega a lo más hondo del alma, y en la que Javier Cámara, ese actor total, realiza un trabajo para quitarse el sombrero. Me emocionó. Lo contrario que Madres paralelas (2021) de Pedro Almodóvar. Yo soy de los que defienden el cine de Almodóvar, pero últimamente es muy inconstante, y en esta cinta el guion se resiente, me ha parecido fallida y, aunque esperaba más de esa parte que dedica a la memoria histórica, se queda en agua de borrajas, y no hay una conexión sólida entre las historias de las madres y ese drama, que acaban descolgándose una de otra. Pero me gustó mucho el trabajo de Aitana Sánchez-Gijón.

Las leyes de la frontera (2021) de Daniel Monzón, por contra, me sorprendió agradablemente. La novela de Javier Cercas me gustó y dudaba que se hubiera adaptado con solidez, pero sí, Monzón ha logrado rodar una buena cinta. Destacaría a la actriz Begoña Vargas y un banda sonora muy bien elegida con temas de los Chunguitos, Las Grecas y demás, que ayuda a transportarnos a aquella España del Torete y el Vaquilla en la que se desarrolla la trama.

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Al igual que El buen patrón (2021), otra excelente película dirigida por Fernando León de Aranoa, con un excepcional Javier Bardem, actorazo donde los haya. Muy recomendable.

Para terminar esta crónica, mencionaré alguna serie de TV. Para pasar buenos momentos, relajarse y dejarse llevar, historias sin grandes pretensiones pero que te hacen esbozar una sonrisa o te llegan a emocionar, mencionaría Us (2020) de Geoffrey Sax, y la serie escrita, dirigida e interpretada por Ricky Gervais: After life. Las dos contienen las dosis justas de drama, melodrama, comedia y mala leche para que cada capítulo invite a ver el siguiente.

Sergio Barce, marzo 2022.

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FOTOS DE CINE 8

Ava Gardner y Burt Lancaster. En 1946 se estrenaba Forajidos (The killers), una de las obras maestras del cine negro clásico, dirigida por Robert Siodmak y con un maravilloso guión de Anthony Veiller (tanto el guionista como el director estuvieron nominados al Oscar), basado en la historia de Ernest Hemingway. 

BL Y AG

Esta cinta supuso el debut de Burt Lancaster, y lo hizo por la puerta  grande como protagonista absoluto en un film inolvidable. Repasando  la filmografía de Lancaster, la suya es una de las más sólidas carreras de la historia del cine. Para la Gardner, supuso su consagración después de más de una decena de películas bastante insulsas. A partir de ahí, los dos refulgieron como las estrellas que fueron.

Ava y Burt coincidirían en dos ocasiones más: en la magnífica película de política-ficción Siete días de mayo (Seven days in may, 1964) de John Frankenheimer, acompañados además por Kirk Douglas, y en una ya olvidada cinta de las denominadas de «catástrofe» muy en boga en los años setenta: El puente de Casandra (The Cassandra crossing, 1976) de Pan Cosmatos, típico producto que se servía de una larga lista de estrellas del celuloide como reclamo.

Sergio Barce, abril 2020

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES, NACIDOS EN MARRUECOS – 4

 

Cuarta entrega de artistas, creadores e intérpretes nacidos en Marruecos:

ALBERTO NEGRÍN

(Casablanca, 1940)

ALBERTO NEGRÍN

ALBERTO NEGRÍN

Realizador de cine y televisión, es también director de teatro, productor y fotógrafo. Sus padres, de origen italiano, se establecieron, como en las buenas películas, en Casablanca huyendo de la dictadura de Mussolini.

Alberto Negrín comenzó en teatro, entrando a formar parte del Pequeño Teatro, en 1962.

Como realizador, ha cosechado numerosos éxitos, especialmente con series y films para la televisión. Entre sus trabajos destacan: La quinta mujer, Mussolini y yo (Mussolini and I, 1985) que protagonizaron Bob Hoskins, Susan Sarandon y Anthony Hopkins; El secreto del Sáhara (Il segreto del Sahara, 1987) con Michael York, Ben Kingsley y Andie McDowell; El viaje del terror: la verdadera historia del Achille Lauro (Voyage of terror: The Achille Lauro affair, 1990) que protagonizaron Burt Lancaster, Eva Marie Saint y Dominique Sanda; Naná (1999) con Francesca Dellera, Perlasca (Perlasca, un eroe italiano, 2002), La torre de la soledad, El corazón en el pozo (2005), El último de los Corleonesi (2007) o Mi ricordo Anna Frank (2009) .

También dirigió una versión de Platero y yo, en 1968. Su último trabajo para televisión, hasta ahora, ha sido la mini serie Tango per la libertá (2015).

En su faceta de fotógrafo, sus obras aparecen en publicaciones tan prestigiosas como Historia Ilustrada o El Europeo.

Mussolini e io

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SANDRA MOZAROWSKY

(Tánger, 1958 – Madrid, 1977)

SANDRA MOZAROWSKY

SANDRA MOZAROWSKY

Actriz famosa por los films eróticos que protagonizó en los años setenta, su verdadero nombre era Alexandra Elena Mozarowsky Ruiz de Frías. Nacida en Tánger, su padre era un diplomático ruso.

Entró en el cine como actriz infantil de la mano del realizador Pedro Lazaga en la película El otro árbol de Guernica (1969). Entre su filmografía, se podría destacar films tan emblemáticos del cine de “destape” como Lo verde empieza en los Pirineos (1973) de Vicente Escrivá, Manolo la nuit (1973) de Mariano Ozores, Cuando el cuerno suena (1975) de Luis M. Delgado o Sensualidad (1975) de Germán Lorente, película que reunía, en torno al gran Fernando Fernán Gómez, a varias de las actrices más eróticas del momento: Amparo Muñoz, Blanca Estrada, Pilar Velázquez y la propia Sandra Mozarowsky. Otras películas en las que intervino fueron El mariscal del infierno (1974) de León Klimovsky, La noche de las gaviotas (1975) de Amando de Ossorio o Beatriz (1976) de Gonzalo Suárez. También hizo televisión, en series como Curro Jiménez.

Su carrera y su vida acabaron trágicamente al caer desde la terraza de su domicilio en 1977, con apenas diecinueve años.

ANGEL NEGRO

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LUIS ALVAREZ

(Arcila, 1929 – Masmoléne, 1997)

LUIS ALVAREZ

LUIS ALVAREZ

Pintor y artista plástico. Vivió en Larache y Tánger hasta 1951, año en el que llegó a París. Estudió en la Escuela del Louvre y elaboró decorados para películas de la Paramount.

En 1955 llegó a Villeneuve-lès-Avignon, donde trabajó creando decorados para el Festival de Avignon y de Villeneuve-lès-Avignon. En esta localidad, donde vivió muchos años, hay una placa en su honor con uno de sus cuadros como fondo.

Su obra fue reconocida internacionalmente: obtuvo el Primer premio de pintura de Villeneuve-lès-Avignon en 1961, el Primer premio de pintura de las Chorégies d’Orange en 1962 y la Medalla de Oro de la exposición de Montsauve en Sauveterre. Y expuso sucesivamente en el Palacio de los Papas de Avignon, Estrasburgo, Niza, Marsella, París, Tolosa y, por fin, en el Castillo de Lascours en Laudun, donde una sala lleva su nombre.

Muy inspirado por los paisajes gardonienses, se instaló en 1982 en el pueblo de Masmolène, cerca de Uzès, donde realizó numerosos cuadros de esta región, de la cual se había enamorado.

TANGERINA de Luis Alvarez

TANGERINA – obra de Luis Alvarez

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GAD ELMALEH

(Casablanca, 1971)

GAD ELMALEH

GAD ELMALEH

Actor, director, humorista y guionista. Tiene ascendencia judía marroquí. Vivió en Canadá, donde estudió ciencias políticas. Famoso por sus monólogos, siempre ha hecho gala de un fino sentido del humor sobre su origen marroquí, y algunos de sus espectáculos teatrales han retratado acertadamente este aspecto de su personalidad.

Ha trabajado en radio y night clubs. Reconocido actor de cine, especialmente por varios éxitos en Francia, su popularidad se disparó a raíz de su relación sentimental con Carlota Casiraghi.

Entre sus films más conocidos: El tren de la vida (Train de vie, 1998) de Radu Mihaileanu, Chouchou (2003) del realizador argelino Merzak Allouache, El juego de los idiotas (La doublure, 2006) de Francis Veber, Un engaño de lujo (Hors de prix, 2006) de Pierre Salvadori, junto a Audrey Tautou; la deliciosa La felicidad nunca viene sola (Un bonheur n´arrive jamais seul, 2012) de James Huth, que protagonizó con Sophie Marceau o El capital (Le capital, 2012) del gran Costa Gravras.

También ha intervenido en Midnight in Paris (2011) de Woody Allen, La espuma de los días (L´ecume des jours, 2013) de Michel Gondry, y ha prestado su voz a uno de los personajes del film de Steven Spielberg Las aventuras de Tintín (The adventures of Tintin, 2011).

UN BONHEUR...

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JOSÉ LUIS DEL BARCO

(Tetuán, 1941)

Director artístico, ha trabajado en los equipos de decoración y arte de películas tan conocidas como Los nuevos españoles (1974) de Roberto Bodegas, Parranda (1977) de Gonzalo Suárez, Vota a Gundisalvo (1977) de Pedro Lazaga, Solos en la madrugada (1978) de José Luis Garci, La colmena (1982) de Mario Camus, 1492: la conquista del paraíso (1942: conquest of Paradise, 1992) y Gladiator (2000) ambas de Ridley Scott.

También, para televisión, ha sido el responsable del diseño de producción de la serie Las nuevas aventuras del Zorro (1990-1993), dirigida por Richard C. Sarafian o Ray Austin, entre otros.

ZORRO

 

 

 

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ELI WALLACH, UN ACTOR

VIDAS REBELDES - 1961 - FRANK TAYLOR, HENRY MILLER, ELI WALLACH, JOHN HUSTON, CLARK GABLE, MARILYN MONROE Y MONTGOMERY CLIFT

VIDAS REBELDES – 1961 – FRANK TAYLOR, HENRY MILLER, ELI WALLACH, JOHN HUSTON, CLARK GABLE, MARILYN MONROE Y MONTGOMERY CLIFT

El pasado 24 de junio, falleció el actor Eli Wallach. Tenía ya 98 años, pero seguía en la brecha. Admirable.
Mi primer recuerdo de Eli Wallach se confunde entre dos de sus trabajos más memorables: su personaje de Caldera, en Los 7 magníficos (The magnificent seven, 1960) de John Sturges , y el de Tuco en El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966) de Sergio Leone. Dos villanos, pero muy diferentes.
Su papel en el primero de estos films, es el de un malhechor con todas las de la ley: malencarado, vil, despiadado y cruel… No es un papel demasiado largo, pero siempre está presente en toda la cinta. Todos hablan de Caldera, todos temen a Caldera. Por esa misma razón, pasa a ser misteriosamente uno de los protagonistas. Y su papel lo borda, y se hace inolvidable. Pero, claro, enfrente tiene a los buenos: Yul Brynner, Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson… así, hasta siete magníficos, y, claro, nada podía hacer ante estos pistoleros que vienen a defender a unos pobres campesinos. El destino de Caldera estaba escrito.

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Diálogos de películas 10

“La venganza de Frank James” (The return of Frank James, 1940)

de Fritz Lang

-Abogado:  ¿A qué distancia estaba usted de Wilson cuando le hirieron?
-Henry Fonda:   Déjeme que lo piense
-Abogado:   Le pido que responda, no que lo piense.
-Henry Fonda:   Lo siento, abogado; yo, cuando digo algo, lo pienso. No soy abogado.

 

“Veracruz” (1954)

de Robert Aldrich

-¿Tendrías misericordia de un hombre inocente?
-No existen hombres inocentes.

 

“Los profesionales” (The professionals, 1966)

de Richard Brooks

 

 Burt Lancaster:  Nada menos que cien mil dólares por una esposa. Debe de ser toda una mujer.

Lee Marvin: Será una mujer de esas que convierten a algunos niños en hombres y a algunos hombres en niños.

Burt Lancaster: Si es así, vale lo que piden.

 

“El juez de la horca” (The life and times of Judge Roy Bean, 1972)

de John Huston

 -¡Juez, juez! ¡Venga rápido, va a haber un linchamiento ilegal!

Paul Newman:  ¡Orden, orden! Aquí los linchamientos se hacen de acuerdo con la Ley.

 

“Sin perdón” (Unforgiven, 1992)

de Clint Eastwood

   

Morgan Freeman:  Matar a un hombre es algo muy duro, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener.

 

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