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EL FINAL DE SU ESCAPADA

Esto comienza a ser un desastre. Es difícil ya que cada mes no nos traiga una mala noticia o varias malas noticias, la desaparición de alguien que ha marcado nuestra juventud o de un personaje a quien admirábamos por alguna razón. Hoy ha sido el turno de Jean-Paul Belmondo. Con él se va gran parte de nuestro amado cine francés de la <nouvelle vague>, y, de ese grupo asombroso que nos deleitó durante tantos años, ahora ya sólo quedan los restos.

Recuerdo haber descubierto a Belmondo en los cines de Larache, en el Ideal, Avenida, Coliseum y Teatro España. Películas de acción, entonces intrépidas, y films policiacos, en algunos casos con ingredientes de comedia. Jean-Paul Belmondo siempre tuvo cara de pícaro. Luego, tras abandonar Marruecos, seguí viendo sus películas en Málaga en sesiones dobles del Cayri o del Royal, y, ya en mi adolescencia, en los cine-clubs, me deleité en sus películas para el nuevo cine francés, dirigido por maestros como Godard, Resnais o Truffaut, aunque sería De Broca el que sacaría su lado más gamberro. 

Para mí, Belmondo seguirá siendo Pierrot, el loco (Pierrot, le fou), Un tal La Rocca (Un nommé La Rocca), El hombre de Río (L´homme de Rio) o Stavisky; pero, sobre todo, jamás dejará de ser Michel Poiccard, el protagonista de su film más emblemático: Al final de la escapada (À bout de souffle, 1959), ese tipo despreocupado e inconsciente que admiraba a Humphrey Bogart y que se enrollaba con la adorable Jean Seberg.

Pero hoy, con su fallecimiento, hemos contemplado en realidad el final de su escapada. 

Sergio Barce, 6 de septiembre de 2021

JEAN-PAUL BELMONDO Y JEAN SEBERG en AL FINAL DE LA ESCAPADA
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JOHN CARNEY, “ONCE” & “SING STREET”

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John Carney es un director de cine irlandés, y en su filmografía tiene dos películas muy similares: Once (2007) y Sing Street (2016). Separan a las dos cintas nueve años y una mayor experiencia, que se nota en la forma de rodar y abordar el guión. Pero guardan tantas similitudes que es fácil identificar a su autor. No son obras maestras, pero son tan candorosas, humanas y cercanas que las ves con una ampla sonrisa. Historias sencillas rodadas con suma humildad. A veces, eso hace del cine algo especial y mágico. Las recomiendo simplemente porque no son películas ni grandilocuentes ni pretenciosas sino todo lo contrario, y porque tienen buena música y unos personajes entrañables.

Sergio Barce, julio 2021.

 

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FOTOS DE CINE – 23

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Fernando Rey y Gene Hackman, en un descanso durante el rodaje de The French Connection 2. Los dos actores trabajaron juntos tanto en The French Connection (1971) , de William Friedkin, como en la secuela, The French Connection 2 (1975), de John Frankenheimer. La primera de las cintas fue galardonada con cinco premios Oscar: Mejor Actor Principal para Hackman, Mejor Director para Friedkin, Mejor Guión Adaptado, Mejor Editor y Mejor Película. Además fue un rotundo éxito comercial. Por eso, es más que curioso lo que cuenta el actor español de su experiencia en las dos películas.

Sergio Barce, mayo 2021

“…Estaba rodando en Sevilla y me llamaron de pronto para hacer una película americana en New York y que era <The French Connection>. En la producción estaba un hombre llamado Dan Apola, que yo conocía de <Rey de reyes (King of Kings> -yo hice un papel en <Rey de reyes> pero lo cortaron en el montaje- y me propuso a Friedkin para el personaje de Charnier, que no tenía actor todavía aunque llevaban ya una semana de rodaje; parece ser que a Friedkin no le gustaba ninguno de los actores franceses que le habían propuesto. Después de ver <Tristana>, que en ese momento proyectaban en New York, y de que Dan Apola le convenciese de que yo no era tan viejo como parecía, de que me habían caracterizado, Friedkin me llamó. No tenía ninguna idea preconcebida sobre la apariencia de Charnier, de cómo hacer el personaje, y yo le propuse salir del clisé del cigarro, del traje cruzado a rayas y todas esas cosas para presentar un villano elegante. El Charnier auténtico vivía todavía, no tenía un aspecto distinguido, pero no parecía para nada un mafioso, no se identificaba en absoluto con una imagen de corrupción. Y creo que ese personaje, por exótico, llamó la atención del público norteamericano. El rodaje fue muy duro, se cortó a la cuarta semana porque la Fox le parecía muy malo lo que estábamos haciendo, y la película se acabó en el convencimiento general de que era una birria. Yo también pensé que era una peliculeja. Y ya ves, fue un éxito extraordinario. Es difícil tener tanta suerte: mi rostro se hizo familiar en el mundo entero.

(…) <The French Connection 2> se hizo como lógica consecuencia del éxito de la primera. Friedkin se negó a dirigirla y se la ofrecieron a Frankenheimer, que por entonces iba a dejar el cine por la cocina. Fue él quien me grabó la cassette con mis diálogos, por cierto. En el rodaje hubo tensiones entre Gene Hackman, que había dejado de beber, y John Frankenheimer, que había dejado de fumar. Mi papel era mucho más largo, pero desaparecieron en el montaje secuencias enteras mías que yo había rodado. Hackman, que había sido adorable en la primera película, se había convertido en un actor difícil, y debió de influir en que su personaje tuviese más importancia que el mío de una manera descarada. La película funcionó bien, pero nada de particular. Y cerró la posibilidad de hacer la tercera, en la que se pensaba seriamente.

Fernando Rey (del libro Fernando Rey, de Pascual Cebollada)”

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FOTOS DE CINE 22

La década de los años ochenta, para los que amamos el cine, comenzó de manera fulgurante con varios títulos que han quedado grabados en nuestras retinas: El hombre elefante (The elephant man) de David Lynch, El resplandor (The shining) de Stanley Kubrick, Kagemucha de Akira Kurosawa, Ragtime de Milos Forman, La puerta del cielo (Heaven´s gate) de Michael Cimino, Atlantic City de Louis Malle, Berlin Alexanderplatz de Rainer W. Fassbinder, Gente corriente (Ordinary people) de Robert Redford, Mephisto de István Szabó, American gigoló de Paul Schrader, Carros de fuego (Chariots of fire) de Hugh Hudson, En busca del arca perdida (Raiders of the lost Ark) de Steven Spielberg… y Toro salvaje (Raging Bull) de Martin Scorsese.

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Las dos fotografías pertenecen a este último film y muestran la sorprendente transformación física que sufrió Robert de Niro durante el rodaje para mostrar en pantalla la decadencia del protagonista, el boxeador Jake La Motta. Un film inolvidable.

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Mark Cousins, en su magnífico libro Historia del cine (The story of film), que luego convirtió en un no menos antológico documental, escribe lo siguiente sobre Toro Salvaje:

“…<Toro salvaje> fue la historia más pesimista contada hasta la fecha por Martin Scorsese, con el tema de la caída espiritual y la redención. Es posible que su director, asmático, sensible y de salud débil, encontrara en el impetuoso boxeador Jake La Motta una metáfora de sí mismo, a pesar de los escasos puntos en común desde el punto de vista físico, salvo el detalle de que los dos están obsesionados con el hecho de tener unas manos pequeñas. Ese tipo de detalles contribuyeron a que el director se identificase con el personaje de ficción. Muchos cuestionan la valía de Jake, y él mismo se da cuenta de ello cuando, ya en la cárcel, se pone a golpear las paredes diciendo: <¡No soy un animal! ¡No soy un animal!>. Scorsese conocía de sobras esa misma rabia. Era un sentimiento muy real para él y, en las escenas de boxeo, nos muestra su ser más íntimo, cómo parece flotar en el aire y cómo de repente se sume de nuevo en la desesperación. Los planos picados reflejan la desorientación de ese cuerpo derrotado, y la combinación de cámara lenta y rápida no hace sino reflejar el estado mental de La Motta. La meticulosa banda sonora incorpora una serie de ruidos de fondo que contribuyen a afianzar esa impresión. Esta manera de rodar estaba a la altura de Méliés, Cocteau o Welles, pero a los pocos instantes Scorsese lleva la cámara al suelo. Para plasmar la vida familiar de Jake (las discusiones con su esposa, ante el televisor…), rueda de una manera que recuerda a Italianmerican (1974), un documental sobre sus padres. Nadie, hasta ese momento, había logrado combinar el expresionismo y la no ficción de esa manera…”

Sergio Barce, abril 2021

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FOTOS DE CINE 21

Imagen de Marlon Brando y Montgomery Clift, dos de los actores más emblemáticos y magnéticos de la historia del cine. Solo coincidieron en una película, el film bélico El baile de los malditos (The young lions, 1957), que dirigió Edward Dmytryck. Pero entre los dos intérpretes reúnen varios títulos inolvidables, verdaderas joyas del séptimo arte.  

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