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UNOS PÁRRAFOS DE LA NOVELA «ANA NO», DE AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS

Sigo varado en las páginas escritas por Agustín Gómez Arcos. Sus novelas son adictivas, me causan admiración, me abren nuevas perspectivas, me enseñan. Escribe, escribía con las entrañas, pero sin dejar a un lado una calidad estilística que me provoca una envidia sana. Lúcido, claro, sin pliegues. Un autor de tal nivel que sus obras se incluyen en los programas educativos de los liceos franceses (como también debiera ser aquí, pero ya se sabe).

Transcribo unos párrafos de su magnífica «Ana no», editada por Cabaret Voltaire, con traducción del francés de Adoración Elvira Rodríguez (vergüenza de país que tuvo a muchos de sus mejores creadores en el exilio, Gómez Arcos entre ellos, a causa de una dictadura engreída y vengativa).

«…De pronto alguien se pone a gritar que le han robado las maletas. Los grises acuden, porra en ristre, y al no encontrar al ladrón, se ceban con unos titiriteros y su escalera de tijera por la que trepan una cabra, un perro callejero y un conejo dorado, al ritmo estrepitoso de un tambor. (¡Qué bonito!, piensa Ana no. Al pequeño le habría encantado.) La gente aplaude la hazaña policial y la cabra aprovecha la ocasión para engullir unas hojas de lechuga que le tiende una verdulera. Al conejo lo dan por desaparecido. Seguramente acabará esta noche, bajo un puente, en la cazuela de algún gitano mercachifle.

Los silbidos agudos siguen vomitando y engullendo viajeros que entran y salen por los portones de la estación en un interminable flujo y reflujo de equipajes, de chicos pregonando pensiones cercanas, de conductores de autobuses donde se lee <Centro ciudad> en carteles de madera, de echadores de buenaventura (rateras de profesión) que prometen a todo hijo de vecino salud, dinero y amor (<por unas moneítas de ná>), de seminaristas en grupos de a diez, de reclutas en grupos de a tres. 

Ana Paucha, con los ojos muy abiertos, piensa que está empezando a conocer el mundo. Se sienta un momento en la acera, a la sombra de una acacia. Un caballero muy bien vestido, tomándola por una vieja mendiga, le echa una moneda. Ana mira fijamente el dinero. No sabía que su pobreza se notara tanto. Recoge la moneda. Se la guarda. No va a despreciarla. Tiene un larguísimo viaje por delante. En los tiempos que corren, la muerte sale cara. Demasiado cara, murmura.

La vía. Las piedras, puntiagudas, se le clavan en las suelas de las alpargatas como cuchillas ardientes, hincándosele en las delicadas plantas de sus pies marinos. Si no fuera por su firme decisión de no dejarse abatir por el dolor físico, gritaría. El sol de junio es un brasero. De su cuerpo, pequeño y negro, se desprende un humillo; como si estuviera ardiendo, como si un tizón se empeñara en ir andando por la vía para incorporarse a su fogón original. Una máquina de tren averiada debe estar esperándolo por ahí para ponerse de nuevo en marcha con ese fuego latente. Máquina que, procedente de la estación Nacimiento, hizo una breve parada en Vida, y sale ahora para llegar a Muerte, su destino.

El pan y el tocino con que se alimenta, como sus antepasados, pesa poco, no le carga el andar. Lleva, por todo equipaje, el pan para su hijo y la soledad. No es que antes tuviera gran cosa, pero lo poquito que tenía lo dejó en casa. ¡Si hubiera podido dejar también la soledad! Andaría más ligera, con la mirada menos angustiada. Y, quién sabe, quizás con el tiempo se hubiera convertido en Ana sí.»

         

 

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«ME LLEVARÉ EL FUEGO» (J´EMPORTERAI LE FEU), UNA NOVELA DE LEILA SLIMANI

 

Acabo la lectura de Me llevaré el fuego (J´emporterai le feu), la novela de Leila Slimani que completa la trilogía que componen El país de los otros y Miradnos bailar. De estos dos títulos podéis leer mis reseñas en los siguientes enlaces:

https://sergiobarce.blog/2021/07/25/el-pais-de-los-otros-le-pays-des-autres-una-novela-de-leila-slimani/

UN FRAGMENTO DE LA NOVELA «MIRADNOS BAILAR» (REGARDEZ-NOUS DANSER), DE LEILA SLIMANI

Difícil decantarse por uno de los tres libros, ya que forman un corpus indivisible. El paso de los años por los protagonistas es el paso de los años de Marruecos, de su Historia y la de sus historias. Un retrato descarnado, abierto y sincero de una sociedad, la marroquí, siempre danzando al borde del escenario, abismándose al filo del progreso sin dejar de mirar al pasado y a las tradiciones, un país de contradicciones perfectamente plasmadas en estas novelas.

El pulso narrativo de Leila Slimani se mantiene en los tres volúmenes, sin altibajos, manteniendo la tensión narrativa y la curiosidad del lector. Retratos perfectos de los personajes, tanto principales como secundarios. Cada página lleva impregnados los olores y los colores de Marruecos, este país que nos enamora, al que amamos, pero que tanto nos duele.

Reproduzco unos párrafos de Me llevaré el fuego, editada por Cabaret Voltaire este año 2025 que acaba, con traducción del francés de mi querida y admirada Malika Embarek.

“…Mia admiraba a sus padres. A diferencia de sus amigos, a quienes les gustaba quejarse de los adultos, ella solía insistir en la mentalidad abierta, en la cultura y la inteligencia que tenían. En el hecho de que se interesaran por los demás. En su generosidad. Sin embargo, se vio obligada a admitir que algo no estaba funcionando. Detrás de esas bonitas palabras, sus padres eran miedosos, conformistas, poco naturales. Había llegado a comprender que vivía entre dos mundos. El del hogar, donde sus padres eran modernos, se preocupaban por el éxito de sus hijas y su emancipación. Y el mundo exterior, peligroso e incomprensible. En casa, se podía criticar el hiyab, el fanatismo, enfadarse con esos horribles barbudos que habían amenazado al escritor Salman Rushdie. <Pero aquí las cosas funcionan de otro modo.> Fuera, no hay que hacer comentarios ni provocar, hay que simular que se respeta el decoro. Sus padres eran unos hipócritas, y se sentía humillada porque no eran libres.

No hablar de Sabah, que vive con un hombre sin estar casada.

No decir que Aicha no hace el ramadán.

No hablar del alcohol que se bebe en casa, de los embutidos de cerdo que come Mathilde, a veces incluso durante las fiestas musulmanas.

No contar que un día, en Nochevieja, papá se disfrazó de mujer.

No comentar que se ríen cada vez que lee el diario Le Matin du Sahara y se burlan de la propaganda y de los halagos de los aduladores.

No hablar de los amantes de Selma.

No describir la forma en que se vive, se come o se bebe en casa, ni lo que decimos o en qué creemos.

No contar que Omar se pegó un tiro en la boca, unos pocos días después de Navidad, en 1978. Mia acababa de cumplir cuatro años.

No ir contando los chistes de Selma sobre los árabes. Sus bromas sobre la corrupción, el subdesarrollo y la mojigatería religiosa.

No hablar jamás del rey, de las elecciones amañadas, no mencionar el nombre de Ufkir, ni el de los encarcelados allá, en el sur del país.

No revelar que, a veces, Mehdi duda de la solidez del régimen.

Sus padres habían aceptado vivir en medio de esa confusión moral, se la habían transmitido a sus hijas, y ahora sabía que nunca podrían ayudarla a responder a la pregunta: <¿Quién soy yo?>.”

Sergio Barce, 25 de diciembre de 2025

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UN FRAGMENTO DE LA NOVELA «DE LA BOCA DEL CABALLO SALE LA VERDAD», DE MERYEM ALAOUI

«…Me detuve en mitad del cuarto. Miré a mi alrededor, había bragas por las cuatro esquinas, agua en la pared y en los divanes. A la mente me vino la imagen de un perro recién salido del mar, entrando derechito en mi cuarto. Como si lo hubieran puesto en medio de la habitación y le hubieran dicho: <¡Anda, chucho, ya puedes sacudirte el agua!>. Esa era la escena.

¡Me agarró uno de esos ataques de risa! Las carcajadas brotaban de mí como fuegos artificiales. No podía parar de reír. Una explosión tras otra. ¡Venga a reír y reír como una loca! Y al pensar en los locos, tuve miedo de que alguien entrara y me viera así, y pensara que en efecto se me había ido la olla. Y se les ocurriera enviarme al Treinta y seis. Me precipité, pues, hacia la puerta y eché la llave. Con la melena por los aires. Me vi como una diablesa o como Aicha Kandicha. Me hizo aún más gracia. Apoyé la espalda en la puerta y, a medida que me escurría hacia abajo, las carcajadas brotaban sin parar. No sé cuánto tiempo estuve así, sentada en el suelo.

Me reí hasta que se me agotó la risa. Y cuando desapareció la última carcajada, me sequé las lágrimas y, de ti para mí, agradecí a Dios esa paz. Hacía siglos que no me había reído tanto. Quizá nunca así.

La gente dice que no es bueno reírse mucho. Que si te desatas de ese modo, significa que Satán no anda muy lejos. Que se ha aprovechado de tu descuido para acercarse a ti. Y que está listo para actuar en cualquier momento.

Yo me digo que los que cuentan esas paparruchadas son unos acomplejados de mierda. Se inventan esas cosas porque se aburren como en un desierto y les gustaría que todos viviéramos en la miseria también.»

Estos párrafos pertenecen a la novela de Myryam Alaoui «De la boca del caballo sale la verdad» (La vérité sort de la bouche du cheval), con traducción de Malika Embarek. Está publicada por Cabaret Voltaire.

En su momento, escribí una apasionada reseña de esta novela que podéis leer en el siguiente enlace:  https://sergiobarce.blog/2023/08/13/de-la-boca-del-caballo-sale-la-verdad-una-novela-de-meryem-alaoui/

Sergio Barce, 2 de septiembre de 2025

 

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«EL CORDERO CARNÍVORO», UNA NOVELA DE AGUSTÍN GÓMEZ ARCOS

«…Al final, mi hermano declara que no debe perderse mis clases, me besa en la boca (¡delante de todo el mundo, el cabrito!) y nos deja, para reunirse con sus amigos, contoneándose como aquel chopo joven, que confundía la brisa con un vendaval…»

Ya es difícil hallar libros que nos sorprendan realmente, pero «El cordero carnívoro» (L´agneau carnivore) puedo asegurar que es tan retorcido, tan directo sin embargo, tan valiente y escrito tan a contracorriente que es llamativo el hecho de que sea una obra publicada por primera vez en Francia allá en 1975, cuando agonizaba Franco. Una fecha que casa muy bien con todo lo que contiene esta novela. Una obra difícil de calificar pero una joya como narrativa. Antifranquista, por supuesto, y anti moralista, algo que siempre asomó en sus obras, Gómez Arcos hubo de exiliarse a Francia durante nuestra dictadura. Allí fue reconocido y laureado como el gran escritor que fue.

Ya he reseñado con anterioridad su novela «Marruecos», que tanto me impresionó. Ahora os hablo de «El cordero carnívoro», que también me ha impactado por su forma tan directa de abordar temas como la homosexualidad, las relaciones incestuosas, la religión, la dictadura franquista, la censura, los abusos de la iglesia…

«…A pesar suyo, mamá contribuía a mi educación.

Por un lado, y contra todo pronóstico, yo era su única razón de ser. Ni papá ni mi hermano Antonio sintonizaban con su universo. Pero ella sentía que, a falta de amor, podíamos establecer entre nosotros profundas relaciones de odio. Y, al no ser ya un niño, me consideraba perfectamente capaz de comprender el laberinto de su mente…»

«…Ella, mamá, estaba al corriente de todo lo que había entre mi hermano Antonio y yo, y le importaban un bledo nuestras relaciones sexuales, pero no podía soportar el universo de amor con el que mi hermano me protegía…»

«Se inició la misa. El latín desveló sus poderes mágicos y me hechizó, echando por tierra toda mi resistencia. Yo no veía a Dios por ninguna parte en la capilla, pero la Iglesia, con sus artimañas de misterios y de ritos, se iba apoderando de mi sensibilidad. La presencia de mi hermano me inducía a desear un Apocalipsis. Las palabras en latín que salían suavemente de su boca acariciaban los rincones más secretos de mi cuerpo, como si fueran dirigidas a mí y no a Dios. Y cuando mamá y yo nos acercamos al altar abrió los ojos, fijó en mí su mirada, y me hinqué de rodillas en el reclinatorio, porque la tormenta del deseo me dejó sin fuerzas…»

Estos otros tres párrafos que he escogido de la novela, muestran a las claras la depuración en su manera de narrar. Audacia y concreción, armas bien usadas, como su demolición consciente de una moral que impregnó a generaciones de españoles.

«El cordero carnívoro», para quienes no conozcan esta obra, puede ser un descubrimiento absoluto. Está editada por Cabaret Voltaire, con traducción del francés de Adoración Elvira Rodríguez.

Sergio Barce, 1 de febrero de 2025 

        

 

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UN FRAGMENTO DE LA NOVELA «MIRADNOS BAILAR» (REGARDEZ-NOUS DANSER), DE LEILA SLIMANI

Reproduzco unos párrafos de la novela de Leila Slimani Miradnos bailar (Regardez-nous danser, 2022), editada por Cabaret Voltaire y con traducción del francés de mi querida y admirada Malika Embarek.

«…Esa tarde, mientras iba en su coche en dirección a la capital, Henri recordó que estuvo a punto de irse de Marruecos en 1965, solo unos meses después de su llegada. Había hecho el equipaje y llamado al decano de la facultad para informarle de que no era lo que él había venido buscando. Había huido de su exmujer, de una familia y unos amigos con los que no estaba a gusto. De una vida gris y sin alma que ya no palpitaba, que le transmitía la impresión de haber ingresado por adelantado en el corredor de la decrepitud. Él no había dejado atrás todo eso para encontrarse en medio de un país en llamas, un país donde sus propios alumnos podían caer muertos ante sus ojos. Hoy no se arrepentía de su decisión. Si se hubiera empeñado en marcharse y tomar aquel avión que tenía previsto, no habría conocido a Monette, ni el bungaló, ni esta vida que para él era la más dichosa y bella a la que uno puede aspirar. Y, precisamente, esa felicidad, esa buena vida, era la que a veces le parecía obscena, inadecuada. Pues, tras la inmensa alegría, tras la levedad de esa existencia, en una costa fría donde el sol quemaba, percibía la sensación de miedo y asfixia de la gente.

Le obsesionaba el recuerdo de aquellos días de 1965 en los que cientos de escolares había salido a las calles de Casablanca para protestar por una circular que prohibía a los chicos de más de dieciséis años acceder al segundo ciclo de la enseñanza secundaria. En esa época él vivía en el centro de la ciudad, en el barrio Gauthier. Los había visto cruzar por las avenidas inundadas de sol y caminar hasta el barrio obrero de Derb Sultan. Algunos chicos llevaban a las chicas a hombros. Gritaban: <¡Queremos aprender!>, <Hassan II, lárgate, Marruecos no te pertenece!>, <¡Pan, trabajo y escuelas!>. Los padres se habían unido a ellos, y también los parados y los habitantes de los barrios de chabolas, y habían levantado barricadas e incendiado algunos edificios. Al día siguiente, Henri había pasado por delante de la comisaría central, donde un grupo de padres, con el rostro marcado por la preocupación, mendigaban noticias de sus hijos desaparecidos. Apoyados contra las murallas de la nueva medina, unos soldados apuntaban con sus armas a unos escolares que tenían las manos cruzadas en la espalda. Todavía resonaba en su mente el ruido de los disparos, del estallido de morteros, de las sirenas de las ambulancias, y, sobre todo, de las aspas de un helicóptero, desde donde -según dijeron- el general Ufkir disparaba directamente a la muchedumbre. En los días siguientes, Henri había visto huellas de sangre en las calles de Casablanca y pensó que el poder enviaba un aviso a los ciudadanos. Aquí se dispara incluso a los niños, el orden no se negocia. El 29 de marzo, Hassan II había hecho estas declaraciones: <No hay peligro más grave para el Estado que el de los supuestos intelectuales. Más os habría valido ser unos iletrados>. Esa era, pues, la consigna.»

      

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